¿Un nuevo eje hispano-francés?

Le Grand Continent - 19/01/2023

Pol Morillas, director de CIDOB, reflexiona sobre los efectos de la firma del Tratado de Barcelona entre Francia y España: “Con la firma del tratado de Barcelona, o de amistad franco-española, el próximo jueves, Emmanuel Macron intentará diversificar el número de países con los que Francia mantiene una relación privilegiada en pro de una mayor integración europea. El contexto de la cumbre viene marcado por las consecuencias de la guerra de Ucrania, el necesario avance en la autonomía estratégica europea y la consolidación de un orden internacional bipolar caracterizado por la rivalidad entre China y Estados Unidos. Pedro Sánchez, por su parte, se presentará como un socio fiable para avanzar en la unión energética, la reforma de las reglas económicas y fiscales, el pacto de migración y asilo o el aumento de capacidades europeas en seguridad y defensa, en vistas a la presidencia española del Consejo de la UE el semestre que viene. Ambos dirigentes comparten la necesidad de repensar el tejido de alianzas en la UE, y revalorizar la posición de Francia y España como países clave en las negociaciones en curso. La relación entre Francia y Alemania no pasa por su mejor momento, pero ningún país (tampoco España y menos con un canciller socialdemócrata) pretende ocupar el lugar de Berlín en sus relaciones con París. En cambio, Italia se ha convertido en un socio más impredecible, con Giorgia Meloni como primera ministra, lo que abre una ventana de oportunidad para Madrid en su tradicional rivalidad con Roma. De entre todos los ámbitos de cooperación que rubricará el tratado de Barcelona, la transición verde y la construcción de nuevas infraestructuras energéticas estará en el radar de todos los observadores. Tras meses de intensas dudas sobre el MidCat, con Francia luchando por mantener su centralidad y modelo propio en el mercado energético europeo y Alemania presionando para aumentar las interconexiones europeas, la solución del H2Med se presenta como una apuesta de futuro, aunque todavía por concretar: una infraestructura para el hidrógeno verde, europeísta gracias al apoyo de Bruselas, y con vocación de alterar las dinámicas de la geopolítica energética en Europa, dando una mayor centralidad a los países del sur de la Unión”.

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