¿Dónde están los billones para la Agenda 2030?

¿Dónde están los billones para la Agenda 2030?

Data de publicació:
10/2019
Autor:
Anna Ayuso, investigadora sénior y Pablo Hoffmann, asistente de investigación, CIDOB
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Hay suficiente dinero en el mundo para financiar la Agenda 2030 pero no está en el lugar adecuado. Se estima que la brecha financiera para implementar la Agenda 2030 es de 2,5 billones de dólares anuales. Si no se dedican los recursos necesarios será imposible alcanzar las metas de Desarrollo Sostenible previstas en los diez años que quedan. La comunidad internacional debe establecer alianzas y encontrar fórmulas concretas para hacerlo posible. 

Cuatro años después de la aprobación de la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible, la Asamblea General de Naciones Unidas ha hecho balance y ha renovado el compromiso en la Cumbre de Desarrollo Sostenible celebrada en Nueva York el 24 y 25 de Septiembre de 2019. Sin embargo, al día siguiente, el Diálogo de alto nivel para la financiación del Desarrollo dejó constancia de que no se están dedicando los recursos necesarios para alcanzar las metas en los diez años que quedan.

La cuestión financiera es esencial y por ello en 2015 las principales instituciones financieras internacionales emitieron un comunicado conjunto a las puertas de la tercera Conferencia Internacional para la Financiación del Desarrollo de Addis Abeba expresando la necesidad de generar alianzas para pasar "de miles de millones a billones" (From billion to trillion) en recursos destinados a la Agenda 2030 adoptada por Naciones Unidas ese mismo año, donde se establecieron los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) como una agenda universal. La Agenda de Acción de Addis Abeba (AAAA) instó a movilizar recursos nacionales, inversiones financieras públicas y privadas internas e internacionales, agentes productivos y cooperación internacional para el desarrollo pública o privada, así como garantizar la sostenibilidad de la deuda externa, la gobernanza del comercio internacional y el sistema financiero multilateral con el liderazgo de las Naciones Unidas.

También la Agenda 2030 incorporó como último, pero no menor, el objetivo 17 para “Revitalizar la Alianza Mundial para el Desarrollo Sostenible” con el fin de movilizar recursos financieros de múltiples fuentes para los países en desarrollo. Se llamó a crear alianzas que movilicen e intercambien conocimientos, especialización, tecnología y recursos financieros en las esferas pública, público-privada y de la sociedad civil. Se establecieron unas metas e indicadores y unos mecanismos institucionalizados para hacer un seguimiento anual de los ODS que incluyen informes voluntarios de los estados y organismos internacionales revisados anualmente en el Foro de Alto nivel para el Desarrollo Sostenible por el Consejo Económico y Social (ECOSOC), y cada cuatro años ante la Asamblea General de la Naciones Unidas. En el primero de estos foros, celebrado en 2019, el Informe del Secretario General constató un desequilibrio entre el discurso y la práctica.

La brecha financiera

Un estudio del ODI ha calculado que la brecha financiera para implementar la Agenda 2030 es de 2,5 billones de dólares anuales para alcanzar los 5 o 6 billones de dólares que se necesitarían. Este mismo estudio afirma que para poner fin a la pobreza extrema antes de 2030, la financiación anual a los países menos avanzados (PMA)  debería cuadruplicarse de 86 mil millones a 320 mil millones anuales. Sin embargo, las estadísticas recientes son desalentadoras, con una disminución de la financiación externa del 12% entre 2013 y 2016. Según la OCDE, en 2018 se gastaron un total de 149,3 mil millones de dólares en AOD, lo que representó una disminución del 2,7% en términos reales con respecto a 2017. Según el informe anual de los ODS de 2019, la mayor parte de la AOD se destinó a fines sociales y económicos, pero se observa un incremento destinado a infraestructuras y servicios económicos, en particular en el sector energético, mientras los sectores de la educación y la salud están gravemente infradotados y la protección social tiene la mayor carencia de medios. Según el SDSN, el gasto en salud y educación requeriría inversiones masivas, con alrededor de 1,2 billones de dólares de gasto adicional hasta 2030 en los PMA. Las grandes esperanzas puestas en el sector privado tampoco se han cumplido. Según la OCDE, la inversión privada disminuyó en un 30% durante 2016-17, pero además solo el 6% de las finanzas privadas movilizadas en el ámbito de financiación para el desarrollo beneficiaron a los PMA. Aunque hubo un incremento de inversiones combinadas (blended finance en inglés), estas se centran en sectores con un significativo rendimiento económico.

¿Qué obstáculos frenan el financiamiento al desarrollo?

Durante la sesión del foro se celebraron 4 diálogos interactivos (sobre recursos públicos para sociedades más igualitarias, para los ODS y la acción climática, y sobre nuevas iniciativas) donde representantes gubernamentales, organismos internacionales y otros actores de la sociedad civil analizaron los obstáculos al incremento del financiamiento. Uno de los aspectos más preocupantes es el del creciente nivel de endeudamiento de los países en desarrollo, que se traduce en una reducción de la financiación de políticas públicas. El débil crecimiento económico y la fluctuación de los precios internacionales es también un factor de inestabilidad al que los países en desarrollo son especialmente vulnerables.

Otro problema fundamental es el de los flujos financieros ilícitos que detraen recursos a la inversión y alimentan el crimen organizado, así como la falta de un marco internacional que frene la evasión fiscal de las transnacionales. Según el mencionado estudio del ODI, la mitad de la brecha de financiación podría ser cubierta en 46 países en desarrollo con adecuadas políticas fiscales y de asignación del gasto, aunque al menos 30 de ellos no podrían lograrlo. La baja capacidad de recaudación fiscal hace que los PMA dependan de recursos externos, pero la AOD se está debilitando y no se asigna allí donde más se necesita. En los debates de la Cumbre, un representante de la Corporación Andina de Fomento (CAF) señaló que, de los 269 billones de dólares en activos financieros invertidos en todo el mundo, menos de 1 billón de dólares se invierte para obtener directamente un impacto social o ambiental. La falta de voluntad política está en el centro del problema. Hay suficiente dinero en el mundo para financiar la Agenda 2030 pero no está en el lugar adecuado. La actual brecha de fondos requiere un cambio transformador más sistémico que trascienda el incrementalismo (más de lo mismo) que impera en la actualidad.

¿Cómo avanzar?

La comunidad internacional debe encontrar fórmulas concretas para cerrar la brecha financiera. Durante la cumbre se presentaron iniciativas que tratan de acelerar la implementación de la agenda. El Secretario General de la ONU, Antonio Guterres anunció el lanzamiento de la alianza Global Investors for Sustainable Development (GISD) en 2019, con el que esperan movilizar y gestionar colectivamente casi 16 billones de dólares del sector público y privado. También explicó que en 2020 se creará una plataforma anual para impulsar la financiación del Desarrollo en los siguientes 10 años que quedan para la implementación de la Agenda. Frans Timmermans, vicepresidente de la Comisión Europea, informó sobre el “New European Green Deal” y el lanzamiento de una plataforma internacional sobre finanzas sostenibles. El Grupo Independiente de Científicos presentó el Informe Global de Desarrollo Sostenible (GSDR) “El futuro es ahora: Ciencia para lograr el desarrollo sostenible” donde proponen 20 puntos para liderar un progreso transformador e identifican las interconexiones sistémicas entre objetivos y metas individuales. Muchos países también presentaron sus planes nacionales para aumentar la AOD y estimular las inversiones. La conferencia sirvió para identificar los problemas de financiación y para constatar que los compromisos con los ODS implican cambios estructurales que afectan a intereses de gobiernos y empresas transnacionales y grupos de influencia poderosos. Ahora llega el momento de actuar y la comunidad mundial tendrá que demostrar si existe la voluntad política para fortalecer las alianzas mundiales cuando se reúna el próximo año a rendir cuentas.

 

E-ISSN: 2013-4428
D.L.: B-8439-2012

AUTOR


  • Anna Ayuso

    Anna AYUSO POZO

    Investigadora sènior

    @AyusoAnna

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