Isabel II del Reino Unido

© Office of the Governor-General of New Zealand

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Update: 6 October 2022

Reino Unido

Reina (1952-2022)

  • Elizabeth Alexandra Mary Windsor
  • Term of office: 6 february 1952 - 8 september 2022
  • Birth: Londres, Inglaterra, 21 april 1926
  • Decease: Castillo de Balmoral, Aberdeenshire, Escocia, 8 september 2022
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El 8 de septiembre de 2022 la reina Isabel II del Reino Unido falleció en el Castillo de Balmoral a los 96 años de edad y tras 70 de reinado. Su primogénito, el príncipe de Gales, de 73, le sucedió en el trono de manera automática con el nombre de Carlos III, para ser proclamado formalmente el día 10. Apenas dos jornadas atrás, la anciana monarca, aún con aspecto saludable y animoso, fue retratada recibiendo para su nombramiento formal a Liz Truss, el decimoquinto primer ministro británico de su dilatadísima regencia. La desaparición de Isabel, el mayor estadista superviviente del siglo XX —solo unos días antes falleció el antiguo líder soviético Mijaíl Gorbachov—, del cual fue protagonista y testigo excepcional, y coronada cuando más del 90% de la población mundial de hoy aún no había nacido, se produce en unos momentos de seria crisis internacional en múltiples órdenes. Su muerte, más allá del significado que entraña para el Reino Unido y los demás países de los que era jefa de Estado, viene a simbolizar, más en abstracto, el final de una era colectiva.

Biography

Primogénita de Jorge VI de Windsor (1895-1952) y de Isabel Bowes-Lyon (1900-2002), hija del 14º conde de Strathmore y Kinghorne, en el momento de su nacimiento en 1926 sus padres, desposados tres años atrás, ostentaban la condición de duques de York y no estaban llamados a reinar algún día. Ese destino se alteró cuando en diciembre de 1936 el recién entronizado rey Eduardo VIII, sucesor de su fallecido padre Jorge V, abdicó para poder contraer matrimonio con la norteamericana divorciada Wallis Simpson, convirtiendo a su hermano menor Alberto en el nuevo monarca con el nombre de Jorge VI y a su sobrina Isabel en princesa heredera al trono.

La joven princesa, llamada familiarmente Lilibet, recibió una instrucción en historia, derecho constitucional, literatura, arte y música en el Palacio de Buckingham y en el Castillo de Windsor a cargo de preceptores privados, entre los que figuraba su abuela paterna, la reina consorte María de Teck. En 1942 obtuvo el nombramiento de coronel en jefe de la Guardia de Granaderos y en 1944 sustituyó a su padre en el Consejo de Estado, que supervisaba la conducción de la guerra contra Alemania, mientras aquel se hallaba de gira de inspección en el frente de Italia.

Pese a algunas demandas en tal sentido, ni Isabel ni su hermana menor, la princesa Margarita (1930-2002), fueron expatriadas como medida de seguridad por los bombardeos de la Luftwaffe durante el Blitz de 1940-1941 y después durante los ataques con los cohetes V-1 y V-2 en 1944-1945, que causaron mucha destrucción en Londres y mataron a miles de personas cuando los aliados ya estaban ganando la contienda. Previamente a su mayoría de edad en el penúltimo año de la Segunda Guerra Mundial, Isabel fue adquiriendo algunas responsabilidades públicas, como las presidencias del Hospital Infantil de Hackney y de la Sociedad Nacional para la Prevención de la Crueldad Infantil. En febrero de 1945 la princesa entró de subalterna en el Servicio de Auxilio Territorial (ATS), la sección femenina del Ejército, donde fue adiestrada como conductora y mecánica de vehículos, y en 1947 realizó en Sudáfrica su primer viaje oficial al exterior, acompañando a sus padres.


MATRIMONIO, ASCENSO AL TRONO Y DESCENDENCIA
El 20 de noviembre de 1947, tras cuatro meses de noviazgo oficial, Isabel contrajo matrimonio en la Abadía de Westminster con el teniente de la Royal Navy Felipe Mountbatten, un pariente lejano, nacido en 1921 en la isla de Corfú pero criado en el Reino Unido desde la infancia.

El padre del novio era el príncipe Andrés de Grecia y Dinamarca (1882-1944), miembro destacado de la Casa de Schleswig-Holstein-Sonderburg-Glücksburg en tanto que retoño del que fuera rey griego Jorge I, y en consecuencia hermano y tío de sus sucesores en el trono heleno Constantino I, Alejandro II, Jorge II y Pablo I (el padre de la futura reina Sofía de España), cercanos parientes todos del joven. La madre de Felipe era la princesa Alicia de Battenberg (1885-1969), hija del príncipe Luis Alejandro de Battenberg y prima de la reina consorte de España Victoria Eugenia de Battenberg. Hermano de Alicia y tío de Felipe era el almirante lord Louis Mountbatten, primer conde Mountbatten de Birmania, y virrey y gobernador general de la India.

Tanto Isabel como Felipe eran tataranietos de la reina Victoria y su parentesco era el de primos en tercer grado. Él, quien de hecho no hablaba el idioma de su país natal, ya había renunciado a sus derechos sobre el trono griego en 1944, cuando servía en el frente naval, y en febrero de 1947, meses antes de la boda, se había desprendido además de todos sus títulos de las realezas griega y danesa, así como convertido de la ortodoxia griega al anglicanismo. Fue entonces cuando Felipe se naturalizó plenamente británico y adoptó el apellido de su familia materna, Mountbatten, forma anglicizada del alemán Battenberg acuñada por su abuelo, el príncipe Luis, en 1917; igualmente, debido al sentimiento antigermano en la Primera Guerra Mundial, el rey Jorge V había decidido entonces que Windsor fuera el nuevo nombre de la Casa Real británica, una rama de la Casa de Sajonia-Coburgo y Gotha, reinante en las islas desde Eduardo VII por herencia patrilineal del príncipe alemán Alberto de Sajonia-Coburgo y Gotha, consorte de la reina Victoria.

Isabel y Felipe, que tomaron el título de duques de Edimburgo, con dignidad de pares del Reino, y recibieron la Orden de la Jarretera, tuvieron cuatro hijos. El 14 de noviembre de 1948 nació el príncipe Carlos (de nombre completo, Charles Philip Arthur George), duque de Cornualles y de Rothesay, conde de Chester y de Carrick, barón de Renfrew, señor de las Islas y, desde el 26 de julio de 1958, príncipe de Gales o heredero al trono, condición en la que fue investido por su madre el 1 de julio de 1969. El 29 de julio de 1981 Carlos iba a contraer matrimonio con la aristócrata inglesa Diana Spencer, hija del 8º conde de Spencer, nacida en 1961. El 21 de junio de 1982 la princesa de Gales daría a luz a su primer hijo, el príncipe Guillermo (William Arthur Philip Louis), y el 15 de septiembre de 1984 alumbraría a su segundo vástago, el príncipe Enrique (Henry Charles Albert David), llamado familiarmente Harry.

El 15 de agosto de 1950 la aún duquesa de Edimburgo tuvo con su marido a Ana (Anne Elizabeth Alice Louise), princesa real desde 1987. El 14 de noviembre 1973 la princesa Ana iba a contraer matrimonio con el entonces teniente de los Queen's Dragoon Guards Mark Phillips. La pareja daría a Isabel sus primeros nietos, Peter, nacido en 1977, el año del Jubileo de Plata de la reina, y Zara, nacida en 1981.

Con 25 años de edad, Isabel fue proclamada reina del Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte a continuación de la muerte de su padre, el rey Jorge VI, el 6 de febrero de 1952. La luctuosa noticia les llegó a los príncipes de viaje oficial en Kenya. Año y medio después, el 2 de junio de 1953, la joven monarca fue solemnemente coronada en la Abadía de Westminster como el quinto soberano de la casa de Windsor. Tres meses atrás había fallecido su abuela paterna, la reina María. Entonces, como cabeza de la Commonwealth, Isabel era la jefa de siete estados independientes cuyo sistema de gobierno era el monárquico: además del Reino Unido, Australia, Canadá, Ceylán (actual Sri Lanka), Pakistán, Nueva Zelanda y Sudáfrica. Amén de la cabeza de un imperio nominal, llamado a desvanecerse en las siguientes décadas, formado por numerosas colonias, protectorados y territorios de ultramar en África, América, Asia y Oceanía.

En febrero de 1957 Felipe de Edimburgo recibió de su esposa la dignidad de príncipe del Reino Unido. Aunque con su matrimonio Isabel había adquirido el apellido de su esposo, Mountbatten, luego de convertirse en reina, por consejo del primer ministro Winston Churchill, recobró a efectos legales su apellido de soltera. De esta manera, la Casa Real británica no pasó a llamarse Mountbatten y siguió siendo Windsor.

El tercer hijo de Isabel y Felipe fue Andrés (Andrew Albert Christian Edward), príncipe del Reino Unido, nacido el 19 de febrero de 1960, una semana antes de anunciarse los esponsales de su tía, la princesa Margarita, con Antony Armstrong-Jones, futuros condes de Snowdon. Piloto de helicóptero de combate a bordo del portaaviones HMS Invincible durante la guerra de las Malvinas contra Argentina en 1982, el príncipe Andrés iba a contraer matrimonio con Sarah Ferguson el 23 de julio de 1986. Desde ese momento, Andrés pasó a ser duque de York, conde de Inverness y barón Killyleagh. Los duques de York tendrían dos hijas, las princesas Beatriz (Beatrice Elizabeth Mary) de York en 1988 y Eugenia (Eugenie Victoria Helena) de York en 1990. Por último, el benjamín de Isabel y Felipe, Eduardo (Edward Anthony Richard Louis), príncipe del Reino Unido, nació el 10 de marzo de 1964. El 19 de junio de 1999 Eduardo iba a contraer matrimonio con Sophie Rhys-Jones. Los en adelante condes de Wessex serían padres de dos chicas, Lady Luisa (Lady Louise Alice Elizabeth Mary) Mountbatten-Windsor, en 2003, y Jaime (James Alexander Philip Theo) Mountbatten-Windsor, en 2007.

Isabel vio cómo los matrimonios de sus tres hijos mayores naufragaban, uno detrás de otro, después de dar descendencia. En agosto de 1989 la princesa Ana y Mark Phillips anunciaron su intención de separarse y tres años después, el 23 de abril de 1992, sellaron el divorcio. El 12 de diciembre del mismo año la única hija de la reina se casó por segunda vez con el comandante de la Royal Navy, posteriormente ascendido a capitán y vicealmirante, Timothy Laurence. Apenas unas semanas antes del divorcio de Ana, el 19 de marzo de 1992, el Palacio de Buckingham comunicó que el príncipe Andrés y Sarah Ferguson habían decidido separarse. La duquesa de York conservaría el título nobiliario, pero dejaría de participar en actos públicos en nombre de la reina. Por si fuera poco, la prensa sensacionalista llevaba tiempo hablando de las dificultades insolubles que habían hecho malograr también la relación conyugal de los príncipes de Gales, los cuales ya solo guardaban las apariencias por sus obligaciones oficiales y por sus hijos.

El 20 de noviembre de 1992, en mitad de esta racha de disgustos familiares para la reina, se produjo el incendio accidental del Castillo de Windsor, una de las más emblemáticas residencias reales, el cual sufrió graves daños y cuya costosa restauración generó una considerable polémica política y social. Dos días después del siniestro, una apesadumbrada Isabel, en el banquete en su honor en el Guildhall de Londres con ocasión del cuadragésimo aniversario de su ascenso al trono, describió 1992 como un "annus horríbilis" para la monarquía británica. La popularidad de la institución se estaba resintiendo fuertemente, indicaban los sondeos.

Al poco de este impactante discurso, el 9 de diciembre de 1992, el primer ministro John Major anunció en la Cámara de los Comunes la separación "amistosa" de los príncipes de Gales. La noticia de la ruptura entre el príncipe heredero y la popular Lady Di no sorprendió a la opinión pública, en plena tromba de chismorreos sobre la prolongada infidelidad de él con Camilla Rosemary Parker Bowles, esposa del brigadier Andrew Parker Bowles, con el que había tenido dos hijos. Camilla, apellidada de soltera Shand, era una vieja amiga íntima de Carlos y su relación de amantes, al parecer, era tan antigua como conocida en Palacio. Las especulaciones y rumores sobre las crisis anímicas de Diana y sus propias aventuras extraconyugales venían siendo portada recurrente también de los tabloides y la prensa del corazón. En junio de 1994 Carlos, en una entrevista televisada, reconoció su relación extramarital con Camilla, quien al igual que él todavía estaba casada, y el 28 de agosto de 1996 los príncipes de Gales completaron su proceso de divorcio; los duques de York ya habían dado ese paso el 30 de mayo anterior.

Casi exactamente un año después, el 31 de agosto de 1997, Diana de Gales y su compañero sentimental, el productor cinematográfico egipcio Dodi al-Fayed, hijo del magnate empresarial Mohamed al-Fayed, perdieron la vida en un aparatoso accidente de tráfico en París. La tragedia conmovió al mundo y elevó a la categoría de mito la figura de la querida princesa del pueblo, que solo tenía 36 años. Carlos de Gales y Camilla, conscientes de que un sector importante de la opinión pública y de la ciudadanía adicta a la monarquía no simpatizaba con su relación amorosa, demoraron su largamente deseada boda hasta el 9 de abril de 2005; para entonces, ambos estaban en la cincuentena de edad y se acercaban a los 60. Entonces, Camilla, que ya llevaba diez años divorciada de su primer marido, pasó a ser miembro de la familia real con los títulos de duquesa de Cornualles y Rothesay, y condesa de Chester.

El primogénito de Carlos y Diana y segundo en la línea de sucesión al trono, el príncipe Guillermo, recibió, al igual que su padre y su tío Andrés, una profusa formación militar en las principales ramas de las Fuerzas Armadas Británicas (Ejército, Royal Air Force, Royal Navy y Royal Marines). En noviembre de 2010, Guillermo, siendo capitán del Ejército, teniente de navío de la Armada y teniente de vuelo de la RAF, y su novia, Catherine Elizabeth (Kate) Middleton, una plebeya de clase media-alta y de su misma edad, anunciaron a los medios su compromiso nupcial. La pareja pasó por el altar de la Abadía de Westminster el 29 de abril de 2011, días antes de la histórica visita de la reina a Irlanda, y entonces adquirió la condición de duques de Cambridge, un título de Inglaterra que permanecía vacante desde 1904. Guillermo, además, fue hecho conde de Strathearn en Escocia y barón Carrickfergus en Irlanda del Norte.

Guillermo y Catalina de Cambridge dieron tres bisnietos a la reina Isabel. El mayor, Jorge (George Alexander Louis), nació el 22 de julio de 2013; el príncipe Jorge de Cambridge era desde su nacimiento el tercero en la línea de sucesión al trono, tras su padre y su abuelo. Posteriormente, Catalina alumbró a la princesa Carlota (Charlotte Elizabeth Diana) de Cambridge el 2 de mayo de 2015 y al príncipe Luis (Louis Arthur Charles) de Cambridge el 23 de abril de 2018. Los tres hermanos iban a adquirir el principado de Gales el 9 de septiembre de 2022 al tomar sus padres dicho título, adicional al de duques de Cornualles y de Cambridge, en tanto que herederos al trono, una vez ascendido el abuelo Carlos al trono por la muerte de la bisabuela la reina.

El hermano menor de Guillermo, Enrique, mayor del Ejército, teniente comandante de la Royal Navy y líder de escuadrón de la RAF (los mismos rangos alcanzados por el duque de Cambridge, con la salvedad de que él estuvo desplegado con las tropas de su unidad en zonas de combate en Afganistán en 2008 y de nuevo en 2012-2013, en la segunda misión como copiloto y artillero de helicópteros de ataque Apache), contrajo matrimonio con la actriz estadounidense Meghan Markle el 19 de mayo de 2018. El príncipe adquirió entonces los títulos de duque de Sussex, condición nobiliaria extensiva a su esposa, conde de Dumbarton y barón Kilkeel. El 6 de mayo de 2019 los duques de Sussex estrenaron la paternidad con el nacimiento de su hijo Archie Harrison, apellidado Mountbatten-Windsor, al igual que los demás descendientes de los hijos varones de la reina y el duque de Edimburgo a los que Palacio no ha concedido títulos de realeza. Una hija, Lilibet Diana Mountbatten-Windsor, nació el 4 de junio de 2021. En total, sus cuatro hijos le dieron a la reina ocho nietos y 12 bisnietos, la mitad con títulos reales y los demás plebeyos.


UN REINADO DE RÉCORDS, ESCÁNDALOS FAMILIARES Y RASGOS PERSONALES
La imperturbabilidad entre mayestática y estoica, el acusado sentido del deber, la fría serenidad y una reserva solo interrumpida por las desventuras familiares son los rasgos que el público más asocia al carácter de esta monarca constitucional que reinaba pero no gobernaba, y que cumplía al milímetro con unas obligaciones heredadas y asumidas: ser la continuadora de un linaje real, los Windsor-Mountbatten, la cabeza de una institución multisecular y la máxima representante de las cuatro naciones que componen el Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte. Cuando su fallecimiento en 2022 ella era, exceptuando quizá algunas celebridades de la cultura popular de masas, la personalidad viva más conocida por las cuatro o cinco generaciones de habitantes adultos del planeta. Para ellos, la reina de Inglaterra era un icono familiar e incombustible desde su ya lejana sucesión en el trono en 1952, seguida de su coronación en 1953, con una pompa y una solemnidad que esta gran tradicionalista procuró preservar todo lo que los nuevos tiempos permitieran .

La singularidad de Isabel II se expresa asimismo en su irrepetible colección de récords. En 2022 era la jefa de Estado de otras 14 naciones soberanas de la Commonwealth que han mantenido la forma monárquica de Gobierno, no disponen de dinastías propias y se atienen al modelo de democracia parlamentaria. Estos países, de América y Oceanía, llamados Commonwealth realms, son Antigua y Barbuda, Australia, Bahamas, Belice, Canadá, Granada, Jamaica, Nueva Zelanda, Papúa Nueva Guinea, Islas Salomón, Santa Lucía, San Cristóbal y Nevis, San Vicente y las Granadinas y Tuvalu; allí, Isabel II, y tras ella su hijo y sucesor Carlos III, estaba representada por un gobernador general.

Lo mismo sucede con dos países no soberanos, Islas Cook y Niuei, que tienen el estatus de estados asociados a Nueva Zelanda, y con 14 pequeños territorios de ultramar, repartidos por los tres océanos, que son los restos no descolonizados del antiguo imperio británico. Además de Guernsey, Jersey y Man, las llamadas dependencias de la Corona, tres naciones insulares autogobernadas en torno a Gran Bretaña. Además, en uno u otro momento, Isabel fue reina asimismo de otros 18 países postcoloniales devenidos repúblicas, entre ellos Pakistán, Sudáfrica, Nigeria y un Estado miembro de la Unión Europea, Malta. La última monarquía de la Commonwealth que adoptó el sistema republicano de gobierno fue Barbados en noviembre de 2021.

En 2016, con el fallecimiento del rey de Tailandia Bhumibol Adulyadej, entronizado en 1946, Isabel II pasó a encabezar la relación de los jefes de Estado o de Gobierno en ejercicio más duraderos; el siguiente en la lista de veteranos era el sultán de Brunei, Hassanal Bolkiah, en el poder desde 1967 y monarca absoluto de un creso microestado petrolero independizado del Reino Unido en 1984. Más aún, Isabel se trató también de la mujer cabeza de un Estado con más años en el cargo en cualquier país y en cualquier momento de la historia conocida. De hecho, únicamente Luis XIV de Francia, rey entre 1643 y 1715, la superó en longevidad institucional.

El 9 de septiembre de 2015 Isabel aventajó a su tatarabuela la reina Victoria con el reinado más prolongado de las islas británicas desde que había registros y el 6 de febrero de 2017 se convirtió en el primer monarca británico en celebrar el jubileo de Zafiro o los 65 años en el trono. Atrás quedaron los hitos de los jubileos de Plata (1977), Rubí (1992), Oro (2002) y Diamante (2012). El 20 de noviembre de 2017 llegaron las bodas nupciales de platino, el septuagésimo aniversario de su matrimonio con el príncipe Felipe, duque de Edimburgo, quien en junio de 2020 cumplió los 99 años.

Isabel II fue testigo de excepción de los profundos cambios experimentados por el Reino Unido y el mundo en su larguísimo reinado: la recuperación de la posguerra y el establecimiento del estado del bienestar; los ciclos de prosperidad y crisis económica; la revolución tecnológica, las corrientes pop y la transición postindustrial; conflictos armados como la intervención en Suez, la guerra de las Malvinas y la invasión de Irak; el surgimiento, auge y final de la Guerra Fría, seguida de una turbulenta reconfiguración del orden mundial que ha desembocado en nuevas y peligrosas tensiones entre Occidente, Rusia y China; la emergencia de fenómenos amenazadores como el terrorismo transnacional y el cambio climático; o el ingreso y salida del Reino Unido de la Unión Europea.

Y, por supuesto, la descolonización, imparable como consecuencia de la Segunda Guerra Mundial y no siempre pacífica, que supuso la paulatina disolución en la Commonwealth del viejo Imperio Británico, cuyos capítulos postreros fueron la independencia de Brunei en 1984 —la 47 colonia, protectorado o territorio administrado en emanciparse desde 1956— y la retrocesión de Hong Kong a la República Popular China en 1997. Unas décadas en las que el Reino Unido, inevitablemente, vio acelerarse la pérdida del poderío industrial, comercial y militar disfrutado durante siglos ante el surgimiento de nuevas potencias y las mutaciones geopolíticas, al tiempo, empero, que preservaba una influencia de primer orden en las finanzas internacionales, la investigación científica o la cultura popular de masas.

En casa, Isabel, quien era también la gobernante suprema de la Iglesia de Inglaterra (Anglicana), trató con 15 primeros ministros, desde Winston Churchill hasta Boris Johnson y Liz Truss, pasando por Harold Wilson y Margaret Thatcher, y tramitó protocolariamente la constitución de 27 gabinetes de conservadores y laboristas.

Su estricta neutralidad con respecto a las decisiones del Gobierno y el Parlamento fue puesta a prueba en los últimos tiempos por el tumulto instalado en la política británica de resultas del Brexit. Cuando el referéndum de 2016, Buckingham salió a desmentir que la soberana hubiera expresado en privado su simpatía por la marcha de la UE tras 43 años de pertenencia, pero más tarde se especuló con que Isabel contemplaba con espanto la posibilidad, nada peregrina a esas alturas, de que las tensiones generadas por el Brexit terminaran por desmembrar el Reino Unido, existente desde las Actas de Unión de 1707 y 1801. Eso, si Escocia llegaba a decantarse por la independencia, rechazada en el referéndum de 2014, e Irlanda del Norte por la unión con la República de Irlanda.

Dicho sea de paso, el amargo conflicto armado del Ulster alcanzó de lleno a la familia real en 1979 cuando el IRA asesinó en un atentado con bomba a Lord Louis Mountbatten, tío carnal de Felipe y tío en grado lejano de Isabel. En 1998 llegó la paz de Viernes Santo, y en 2011 y 2012 la reina realizó sendas visitas, cargadas de simbolismo y detalles históricos, a Dublín y a Belfast. En la capital norirlandesa, Isabel visitó por primera vez un templo católico y le estrechó la mano a Martin McGuinness, viceministro principal del Gobierno autónomo, dirigente del Sinn Féin y antiguo comandante de la banda terrorista.

Sin embargo, fueron los avatares puramente familiares, envueltos en escándalo y golpeados por la ruptura y la tragedia, los asuntos que durante décadas con más frecuencia arrastraron a los Windsor a los titulares de prensa, para consternación de su testa coronada. La primera andanada de disgustos llegó en 1992, año en que se encadenaron la separación conyugal del príncipe Andrés, el divorcio de la princesa Ana, el anuncio de la separación también del heredero al trono, el príncipe Carlos, y, como funesto remate, el incendio del Castillo de Windsor. Isabel, en un raro paréntesis a su flema impasible solo cortada en ocasiones por breves comentarios teñidos de ingenio y humor, dejó para la posteridad la frase, pronunciada con la voz quebrada, del "annus horríbilis", que lo era para la monarquía, desde luego, aunque para ella en particular.

En 1996 los príncipes de Gales y los duques de York firmaron los papeles del divorcio, y solo un año después se produjo la muerte en accidente de circulación de Diana, la archipopular Lady Di. Entonces, Isabel, siempre gustosa de posar con sus queridos caballos y perros, fue duramente criticada por no deshacer su hermetismo y no mostrarse compungida por la trágica desaparición de su nuera, mitificada como la princesa del pueblo. Es más, vio cómo el republicanismo, sentimiento muy minoritario hasta entonces, cobraba empuje en la opinión pública y su popularidad personal, hasta entonces enorme, disminuía. En la década de los noventa, Isabel buscó congraciarse con sus súbditos renunciando a cualquier exención del pago de impuestos y abriendo el Palacio de Buckingham a las visitas turísticas, aunque siguió manteniendo en secreto el volumen de sus ingresos y patrimonio privados, sin duda muy cresos. Más tarde, en 2002, Isabel perdió a su anciana madre, la reina emérita de su mismo nombre y miembro de la familia real muy entrañable para el pueblo, fallecida a los 101 años, y a su única hermana, la princesa Margarita, cuatro años más joven que ella y fallecida a los 71.

A partir de 2015, los quebraderos de cabeza familiares para Isabel regresaron con fuerza por las polémicas que envolvían al príncipe Andrés, peligrosamente amistado con el magnate estadounidense Jeffrey Epstein, presunto cabecilla de una trama de tráfico sexual de menores, y, peor aún, él mismo acusado de haber mantenido relaciones sexuales con chicas obligadas a prostituirse, amén de su supuesta implicación en negocios corruptos. A los escándalos del duque de York les siguió la aparición en 2017 de los nombres del príncipe de Gales y de la propia reina en los Paradise Papers, una vasta nómina filtrada de inversores en sociedades offshore para evadir el fisco.

Después, en enero de 2019, el príncipe Felipe, retirado de los compromisos oficiales en 2017, sufrió un aparatoso accidente de tráfico del que salió milagrosamente ileso. Y en enero de 2020, a renglón seguido de una calamitosa entrevista televisada de la BBC en la que Andrés, obligado a retirarse de la vida pública, no consiguió esclarecer sus vínculos con el pederasta Epstein —quien se había suicidado en prisión a la espera de juicio—, la soberana volvió a sobresaltarse por la decisión de su nieto Harry y su esposa Meghan Markle, duques de Sussex, de "dar un paso atrás" como altezas de la familia real, ser independientes económicamente y seguir adelante como ciudadanos privados. Por si fuera poco, circulaban noticias sobre unas relaciones tensas de la pareja con su hermano mayor y su cuñada, los duques de Cambridge.

Estos acontecimientos llevaron a algunos medios a hablar de un "segundo annus horríbilis" para la veterana monarca, quien sin embargo gozaba de unos niveles de popularidad máximos, nada que ver con lo sucedido en 1997 tras la muerte de Diana. Al igual que parecía disfrutar de una salud excelente también, con un vigor físico y mental sorprendentes para una nonagenaria. Desde que en 2015 realizara, a Malta, el último de sus 266 viajes oficiales al extranjero, donde había visitado 116 países, Isabel venía reduciendo discretamente sus actividades públicas y estaba transmitiendo al príncipe Carlos, septuagenario ya, parte del protagonismo y las competencias. Regularmente, Buckingham desmentía que la reina tuviera intención de abdicar, y conocedores de las intimidades de Palacio aseguraban que su deseo era morir en el trono. No obstante, el escenario de la abdicación siguió siendo una creencia persistente, intensificada en 2020 al declararse la pandemia del coronavirus.

Por lo demás, Isabel II seguía apadrinando o presidiendo con carácter honorífico alrededor de 700 organizaciones de todo tipo. Sus funciones ceremoniales incluían: la inauguración anual del Parlamento con la lectura del programa del partido gobernante o ganador de las elecciones (el llamado Discurso de la Reina, rodeado del boato tradicional y todos los atributos de la Corona); el asentimiento real a la legislación adoptada por la Cámara de los Comunes; el nombramiento formal del primer ministro y el despacho con él una vez por semana; la recepción de dignatarios extranjeros; y la aprobación de las órdenes y proclamaciones del Privy Council o Consejo Privado, un órgano asesor que, como otras instituciones tradicionales vinculadas a la Corona, había sido salvaguardado, aunque despojado de cualquier autonomía de las líneas marcadas por el Gobierno. La conocida como prerrogativa real, la iniciativa discrecional del monarca para pronunciarse sobre cuestiones de legislación, justicia, política exterior o defensa aun contra el criterio del Gobierno o el partido mayoritario del Parlamento, era un cuerpo de autoridad consuetudinaria que conservaba su validez legal, si bien en la práctica este privilegio del titular del trono ya hacía un siglo que no se ejercitaba.

La reina, además, concedía las órdenes, condecoraciones y medallas del sistema de honores británico, y nombraba a los caballeros. Era asimismo comandante en jefe del Ejército, la Royal Navy y la RAF, además de ostentar los rangos de coronel en jefe de todos los regimientos de la Guardia Real y del cuerpo de Ingenieros Reales, y de capitán general del Regimiento de Artillería Real.


EL GOLPE DEL MEGXIT Y LA MUERTE DE FELIPE DE EDIMBURGO
El 21 de abril de 2020 Isabel II cumplió 94 años de edad y 68 de reinado confinada en el Castillo de Windsor por la pandemia de la COVID-19, crisis que su pueblo podía y debía superar, afirmó entonces la soberana, con "resolución" y "autodisciplina". El embate del coronavirus suscitó las enésimas especulaciones sobre que la añosa monarca podría estar considerando abdicar en favor del príncipe de Gales, cada vez más "empoderado" de funciones públicas y atribuciones, hasta el punto de asemejarse a un regente oficioso a tiempo parcial. Todas las comparecencias y compromisos públicos de la reina fueron cancelados o suspendidos a varios meses vista.

El 15 de octubre de 2020 Isabel reapareció con motivo de una visita al Laboratorio de Ciencia y Tecnología de la Defensa en Porton Down, Inglaterra. La reina se presentó acompañada del duque de Cambridge, caminando sin bastón, manteniendo la distancia física pero sin mascarilla, punto este último que dio bastante que hablar. En su mensaje navideño de 2020, Isabel ensalzó el "espíritu indómito" de los británicos y expresó su "esperanza en un nuevo amanecer" a la salida de la pandemia. El caso fue que tanto Isabel, vacunada en enero de 2021 junto con el príncipe Felipe, como su primogénito, su nieto el segundo en la línea de sucesión y su segundo hijo contrajeron el patógeno: Carlos y Guillermo dieron positivo ya en la fase inicial de la pandemia en 2020 (el primero en marzo y el segundo en abril, si bien el contagio del duque de Cambridge se mantuvo en secreto hasta noviembre, a fin de "evitar alarmar" al país, según The Sun), Andrés en junio de 2022 y ella un poco antes, en febrero de 2022.

En 2021 el reinado y la vida de Isabel se vieron sacudidos por dos fuertes impactos de distinta naturaleza. Para empezar, los duques de Sussex realizaron unos pronunciamientos que causaron consternación en Buckingham. El 19 de febrero, el príncipe Enrique y Meghan —ella, embarazada de Lilibet y siete meses después de sufrir un aborto natural—, desde su residencia en California, informaron que habían decidido cortar lazos formales con sus parientes regios de manera definitiva. Según el comunicado difundido por Palacio, que expresaba su "profunda tristeza" por la decisión, la pareja no volvería a incorporarse a la familia real "como miembros en activo" de la misma. Harry devolvería sus nombramientos militares honorarios y patrocinios reales, si bien seguiría siendo duque de Sussex al igual que su esposa, así como el sexto en la línea de sucesión al trono, por detrás de su padre, su hermano y sus tres sobrinos.

Semanas después de la confirmación del ya conocido como Megxit, el 7 de marzo, los duques levantaron un enorme revuelo con una entrevista televisada de 85 minutos en el programa de Oprah Winfrey. Empleando un tono de charla íntima y llevando Meghan la voz cantante, la pareja se confesó frustrada y dolida por una serie de actitudes del Palacio de Buckingham hacia ellos. La duquesa de Sussex, en particular, acusó directamente al entorno de la familia real de "perpetuar falsedades" que les afectaban negativamente, señaló, sin nombrarlo, a un miembro de los Windsor por especular ante ella sobre "cuán oscura sería la piel" de su hijo Archie cuando naciera, y aseguró que había llegado a tener "pensamientos suicidas" por las presiones y la desprotección de que era objeto mientras estaba embarazada, etapa en la que había solicitado en vano a Palacio ayuda ante sus indicios de mala "salud mental".

Meghan recalcó que no había que confundir a la familia real y a los funcionarios de la Casa Real, esta última justo objeto de sus críticas: "Es difícil para la gente distinguir a los dos, porque es un negocio familiar (…); está la familia y luego están las personas que dirigen la institución". Son dos cosas separadas (…) la reina , por ejemplo, siempre ha sido maravillosa conmigo", le dijo Meghan a Oprah Winfrey. En otro pasaje de la entrevista, Meghan desmintió la especie de que ella hubiera "hecho llorar" a su cuñada Kate y que el incidente había sido precisamente al revés, en una discusión durante los preparativos de su boda con Harry y a propósito de los vestidos de las damas de honor de la ceremonia nupcial. Harry asintió a todo lo dicho por su esposa, subrayando el punto del "racismo", y añadió entre otras cosas que se había distanciado de su padre y de su hermano; con el primero, en concreto, se sentía "realmente decepcionado". Tal como lo veía él, Carlos y Guillermo seguían "atrapados dentro del sistema", algo que le inspiraba una "enorme compasión".

Aunque Isabel II, a título personal, salía indemne de los reproches de sus nietos, las crudas declaraciones de la pareja, emitidas en Estados Unidos en horario de máxima audiencia, cayeron como una bomba en Reino Unido, donde surgieron voces airadas poniendo a Harry de "traidor" a su familia. La imputación de racismo contra la familia real, un asunto delicado, generó mucho murmullo en el Parlamento de Westminster y desde la oposición laborista se reclamó la apertura de una investigación interna. El primer ministro, Boris Johnson, muy cauteloso, se limitó a expresar su "máxima apreciación" por la jefa del Estado, si bien algunos miembros del Gobierno conservador no ocultaron que la imagen de la monarquía cabeza de la multiétnica Commonwealth acababa de recibir un golpe durísimo.

Además, la explosiva entrevista coincidió con una investigación palaciega, revelada por The Times y luego confirmada por Buckingham, de ciertas quejas internas sobre que la duquesa de Sussex, mientras residió en la corte, había "acosado" a varios trabajadores del Palacio de Kensington. Para Harry y Meghan, hicieron saber los duques en un comunicado previo a su entrevista, este último asunto confirmaba la existencia de una "calculada campaña de difamaciones basada en informaciones engañosas y dañinas".

El 9 de marzo Buckingham rompió su silencio y, en un sucinto mensaje emitido en nombre de la reina, admitió que los "temas planteados" por los duques de Sussex, "particularmente el de la raza, resultaban preocupantes". El comunicado añadía que la familia real al completo estaba "entristecida" al enterarse de "hasta qué punto habían sido un desafío los últimos años para Harry y Meghan", quienes siempre serían unos "miembros muy queridos de la familia", pero que tomaba "muy en serio" las alegaciones y que las abordaría "en privado". Al poco, fue el príncipe Guillermo el que salió al paso de la polémica, para rechazar la acusación de su hermano de que los Windsor eran una "familia racista".

Harry y Meghan desataron la tormenta con su entrevista en el plató de Oprah Winfrey mientras su abuelo Felipe de Edimburgo, de 99 años, estaba ingresado en un hospital privado de Londres convaleciente de una infección no especificada y una intervención cardíaca. El 16 de marzo el príncipe-duque fue dado de alta tras casi un mes de hospitalización, pero el 9 de abril Palacio comunicó su fallecimiento en el Castillo de Windsor. El óbito y los funerales de Felipe, unas austeras exequias de carácter militar y desprovistas de la condición de Estado, a las que solo asistió una treintena de parientes y donde pudo verse a la doliente viuda en momentos de soledad física, dieron pábulo en la prensa a unas hojas de vida en las que se retrataba al real consorte como una sólida "roca" para su esposa, a cuyo lado había estado siempre a las duras y a las maduras. También, como un príncipe propenso a la incorrección formal y los comentarios vitriólicos, incluyendo las ácidas ironías sobre sí mismo y su papel de figurón en la casa real de los Windsor.


REPUDIO AL DUQUE DE YORK, EL JUBILEO DE PLATINO Y ÚLTIMAS APARICIONES PÚBLICAS
Isabel llegó a su nonagésimo quinto aniversario el 21 de abril de 2021 en silencio, manteniendo luto por su esposo y sin celebraciones oficiales. Por segundo año consecutivo se cancelaron las salvas de cañonazos, que solían dispararse desde Hyde Park y la Torre de Londres. El 11 de mayo siguiente la monarca reapareció en la Cámara de los Lores, a la que llegó en automóvil en lugar de carroza, para, continuando con una tradición de siglos, dar lectura del discurso escrito por el Gobierno con la exposición de sus planes para el próximo año.

Todo el mundo tenía la mirada puesta ya en el Jubileo de Platino, la celebración en 2022 de los 70 años en el trono, pero hasta entonces Isabel tuvo unos leves achaques, mínimos para su avanzada edad, que suscitaron dudas sobre las condiciones de la soberana para llevar a cabo la densa agenda actos que tenía por delante. En octubre de 2021 Buckingham canceló una visita a Irlanda del Norte por recomendación de los médicos y acto seguido la reina se sometió a un chequeo intensivo en un centro hospitalario, al que la llevaron con síntomas de agotamiento físico. Fue la primera vez que pasó una noche ingresada desde la gastroenteritis que la aquejó en 2013.

A partir de aquí, Isabel empezó a usar el bastón "por comodidad" en presencia de las cámaras y en ocasiones suplió su presencia física con alocuciones por videoconferencia, como en la cumbre COP 26 de Glasgow sobre el cambio climático. En noviembre, una lesión de espalda le impidió asistir al Remembrance Day, el homenaje anual a todos los caídos en combate de la Commonwealth desde la Primera Guerra Mundial; entonces, el príncipe Carlos la sustituyó. El 25 de diciembre Isabel difundió en radio, televisión e Internet su tradicional mensaje navideño, llamado a ser el último. En su alocución, la monarca tuvo palabras de recuerdo y alabanza para su difunto esposo.

Por otro lado, en agosto de 2021 el príncipe Andrés volvió a ser noticia por la denuncia en su contra de Virginia Giuffre, una de las supuestas víctimas del traficante sexual de menores Jeffrey Epstein. Giuffre interpuso su demanda en un tribunal federal de Nueva York, acusando a Andrés de haberla obligado a mantener relaciones íntimas con ella tres veces en 2001, cuando tenía menos de 18 años. En su entrevista de noviembre de 2019 por la BBC, Andrés había negado "categóricamente" tener relaciones con Giuffre, incluso que la hubiera "conocido alguna vez", pese a existir una foto en la que aparecían juntos y sonrientes al lado de Ghislaine Maxwell, la proxeneta compinche de Epstein, en breve convicta de prostitución infantil y tráfico humano.

En octubre, Scotland Yard indicó que no emprendería ninguna investigación contra el duque de York, quien no dejaba de reiterar su inocencia. Sus abogados alegaron que el príncipe estaba "protegido" en virtud de una cláusula confidencial firmada por Giuffre y Epstein contra posibles pleitos por abusos sexuales a cambio de una indemnización de 500.000 dólares; según el equipo jurídico de Andrés, dicho acuerdo extrajudicial protegía de eventuales denuncias penales tanto a Epstein como a "segundas partes" y "potenciales acusados". Ahora bien, en enero de 2022 el juez principal del Distrito Sur de Nueva York, Lewis Kaplan, autorizó la apertura de un juicio penal contra Andrés sobre la base de la denuncia de Giuffre.

La definitiva caída en desgracia del habitualmente llamado "hijo predilecto" de Isabel II obligó a Palacio a tender rápidamente una especie de cordón de aislamiento entre Andrés y el resto de la familia real, por de pronto para no ensombrecer el Jubileo de Platino. Así, Buckingham, en una decisión drástica y sin precedentes, retiró todos sus títulos militares honoríficos y patronazgos reales a Andrés. Fuentes de la Casa Real añadieron que este tampoco podría seguir recibiendo en público el tratamiento de su alteza real; eso sí, seguía siendo, al menos por el momento, duque de York y vicealmirante de la Royal Navy.

Al poner término a sus compromisos públicos, decía el escueto comunicado real, Andrés podría "defender su caso como un ciudadano privado". Al parecer, esto fue exactamente también lo que Isabel le dijo a su hijo en un cara a cara privado en Windsor. De su cosecha, el Daily Mail añadió que las presiones del príncipe Carlos y el duque de Cambridge habían sido decisivas para que la reina castigara sin contemplaciones a su retoño y abriera distancias con él. Posteriormente, en febrero de 2022, iba a publicarse que Andrés y Virginia Giuffre habían llegado a un "principio de acuerdo" extrajudicial de carácter económico.

Una vez zanjadas o amortiguadas las repercusiones negativas que la peripecia del príncipe Andrés pudiera tener para la Corona, la reina siguió adelante con los fastos del Jubileo de Platino de 2022, cuyos días centrales, con feriados y festivos, fueron el 2, el 3, el 4 y el 5 de junio. El Reino Unido y los países de la Commonwealth, tanto los que tenían a Isabel II como jefa del Estado como los que no, celebraron multitud de actos conmemorativos y eventos masivos. Previamente, en febrero, en vísperas de dar positivo en COVID con "síntomas leves", la monarca usó la palestra del Jubileo para expresar su "deseo sincero" de que su nuera la duquesa de Cornualles, recién investida por ella dama de la Orden de la Jarretera, fuera reconocida como reina consorte Camilla, y no princesa consorte como se había dicho en un principio, cuando Carlos se convirtiera en rey.

Llegado abril, la reina, en una "visita virtual" al Hospital Real de Londres, le comentó al personal de la institución por videoconferencia que el coronavirus, superado sin mayores complicaciones al estar vacunada, la había dejado no obstante "muy cansada y exhausta". En mayo, la monarca, debido a "problemas episódicos de movilidad" y no sin gran fastidio por su parte, se ausentó del discurso en la Cámara de los Lores para el arranque del período anual de sesiones del Parlamento, que esta vez leyó el príncipe Carlos, con Camilla de Cornualles a su lado. Solo en dos ocasiones anteriores en sus siete décadas de reinado se había perdido Isabel este solemne acto: fue en 1959 y en 1963, por estar embarazada de Andrés y Eduardo, respectivamente.

La ausencia de la reina de tan emblemático evento reactivó las cábalas sobre una regencia del príncipe de Gales o incluso la abdicación. Ni lo uno ni lo otro iban a tener lugar. El 2 de junio, en el inicio de los festejos centrales del Jubileo, Isabel, bastón en mano, apareció en el balcón del Palacio de Buckingham para saludar al pueblo junto con Carlos, Camilla, Guillermo, Catalina, los tres pequeños príncipes de Cambridge, Ana y su marido Tim Laurence, Eduardo, su esposa Sofía y sus dos hijos, y otros miembros de la familia real (no así Andrés ni Harry y Meghan), pero no acudió a la ceremonia religiosa del día siguiente en la Catedral de San Pablo. En la misma sí estuvieron en cambio los duques de Sussex, tras dos años alejados de los actos con la familia real. El duque de York, con COVID, siguió ausente.

El día 5, al concluir el fin de semana del Jubileo, la reina salió por tercera y última vez al balcón de Buckingham. Simultáneamente, Palacio emitía este mensaje de Isabel de agradecimiento a la nación: "Con humildad, me ha conmovido profundamente que tantas personas hayan salido a las calles para celebrar mi Jubileo de Platino. Si bien puede que no haya asistido personalmente a todos los eventos, mi corazón ha estado con todos vosotros; y sigo comprometida con serviros lo mejor que pueda, con el apoyo de mi familia. Me han inspirado la amabilidad, la alegría y la afinidad tan evidentes en los últimos días, y espero que este sentido renovado de unión se sienta en los muchos años por venir. Os agradezco muy sinceramente vuestros buenos deseos y el papel que habéis jugado todos en estas celebraciones".

Isabel envió cinco mensajes más: el 8 de julio, de condolencia a Japón por el asesinato del ex primer ministro Shinzo Abe; el 28 de julio, con motivo del inicio en Birmingham de los XXII Juegos de la Commonwealth; el 31 de julio, de felicitaciones a la Selección Femenina de Fútbol de Inglaterra por su victoria en el Campeonato de Europa; el 29 de agosto, al presidente de Pakistán en solidaridad por las catastróficas inundaciones sufridas por el país asiático; y el 7 de septiembre, a la gobernadora general de Canadá de condolencias por los asesinatos de Saskatchewan.

En la víspera de esta última misiva real, el 6 de septiembre la monarca fue retratada recibiendo en Balmoral a la recién elegida líder del Partido Conservador, Liz Truss, para la encomienda formal de la formación del próximo Gobierno. Truss era el decimocuarto primer ministro británico que Isabel nombraba desde 1955, cuando Anthony Eden sucedió a Winston Churchill, así como la tercera mujer en el 10 de Downing Street, tras Margaret Thatcher (1979-1990, una estadista con la que la reina, siempre se dijo, no sintonizó nada bien) y Theresa May (2016-2019). Al día siguiente, la reunión virtual del Consejo Privado quedó suspendida porque la soberana guardaba descanso por prescripción facultativa.

El 8 de septiembre, jueves, de 2022 por la mañana, el Palacio de Buckingham anunció que la reina se hallaba bajo supervisión médica en Balmoral y que los doctores estaban "preocupados por la salud de su majestad", quien permanecía "cómoda" en su castillo escocés. Ante la alarmante noticia, sus cuatro hijos y sus nietos Guillermo y Harry pusieron rumbo a Balmoral. La primera ministra Truss tomó la voz y el Parlamento interrumpió su sesión para emitir sendos mensajes de inquietud y aliento. Pero la reina se estaba muriendo y solo el príncipe Carlos y la princesa Ana llegaron a tiempo para ver a su madre con vida. El óbito de Isabel II fue comunicado de manera oficial a las 18:30 horas. Ello activó las operaciones, precisadas al detalle desde hacía tiempo, Puente de Londres y, puesto que la muerte se había producido en Escocia, Unicornio. El primer plan establecía los pormenores del período de luto oficial y los funerales de Estado en la capital del país, mientras que el segundo operativo estipulaba las honras fúnebres en Escocia y el traslado del cuerpo de la monarca hasta Londres.

La dinastía Windsor escribió otro nuevo hito sucesorio: de manera automática, el primogénito de Isabel y príncipe de Gales se convirtió en el nuevo monarca del Reino Unido con el nombre de Carlos III, y su esposa la duquesa de Cornualles adquirió la condición de reina consorte. Al día siguiente, su hijo el duque de Cambridge tomó el título de príncipe de Gales, heredero al trono. El día 10, Carlos fue proclamado oficialmente rey en el Palacio de St. James.

(Cobertura informativa hasta 10/9/2022)

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