COMPLEJIDAD GLOBAL: EN LA INTERSECCIÓN DEL TABLERO DE AJEDREZ Y LA RED

Publication date:
06/2016
Author:
Anne-Marie Slaughter
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Desde hace un tiempo, los hombres de estado y los expertos en política exterior han aprendido a ver el mundo como si fuera un tablero de ajedrez, analizando las decisiones de los países poderosos y previendo las reacciones de los estados rivales en un juego interminable de ventajas estratégicas. De hecho, la base teórica de la negociación internacional, detalladamente expuesta por Thomas Schelling en su obra La estrategia del conflicto (Schelling, 1960), es la “teoría de juegos”. Medio siglo más tarde, Juego de tronos nos ofrece una versión particularmente sangrienta e irresistible.

Como nos recordaba Henry Kissinger en World Order (Kissinger, 2011), el moderno tablero de ajedrez mundial fue estructurado por la Paz de Westfalia, que estableció el concepto de “soberanía estatal” y la igualdad de todos los estados, independientemente de la naturaleza de su organización interna. Cuando los decisores políticos responsables de la política exterior que operan en el marco de la tradición kissingeriana-metternichiana piensan en el sistema internacional, ven estados en eterna competencia con otros estados para promover sus intereses nacionales. Esta visión del mundo no es inherentemente ni buena ni mala; dependiendo de la naturaleza de un gobierno o de un gobernante, el interés nacional de un país puede definirse como la dominación del mundo, como el bienestar de sus ciudadanos, o como cualquier cosa a medio camino entre ambas.

La metáfora del tablero de ajedrez sigue siendo muy relevante en una gran proporción de relaciones internacionales. Pero igual de relevante, aunque no tan reconocida, es la de la Red. Pensemos en una visualización de Internet como una masa de redes interconectadas con unos cuantos grandes nodos y un sinnúmero de nodos más pequeños. O pensemos en la imagen del globo terráqueo visto de noche desde un satélite, con una densa mancha de luz eléctrica en algunos lugares como el litoral oriental de Estados Unidos, mientras que en otros continentes solo unas cuantas ciudades puntuales iluminan la oscuridad con unos finos corredores de luz que las conectan. Muy parecido a esto es el aspecto que tiene la Red del sistema internacional, con varias redes de personas, grupos, empresas, instituciones y gobiernos que se interrelacionan.

En la literatura sobre las relaciones internacionales y en los despachos del Departamento de Estado, los participantes en esta red global son identificados como "actores no estatales," que, como ha señalado Clay Shirky, es como referirse a un coche calificándolo de “carreta sin caballos” (Shirky, 2008). La expresión dice más sobre lo que dichos actores no son que sobre lo que son. Es mucho más útil y productivo ver a los actores globales como participantes en los nodos y como creadores de redes. Los estados son entidades independientes que eligen aliarse o no con otros estados –conectarse o no conectarse. Los miembros de una red, en cambio, solo importan en la medida en que están conectados permanentemente con otros miembros, sustentando de este modo la existencia a la red.

Pensemos en la organización Estado Islámico (EI). Un lugar común del discurso del contraterrorismo es que para derrotar a una red se necesita otra red. Ello se debe a que los intentos de destruir un nodo individual en una red son como el cuento de nunca acabar, en el que otros nodos reemplazan incrementalmente al nodo eliminado. El general Stan McChrystal, comandante de las fuerzas operativas especiales en Irak que tenían la misión de destruir a Al-Qaeda, comparaba esa red terrorista con Proteo, el dios griego que cambiaba constantemente de forma para evitar ser capturado.

Ver el sistema internacional como una red global es ver un mundo de redes cortándose y solapándose intensamente en algunos lugares, y más levemente entrelazadas en otros. Es el mundo no solo de los terroristas, sino el del comercio internacional, tanto lícito como ilícito; el del tráfico de drogas, armas y seres humanos; el del cambio climático y la reducción de la biodiversidad; el de las guerras del agua y la escasez de alimentos; el de la corrupción, el blanqueo de dinero y la evasión fiscal; el de las enfermedades pandémicas y el del transporte aéreo, marítimo y terrestre. Es en pocas palabras, el mundo de muchas de las amenazas globales más acuciantes que pesan sobre el siglo XXI.

Las principales tendencias del año 2015 han de verse a través de estas dos lentes: el mundo de los estados y el mundo de las redes; el tablero de ajedrez y la Red. 

En el tablero: ¿un momento metternicheano? 

En el tablero de ajedrez, la mayor tendencia del 2015 fue el éxito de la diplomacia como mecanismo de resolución de conflictos, desde Ucrania hasta Irán, así como para abordar problemas públicos globales como el cambio climático. Los ministros de Asuntos Exteriores parecen estar de nuevo en el puesto de mando, tomando el relevo de los generales. Las grandes potencias que más hicieron para determinar la política internacional a lo largo del año y que con toda seguridad seguirán desempeñando este papel fueron Estados Unidos, Rusia, China, la Unión Europea e Irán. El vínculo entre Estados Unidos e Irán merece una reflexión separada, que haremos más adelante, pero vale la pena detenerse un momento para observar la naturaleza de la política entre estas potencias. Estamos retornando a un mundo genuinamente multipolar, no solo debido al ascenso y al regreso de algunas potencias –un fenómeno que lleva ya en curso por lo menos una década–, sino también debido a las formas en las que estas interactúan unas con otras, sobre la base de unos intereses simultáneamente compartidos y en conflicto.

Podemos afirmar que todos los países comparten intereses: incluso en el momento culminante de la Guerra Fría, Estados Unidos y la Unión Soviética compartían el interés de no llegar a destruir el mundo en mil pedazos. La genialidad de Thomas Schelling en La estrategia del conflicto fue poner de manifiesto que lo que parecía ser un conflicto de suma cero, de hecho sería mejor verlo como un regateo de intereses comunes, que podían realizarse mediante una cooperación limitada pero eficaz. Del mismo modo, y en la línea de lo argumentado recientemente, Douglas Ollivant, oficial retirado del ejército americano y alto funcionario de la seguridad nacional, planteaba que también las relaciones de Estados Unidos con sus aliados y socios como Turquía o Arabia Saudí pueden encajar en la lógica de los frenemies, un neologismo híbrido que describe a una persona o entidad que muestra a la vez rasgos propios de un amigo (friend) y de un enemigo (enemy), y que "en algunas ocasiones ayuda y en otras estorba." Mucho más sorprendente, sin embargo, es que Estados Unidos y China, o la UE y Rusia también han podido caracterizarse como frenemies, al menos en algunas ocasiones.

El mero volumen y complejidad de los asuntos globales crea muchas oportunidades para la mutación de los intereses. Es más, la existencia de un tejido de relaciones comerciales densas entre Estados Unidos, la Unión Europea, Rusia, China y con otras importantes potencias de todo el mundo, en contraposición a sus intereses geopolíticos a menudo divergentes, y esto, sumado a las propias exigencias de la política doméstica en cada nación, revierte en un conjunto de potencias internacionales con identidades mucho más fluidas. Militarmente, Estados Unidos y la Unión Europea siguen siendo buenos aliados de la OTAN; Rusia y China también están en un proceso de acercamiento, tanto bilateralmente como a través de la Organización de Cooperación de Shanghái. Sin embargo, económicamente el Reino Unido, Francia y Alemania han roto filas con Estados Unidos para aproximarse a China y tomar parte en la creación del Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras. Bajo el liderazgo del ministro de Economía George Osborne, el Reino Unido ha buscado una relación económica más estrecha con China, alentando la inversión china en las centrales nucleares británicas y permitiendo a la compañía china de telecomunicaciones Huawei la creación de una infraestructura nacional muy importante.

Estados Unidos y sus aliados tenían muchas diferencias respecto a cómo relacionarse con la Unión Soviética durante la Guerra Fría. Pero China ofrece un mercado de 1.300 millones de personas, junto con una influencia política global cada vez mayor, lo que significa que son ministros de Economía y los de Asuntos Exteriores de los mismos gobiernos los que reman en direcciones opuestas. Como comentó un funcionario de la Casa Blanca después de que Gran Bretaña firmase como miembro fundador del Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras, "Hemos de ser cautos con la tendencia a amoldarnos constantemente a China, ya que no es la mejor forma de interactuar con una potencia emergente." Las diferencias respecto a cómo y hasta qué punto relacionarse con una potencia ascendente o resurgente en un paisaje geopolítico cambiante pueden llevar a una diplomacia mucho más flexible de las grandes potencias.

Además, en cuestiones como la regulación de Internet, las actitudes europeas respecto a las empresas tecnológicas norteamericanas pueden converger con las actitudes rusas o chinas, aunque por motivos muy diferentes. Cuestiones como la vigilancia, la privacidad e incluso la censura pueden dar lugar a extraños compañeros de viaje. Aunque Estados Unidos y la Unión Europea deploran, por ejemplo, la censura china, muchos ciudadanos europeos se muestran muy suspicaces respecto a la vigilancia del gobierno norteamericano en aparente colaboración con las empresas de tecnología de la información. Estados Unidos, por su parte, a menudo cuestiona la forma europea de proteger la privacidad.

Así, en cuestiones económicas, sociales y culturales los cuatro grandes actores tienden hacia un mundo en el que los países pueden alinearse unos con otros en diferentes temas de manera menos predecible de como lo hacían en el siglo XX. Esto no significa que la alianza europeo-norteamericana se esté debilitando; "Occidente", incluidos sus aliados asiáticos y socios como Japón, Corea del Sur, Australia y Nueva Zelanda, todavía disfruta de una interacción y una cooperación mucho más estrechas que las relaciones que mantiene cualquiera de los países occidentales con China, Rusia, Irán u otros países. Pero las negociaciones internacionales en una serie de problemas globales, desde crisis como la de Siria al cambio climático o a la gobernanza de Internet, se volverán más dinámicas e impredecibles. 

En el tablero: un Irán ascendente 

Irán está en fase ascendente. Irán y Turquía, y en menor medida Egipto, son las grandes potencias históricas tradicionales del Oriente Medio, el Sudeste Asiático y de hecho del Asia Central; históricas en el sentido de muy antiguas. Sobre este telón de fondo, el aislamiento de Irán desde su revolución en 1979 es un mero accidente pasajero. Es muy posible que la Historia registre la revolución iraní de una forma parecida a como nosotros vemos ahora la Revolución Francesa, es decir, como la primera ola de una era de intentos islamistas de derrocar a unos regímenes corruptos auspiciados por Occidente que se hicieron con el poder hace medio siglo.

Los intereses de Irán todavía divergen claramente de los de Estados Unidos y la Unión Europea; efectivamente, es poco probable que Estados Unidos e Irán restablezcan pronto relaciones diplomáticas. De todos modos, ya es perceptible que la conclusión del acuerdo nuclear ha desbloqueado los canales diplomáticos de una forma significativa. Tanto la rápida resolución de la detención por parte de Irán de diez marines americanos mediante la diplomacia EEUU-Irán, como el subsiguiente intercambio de prisioneros entre ambos países han sido el resultado de una relación más estrecha entre el secretario de Estado norteamericano John Kerry y el ministro de Asuntos Exteriores iraní Javad Zarif. Muchas empresas europeas ya se han puesto a la cola para hacer negocios con Irán en cuanto se levanten las sanciones que pesan sobre el país; Irán también será una voz reconocida y poderosa en las negociaciones multilaterales sobre Siria.

Esta situación no es ciertamente bien vista ni por Arabia Saudí ni por Israel. Ambos temen un Oriente Medio en el que Estados Unidos dé un paso atrás, e Irán un paso adelante. La firmeza de la nueva política exterior de Arabia Saudí –con los bombardeos del Yemen y la ruptura de relaciones con Irán– se debe en parte a la llegada al poder de una nueva generación de miembros de la familia real que están compitiendo entre ellos, y en parte es una respuesta al ascenso de Irán. En Israel, la conclusión del acuerdo con Irán que tanto ha intentado evitar el gobierno del primer ministro Binyamín Netanyahu puede muy bien tener efectos disruptivos en la política interior israelí, aunque Estados Unidos se esfuerce en tranquilizar a Israel asegurándole que la alianza norteamericano-israelí sigue siendo tan sólida como siempre. 

En el tablero: el fortalecimiento de la Unión Europea 

La Unión Europea está tensa y estresada, pero su evolución sigue siendo una de las más importantes tendencias no solo del 2015, sino del presente siglo. Los dos grandes acontecimientos de 2015 en la Unión Europea fueron la solución –aunque provisional– de la crisis griega con la elección de un partido anti-austeridad pero pro-euro y pro-UE, que sin embargo aceptó las condiciones de un rescate de la UE y el FMI–, y una crisis de los refugiados que ha puesto públicamente en cuestión el compromiso de mantener unas fronteras comunes. Los titulares de los periódicos han subrayado la crisis y la “desintegración” de la Unión Europea; la realidad es que, una vez más, al menos por lo que respecta a la crisis del euro, las instituciones y los estados miembros de la UE han logrado transformar la inminencia del desastre en una unión más estrecha. La eurozona continúa intacta, con sus diecinueve miembros, y el 2015 ha sido testigo del fortalecimiento del Pacto de Estabilidad y Crecimiento, que es la manera torpe e inadecuada, y sin embargo pionera, que tiene la UE de hacer un pacto fiscal.

La crisis de los refugiados, que discutiremos más adelante, ha puesto en peligro el símbolo más tangible de la unión europea: la ausencia de fronteras interiores. La solución de la crisis será larga y complicada, compuesta a partes iguales de desarrollos políticos nacionales, decisiones políticas comunitarias, y negociaciones con Turquía. De todos modos, el temor a un potencial restablecimiento de las fronteras interiores, ya ha llevado a un fortalecimiento de la frontera exterior de la UE, con la asignación de más dinero y una mayor autoridad para hacer cumplir la ley al Frontex, la agencia europea para la gestión de la cooperación operativa en las Fronteras Exteriores de los Estados miembros de la Unión.

La canciller alemana Angela Merkel, con su insistencia en mantener las fronteras alemanas abiertas a un millón de refugiados, se está revelando como la Konrad Adenauer o la Helmut Köhl de su generación: una líder que utiliza el poder alemán para reforzar el compromiso tanto con los valores paneuropeos como con las instituciones y políticas de la UE necesarias para hacerlos realidad. Los problemas domésticos que ha tenido reforzarán en realidad su posición en las negociaciones intra-UE sobre cómo elaborar una respuesta colectiva de la UE para detener el actual flujo de refugiados y crear una política colectiva de fronteras mucho más fuerte.

En el futuro, cuando los historiadores miren hacia atrás, verán la década comprendida entre el 2008 y el 2018 como el equivalente en el seno de la Unión Europea de la Guerra Civil Americana, una gran lucha interna cincuenta o sesenta años después de su fundación para determinar el futuro y la forma futura de una unión europea. Este futuro, contrariamente a los anhelos federalistas de muchos de sus fundadores, no serán unos Estados Unidos de Europa. Además, tan importante para esta evolución como la reunión de los estados que componen la UE es la posible desintegración de algunos de ellos. Las aspiraciones a la secesión de unas casi mayorías en Cataluña y Escocia están aquí para quedarse, y con el tiempo es posible que se les unan Flandes, Lombardía y otras partes descontentas de las naciones actuales.

Dentro de cien años veremos grandes aglomeraciones regionales de estados con un sistema de toma de decisiones tosco pero en definitiva eficaz, compuestas por muchos estados más pequeños, o de regiones mucho más autónomas dentro de los estados. El proceso que habrá de reequilibrar las cosas será largo y difícil; y puede que obtener resultados políticos sea a menudo lento y engorroso. De todos modos, el federalismo, la solución del siglo XVIII de un gobierno democrático escalable –como explica James Madison en The Federalist Papers– también sigue siendo una forma de toma de decisiones que a menudo acaba en tablas. Basta fijarse en las disfunciones de la política norteamericana, en la que un estado con medio millón de habitantes, como Wyoming, tiene el mismo peso electoral en el Senado que California, un estado con casi 40 millones de personas; y los estados establecen sus propias circunscripciones electorales para favorecer al partido en el poder.

El año 2015 fue en el que los votantes griegos eligieron quedarse en la eurozona y en la UE como un todo, incluso en medio de un extraordinario y hasta cierto punto innecesario dolor económico; y un año en el que los votantes escoceses casi optaron por salir del Reino Unido y convertirse en un estado independiente dentro de la UE. Estas dos dinámicas configurarán la identidad y las instituciones, en constante desarrollo, de la unión regional más integrada del mundo… que también es el estado plurinacional menos integrado. 

En la Red: un río de refugiados 

Desde la perspectiva de la Red, la principal dinámica de 2015 fue el flujo masivo de refugiados. En junio de 2015 el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados anunció que el número de refugiados, de personas internamente desplazadas y de solicitantes de asilo en el mundo había alcanzado la cifra récord de casi 60 millones de personas. Casi veinte de estos sesenta millones pertenecían a la primera categoría, y la mayoría de ellos procedía de Siria, Irak y Afganistán. En diciembre de 2015, la Organización Internacional para las Migraciones anunció que más de un millón de refugiados y emigrantes habían entrado en Europa por tierra y por mar; Frontex, la agencia europea para la gestión de las Fronteras Exteriores de la UE, elevó la cifra a un millón y medio de personas; los funcionarios alemanes contabilizaron más de un millón de entradas solo en Alemania.

Como hemos dicho más arriba, el peaje en la política de fronteras abiertas de la UE y en la política interna de los estados miembros individuales continúa incrementándose. Pero por lo que respecta a las tendencias a largo plazo, uno de los aspectos más significativos del flujo de refugiados en dirección a Europa fue que recibieron orientación en tiempo real por medio de las redes sociales. Michel Bauwens, fundador de la Peer-to-Peer Foundation, describe 2015 como el año en el que millones de refugiados "se organizaron por medio de las redes sociales (concretamente a través de grupos de Facebook secretos) y también en el que montones de ciudadanos se auto-organizaron por medio de redes peer-to-peer [“redes entre iguales”] para ayudarlos." Estos "refugiados de Facebook", como los bautizó rápidamente la prensa, utilizaban esa red social no solo para coordinarse con los traficantes de personas, sino también para ayudarse mutuamente. Según la funcionaria del Alto Comisionado para los Refugiados Alessandra Morelli, las decenas de miles de refugiados sirios que llegaron a la isla griega de Lesbos "sabían exactamente dónde tenían que ir y con quién tenían que hablar. También sabían lo que tenían que comprar." Los mensajes en Facebook les mostraban qué clase de tiendas de campaña tenían que adquirir, qué rutas tomar y qué estrategias seguir, como por ejemplo rajar las embarcaciones neumáticas con las que alcanzaban la costa para evitar que los policías griegos les obligasen a lanzarse de nuevo al mar.

El ahogamiento de familias enteras de refugiados o la muerte por asfixia de setenta personas en la parte posterior de una furgoneta abandonada por los traficantes de personas en Austria subrayan la continua tragedia humana del flujo de refugiados. Sin embargo y en paralelo, la capacidad de comunicarse a tiempo real crea un sentimiento de identidad colectiva que puede llegar a modificar la dinámica de poder entre los refugiados y los países receptores. Los flujos de refugiados pueden convertirse en riadas de millones de personas, que siguiendo los pasos de sus familiares, amigos y compatriotas a través de las fronteras, deviene un organismo más allá de la mera yuxtaposición de cientos de miles de familias individuales. La capacidad de alentar protestas en Hungría contra las políticas del gobierno húngaro y de avanzar a pie siguiendo las vías del ferrocarril hacia la frontera austríaca, y comunicándose al mismo tiempo con los medios de comunicación internacionales, reflejan un cambio en el relato estándar del refugiado como víctima. A medida que el cambio climático empuje un número creciente de personas a abandonar su país, la capacidad de estas de integrarse en unas migraciones masivas que avancen como un solo cuerpo configurará de un modo diferente la política internacional. 

En la Red: populismo nativista 

Una segunda tendencia en la Red es el populismo que está enturbiando la política europea y norteamericana. Como hemos visto repetidamente a lo largo de los siglos, los problemas económicos globales engendran problemas políticos. En Estados Unidos, los investigadores y los hombres de negocios están centrados en "el futuro del trabajo": qué pasará con los puestos de trabajo a medida que los robots propulsados por redes neuronales y mejorados por técnicas computerizadas de aprendizaje mecánico sustituyan no solo a los operarios manuales menos cualificados sino que también realicen algunas tareas de los trabajadores “de cuello blanco”. Los iPads ya sustituyen a los camareros, enviando directamente los pedidos de los clientes a la cocina; los programas informáticos de ayuda legal sustituyen a los auxiliares de los abogados; los de contabilidad, a los contables; y muy pronto los coches sin conductor sustituirán a los taxistas. Combínense todas estas disrupciones con lo que en Estados Unidos se conoce como la gig economy, la "economía de los encargos puntuales", en la que los individuos proporcionan bienes y servicios –desde coches hasta casas– de manera esporádica y aportando solo lo necesario para el proveedor y para el consumidor, y veremos cómo la escala de la disrupción digital del tipo de vida industrial crece de día en día.

La disrupción de la primera y de la segunda revoluciones industriales –con la invención, primero, de la máquina de vapor, y después, de la electricidad– produjo el socialismo y el comunismo como contrapuntos frente al implacable avance del capitalismo. El caos económico de la Alemania de Weimar y de la Italia posterior a la Primera Guerra Mundial proporcionó un terreno abonado para el surgimiento del fascismo. Estas ideologías se centraron en el enemigo interior: aristócratas, industrialistas, judíos y otras minorías. Supieron canalizar la ira y la frustración de las masas contra objetivos simples y fácilmente identificables, como hacen hoy varios partidos de toda Europa, desde Alba Dorada al Frente Nacional francés, o el ala derecha del Partido Republicano en Estados Unidos cuando apuntan a los inmigrantes como objetivo. Los ciudadanos e inmigrantes de diferente raza, color o credo son fácilmente identificables como la fuente de todos los males sociales.

Cuando Donald Trump promete "volver a hacer grande a América" está especulando con la posibilidad de retrasar el reloj de la historia para volver a una América dominada por los wasp (White American Saxon Protestant), los anglosajones blancos y protestantes. Cuando Viktor Orban proclama que Hungría es para los húngaros, está rechazando la visión cosmopolita de la Unión Europea para volver al paradigma nacionalista del siglo XIX y comienzos del XX. Cuando Marine Le Pen describe los centros de culto musulmanes como territorio ocupado, comparándolos con la ocupación nazi durante la Segunda Guerra Mundial, insiste en la idea de que ser francés equivale a ser cristiano.

Tanto Europa como Estados Unidos han sido testigos anteriormente de políticas contrarias a la inmigración. Pero ahora las fuerzas de la reacción casi son equiparables en escala y objetivos a las fuerzas del cambio. Cuando las dimensiones de la inteligencia artificial, la robótica, la biotecnología y las otras nuevas tecnologías que han hecho posible lo que Klaus Schwab, presidente del Foro Económico Mundial, denomina "la cuarta revolución industrial",  se manifiesten en toda su plenitud, los vientos políticos de 2015 serán recordados como el preludio de una tempestad (Schwab, 2016). La cuestión, lo mismo que hace un siglo, es si las élites serán capaces de reformar la distribución de la riqueza y el poder lo suficiente para evitar una revolución. 

Las franquicias terroristas 

En la década de 1960 los establecimientos de comida rápida americana siguieron la estela de McDonalds y se impusieron en todo el país gracias a un nuevo modelo empresarial: la franquicia. Estas poseían sus propios restaurantes y se reembolsaban los beneficios, pero dirigían su negocio de acuerdo con una plantilla desarrollada por una autoridad central. Estaban obligadas a seguir las directrices de la compañía, pero brotaban desde abajo, gracias a las personas emprendedoras de las localidades pequeñas de todo el país que deseaban llevar a su ciudad una marca nacional lucrativa.

De forma análoga, el año 2015 fue testigo del rápido crecimiento del "terrorismo de franquicia", principalmente bajo el estandarte de EI, la organización Estado Islámico. Al-Qaeda había creado múltiples nodos de su red: Al-Qaeda de la Península Arábiga y Al-Qaeda del Magreb Islámico. Pero estos nodos estaban centralmente planificados y dirigidos. El EI, en cambio, invita a cualquier grupo o individuo que desee jurar lealtad al califato a unirse a sus fuerzas, desde Boko Haram en Nigeria hasta los antiguos grupos de talibanes de Afganistán y Pakistán, pasando por la Jemaah Islamiya en Filipinas. La agencia contraterrorista IntelCenter ha identificado a 43 grupos en todo el mundo que han prometido lealtad o apoyo a EI. Los hombres que llevaron a cabo los ataques coordinados en cafeterías, restaurantes y una sala de conciertos parisinos; la pareja que mató a más de cien personas en los ataques coordinados de París, y la que mató a catorce personas e hirió a más de veinte en San Bernardino (Estados Unidos) reflejan la creciente influencia del EI entre los individuos y grupos radicalizados de los países occidentales.

Desde el punto de vista de la Red, el peligro del terrorismo de franquicia es la rapidez con que puede reproducirse. La teoría de redes identifica las condiciones en las que es más probable una replicación rápida siguiendo el patrón marcado por el principio de “Ricitos de oro”,  que hace referencia a un sistema en el que los nodos potenciales están conectados pero no excesivamente conectados. El terrorismo islámico radical se propaga rápidamente cuando los objetivos tienen un umbral relativamente bajo de adopción –jóvenes musulmanes alienados tanto en los países mayoritariamente musulmanes como en los países con una minoría musulmana– que están lo bastante conectados como para recibir la señal por medio de las mezquitas o de las redes sociales, pero no lo suficiente como para que esta señal se disuelva en un ruido más amplio, general, o sea anulada por otro tipo de relato.

Es en este contexto donde el dominio que ejerce EI en determinados canales de las redes sociales tiene la máxima eficacia. EI ha conseguido presentarse como una marca dominante y atractiva, compuesta a partes iguales de banderas negras y de brutalidad. El territorio que controla le proporciona un escenario para la actuación y una cierta imagen de marca que refuerza y diferencia su mensaje. En este contexto, no es extraño que militantes previamente fieles a otros grupos puedan cambiar de lealtades de un modo similar a como un franquiciado pueden decidir que otra empresa de comida rápida le resulta más lucrativa.

La generación viva de más edad combatió en la Segunda Guerra Mundial. La generación posterior a la Segunda Guerra Mundial en Europa y en Estados Unidos luchó en la Guerra Fría. La amenaza que acecha a la generación del milenio es la de la guerra interior, una guerra de guerrillas que libran tanto las franquiciados que eligen a qué marca de terrorismo global dan su apoyo, como también los individuos y los grupúsculos que creen que atacando objetivos civiles o gubernamentales, contribuyen al progreso de una causa, bien sea esta acelerar la llegada del fin del mundo o hacer tabla rasa y acabar con la corrupción religiosa y secular. Estos ataques propagan el terror porque son aleatorios y tienen a la población civil como objetivo, pero su propósito no es tanto aterrorizar como simplemente matar, es decir, librar una guerra religiosa global.

El cuadro que he pintado es bastante sombrío. Otras tendencias del 2015 fueron más positivas, por encima de todo la apertura y la profundización de la implicación norteamericana con Myanmar, Cuba a Irán como parte del legado en política exterior de la Administración Obama. Las redes globales civiles y corporativas desempeñaron un papel fundamental en el Acuerdo de París sobre el cambio climático; los partidos más liberales también se han posicionado en contra del populismo, de manera eficaz en Francia y en Gran Bretaña –de momento. Los diplomáticos están trabajando para negociar un acuerdo en Siria y para crear una coalición duradera para combatir al EI en su centro en Oriente Medio.

El panorama global es de una extraordinaria complejidad: suma un número cada vez mayor de naciones en el tablero; cientos sino miles de nodos importantes en la Red; la intersección de las tendencias en el tablero y en la Red. Está emergiendo un sistema de gobierno y una sociedad globales, entrelazadas por los hilos de la Red de una forma que nunca lograron alcanzar las tradicionales instituciones regionales y planetarias en el tablero de ajedrez. La maraña resultante de personas y problemas convierte en una locura el intento de hacer predicciones; es mucho más probable que seamos capaces de reaccionar y adaptarnos que de predecir y planificar. Pero la identificación de las tendencias fundamentales proporciona por lo menos vectores y marcadores para saber dónde mirar.

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Kissinger, H. (2011): World Order, New York: Penguin Publishing Company.

Schwab, K. (2016): The Fourth Industrial Revolution. World Economic Forum.

Schelling, T. (1960): The Strategy of Conflict, Harvard University Press, Cambridge, Massachussets.

Shirky, C. (2008): Here Comes Everybody: The Power of Organizing without Organizations. New York: Penguin Publishing Company.