Leoluca Orlando

© Comune di Palermo

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Actualización: 19 julio 2019

Italia

Alcalde de Palermo (1985-1990, 1993-2000 y 2012-)

  • Leoluca Orlando Cascio
  • Mandato: 22 mayo 2012 - En ejercicio
  • Nacimiento: Palermo, región de Sicilia, 1 agosto 1947
  • Partido político: Partido Democrático (PD)
  • Profesión: Abogado y profesor de Derecho
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Presentación

Leoluca Orlando, alcalde de Palermo en cinco ocasiones desde 1985, la última renovada en las elecciones de 2017, es uno de los principales referentes italianos y europeos de las culturas de la legalidad y la integración, para él indisociables de una concienciación cívica de base. En los años ochenta y noventa el sindaco palermitano, procedente del ala progresista de la Democracia Cristiana y hoy miembro del Partido Democrático tras animar varias agrupaciones y movimientos de centro-izquierda, se hizo famoso por plantar cara al poder criminal de la Mafia, denunciar la corrupción de los partidos establecidos y reclamar la regeneración de la vida pública desde unas instituciones aleccionadas por la calle. Acuñó el concepto de retitud, que apelaba a las redes de movilización ciudadana y a la rectitud ética exigible a los miembros de una sociedad civil organizada.

En años más recientes, máxime a partir de 2018, con la llegada al Gobierno de Italia de la coalición populista-derechista del Movimiento Cinco Estrellas y la Liga de Matteo Salvini, Orlando ha puesto el énfasis en la acogida de los migrantes y refugiados que llegan a Sicilia por mar, haciendo de Palermo, dentro de su tradición multisecular de "asimilar pueblos extranjeros", una ciudad refugio y liderando la resistencia de los municipios italianos que rehúsan acatar las disposiciones antiinmigración del Ejecutivo nacional. Así, desde diciembre de 2018, luego de denunciar su primer edil como contraria al derecho internacional la prohibición impuesta a los buques de salvamento de las ONG de desembarcar en los puertos italianos a los rescatados en el Mediterráneo, la Junta Municipal de Palermo viene desconociendo los aspectos que afectan a los ayuntamientos de la nueva normativa del Ministerio del Interior sobre seguridad, inmigración, asilo y ciudadanía. Entre otras restricciones, el llamado Decreto Salvini elimina la modalidad de protección internacional por razones humanitarias y niega a los consistorios la capacidad de inscribir en el registro o empadronar a los migrantes irregulares, que sin este trámite administrativo no pueden acceder a ayudas públicas.

El alcalde es de la opinión de que la UE debe establecer una libertad de circulación sin fronteras policiales para los que vengan de cualquier lugar del mundo, que discriminar entre refugiados por razones políticas y migrantes por motivos económicos no tiene sentido, y que el propio permiso de residencia debe ser abolido para no crear vulnerabilidades que favorezcan a las redes criminales. Junto con esta política de plenas puertas abiertas y máxima solidaridad con quienes él prefiere llamar simplemente "personas" (personas "con el derecho a vivir en un lugar distinto del que nacieron y a ir donde quieran en busca de una vida mejor", arguye), y no "migrantes", Orlando es asimismo un impulsor de la movilidad urbana sostenible.


(Texto actualizado hasta julio 2019)

Biografía

1. Primera etapa como alcalde de Palermo: la resistencia antimafia desde la cultura cívica y la experiencia de La Rete
2. Paréntesis municipal y nuevas iniciativas políticas en el ámbito del centro-izquierda
3. Regreso al Ayuntamiento, postura proinmigración y desacato de las restricciones del ministro Salvini


1. Primera etapa como alcalde de Palermo: la resistencia antimafia desde la cultura cívica y la experiencia de La Rete

El palermitano Leoluca Orlando se graduó en Jurisprudencia por la Universidad de su ciudad, donde antes de entrar en política ejerció la abogacía y dio clases de Derecho Público. Además, amplió estudios jurídicos en la Universidad de Heidelberg.

Afiliado a la Democracia Cristiana (DC), en 1976 fue contratado como asesor legal por Piersanti Mattarella, diputado del partido en Sicilia y miembro del ala democristiana progresista liderada por Aldo Moro. Tras ser elegido Mattarella presidente de la Región Siciliana en 1978, Orlando siguió asistiendo a su jefe y amigo, quien se proponía estrangular la capacidad de extorsión de la Cosa Nostra a costa del erario público mediante una drástica reforma administrativa y financiera. La eficacia del plan antimafia de Mattarella, centrado en la transferencia de competencias del Gobierno Regional, totalmente infiltrado por los mafiosos, a los ayuntamientos y en la aplicación de criterios de transparencia al sistema de contrataciones públicas, quedó trágicamente de manifiesto con el asesinato del dirigente político, muerto a tiros por un sicario en enero de 1980.

La brutal eliminación de Mattarella por la Mafia -y con la más que probable complicidad de políticos de la DC- marcó profundamente a Orlando, que decidió proseguir la valiente labor de su mentor, tomando la bandera de la lucha contra la maraña de complicidades entre la todopoderosa organización criminal y numerosos cuadros políticos locales, por lo general democristianos. Igual compromiso asumió el hermano menor del difunto, Sergio Mattarella, también abogado de DC y cuya carrera política iba a culminar 35 años después en la elección como presidente de la República.

Poco después del magnicidio de Mattarella, Orlando salió elegido concejal del Ayuntamiento de Palermo. Esta primera experiencia en la política representativa y la red personal de contactos y apoyos que fue formándose a su alrededor animaron al abogado a postularse en 1985 a alcalde de la capital siciliana, cargo en el que fue investido por el Consejo Municipal el 13 de mayo. Apoyado por un ramillete de formaciones orientadas a la izquierda (y a las que en 1989 iba a sumarse el Partido Comunista Italiano, PCI), el sindaco de Palermo se empleó a fondo para relanzar la vida social y cultural de la ciudad, que seguía siendo el escenario macabro de los crímenes y asesinatos, prácticamente diarios, de la Cosa Nostra, cuyos diferentes clanes y facciones dirimían sus diferencias en una guerra interna con un balance de cientos de muertos.

La campaña de Orlando para mejorar la imagen internacional de la principal urbe de Sicilia y estimular la conciencia cívica de sus paisanos y vecinos, exhortados desde el Ayuntamiento a no prestarse a ningún trato ilícito con la Costa Nostra y a abrazar la cultura de la legalidad, pasó a los anales como la Primavera de Palermo. El precio de esta osada operación municipal era, obviamente, multiplicar los riesgos físicos para la persona del alcalde, quien se sabía en las listas negras de los mafiosos desde su etapa con Mattarella. Pero, además, su nuevo estilo de hacer política, alternativo a los manejos tradicionales de los partidos predominantes, le granjeó a Orlando las hostilidades de los socialistas de Bettino Craxi y del aparato conservador de su propio partido, en particular la corriente andreottiana, cuyo principal exponente en Sicilia era el ex alcalde palermitano Salvo Lima (al que la Mafia iba a asesinar en 1994). La aceptación por Orlando del respaldo del PCI en el gobierno municipal irritó particularmente a sus jefes partidistas en Palermo y Roma.

Su enfrentamiento personal con Giulio Andreotti, en aquel momento primer ministro de Italia y en la cima de su poder, concitó tantas presiones sobre Orlando que en enero de 1990 este se vio forzado a anunciar su dimisión. Sin embargo, el alcalde no hizo efectiva la renuncia hasta después de las elecciones municipales de mayo, en las que la DC de Palermo, gracias en buena medida a la popularidad de su primer edil, conquistó una resonante mayoría absoluta.

El 24 de enero de 1991 Orlando abandonó finalmente la DC -todavía faltaban tres años para la histórica implosión de la principal formación del centro-derecha italiano, liquidada por el escándalo Tangentopoli y la ofensiva judicial anticorrupción Mani pulite- y presentó su propia fuerza política, el Movimiento por la Democracia-La Red (La Rete), formación adherida a los principios de la izquierda cristiana y con nociones ecologistas que ofrecía al conjunto de los italianos la misma plataforma de valores morales por los que su artífice se había hecho famoso en Sicilia: el rechazo absoluto a la Mafia y la corrupción de los partidos, y la regeneración de la vida pública a partir de la concienciación y la movilización éticas de los ciudadanos. Orlando deseaba hacer de La Rete un movimiento horizontal y transversal, y ganó para su proyecto renovador la adhesión de varios políticos e intelectuales ubicados en el centro y la izquierda.

La Rete, constituida formalmente en Roma en marzo, hizo su debut en las elecciones de julio de 1991 a la Asamblea Regional de Sicilia. Con el 7,4% de los votos, la agrupación quedó en cuarto lugar por detrás del Partido Democrático de la Izquierda (PDS, ex PCI), el Partido Socialista Italiano y la DC. Uno de los cinco escaños obtenidos fue para Orlando, quien sin embargo renunció a este mandato regional en diciembre, poco después de celebrar La Rete su Asamblea constituyente en Florencia, a fin de preparar su envite por la Cámara de Diputados de Italia en las generales de abril de 1992. Entonces, La Rete, con menos del 2% de los sufragios, consiguió una docena de diputados y su líder, electo en los colegios de Palermo y Roma, debutó en la política nacional.

Ahora bien, la delicada situación en Palermo, donde el sanguinario clan de los Corleonesi había declarado la guerra abierta a los funcionarios del Estado más comprometidos en la lucha antimafia (en 1992 los Corleonesi habían asesinado a los destacados jueces Giovanni Falcone y Paolo Borsellino) e incluso estaba poniendo bombas, al más puro estilo terrorista, en destinos turísticos (en venganza por la captura de Totò Riina, cabeza del clan y máximo capo de la Mafia siciliana, en enero de 1993), empujó a Orlando a regresar a la política de su ciudad natal, atormentada por la violencia.

En las votaciones municipales de junio y noviembre de 1993 los italianos, por primera vez, pudieron elegir directamente a sus alcaldes. En Palermo, el 21 de noviembre, Orlando regresó a la dirección del Ayuntamiento con un arrollador 75,2% de los votos, sacándole casi 60 puntos de diferencia a su principal oponente, la democristiana Elda Pucci. Su lista electoral, llamada Alianza de los Progresistas, integraba a La Rete, el PDS, la Federación de los Verdes (FdV), el Partido de la Refundación Comunista (PRC) y el grupúsculo socialcristiano Ciudad para el Hombre (CxU). El nuevo gobierno municipal lanzó de inmediato una serie de medidas para ahondar el proceso, emprendido por la primera administración de Orlando pero conducido de manera negligente por sus sucesoras, del filtrado de empresas sospechosas de pertenecer a familias mafiosas en los concursos de contratas públicas del Ayuntamiento. Por otro lado, la Junta Municipal promovió la reducción del uso del transporte rodado privado en favor de la movilidad urbana sostenible.

Orlando se presentó a las elecciones de junio de 1994 al Parlamento Europeo y el suyo fue el único escaño sacado entonces por La Rete. En el hemiciclo de Estrasburgo, el representante italiano se inscribió en el Grupo Verde y agotó su mandato de cinco años, que pudo compaginar con el de alcalde. Su mandato en Palermo fue renovado en las elecciones locales de noviembre de 1997 con el 58,6% de los votos, esta vez arropado por una coalición más amplia de formaciones, las mismas de 1993 más el Partido Popular Italiano (PPI, el heredero progresista de la extinta DC) y Renovación Italiana (RI). En buena parte se trataba de El Olivo, la gran alianza de centro-izquierda que, llevando a Romano Prodi de candidato a primer ministro, había ganado las elecciones generales de 1996.


2. Paréntesis municipal y nuevas iniciativas políticas en el ámbito del centro-izquierda

En febrero de 1999, siendo todavía alcalde y simultáneamente eurodiputado, Orlando decidió la absorción de La Rete, que como partido de proyección nacional -donde operaba en el seno de El Olivo- e incluso regional -descenso a la novena posición en las elecciones sicilianas de 1996- venía teniendo un rendimiento nimio, tratándose de una fuerza de alcance casi exclusivamente local, por Los Demócratas, el pequeño partido de centro socialcristiano montado por Prodi, cuyo Gobierno había caído el año anterior al perder una moción de confianza en la Cámara.

Casi dos años después, en diciembre de 2000, en la recta final de su mandato en Palermo, Orlando renunció a la Alcaldía para candidatear en las votaciones regionales de junio de 2001 a presidente de Sicilia, cargo que por vez primera iba a ser elegido directamente en las urnas. Postulante por cuenta de El Olivo y más concretamente en nombre de La Margarita, una subalianza de centro-izquierda animada por Francesco Rutelli y que componían el PPI, la RI y Los Demócratas, Orlando, con el 36,6% de los votos, sucumbió ante Salvatore Cuffaro, el candidato del bloque del centro-derecha (siete años después, Cuffaro iba a ser condenado a prisión por connivencia mafiosa). Con todo, el opositor se aseguró su continuidad en las instituciones políticas de la isla como miembro de la Asamblea Regional, donde el mandato era de cinco años.

Siempre inquieto social y políticamente, Orlando, cuyo verbo vehemente y su tendencia a los pasos unilaterales le costaban trifulcas y enemistades con cierta frecuencia, siguió en el candelero informativo con sus propuestas de debate y sus movimientos partidistas, a los que daba un característico barniz ético. En marzo de 2002 se convirtió en militante de La Margarita al fusionarse los socios integrantes de la alianza para dar lugar a una única formación de igual nombre. En 2005 el ex alcalde entró en un conflicto insoluble con Rutelli y la dirección del partido por ponerse del lado de la precandidata disidente Rita Borsellino en la elección interna para la definición del candidato de La Margarita a la Presidencia de Sicilia en las regionales de 2007.

Expulsado de La Margarita, Orlando fue invitado por el famoso juez anticorrupción Antonio Di Pietro a unirse a su partido, Italia de los Valores (IDV), cuyos enfoques legalistas y cívicos coincidían bastante con los de la anterior Rete. Orlando pasó a ser el portavoz nacional de IDV, partido en el que se apoyó también para hacer su retorno a la Cámara de Diputados de Roma en las elecciones generales de 2006; entonces obtuvo un mandato parlamentario que renovó en los comicios anticipados de 2008. Entre medio, en las elecciones municipales de mayo de 2007, Orlando, respaldado en bloque por todos los partidos del centro-izquierda, disputó la Alcaldía de Palermo al regidor en ejercicio desde las elecciones de 2001, Diego Cammarata, de la Forza Italia de Silvio Berlusconi. Derrotado con el 45,2% de los votos, el opositor no aceptó los resultados, alegó fraude masivo y reclamó al Tribunal Administrativo Regional que anulara las elecciones.

El 21 de marzo de 2011 el diputado, como si volviera a unos orígenes que en realidad nunca había abandonado, presentó su nuevo movimiento político-social, La Rete 2018. Al igual que su predecesora de la década de los noventa, esta nueva Rete nacía de un diagnóstico preocupante de la situación nacional, caracterizada según Orlando por la "sofocante identificación entre democracia y sistema de partidos", los "impulsos antidemocráticos de las oligarquías partidistas" y la "presencia creciente de la economía legal y, en sus formas más brutales, poderes ocultos y criminales como la Mafia". A fin de ayudar a vindicar la "democracia progresista", sostener los derechos fundamentales de los ciudadanos y fortalecer las instituciones, todos ellos erosionados por el "régimen" de partidos imperante y por las "violaciones" del imperio de la ley, venía a constituirse La Rete 2018. Para Orlando, el concepto clave era el de retitudine (retitud, neologismo surgido de la simbiosis de red y rectitud), que debía entenderse como un "sentimiento", un "modo de ser y de vivir". Retitudine implicaba regirse a la vez por la "conciencia cívica" y por la "responsabilidad individual".


3. Regreso al Ayuntamiento, postura proinmigración y desacato de las restricciones del ministro Salvini

La Rete 2018 no se planteó funcionar como un partido político al uso y Orlando siguió militando en IDV, vehículo que iba a ser de su quinta postulación a la Alcaldía de Palermo en mayo de 2012. A diferencia de las elecciones de 1993, 1997 y 2007, Orlando, debido a una serie de desavenencias, no concurrió como el candidato unitario del centro-izquierda y su envite fue casi en solitario, únicamente apoyado por dos grupos pequeños, los verdes de la FdV y los socialistas de la Federación de la Izquierda (FdS). Este hándicap no fue óbice para que el ya dos veces edil palermitano regresara triunfalmente a la Alcaldía con el 72,4% de los sufragios cosechados en la segunda vuelta del 21 de mayo. Los derrotados más señalados fueron Fabrizio Ferrandelli por el Partido Democrático (PD, fuerza mayoritaria creada en 2007 de la fusión de los DS -ex PDS- y La Margarita) y Vincenzo Massimo Costa por el Pueblo de la Libertad de Berlusconi.

El 22 de mayo de 2012 Orlando, apoyado en una mayoría municipal de 30 concejales sobre 50, tomó posesión de la Junta Municipal de Palermo resuelto a aplicar su programa electoral, cuyo capítulo más ambicioso era la consecución de un modelo urbano de movilidad sostenible. Reducir el tráfico rodado y la polución ambiental, y descongestionar las calzadas de la ciudad eran metas prioritarias. Para tal fin, el Ayuntamiento lanzó un plan de peatonalización del centro histórico, aceleró las obras (iniciadas por el anterior consistorio en 2007) de la nueva red municipal de tranvías, cuatro líneas que entraron en servicio en diciembre de 2015, y desarrolló los sistemas de transporte en bicicleta y de uso compartido de automóviles.

Las intervenciones estructurales del Ayuntamiento para la mejora de la quinta ciudad más populosa de Italia fueron apreciadas por el Gobierno nacional del PD y el primer ministro Matteo Renzi, con quien Orlando firmó en abril de 2016 el llamado Pacto por Palermo, que involucraba a Roma en la financiación de la mitad de los 770 millones de euros presupuestados para el plan municipal. También por la UNESCO, que en 2015 incluyó el itinerario de construcciones árabe-normandas de Palermo, y en la provincia las catedrales de Cefalú y Monreale, en su lista de Sitios Patrimonio de la Humanidad.

Orlando, que en 2013 figuró entre los animadores de dos nuevos grupos de corte cívico-político, Revolución Civil y Movimiento 139, y que el 7 de junio de 2016 agregó el cargo de alcalde de la Ciudad Metropolitana de Palermo (nuevo ente local, creado en agosto de 2015 y que comprendía Palermo y los otros 81 municipios de la ahora desaparecida provincia homónima), vio respaldada su gestión en las elecciones municipales del 11 junio de 2017, aunque con una considerable pérdida de votos, y eso que esta vez sí se presentó arropado por todo el centro-izquierda: el titular en ejercicio ganó otro mandato quinquenal con el 46,3% de los sufragios.

Su adversario apoyado por el centro-derecha era Fabrizio Ferrandelli, su principal oponente de 2012, quien había roto con el PD y se presentaba como independiente. Con Orlando estaban el PD, la Alternativa Popular, el binomio Izquierda Común-Refundación Comunista, el Movimiento 139 y otros cuatro micropartidos y listas cívicas locales, a saber, Palermo 2022, Unidos por Palermo, Alianza por Palermo y Mosaico Palermo. El alcalde se presentó en nombre no de IDV, sino del PD, si bien Orlando no se convertiría oficialmente en miembro del partido hasta enero de 2018.

Ya antes de encadenar este quinto mandato municipal al cuarto iniciado en 2012, Orlando empezó a aparecer en la prensa internacional por un motivo que a primera vista era ajeno al funcionamiento ordinario de un consistorio, si bien el político, desde un principio, consideró esta actuación suya inherente al compromiso asumido con electores y vecinos: se trataba de su política de puertas abiertas a los refugiados y migrantes -los segundos, con la legislación italiana en la mano, irregulares- rescatados en aguas del Mediterráneo y conducidos al puerto seguro de Palermo, donde el alcalde les recibía personalmente con el mensaje de "bienvenidos". En realidad, Orlando siempre había estado involucrado en la integración y la inclusión de las personas recién llegadas a Palermo, independientemente de su origen.

Solo entre 2015 (cuando el inicio de la gran crisis europea de los refugiados, cuyo flujo principal fue el de los cientos de miles de sirios y desplazados de otras áreas en conflicto de Oriente Medio y el Cuerno de África que, embarcados en las costas turcas, llegaron a Grecia para luego intentar llegar a pie hasta Alemania cruzando los Balcanes y toda Europa Central) y entre 2017 más de 400.000 migrantes y refugiados arribaron a Sicilia (principalmente a los puertos de Pozzallo, Catania, Augusta y Messina) y las islas colindantes de Pantelaria y Lampedusa, creando un formidable problema de acogida y asimilación en una región con 5 millones de habitantes y donde las condiciones socioeconómicas no eran precisamente las más boyantes de Italia; por ejemplo, la tasa de desempleo en Sicilia alcanzaba el 22%.

El número de llegadas se redujo drásticamente a partir de la segunda mitad de 2017, por dos motivos: el nuevo protocolo restrictivo impuesto por el Gobierno italiano a las ONG cuyos barcos participaban en las labores de búsqueda y rescate de migrantes en el Mediterráneo; y el inicio del operativo de unidades de la Marina Militar italiana en las aguas territoriales de Libia en apoyo de los guardacostas del país vecino, hundido en la desintegración territorial y la guerra civil, a fin de frustrar los embarques.

La disponibilidad de Orlando para con los rescatados, hombres, mujeres y niños de múltiples nacionalidades subidos a embarcaciones precarias que muchas veces zozobraban con pérdida masiva de vidas, era total. Así, el Ayuntamiento garantizaba su derecho a recibir atención médica, a asistir a la escuela y a trabajar con contrato tras haber vivido dos meses en Palermo, ciudad de la que pasaban a ser "ciudadanos" de pleno derecho. El consistorio, también, les asesoraba y facilitaba los trámites para solicitar a las autoridades centrales el estatus de asilados, obtener la residencia permanente y regularizar su situación, y animaba a sus portavoces y representantes a participar en política.

Más allá de las consideraciones humanitarias y sobre la dignidad de las personas, Orlando tenía un enfoque omnicomprensivo del fenómeno de la inmigración que sorprendía por su audacia o radicalidad. El alcalde sostenía que había que abolir el permiso de residencia porque las trabas y demoras a la hora de concederlo obligaba a muchos migrantes a vivir como clandestinos y en la ilegalidad, volviéndoles vulnerables a los abusos o la explotación. Y esa era, precisamente, una situación de precariedad que interesaba a la Mafia y otros delincuentes locales. Para él, al argumento clásico de los partidarios de atajar la inmigración irregular sobre que los socorros en el mar y el cese de las devoluciones forzosas daban pábulo a las mafias del tráfico de personas y creaban un efecto llamada había que darle la vuelta: era, justamente, todo el entramado de barreras, prohibiciones y dispositivos policiales y militares lo que obligaba a los migrantes a recurrir a las organizaciones criminales del norte de África para hacer el salto del mar y jugarse la vida en trayectos muy peligrosos pagados además con todo lo que tenían.

Orlando lo tenía claro: la gente estaba en su "derecho a ir a donde quisiera buscando una vida mejor", la libertad de circulación de las personas no podía evitarse y discriminar entre refugiados por razones políticas y migrantes por motivos económicos resultaba incongruente. Europa era "culpable de esclavitud y de genocidio" en lo tocante a la inmigración, zanjaba el alcalde. Y lo que era más, Europa "necesitaba" a los inmigrantes africanos y asiáticos, por de pronto para trabajar en el sector agrícola, donde los autóctonos no querían emplearse, y también para repoblar zonas golpeadas por el declive demográfico. Él, con orgullo, presentaba a Palermo, designada capital italiana de la cultura en 2018, como un modelo de ciudad integradora que prolongaba una tradición multisecular de "asimilar extranjeros", al haber estado bajo el dominio de multitud de pueblos a lo largo de su historia.

El apasionado discurso proinmigración de Orlando y el repertorio de medidas con que lo ponía en práctica tomaron un cariz de abierto desafío a raíz de constituirse en Roma, el 1 de junio de 2018, el nuevo Gobierno de coalición populista-derechista entre el Movimiento Cinco Estrellas (M5S) de Luigi Di Maio y la Liga de Matteo Salvini. Este último, esgrimiendo los eslóganes de "Primero los italianos" y "Stop a la invasión", asumió los puestos de viceprimer ministro y ministro del Interior presto a ejecutar su programa de "rechazo", mejor cuanto más lejos de Italia, de la "inmigración masiva e incontrolada" y de deportación de "ilegales", señalando a 500.000 personas como objeto de expulsión. "Sicilia no puede ser el campo de refugiados de Europa", sostenía Salvini, mientras que el primer ministro no afiliado pero próximo al M5S, Giuseppe Conte, se pronunciaba con un énfasis similar ("pondremos fin al negocio de la inmigración", afirmó por su parte el presidente del Consejo). El caso era que en las elecciones generales del 4 marzo el M5S y el bloque del centro-derecha, del que la Liga formaba parte, habían cosechado en Sicilia una amplísima mayoría, como en la mayor parte de Italia. Lo mismo había sucedido en la isla en las regionales de noviembre de 2017.

Mientras presionaba a la UE para que abrazara sus posiciones duras en materia migratoria y entablaba negociaciones con las autoridades libias para impedir las partidas de barcazas desde sus costas, Salvini se apresuró a denegar a los buques de las ONG el permiso para desembarcar en Sicilia y las islas cercanas a cientos de migrantes y refugiados auxiliados en el Mediterráneo. La nueva directiva gubernamental de puertos cerrados a todo navío de salvamento que no fuera de la Marina italiana, la cual afectó, generando revuelto internacional, al barco Aquarius de las ONG SOS Méditerranée y Médicos Sin Fronteras (con 629 rescatados a bordo, el buque terminó siendo autorizado por el Gobierno español a atracar en el puerto de Valencia), halló al punto un eco resistente en Orlando. Al igual que los regidores de otras ciudades portuarias como Nápoles y Messina, el alcalde palermitano acusó a Salvini de "violar el derecho internacional", y recordó al ministro que salvar vidas en el mar y brindar refugio en tierra eran dos respuestas humanitarias que bajo ningún concepto podían penalizarse. Por ello, ofreció a la tripulación del Aquarius atracar en Palermo, donde de hecho ya hacía más de un año que no llegaba ningún barco con migrantes o refugiados, si bien las competencias portuarias correspondían a Roma.

En septiembre de 2018 el Consejo de Ministros italiano adoptó un polémico decreto sobre seguridad e inmigración que, entre otros cambios, modificaba a la baja los derechos de asilo y ciudadanía. En este ámbito, la nueva norma derogaba la modalidad de protección por razones humanitarias, supuesto que la ley contemplaba hasta ahora para conceder a ciudadanos extranjeros la protección internacional y que en 2017 había sido aplicado en la mitad de las solicitudes aceptadas (la otra mitad del total de solicitudes había sido rechazada), siendo menos frecuentes las concesiones del estatus de refugiado y de la protección subsidiaria; a cambio, se introducía un permiso de residencia para determinados "casos especiales". Asimismo, el decreto duplicaba el tiempo máximo de estadía, de los 90 a los 180 días, en los Centros de Permanencia para la Repatriación (CPR), y ampliaba la lista de delitos causantes de la revocación o la denegación de la protección internacional y el estatus de refugiado.

El llamado Decreto Salvini imponía también severas restricciones que afectaban directamente a los ayuntamientos, encargados de gestionar el Sistema de Protección para los Solicitantes de Asilo y los Refugiados (SPRAR). Así, en lo sucesivo, los ayuntamientos solo podrían otorgar las ayudas del SPRAR a quienes ya contaran con protección internacional o a menores extranjeros no acompañados y, punto clave, ya no podrían empadronar a ningún migrante cuyo permiso de residencia por razones humanitarias hubiera caducado o simplemente tuviera solicitado el asilo. Sin el registro (anagrafe) en las oficinas municipales, los inmigrantes no podían beneficiarse de la asistencia sanitaria y otros servicios públicos.

Desde Palermo, Orlando arremetió contra el Decreto Salvini, describiéndolo como "un texto inhumano que viola los derechos humanos e induce al delito al calificar como ilegales a personas que se encuentran legítimamente en nuestro territorio". "Todos los regímenes [dictatoriales] empezaron con unas leyes raciales", arguyó igualmente Orlando, al que se sumaron en la denuncia sus colegas de Milán, Nápoles, Parma, Florencia, Reggio Calabria y otras ciudades, como él miembros del PD o independientes orientados al centro-izquierda. Orlando subrayó que la Junta Municipal de Palermo, la cual ya había dado acogida a unos 20.000 foráneos, no iba a aplicar algunas de las disposiciones de la norma, que para él solo buscaba hacer la vida imposible a los venidos de fuera y rezumaba racismo y xenofobia.

La nueva normativa sobre seguridad e inmigración fue aprobada por la Cámara de Diputados el 27 de noviembre de 2018, quedando pendiente el visto bueno del Senado. Menos de un mes después, el 21 de diciembre, Orlando ordenó "en secreto" a su oficina que se entregaran certificados de residencia a los extranjeros que los solicitaran.

Orlando no solo estaba decidido a ignorar parte del decreto del Gobierno, lo que atañía a los empadronamientos. También, se mostraba dispuesto a darle la batalla a Salvini en el terreno jurídico, al estimar que su ley conculcaba claramente algunos puntos de la Constitución. Furioso por este boicot a su medida, el ministro medio amenazó a Orlando y los demás alcaldes "desobedientes", tachados de "amigos de los clandestinos" y "traidores de los italianos", a través de un video publicado en Facebook y donde decía: "¿Desobedecen las leyes? No les voy a enviar el Ejército, pero tendrán que responder legalmente por ello. Si hay una ley, se respeta. Y si hay algún alcalde que no esté de acuerdo, que dimita. Estamos en una democracia y gobiernan los italianos".

El insólito pulso Orlando-Salvini se prolongó en los meses siguientes con crecientes cotas de intensidad, insultos mutuos incluidos. En abril de 2019 el alcalde imputó al ministro un "comportamiento subversivo" y le llamó "joven Mussolini", y manifestó que el único que estaba "en contra de los italianos" era él. En junio, en una conferencia sobre la integración de los pueblos del Mediterráneo, Orlando recalcó que era hora de eliminar la palabra "migrantes" para hablar simplemente de "personas", personas "con el derecho a vivir en un lugar distinto del que nacieron".

Leoluca Orlando es autor de una obra ensayística que toca los temas de la política administrativa y la resistencia civil contra la Mafia. Reiteradamente laureado, entre sus reconocimientos y galardones figura el Premio Konrad Adenauer, concedido por la Fundación alemana homónima en 2008. En 1999 el político puso en marcha en Palermo el Instituto para el Renacimiento Siciliano, organización sin ánimo de lucro que se fijó como misión fomentar la cultura de la legalidad y el respeto de los derechos humanos.

(Cobertura informativa hasta 15/7/2019)

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