Zdeněk Hrib

© facebook.com/zdenek.hrib.primator

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Actualización: 27 febrero 2020

República Checa

Alcalde de Praga (2018-)

  • Mandato: 15 noviembre 2018 - En ejercicio
  • Nacimiento: Slavicin, región de Zlín, Moravia, 21 mayo 1981
  • Partido político: Partido Pirata Checo
  • Profesión: Médico y administrador de empesas
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Presentación

El alcalde de Praga, Zdeněk Hřib, es un médico especialista en digitalización y optimización de servicios de salud que desde noviembre de 2018 viene aplicando un programa de municipalismo abierto, urbanismo sostenible y facilitación del acceso a la vivienda. Con su plan de acción Smart City 2030, el Ayuntamiento de la capital de Chequia persigue unos objetivos de movilidad no contaminante, eficiencia energética, neutralización de residuos, edificios inteligentes y captación de turistas. Su filosofía se resume en que la implementación de las nuevas tecnologías y la gestión de las áreas sensibles "por expertos", en lugar de por políticos proclives al "partidismo", son las llaves para resolver de manera eficaz los problemas de las ciudades y mejorar la calidad de vida de sus habitantes.

Hřib está afiliado al Partido Pirata, fuerza de tendencia social liberal similar a otras formaciones que, con origen en la cultura libertaria de Internet, usan esta etiqueta en diferentes países. Los piratas checos, junto con los islandeses los que más representación han ganado en las instituciones democráticas, presentan un marcado tono anticorrupción y europeísta, y se sitúan en la oposición al Gobierno del primer ministro y magnate Andrej Babiš, quien a lo largo de 2019 hizo frente a unas fuertes manifestaciones cívicas de protesta y exigencias de dimisión por su implicación en un presunto fraude de fondos europeos y otros escándalos. Los piráti son la tercera fuerza parlamentaria desde las elecciones generales de 2017 y los sondeos les sitúan segundos de cara a las votaciones que tocan en 2021.

En diciembre de 2019 el regidor praguense adoptó con sus homólogos de Budapest, Gergely Karácsony (verde), Varsovia, Rafał Trzaskowski (liberal), y Bratislava, Matúš Vallo (independiente) un Pacto de Ciudades Libres dirigido a "combatir el populismo, promover la transparencia y hacer frente a la crisis climática". La iniciativa de los alcaldes de las cuatro capitales del Grupo de Visegrad supone de entrada un compromiso para intercambiar experiencias y promover proyectos conjuntos en aras de un gobierno municipal "progresista", "pragmático" e "incluyente"; en otras palabras, crear una "plataforma colaborativa" ante los "retos comunes". Pero también contiene todo un alegato contra las políticas y los discursos de los ejecutivos de los países respectivos, la República Checa, Hungría, Polonia y Eslovaquia, los cuales, denuncian Hřib y sus colegas, "explotan el descontento social para beneficio personal y político, sin proporcionar respuestas reales, y propagan el nacionalismo xenófobo" en la región centroeuropea.


(Texto actualizado hasta febrero 2020)

Biografía

El moravo Zdeněk Hřib vivió la Revolución de Terciopelo de 1989 y la separación pactada de Checoslovaquia en 1992 siendo un estudiante de primaria. En 1999 terminó el bachillerato en su región natal, Zlín, y empezó sus estudios de Medicina en la Universidad Karlova de Praga. En el penúltimo año de carrera realizó una práctica becada en un hospital de Taiwán dentro de un programa de intercambio de estudiantes; la experiencia en el país asiático le proporcionó una agenda de contactos que más tarde iban a jugar un papel destacado en su carrera política. En 2006 obtuvo la licenciatura como médico general y en los ocho años siguientes siguió vinculado a su universidad como coordinador de proyectos académicos.

El joven facultativo, más que de la práctica o la atención médica propiamente dichas, se sintió atraído por los aspectos organizativos, gerenciales y tecnológicos de su profesión, en particular los que atañían a la seguridad del personal médico y los pacientes en los centros de salud, el tratamiento de información, los controles de calidad, la aplicación de estándares y protocolos, y la puesta en marcha de los programas sanitarios del Gobierno checo. Desde su graduación Hřib trabajó en varios equipos administrativos e investigadores de los sectores privado y público, bien en nómina, bien como consultor externo.

En 2008 fue el jefe informático del Instituto Estatal de Control de Drogas y en 2012 asumió la dirección del Instituto de Investigación Aplicada, Educación y Gestión de la Salud (InAVERZ), centro puntero de Praga que tenía entre sus clientes al Ministerio de Sanidad y aseguradoras de salud privadas, para los que elaboraba informes técnicos de evaluación e indicadores de calidad y eficiencia de los servicios prestados. El InAVERZ operaba para el Gobierno el Sistema Nacional de Notificación de Efectos Médicos Adversos.

Adscripción política al Partido Pirata y llegada al Ayuntamiento de Praga
En 2013 Hřib se afilió al Partido Pirata (Česká pirátská strana, también conocido simplemente como Piráti), versión checa de esta denominación política surgida en Suecia en 2006 y que, ciertas especificidades nacionales al margen, compartía con las formaciones homónimas de otros países europeos una ideología liberal o libertaria enfocada en la maximización de los derechos civiles y sociales, la libertad de expresión, las nuevas vías de democracia directa, la participación ciudadana y la transparencia de las autoridades.

Hřib, cuyo trabajo diario tocaba diversas vertientes de la digitalización de los servicios de salud, estaba identificado con la cultura informática del movimiento pirata, generadora constante de controversias, sobre el libre acceso y distribución de datos y contenidos multimedia, la no monitorización de Internet, el software de código abierto y la flexibilización de las leyes sobre propiedad intelectual, derechos de autor y patentes. Ahora bien, esas simpatías de tipo cultural no podían conculcar la deontología de la profesión médica, muy estricta en lo tocante a la confidencialidad y el secreto de los historiales clínicos.

El Partido Pirata Checo, cuyo dirigente más destacado era el programador informático Ivan Bartoš, había surgido en 2009 con una plataforma social liberal levemente orientada a la izquierda y conectada con las preocupaciones de los jóvenes checos, sobre todo los que tenían formación universitaria, mantenían un estrecho vínculo académico o laboral con las nuevas tecnologías y no se veían representados por los partidos tradicionales. En la República Checa los movimientos contestatarios de base tenían en su punto de mira la corrupción política y empresarial -muy seria en el país centroeuropeo-, el oscurantismo del Gobierno de turno a la hora de adoptar políticas de impacto, la burocracia estatal, la desprotección de los consumidores y la influencia abusiva en la vida pública de ciertos lobbies y magnates corporativos. Los piráti, además, decían tener unas firmes convicciones europeístas.

Hřib se encargó de redactar las posiciones políticas, los comunicados de prensa y los programas proselitistas del Partido Pirata en todo lo relativo al área sociosanitaria, pero también se animó a participar en sus campañas electorales. Ya en las votaciones municipales del 10 y el 11 octubre de 2014 concurrió en la lista de candidatos a concejal del Ayuntamiento de Praga. Los piratas, con el 5,3% de los votos, metieron a cuatro representantes en la Asamblea Municipal, aunque el especialista médico no figuró entre ellos. Aquellas elecciones locales fueron ganadas por la Acción de Ciudadanos Insatisfechos 2011 (ANO 2011), el partido de corte populista del rico empresario agroquímico y de la comunicación Andrej Babiš , quien desde enero anterior era el viceprimer ministro y ministro de Finanzas del Gobierno de coalición con los socialdemócratas del primer ministro Bohuslav Sobotka.

La investidura de su candidata, Adriana Krnáčová, como alcaldesa de Praga el 26 de noviembre de 2014 preludió la consecución por ANO 2011 del primer puesto en las elecciones generales del 20 y el 21 de octubre de 2017 y la llegada de Babiš a la jefatura del Gobierno checo en diciembre siguiente. Para Hřib y sus colegas piratas, los comicios de 2017 fueron históricos porque su espectacular salto, del 2,6% al 10,8% de los votos, les catapultó a la Cámara baja del Parlamento con 22 diputados y convertidos de golpe en la tercera fuerza del hemiciclo, por detrás de ANO 2011 y el conservador Partido Cívico Democrático (ODS).

Este hito reveló a la agrupación que lideraba Ivan Bartoš como el más exitoso de los muchos partidos piratas que ya funcionaban en el mundo, en su gran mayoría de carácter puramente testimonial. El Partido Pirata de Islandia, en los últimos años el gran referente de la etiqueta internacional, había dado la campanada en las elecciones generales celebradas por el país nórdico en 2016, cuando sacó el 14,5% de los votos y conquistó el tercer puesto también. Pero en los nuevos comicios de 2017, celebrados una semana después de las municipales checas, los piratas islandeses ya solo fueron sextos con el 9,2% de los sufragios, cuota por lo demás todavía respetable.

La posición de Hřib en el Partido Pirata fue ganando puntos, tal que en febrero de 2018 se llevó la nominación del candidato a alcalde de Praga dentro del proceso de primarias abierto por la organización. Empleando el eslogan de Al borde del cambio, en la campaña para las municipales de octubre de 2018 Hřib y los piratas presentaron un programa electoral que incidía en el municipalismo abierto, la participación ciudadana, la optimización de los servicios públicos y el concepto de ciudades sostenibles e inteligentes. Se trataba, rezaba el programa, de que Praga y los demás gobiernos locales estuvieran "controlados por expertos, no por políticos".

El aspirante opositor ofrecía un procedimiento de transparencia radical, por el que el Ayuntamiento de Praga divulgaría puntualmente toda la información y documentación disponibles sobre la gestión y las finanzas de la ciudad, sin faltar las políticas de contratas públicas y de subvenciones, y abriría las puertas de todas las reuniones de la Asamblea, los comités y las comisiones municipales a los vecinos, los cuales adquirirían voz en la elaboración de los presupuestos y el plan de ordenación urbana. Además del trato formal cara a cara, ediles y vecinos podrían entablar comunicación regular a través de un nuevo "sistema electrónico de discusión pública". Por otro lado, el consistorio fomentaría el asociacionismo cívico y los pequeños negocios locales, reduciría la videovigilancia "excesiva" en edificios y calles, y trabajaría con programas informáticos libres y no comerciales "siempre que fuera posible".

La regla del ahorro presidía asimismo el consumo eléctrico, junto con las consideraciones ambientales. Un Ayuntamiento gobernado por el Partido Pirata desplegaría soluciones tecnológicas para abaratar costes y apostaría por las energías renovables "de acuerdo con los intereses de los ciudadanos", en vez de atender "los intereses de las empresas de la minería del carbón". Los piratas defendían los medios de transporte urbano no contaminantes, así que contemplaban construir más líneas de tranvía, ciclovías y senderos naturales, amén de poner en circulación una flota de autobuses eléctricos y plantar un millón de árboles. No podía faltar el capítulo de propuestas en los servicios sociosanitarios y la atención médica, que Hřib quería potenciar para colectivos vulnerables como los ancianos y las familias en riesgo de exclusión social. Una prioridad no menor era dar soluciones a los problemas de accesibilidad a la vivienda, lo que pasaba por desbloquear la construcción de infraestructuras, ceder terrenos edificables a las cooperativas e incrementar la oferta de alquileres.

En las votaciones municipales del 5 y el 6 de octubre de 2018 el Partido Pirata obtuvo el 17,1% de los votos y 13 concejales en la Asamblea de 65 miembros, una ganancia de nueve asientos. Por muy poco no fue el vencedor por mayoría simple, condición que se apuntó el ODS con el 17,9% de los sufragios y 14 concejales. El partido hasta ahora gobernante, ANO 2011, cayó al quinto lugar. Sin embargo, Hřib llegó a un acuerdo municipal con el partido Praga Misma de Jan Čižinský y la lista Fuerzas Conjuntas por Praga de Jiří Pospíšil, tercero y cuarta más votados, respectivamente. Esta coalición, en líneas generales de carácter centrista, daba una mayoría absoluta de 39 concejales e hizo posible la investidura de Hřib como alcalde praguense el 15 de noviembre.

Ruptura del acuerdo municipal con Beijing y hermanamiento con Taipei
Poco después de asumir la alcaldía, Hřib se vio envuelto en una controversia internacional al recibir del embajador de la República Popular China en la República Checa la reclamación de que el Ayuntamiento expulsara al representante de negocios de Taiwán (Republica de China) de unos actos celebrados en la capital con la asistencia de diplomáticos extranjeros. El alcalde rehusó tomar esa medida y criticó la cláusula "política" del acuerdo de hermanamiento entre las ciudades de Praga y Beijing, suscrito por el anterior consistorio en 2016, que hacía alusión al principio de una sola China. La postura de Hřib desató las iras del Gobierno chino, que se negó a remover la citada cláusula, adoptó represalias contra el Ayuntamiento de Praga en los terrenos del intercambio cultural y las inversiones, y habló de "daño en las relaciones bilaterales checo-chinas".

En marzo de 2019 Hřib, quien en junio siguiente iba a ingresar en el Comité Europeo de las Regiones, dejó patente su postura favorable a la República de China repitiendo la invitación por cuenta del Ayuntamiento a un diplomático taiwanés para tomar parte en un encuentro organizado por el Ministerio de Industria -diplomático que de inmediato recibió la nota del Gobierno de Babiš, apremiado de nuevo por la Embajada de China Popular, de que debía abandonar dicha reunión, lo que efectivamente se produjo- y realizando a Taipei un viaje oficial para asistir a la Smart City Summit and Expo, que tenía lugar en la capital taiwanesa, y de paso explorar el establecimiento de un acuerdo de asociación interurbano. En octubre siguiente la Asamblea Municipal de Praga aprobó la abrogación del acuerdo de hermanamiento con Beijing y las autoridades de esta última replicaron la medida. Finalmente, en enero de 2020 Praga y Taipei inauguraron unas relaciones formales de hermanamiento.

Con la ciudad asiática regida por el alcalde Ko Wen-je, Hřib esperaba establecer una enriquecedora cooperación económica, comercial, tecnológica, turística y cultural. Según el edil checo, a Praga y Taipei las unían unos comunes interés en el uso de las nuevas tecnologías para resolver los problemas urbanos y el respeto escrupuloso de los derechos humanos y la democracia. Rasgos en los que Beijing, a su entender, no era modélica. Praga apreciaba el know how de los taiwaneses en todo lo referente al I+D+i aplicado al bienestar los ciudadanos.

Pacto antipopulista con los alcaldes de las otras tres capitales del Grupo de Visegrad
Sin embargo, la iniciativa que metió a Hřib en los titulares de prensa de todo el mundo fue su participación el 16 de diciembre de 2019 en Budapest en una cumbre singular de los alcaldes de las cuatro capitales de los países del Grupo de Visegrad, todos los cuales se situaban en la oposición o discrepaban políticamente de sus respectivos gobiernos nacionales. En el caso de Hřib, su conflicto con el primer ministro Babiš incluía las trabas que el Ejecutivo checo estaba poniendo a la compleción de la carretera de circunvalación exterior de Praga.

En la sede en la capital húngara de la Universidad Centroeuropea, Hřib y sus colegas de Budapest, el verde Gergely Karácsony, Bratislava, el independiente Matúš Vallo, y Varsovia, el liberal Rafał Trzaskowski, suscribieron un Pacto de Ciudades Libres dirigido a "combatir el populismo, promover la transparencia y hacer frente a la crisis climática". El Pacto, explicaba el documento, consistía en una "red progresista de ciudades dinámicas y ciudadanos empoderados que promueve el pragmatismo y la inclusión". Como "plataforma colaborativa" que era, el Pacto estaba abierto a otras ciudades igualmente interesadas en compartir "las mejores prácticas en gestión urbana transparente, inteligente, basada en evidencias y con conciencia social".

La presente iniciativa de cooperación no suponía ninguna rareza, ya que: "Las ciudades de todo el mundo están enfrentando los retos comunes del cambio climático y la degradación ambiental, las crecientes desigualdad e intolerancia y el aumento de los costes de la vivienda. Lo hacen cada vez más colaborando entre sí, agrupando recursos e intercambiando ideas sobre lo que funciona. Se elevan por encima del partidismo, enfocándose en formas de brindar soluciones a sus residentes".

Los ayuntamientos de las cuatro capitales deseaban ciertamente trabajar juntos para abordar desafíos en áreas como "la planificación urbana sostenible, la crisis climática, la vivienda y el transporte público". Pero, yendo más allá de la gestión municipal, los alcaldes se proponían contrarrestar los argumentarios de "populistas que, lamentablemente, han dominado en los últimos años el panorama político en muchos países de Europa central y más allá". Esas fuerzas, continuaban diciendo los firmantes: "Explotan el descontento social para beneficio personal y político, sin proporcionar respuestas reales. Afirman representar a la nación, pero ignoran las preocupaciones de un número sustancial de nuestros ciudadanos, en particular los que viven en ciudades multiculturales. Han agitado los agravios históricos de nuestra región y están propagando el tipo de nacionalismo xenófobo que sumió a Europa dos veces en la guerra el pasado siglo".

El manifiesto, a modo de alegato contra las políticas y discursos de los Gobiernos y los partidos de los primeros ministros checo, Babiš, húngaro, Viktor Orbán, eslovaco, Peter Pellegrini, y polaco, Mateusz Morawiecki, se completaba con el siguiente compromiso: "Nosotros rechazamos la falsa promesa de proteger a nuestra gente mediante el aislamiento del resto del mundo. No nos aferramos a una comprensión obsoleta de los conceptos de soberanía e identidad, sino que creemos en una sociedad abierta basada en nuestros queridos valores comunes de libertad, dignidad humana, democracia, sostenibilidad, igualdad, estado de derecho, justicia social, tolerancia y diversidad cultural".

El alcalde praguense está casado con Anna Hřibová y es padre de tres niños.

(Cobertura informativa hasta 25/2/2020)

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