El populismo en Suecia: polarización socioeconómica en el modelo de Estado socialdemócrata

Data de publicació:
04/2017
Autor:
Khali El-Ahmad, trabajadora social en la municipalidad de Uppsala, Suecia. Posgraduada en Inmigración por la Universitat Autònoma de Barcelona
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Las elecciones generales del 2010 cambiaron la dinámica de la política sueca cuando el partido populista Demócratas de Suecia (SD) superó la barrera del 4% para entrar en el Parlamento. El partido nacionalista, con raíces en el fascismo sueco y dirigido por Jimmy Åkesson, obtuvo el 5,7% y ganó 20 escaños parlamentarios, convirtiéndose en el tercer partido más importante de Suecia. El país estaba en estado de shock. La imagen de la Suecia abierta y multicultural quedó manchada. Si bien el resto de partidos, en ambos lados del espectro político, prometió no colaborar con el SD, este continuó aumentando su éxito en las elecciones generales del 2014 al conseguir el 12,9% y ganar 49 escaños en el Parlamento. Esta tendencia al alza sigue intacta. En los últimos sondeos generales del Instituto Sueco de Investigación de Opinión Pública (SIFO), el SD subió hasta el 16,9%, lo que le coloca en una cómoda posición ante las próximas elecciones generales de septiembre de 2018. 

¿Qué hace que el SD resulte tan atractivo? Este partido promete combatir la delincuencia y ofrecer «al verdadero pueblo sueco» oportunidades de trabajo, un buen nivel de vida, mejores viviendas y un sistema de bienestar mejorado. El partido se dirige a los votantes que quieren soluciones simples. Los votantes del SD son principalmente hombres, de clase trabajadora, de bajo nivel educativo, en su mayoría heterosexuales, con una visión tradicional del papel de la familia y de la mujer en la sociedad, que no creen en el multiculturalismo ni en la globalización. El SD promete promover la cultura y la identidad suecas y celebrar un referéndum sobre la pertenencia a la Unión Europea, a la que se opone. Promete también una reducción drástica de la nueva inmigración y reclama la asimilación completa de los inmigrantes que viven en Suecia. Muchos inmigrantes naturalizados tienen problemas para integrarse, ya que no hablan sueco ni se relacionan con la cultura del país, lo que a su vez afecta a sus hijos. Es el caso sobre todo de las mujeres de bajo nivel educativo. 

Según un informe de la OCDE, Suecia es uno de los países más segregados de Europa desde el punto de vista étnico. Se da una gran concentración de inmigrantes en las tres ciudades más grandes: Malmö, Gotemburgo y Estocolmo. Parte de esta concentración es voluntaria: alguna gente elige vivir en áreas con muchos inmigrantes porque es nueva en el país y busca una red de personas del mismo origen. Otros inmigrantes, con mayores ingresos y atraídos por un estilo de vida determinado, pueden preferir vivir en áreas sin inmigrantes. Sin embargo, a veces la segregación étnica es involuntaria, resultado de la discriminación, y este tipo de exclusión tiene consecuencias negativas en la sociedad. Son ejemplos de ello los casos en que los arrendadores, los empleadores y los profesores no dan a los inmigrantes las mismas oportunidades que a los demás por su origen étnico. La abundante inmigración de los últimos años se ha concentrado en el sur de Malmö, donde el SD tiene una proporción de votos particularmente alta. Esta situación ha llevado a tensiones en el sistema de bienestar que afectan a la vivienda, la atención sanitaria y las escuelas, así como a un aumento de la delincuencia. Los votantes del SD ven a los inmigrantes como una amenaza para su bienestar económico, su sensación de seguridad y su identidad. Sienten que la influencia de otras culturas está diluyendo la identidad sueca, cambiando los valores y el modo de vida suecos. 

La globalización, la racionalización técnica y la deslocalización de empresas manufactureras hacia otros países con mano de obra más barata han dejado a la clase trabajadora tradicional sueca desempleada y frustrada. En especial a los hombres. Las personas altamente cualificadas y formadas están cada vez más demandadas y se mueven libremente por la UE, dejando atrás a las personas que carecen de las competencias necesarias para prosperar. Los emprendedores y la gente con empleos de baja remuneración se ven compitiendo con inmigrantes que pueden tener mayores cualificaciones y están dispuestos a hacer el trabajo cobrando menos. Muchos se sienten decepcionados por los políticos de ambos lados del espectro político, incapaces de proporcionarles el cambio social y la seguridad que necesitan. El consiguiente desplazamiento de los votantes de clase baja y media hacia el SD ha generado presiones populistas sobre los partidos tradicionales. Como respuesta, el actual Gobierno socialdemócrata estableció controles fronterizos y una política de inmigración más estricta. 

¿Qué debe cambiar? En el Índice de Políticas de Integración de Inmigrantes (MIPEX), Suecia ha sido clasificada como el país con la mejor política de integración. Sin embargo, la mayoría de las familias de inmigrantes con escasa formación y los jóvenes se quedan atascados en el sistema de asistencia pública, segregados en las afueras de las grandes ciudades o aislados en medio de zonas rurales. 

En Suecia, existe una gran escasez de viviendas, que hace imposible trasladarse para encontrar trabajo. Se produce discriminación en el mercado de la vivienda: los propietarios tienden a favorecer a los inquilinos con un nombre sueco, lo que deja a los inmigrantes en manos del mercado negro y hace que las viviendas sean más caras e inseguras para ellos. Además, muchos inmigrantes tienen también dificultades para conseguir una hipoteca para adquirir una propiedad, ya que la mayoría de ellos no pasa la verificación de solvencia. 

A muchos nuevos inmigrantes altamente cualificados y con experiencia relevante en sus países de origen les resulta difícil aceptar un trabajo como limpiador, camarero o conductor de autobús. Por otro lado, los suecos deben competir con los inmigrantes por trabajos poco remunerados. 

El Gobierno necesita abordar los problemas socioeconómicos e invertir en capital humano proporcionando los recursos necesarios a una población multicultural cada vez más cambiante. La educación superior debería ser accesible para todos, pero es bastante difícil acceder a ella por la limitada capacidad de las universidades. Suecia tiene una población envejecida y necesitará mano de obra formada y cualificada. El acceso a una vivienda asequible es clave para fomentar la movilidad de la población en el país, lo que a su vez movilizaría la fuerza de trabajo y reduciría la segregación. 

El Gobierno propuso recientemente salarios más bajos para los inmigrantes entre los 25 y los 45 años sin educación superior. Esto ayudará a que muchos inmigrantes salgan de la asistencia pública y sean más atractivos para el mercado laboral, así como a darles una experiencia valiosa e involucrarlos en la sociedad, pero ¿hará que estén más integrados? ¿No les hará sentir ciudadanos de segunda? En la actualidad es mucho más difícil conseguir un trabajo para un solicitante de empleo con un nombre extranjero que para uno con un nombre nativo sueco. Entonces, ¿ello no aumentará la discriminación en el mercado de trabajo? 

A fin de cuentas, se trata de una cuestión de asignación de recursos: ¿gastamos dinero en «nosotros» o lo gastamos en «ellos»? Los partidos políticos de ambos lados del espectro están planeando reducir el gasto en los inmigrantes en un intento de atraer a los votantes que han perdido ante el SD antes de las próximas elecciones generales en 2018. El SD está trepando lentamente hacia el poder normalizando lo que defiende. Al mismo tiempo que Marine Le Pen quiere disminuir el apoyo financiero para los padres con antecedentes extranjeros, el Gobierno sueco propone reducir el apoyo financiero a las familias con hijos nacidos en el extranjero. En enero del 2017, el partido conservador y los moderados acordaron colaborar con el SD de forma pasiva para derribar al Gobierno de centro-izquierda, algo impensable hace unos pocos años. Al abrir una puerta al SD, los moderados están enviando un mensaje de aceptación y de reconocimiento del SD como partido. ¿Las elecciones generales del 2018 se centrarán en la inmigración o, por el contrario, en cómo abordar los problemas fundamentales de la sociedad sueca?