Cabezas de lista en las elecciones de junio de 2015 en Turquía: perfiles y programas

El 7 de junio de 2015 tienen lugar elecciones a la Gran Asamblea Nacional de Turquía. Presentamos un repertorio de los cuatro cabezas de cartel más destacados en estos comicios, retratados con sus semblanzas personales y los principales rasgos de sus plataformas políticas. Aparte, puede consultarse el servicio de información del CIDOB Biografías de Líderes Políticos.

(Editado por Roberto Ortiz de Zárate. Cobertura informativa hasta 7/6/2015)



AHMET DAVUTOGLU (AKP) | KEMAL KILIÇDAROGLU (CHP) |
DEVLET BAHÇELI (MHP) | SELAHATTIN DEMIRTAS (HDP)




© Consejo de la Unión Europea (2015)
AHMET DAVUTOGLU
Primer ministro y presidente del Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP)

● Konya, Anatolia Central, 1959. mediummedium

Adalet ve Kalkınma Partisi
Perfil de Ahmet Davutoglu
Antes de convertirse en 2014 en el primer ministro de Turquía, el politólogo Ahmet Davutoglu fue durante doce años el principal experto de Recep Tayyip Erdogan para el área de internacional y, desde 2009, su ministro de Exteriores. En el lustro que dirigió oficialmente la diplomacia turca y en la práctica desde antes, como embajador especial del primer ministro, Davutoglu, autor de una influyente bibliografía centrada en la exploración del potencial estratégico de Turquía desde una perspectiva histórica y musulmana, ejecutó una doctrina de política exterior de la que era padre intelectual y que fue calificada de neo-otomana (yeni osmanli), cambio de paradigma que según él no conllevaba un cuestionamiento de la identidad occidental y europea de este país encrucijada, plataforma única de acceso a Oriente Próximo, el Cáucaso Sur y Asia Central. El desencanto con la UE por todas las condiciones y reticencias que envolvían la aspiración turca al ingreso y el vacío de liderazgo regional entre los árabes sunníes alentaron las ambiciones de Ankara de asumir un protagonismo "central" en su flanco geopolítico de levante, donde Turquía debía dejar de ser "periferia", como correspondía a un país "equidistante" con las cunas euro-asiáticas de la civilización, desde el Egeo hasta Persia, y foco de civilización él mismo.

La explotación de las bazas geográficas y culturales asignadas por Davutoglu a Turquía para hacer su viraje exterior con ínfulas de potencia mediadora en los conflictos de Oriente Medio incluyó mudanzas controvertidas, inquietantes para Estados Unidos, como el acercamiento al Irán shií, la superación de desavenencias tradicionales con Siria, el diálogo con el Hamás palestino y la revisión airada de los tratos especiales con Israel, al que se emplazó a reconocer la estatalidad palestina y con el que se llegó a una cuasi ruptura, bien que temporal, en 2010 cuando la crisis del ataque a la flotilla humanitaria de Gaza; tres años después, los israelíes accedieron a disculparse por aquella sangrienta acción militar. Al mismo tiempo, el ministro sostuvo algunas polémicas con Grecia dentro de una interlocución regular, ahondó la cooperación con Rusia, siguió pendiente de las conversaciones interchipriotas y selló la normalización de relaciones diplomáticas con Armenia, aunque excluyendo el reconocimiento del genocidio de 1915. La consigna expresa era desarrollar la cooperación con todos los países de alrededor. Luego, en 2011, el estallido de la Primavera Árabe obligó a Davutoglu y a Erdogan, no sin vacilaciones, a reinventar su neo-otomanismo, que se tiñó fuertemente de panislamismo y dejó en el vado la estrategia de cero problemas con los vecinos. De esta manera, el egipcio Mubarak y el libio Gaddafi fueron desahuciados por reprimir a sus ciudadanos, el sirio Assad se convirtió en un enemigo a tumbar dándole soporte armado a su rebelión interna y la Turquía del AKP, síntesis presuntamente feliz de democracia civil e identidad islámica, fue publicitada como modelo de emulación para los Hermanos Musulmanes de Egipto y los islamistas moderados de todo el norte de África. La irrupción del Estado Islámico en las guerras de Siria e Irak en 2014 puso al desnudo las contradicciones del miembro más oriental de la OTAN, que se encontró con una avalancha de refugiados huyendo del terror desatado por los mismos jihadistas a los que Ankara había permitido infiltrarse en la guerra civil de Siria por sus porosas fronteras y que ahora, además, tomaban como rehenes a ciudadanos turcos en Mosul y colocaban en su punto de mira asesino a las minorías turcómanas del autoproclamado Califato.

En agosto de aquel año Davutoglu heredó de Erdogan, elegido por sufragio directo presidente de la República, las jefaturas del Gobierno y el partido. En los meses siguientes, el leal primer ministro, como si fuera una correa de transmisión en la maquinaria movilizada por el jefe del Estado, se supeditó abiertamente a Erdogan en la plasmación de la agenda política de Turquía, que sobre el papel le correspondía a él, al jefe del Gobierno, conforme al modelo de República parlamentaria, y no al presidente, cuyos roles oficiales se ceñían a la representación y el protocolo. El tándem asimétrico formado por Davutoglu y Erdogan siguió adelante con las purgas y sanciones para desmantelar el llamado "Estado paralelo", las denunciadas tramas subterráneas de policías, funcionarios, magistrados y periodistas hostiles al Gobierno que venían investigando y destapando a la opinión pública las presuntas corruptelas del oficialismo, dando lugar por ejemplo al gran escándalo ministerial de diciembre de 2013; según ellos, el "Estado paralelo", último avatar del "Estado profundo" (derin devlet), era un complot urdido por la comunidad Hizmet del predicador exiliado Fethullah Gülen y tan peligroso para la democracia como Mazo y Ergenekon, las conspiraciones golpistas desbaratadas años atrás en medios ultras del aparato secular del Estado y el Ejército, el viejo guardián de los principios kemalistas finalmente doblegado. Además, el dúo dirigente no escatimó esfuerzos para imponer la censura informativa bloqueando por las bravas servicios básicos de Internet, lo que avinagró las siempre complicadas relaciones con la UE, a la que Davutoglu ya había advertido que Turquía, cansada de esperar su adhesión, no iba a "mendigar" nada. Finalmente, ha destacado la renuencia a implicarse en la ofensiva multinacional liderada por Estados Unidos contra el Estado Islámico, pese a que sus estragos bélicos desbordan la frontera sirio-turca y soliviantan a los kurdos turcos, que acusan al Gobierno de pasividad ante el avance de los jihadistas, ferozmente antikurdos, como pudo verse durante el drama humanitario de Kobane. Turquía condiciona su participación en la lucha contra el Estado Islámico a que al mismo tiempo se ataque al régimen de Damasco.

En resumidas cuentas, Davutoglu, aunque dócil a Erdogan, no ha sido un primer ministro mudo, pues muchas de las justificaciones e invectivas vertidas por el Ejecutivo, incluidas las que rodearon el sofoco policial de las protestas multitudinarias del parque Gezi y la plaza Taksim en 2013 contra el deriva autoritaria del Ejecutivo, han salido de su boca. Este discurso duro ha difuminado un poco las distancias formales entre los dos hombres, que saltan a la vista: si Davutoglu, que viene del mundo académico, emplea habitualmente un estilo comedido o monocorde, Erdogan, seguro de su carisma, es temperamental, no encaja bien las críticas y hasta pierde los estribos en público con erupciones de mal genio. En los meses previos a las elecciones de 2015 han abundado las informaciones sobre la falta de sintonía con Erdogan de algunos miembros del Gobierno (de manera patente, el viceprimer ministro Bülent Arınç), pero no hay evidencias claras de conflictos entre el presidente y el primer ministro. En enero de 2015 el presidente, valiéndose de una prerrogativa "latente" usada en muy raras ocasiones, dirigió por primera vez un Consejo de Ministros, desplazando a Davutoglu del sillón cabecero.

(Para una información más completa, véase la biografía de Ahmet Davutoglu en el servicio Biografías Líderes Políticos del CIDOB)
Programa del AKP
Davutoglu, en tanto que su líder y cabeza de cartel, fue el encargado de presentar, el 15 de abril, el manifiesto del Partido de la Justicia y el Desarrollo para las elecciones generales del 7 de junio de 2015, que salvo descomunal sorpresa proporcionarán a los islamistas su cuarta mayoría absoluta consecutiva, al menos la suficiente -de 276 escaños- para gobernar en solitario. Para Davutoglu será su segunda apuesta como legislador, luego del mandato ganado en 2011 en representación de Konya. El programa electoral de la formación islamista habla de prolongar la estela del crecimiento económico sostenido (en 2014 la tasa fue del 2,9% y para 2015 la Comisión Europea pronostica un 3,2%, ritmo que supera al de cualquier Estado de la UE) y la estabilidad financiera (ahora mismo perturbada por la debilidad de la lira y cierto repunte inflacionista, que el Gobierno considera meramente estacional), cual es uno de los grandes escaparates del Gobierno del AKP, un partido liberal conservador adherido sin complejos al capitalismo de mercado. También, de mejorar las pensiones y los subsidios sociales, y de invertir en grandes proyectos de infraestructura como el Canal de Estambul y el Túnel de Eurasia.

Pero el plato fuerte del programa del AKP es la elaboración de una nueva Constitución para reemplazar la legada por la junta militar del general Evren en 1982 (enmendada 17 veces desde entonces, las últimas, vía referéndum, en 2007 y 2010) y que consagrará de iure lo que Erdogan, en parte, ya viene haciendo de facto, a saber: pasar del sistema de Gobierno parlamentario a otro de presidencialismo acentuado, en el que el jefe del Estado, quizá al estilo de Putin en Rusia, disponga de un vasto elenco de poderes ejecutivos. Esta reforma de calado, que sin duda se redactará a la medida de las aspiraciones de Erdogan y que sigue a la "revolución silenciosa" iniciada en 2002 con la llegada del AKP al poder, es recogida de manera específica por el documento de cien puntos La nueva Turquía-Contrato 2023, fecha que alude al próximo centenario de la República Turca. Aquí, con profusión de retórica triunfalista llena de referencias a la civilización y la historia turco-otomanas, el AKP declara que "clarificar el equilibrio constitucional entre la autoridad y las responsabilidades de la rama ejecutiva supone una absoluta necesidad a fin de establecer un Gobierno eficiente". Se trata de adoptar "un sistema presidencial que pueda abordar cuestiones relativas al equilibrio de poderes y deshacer confusiones en torno a la rendición de cuentas y los controles y contrapesos". "Imaginamos un sistema presidencial que sea un modelo de Gobierno donde las ramas legislativa y ejecutiva permanezcan independientemente activas", continúa diciendo el partido de Davutoglu al presentar este cambio como la culminación del proceso de perfeccionamiento del marco de "democracia liberal incluyente" e imperio de la ley realizado bajo su égida. El Contrato no deja en el tintero las políticas exterior, donde las acciones emprendidas "reflejarán una estrategia holística que transformará Turquía en un poder global" y "promoverán la paz y la armonía en el mundo islámico", y de seguridad, "para asegurar que Turquía, rodeada por un anillo de fuego debido a las crisis abiertas en la región, siga siendo una isla de estabilidad". Todo ello, se recuerda, sin menoscabo de la "perspectiva estratégica" del ingreso en la UE como Estado miembro de pleno derecho.

Ahora bien, y esto resulta muy llamativo, el Contrato no dice una palabra sobre las negociaciones de paz con el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) de Abdullah Öcalan, comenzadas en febrero de 2013, y, en un sentido general, sobre la reconciliación con la sociedad militante kurda que reclama derechos y autonomía regional. La ausencia de referencias al conocido como proceso de solución (çözüm süreci) ha sido duramente criticada por el partido kurdo DBP y por su íntimo aliado de la izquierda antinacionalista turca, el HDP, lo que complica las perspectivas de una negociación con el AKP para apoyar el presidencialismo a cambio de cláusulas prokurdas en los trabajos constituyentes. Los medios turcos apuntan que Erdogan, quien durante la campaña electoral ha llegado ha decir que "en Turquía nunca ha habido un problema kurdo" (días después, el presidente matizó sus palabras con el reconocimiento de que "los ciudadanos kurdos tienen problemas"), estaría interesado en mostrarse escéptico con la vía de diálogo abierta con el PKK, que la reanudación de los bombardeos aéreos a posiciones de la guerrilla y los sucesos de Kobane han puesto al borde del precipicio, para ganarse la confianza de los votantes nacionalistas de derecha, aunque eso suponga cuestionar a su propio Gobierno. Para Davutoglu, todo es mucho más simple: si el Contrato no menciona el proceso de solución es porque "una o dos páginas" del texto se quedaron descolgadas de la publicación debido a un "error de imprenta".

En la nueva Gran Asamblea Nacional, cuya principal tarea, recuerda el Contrato 2023, será "redactar la primera Constitución civil en un espíritu de armonía y compromiso democrático", Davutoglu espera cosechar para su partido una mayoría absoluta respaldada al menos por el 55% de los votos. El objetivo básico del oficialismo es alcanzar los 330 escaños (mayoría de tres quintos), lo que le permitiría acometer el proceso constituyente en solitario, pero su ideal es llegar a los 367 escaños (mayoría de dos tercios), con los que la nueva Carta Magna sería promulgada inmediatamente, sin necesidad de referéndum. Aunque el AKP conserva una fortaleza extraordinaria en las urnas, cita para millones de fieles votantes en los que no hacen mella la riada de protestas y críticas por el retroceso de las libertades civiles y la creciente intolerancia del poder, sus expectativas electorales, vienen a coincidir los observadores, parecen demasiado ambiciosas. Mucho de ello dependerá de si los prokurdos del HDP superan la barrera del 10% y entran en la Asamblea (en realidad ya están en ella, donde disponen de un grupo parlamentario no oficial formado por los miembros del DBP) como la cuarta fuerza. Esta irrupción encarecería el precio en sufragios de una gran mayoría absoluta para el AKP, que en 2002 sacó 363 escaños con el 34% de los votos porque solo dos partidos entraron en el Parlamento y en 2011, pese a sumar el 50% de los sufragios, vio esfumarse por tres escaños la mayoría de tres quintos. Esta por ver también cómo afectará al rendimiento electoral la intervención personal en la campaña de Erdogan, que hace proselitismo en favor del partido del que ya no es miembro a pesar de las obligaciones constitucionales sobre la neutralidad e imparcialidad del cargo que ostenta.





© CHP en Flickr
KEMAL KILIÇDAROGLU
Presidente del Partido Popular Republicano (CHP)

● Tunceli, Anatolia Oriental, 1948. mediummedium

Cumhuriyet Halk Partisi
Perfil de Kemal Kiliçdaroglu
El actual líder de la oposición turca procede una familia de alevíes anatolios y tiene una titulación de economista por la Universidad Gazi de Ankara. Durante tres décadas trabajó de funcionario público en el Ministerio de Finanzas, donde llegó a subdirector general de Ingresos, y en la Organización de la Seguridad Social, de la que fue director general. En 1999 empezó a dar clases en la Universidad Hacettepe, pero siguió ligado, como experto académico, a los trabajos técnicos del aparato económico del Gobierno. Fue a invitación de Deniz Baykal, entonces líder de la formación, que Kiliçdaroglu ingresó en el CHP. Dentro de sus listas debutó como diputado de la Asamblea Nacional por Estambul en las elecciones de 2002, comicios que marcaron el renacer de la veterana agrupación, antiguo partido único del republicanismo kemalista, tras la catástrofe de 1999, cuando, con menos del 10% de los sufragios, perdió todos sus escaños y fue arrojada del Parlamento. Siete años después, Kiliçdaroglu contendió por la alcaldía de la urbe del Bósforo y, aunque obtuvo un meritorio 37% de los votos, no pudo quebrar el dominio local de los islamistas del AKP. En 2010, un escándalo sobre su vida privada obligó a Baykal, artífice de un fallido corrimiento al centro, a dimitir como presidente del CHP y Kiliçdaroglu, exponente de una "renovación" de izquierdas, le tomó el relevo con el apoyo unánime de los delegados del congreso convocado para renovar el liderazgo.

Desde entonces, Kiliçdaroglu, tocayo del fundador de la Turquía moderna y visto como un político de maneras suaves e íntegro, ha sido un vocero constante del rechazo de los sectores sociales seculares y liberales a las políticas "islamizadoras" y "regresivas" del AKP de Recep Tayyip Erdogan y Ahmet Davutoglu, a partir de agosto de 2014 presidente de la República y primer ministro, respectivamente. Para Kiliçdaroglu, el Gobierno del AKP es "la mayor amenaza a que hacen frente la democracia, el imperio de la ley y las libertades fundamentales" en Turquía. Ahora bien, sus críticas al oficialismo vienen incluyendo matices como los que en 2013 rodearon el levantamiento de la prohibición del hiyab en las instituciones públicas, cuyo uso en todos los tramos educativos, incluidos los universitarios, el CHP, poniendo fin a una postura clásica, aceptó a modo de guiño a los sectores religiosos. Este cortejo de un segmento del electorado que nunca ha sido del CHP se advierte también en los lazos, casi clandestinos pero innegables, con el pujante movimiento sociorreligioso del educador y predicador exiliado Fethullah Gülen. Por otro lado, en octubre de 2014 Erdogan rechazó con acritud la demanda de Kiliçdaroglu de que el Ejército penetrara en Siria para ayudar a los kurdos sirios a liberar la ciudad de Kobane del asedio del Estado Islámico.

En 2015, el cabeza de lista socialdemócrata, que en esta ocasión se presenta como candidato por Izmir en lugar de Estambul y que tampoco ha estado libre de cuestionamientos internos, confía en poder mejorar sensiblemente los resultados electorales de 2011, que reforzaron al CHP a la zaga del AKP con el 26% de los votos y 135 escaños, lo que igualaría los registros de sus predecesores İsmet İnönü y Bülent Ecevit en las décadas anteriores al golpe de Estado de 1980. En concreto, Kiliçdaroglu se ilusiona con superar el 35% de los votos y en traer de vuelta al CHP al Gobierno, del que ha estado ausente desde 1996, tal vez en coalición con el prokurdo y antinacionalista Partido Democrático Popular (HDP) y otros pequeños partidos de la izquierda, aunque no hay precedentes de esta colaboración y sí en cambio mucha rivalidad. En este cálculo, los derechistas radicales del Partido del Movimiento Nacionalista (MHP) son sopesados igualmente como socios ineludibles del CHP, pese al foso ideológico que separa a los dos grupos, aunque ello no les impidió en 2014 presentar la candidatura conjunta del académico Ekmeleddin Ihsanoglu para batirse con Erdogan en las elecciones presidenciales. De todas maneras, los sondeos, al tiempo que subrayan la hegemonía del AKP, no vaticinan ningún avance significativo de los popular-republicanos. El CHP, que tiene sus caladeros de votos en las clases medias urbanas, los trabajadores cualificados, los funcionarios y los universitarios, tiene pocos baluartes electorales. Estos se circunscriben a la Tracia Oriental (la parte de Turquía en el continente europeo), en la región de Mármara, salvo Estambul, y a las provincias costeras del Egeo. Amén de la provincia anatolia de Tunceli, la patria chica del político.
Programa del CHP
En su manifiesto para las elecciones generales de junio de 2015, concebido para hacer de Turquía un país "habitable", el CHP aspira a seducir a los electores enfadados o inquietos, sean progresistas o conservadores, por la omnipresencia ejecutiva y las crecientes muestras de autoritarismo e intolerancia del presidente Erdogan, quien, aunque personalmente no se juega nada en unas legislativas, ansía para el AKP la mayoría cualificada que le permitiría hacer reformas constitucionales a su medida.

Más allá de la retórica habitual sobre que encarna genuinamente y mejor que nadie los principios y los valores de la República, el CHP orienta sus propuestas a marcar el contraste con las actuaciones del AKP, es decir, que ellos harían justamente lo contrario que Erdogan y Davutoglu, a quien Kiliçdaroglu ha tachado de "marioneta" del primero. Así, el CHP se presenta como el garante de que la Presidencia de la República vuelva a ser una con atribuciones representativas y arbitrales desprovista de la carga política partidista que supone ver sentarse a su titular en la cabeza de los consejos de ministros, que los servicios de inteligencia no cometan espionaje ilegal, que la judicatura haga su trabajo sin interferencias del Ejecutivo, que los medios de comunicación puedan informar y opinar con entera libertad, y que Internet no sea censurado. El manifiesto del CHP sale al paso de los éxitos económicos del Gobierno del AKP con medidas que para sus detractores denotan el viejo populismo estatista, si bien está claro que el CHP abraza un socialismo pragmático que no reniega del liberalismo económico ni esgrime el discurso anticapitalista (al contrario que el HDP, llamado "el Syriza turco"). Estas son: aumentos de pensiones y complementos de las mismas abonados por el Gobierno; extensión de la cobertura sanitaria; ayudas a las madres con hijos en edad de guardería; subida del salario mínimo; y mejora de la protección de los trabajadores en el mercado laboral, plagado de precariedad y siniestrabilidad. El CHP habla de "erradicar" la pobreza en la que aún se hallan 17 millones de turcos y en el plazo récord de cuatro años, es decir, una legislatura. En este punto, Kiliçdaroglu se ha mostrado de lo más explícito, al formular una promesa que es, asegura, "palabra de honor". Como metas concretas de macroeconomía, la formación opositora se plantea reducir la inflación al 4% anual (desde el 7,5%) y el paro al 5% (desde el 11%). También, quiere eximir del pago de impuestos a las rentas de trabajo más bajas y una reforma política para que los partidos puedan obtener representación parlamentaria con más del 5% de los votos en vez del 10%.

Un capítulo destacado del programa electoral es el respaldo al proceso de paz, ahora mismo estancado, con el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), que el CHP liga al desembolso por el Estado de fuertes inversiones en el desarrollo social y económico de las rezagadas provincias de mayoría kurda. Incluso acepta la creación de gobiernos locales kurdos con cierto grado de autonomía. De nuevo, se acusa al CHP de tacticismo proselitista en este terreno, pues la superación por los popular-republicanos de su añeja intransigencia en todo lo referente a la unidad nacional y el Estado centralizado parece buscar sobre todo la mejora de sus posibilidades electorales en las circunscripciones kurdas del sudeste. En cuanto a la política exterior, el CHP enfatiza la independencia nacional, pero reorientada a Occidente y Europa, cuyos estándares de derechos y libertades Ankara ha de adoptar sin reservas de ningún tipo.





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DEVLET BAHÇELI
Presidente del Partido del Movimiento Nacionalista (MHP)

● Osmaniye, Akdeniz (Región del Mediterráneo), 1948. medium

Milliyetçi Hareket Partisi
Perfil de Devlet Bahçeli
El doctor en Economía Devlet Bahçeli dejó la docencia en la Universidad Gazi de Ankara en 1987 para servir en la política a las órdenes del Basbug Alparslan Türkes, antiguo coronel de tendencias fascistas convertido en el paladín de la extrema derecha turca, caracterizada por el ultranacionalismo, el anticomunismo, el panturquismo y una hostilidad obsesiva hacia las minorías étnicas, como los kurdos, y religiosas, como los alevíes. El discípulo, revelado como un hombre de arengas, sucedió al maestro al fallecer este en 1997, cuando la colectividad que acaudillaba, hasta 1993 llamada Partido Laborista Nacionalista (MÇP) y por el momento extraparlamentaria, volvía a portar el nombre anterior a la prohibición que siguió al golpe militar de 1980, el de Partido del Movimiento Nacionalista (MHP). Dos años después, el liderazgo de Bahçeli se apuntó un éxito sensacional en las elecciones generales, que convirtieron a su agrupación en la segunda de la Asamblea con 129 escaños y el 18% de los votos, barriendo al ANAP y el DYP, las opciones del conservadurismo liberal y moderado antaño dominantes, y llenando también mucho del hueco dejado por el partido islamista ilegalizado de Necmettin Erbakan. En aquella ocasión, el MHP fue la lista más votada en muchas provincias de Anatolia y de las regiones del Mar Negro y el Mediterráneo.

En mayo de 1999 Bahçeli firmó con el socialdemócrata Bülent Ecevit un histórico pacto de Gobierno que le sentó en el Ejecutivo como viceprimer ministro. Durante tres años, el líder derechista tuvo la oportunidad de dar una pátina responsable a la formación que en la década de los setenta había ensangrentado el país con las atrocidades terroristas de su organización paramilitar, los Lobos Grises. Aunque no claudicó de sus ideas, extremistas en varias cuestiones (sin ir más lejos, en 1999 Bahçeli dio la nota chovinista al oponerse a la ayuda internacional a las víctimas del terremoto de Izmit), el MHP pudo reciclar su siniestro y violento pasado con algunas concesiones -pocas- al reformismo modernizador reclamado por la Unión Europea.

La irrupción arrasadora de los islamistas moderados de Recep Tayyip Erdogan en los comicios de 2002 despojó al MHP de buena parte de su electorado conservador de Anatolia y los nacionalistas tuvieron que esperar hasta 2007 para retornar a la Asamblea como la tercera fuerza parlamentaria con 71 diputados. Superado un amago de dimisión, Bahçeli siguió agitando las banderas del euroescepticismo, el valimiento a ultranza de la República Turca del Norte de Chipre (RTNC), el negacionismo del genocidio armenio, el activismo panturco en las repúblicas ex soviéticas de Asia Central y el rechazo tajante a cualquier iniciativa de diálogo con los partidos kurdos, fueran moderados o subversivos como el PKK, y al simple reconocimiento de sus derechos culturales. También, un programa económico poco consistente que invocaba a la vez la lucha contra la pobreza y las desigualdades sociales, la extensión del Estado-providencia, el conservadurismo fiscal, la ortodoxia financiera y las privatizaciones.

Dentro de su oposición contundente, el MHP tiene un historial de colaboraciones con el gubernamental Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP). En 2008 los nacionalistas votaron a favor de permitir el uso del hiyab por las alumnas universitarias y en 2013 respaldaron también la despenalización del velo en las instituciones del Estado. En 2007, además, con su no boicot, pues presentaron candidato propio al cargo, hicieron posible la elección del islamista Abdullah Gül como presidente de la República. No obstante, en los últimos tiempos, Bahçeli ha endurecido sus diatribas contra el presidente Erdogan y el primer ministro Ahmet Davutoglu, a los que acusa de subvertir los principios constitucionales de la separación de poderes y la imparcialidad de la oficina presidencial. Durante la campaña electoral de 2015, el vehemente diputado por Osmaniye ha prometido que si -cosa harto improbable- el MHP gana las elecciones, Erdogan y al AKP serán investigados por los escándalos de corrupción del oficialismo y por violar la legalidad en el proceso de establecimiento de un sistema de Gobierno de tipo presidencial. Igualmente, ha descartado una coalición con el AKP, en caso de perder este la mayoría absoluta, por tratarse de un partido que "debe ser eliminado de la vida política de Turquía". "Erradicaremos todo lo que el AKP ha hecho para destruir los valores de la República, como sus infracciones de la Constitución", truena Bahçeli, quien por otra parte ha encajado el escándalo de la filtración a Internet, por oscuras manos, de videos de contenido sexual en los que se muestra a una decena de dirigentes de su partido en plena infidelidad conyugal, con el consiguiente reguero de dimisiones de los afectados.
Programa del MHP
Animado por su excelente rendimiento en las elecciones municipales de 2014, que liga al desencanto de muchos votantes nacionalistas del AKP a raíz del proceso de negociaciones entablado con el PKK, el MHP espera mejorar con mucho los 53 escaños sacados en 2011 con el 13% de los votos. Su manifiesto demanda sin ambages la ruptura del llamado proceso de solución (çözüm süreci) con los rebeldes kurdos porque a su entender amenaza la misma integridad de la República. La seguridad interna y la guerra sin cuartel al terrorismo es uno de los cuatro ejes del programa de los nacionalistas, favorables por cierto a reimplantar la pena de muerte, junto con el republicanismo parlamentario, la lucha contra la corrupción y, de manera destacada, por cuanto aquí intentan adueñarse del discurso de los socialdemócratas del CHP relativo al desarrollo humano de la población, la economía y el capítulo social.

Rivalizando con las propuestas, que en algunos casos procura mejorar, de Kemal Kiliçdaroglu, cuya condición de líder de la oposición no tiene trazas de arrebatar, Bahçeli propugna elevar el salario mínimo, conceder pagas extras a los pensionistas, suplementar las rentas mezquinas en las grandes ciudades con bonificaciones del Estado y acabar con las subcontratas abusivas de trabajadores en el sector público. También tiene el MHP buenas noticias para los campesinos, que obtendrían más subsidios y pagarían menos impuestos. La eficiencia recaudadora, el afloramiento de la economía sumergida y el descalabro del contrabando deberían proveer al Estado de muchos ingresos adicionales sin necesidad de alzas fiscales. Se trazan los objetivos de conseguir un crecimiento económico del 6,6% anual (frente al 2,9% con que cerró 2014), situar la inflación por debajo del 5% y crear 700.000 puestos de trabajo anuales más de los contemplados por el Gobierno actual. Bahçeli incluye en su batería una reforma judicial para garantizar la independencia de los magistrados y, si es que se elabora una nueva Constitución, el mantenimiento y refuerzo de las referencias a la nación turca en la Carta Magna. Esta idea enlaza directamente con la visión exterior del MHP, que insiste en alimentar las utopías del expansionismo turco sobre bases étnicas y culturales lingüísticas, de alguna manera contrapuesto al "panislamismo neotomano" adjudicado al AKP.





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SELAHATTIN DEMIRTAS
Co-presidente del Partido Democrático Popular (HDP)

● Elazig, Anatolia Oriental, 1973. medium

Halklarin Demokratik Partisi