Binyamin Netanyahu

© UN Photo/Evan Schneider

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Update: 23 June 2016

Israel

Primer ministro (1996-1999, 2009-) y ministro de Exteriores (2002-2003, 2012-2013, 2015-)

  • Term of office: 31 march 2009 - Acting
  • Birth: Tel Aviv, 21 october 1949
  • Political party: Likud
  • Profession: Militar y consultor de empresas
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En marzo de 2009 Binyamin Netanyahu>, líder del partido derechista Likud, volvió a la jefatura del Gobierno de Israel en coalición con la ultraderecha laica, los ultraortodoxos religiosos y los laboristas. Adalid del antiterrorismo y de la seguridad nacional sin reparar en medios, halcón en política y neoliberal en economía, Netanyahu desplazó del poder al partido Kadima, fundado por su rival y ex jefe político Ariel Sharon, esgrimiendo el mismo discurso intransigente -su célebre - que entre 1996 y 1999, cuando su primer jefatura gubernamental, enflaqueció el proceso de paz con los palestinos. Una década después, su rechazo a frenar la expansión colonial y urbana en Cisjordania y Jerusalén oriental, y a asumir el principio del Estado palestino, que la OLP quiere incluir en cualquier negociación, así como su alianza con el extremista Avigdor Lieberman, nuevo ministro de Exteriores, sumen a la región en la incertidumbre y auguran tensiones con la Administración Obama.

(Texto actualizado hasta marzo 2009)

Biography

1. Soldado de élite y diplomático en Estados Unidos
2. Irrupción en la política y líder del derechista Likud
3. La primera jefatura del Gobierno: negociación con los palestinos con reluctancias cumplidoras
4. Derrota electoral, paréntesis político y regreso al Ejecutivo con Ariel Sharon
5. Nuevos forcejeos con Sharon y recuperación del mando del Likud en la oposición
6. Rivalidad con el Kadima y segundo mandato como primer ministro
7. Rechazo a detener los asentamientos judíos y desafío a Estados Unidos
8. El asalto a la flotilla humanitaria hacia Gaza y revuelo internacional


1. Soldado de élite y diplomático en Estados Unidos

Es el segundo de los tres hijos tenidos por Cela Segal, nacida en Palestina y profesora de Derecho, y Benzion Netanyahu, nacido en Varsovia e historiador, dos judíos de ascendencia lituano-polaca con un árbol genealógico enaltecido por eminentes rabinos y talmudistas de la comunidad ashkenazí, el más famoso de los cuales es Rabí Eliyahu, conocido como el Gaón de Vilna (1720-1797), el más influyente comentarista de la ley religiosa judía en la edad moderna. El abuelo paterno, Nathan Mileikowsky (1875-1935), fue un rabino predicador de la doctrina de Theodor Herzl, cuyo ardiente sionismo le llevó a emigrar en 1920 desde la Rusia zarista al entonces mandato británico de Palestina, donde hebraizó el apellido de la familia (netanyahu se puede traducir por don de Dios) y alcanzó una alta posición en la Organización Sionista Mundial.

Dos de sus vástagos adquirieron renombre en el ámbito intelectual: Elisha Netanyahu, matemático y profesor en el Technion o Instituto de Tecnología de Haifa, y el padre del futuro primer ministro, Benzion, un experto en el judaísmo de la España medieval y volcado en la difusión, antes de la proclamación del Estado de Israel en 1948, del movimiento sionista revisionista, la versión extremista de derechas del nacionalismo judío fundada por Zeev Jabotinsky, del que fue asistente personal en Estados Unidos hasta su muerte en 1940. En lo sucesivo, Benzion Netanyahu, sin desligarse del activismo político en el sionismo revisionista, cuyo núcleo era la defensa indeclinable del bíblico Gran Israel, se concentró en su labor académica y cultural, como editor de los volúmenes de la Enciclopedia Hebrea y autor de una monumental obra, publicada décadas después, sobre la historia de los judíos y la Inquisición en España.

El niño Binyamin, llamado familiarmente Bibi, diminutivo con el que iba a seguir siendo conocido universalmente a lo largo de su carrera política, nació en Tel Aviv, pero pasó su primera infancia en Jerusalén, lugar de residencia de la familia, que completaban un hermano mayor, Jonathan (Yoni), y un hermano menor, Iddo. En 1957, con siete años, fue llevado por sus padres a Estados Unidos, donde Benzion mantenía muchos contactos desde su etapa al frente de la ya disuelta Nueva Organización Sionista creada por Jabotinsky y donde deseaba profundizar sus investigaciones historiográficas. En 1959 los Netanyahu regresaron a Jerusalén, pero en 1963 estuvieron de vuelta en Estados Unidos, ya que el progenitor había obtenido una plaza de profesor de Historia en el Dropsie College de Filadelfia, una institución especializada en los estudios judaicos y que hoy está integrada en la Universidad de Pensilvania con el nombre de Center for Advanced Judaic Studies (CAJS).

Bibi completó la educación secundaria en el Cheltenham High School de Filadelfia y en 1967, en vísperas de la Guerra de los Seis Días y siguiendo los pasos de su hermano Yoni, convertido en soldado paracaidista, volvió a Israel para alistarse en las Fuerzas de Defensa Israelíes (FDI), donde fue destinado a la división de comandos de élite y recibió el adiestramiento necesario para entrar en combate en la llamada guerra de desgaste, el conflicto intermitente y de baja intensidad que continuaba enfrentando a las tropas israelíes con las tropas egipcias y los fedayines palestinos de la OLP, y participar en operaciones antiterroristas.

Como jovencísimo soldado y luego oficial, hasta principios de los años setenta Netanyahu sirvió en varias misiones especiales; las reseñas biográficas oficiales suelen citar el raid contra el aeropuerto internacional de Beirut en diciembre de 1968, lanzado como represalia por el atentado en Atenas contra un aparato de la aerolínea israelí El Al por el Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP), y que se saldó con la destrucción de trece aviones de línea libaneses, así como el exitoso rescate de los rehenes del reactor de la compañía belga Sabena secuestrado por la Organización Septiembre Negro en el aeropuerto de Lod en Tel Aviv en mayo de 1972, acción en la que resultó herido.

En sus misiones conocidas y otras no desclasificadas Netanyahu sirvió en la Sayeret Matkal, o Unidad de Reconocimiento del Estado Mayor General, y a las órdenes de un oficial de rango superior que llegaría al generalato y a la jefatura del Estado Mayor de las FDI, Ehud Barak, otro futuro primer ministro y además adversario político. En la Sayeret Matkal sirvieron asimismo los otros dos hermanos Netanyahu, que entre 1970 y 1972 compartieron distintivo de unidad, aunque no, cabe suponer, destacamento operativo. El espíritu de lucha prendió particularmente en el mayor, Yoni, un veterano de las conquistas del Sinaí y el Golán en 1967 que fue ascendido a vicecomandante en jefe de la Sayeret Matkal con el rango de teniente coronel y que en julio de 1976 entró en el memorial de honor de las FDI como la única baja mortal sufrida por los comandos de la unidad en la espectacular operación de rescate de rehenes en el aeropuerto ugandés de Entebbe.

La muerte de Yoni Netanyahu en acto de servicio afectó vivamente a su hermano menor, que en 1976, ya desligado de la milicia, iba a poner en marcha el Instituto Jonathan, dedicado a formular ideas para erradicar el terrorismo palestino. Dos años después, en 1978, él e Iddo escribieron el libro Yoni's Letters: The Letters of Jonathan Netanyahu, en el que honraban la memoria del hermano fallecido.

En 1972 Bibi se apartó del servicio activo en las FDI y regresó a Estados Unidos para estudiar Ciencias Políticas en la Universidad de Harvard. Cuando en octubre de 1973 estalló la Guerra de Yom Kippur, viajó apresuradamente a Israel para empuñar las armas contra los ejércitos egipcio y sirio. Terminada la contienda, colgó el uniforme con el galón de capitán en la reserva y retomó su formación universitaria en Estados Unidos, en el prestigioso Massachusetts Institute of Technology (MIT), por el que en 1975 se licenció en Arquitectura y en 1977 obtuvo una maestría en Administración de Empresas. Esta formación le permitió perfeccionar su inglés, hasta lograr que desapareciese por completo el acento hebreo, y mientras estuvo en las aulas empleó como apellido legal Nitai, de más fácil pronunciación.

Tras salir del MIT contrató con el Boston Consulting Group, una firma internacional de asesoría empresarial afincada en la capital de Massachusetts, y luego, en 1978, con las Rim Furniture Industries de Jerusalén, en calidad de director de marketing. Involucrado en las campañas de relaciones públicas proisraelíes financiadas por el Gobierno de su país y el lobby judío de Estados Unidos, en julio de 1979, sin haber cumplido todavía los 30 años, organizó en Jerusalén una Conferencia sobre Terrorismo Internacional con el auspicio oficial de su instituto y a la que asistieron altas personalidades estadounidenses, como el ex director de la CIA y futuro presidente George Bush, y otras israelíes, empezando por el primer ministro Menachem Begin, miembro del patronato del Instituto Jonathan.

Lo discutido en la Conferencia de Jerusalén sirvió de base a su artífice para editar International Terrorism: Challenge and Response, colección de artículos y ponencias de destacadas figuras políticas israelíes y académicas de Estados Unidos y otros países en los que se instaba a las sociedades democráticas a estudiar la "verdadera naturaleza" del terrorismo del momento, y se proponían las medidas para combatirlo y derrotarlo, haciendo a un lado toda "pusilanimidad", "parálisis" y "apaciguamiento".

Para Netanyahu, con un maximalismo pionero que se adelantó en dos décadas al tipo de reacción dominante en la comunidad internacional tras los atentados del 11-S, no valían matices nacionales, consideraciones de trasfondos históricos ni análisis desapasionados sobre las raíces del fenómeno: el terrorismo, que tenía como principales patrocinadores a una serie de gobiernos árabes, el nuevo Irán islámico y el bloque soviético, era una agresión global que debía ser suprimida sin contemplaciones porque perseguía poner de rodillas al mundo occidental, del que Israel era parte. En realidad, lo que se estudiaba básicamente era el terrorismo palestino, pero Netanyahu diseñó la conferencia de manera que el enemigo de su país quedara subsumido en una subversión internacional dirigida contra Occidente.

Aquel evento, que hizo mucho por aproximar a las élites políticas conservadoras estadounidenses a los enfoques de Israel sobre la naturaleza de la violencia en Oriente Próximo y a la comprensión de sus necesidades de seguridad nacional, en un momento poco propicio para el toque a rebato antiterrorista –en Washington regía la Administración demócrata de Jimmy Carter y el propio Estado judío se hallaba embarcado en el proceso de paz de Camp David con Egipto, que desagradaba a los sectores ultranacionalistas-, puso a Netanyahu en el punto de mira de los cazadores de talentos del Ministerio de Exteriores israelí. En 1982, a petición del entonces embajador en Washington, Moshe Arens, el ex militar fue nombrado por el ministro Yitzhak Shamir segundo jefe de misión en la legación diplomática. Como tal, participó en las conversaciones sobre cooperación estratégica entre Estados Unidos e Israel, connivencia que dotó de carácter formal la Administración republicana de Ronald Reagan.

Netanyahu siguió desempeñando esta labor en 1984, cuando el Ministerio le nombró embajador de Israel ante las Naciones Unidas. En los cuatro años siguientes, el representante israelí justificó enérgicamente el bombardeo del cuartel general de la OLP en Túnez y la creación de la zona de seguridad en el sur de Líbano en 1985; publicó Terrorism: How the West Can Win en 1986, obra colectiva en la línea del trabajo de 1979 (entre los articulistas figuraba su padre, Benzion), que consolidó su reputación de experto en antiterrorismo y que mereció los elogios del presidente Reagan; y en 1987 promovió la apertura por la ONU de sus Archivos sobre Crímenes de Guerra del Nazismo, que quedaron expuestos al público escrutinio tras 40 años de confidencialidad.

Su prolongada estadía en el país americano le proporcionó a Netanyahu, que poseía la doble nacionalidad, un profundo conocimiento de la realidad política estadounidense y los poderosos grupos de influencia judíos, una experiencia que luego iba a aplicar a su carrera política en casa y que iba a valerle el calificativo de yuppie por sus maneras estudiadas y telegénicas, completamente novedosas en el acartonado liderazgo israelí, dominado por los clanes políticos tradicionales.


2. Irrupción en la política y líder del derechista Likud

Hasta ahora, Netanyahu había servido a su país, un servicio caracterizado, casi obsesivamente, por el combate a toda forma de violencia palestina –a sus ojos y en una palabra, terrorismo-, en los terrenos militar, intelectual y diplomático. Pero en 1988 consideró llegado el momento de trasladar ese compromiso al frente político. A finales de marzo renunció a su puesto diplomático en Nueva York para integrarse en el Likud (Consolidación), el partido derechista de Begin, Shamir, Arens y, por supuesto, de su anciano padre, que en esos momentos gobernaba en coalición con el Partido Laborista (Avoda) y con Shamir de primer ministro. Puesto que iba a candidatear a un escaño en la Knesset o Parlamento, hubo antes de renunciar a la nacionalidad estadounidense y mantener sólo la israelí, tal como le exigía la ley.

En las elecciones del 1 de noviembre de 1988, que produjeron un empate técnico entre el Likud y el Avoda, el ex embajador se hizo con el mandato legislativo, tras lo cual, el 26 de diciembre, debutó en el Gobierno de unión nacional como viceministro de Asuntos Exteriores, teniendo como directo superior a su mentor en Washington, Arens. En los años siguientes, el número dos de la diplomacia israelí defendió ante la comunidad internacional la represión militar de la Intifada palestina en los territorios ocupados de Cisjordania y Gaza, negó credibilidad a la disponibilidad de la OLP de Yasser Arafat a negociar la paz y señaló a Jordania como el verdadero "Estado palestino".

El abandono por los laboristas del Gobierno en marzo de 1990 no alteró el rol de Netanyahu en el mismo. Con el sucesor de Arens, David Levy, en 1991, fue transferido del Ministerio de Exteriores a la Oficina del Primer Ministro, conservando el rango viceministerial. La mudanza se produjo días después de la celebración, del 30 de octubre al 1 de noviembre, de la histórica Conferencia de Madrid que puso en marcha el proceso de paz en Oriente Próximo, en la que participó como alto miembro de la delegación israelí. Durante unos meses, el viceministro estuvo implicado en el proceso de paz con palestinos, jordanos y sirios, como interlocutor en las sucesivas rondas negociadoras bilaterales celebradas en Washington.

Renovada su diputación en las elecciones del 23 de junio de 1992, que dieron a los laboristas de Yitzhak Rabin -antiguo jefe del Estado Mayor de las FDI y primer ministro en los años setenta- un claro mandato para negociar la paz con las partes árabes y que mandaron al Likud, con el 24,9% de los votos y 32 diputados, a la oposición por primera vez desde 1977, Netanyahu puso un paréntesis forzoso en su gestión gubernamental y se dispuso a abrir una lucha interna para realizar su gran ambición, convertirse en el líder de partido, posición en la que se jubilaba el derrotado y caduco Shamir. El envite se le presentaba a priori harto complicado a Netanyahu, ya que tenía en frente a un grupo de rivales de la vieja guardia que le veían como un advenedizo medio estadounidense y sin pedigrí partidista. Pero el todavía no veterano político, con su personalidad dinámica y enérgica, y sus excelentes dotes dialécticas, impuso con su persona el cambio generacional y de paso un nuevo estilo, que no un nuevo talante en los tratos con los palestinos, en el Likud.

Primero, consiguió que la ejecutiva del partido aceptara su demanda del procedimiento de elección primaria a la americana, en la que, por primera vez, podrían votar directamente los militantes inscritos. Popular entre las bases de origen ashkenazí por su imagen fresca pero al mismo tiempo dura, de frontal oposición a cualquier concesión territorial a los palestinos, Netanyahu se proclamó vencedor el 25 de marzo de 1993 con el 52,1% de los votos depositados por 140.000 electores, ganándoles la partida a David Levy (un moderado poco interesado en la ideología del Gran Israel y con ascendiente entre los militantes de origen sefardí), Benny Begin (hijo del fallecido primer ministro) y Moshe Katzav (ex ministro de Transportes y futuro presidente del Estado).

La llegada de Netanyahu a la jefatura del Likud supuso la vindicación de su ala más radicalmente nacionalista, a la que venía poniendo rostro el controvertido general retirado y ex ministro de Defensa Ariel Sharon, adalid de las tesis de mano dura con los enemigos del Estado y muy crítico con el actual Gobierno laborista de Rabin por su posibilismo pacifista. Sharon, de hecho, había expresado su intención de competir por la sucesión de Shamir, pero decidió enviar un tácito apoyo a Netanyahu, que pensaba de manera muy parecida a él. La derechización a ojos vista del partido provocó la defección de Levy, que fundó su propia agrupación, Gesher.

Por otro lado, en la campaña de las primarias Netanyahu fue capaz de remontar el escándalo personal provocado por la divulgación de detalles de una relación extramarital, que incluyó la aparición, con trasfondo chantajista, de una misteriosa cinta de video que contendría imágenes del político con su amante en una "situación comprometedoramente romántica". Un tipo de noticias no anecdóticas para la opinión pública israelí, acostumbrada a la austeridad y la discreción de su clase política en lo relativo a la esfera privada. El caso era que Netanyahu, casado en terceras nupcias con la psicoterapeuta infantil Sara Ben-Artzi, ya arrastraba una cierta fama de mujeriego, y cuando menos de llevar una agitada vida sentimental.

Su primera esposa, Micki Weizman, fue una compatriota con la que tuvo a su primer retoño, una chica, Noa, antes de terminar este matrimonio en divorcio en 1978. En 1981 contrajo segundos esponsales con Fleur Cates, una ciudadana británica de padres judíos y convertida al judaísmo con motivo de la boda, a la que había conocido en Boston mientras ella era asistía a clases en Harvard; la pareja no tuvo descendencia y se disolvió tras un proceso de divorcio. A Sara Ben-Artzi, también divorciada, la convirtió en su tercera cónyuge en 1991; ella iba a ser la madre de sus dos hijos varones, Yair y Avner.

En enero de 1993 Netanyahu desactivó el escándalo de su infidelidad de una manera inopinada pero eficaz: en lugar de acudir a la Policía para denunciar la llamada telefónica en la que se le había amenazado con difundir la grabación comprometedora a menos que se retirara de las primarias del Likud, compareció en la televisión para, con tono compungido, reconocer que había mantenido relaciones íntimas con una asesora casada hasta hacía unos meses, pero que la aventura extraconyugal ya había terminado; también, denunció, sin dar nombres, que "alguien de muy alta posición" en su partido estaba detrás del intento de anularle políticamente con "métodos mafiosos". La opinión pública israelí, entre atónita y amenizada, presenció a continuación la expulsión de Netanyahu por su mujer del hogar conyugal, la declaración de amor y arrepentimiento del infiel y, finalmente, la reconciliación de la pareja, a tiempo para la elección primaria de marzo. En lo sucesivo, Sara Netanyahu acompañó a su marido en los actos públicos y en los viajes al exterior sin ahorro de muestras de cariño.

Tras convertirse en líder de la oposición, Netanyahu encajó muy negativamente los Acuerdos de Oslo de agosto de 1993 y la subsiguiente firma en Washington, el 13 de septiembre, de la histórica Declaración de Principios sobre la creación de un autogobierno interino palestino en los territorios ocupados, la retrocesión de soberanía y la retirada militar israelí por fases, así como la negociación al cabo de cinco años de los aspectos cardinales del naciente proceso de paz, esto es, la jurisdicción sobre Jerusalén, el retorno de los refugiados, la definición de las fronteras y el estatus definitivo de la entidad palestina.

Entre otros comentarios furibundos, Netanyahu calificó el reconocimiento de la OLP y el preacuerdo autonómico de "disparate histórico", de "acontecimiento de humillación nacional" y de "cabeza de puente para la destrucción de Israel". Airado por Rabin, atizó en su contra manifestaciones populares de protesta y le exigió elecciones anticipadas, si bien no todos los miembros del Likud pensaban que el proceso abierto en Oslo era un error que iba a costarle muy caro al país. En cuanto a Arafat, aseguró que él, a diferencia del primer ministro laborista, jamás estrecharía la mano al rais palestino en caso de llegar al Gobierno.

Las embestidas del dirigente derechista no dejaron de alcanzar a los ulteriores acuerdos suscritos con la OLP, que él vinculaba automáticamente al aumento de la inseguridad en Israel. Fueron los casos del Acuerdo Gaza-Jericó (El Cairo, mayo de 1994), que inicializó la Autoridad Nacional Palestina (ANP) en ambos territorios con Arafat de presidente, el Acuerdo Preparatorio de la Transferencia de Poderes y Responsabilidades (Erez, Gaza, agosto de 1994) y el Acuerdo Interino sobre Cisjordania y Gaza o Acuerdo de Taba (Washington, septiembre de 1995), que dio luz verde a la extensión de la autonomía palestina a los restantes núcleos urbanos de Cisjordania, clasificados como Zona A, en paralelo al repliegue de las FDI.

El discurso áspero de Netanyahu encontró un formidable asidero cuando la organización islamista palestina Hamás, enemiga declarada del proceso de paz y de la propia estatalidad israelí, empezó a perpetrar en abril de 1994 atentados indiscriminados de tipo suicida contra objetivos civiles y militares dentro de las fronteras del Estado, causando varias decenas de muertos. Poco después se sumó a esta criminal dinámica la Jihad Islámica. Toda vez que algunos terroristas partían de los territorios palestinos autónomos (otros lo hacían de los todavía ocupados) para cometer sus fechorías, el líder opositor no tuvo que esforzarse mucho en transmitir a la alarmada e indignada ciudadanía la noción de que cuanto más alas se daba al soberanismo palestino, más se envalentonaban sus elementos extremistas.

Las perspectivas electorales del Likud cobraron fuerza, y esta tendencia no se vio arruinada por el asesinato de Rabin en noviembre de 1995 a manos de un estudiante ultraderechista, magnicidio que conmovió a la sociedad israelí y que puso en entredicho el futuro del proceso de paz. Entonces, Netanyahu apareció en la televisión con los ojos llorosos para condenar la "terrible tragedia" y "uno de los mayores desastres que han golpeado a esta nación", y para lamentar la pérdida de "uno de los más grandes luchadores por el renacimiento de Israel". Sin embargo, tuvo que soportar una tromba de recriminaciones desde el laborismo y en particular de la viuda de Rabin, que le imputaron mucha responsabilidad en el fomento del "clima de odio" en los crispados ambientes de la derecha nacionalista y le recordaron cómo en los pasados meses se había dedicado a denigrar al malogrado estadista.

El asesinato de Rabin generó un efecto de simpatía que oxigenó los menguados niveles de apoyo del Avoda, pero hasta las elecciones del 29 de junio de 1996, la cadena de masacres cometida por Hamás contra autobuses y centros comerciales llenos de paisanos en Jerusalén, Tel Aviv y Ashkelón en febrero y marzo, con 60 muertos en total, más la desastrosa operación de castigo aéreo contra la guerrilla libanesa de Hezbollah, en abril, colocaron al nuevo mandatario laborista, el veteranísimo Shimon Peres, en una situación complicada.

Las elecciones fueron dobles. En la votación a primer ministro, primera de este tipo en la historia de la democracia israelí, Netanyahu, relanzado gracias a una agresiva campaña de estilo americano que esgrimió el eslogan de Paz con seguridad, se impuso a Peres con sólo un punto de diferencia, el 50,5% contra el 49,5% cosechado por el aspirante reeleccionista. En las legislativas, por el contrario, la lista conjunta formada por el Likud, el centroderechista Gesher de Levy y el ultraderechista Tzomet del ex general Rafael Eitan obtuvo unos resultados decididamente mediocres, el 25,1% de los sufragios y 32 escaños (los mismos que los sacados en 1992 por el Likud en solitario), que no llegaron a superar la fuerte caída del Avoda, de nuevo primero con el 26,8% de los votos y 34 diputados.

Sin embargo, prevalecía el resultado de la elección a primer ministro, así que correspondió a Netanyahu el privilegio de constituir el nuevo Gabinete, empresa que hizo posible el respaldo de varios partidos ortodoxos y religiosos, que aceptaron sus promesas de replantear el proceso de Oslo con los palestinos desde una nueva postura de firmeza y con arreglo a una serie de condiciones. Así, el 18 de junio de 1996 Netanyahu, con 46 años, se convirtió en el primer jefe de Gobierno israelí nacido después de la independencia, así como el más joven, y el segundo –tras Rabin- con un pasado de profesional de la milicia, al frente de un Gabinete con unas acusadas credenciales derechistas y nacionalistas.

Además del Likud, el Gesher y el Tzomet, obtuvieron puestos la ultraortodoxa Asociación Internacional de Sefardíes Observantes de la Torah (Shas), el ortodoxo y sionista Partido Nacional Religioso (Mafdal), los ultraortodoxos ashkenazíes de Judaísmo Unificado de la Torah (Yahadut HaTorah) y los partidos laicos clientelistas Tercera Vía, representante de los colonos de los Altos del Golán, e Israel por la Inmigración (Yisrael BaAliyah), portavoz de la inmigración rusojudía. Sumado el respaldo parlamentario del ultraderechista Moledet, el Ejecutivo descansaba en una mayoría legislativa de 68 diputados sobre 120, aunque el particularmente mudable panorama partidista israelí, con sus continuas defecciones y cambios de chaqueta, hacía insegura esa horquilla.

Levy fue nombrado ministro de Exteriores, el ex general Yitzhak Mordechai obtuvo Defensa, Dan Meridor recibió Finanzas y Sharon consiguió un ministerio hecho a su medida, Infraestructuras Nacionales, al frente del cual se encargaría de acelerar el programa de construcción de barrios judíos en Jerusalén oriental, conquistada en 1967 y anexionada en 1980. Cuatro viceprimeros ministros, Levy, Eitan, Katzav y Zevulun Hammer por el Mafdal flanqueaban a Netanyahu, que de paso tomó para sí las carteras de Vivienda y, temporalmente, Asuntos Religiosos.


3. La primera jefatura del Gobierno: negociación con los palestinos con reluctancias cumplidoras

Netanyahu llegó al poder sin la aparente intención de flexibilizar la irreductibilidad de halcón de que había hecho gala durante la campaña. El principio asumido por los gobiernos laboristas de paz por territorios, que era la esencia de los acuerdos firmados con la ANP desde 1993, era reemplazado en el programa del Likud por una reticente paz a cambio de paz, de manera que los palestinos obtendrían una autonomía de tipo administrativo, limitada en competencias y jurisdicción territorial; lo esencial de Cisjordania debería permanecer bajo el control militar israelí y las restricciones a la construcción de colonias y barrios judíos, particularmente en torno a Jerusalén oriental, serían levantadas.

Para el nuevo primer ministro, existían tres grandes líneas rojas infranqueables, conocidas informalmente como los tres noes: no a la creación del Estado palestino (teórico, aunque nunca previsto expresamente, desenlace de los Acuerdos de Oslo), no a cualquier discusión sobre el estatus de Jerusalén (que seguiría siendo la "capital eterna e indivisible de Israel") y no, fuera ya del conflicto específico con los palestinos, a la devolución del Golán a Siria. Ahora, para difuminar su imagen de campeón de la negatividad, Netanyahu prefirió incidir en "tres síes", en positivo: sí al Jerusalén unificado, sí a una "seguridad pacífica" en la frontera norteña con Siria, y sí a una "verdadera coexistencia, pero en paz" con los vecinos árabes y palestinos.

Netanyahu quería seguir siendo coherente entre sus pronunciamientos y sus acciones, aunque su escrupulosidad también era vigilada celosamente por los miembros más intransigentes de su Gabinete, como Sharon y Eitan. Sin embargo, estaba obligado a tranquilizar a los países que apadrinaban el proceso de paz, con Estados Unidos, amigo vital de Israel, a la cabeza. Así, no tardó en acudir a reunirse con los jefes de los Estados árabes que habían firmado la paz con Israel, el egipcio Hosni Mubarak, en El Cairo el 18 de julio, y el jordano Hussein, en Ammán el 5 de agosto, amén de con el presidente Bill Clinton, en Washington el 9 y el 10 de julio, encuentro que sirvió para disipar el resquemor suscitado en el Likud por el apoyo expresado a Peres por la Administración demócrata en la contienda electoral.

La propia dinámica del proceso de paz requería que Netanyahu se reuniera con Arafat, tal como habían hecho Rabin y Peres en reiteradas ocasiones. El primer encuentro tuvo lugar en el paso fronterizo de Erez el 4 de septiembre, cuando un serio Netanyahu, contraviniendo una conocida promesa, estrechó la mano al líder palestino, al que llevaba muchos años retratando como un cruel terrorista. En una atmósfera sobria y fría, los mandatarios se mostraron decididos a aplicar los aspectos pendientes de los acuerdos firmados hasta la fecha y a avanzar en todo el proceso. El inesperado pragmatismo de Netanyahu consternó e irritó al ala dura del Gabinete, donde ya empezaron a escucharse las acusaciones de "traición". Cinco días después, se reanudaron las negociaciones sobre las cuestiones finales de los Acuerdos de Oslo.

Las nuevas expectativas tardaron muy poco en esfumarse. El 24 de septiembre, en una decisión conjunta y secreta de Netanyahu y el alcalde de Jerusalén y colega del partido, Ehud Olmert, el Gobierno inauguró un acceso septentrional al polémico túnel subterráneo que, mezcla de vestigios arqueológicos del antiguo reino judío y de obras de ingeniería acometidas en los últimos años, comunicaba la Vía Dolorosa, en el Barrio Musulmán de la Ciudad Vieja, y el Muro de las Lamentaciones, en el Barrio Judío, en paralelo al lienzo occidental de la Explanada de las Mezquitas, llamada por los judíos el Monte del Templo.

Aunque las autoridades israelíes aseguraron que la nueva entrada al túnel por la Vía Dolorosa tenía una finalidad meramente turística, sectores árabes militantes, la autoridad musulmana custodia de las Mezquitas y el propio Arafat asimilaron la obra a una acción de alto contenido político, para reforzar la "hegemonía sionista" de Jerusalén y, por ende, como una provocación. Hasta el día 27, Jerusalén oriental, Gaza y diversos puntos de Cisjordania vivieron los peores enfrentamientos desde el final de la Intifada entre manifestantes palestinos, reforzados con efectivos policiales de la ANP, y las FDI, que emplearon los tanques y la aviación. En los combates perecieron 57 palestinos y 15 soldados israelíes.

Para apaciguar los ánimos y evitar una fractura fatal en el agrietado proceso de paz, Netanyahu accedió a encontrarse con Arafat en Washington el 1 y el 2 de octubre con los auspicios de Clinton. El 16 de octubre se reanudaron las negociaciones palestino-israelíes en el balneario egipcio de Taba, pero lo cierto era que no se percibían progresos de ningún tipo. Las FDI seguían ocupando la ciudad cisjordana de Hebrón, que de acuerdo con el calendario debían haber evacuado el 28 de marzo, alegando la necesidad de proteger a los 450 colonos judíos, objeto de repetidos ataques palestinos y ella misma origen de un cúmulo de agresiones contra la población árabe, 110.000 vecinos.

Por fin, tras un tercer encuentro en Gaza (24 de diciembre), Netanyahu y Arafat finalizaron el 15 de enero de 1997 en Erez el Protocolo especial para Hebrón, que estipulaba la cesión inmediata del 80% de la ciudad a la ANP. Israel cumplió lo firmado en este punto, que Netanyahu dotó de barniz legal gracias a un amplio voto aprobatorio en la Knesset, pero al precio de levantar fuertes tensiones en el Gabinete. Además, las partes definieron un calendario de retrocesiones adicionales de áreas de Cisjordania, de conformidad con lo estipulado en el Acuerdo Interino de Taba, u Oslo II, de 1995.

Netanyahu habló con Arafat el 2 de febrero en Davos, Suiza, y siete días más tarde otra vez en Erez, ocasión en la que acordaron crear unas comisiones ad hoc para discutir los asuntos pendientes, a saber, el corredor terrestre entre Cisjordania y Gaza, el puerto y el aeropuerto de esta última zona autónoma, los aspectos económicos, civiles y de seguridad, y los pasos fronterizos. El 7 de marzo el primer ministro consiguió que una mayoría del Gabinete respaldara su iniciativa de entregar a la ANP un 9% extra de territorio cisjordano, del cual el 7% correspondía a la llamada Zona B, es decir, núcleos suburbanos y rurales donde la ANP asumiría la administración civil pero no competencias en seguridad, y el 2% restante a la Zona C, esto es, áreas deshabitadas, campos militares y asentamientos judíos (en total, casi las tres cuartas partes de Cisjordania), donde Israel ejercía el control exclusivo en todas las áreas.

La ANP rechazó hacerse cargo de ese 9% de territorio por considerarlo insuficiente y además una transgresión de Oslo II. Por otro lado, el apoyo del Gabinete a las cesiones territoriales en Cisjordania fue poco más o menos que comprado por Netanyahu. Para aplacar a los halcones, el primer ministro les concedió, el 26 de febrero, el visto bueno a la construcción de 6.500 viviendas en el arrabal de Har Homa, en territorio cisjordano ocupado en 1967 y anexado a Jerusalén oriental, lo que era un abierto desafío a las reglas del juego del proceso de Oslo. Las obras de la urbanización, calificada de "colonia ilegal" por los palestinos, arrancaron el 18 de marzo y ocasionaron una ola de violencia seguida de la suspensión por la ANP de las negociaciones.

Las masacres terroristas de Hamás contra objetivos civiles jerosolimitanos en el mercado de Mahane Yehuda, el 30 de julio, y la calle Ben Yehuda, el 4 de septiembre, que dejaron 19 muertos israelíes, tuvieron el efecto de reforzar en sus posiciones a Netanyahu, que echó en cara a Arafat su incapacidad para cumplir sus compromisos de luchar contra el terrorismo, sin lo cual, advirtió, no podía haber proceso de paz. El 8 de octubre los dirigentes reanudaron en Erez el diálogo al nivel más elemental, en torno a los aspectos de seguridad, pero el 5 de mayo de 1998, en Londres, el enésimo encuentro fracasó estrepitosamente por el radical desacuerdo sobre los porcentajes de territorio cisjordano a entregar y por el explosivo asunto de la expansión de las barriadas judías de Jerusalén oriental, política de hechos consumados que Netanyahu consideraba legítima al considerarla un "crecimiento natural" del municipio.

Sólo la tenacidad mediadora de Estados Unidos, que presionaba a Netanyahu para que concediera al menos el 13% de Cisjordania a la ANP, permitió alumbrar un Memorándum de implementación del Acuerdo de Oslo II, el cual acumulaba ya un considerable retraso. Precedidas por sendas citas a tres el 28 de septiembre, con Clinton en la Casa Blanca, y el 7 de octubre, con la secretaria de Estado Madeleine Albright en Erez, Netanyahu y Arafat emprendieron el 15 de octubre de 1998 en el complejo residencial de Wye Plantation, en Wye River, Maryland, unas tortuosas negociaciones cara a cara y a puerta cerrada bajo la batuta de Clinton.

El 23 de octubre los líderes firmaron un Memorándum que entre otros puntos establecía un calendario revisado para la ejecución de las etapas primera y segunda de los repliegues posteriores a que se refería Oslo II. El documento afectaba al 13% del territorio cisjordano hasta ahora considerado Zona C y, en líneas generales, daba satisfacción a las interpretaciones y exigencias israelíes. De ese 13%, adquirían el estatus de Zona B, luego caía bajo la jurisdicción parcial de la ANP, el 12% (un 3%, en las colinas de Hebrón, sería declarado "reserva natural") y de Zona A el 1%. Además, un 14,2% de la Zona B se convertía en Zona A, así que, en total, la ANP extendería su jurisdicción íntegra a un 15,2% adicional de Cisjordania, hasta alcanzar el 18,2%.

De regreso a casa, Netanyahu retrasó una y otra vez la aplicación de lo que le tocaba de los acuerdos de Wye con un abanico de pretextos, centrados en las insuficientes garantías de seguridad que, según él, ofrecía el plan antiterrorista elaborado por la ANP. El 11 de noviembre el Gabinete ratificó el Memorándum, seis días después la Knesset lo endosó y el 19 de noviembre el Ejecutivo autorizó su implementación. El 20 de noviembre los soldados empezaron a evacuar una parte reducida del nuevo 12% de Zona B, a la vez que un 7,1% de Zona B se transfería a la Zona A, pero el 3 de diciembre el primer ministro conminó a Arafat a, en cumplimiento de los compromisos contraídos, no proclamar el Estado palestino, que el líder palestino amagaba con hacer en mayo de 1999 -cuando caducaba el Acuerdo Gaza-Jericó de 1994- como respuesta a la continuación de la expansión colonial judía en Jerusalén oriental y Cisjordania.

Días después, Clinton, de visita oficial, no consiguió convencer a su anfitrión para que acometiera la segunda fase de la retirada militar, a la que debía seguir una tercera. Netanyahu, cerrado en banda, insistía en que los palestinos no estaban siendo solventes. En consecuencia, la aplicación del grueso de las retrocesiones territoriales del Memorándum de Wye quedó pospuesto sine díe.

El 21 de diciembre de 1998 Netanyahu y varios diputados de su partido votaron a favor de una iniciativa legal del Avoda, liderado por Ehud Barak desde el año anterior, para disolver la Knesset y acudir a elecciones anticipadas en mayo de 1999. Aunque la proposición del Avoda llevaba implícito el rechazo a la actuación del Gobierno en el proceso de paz, que aquel consideraba desastrosa, el primer ministro facilitó el final anticipado de la legislatura ante los síntomas de descomposición del Ejecutivo. Además, Barak ya había rechazado su oferta de un Gobierno de unión nacional. Y es que todo este tiempo, por circunstancias insertas en el proceso de paz o ajenas al mismo, el Gabinete había venido sufriendo un agotador reguero de escándalos, broncas y deserciones. La trifulca permanente privó al Likud de socios moderados, sembró muy acerbas discordias en sus mismas filas y terminó convirtiendo a Netanyahu, cuya personalidad pugnaz y vehemente no estimulaba el consenso, en un personaje detestado a lo largo y ancho del arco derechista, que era el suyo propio.

Ya en enero de 1997 Benny Begin dimitió como ministro de Ciencia en protesta por la retirada de Hebrón. La renuncia de este dirigente del Likud se produjo en mitad del escándalo levantado por el nombramiento de Roni Bar-On, un abogado miembro del Comité Central del partido gobernante, como fiscal general del Estado, cuya cualificación para el puesto el Tribunal Supremo ponía en cuestión. Bar-On dimitió nada más tomar posesión del cargo forzado por la ola de protestas, y después la prensa acusó a Netanyahu de haber favorecido la designación del abogado sometiéndose a las presiones de Aryeh Deri, el líder del Shas, que esperaría de Bar-On una influencia favorable al levantamiento de los procesos penales incoados en su contra por corrupción; a cambio, el Shas, garantizaría su apoyo parlamentario en la votación del Protocolo de Hebrón.

En febrero, Netanyahu no tuvo más remedio que dejarse interrogar por la Policía en relación con el caso. El protagonista del bautizado como Bibigate reconoció que había cometido un "error" al nombrar a Bar-On, pero rechazó las exigencias de dimisión lanzadas por la oposición. En abril, el nuevo fiscal general, requerido por la Policía para que emprendiera diligencias, descartó formular cargos contra el primer ministro al no hallar sólidos indicios de delito en la conducta investigada, y en junio el Tribunal Supremo desestimó cuatro apelaciones contra la decisión de la Fiscalía.

Aquel mismo mes, el ministro de Finanzas, Meridor, dimitió en desacuerdo con la decisión gubernamental, dentro de un más amplio paquete de reformas liberalizadoras del sistema cambiario, de ampliar la banda de cotización del shekel, origen de una apreciación monetaria que podía dañar las exportaciones. Netanyahu asumió la cartera de Finanzas hasta julio, cuando nombró titular de la misma a Yaakov Neeman. El siguiente sobresalto, devenido crisis en toda regla, vino en enero de 1998, cuando Levy y su partido abandonaron el Gobierno muy enfadados con la virtual parálisis del proceso de paz y con el borrador de unos presupuestos de austeridad que a su juicio daban la espalda a las necesidades sociales.

La salida del Gesher dejó en una situación precaria a Netanyahu, que se pasó el resto del año superando con sorprendente destreza las sucesivas mociones de censura lanzadas por la oposición, teniendo que atarse aún más a la extrema derecha. En octubre, tras diez meses ejerciendo el puesto en funciones, el primer ministro nombró responsable de Exteriores a Sharon. Entretanto, la situación económica, muy boyante al comienzo de la legislatura, empeoraba a marchas forzadas con la caída del crecimiento hasta el 2% anual, la tasa más baja en tres décadas, tendencia que por otro lado ayudó a moderar aún más las alzas de los precios, ya refrenados por la política antiinflacionista.


4. Derrota electoral, paréntesis político y regreso al Ejecutivo con Ariel Sharon

El haraquiri parlamentario de diciembre de 1998 no hizo sino acelerar la desbandada en el oficialismo y la debacle personal, tras salir airoso de mil aprietos, de Netanyahu, que vio como un ramillete de pesos pesados del Likud salía a cuestionar su liderazgo del partido y amagaba con disputárselo. El 25 de enero de 1999, dos días después de destituir a Mordechai en Defensa entre acusaciones de deslealtad, Netanyahu se zafó fácilmente del único conmilitón que se mantuvo firme en su desafío, Arens, con el 82% de los votos depositados por la militancia. En aras de la reconciliación, Netanyahu otorgó a su ex mentor diplomático la cartera de Defensa. Pero la hemorragia en el Likud siguió su curso con las formaciones por Mordechai y Meridor del Partido de Centro, y por Begin del Herut-Movimiento Nacional.

En febrero, consciente de su nimio balance de realizaciones de cara a la prueba electoral, el primer ministro lanzó desde Ammán, donde asistía a los funerales del rey Hussein, la promesa de concluir un acuerdo de paz con Siria antes de finalizar el año, pero no fue creído. Luego, amenazó a Arafat con declarar nulos los Acuerdos de Oslo y con anexionar la mayoría de Cisjordania si cedía a la tentación de proclamar el Estado palestino.

Los sondeos de opinión acertaron y el 17 de mayo de 1999 Netanyahu perdió rotundamente sus dos envites en las urnas. En las votaciones a primer ministro, con el 43,9% de los sufragios, fue derrotado por su antiguo oficial superior, Barak; en las legislativas, la coalición Un Israel formada por el Avoda, el Gesher y el Meimad batió, aunque sin ninguna brillantez, a un Likud diezmado por las defecciones, que encajó sus peores resultados hasta la fecha: el 14,1% de los votos y 19 escaños. Esa misma noche, tras conocer los resultados electorales, Netanyahu dimitió de la presidencia del Likud, que asumió interinamente Sharon, y el día 27 anunció su renuncia también al acta de diputado, que había renovado por tercera vez, y a todos sus cargos partidistas, amén de su retirada de la política, aunque sólo de manera temporal, puntualizó. El 6 de julio se despidió del Ejecutivo con la asunción del Gobierno de coalición presidido por Barak.

En los meses que siguieron, el ex primer ministro, al igual que su esposa, estuvo muy ocupado en salir con bien de una nueva investigación policial en su contra por la presunta malversación de fondos públicos en el pago de una reforma efectuada en su domicilio privado y la presunta recepción de sobornos. En marzo de 2000, tras interrogarle y registrar su vivienda, la Policía recomendó al fiscal general el procesamiento del político por corrupción, pero en septiembre, como tres años atrás en el escándalo Bar-On, la justicia dio carpetazo al asunto por "falta de evidencias". En cuanto a su actividad profesional en este período, Netanyahu se dedicó a asesorar a una firma israelí de alta tecnología y retomó su antigua faceta de conferenciante sobre terrorismo en universidades de Estados Unidos.

Tras su exoneración por la Fiscalía en septiembre de 2000, y a la luz de los sondeos de opinión que le ponían muy por delante del prematuramente erosionado Barak, y de sus comentarios muy críticos con la gestión del gobernante laborista, cundió la convicción de que Netanyahu se disponía a hacer el comeback prometido. En el Likud se montó una plataforma de apoyo y el 19 de diciembre, luego de colapsar todo el proceso de Oslo con el estallido de la llamada intifada de las mezquitas, o segunda intifada, y de presentar Barak la dimisión, la Knesset despejó de obstáculos las ambiciones del ex gobernante aprobando una norma que parecía hecha a su medida: en adelante, un candidato a primer ministro no tenía por qué ser diputado.

Sin embargo, acto seguido, la Asamblea dispuso que las nuevas elecciones fueran sólo a primer ministro. Puesto que Netanyahu había condicionado su salto a la liza directa a la disolución de la Knesset, la llamada ley Bibí, al final, dejó alguna posibilidad de reelección a Barak, que en un enfrentamiento con Netanyahu, a tenor de las encuestas, no habría tenido nada que hacer. La postulación del Likud quedó, por tanto, en las seguras manos de Sharon, que no despertaba tantas simpatías populares como su antiguo jefe pero que estaba avanzando rápidamente en los sondeos. Apartando sus recelos, Netanyahu respaldó la candidatura de Sharon, quien más tarde, el 6 de febrero de 2001, machacó a Barak en las urnas y un mes después se convirtió en primer ministro en coalición con el Avoda.

En los meses siguientes, Netanyahu se dedicó a aguijonear a Sharon para que fuera todavía más duro en unas represalias militares contra los palestinos cuya meta no podía ser otra que la "destrucción de la capacidad militar y terrorista" del régimen de Arafat, con el que no era posible la paz al tratarse de una "dictadura tiránica y totalitaria" y haberse convertido en una "fábrica de terrorismo". Tras los atentados del 11-S, el ex primer ministro se montó en la ola de catastrofismo y subrayó los riesgos de que organizaciones terroristas islamistas se dotaran de armas de destrucción masiva fabricadas por ellos mismos o facilitadas por gobiernos irresponsables.

Resultaba imperioso, argüía, que las naciones civilizadas, con Estados Unidos a la cabeza, se movilizaran para desmantelar el "imperio del terrorismo" que formaban Irán, Irak, otros estados árabes y la propia ANP, donde el partido Fatah de Arafat entrenaba a futuros terroristas, colaboraba con Hezbollah y hasta mantenía vínculos con Osama bin Laden. En otras palabras, Netanyahu no vaciló, al socaire de la ansiedad generada en las opiniones públicas occidentales por las catástrofes de Nueva York y Washington, en echar más leña al fuego del conflicto regional y en deslegitimar toda reclamación de la parte palestina, que al recurrir a la revuelta, la violencia y el terrorismo no merecía consideraciones. Deliberadamente, Netanyahu confundía la violencia de los palestinos y la de Al Qaeda.

La indignada censura al discurso en la ONU de Peres, ministro de Exteriores, sobre el reconocimiento del derecho de los palestinos a tener su propio Estado, marcó el inicio por Netanyahu de una verdadera guerra de guerrillas contra Sharon, al que echó en cara su incumplimiento de la promesa electoral de traer la seguridad a Israel y su negativa a derrocar y exiliar a Arafat –sitiado por los tanques en Ramallah-, posibilidad contra la que advertía el Cuarteto de mediadores internacionales. Más todavía, el político derechista exigió la disolución pura y simple de la ANP.

En abril de 2002, en una gira por Estados Unidos con un mandato diplomático oficioso otorgado por Sharon, Netanyahu pidió a la Administración republicana de George W. Bush que no presionara a su país para que detuviera la operación militar en Cisjordania, ya que: "Si una democracia como Israel continúa siendo atacada por las bombas humanas salidas de las fábricas terroristas de Arafat, es sólo una cuestión de tiempo que acaben alcanzando a los cafés, los restaurantes, las pizzerías y las discotecas de Estados Unidos y el mundo occidental (…) y sólo un poco después, esas bombas humanas vendrán con dispositivos portátiles de destrucción masiva que harán palidecer lo del 11 de septiembre". La Unión Europea, con su mayor énfasis en la demanda del cese de las hostilidades, no merecía ninguna palabra amable: "Europa ha dado la espalda a Israel, pero eso no es extraño; los europeos ya intentaron exterminarnos hace 60 años", afirmó.

El 12 de mayo Netanyahu se apuntó un formidable tanto político en su competición apenas soterrada con Sharon consiguiendo que el Comité Central del Likud aprobara por unanimidad una resolución de rechazo expreso a la creación del Estado palestino, opción que estaba asumida por el Avoda, el Cuarteto –inclusive Estados Unidos- y, aunque con ambigüedad y con fuertes condiciones y restricciones, por el propio Sharon. El primer ministro se quejó de que esta decisión del partido complicaba seriamente los esfuerzos diplomáticos y sus ya tensadas relaciones con el Departamento de Estado. La estatalidad palestina fue contemplada por el plan de paz lanzado en septiembre por el Cuarteto, la llamada Hoja de Ruta, documento que Netanyahu se apresuró a censurar.

La ruptura del Gobierno de unión nacional por los laboristas, ahora liderados por Binyamin Ben-Eliezer, a últimos de octubre de 2002 obligó a Sharon a recomponer el Gabinete con personal de su partido, escorado al derechismo más extremista. El primer ministro ofreció a su archirrival interno la cartera de Exteriores que Peres desocupaba y Netanyahu le respondió que sí, pero con la condición de que anticipara las elecciones legislativas. Generoso, Sharon le ofreció además el segundo puesto en la lista electoral del Likud y la jefatura del Gobierno a mitad de la legislatura, en la esperanza de que el recalcitrante conmilitón desistiera de disputarle el liderazgo en la elección primaria convocada para dentro de un mes.

El 6 de noviembre Netanyahu asumió el Ministerio de Exteriores tras recibir el preceptivo visto bueno de la Knesset y sin solución de continuidad, al revés de lo que Sharon esperaba de él, activó una campaña proselitista en la que fustigó a su superior jerárquico, defendió el balance de su gestión gubernamental en 1996-1999, declaró "nulo y sin efecto" el Protocolo de Hebrón que él mismo había suscrito –la ciudad estaba ocupada de nuevo por las FDI- y prometió expulsar a Arafat de Palestina en el caso de regresar a la jefatura del Gobierno.

El 28 de noviembre Netanyahu, con el 38% de los votos, fracasó ampliamente ante Sharon, que se aseguró así la candidatura a primer ministro en las elecciones a la Knesset del 28 de enero de 2003. Ganadas éstas por el Likud con el 29,4% de los votos y 38 diputados, Sharon formó justo un mes después un segundo Gabinete de coalición (con el Mafdal, el liberal Shinui y el ultranacionalista Ichud Leumi) en el que Netanyahu aceptó continuar, no en Exteriores, sino como ministro de Finanzas.

Sharon encomendó a su díscolo subordinado el relanzamiento de la economía, muy desmejorada desde el comienzo del estado de guerra intermitente con los palestinos, con criterios estrictamente liberales. Dicho y hecho, Netanyahu, respaldado por la patronal y las instituciones financieras, lanzó una profunda reforma estructural para disminuir el peso del Estado en la actividad económica, reducir la presión fiscal, recortar salarios y pensiones en el sector público y desregular el sector bancario, que conoció otra andanada de privatizaciones tras la aplicada en su etapa de primer ministro. El empuje a las inversiones y la actividad privada tuvo un reflejo sobresaliente en el PIB, pero ocasionó despidos y erosionó en gran medida los beneficios sociales del estado del bienestar. El Histadrut, la principal central sindical israelí, contestó el plan con una temprana huelga general.


5. Nuevos forcejeos con Sharon y recuperación del mando del Likud en la oposición

A lo largo de 2004 Netanyahu volvió a entrar en conflicto con Sharon, y de paso con su principal lugarteniente, Ehud Olmert, viceprimer ministro y ministro de Industria, Comercio, Trabajo y Comunicaciones, en torno al denominado Plan de Desconexión de Gaza, por el que Israel, en aras de la "separación total" de los palestinos, y para preservar el carácter eminentemente judío del Estado, evacuaría total y unilateralmente, sin negociarlo con la ANP, la franja de Gaza. La repatriación afectaría tanto a los 7.500 colonos, repartidos en una veintena de asentamientos que tendrían que ser desmantelados, como a los soldados allí destacados. Algunas colonias "ilegales" y aisladas en Samaria serían también clausuradas, pero Israel retendría los mayores asentamientos en Cisjordania de manera permanente.

Alineándose con el movimiento de colonos, declarado en rebeldía, y los sectores ultranacionalistas, el titular de Finanzas acusó al tándem Sharon-Olmert de "premiar a los terroristas" con la descolonización de Gaza y el 2 de mayo se apuntó una victoria provisional al ganar el no en el referéndum interno celebrado en el Likud para dirimir la controversia. Entonces, Sharon hizo algunas correcciones al plan y el 6 de junio consiguió que el Gabinete le diera luz verde. Netanyahu dio su voto a favor, pero esta cesión táctica, para ahorrarse la destitución –como luego le sucedió al ministro Uzi Landau-, no significó en absoluto un cambio de actitud.

Desde mediados de septiembre, Netanyahu exigió que el Plan de Desconexión de Gaza se sometiera a referéndum nacional. La demanda fue ignorada y a finales de octubre, muy molesto, amagó con abstenerse en la votación del plan en la Knesset. A última hora aceptó votar a favor, marcando las distancias con los 17 compañeros de bancada que desafiaron abiertamente a Sharon y se pronunciaron en contra de la evacución de la franja. El ex primer ministro empezó a coquetear con la idea de la dimisión y el 7 de agosto de 2005, luego de rehacer Sharon su maltrecho Gabinete con la reincorporación de los laboristas, materializó la amenaza, que fue efectiva dos días después. En su carta de renuncia, entregada en mano a Sharon, el cesante aseguraba no querer implicarse en un proceso que ponía "en peligro la seguridad de Israel" al permitir la conversión de Gaza en una "base del terrorismo islámico".

Con su espantada, sin embargo, Netanyahu no consiguió frenar la ejecución del Plan de Desconexión, que quedó ultimada el 12 de septiembre. A continuación, el dirigente inició una batalla sin cuartel para defenestrar a Sharon en el mando del partido, envite que contó con el apoyo entusiasma del movimiento de colonos y de algunos barones del partido, como David Levy y Natan Sharansky. Los primeros espadas se midieron el 26 de septiembre en una votación interna y Netanyahu, aunque por poco, vio rechazada por el Comité Central su propuesta de adelantar a noviembre la elección primaria programada para abril de 2006. Inasequible al desaliento, Bibi no sólo no puso fin a su rebelión, sino que prometió enfrentarse a Sharon al cabo de siete meses.

Finalmente, Netanyahu se salió con la suya en la reconquista del liderazgo del Likud y por la vía rápida, pero porque su adversario se lo puso en bandeja con una drástica maniobra en dos tiempos: abrumado por el bronco desafío de su ex ministro, las protestas de los colonos y los interminables problemas con la justicia por las sospechas de corrupción que recaían sobre él, Sharon, primero, el 17 de noviembre, pactó con el nuevo líder del Avoda, Amir Peretz, la salida de los laboristas del Gobierno y el adelanto de las elecciones legislativas a febrero o marzo, y segundo, el 21 de noviembre, anunció su marcha del Likud y la formación de un partido propio que tomó el nombre de Kadima (Adelante) y definió un programa posibilista en los tratos con los palestinos.

En su espectacular movimiento, Sharon arrastró a un buen número de ministros y diputados del Likud, entre ellos Olmert, el ministro de Defensa, Shaul Mofaz, y la titular de Justicia, Tzipi Livni. Netanyahu acogió con desprecio el golpe de mano del "dictador" Sharon, quien había creado "un partido de marionetas" animado por políticos que no tenían "moral, ni principios, ni ideales". La sangría de deserciones hacia el Kadima y los funestos sondeos electorales ensombrecieron la elección por los afiliados el 19 de diciembre como nuevo presidente del Likud de Netanyahu, que incluso en estas circunstancias tuvo que emplearse a fondo para conquistar, con el 47% de los votos, un puesto que salieron a disputarle el ministro de Exteriores Silvan Shalom, el muy extremista Moshe Feiglin y el ministro de Agricultura Yisrael Katz.

El regreso de Netanyahu al timón del Likud se produjo un día después de sufrir Sharon, a los 77 años, un infarto cerebral leve que por dos días le mantuvo hospitalizado. Pero el 4 de enero de 2006 el veterano estadista sufrió un segundo y más grave derrame cerebral y esta vez se sumió en un coma irreversible, obligando a Olmert a sustituirle en funciones al frente del Gabinete. Netanyahu ordenó a los cuatro ministros de su partido que aún permanecían en el Gobierno que presentaran la dimisión, cosa que los afectados hicieron, aunque de mala gana, el 16 de enero, coincidiendo con la elección de Olmert como líder del Kadima en reemplazo del incapacitado Sharon. Las encuestas no erraron y el 28 de marzo de 2006 el Likud encajó los peores resultados electorales de su historia con el 8,9% de los votos y 12 diputados, quedando relegado a un humillante cuarto puesto tras el Kadima –ganador por una discreta mayoría simple-, el Avoda y el Shas, todos los cuales formaron Gobierno el 4 de mayo con Olmert de primer ministro.


6. Rivalidad con el Kadima y segundo mandato como primer ministro

La catástrofe electoral de 2006, que convirtió al otrora poderoso Likud en una formación marginal, sin voz en el Gobierno y casi tampoco en el Parlamento, minimizó la pegada opositora de Netanyahu, quien se pasó varios meses dedicado a defenderse de las demandas de dimisión llovidas desde todos los niveles de un partido irritado y preocupado con su futuro.

Netanyahu parecía al borde del fracaso total como político, pero un acontecimiento del todo ajeno, la masiva campaña bélica conducida por el Gobierno contra la guerrilla shií libanesa de Hezbollah entre julio y agosto de 2006, vino a socorrerle en tan apurado trance, con resultados insospechados. En efecto, la Operación Recompensa Justa, que fracasó en su objetivo de destruir la capacidad de Hezbollah para atacar el norte de Israel con cohetes Katyusha, y que además costó la vida a 164 israelíes, la mayoría militares, concitó contra Olmert una vasta ola de repudio que el jefe del Likud se apresuró a explotar en su beneficio. El líder opositor hizo oír su voz en el clamor de la opinión pública que exigía cuentas a Olmert y sus principales colaboradores en el Gobierno y las FDI por los fallos en la dirección de la corta pero sangrienta guerra libanesa. En un vuelco sin precedentes, el Kadima se hundió en las encuestas y el Likud subió como la espuma. Transcurridos sólo seis meses desde las elecciones generales, Netanyahu se encaramó en los sondeos de valoración de líderes como el aspirante preferido por los israelíes para presidir el Gobierno.

En mayo de 2007, cuando arreciaba la tormenta política y social sobre Olmert, puesto en evidencia por el demoledor informe de la Comisión Winograd sobre la conducción de Recompensa Justa, acosado por una investigación policial por presunta corrupción y desafiado abiertamente por la ministra de Exteriores, Livni, que ambicionaba el liderazgo del Kadima, Netanyahu reclamó la convocatoria de elecciones anticipadas porque "quienes fracasan en la guerra no pueden ser quienes corrijan los errores", arguyó en la Knesset.

El 14 de agosto siguiente Netanyahu se deshizo fácilmente de Moshe Feiglin, tachado de supremacista antiárabe y de fascista por un sector de la prensa y por la achicada izquierda israelí (increíblemente, era un encomiasta de Hitler), en unas primarias del partido y en noviembre siguiente dirigió toda su artillería pesada contra Olmert por su compromiso, adquirido ante el presidente palestino de la OLP/Fatah, Mahmoud Abbas (sucesor del fallecido Arafat en noviembre de 2004) en la Conferencia árabe-israelí en Annapolis, de arrancar con la ANP negociaciones tendentes a la creación de un Estado palestino independiente, sobre el que podría haber un acuerdo antes de finalizar 2008.

El panorama se aparejó más prometedoramente para Netanyahu a partir del 30 de julio de 2008, día en que Olmert, doblegado por la enorme presión ambiental, anunció su marcha por anticipado. El primer ministro demoró la dimisión hasta el 21 de septiembre, luego de ganar la primaria del Kadima la ministra Livni. La flamante líder del principal partido del Gobierno emprendió unas difíciles negociaciones a múltiples bandas para formar el nuevo Ejecutivo, que ella pretendía que fuera de unión nacional. Netanyahu fue invitado a participar en el mismo, pero el jefe derechista no quiso echar ningún capote a Livni porque su único objetivo era forzar el adelanto electoral. El escenario deseado se presentó el 26 de octubre, cuando Livni arrojó la toalla tras hallar inaceptables las exigencias planteadas por el Shas para ser socio de coalición. Habría elecciones anticipadas y éstas serían el 10 de febrero de 2009.

Por tercera vez en seis años, Israel acudía a las urnas parlamentarias y el líder del Likud planteó una campaña no exenta de populismo, ya que sus tesis de máxima dureza e intransigencia con los palestinos, a los que no había que conceder ni nuevas porciones territoriales en Cisjordania, ni el Estado propio, ni mucho menos la co-soberanía sobre Jerusalén, aunque propias e inveteradas, eran las que quería escuchar de sus dirigentes políticos un electorado escorado como nunca al nacionalismo y el derechismo.

El 8 de diciembre el Likud celebró una elección interna para confeccionar la lista nacional a la Knesset. Consciente de que el derechismo intenso que irradiaba el partido, orillado al extremo del espectro ideológico por la instalación del Kadima en el teórico centro y por sus propios pronunciamientos ultras, ponía un techo a sus posibilidades electorales y lastraba su imagen internacional, Netanyahu patrocinó a una serie de candidatos a diputado de perfil más bien moderado. Sin embargo, la campaña interna se convirtió en un festival de halcones, a cual más radical, y los afiliados definieron una lista electoral cuyos diez primeros puestos, para frustración del presidente, estaban dominados por políticos de la línea dura. Así, a Netanyahu le iban a acompañar, como segundo, tercero y cuarto de lista, Gideon Saar, Gilad Erdan y Reuven Rivlin, ninguno de los cuales había recibido sus parabienes, pero sí el respaldo explícito del indeseado Feiglin, quien ganó el puesto vigésimo, aunque una maniobra a posteriori le hizo descender al puesto 36, convirtiendo en muy improbable su entrada en la Knesset.

El anuncio por Hamás el 18 de diciembre de que daba por finalizada, al expirar el plazo, la tregua acordada en junio para Gaza (el territorio se hallaba bloqueado por Israel y Egipto desde el triunfo aquí de Hamás sobre la OLP/Fatah en la mini guerra civil palestina de junio de 2007) y el lanzamiento por las FDI contra la franja, nueve días después y por orden de Olmert, de la Operación Plomo Fundido, brutal e indiscriminada campaña bélica de bombardeos aéreos e invasión terrestre que sólo en las primeras 24 horas mató a 230 palestinos, civiles en su mayoría, irrumpieron en la campaña electoral de Netanyahu cuando los sondeos preelectorales eran favorables a su partido.

Su situación no era cómoda, ya que al hallarse en la oposición, los lógicos beneficiarios de un desenlace exitoso en la acción militar serían los miembros del oficialismo. Así que se debatió entre la espera silente de acontecimientos y la exhibición de retórica guerrera, tratando de demostrar a los israelíes que el genuino hombre de acción y el defensor de la seguridad nacional por antonomasia era él, no Olmert, políticamente amortizado y como gobernante desacreditado, ni Livni, ni el laborista Barak, ambos miembros del Gabinete y sus contrincantes electorales. Fue entonces cuando el Likud acuñó para él el eslogan de Netanyahu: fuerte en seguridad, fuerte en economía.

En realidad, Netanyahu, Livni y Barak compitieron en enfatizar la promesa de derrocar, ahora o después, el Gobierno de Hamás en Gaza y asestar el golpe mortal y definitivo a la infraestructura terrorista de la organización islamista. Cuando el 18 de enero de 2009, después de matar a alrededor de 1.400 palestinos en 22 días de ofensiva –frente a 13 bajas israelíes- y de dejar Gaza devastada, las FDI empezaron a retirarse, Netanyahu reprochó a la ministra de Exteriores y al ministro de Defensa, aunque sin cargar las tintas, para que no le pudieran acusar de poner en entredicho la actuación de los soldados, que el Gobierno detuviera las hostilidades sin haber completado el objetivo fundamental de destruir los túneles cavados bajo la frontera con Egipto y que permitían a Hamás abastecerse de todo tipo de pertrechos de contrabando.

Una vez concluida la guerra en Gaza, Netanyahu vio con satisfacción cómo su ventaja sobre Livni y el Kadima se ensanchaba. Pero al comenzar febrero, asistió con inquietud al meteórico avance del partido ultranacionalista Yisrael Beiteinu (Nuestra Casa es Israel), que sólo podía perjudicarle a él, comiéndole votos por la extrema derecha. Fundado y liderado por el inmigrante moldavo-judío Avigdor Lieberman, antiguo colaborador de Netanyahu, de quien había sido jefe de campaña y director de la Oficina del Primer Ministro antes de romper con el Likud, YB profesaba el sionismo revisionista en su versión más belicosa, hacía gala de un laicismo militante pero, paradójicamente, a diferencia del Likud, sí admitía la posibilidad del Estado palestino, aunque sólo como entidad de acogida de la mayoría de los 1.400.000 ciudadanos israelíes árabes, dentro de un intercambio con la ANP de territorios israelíes por cisjordanos, ya que el único objetivo era convertir a Israel en un Estado homogéneamente judío, dándole la espalda a los palestinos.

Además, Lieberman quería que todos los israelíes, en particular los de etnia árabe, suscribieran una declaración de lealtad al Estado como condición de su ciudadanía; si se negaban, perderían sus derechos políticos. Por formular ésta y otras propuestas, el líder del YB, campeón del lenguaje violento, fue motejado de demagogo racista, xenófobo y "diablo". La irrupción de Lieberman en la recta final de la campaña dejó a Barak definitivamente fuera de juego y limó las distancias respectivas en el trío de competidores, con Netanyahu disminuido, pero todavía primero, y Livni consolidada inmediatamente después de él. Ganara quien ganara, tendría que negociar un gobierno de amplia coalición.

Después de pasarse tres meses encabezando los sondeos con mayor o menor autoridad, los resultados de las elecciones del 10 de febrero de 2009 supusieron un jarro de agua fría para el Likud: con el 21,6% de los votos y 27 escaños, la formación derechista fue superada por el Kadima en algo menos de un punto y en un diputado. YB quedó tercero con 15 escaños y el Avoda cuarto con 13, seguido de cerca con dos puestos menos por el Shas. Aunque podía hablarse de empate técnico, Livni se consideraba la justa ganadora, así que llamó a negociar un Gobierno de unión nacional con ella al frente. Pero Netanyahu no estaba por la labor, ya que veía factible su investidura como primer ministro en coalición con el YB y el Shas (con el que ya tenía un compromiso de colaboración), aunque estaba por ver si estos dos partidos ultras antitéticos en materia de religión serían capaces de entenderse. El Avoda, desolado por su desastroso rendimiento, se descartó como socio de nadie y anunció su paso a la oposición.

Aunque era la más lógica en aras de la estabilidad doméstica y del buen tono en las relaciones internacionales, la fórmula de un gobierno de unidad fundado en la alianza del Kadima y el Likud no cuajó por la terquedad de los dos jefes de grupo, que insistían en ser primeros ministros. El 19 de febrero, Lieberman, árbitro de la situación, se decantó por un gobierno de derecha dura encabezado por Netanyahu, opción que sin embargo no era del agrado de la nueva Administración de Barack Obama en Estados Unidos, que había afirmado su firme intención de relanzar el proceso de paz, dejado languidecer por la Administración de Bush, para resolver el interminable conflicto regional y alumbrar un Estado palestino que satisficiera las necesidades de seguridad de Israel. Al día siguiente, el presidente del Estado, Peres, trasladó a Netanyahu el encargo de formar el nuevo Gobierno.

Netanyahu hizo suyo el objetivo del Gobierno de unidad y tendió la mano a Livni y a Barak; la primera reiteró que el Kadima ni quería ni debía tomar asiento en un Gobierno "de la extrema derecha", aun cuando pudiera continuar en el Gabinete como ministra de Exteriores; el segundo, al principio, insistió en que la misión del Avoda era ejercer una "oposición seria, responsable y constructiva", pero el 24 de marzo el jefe laborista sorprendió a propios y extraños al adoptar un acuerdo de coalición que le mantenía a él como ministro de Defensa y que incluía el compromiso de destinar un paquete de ayudas públicas a sectores sociales vulnerables en una coyuntura de recesión económica, así como una vaga declaración sobre el respeto de los acuerdos suscritos con la ANP y la prosecución del proceso de paz.

Tras ponerse de acuerdo con Barak, Netanyahu aseguró que el Gobierno israelí en ciernes sería un "socio para la paz" de los palestinos (la ANP regida por la OLP/Fatah en Cisjordania, se entendía, ya que el Gobierno de Hamás en Gaza todo lo que podía esperar era su aplastamiento manu militari, amenazó) en el "objetivo duradero" de alcanzar un acuerdo sobre un "estatus permanente" en el que aquellos tendrían "la autoridad necesaria para autogobernarse".

El candidato a primer ministro empleaba esta perífrasis para eludir pronunciarse sobre la solución de los dos estados, que era la meta consensuada en la Conferencia de Annapolis de 2007 y ahora mismo el nítido mensaje del presidente Obama y su secretaria de Estado, Hillary Clinton. La explicitud seguía caracterizando sus rechazos a la congelación de la expansión colonial en Cisjordania, que era una cláusula clave de la Hoja de Ruta, la evacuación de asentamientos, la retrocesión de nuevos territorios o la discusión de nada relativo a Jerusalén, cuya parte oriental, territorio ocupado para el derecho internacional, seguía judaizándose a toda máquina con la construcción de barrios, la confiscación de propiedades y la demolición de viviendas palestinas. Todo lo que Netanyahu ofrecía a los palestinos como sustancia de la paz era una incierta autodeterminación en los territorios que ya administraban y unas gratificaciones económicas que no detalló.

El 30 de marzo, una vez sellados los acuerdos bilaterales, Netanyahu anunció la composición de su Gabinete. El Likud, además de su jefe, que aunaba también las carteras de Estrategia Económica, Salud y Pensiones, metía a 13 representantes, entre ellos Shalom, viceprimer ministro y ministro de Desarrollo Regional, Moshe Yaalon, viceprimer ministro y ministro de Asuntos Estratégicos, Dan Meridor, adjunto al primer ministro y ministro de Inteligencia y Energía Atómica, y Yuval Steinitz, ministro de Finanzas. YB se quedó con cinco puestos, a la cabeza de los mismos figuraba el polémico Lieberman como adjunto al primer ministro y ministro de Exteriores. Igual cuota recibió el Avoda, con Barak de adjunto al primer ministro y ministro de Defensa. El Shas obtuvo cuatro puestos y la Casa Judía, fallido intento de fusionar la ultraderecha religiosa y sionista pilotado por el Mafdal, uno. De los siete viceministros, tres eran para el Likud, dos para el Avoda, uno para YB y el otro para el Shas.

La coalición gobernante descansaba en una mayoría parlamentaria de 69 escaños, y ese fue precisamente el número de diputados que el 31 de marzo aprobó, con 45 votos en contra, la entrada en funciones del Gobierno, con la salvedad de que cinco legisladores laboristas, enfadados con Barak por desdecirse del anunciado paso a la oposición, se abstuvieron como protesta; en su lugar, votaron por Netanyahu los cinco representantes del Yahadut HaTorah, que se integró a posteriori en la coalición oficialista, elevando el respaldo parlamentario teórico a los 74 diputados.

En su discurso ante el pleno de la Knesset previo a su jura como primer ministro, Netanyahu ofreció negociaciones a los palestinos para un "acuerdo permanente" y habló de lograr "una paz completa con el mundo árabe y musulmán", pero señaló como máximas prioridades contener la amenaza que para la existencia de Israel suponía el programa nuclear iraní y conjurar la severa crisis económica, en el contexto de la recesión global, que estaba destruyendo empleo masivamente y agudizando los déficits sociales. El flamante Gobierno de Netanyahu provocó su primer escándalo informativo incluso antes de empezar a ejercer, al afirmar Lieberman en su mensaje de investidura que la Conferencia de Annapolis "ya no tiene validez". El primer ministro no desautorizó a su responsable diplomático y días después la prensa israelí informó que el Ejecutivo se disponía a "reevaluar" toda la arquitectura del proceso de paz con los palestinos, desde la Hoja de Ruta hasta Annapolis.

Binyamin Netanyahu ha publicado los siguientes libros: Yoni's Letters: The letters of Jonathan Netanyahu (1978); International Terrorism: Challenge and Response (como editor, 1979); Terrorism: How the West Can Win (como editor, 1986); A Place among the Nations: Israel and the World (1993); Fighting Terrorism: How Democracies Can Defeat Domestic And International Terrorism (1995); Durable Peace: Israel And Its Place Among The Nations (2000, versión revisada de la obra de 1993); y Fighting Terrorism: How Democracies Can Defeat the International Terrorist Network (2001, edición actualizada del ensayo de 1995).


7. Rechazo a detener los asentamientos judíos y desafío a Estados Unidos

(Epígrafe en previsión)


8. El asalto a la flotilla humanitaria hacia Gaza y revuelo internacional

(Epígrafe en previsión)

(Cobertura informativa hasta 10/4/2009)