Helen Clark

© UN Photo/Paulo Filgueiras

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Actualización: 11 septiembre 2018

Nueva Zelanda

Primera Ministra (1999-2008); administradora del PNUD (2009-2017)

  • Helen Elizabeth Clark
  • Mandato: 10 diciembre 1999 - 19 noviembre 2008
  • Nacimiento: Hamilton, región de Waikato, 26 febrero 1950
  • Partido político: Partido Laborista de Nueva Zelanda (NZLP)
  • Profesión: Profesora de Ciencias Políticas
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Biografía

Estudió en el Epsom Girls' Grammar School y en la Universidad de Auckland, donde se doctoró con una tesis de investigación sobre los modos de organización política en el medio rural. En 1976 realizó con una beca estudios de posgrado en el extranjero y desde 1977 impartió docencia en asignaturas de la carrera de Ciencias Políticas en su universidad. Miembro del Partido Laborista de Nueva Zelanda (NZLP) desde 1971, en sus filas sirvió sucesivamente como miembro del Consejo de la Juventud Laborista, miembro del Consejo Regional de Auckland, secretaria del Consejo de Mujeres Laboristas y miembro del Consejo Político. Desde 1978, salvo en el período comprendido entre septiembre de 1988 y abril de 1989, ha pertenecido a la dirección ejecutiva del partido.

En sus años de juventud, Clark, que había nacido en una familia adinerada e ideológicamente conservadora, participó en las campañas de protesta contra la guerra de Vietnam y la presencia militar de Estados Unidos en Nueva Zelanda. Sus labores en el NZLP adquirieron un fuerte contenido internacional, participando como representante del mismo en diferentes congresos de la Internacional Socialista desde 1976 y de la Internacional de Mujeres Socialistas. En 1981 entró por primera vez en el Parlamento en representación del distrito de Mt. Albert. Por entonces pasaba por ser una dirigente laborista del ala izquierda, defensora de las políticas de protección social y crítica con el programa económico de mercado que propugnaba el líder del partido, Wallace Rowling, primer ministro en 1974-1975 y ahora líder de la oposición al Gobierno nacional de Robert Muldoon. No obstante, se la ubicaba en un grupo de intelectuales socialistas cuyos orígenes en las clases urbanas medias y media-altas le situaban en pugna con las tradiciones obreristas del partido.

En 1985, al año de ganar las elecciones el NZLP y de convertirse el sucesor de Rowling, David Lange, en primer ministro, Clark fue nombrada por el Gobierno delegada en la Conferencia de Naciones Unidas sobre la Mujer que se celebró en Nairobi, Kenya. Abanderada de las causas de la paz y el desarme mundiales, por su labor en este terreno recibió el premio anual de la Fundación Danesa de la Paz. Como diputada siguió vinculada a estas cuestiones como presidenta, entre 1984 y 1987, de los comités parlamentarios de Asuntos Exteriores, Defensa y Desarme y Control de Armas. En agosto de 1987 Clark entró en el Gobierno de Lange como ministra por duplicado, de Protección del Medio Ambiente y de Vivienda, y tras la dimisión de aquel y su sustitución por Geoffrey Palmer en agosto de 1989, permaneció en el Ejecutivo en calidad de viceprimera ministra, ministra de Salud (cartera adquirida ya en enero anterior) y ministra de Empleo. En el gabinete presidió el Comité de Equidad Social y formó parte de los comités de Política del Gobierno, de Seguridad Interior y Exterior, de Desarrollo Económico, de Empleo, de Control de Gastos y de Agencias del Estado, entre otros.

Cuando el NZLP perdió las elecciones de octubre de 1990 y el Partido Nacional (NP) regresó al poder, Clark confirmó su condición de número dos del partido como vicelíder de la oposición y portavoz parlamentaria laborista para asuntos de Salud y Empleo. Erigida en una de las protagonistas en la reconstrucción de la unidad del partido, que en el agitado bienio 1989-1990 conoció tres liderazgos, y personalmente evolucionada hacia postulados socialdemócratas más moderados, aprovechó la segunda (aunque por la mínima) derrota electoral del NZLP en las legislativas del 5 de noviembre de 1993 para retar el liderazgo de Mike Moore, consiguiéndole descabalgar el 1 de diciembre.

Como la primera mujer al frente de uno de los dos partidos que se han turnado en el Gobierno neozelandés desde 1940, Clark afianzó al NZLP en el compromiso con las políticas económicas de libre mercado y lo orientó ligeramente al centro del espacio político como fórmulas para regresar al poder. Su primera cita electoral a nivel nacional, el 12 de octubre de 1996, constituyó un inesperado fracaso, al caer el NZLP al 28,2% de los votos y a los 37 escaños -entre ellos, el de ella, que, tras 15 años representando a Mt. Albert, se presentó en la lista de la circunscripción de Owairaka-, un revés sólo parcialmente compensado con el nuevo descenso del NP del primer ministro Jim Bolger.

No obstante, el imparable desgaste del Gobierno nacional, desde 1997 dirigido por Jenny Shipley, por sus fracasos en la lucha contra el desempleo (superior al 6%) y en las previsiones de crecimiento económico, puso en bandeja la victoria a los laboristas de Clark, que en los comicios del 27 de noviembre de 1999 se hicieron con el 38,7% de los sufragios y 49 escaños. A fin de asegurarse una mayoría más sólida en la Cámara de Representantes de 120 miembros, Clark llegó a un acuerdo con la Alianza, un conglomerado de centro progresista que reunía a cinco partidos menores (demócratas, liberales, verdes, laboristas socialdemócratas y representantes de los indígenas maoríes), que aportaron otros 10 escaños.

El 10 de diciembre Clark tomó posesión como primera ministra, además de ministra de Arte, Cultura y Herencia Cultural, y el líder aliancista Jim Anderton la secundó como viceprimer ministro. Clark se convirtió en la segunda jefa de Gobierno consecutiva en la historia del país, pero también protagonizó la primera alternancia en la historia mundial, directamente y por la vía electoral, entre mujeres primeras ministros en una república parlamentaria. Clark anunció un giro centroizquierdista en la gestión de la economía después de 15 años de políticas liberales, indistintamente practicadas por nacionales y laboristas, que habían supuesto avances decisivos en la desregulación y en la competitividad de los productos neozelandeses en los mercados internacionales, pero también una merma en el estado del bienestar y desequilibrios en la distribución de la riqueza nacional.

Su plan de Gobierno se concretaba en una mayor presión fiscal sobre las rentas más altas y en el incremento del gasto en las partidas sociales, pero tratando al mismo tiempo de mantener la inflación controlada (por debajo del 1,5%) y un presupuesto con déficit cero (de hecho, 1999 cerró ya con un superávit del 0,8% en las finanzas públicas). Estos dos compromisos con la racionalidad monetaria y financiera hicieron opinar a los analistas que el Gobierno de Clark no iba a alterar las líneas maestras de su predecesor, si bien el compromiso social quedó patente con la pronta puesta en marcha de una legislación laboral protectora de los asalariados y la suspensión de la privatización del sistema de pensiones.

En el trienio siguiente, la gestión interior de Clark se caracterizó por un prudente manejo de los ingresos del Estado, tratando de alcanzar un equilibrio entre los compromisos de gasto en áreas sociales como la educación, la sanidad y la cobertura de la comunidad maorí por un lado, y la vigilancia de los déficits y la inflación por el otro. En política exterior, el país adoptó una postura activa, incluso ofensiva, para la salvaguardia de la seguridad regional y de la suya propia, prolongando su participación en el mantenimiento de la paz en Timor Oriental bajo pabellón de la ONU en vísperas de la independencia e involucrándose, no sin acusaciones de injerencia, en la reconducción de las crisis políticas de Fiji, Islas Salomón y la isla separatista de Bougainville, en Papúa-Nueva Guinea.

Rememorando un poco la diplomacia de los años de Lange, el ministro de Exteriores y compañero de partido de Clark, Phil Goff, interpeló a los gobiernos británico y francés por el tránsito naval de materiales nucleares y al japonés por la violación encubierta de la moratoria internacional de la pesca de ballenas. Ahora bien, las relaciones con Estados Unidos, con quien Nueva Zelanda está ligado (al tiempo que con Australia, formando un pacto triangular) por el Tratado de Seguridad del Pacífico de 1951, el ANZUS, que compromete a la superpotencia americana en la defensa, nuclear inclusive, del país de las antípodas, no fueron cuestionadas. Antes bien, los lazos transoceánicos con Washington se reforzaron a raíz de los ataques del 11 de septiembre de 2001 contra Estados Unidos, ya que Clark se apuntó a la alianza global contra el terrorismo anunciada por el presidente George W. Bushy luego envió a Afganistán 30 comandos de élite para las operaciones de rastro de elementos del depuesto régimen talibán y de la organización Al Qaeda.

Con el índice de desempleo más bajo en trece años -el 5,3%- y los avances en el enjuague de la deuda pública gracias a los sobrantes presupuestarios, Clark, una política no especialmente carismática, llegó con excelentes perspectivas a las elecciones generales del 27 de julio de 2002. Así, el NZLP ganó de nuevo con el 41,3% de los votos y 52 escaños, un sensible ascenso con respecto a 1999 pero todavía insuficiente para poder gobernar sin apoyos. El NP de Bill English (que reemplazó a Shipley el año anterior) sufrió el peor descalabro de su historia y perdió la tercera parte de sus votos y diputados. El 8 de agosto Clark firmó un pacto de Gobierno con la Coalición Progresista, heredera de la Alianza y propietaria de dos escaños, que recibió un sólo puesto en el gabinete. Aparte, la jefa laborista suscribió un pacto de apoyo parlamentario con el partido centroderechista Futuro Unido, que aportaba otros nueve diputados, asegurándose así el respaldo legislativo por mayoría absoluta. El nuevo Gobierno prestó juramento el 15 de agosto.

A cambio de su apoyo, las dos formaciones minoritarias obtuvieron de Clark concesiones como el establecimiento de una comisión gubernamental para asegurar los ingresos y el bienestar de las familias y un programa educativo contra la drogadicción. El Partido Verde rechazó renovar su apoyo a los laboristas en esta legislatura por su intención de levantar la moratoria del comercio de alimentos transgénicos, considerando insuficiente la promesa de la primera ministra de ratificar el Protocolo de Kyoto sobre el cambio climático.

(Cobertura informativa hasta 1/9/2002)