China fondea en el Mediterráneo: ¿un mar de oportunidades para Europa?

China fondea en el Mediterráneo: ¿un mar de oportunidades para Europa?

Data de publicació:
09/2016
Autor:
Christina Müller-Markus, máster en Sinología, Universidad de Viena
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Cuando en primavera del año pasado la República Popular China llevó a cabo por primera vez maniobras militares junto con Rusia en el mar Mediterráneo, la estupefacta comunidad internacional se alarmó de la noche a la mañana ante la repentina presencia de ambas potencias en pleno terreno europeo. Un año más tarde, China se asentó en la llamada “perla del Mediterráneo”, asegurando su entrada al corazón de Europa mediante la adquisición del puerto del Pireo. A su vez, el Ministerio de Defensa chino confirmó la construcción de la primera base militar de ultramar china en el golfo de Adén, obteniendo acceso estratégico al Mediterráneo a través del canal de Suez en Egipto, con quien estrechó lazos económicos y militares a principios de año. No por último, durante la cumbre UE-China del pasado mes de julio, la representante de Asuntos Exteriores de la UE, Federica Mogherini, llegó a Beijing con los brazos abiertos aspirando a intensificar la cooperación en materia de seguridad y defensa en Oriente Medio y queriendo llevar al siguiente nivel las relaciones comerciales que hasta ahora habían dominado la agenda política común.

Esta cadena de sucesos apuntan hacia una alteración del panorama estratégico, en el que EEUU pierde presencia y China avanza decididamente como actor global, aventurándose hacia territorios ajenos y concretamente, penetrando la región mediterránea. La pregunta inmediata que surge ante el súbito giro en el orden internacional y europeo es: ¿está la UE preparada? La capacidad de una reflexión estratégica seguida por un plan de reacción unánime por parte de la UE, ahora más que nunca abatida por el peligro de desintegración ante el Brexit y los resurgimientos nacionalistas y eurófobos, no establece las premisas necesarias para afrontar con los ojos a la misma altura al (aparente) monolito que representa el Partido Comunista Chino (PCC). Es más, la borrosa percepción de China sigue causando gran confusión: ¿qué ambiciones geopolíticas persigue en el Mediterráneo? ¿Qué implica la presencia del (auto)invitado de Oriente para los valores occidentales y el orden mundial existente? ¿Qué percepción tiene China de Europa y quién decidirá sobre las nuevas reglas del juego? 

Pireo y China: un amigo en la necesidad es amigo de verdad

“¡Cosco, idos a casa!”. Con este mensaje escrito en su pancarta, el recién elegido presidente del partido post-comunista Synaspismos, Alexis Tsipras, protestaba con vehemencia en contra de la licencia para operar el Muelle II del puerto del Pireo durante un periodo de 35 años, adquirida por la compañía estatal China Ocean Shipping Company (COSCO). Ocho años más tarde, en el marco del Segundo Foro de Cooperación Marítima Sino-Griega, al que asistieron unos 400 empresarios de ambos países el pasado mes de julio en Beijing, el ahora primer ministro griego intercambió su pancarta de protesta por un elogio a las inversiones chinas en su país. Antes de emprender su viaje, Tsipras se aseguró de que su Parlamento diese luz verde a la controvertida adquisición china del 67% del Pireo, por un total de 368,5 millones de euros, más 350 millones de euros de inversiones en infraestructuras, a las que COSCO se ha comprometido durante la siguiente década. En señal de agradecimiento, Tsipras citó ante el premier Li Keqiang las palabras del poeta romano Ennius: “A friend in need is a friend indeed” (Unamigo en la necesidad es amigo de verdad).

El cambio de actitud de Alexis Tsipras no debería sorprender a nadie: tras siete años de recesión económica y la dolorosa austeridad como condición al rescate financiero, el mandatario se ha visto ante la triste realidad de `poner en venta´ su país como única salida de la crisis. Como mejor postor se ha destacado China, quién ofrece inmensas inyecciones de capital bajo la promesa de atraer un ´shock de inversiones´ y limpiar la castigada imagen del país heleno. Con este propósito en mente, el propio premier Li Keqiang expresó abiertamente su intención de construir una Grecia fuerte dentro de una Europa fuerte. Su decidido mensaje nos revela que el asentamiento chino en el Pireo y la empeñosa labor de convertirlo en el mayor puerto de contenedores de toda Europa, trasciende los intereses puramente mercantilistas.

Primero, China considera vital asegurar sus rutas marítimas hacia Europa, su destino comercial más importante, con el Pireo como nudo geo-económico entre Oriente, Occidente y África. Segundo, Grecia controla la mayor flota comercial del mundo. La República Popular importa más de la mitad de su petróleo crudo en flotas griegas, beneficiándose a la vez de su experiencia en el sector marítimo. De esta forma garantiza el abastecimiento energético desde Oriente Medio, región cuya extrema volatilidad política le suponen una piedra en el zapato. Tercero, ante la creciente presencia militar de EEUU en el mar de China meridional, quién interfiere en disputas marítimas del `patio trasero´ de China, esta se reserva el derecho de adentrarse también en la tradicional esfera de influencia política americana, el Mediterráneo. Cuarto, la proximidad geográfica y diplomática con Europa y la OTAN por un lado, y Oriente Medio por otro, convierten a Grecia en un atractivo aliado en la visión estratégica que persigue China a largo plazo en la región: únicamente complementando los lazos comerciales con un diálogo político, de seguridad y defensa con sus socios comerciales a lo largo del litoral mediterráneo, logrará China abordar la brecha entre asegurar sus intereses económicos y la capacidad real de protegerlos en caso de conflicto.

Ejemplificando esta visión en palabras diplomáticas del embajador chino en Atenas, Zou Xiaoli, China se reafirma como nueva potencia estratégica preparada para asumir un papel más constructivo en el Mediterráneo y en el mundo. Junto con Grecia, a la que describe como puente cultural y diplomático entre Oriente y Occidente y por tanto el más importante aliado en la región, China desea intervenir en la resolución de conflictos, fomentando el diálogo entre fuerzas religiosas y políticas, con el fin de promover la paz regional. Tsipras correspondió a este llamamiento amistoso con una declaración -aparentemente unilateral- de Grecia como puente de amistad y estrecha colaboración entre China, la OTAN y la UE.

Mientras tanto en Bruselas, bajo el shock del Brexit, la OTAN y la UE todavía discuten los detalles de una nueva agenda de cooperación en el marco de una misión militar para combatir las mafias de inmigrantes en el Mediterráneo, con resultados aún poco visibles. A pesar de estar separadas por apenas seis kilómetros de distancia, ambas instituciones actúan “como si vivieran en planetas diferentes”, se lamenta el presidente de la Comisión Europea, Donald Tusk. 

Grecia, la perla del Mediterráneo: ¿entrada libre al Ejército Popular Chino?

El intercambio de declaraciones de amistad por parte de los altos mandatarios chinos y griegos ha pasado prácticamente desapercibido por parte de los medios y la opinión pública en Europa, cuya atención alrededor del Pireo se limita mayoritariamente a las relaciones comerciales. Este (fatal) descuido tiene una posible explicación: desde la Segunda Guerra Mundial, hemos presenciado la arrolladora y expansionista política militar estadounidense, que abruma con la presencia de sus bases militares a nivel global. En contraposición, China persigue un modelo comercial-diplomático con un perfil militar bajo o desapercibido. En este sentido, académicos y expertos en seguridad y defensa señalan la estrecha vinculación entre la Armada del Ejército Popular de Liberación (EPL), el brazo militar del Partido Comunista Chino, y las compañías en manos del Estado chino. De esta forma, la compañía estatal COSCO, que pertenece y obedece al Gobierno de la República Popular, puede proporcionar a la Armada del EPL un acceso prioritario a los puertos marítimos bajo su administración, sin necesidad de establecer una base naval militar permanente. En este punto cabe mencionar que a día de hoy no existe una política portuaria común de la UE. Este vacío legal permite que los países miembros tomen decisiones críticas de forma autónoma y sin consultar a la Comisión Europea, tales como la administración y el control de puertos europeos por parte de empresas extranjeras.

Consecuentemente, Europa debería observar la expansión china hacia los puertos mediterráneos con una lente más estratégica: la terminal del puerto de Nápoles administrada por COSCO merece particular atención, desde la cual China puede observar directamente la principal base militar de la OTAN en el Mediterráneo. También el puerto del Pireo puede cumplir este propósito dual- comercial y militar- que facilitaría al EPL una plataforma logística de defensa en caso de que estalle un conflicto, como por ejemplo a la hora de tener que evacuar a trabajadores chinos de Oriente Medio y el Norte de África. Al fin y al cabo, como el anterior presidente chino Hu Jintao ya pronosticó en su día, “las guerras modernas dependen del apoyo logístico. Cuando el apoyo logístico está establecido, la victoria es segura”.  

China y la amenaza desde Siria

De cara a la cumbre del G20 auspiciada este septiembre en la ciudad china de Hangzhou, el presidente Xi Jinping ha declarado la lucha antiterrorista como una prioridad máxima, haciendo un llamamiento de acción conjunta a los participantes de la cumbre. En el mismo contexto, el alto funcionario del Buró de Antiterrorismo Hou Le, advierte sobre posibles ataques perpetrados por el Movimiento Islámico de Turkestán Oriental (MITO), organización terrorista fundada por los militantes uigures separatistas que residen en la región autónoma china de Xinjiang, en la frontera con Rusia, Mongolia y Asia Central. Ante el posible regreso de cientos de combatientes del MITO, que actualmente reciben formación militar del Estado Islámico (IS) en Siria, Irak y Afganistán, Hou alerta de una amenaza terrorista real que acecha su país. De hecho, China se vio súbitamente involucrada en la crisis de Oriente Medio cuando a finales de 2015 el IS capturó y ejecutó por primera vez a uno de sus ciudadanos. Transcurridas pocas semanas, circulaba en la red una canción yihadista en idioma chino-mandarín titulada “Yo soy Mujahid”, cuyos impecables coros de voces masculinas hacen un embaucador llamamiento al despertar de los hermanos musulmanes uigures, animándoles a morir en el campo de batalla. El audio fue publicado por el brazo propagandístico del IS, Al Hayat Media Center. No por último, el mapa que reveló el IS con los territorios que pretende conquistar hasta el año 2020 para completar su califato, abarca áreas geográficas desde España hasta China.

El terrorismo en Siria tiene además un profundo impacto sobre los proyectos económicos chinos: como país que importa alrededor de 60 por ciento de su petróleo, proporción duplicada desde el año 2000 y con previsión de crecimiento durante las próximas décadas, China teme perder los miles de millones de dólares que sus compañías energéticas han invertido en Oriente Medio, si sus yacimientos caen en manos de los insurgentes islamistas, cuya principal fuente de ingresos es la venta de petróleo robado. Por el momento, la empresa estatal China National Petroleum Corporation se ha visto obligada a abandonar los yacimientos petrolíferos en Siria. 

El fin del principio de la no intervención

Ante la doble amenaza yihadista, que por un lado acecha la seguridad y unidad nacional del país y por otro sus inversiones en infraestructuras y energías, China contempla la inminente necesidad de impulsar de forma activa el proceso de paz en Oriente Medio. Las siguientes acciones muestran los pasos decisivos de una China asertiva que asume una nueva responsabilidad como actor global en la región: primero, el año pasado, el ministro de Asuntos Exteriores Wang Yi sorprendió al mundo invitando a su homólogo sirio Walid al-Muallem a Beijing y recibiendo poco después al entonces presidente de la Coalición Nacional para las Fuerzas de la Oposición y la Revolución Siria, Khaled Khoja. Hasta el momento, la República Popular no había querido inmiscuirse en el conflicto sirio, limitando sus acciones a llamamientos retóricos para una solución pacífica. Ello se debe a la compleja implicación de actores vecinos (suníes y chiíes) y externos en la llamada guerra proxy. China no desea poner en peligro sus buenas relaciones con los países involucrados, evitando un posicionamiento abierto de un bando o de otro. Segundo, en enero de este año la República Popular publicó su primer documento de política árabe (Arab Policy Paper), que se compromete a brindar apoyo a la defensa nacional y a las fuerzas militares de los estados árabes con el fin de mantener la paz regional. Tercero, en marzo, China designó a su primer enviado especial para Siria, con el objetivo de “implementar de forma más proactiva la sabiduría china”, en palabras del portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, Hong Lei.

Todo ello señala la disposición china de “adaptar” su estricta doctrina de no interferencia (不干涉原则) en los asuntos internos de otros países, introducida por el primer ministro Zhou Enlai durante los años cincuenta. Dicha herramienta retórica del poder blando chino ha formado parte de su política exterior durante las últimas seis décadas: por un lado, defiende su propia soberanía nacional, evitando que otros países se inmiscuyan en lo que considera asuntos internos, tales como las diversas disputas territoriales con países vecinos en el mar de China meridional, así como el estatus de Taiwán, Tíbet y Xinjiang. A su vez, contrarresta la intrusiva imposición de los valores liberales por parte de EEUU y Europa en países de desarrollo, y forma una red de alianzas con los países afines a China. Sorprende por lo tanto que, por primera vez, el nuevo libro blanco de Estrategia Militar, publicado por el Ministerio de Defensa el año pasado, omita hacer mención a la férreamente defendida doctrina de no-interferencia. En su lugar, el documento estratégico defiende la necesidad de “mantener un balance entre la seguridad de China y la seguridad común mundial”. De forma todavía más explícita, relata que las “Fuerzas Armadas chinas integran su sueño de construir un Ejército fuerte en el Sueño Chino (中国梦). Sin un Ejército fuerte, un país no puede estar seguro ni ser fuerte”.

Europa, que lucha también por salvaguardar su seguridad y unidad, converge con China en su interés fundamental por combatir el terrorismo yihadista y establecer la paz en el Mediterráneo oriental. Al mismo tiempo, la relación entre ambas potencias está exenta de disputas territoriales. Bajo estas premisas positivas, la UE intentará determinar con China las reglas del juego de la futura arquitectura de seguridad en la región. Precisamente, la cuestión clave estará en comprender estas nuevas reglas de la política exterior china, que han modificado diplomáticamente la doctrina de no interferencia introduciendo el concepto de intervención “pacífica”. Queda por ver si la UE sabrá prever cómo China hará uso sutil de sus herramientas del poder blando y duro -diplomáticas, económicas y militares- con el fin de defender sus propios intereses nacionales. 

¿Europa: dividida, invadida y absorbida? La integración del Mediterráneo

“Cuando se trata de recibir, tenemos europeos a tiempo completo y cuando se trata de dar, tenemos europeos a tiempo parcial.Demasiados europeos a tiempo parcial, eso es un problema”. Con este lamento, el presidente de la Comisión Europea Jean-Claude Juncker, criticó la falta de un sentido común europeo, vaticinando el resultado del referéndum sobre el Brexit del 23 de junio. Mientras tanto, los (todavía) 28 países miembros discutían divididos sobre una política exterior y de defensa en el Mediterráneo para hacer frente a la crisis migratoria. A pesar de la falta de consenso sobre la cuestión, los altos representantes de la UE, Juncker, Tusk y Mogherini, viajaron a la cumbre de Beijing en julio con la nueva estrategia de la UE sobre China en mano, acudiendo a su anfitrión para abordar conjuntamente la crisis migratoria y la resolución de paz en Oriente Medio. A pesar del diplomático recibimiento de las peticiones europeas por parte de la cúpula del PCC, los medios oficiales del Estado y expertos chinos reflejan el limitado peso que concede China a la llamada alianza estratégica con Europa como unión. Estos destapan que para China, la UE se ha convertido en un actor militarmente no influyente, políticamente dividido e ideológicamente debilitado:

El Diario del Ejército Popular de Liberación, periódico del brazo militar del PCC, pronostica que con la pérdida del Reino Unido como potencia militar y nuclear, la capacidad de defensa común y la influencia regional e internacional de la UE sufrirá un duro golpe. Por su parte, el diario Beijing Dailyilustra la grave falta de consenso para resolver la crisis de Oriente Medio como raíz de la división política europea: “con la creciente llegada de millones refugiados, la unidad y el desarrollo de Europa se reducirán a una fantasía de las mil y una noches”. Cuestionando el sistema político liberal, la agencia estatal Xinhuainstrumentaliza el Brexit para exponer los fallos de un referéndum (democrático) a la hora de tomar decisiones nacionales. En este contexto cabe destacar que China considera vital suprimir cualquier iniciativa secesionista, por miedo a que las fuerzas separatistas de sus regiones autónomas, Xinjiang y Tíbet, desestabilicen la unidad del país, y a su vez le priven de una importante fuente de recursos naturales. Es evidente además, que la admisión de impulsos democráticos conllevaría a una pérdida de poder del PCC. Por esta razón, China sigue rechazando terminantemente los valores universales (普世价值) y apela al fin de la hegemonía del discurso occidental (西方话语霸权划), subrayando la importancia de seguir por su camino del llamado socialismo de características chinas (中国特色社会主义). Es más, elInstituto Chino de Relaciones Internacionalesculpabiliza lo que considera una  irónica política de intervención humanitaria perseguida por Europa y EEUU desde la Segunda Guerra Mundial. Esa sería precisamente la raíz de las revoluciones y la consecuente catástrofe humanitaria en Oriente Medio. China, por el contrario, podría encarnar la “virtud y la sabiduría” (仁者) y establecer un nuevo orden mundial (新国际秩序).

Europa por su parte, parece despertar de su profundo sueño de incorporar a China en su sistema de valores y normativas e integrarla en “su” orden mundial existente. La apertura económica china de las últimas décadas no ha ido mano a mano con la tan esperada liberalización política. Por el contrario, el resurgimiento de la gran nación china como potencia política, económica y militar, penetra la esfera de influencia europea en su momento más frágil- controlando el Mediterráneo desde el Golfo de Adén, el canal de Suez, el Pireo y Nápoles - y se propone incorporar al mundo en su propio orden e ideología política.

Con el reciente rechazo del arbitraje de la Corte Internacional de Justicia en la Haya que favoreció a Filipinas en su disputa marítima con China, ésta ha demostrado anteponer sus ambiciones territoriales a las normativas multilaterales de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (CDM), que firmó en 1982. En este sentido, la proclamación de Xi Jinping del resurgimiento chino como potencia marítima (海洋强国) ha recibido prioridad. Bajo estas premisas, queda por ver cómo la República Popular y la UE serán capaces en un futuro de resolver posibles diferencias en la región mediterránea. Como si quisiera calmar las aguas, el premier Li Keqiang aseguraba ante el Segundo Foro de Cooperación Marítima Sino-Griega que China se esforzaría en atenerse a los principios de la CDM y al camino del desarrollo pacífico. Sin embargo, la posibilidad de que también aquí China quiera jugar con sus propias reglas, no puede ser descartada. En un último intento de agarrar el timón, Donald Tusk apeló en Beijing a la “protección del orden internacional basado en la ley”, pronosticando que sería el mayor reto al que se enfrenten China y Europa. 

E-ISSN: 2013-4428
D.L.: B-8439-2012