Ljubco Georgievski

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Actualización: 5 octubre 2017

Macedonia

Primer ministro (1998-2002)

  • Mandato: 30 noviembre 1998 - 1 noviembre 2002
  • Nacimiento: Stip, región Oriental, 17 enero 1966
  • Partido político: VMRO-DPMNE
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Biografía

Paradigma de toda una generación de jóvenes activistas catapultados al proscenio político cuando los cambios revolucionarios en la Europa del Este en 1989 y 1990, en la primavera de aquel año, al poco de licenciarse en Literatura Comparativa por la Facultad de Filología de la Universidad San Cirilo y San Metodio de Skopje, fue uno de los artífices de la Organización Revolucionaria Interna de Macedonia-Partido Democrático para la Unidad Nacional Macedonia (VMRO-DPMNE). Esta fuerza declaraba ser "nacional-patriótica" y, no ya el heredero directo, sino el mismo VMRO histórico restaurado al socaire del nuevo clima de libertades.

El VMRO original fue creado en noviembre de 1893 en Tesalónica por nacionalistas macedonios para combatir cinco siglos de ocupación turca mediante tácticas terroristas y establecer un Estado macedonio. Este primer VMRO prolongó su existencia después de las guerras balcánicas de 1912-1913 y la Primera Guerra Mundial, que truncaron aquel objetivo nacional al repartirse el territorio Grecia (el sur), Serbia (el noroeste) y Bulgaria (el nordeste), hasta su proscripción por la Yugoslavia socialista de Tito al cabo de la Segunda Guerra Mundial. Georgievski, con 25 años de edad, de oratoria vehemente y una producción poética a sus espaldas, fue elegido presidente de la formación en su asamblea fundacional celebrada en Skopje el 17 de junio de 1990.

En esta época en que Yugoslavia se desintegraba por la deriva de los nacionalismos excluyentes, Georgievski otorgó al partido un discurso radicalmente independentista y antiyugoslavo, así como de clara identificación con la mayoría eslavomacedonia (el 66% de la población) y no poco hostil a las reivindicaciones sociales y políticas de la importante minoría albanesa; de difícil precisión por la inconsistencia de los censos y la disparidad de las cifras planteadas por cada parte, los albanomacedonios supondrían entonces y ahora no menos del 22% de la población total. Ideológicamente, el VMRO-DPMNE, durante un tiempo identificado como anticomunista, se ubicó sin precisión en el centro-derecha y asumió el modelo de la economía de mercado.

El VMRO-DPMNE basó su programa en un macedonismo ligado a las particularidades culturales y étnicas del grupo mayoritario en la república y en una firme voluntad de ruptura con el federalismo socialista yugoslavo. En las elecciones libres de 11 y 25 de noviembre de 1990 el partido de Georgievski se adjudicó la primera posición con el 31,1% de los votos y 37 de los 120 escaños de la Sobranie o Asamblea, seguido no de lejos por la Liga de los Comunistas Macedonios-Partido de los Cambios Democráticos (SKM-PDP) y la alianza, representando a la comunidad albanesa, del Partido de la Prosperidad Democrática (PDP, PPD en su sigla en albanés) y el Partido Democrático Popular (NDP, o PDP). La denuncia por el VMRO-DPMNE de la comisión de fraudes masivos en áreas de mayoría albanesa obligó a repetir las votaciones en varias circunscripciones el 9 de diciembre.

Esta victoria por mayoría simple confirió a Georgievski y sus compañeros una influencia importante en la formulación de políticas en un momento decisivo para las aspiraciones nacionales de Macedonia, pero no la primacía del poder, que siguió en manos de los ex comunistas. El 27 de enero de 1991 la Sobranie eligió presidente de la República a Kiro Gligorov, veterano colaborador de Tito, líder del SKM-PDP y promotor de un proceso cauto de independencia, que al principio sopesó algún tipo de confederación con Serbia y Montenegro, a la sazón las otras dos repúblicas yugoslavas también de mayoría eslava.

Georgievski, que se encontraba a la sazón desempleado, fue elegido a su vez por los diputados vicepresidente de la República el 1 de febrero, mientras que el VMRO-DPMNE se integró en un ejecutivo de unidad nacional constituido el 20 de marzo de 1991 bajo la presidencia del independiente Nikola Kljusev. Durante unos meses de peligrosa incertidumbre, Georgievski y Gligorov colaboraron dificultosamente en la gobernabilidad del protoestado, que aún debía conseguir su reconocimiento exterior. La aparente no inclusión de Macedonia en los proyectos de Gran Serbia del presidente serbio Slobodan Milosevic, entonces enfrascado en una guerra de conquista en la separatista Croacia, más la sutilidad de Gligorov en este arriesgado movimiento, posibilitaron la declaración de independencia por Skopje sin secuelas violentas el 18 de septiembre de 1991, diez días después de un referéndum masivamente afirmativo y cuando nominalmente la Federación Yugoslava, en la práctica copada por el bloque serbo-montenegrino, seguía funcionando.

La cooperación entre el Unión Social Demócrata de Macedonia (SDSM, nueva denominación del SKM-PDP) y el VMRO-DPMNE entró en crisis justo tras la proclamación de independencia, con acusaciones de Georgievski a Gligorov de no sostener con la debida firmeza la soberanía nacional en la palestra internacional. En particular, el dirigente nacionalista imputó a Gligorov la conducción de "negociaciones secretas" con Serbia sobre la creación de una nueva entidad yugoslava, su disposición a dialogar con el Gobierno griego, a su vez resuelto a vetar en la ONU el reconocimiento del país con el nombre de Macedonia o con el emblema de la estrella de 16 puntas o sol de Vergina como bandera (ya que consideraba a ambos, por su relación con el imperio helénico de Alejandro Magno, símbolos exclusivos de su patrimonio histórico), y la aprobación de una serie de medidas de apaciguamiento de los albaneses, como la impartición de clases universitarias en su idioma, algo que, en su opinión, abría las puertas a la "federalización" del país.

Gligorov también había dejado claro que el país no tenía reclamaciones territoriales sobre sus vecinos y que reconocía las fronteras internacionales de la antigua Yugoslavia. Además, la nueva Constitución, promulgada el 20 de noviembre, estableció que todos los ciudadanos macedonios gozaban de iguales derechos y libertades, si bien sólo la comunidad eslava merecía la condición de pueblo constitutivo del Estado nacional. Todo esto resultaba inaceptable para el partido nacionalista, que siempre había ventilado la delicada cuestión albanesa con vagas referencias a la igualdad jurídica y ahora, movilizaciones de protesta mediante, demandaba la remoción en el preámbulo de la Carta Magna de toda referencia a la "coexistencia permanente" entre el pueblo macedonio y las nacionalidades, con la albanesa a la cabeza, y la sustitución del término "nacionalidad" por el de "minoría nacional".

De esta manera, Georgievski dimitió como vicepresidente de la República el 22 de octubre del mismo 1991 y denunció a la opinión pública que en todo aquel tiempo Gligorov le había escamoteado poderes elementales. A cambio, se hizo con el escaño de diputado en la Sobranie. Más tarde, el 4 de septiembre de 1992, la SDSM presidió un gobierno de concentración que llamativamente incluyó a los partidos albaneses y dejó fuera al VMRO-DPMNE. Poco antes, en julio, cuando el gobierno de Kljusev cayó en una moción de censura parlamentaria, Gligorov pidió a Georgievski que intentara formar gobierno, pero el radicalismo que envolvía al VMRO-DPMNE planteó barreras insalvables a cualquier acuerdo interpartidista. Entonces su único aliado era el ultranacionalista y extraparlamentario Partido de Acción Macedonia (MAAK).

Para Georgievski y su partido, donde no faltaron los escándalos y las escisiones de disidentes -siendo muy sonada la del secretario general Vladimir Golubovski-, fue el comienzo de una etapa política de marginación doméstica y de estigma exterior, alimentada por el contraste entre la ambigüedad de sus declaraciones públicas y el tono incontestablemente radical y excluyente que rezumaban sus documentos programáticos. Los países occidentales volcaron sus apoyos en Gligorov para impedir que el país, considerando su delicado equilibrio étnico, se contagiara de los chovinismos nacionalistas que devastaban la vecina Bosnia y terminara estallando otra guerra en la ex Yugoslavia.

Así, el manifiesto del VMRO-DPMNE sobre "la completa unificación espiritual, política, económica y étnica del pueblo y el Estado macedonios" sólo podía parecerles a estos gobiernos un peligroso irredentismo que debía mantenerse bajo observación. No estaba claro si aquel hipotético Estado nacional aludía a la Macedonia geográfica, de la que el Estado presente sólo constituía una parte reducida, pero sin suda se apelaba a los numerosos macedonios eslavos diseminados por Bulgaria, unos 200.000 al sur de Sofía, y Grecia, donde vivía un número indeterminado pero a todas luces muy reducido, mayormente en el extremo oriental de la región administrativa de Macedonia.

El caso es que en estos primeros años de la década, el VMRO-DPMNE se trataba de una opción política interiormente aislada y exteriormente malencarada con Albania, Grecia y la Yugoslavia de Milosevic, en cuyo proyecto de reafirmación nacional serbia Georgievski y sus conmilitones veían una gran amenaza para sus aspiraciones panmacedonias. En Serbia residían además unos 30.000 macedonios y según Skopke en Albania vivirían en precarias condiciones hasta 300.000 miembros de esta comunidad, si bien las autoridades de Tirana sólo reconocían y tenían censados a menos de 5.000.

No debe olvidarse que desde la partición de Macedonia en las guerras balcánicas de comienzos del siglo XX, los tres nacionalismos dominantes en la región tendieron a ignorar la especificidad étnico-lingüística macedonia: para Serbia, los habitantes del territorio no eran sino "serbios del sur", para Bulgaria, "búlgaros occidentales" y en cuanto a Grecia, simplemente los consideraba "griegos eslavófonos". Sobre este particular, hay que añadir que la postura histórica del Estado griego venía consistiendo en no reconocer divisiones étnicas en su territorio y en negar vigorosamente la existencia de minorías nacionales eslavas (o albanesas). Esta actitud, que escondía procesos de asimilación forzosos y clandestinos de las mismas comunidades no griegas que oficialmente no existían, seguía plenamente vigente a principios de la década de los noventa.

En el partido de Georgievski tan sólo trascendió una disposición menos enconada con Bulgaria, que desde el principio renunció a sostener la vieja reclamación de la Gran Bulgaria, en su caso impedida por las grandes potencias tras la guerra ruso-turca de 1878 y que incluía a toda la Macedonia yugoslava. El Gobierno de este país fue el primero en reconocer al Estado de Macedonia en 1992 (aunque no a la nación o el idioma macedonios), y durante un tiempo se apuntaron simpatías probúlgaras en el VMRO-DPMNE. De hecho, el VMRO histórico operó indistintamente en las actuales Macedonia y Bulgaria, y el caso es que en el país ribereño del mar Negro también existen hoy en día varios grupúsculos que portan esa sigla.

Su experiencia en la oposición, al principio, no hizo sino fortalecer los postulados del emocional y veleidoso Georgievski, proclive a aventar retórica nacionalista calificada de provocadora por la mayoría de los observadores. Especial reprobación suscitó en él el acuerdo entre el Gobierno de Branko Crvenkovski, líder de la SDSM, y la ONU para el ingreso del país en la organización el 8 de abril de 1993 con el nombre de Ex República Yugoslava de Macedonia (FYROM en la sigla inglesa); se trataba de una designación provisional, hasta que se acordara con el Gobierno griego, aferrado a una posición intransigente que no desdeñaba el bloqueo económico (aplicado sañudamente desde febrero de 1994 a septiembre de 1995) como medida de presión, los símbolos y atributos del Estado macedonio.

Las elecciones generales del 14 y el 16 de octubre de 1994 resultaron desastrosas para el VMRO-DPMNE y su líder, cuyo estilo director venía siendo calificado de autoritario por algunos dirigentes del partido. En las presidenciales, Georgievski sólo cosechó el 14,4% de los votos frente al 52,4% de Gligorov, mientras que en las legislativas el partido no obtuvo ningún diputado. Las múltiples irregularidades, fundamentalmente de procedimiento, detectadas por los observadores internacionales obligaron a celebrar una segunda vuelta el 30 de octubre, pero Georgievski declaró que ellos habían sido víctimas de un "golpe de estado electoral" y como protesta boicoteó el resto del proceso.

Esta decisión fue muy criticada dentro y fuera de Macedonia, pero el veredicto de las urnas fue inapelable y el VMRO-DPMNE se convirtió en una fuerza extraparlamentaria. Privado de su escaño, Georgievski se puso a trabajar en el sector privado, en la compañía de inversiones BS, e hizo un análisis autocrítico de lo sucedido. Con la mirada puesta en la convocatoria electoral de 1998, deslizó su discurso por unos cauces de moderación y pragmatismo, se aproximó a otras fuerzas políticas para superar viejos antagonismos y plantear una oposición cabal a la mayoría absoluta de la SDSM y sus aliados del centro y la izquierda, y orientó al partido hacia posiciones europeístas y atlantistas.

Los contenidos económicos, hasta entonces marginados en un partido intensamente ideologizado en torno a un monotema, se ampliaron con propuestas liberales como la apertura a la inversión extranjera y el desarrollo de los intercambios con los países de la Unión Europea (UE). En 1995 Georgievski negoció con los líderes de los partidos albaneses la cooperación en determinados gobiernos locales. En las elecciones municipales de noviembre de 1996 el VMRO-DPMNE y un arco de partidos aliados fueron los segundos más votados tras la SDSM.

En 1997 los nacionalistas, conscientes de la debilidad del bloque gobernante por las trifulcas entre la SDSM y sus socios menores, y por su incapacidad para establecer un modus vivendi con la comunidad albanesa, se lanzaron a una campaña de agitaciones que centró los ataques en la crisis económica y los escándalos de corrupción, por lo que reclamó la dimisión del Gobierno y la convocatoria de elecciones anticipadas. Al incremento de las tensiones sociales contribuyeron el caos político que anegó Albania en marzo de 1997, que favoreció el tráfico de mercancías ilegales a ambos lados de la frontera y todo tipo de tramas delictivas, y el aumento de la represión serbia en la provincia de Kosovo, que a comienzos de 1998 desencadenó una oleada de refugiados albaneses.

El fuerte descontento popular por la gestión de la SDSM y la mayor madurez política del VMRO-DPMNE le pusieron a éste en bandeja el retorno al poder. Para los comicios del 18 de octubre de 1998 Georgievski estableció la coalición Por el Cambio con la recién fundada Alternativa Democrática (DA), un partido de orientación socialdemócrata y base multiétnica presidido por el intelectual Vasil Tupurkovski, y durante la campaña antepuso las promesas de mayor eficiencia económica y de lucha implacable contra la corrupción a la retórica nacionalista del pasado. El mismo Georgievski declaró que su objetivo era traer bienestar a todos los ciudadanos y que no quería "distracciones" relacionadas con los asuntos étnicos.

El partido abogó con más viveza que nunca por la implantación de una economía liberal de mercado, las rebajas impositivas, el ahorro en el gasto público, desregulaciones y la apertura de los mercados financieros, así como por la inserción del país en las organizaciones europeas occidentales. En particular, Georgievski habló de solicitar la adhesión a la OTAN. Esta vez los papeles parecieron intercambiarse y fueron los partidarios de Gligorov los que incurrieron en la demagogia antialbanesa. Con el 38,2% de los votos (de los que el 28,1% correspondió al VMRO-DPMNE), la alianza bipartidista conquistó una mayoría absoluta de 62 escaños, protagonizando uno de los más espectaculares retornos en el panorama electoral europeo de los últimos años.

El 23 de noviembre Gligorov encomendó a Georgievski la formación del Gobierno y el día 30 la Sobranie votó la investidura. Por si quedaba alguna duda de su nuevo talante, Georgievski dio entrada en el gabinete como tercer socio al Partido Democrático de los Albaneses (DPA, o PDSh en su sigla albanesa, una escisión del PDP) de Arben Xhaferi, decisión tanto más sorprendente cuanto que se trataba de la fuerza parlamentaria albanesa más militante. Georgievski excluyó de las negociaciones al más moderado PDP de Imer Imeri como castigo por su alianza con los socialdemócratas en la pasada legislatura, pero quedó clara su intención de mejorar las relaciones con los albaneses con un trato de normalidad, sin discriminaciones pero también sin privilegios apaciguadores. El VMRO-DPMNE se reservó 14 puestos ministeriales, la DA recibió ocho y el DPA cinco.

El agravamiento de la tensión en Kosovo consolidó al flamante primer ministro macedonio en el bando de la moderación. Haciendo gala de un inteligente pragmatismo, no dudó en ofrecer a la OTAN todas las facilidades logísticas que precisase con miras a una eventual intervención militar en Kosovo, donde la guerra entre la guerrilla albanesa del UCK y las fuerzas de seguridad serbias era un hecho.

Tres eran los motivos de Georgievski para tan singular ofrecimiento. El primero, conseguir un excelente reemplazo a los cascos azules de la Fuerza de Despliegue Preventivo de la ONU (UNPREDEP), que desde 1995 habían vigilado las fronteras con Yugoslavia y Albania para impedir un contagio de las dinámicas bélicas, y es que las tropas aliadas con capacidad de combate ofrecían una garantía de seguridad frente a eventuales violencias étnicas con origen en Kosovo. En segundo lugar, estimular el desarrollo económico local con todos los servicios y subcontratas que dicho contingente pudiera requerir. Y finalmente, borrar su estigma de turbulento nacionalista y hacer méritos de cooperación para un futuro ingreso -que se antojaba bastante remoto- de Macedonia en la Alianza Atlántica.

De esta manera, el 6 de diciembre de 1998 comenzó el despliegue en Kumanovo de los 1.700 efectivos de una Fuerza de Reacción Rápida de la OTAN con la misión de intervenir en Kosovo sólo para evacuar el equipo de observadores de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) en caso de necesidad. Dos días después, Georgievski notificó en Bruselas que Macedonia deseaba sustituir el Acuerdo de Cooperación con la UE, firmado el 20 de junio de 1996 y en vigor desde el 1 de enero de 1998, por un marco de asociación más integrado.

A lo largo de 1999, la escalada represiva serbia en Kosovo y la intervención militar de la OTAN (del 24 de marzo al 10 de junio) sometieron a dura prueba la estabilidad de Macedonia. Georgievski promovió una amnistía para varios cientos de albaneses condenados por violar la ley sobre la exhibición de símbolos nacionales, estrechó los contactos con los gobiernos de Albania y Bulgaria (visitas a Tirana el 22 de enero y a Sofía el 22 de febrero, ésta de significación histórica, ya que incluyó una declaración de buena vecindad con la que los búlgaros reconocieron implícitamente el idioma macedonio) para adoptar una posición común alineada con la OTAN frente a Belgrado, y abrió las fronteras del país al flujo de refugiados albanokosovares, no obstante los riesgos para la paz social y los recursos económicos del país.

Más aún, en Macedonia fue concentrándose parte de la Misión de la OTAN para Kosovo, la KFOR, que mientras duró la campaña de bombardeos aéreos contra posiciones serbias no se sabía si iba a entrar en la provincia como fuerza de pacificación o como fuerza invasora. Estas tropas, unas 16.000, funcionaron entretanto como una fuerza disuasoria contra eventuales provocaciones militares serbias. Ahora bien, Georgievski puso el límite a esta cooperación con la OTAN: Macedonia nunca sería el punto de partida de una ofensiva militar terrestre contra Yugoslavia.

Resultó inevitable que en los primeros días de la campaña aérea, la avalancha de refugiados, que iban a superar los 350.000 hasta el final de la crisis, engendrara tensiones entre los eslavomacedonios, que temían el reforzamiento de la minoría albanesa local, a su vez solidaria con las desventuras de sus hermanos del otro lado, y de paso exhibieron actitudes proserbias. De hecho, el colectivo de desplazados hizo que durante unos meses la población albanesa dentro de Macedonia se duplicara. Georgievski y sus colaboradores vacilaron ante este súbito desequilibrio étnico, que debilitaba doblemente la especificidad macedonia: por la ola de respaldos internacionales a lo albanés y por los amagos de solidaridad paneslava con Serbia, a cuyo régimen acusaron de desbordar sus problemas con propósito desestabilizador.

Los intentos de cerrar la frontera a la entrada de más refugiados albaneses toparon con tales censuras internacionales que Georgievski se vio obligado a disipar su ambigüedad. Nada más capitular el Gobierno de Belgrado y dar comienzo la ocupación aliada de Kosovo, el 12 de junio, Georgievski reconoció al gobierno provisional de Hashim Thaçi, líder del ala política del UCK, y luego dio luz verde en principio a la creación de una universidad albanomacedonia en la ciudad de Tetovo.

1999 acabó positivamente para el primer ministro cuando su candidato, el contemporizador y prooccidental Boris Trajkovski, ganó las elecciones presidenciales celebradas a tres rondas el 31 de octubre, el 14 de noviembre y el 5 de diciembre. Tupurkovski fue eliminado en la primera vuelta y, aunque finalmente no se plasmó la creencia general de que Georgievski apoyaría a su socio en tal apuesta como parte del pacto de Gobierno, la alianza Por el Cambio no se resintió aparentemente de la duplicidad de candidaturas, de suerte que el 27 de diciembre renovó el Gobierno de coalición a solicitud de Trajkovski. Terminó así la complicada cohabitación entre Georgievski y Gligorov, que se había opuesto a varias de las iniciativas legales del primer ministro e intentado hacer valer sus atribuciones en política exterior, seguridad interior y defensa.

Durante 2000 Georgievski se afanó en cobrar los dividendos de la paz, en el prólogo de la nueva era en los Balcanes a que dieron paso el establecimiento del protectorado internacional en Kosovo y la caída de Milosevic en la insurrección popular de Belgrado. El líder macedonio multiplicó los encuentros con sus colegas de Albania, Bulgaria y Montenegro para desarrollar la cooperación regional y urgió a Estados Unidos y la UE a que concretaran con proyectos específicos y más dotaciones financieras el Pacto de Estabilidad de los Balcanes puesto en marcha tras la guerra de Kosovo, en el que Macedonia pasó a fundar grandes esperanzas de desarrollo económico. El 12 de febrero fue uno de los seis gobernantes de la zona que firmó en Bucarest la Carta de Relaciones de Buena Vecindad, Estabilidad, Seguridad y Cooperación en Europa del Sudeste, en el marco de la estructura intergubernamental conocida como Proceso de Cooperación de Europa del Sudeste (PCES).

Objeto de las alabanzas comunitarias, Georgievski formalizó en Zagreb el 24 de noviembre, con motivo de la I Cumbre UE-Balcanes Occidentales, el final de las negociaciones sobre el Acuerdo de Estabilización y Asociación (AEA), primero de este tipo entre un país balcánico occidental y la organización europea. El AEA, firmado en Luxemburgo el 9 de abril de 2001 a la par que el Acuerdo Interino para dar desarrollo inmediato a los aspectos comerciales sin necesidad de esperar a la conclusión del proceso de ratificación, suponía el siguiente jalón en la larga marcha hacia Bruselas tras el Acuerdo de Cooperación de 1996. El AEA establecía un diálogo político sobre Derechos Humanos y protección de las minorías en democracia, y preveía alcanzar un área conjunta de libre comercio en el plazo de 10 años; en el recorrido, Macedonia debería avanzar en la adaptación de las exigentes normas del libre mercado imperantes en el espacio comunitario y, sin formular Bruselas ninguna fecha o compromiso, se iría preparando para un eventual ingreso en la UE en un futuro que no podía ser sino lejano.

Simultáneamente, las tensiones acumuladas en la alianza Por el Cambio desde las presidenciales de 1999 culminaron con la ruptura entre Georgievski y Tupurkovski, que retiró su partido del Gobierno. El 30 de noviembre de 2000 el primer ministro cubrió la baja de la DA con el Partido Liberal de Macedonia (LPM) de Stojan Andov. Sin embargo, ya antes de terminar el año, negros nubarrones se cernieron sobre las expectativas de Georgievski, que estaba ilustrando su discurso con las nociones del multiculturalismo y la tolerancia, de traer el progreso económico y conseguir el arraigo de la paz social. La instauración del Estado de derecho en Yugoslavia no supuso el final de las tensiones en Kosovo; más aún, en el valle serbio de Presevo, lindante con la provincia ocupada, aparecieron partidas de albaneses radicales que cometieron actos terroristas contra la población autóctona serbia.

En Skopje se temió la extensión de estas perturbaciones a Macedonia, ya que la franja de seguridad de 5 km de anchura dentro del Serbia a lo largo de la demarcación con Kosovo no había impedido las incursiones de la guerrilla de Presevo y la frontera macedonio-kosovar ni siquiera tenía esa zona colchón. En realidad, los activistas armados procedentes de Kosovo se movían a placer de un lado al otro ante la pasividad de la KFOR.

Los peores augurios sobre un estallido en Macedonia se confirmaron en marzo de 2001 al poco de inaugurarse la albanófona Universidad del Sudeste de Europa en Tetovo, vieja reivindicación de los partidos albaneses a la que el Gobierno de Georgievski dio satisfacción. Tras varios días de incidentes y tiroteos protagonizados por partisanos albaneses en la frontera con Kosovo, el 4 de marzo las fuerzas de seguridad macedonias pasaron a librar combates de entidad con un autodenominado Ejército de Liberación Nacional (UCK, significativamente, la misma sigla que el grupo que combatió en Kosovo), produciéndose los primeros muertos.

El ejecutivo de Georgievski, desbordado por estas violencias que amenazaban con degenerar en la gran conflagración que el país había esquivado desde la independencia, protestó ante la OTAN por lo que consideraba una desidia en la vigilancia de la frontera de Kosovo, de donde parecían proceder los partisanos, y negó que la insurgencia se nutriera de elementos albanomacedonios. Tanto el primer ministro como el presidente esgrimieron una respuesta contundente al "extremismo y el terrorismo", y apelaron a la comunidad internacional para que impidiese "la desestabilización de Macedonia", que podría principiar "el fin de la paz en toda la región".

En los meses siguientes, el país lindó, si no la vivió en algunos momentos, una guerra civil de incalculables consecuencias por las metástasis del no resuelto problema de Kosovo y las demostraciones de polarización y odio étnicos en la sociedad macedonia. Las sucesivas ofensivas del Ejército, limitado en hombres y pertrechos, contra las posiciones del UCK en Tetovo y otros baluartes cerca de la frontera, resultaron sólo eficaces en parte, pues la guerrilla, golpeada eficazmente por los bombardeos artilleros, resolvía replegarse para emerger poco después y tender mortíferas emboscadas en las que mató a decenas de soldados macedonios. La impresión era que, desde una perspectiva estratégica, el débil Estado macedonio no contaba con medios para aniquilar al UCK, ni siquiera para mantenerlo a raya en sus refugios fronterizos.

Georgievski, como sintiéndose traicionado por las potencias occidentales e incluso por su socio albanés en el Gobierno, que hizo suyas la mayoría de las demandas del UCK (que no los métodos), recuperó todo el radicalismo de antaño para condenar con extraordinaria virulencia la decisión de la OTAN de no involucrar a la KFOR en el conflicto del lado del Ejército macedonio y acusar a Estados Unidos y los aliados europeos de, lisa y llanamente, asistir a los rebeldes albaneses, una muy grave imputación que, por cierto, fue parcialmente corroborada por algunos observadores del conflicto a la luz de la pasmosa movilidad de los subversivos a ambos lados de la frontera. El UCK exigía una profunda redefinición del estatus de los albaneses, con equiparación constitucional de derechos nacionales y lingüísticos y proporcionalidad de empleos en las funciones públicas.

Cuando el secretario general de la Alianza Atlántica, George Robertson, y el alto representante de la Política Exterior y de Seguridad Común (PESC) de la UE, Javier Solana, comenzaron su maratoniana labor de mediación en Skopje, el primer ministro se quejó de que el legítimo Estado macedonio, más allá de las solidaridades verbales, sólo recibía presiones para que moderara sus operaciones de respuesta bélica, aceptara un diálogo nacional y, eventualmente, realizara más concesiones a un colectivo, el albanés, cada vez más radicalizado (ni más ni menos que los eslavomacedonios que sustentaban al VMRO-DPMNE), mientras que en la práctica se toleraban los desmanes, contra población civil inclusive, del UCK.

Los aspavientos de Georgievski tuvieron buena acogida en un sector de la población que se sentía abandonada y vejada por las potencias occidentales, pero ante la comunidad internacional le convirtieron en un intransigente antialbanés que, con su negativa tajante a negociar con el UCK y emprender las oportunas reformas constitucionales, se erigía en el principal obstáculo para un acuerdo de paz. Para impedir que los albaneses extremistas arrastraran a su campo al DPA de Xhaferi y para conseguir un consenso partidista sobre ulteriores decisiones críticas como la declaración del estado de guerra y la movilización general, Georgievski acertó a formar el 13 de mayo un Gobierno de unión nacional que reunía al DPA, la SDSM, el PDP, el LPM y el minoritario Partido Liberal Demócrata (LDP).

El nuevo ejecutivo, de carácter interino hasta la celebración de elecciones en 2002, fue aprobado en la Sobranie por 104 votos a favor, uno en contra y cuatro abstenciones. A partir de ese momento, el primer ministro, acusado a diestro y siniestro de sobrellevar la crisis sin el debido nivel de estadista, no descartó la concesión de derechos constitucionales a los albaneses, pero descartó de plano cualquier concurso en las conversaciones partidistas de la guerrilla, por cuya "destrucción" siguió abogando.

Después de varios altos el fuego violados por ambas partes y de conatos de extensión de la guerra a la misma Skopje y otras ciudades (escenarios de serios motines antialbaneses y antioccidentales a cargo de encolerizados militantes nacionalistas), las fortísimas presiones internacionales condujeron a las partes a un acuerdo global de paz que fue ultimado el 8 de agosto en Ohrid y firmado cinco días después en Skopje, en una ceremonia nada festiva, por Georgievski, Xhaferi, Trajkovski, Crvenkovski e Imeri, con Solana, Robertson y los enviados especiales de la UE, François Léotard, y de Estados Unidos, James Pardew, como testigos. En la víspera del acuerdo y en ínterin hasta su firma, el UCK mató a 17 soldados macedonios en dos emboscadas, la aviación realizó los primeros bombardeos contra posiciones rebeldes en Tetovo y se descubrieron en las proximidades de Skopje varios cadáveres de albaneses con las trazas de haber sido ejecutados sumariamente.

Los acuerdos de Ohrid establecían el desarme y la desmovilización de los guerrilleros en un proceso conducido por una fuerza de la OTAN de 3.500 soldados. A cambio, el Gobierno de Georgievski se comprometía a amnistiar a todos los rebeldes que no hubiesen cometido crímenes susceptibles de ser perseguidos por el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia con sede en La Haya, y a sacar adelante un abanico de reformas legales y administrativas satisfactorias para el segundo grupo étnico el país. Una parte importante del documento se refería al idioma albanés: la adquisición de oficialidad en aquellas áreas donde los albaneses representasen al menos el 20% de la población, la autorización de su uso en la Sobranie y la redacción bilingüe de las leyes. Se establecía además el aumento del 3% al 23% en la cuota de efectivos policiales de origen albanés hasta 2003, y, en una medida de gran trascendencia, la concesión de instrumentos legales a los albaneses para oponerse en la Sobranie a normas referidas a su nacionalidad que ellos considerasen impuestas o lesivas.

El UCK asumió al día siguiente de su firma los términos del acuerdo y procedió a negociar con la OTAN los detalles técnicos de la requisa de armas por etapas, que comenzaría antes de la aprobación por los diputados de la ley de amnistía y que debería estar completada en no más de 45 días. Con presteza esta vez, el Consejo Atlántico aprobó el 15 de agosto el envío a Skopje de una avanzadilla de 400 soldados británicos y checos en misión logística previa al despliegue del contingente principal, integrado mayormente por británicos y en menor medida por tropas de Alemania, Italia, Francia, Grecia, España y otros países, hasta los 3.500 hombres. La operación, denominada Cosecha Esencial, se puso en marcha el 22 de agosto, cuando el Consejo constató la durabilidad y solidez del alto el fuego, y se dio por concluida el 26 de septiembre. Entonces se activó la Operación Zorro Ámbar, un dispositivo de aproximadamente 1.000 soldados comandado por Alemania y con la misión específica de proteger a los cerca de 300 observadores enviados por la OSCE y la UE para supervisar la aplicación de los acuerdos de Ohrid.

Georgievski, secundado por su ministro del Interior y dirigente del ala más dura del VMRO-DPMNE, Ljube Boskovski, asistió a estos desarrollos con indisimulada irritación, calificando de "irrisorio y humillante" el número de armas requisado por la OTAN y dejando claro que firmó los acuerdos de paz, como ahora iba a hacer aprobar en la Sobranie el imprescindible paquete de enmiendas constitucionales, contra su voluntad y "bajo la presión directa de la violencia y el terror". Con sarcasmo, comentó: "es obvio que no debemos jugar con la OTAN". Y tras describir la reciente crisis nacional como un "daño colateral" de la intervención de la OTAN contra Yugoslavia en 1999, apuntilló: "tampoco podemos esperar que quienes se equivocaron entonces admitan su error ahora".

El 16 de noviembre, en un ambiente enrarecido por la depresión económica, los escándalos de corrupción en el gobierno, los ataques contra efectivos de la OTAN -perpetrados, según la prensa internacional, por elementos ultranacionalistas eslavos en conexión con la Policía paramilitar del Ministerio del Interior y sectores extremistas del partido en el poder-, nuevos chispazos intercomunitarios y la postura desafiante de Georgievski frente a los gobiernos occidentales, tuvo lugar la votación parlamentaria de las 15 enmiendas a la Constitución, aprobadas de muy mala gana por los diputados del VMRO-DPMNE. Días después, el 21 de noviembre, la SDSM de Crvenkovski, que como su rival dirigía ya todos sus actos en clave preelectoral, abandonó el gobierno de unidad nacional, obligando a Georgievski a formar otro gabinete interino, que recibió el visto bueno de la Sobranie el 30 de noviembre.

Temiendo una fuerte sanción en las urnas, el primer ministro se las arregló para posponer las elecciones que tocaban en enero hasta el 15 de septiembre de 2002; hasta entonces, esperaba ganar tiempo para corregir los negativos resultados que los sondeos de opinión conferían a su partido. En la recta final de su mandato Georgievski prosiguió los rifirrafes con la OTAN -aunque la misión Zorro Ámbar fue prorrogada regularmente- y relanzó las conversaciones con Yugoslavia, Grecia, Albania y Bulgaria para desarrollar las relaciones de cooperación y cerrar los desarreglos pendientes en las respectivas agendas bilaterales.

Georgievski acudió con espíritu derrotista a las elecciones del 15 de septiembre, las cuales, efectivamente, acarrearon al VMRO-DPMNE, esta vez con el LPM de compañero de viaje, una caída al 24,4% de los votos y los 33 escaños. Sin esperar a la publicación de los resultados oficiales, el dirigente nacionalista reconoció la victoria de la alianza de la SDSM y el LDP, aunque luego puso el grito en el cielo cuando Crvenkovski anunció la formación de un ejecutivo de coalición con el partido albanés más votado, la Unión Democrática por la Integración (DUI) de Ali Ahmeti, líder político y comandante de la UCK durante la subversión del año anterior y a quien el VMRO-DPMNE consideraba un terrorista al que había que capturar y procesar. El 1 de noviembre la Sobranie aprobó el Gobierno de Crvenkovski y Georgievski terminó en sus funciones.

Ljubco Georgievski ha escrito (títulos traducidos al español) los libros de poemas Apocalipsis (1988) y La ciudad (1991), y el libro de relatos de ficción Investigaciones de primera mano e historias cortas en la estructura anatómica de la historia (1994).

(Cobertura informativa hasta 1/12/2002)