Jeroen Dijsselbloem

© Consejo de la Unión Europea (2015)

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Actualización: 13 enero 2018

Países Bajos

Ministro de Finanzas (2012-2017); presidente del Eurogrupo (2013-2018)

  • Jeroen René Victor Anton Dijsselbloem
  • Mandato: 5 noviembre 2012 - 26 octubre 2017
  • Nacimiento: Eindhoven, provincia de Noord-Brabant (Brabante del Norte), 29 marzo 1966
  • Partido político: Partido Laborista (PvdA)
  • Profesión: Economista
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Presentación

El holandés Jeroen Dijsselbloem fue elegido por sus colegas ministros presidente del Eurogrupo en enero de 2013, cuando no llevaba ni tres meses como titular de Finanzas de los Países Bajos, en el Gabinete de coalición encabezado por el liberal Mark Rutte. Este escaso bagaje gubernamental, único jalón realmente destacado en su carrera de economista y político laborista de línea muy pragmática, nula experiencia en cuestiones comunitarias y apenas conocido fuera de su país, contó para Dijsselbloem mucho menos que su pertenencia a un Gobierno de la Eurozona que sintonizaba plenamente con las consignas alemanas conservadoras de austeridad fiscal y disciplina presupuestaria como recetas prioritarias para superar la gran crisis de las deudas del euro, sanear cuentas y recobrar la senda del crecimiento. Bien diferente en estilo a su curtido predecesor, el luxemburgués Jean-Claude Juncker, y considerado muy próximo a su poderoso homólogo alemán, Wolfgang Schäuble, el sobrio, cerebral y monocorde Dijsselbloem debutó en el liderazgo de las reuniones informales de los ministros de Finanzas de la Eurozona aportando a este formato no institucional, aseguró, un toque "calvinista", no obstante haberse criado en un hogar católico.

Del polémico rescate bail-in (modalidad que endosaba a los depositantes privados las pérdidas de las entidades necesitadas de inyecciones europeas) de la banca de Chipre en 2013 y los rifirrafes con Juncker en 2014, Dijsselbloem, creyente a pies juntillas en las bondades del equilibrio presupuestario consagrado por el Pacto Fiscal Europeo aunque ello exija reducir el Estado del bienestar, asumió en 2015 un papel protagonista en las difíciles negociaciones con la endeudadísima Grecia, que debía a sus socios de la Eurozona casi 200.000 millones de euros y que todavía requería de una masiva asistencia financiera para no quebrar, ayuda que sus acreedores condicionaban a un paquete de reformas rigurosas. Tras la firma en febrero de la prórroga final del segundo rescate de Grecia, Dijsselbloem conminó al primer ministro Alexis Tsipras a que ejecutara las medidas acordadas si quería ver los fondos, y en junio, visiblemente molesto, deploró su "triste" decisión de convocar el referéndum del 5 de julio y "cerrar la puerta a las conversaciones". En respuesta, el Eurogrupo rechazó extender el actual programa más allá del 30 de junio, dio largas también a un tercer rescate e insinuó que ya no descartaba un escenario de Grexit.

Tras la rotunda victoria en las urnas del no reclamado por Tsipras, la situación límite en la liquidez de los bancos, que el corralito no conseguía mitigar, y los emplazamientos del Eurogrupo y la ex Troika con tono de ultimátum desembocaron en la Cumbre del Euro de Bruselas, que impuso a Grecia unas condiciones extraordinariamente severas, mucho más que antes del referéndum, para admitir su petición de un tercer rescate que podría ascender a los 86.000 millones de euros. Nada más concluir el trascendental encuentro de líderes europeos, el 13 de julio, Dijsselbloem le ganó el envite interno a su colega español, Luis de Guindos, y fue reelegido presidente del Eurogrupo por otros dos años y medio. En el primer mandato del ministro holandés, la Eurozona, amenazada de jirones por el flanco sur, ha crecido de los 17 a los 19 miembros por la incorporación de las bálticas Letonia (2014) y Lituania (2015).


(Texto actualizado hasta julio 2015)

Biografía

1. Economista y cuadro técnico de los laboristas holandeses
2. Ministro de Finanzas con el liberal Rutte desde 2012 y presidente del Eurogrupo desde 2013
3. Dijsselbloem y la gran crisis griega del verano de 2015


1. Economista y cuadro técnico de los laboristas holandeses

Natural de la industriosa Eindhoven e hijo de una pareja de profesores de escuela, cursó la enseñanza escolar en colegios católicos locales antes de emprender estudios de Economía Agrícola en la Universidad pública de Wageningen, reputada cantera de especialistas en todas las facetas de las ciencias de la vida y el medio ambiente. En 1991 se sacó la licenciatura y a continuación prosiguió estudios de posgrado en Irlanda, en el University College Cork (UCC). Hasta abril de 2013, cuando el diario irlandés The Independent reveló que este dato no era cierto, Dijsselbloem decía en su currículum oficial que había completado un Master in Business Economics en el UCC. En realidad, dicho título ni siquiera constaba en la oferta académica de la universidad irlandesa. De acuerdo con The Independent, el estudiante holandés solo tomó clases en Cork durante un par de meses, sobre aspectos empresariales y comerciales de la producción de alimentos.

Su militancia desde 1985 en el Partido Laborista (PvdA) le abrió al joven Dijsselbloem las puertas de una carrera profesional relacionada con su especialidad económica y que se desarrolló exclusivamente en las funciones política partidista y pública estatal. En 1992 arrancó sus actividades laborales en el Parlamento Europeo, como asistente técnico del grupo de eurodiputados de su partido. Este breve destino en Estrasburgo, una labor cualificada aunque comparable a una pasantía, iba a ser el único bagaje de Dijsselbloem en las instituciones de la UE hasta su elección dos décadas después como presidente del Eurogrupo.

En 1993 el economista trasladó su peritaje a la bancada del PvdA en la Tweede Kamer, la Cámara baja del Parlamento neerlandés en La Haya. En los tres años siguientes, Dijsselbloem trabajó en el área de planificación espacial, disciplina de la máxima importancia en uno de los países más expertos en aprovechar al máximo su limitada superficie, a través de los pólderes, los cultivos intensivos orientados a la exportación y la producción agroindustrial de alto rendimiento. Hasta 1997, además, Dijsselbloem tuvo un mandato de concejal en el Ayuntamiento de Wageningen, población de la provincia de Güeldres donde fijó su residencia y en la que iba a formar un hogar de dos niños con su pareja formal al margen del matrimonio.

Los servicios al Gobierno de Dijsselbloem comenzaron en 1996, cuando fue reclutado como asesor político-administrativo para el Ministerio de Agricultura, Naturaleza y Pesca al constituir el dirigente laborista Wim Kok su primer Gabinete. Transcurridos dos años, mediadas las elecciones generales de mayo de 1998, Dijsselbloem siguió en el segundo Gobierno Kok en calidad de subjefe del equipo de asesores del Ministerio.

A finales de marzo de 2000 Dijsselbloem, justo al cumplir los 34 años, interrumpió su función gubernamental al obtener por suplencia un escaño en la Tweede Kamer. Los comicios de mayo de 2002, ganados por los democristianos de Jan Peter Balkenende y que costaron a los laboristas la desastrosa pérdida de 22 escaños, abrieron un paréntesis de seis meses en el mandato legislativo del economista, en lo sucesivo sentado en la bancada de la oposición. Durante una década, Dijsselbloem fue un diputado laborista poco conocido por el público. Su único cometido relevante en esta época fue presidir, entre 2007 y 2008, a raíz de retornar el PvdA al Ejecutivo como socio del cuarto Gobierno Balkenende, una comisión de investigación parlamentaria de la reforma educativa. En 2008 accedió a la posición de vicelíder parlamentario de los laboristas, supeditado a Wouter Bos.


2. Ministro de Finanzas con el liberal Rutte desde 2012 y presidente del Eurogrupo desde 2013

En febrero de 2010 el PvdA, liderado por Bos, decidió separarse del Gobierno, obligando a Balkenende a convocar elecciones generales anticipadas para el 9 de junio. El 14 de octubre siguiente, Mark Rutte, jefe de la formación ganadora de los comicios por mayoría simple, el Partido Popular por la Libertad y la Democracia (VVD, liberal conservador), alineó un Gobierno de coalición minoritario con los democristianos de la CDA.

2012 fue el año en que Dijsselbloem, quien fuera de Holanda era un completo desconocido, emergió de su relativa penumbra política. El 20 de febrero Job Cohen, líder parlamentario del PvdA desde junio de 2010, presentó la dimisión abrumado por las críticas a su conducción de la oposición parlamentaria al Ejecutivo del VVD y el CDA, tachada de blanda y moderada por el ala izquierda del laborismo, a la que él, precisamente, estaba adscrito. Entonces, Dijsselbloem, considerado por la prensa holandesa un laborista de línea "pragmática", asumió el liderazgo parlamentario del PvdA en funciones, hasta la elección el 20 de marzo de Diederik Samsom.

Luego, el 12 de septiembre, el país volvía a acudir a las urnas, con el resultado de la primacía renovada del VVD , el refuerzo de su segunda posición por el PvdA, el retroceso o estancamiento de los partidos radicales euroescépticos de derecha e izquierda, y el hundimiento del CDA. Ante este panorama, y puesto que una alianza con el Partido de la Libertad (PVV, la fuerza de derecha nacionalista euroescéptica y antiimigración liderada por Geert Wilders), cuyo rechazo a los presupuestos de austeridad había provocado la caída del Gobierno en abril, estaba descartada, Rutte no tuvo más opción que entenderse con los laboristas. El nuevo equipo de coalición debutó el 5 de noviembre de 2012 y en él los laboristas obtuvieron varios puestos clave: Lodewijk Asscher era el nuevo viceprimer ministro, Frans Timmermans tomó el Ministerio de Exteriores, Ronald Plasterk se hizo cargo de Interior y Dijsselbloem recibió el departamento de Finanzas.

La elección de Dijsselbloem, cuyo historial profesional no era precisamente descollante, para el sensible Ministerio de Finanzas levantó muchos comentarios, máxime porque su titular hacía frente a una tarea harto complicada. Con la economía nacional sumida en su tercera recesión en un lustro, los pactos entre el VVD y el PvdA incluían el compromiso de no escatimar esfuerzos de ahorro para recortar el déficit público, que andaba en el 4% del PIB, para situarlo por debajo del tope del 3% que imponía el Pacto de Estabilidad y Crecimiento de la UE. Los objetivos de consolidación fiscal conjugarían la austeridad, recortando cargas del Estado en el sostenimiento de la Sanidad y la Seguridad Social, y, en menor medida, el aumento de ingresos, acentuando la progresividad de los impuestos directos.

Otro paquete de medidas concernía a los bancos, que quedaban sujetos a un marco reforzado de control y vigilancia, con los fines de evitar la comercialización de inversiones de alto riesgo y el cobro de beneficios desmedidos por sus directivos. Dijsselbloem se puso manos a la obra en el ajuste presupuestario y al comenzar 2013 abordó la nacionalización de SNS Reaal, corporación de servicios financieros y seguros amenazada de quiebra, la cual siguió por tanto los pasos de ABN Amro, el banco intervenido por el Estado cuando la tormenta bancaria de 2008.

El 21 de enero de 2013, aun antes de ejecutarse la nacionalización de SNS Reaal, y cuando no llevaba ni tres meses como ministro de Finanzas, Dijsselbloem capturó la atención de los focos internacionales al resultar elegido por los demás ministros de la Eurozona presidente del Eurogrupo en sustitución del primer ministro luxemburgués Jean-Claude Juncker, quien venía ocupando el puesto desde 2005, cuando su creación.

Los comentaristas indicaron que la selección del "desconocido" Dijsselbloem para encabezar las reuniones informales de los 17 ministros de Finanzas del euro reflejaba a las claras el criterio decisivo de Alemania en el concierto intergubernamental europeo. Angela Merkel había discrepado de varios de los enfoques de Juncker a lo largo de la gran crisis de las deudas soberanas de la periferia del euro comenzada en 2010, en particular su propuesto de la emisión de eurobonos, y al aproximarse el final del largo mandato del luxemburgués, la canciller movió los hilos necesarios para asegurarse de que el sucesor del socialcristiano luxemburgués fuera un representante del llamado "núcleo duro" europeo, es decir, el grupo de países norteños -Holanda, Finlandia, Austria- que gozaban de mínimos niveles de riesgo-país y sintonizaban plenamente con las consignas alemanas de ortodoxia fiscal.

Holandeses y finlandeses en particular, con la confiaba que les daban sus máximas calificaciones crediticias por las agencias de rating, venían siendo muy exigentes, incluso más que Berlín, a la hora de poner dinero para socorrer sucesivamente a Grecia, Irlanda, Portugal y España. Justamente el representante español en el Eurogrupo, Luis de Guindos, fue el único ministro que se opuso a la elección de su colega holandés. El Gobierno conservador de Mariano Rajoy, quejoso de la infrarrepresentación española en las instituciones europeas, habría querido el papel de Mr. Euro para de Guindos.

Lejos de diluir la identificación de su persona con las tesis alemanas de rigor, Dijsselbloem defendió su cualificación para presidir el Eurogrupo asegurando ser "firme como una roca" en lo tocante a la "estricta disciplina presupuestaria". Por otro lado, no veía "ningún gran conflicto" entre la obligatoriedad del equilibrio presupuestario, como preceptuaba el Pacto Fiscal Europeo que acababa de entrar en vigor (el 1 de enero, para los 16 estados miembros y no miembros de la Eurozona que ya lo habían ratificado), y las aspiraciones de crecimiento, voceadas con más insistencia por los partidos socialdemócratas. Como cabeza del Eurogrupo, el ministro holandés tenía las responsabilidades de diseñar la agenda de reuniones y el programa de trabajo a largo plazo, y de dar cuenta de los resultados de las discusiones ministeriales a la opinión pública así como al Parlamento Europeo y al Ecofín (el formato de ministros de Economía y Finanzas del Consejo de la UE, donde participaban los colegas de la UE que no eran miembros de la Eurozona), institución esta última con la que el Eurogrupo se acompasaba de manera regular.

Formalizado en diciembre 2009 con la entrada en vigor del Tratado de Lisboa, el Eurogrupo decidía en qué medida y bajo qué condiciones un país miembro del euro en graves apuros financieros y acuciado por la desvalorización de sus títulos de deuda pública podía obtener préstamos de la Facilidad Europea de Estabilidad Financiera (FEEF) y del fondo permanente llamado a reemplazar a aquella, el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE). Luego, con mandatos precisos, el Eurogrupo delegaba en la Comisión Europea, integrante de la famosa Troika con el FMI y el Banco Central Europeo, los roles negociadores y supervisores en los tratos con los países sujetos a un memorándum de asistencia financiera.

Dijsselbloem, que el 11 de febrero añadió a su elenco de funciones la presidencia de la Junta de Gobernadores del MEDE, arrancó su andadura al frente del Eurogrupo dando algunos pasos en falso o controvertidos. En marzo, el Eurogrupo y el FMI acordaron socorrer a Chipre con 10.000 millones de euros a cambio de un corralito parcial con quitas (del 20% en el caso del Banco de Chipre y del 4% en el resto de entidades) para los depósitos bancarios de más de 100.000 euros. La modalidad del rescate chipriota, denominada en la jerga financiera bail-in, se diferenciaba del estandarizado bail-out adoptado con Grecia, Irlanda y Portugal en que el coste de la recapitalización exterior se hacía recaer, no en la ciudadanía en su conjunto, haciendo mellas en sus impuestos y en las prestaciones que recibía del Estado ahora endeudado (los llamados "sacrificios", que generaban devaluación interna), sino en los acreedores, accionistas, bonistas y depositantes.

Al cargar en estos últimos las pérdidas de los bancos necesitados de una inyección del MEDE, la Eurozona daba un paso inédito que bien podía verse como un experimento de cara a salvamentos financieros ulteriores. Inicialmente, Dijsselbloem defendió con ahínco la utilidad del bail-in, de cuya comprensión por los mercados se mostró plenamente confiado, y, en efecto, en declaraciones para el Financial Times y la agencia Reuters, lo presentó como una posible "plantilla" de cara a rescates futuros; en otras palabras, los ahorros de los ciudadanos superiores a 100.000 euros no tenían porqué estar garantizados si se trataba de evitar la quiebra de un sistema financiero nacional de la Eurozona.

Es más, en su propuesta inicial, que no recibió el visto bueno del Parlamento de Nicosia, por lo que hubo de aplicarse un esquema corregido, Dijsselbloem y el Eurogrupo querían que también los depósitos de menos de 100.000 euros, la cantidad asegurada por las normas europeas, fueran penalizados con una tasa, que habría sido del 6,75% (en tanto que la quita para los que superaran dicho capital no rebasaría el 9,99%). Las palabras de Dijsselbloem no dejaban lugar a dudas y de hecho provocaron pérdidas de miles de millones de euros en las bolsas europeas en cuestión de horas. A los pocos días, el interesado negaba haber empleado la palabra "plantilla" (template) para explicar la situación en Chipre, término que achacó a un "error de traducción", y el Eurogrupo emitía un comunicado en el que dejaba claro que el programa chipriota "no era un modelo, sino medidas confeccionadas a la medida de una situación excepcional". Al poco de este atropellado pronunciamiento sobre la crisis de Chipre, en abril, Dijsselbloem encajó el embarazoso episodio de su currículum académico inflado y del que ya se habló anteriormente.

En los meses siguientes, el ministro holandés de Finanzas fue desgranando las actuaciones de su Gobierno para reducir el déficit público, el cual, ciertamente, inició la cuesta del descenso, de manera que al concluir 2013 el desequilibrio fiscal del Gobierno ya era solo del 2,3% del PIB. Este logro contable del programa de austeridad no evitó que en noviembre del mismo año Standard & Poor's, invocando las malas perspectivas de crecimiento de la economía nacional, rebajara un escalón a los bonos neerlandeses; estos perdieron la preciada calificación máxima, AAA, compartida con los títulos alemanes, finlandeses y luxemburgueses, y pasaron a la categoría AA+, un grado de solvencia ligeramente inferior, pero dentro de los niveles de inversión de alta calidad.

En 2014, generaron titulares los desencuentros de Dijsselbloem con Juncker, inaugurado presidente de la Comisión Europea el 1 de noviembre. En enero, en declaraciones al programa televisivo holandés de entrevistas humorísticas Knevel & van den Brink, el ministro describió a su predecesor en la presidencia del Eurogrupo como "un fumador y bebedor inveterado", y aseguró que desde que él, Dijsselbloem, estaba al frente del Eurogrupo, el clima de las reuniones era "mucho más calvinista". El aludido, que en esos momentos era precandidato del Partido Popular Europeo a presidir la Comisión Europea, tuvo que salir a negar que tuviera "problemas con el alcohol". Cabeceras de la prensa holandesa interpretaron las mordaces afirmaciones de Dijsselbloem en clave de "venganza" contra Juncker, por haber criticado el plan inicial del Eurogrupo, expuesto, según el luxemburgués, sin consultarle, de imponer una quita de capital a los pequeños ahorradores chipriotas.

La pelotera particular entre Dijsselbloem y Juncker no terminó ahí. Al parecer, el holandés aspiraba a ser el comisario de Asuntos Económicos y Monetarios en la Comisión Europea que debía formarse en el otoño, pero Juncker se negó en redondo. España aprovechó para volver a poner sobre la mesa la candidatura de Luis de Guindos a presidir el Eurogrupo; sin embargo, Dijsselbloem se apresuró a indicar que quería seguir en el puesto. Luego, en noviembre, con la Comisión Juncker ya constituida, Dijsselbloem se puso del lado de los críticos de Juncker al señalar a este como "políticamente responsable" del escándalo LuxLeaks, la revelación de que el Gobierno de Luxemburgo había mantenido entre 2002 y 2010 acuerdos secretos sobre un amplísimo abanico de beneficios fiscales con 340 grandes empresas y multinacionales que operaban en el Gran Ducado.


3. Dijsselbloem y la gran crisis griega del verano de 2015

Al comenzar 2015, el frente que absorbió los trabajos de Dijsselbloem en el Eurogrupo fue el extenuante forcejeo con el nuevo Gobierno izquierdista de Alexis Tsipras en Grecia. El primer ministro heleno y su controvertido responsable de Finanzas, Yanis Varoufakis, impelidos por sus compromisos electorales de terminar con los "diktats" y las "injusticias" del Memorándum de Entendimiento anexo al segundo programa de rescate financiero (el suscrito en 2012 y que implicaba créditos del FEEF y el FMI por valor de 130.000 millones de euros), comunicaron al Eurogrupo y a la Troika que resultaba imperativo salir del "círculo vicioso" de la austeridad y que había que negociar una reestructuración de la "insostenible" deuda griega, mejor con una quita o si no con una permuta de los viejos bonos por otros "ligados al crecimiento".

El ministro holandés, al alimón con otros altos responsables de los gobiernos e instituciones de la Eurozona, respondió sin matices que Grecia debía atenerse a las reglas del juego; si Atenas quería solucionar sus acuciantes problemas de liquidez y ahuyentar el espectro de una salida del euro (Grexit), no tenía más opción que aplicar las reformas y ajustes ya acordados. A partir del 1 de enero de 2015, el marco de la asistencia financiera de Grecia era el Master Financial Assistance Facility Agreement (MFFA), el componente principal del expirado (el último día de 2014) segundo Programa de Ajuste Económico. De esta manera, el MFFA venía a ser una "extensión técnica" del segundo rescate.

El 20 de febrero de 2015 Dijsselbloem, Varoufakis y el resto del Eurogrupo, donde la opinión del alemán Wolfgang Schäuble resultaba determinante, acordaron una segunda prórroga del MFFA, esta vez de cuatro meses, a cambio de un paquete de reformas estructurales. El 30 de junio, pues, expiraba la cobertura financiera del FEEF, y Dijsselbloem dejó claro que no habría una tercera prórroga. A partir de esa fecha, Grecia, si quería seguir siendo asistida por sus socios de la Eurozona mediante un tercer rescate en toda regla con cargo a los fondos del MEDE, tendría que someterse al procedimiento regular del memorándum de entendimiento, la definición precisa de unos objetivos de déficit y metas fiscales, así como de las medidas para alcanzarlos, y la monitorización de lo acordado para empezar a recibir las nuevas inyecciones crediticias.

El horizonte fatídico del 30 de junio, día en que Grecia, además, debía devolver al FMI pagos por valor de 1.550 millones de euros, metía una enorme presión a los negociadores, que se mostraban incapaces de cerrar un acuerdo. La reunión del Eurogrupo del 18 de junio terminó con un duro intercambio de reproches entre los responsables griegos y europeos. En una tensa comparecencia, Dijsselbloem calificó de "lamentable" la falta de compromiso griego tras cuatro meses de negociación y avisó que "no habrá acuerdo sin medidas muy difíciles de asumir", medidas que requerían "políticos capaces de decir la verdad a su gente". Más aún, Dijsselbloem insinuó la posibilidad de un Grexit al dejar caer que el Eurogrupo estaba "preparado para cualquier eventualidad".

Los nuevos Eurogrupos del 22, el 24 y el 25 de junio fueron estériles también. La primera reunión aconteció a la par que una Cumbre del Euro en Bruselas a la que asistieron los jefes de Estado y de Gobierno de la Eurozona, además de los presidentes del Consejo Europeo, Donald Tusk, de la Comisión, Juncker, y del BCE, Mario Draghi, amén de Dijsselbloem. En esta cumbre, Tsipras dijo aceptar los objetivos fiscales ligados a nuevos recortes y ajustes, y, en apariencia, el gobernante y sus pares europeos acercaron posturas sobre el pago de la deuda griega y el desembolso de la próxima asistencia financiera. Sin embargo, a los pocos días, el llamado Grupo de Bruselas, la ex Troika, rechazó el plan de Atenas por considerarlo insuficiente o mal concebido.

El 27 de junio Tsipras sorprendió a todos con el anuncio de que el 5 de julio tendría lugar un referéndum para que el electorado nacional pudiera pronunciarse sobre el plan de acuerdo presentado a Grecia por el Grupo de Bruselas en la reunión del Eurogrupo del 25 de junio, y destinado a obtener una cobertura crediticia de cinco meses y financiación extra por 15.500 millones de euros con la que hacer frente a los próximos vencimientos de deuda. El primer ministro calificaba la propuesta europea y del FMI de "ultimátum" y "humillación", y sugería que se votara no a las condiciones de los acreedores. Entonces, los ministros del Eurogrupo, sin la presencia del griego Varoufakis, quien abandonó intempestivamente la reunión (según Varoufakis, fue "excluido" de la misma por Dijsselbloem, mientras que Dijsselbloem aseguró que el griego se fue de la sala "por su propia decisión"), rechazaron prorrogar el MFFA más allá del 30 de junio y achacaron a los griegos la ruptura "unilateral" de las negociaciones.

Tras el tormentoso Eurogrupo del 27 de junio de 2015 Dijsselbloem muy gráfico en sus declaraciones: "Estoy muy negativamente sorprendido por la decisión de hoy del Gobierno griego. Parece que han rechazado la última propuesta que las tres instituciones tenían sobre la mesa, y sobre esa base negativa han propuesto al Parlamento celebrar un referéndum. Es una triste decisión para Grecia que cierra la puerta a más conversaciones. Escucharemos al ministro griego y hablaremos de las consecuencias", explicó el presidente del Eurogrupo con semblante grave. En cuanto al Eurogrupo, en su comunicado, este subrayaba, con un tono que sonaba a advertencia a Atenas, que: "Los estados miembros de la Eurozona tienen la intención de hacer pleno uso de todos los instrumentos a su alcance para preservar la integridad y la estabilidad del área del euro (...) Nos comprometemos a tomar las medidas necesarias para mejorar aún más la resiliencia de nuestras economías. Estamos dispuestos a adoptar pasos decisivos para el fortalecimiento de la Unión Económica y Monetaria".

Al día siguiente, 28 de junio, mientras el Parlamento griego, entre acalorados debates, aprobaba el referéndum solicitado por Tsipras, el Gobierno y el Banco de Grecia decidieron imponer el control de capitales, el cierre de los bancos y la suspensión de las operaciones bursátiles, como mínimo hasta el 6 de julio, la jornada posterior al plebiscito. El temido corralito financiero, que para el ciudadano de a pie se traducía en la restricción de los reintegros que podían sacarse de los cajeros nacionales por cuenta y día, llegaba como una medida desesperada para intentar evitar un colapso inminente del sistema financiero, drenado de dinero en efectivo por la retirada masiva de depósitos acelerada en los últimos días.

(Cobertura informativa hasta 28/6/2015)

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