Annalena Baerbock

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Actualización: 6 octubre 2021

Alemania

Copresidenta de Los Verdes (2018-)

  • Annalena Charlotte Alma Baerbock
  • Mandato: 27 enero 2018 - En ejercicio
  • Nacimiento: Hannover, Baja Sajonia, 15 diciembre 1980
  • Partido político: Bündnis 90/Die Grünen (Alianza 90/Los Verdes)
  • Profesión: Politóloga
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Presentación

Annalena Baerbock, copresidenta de Alianza 90/Los Verdes (Bündnis 90/Die Grünen), es la candidata de su partido a la Cancillería Federal de Alemania en las elecciones del 26 de septiembre de 2021 al Bundestag. La designación en abril de la diputada ecologista, en la oposición al Gobierno de Gran Coalición entre democristianos y socialdemócratas, se tradujo en una fuerte subida de las expectativas de voto de Los Verdes, hasta el punto de adelantar a la CDU/CSU y colocarse primeros en varias encuestas. La posibilidad, histórica, de unos comicios ganados por Los Verdes, aunque fuera por una exigua mayoría simple, se desvaneció a las puertas del verano después de incurrir Baerbock en unos errores de imagen más bien anecdóticos pero que enfriaron la entusiasta acogida de los electores a su programa, volcado en la consecución de unos ambiciosos objetivos climáticos. Ahora, el escenario que podría abrírsele a Baerbock, de 40 años, no es ya cogerle el testigo a Angela Merkel y encabezar el próximo Ejecutivo germano, algo fuera de su alcance, sino ayudar a vertebrar un Gobierno que forzosamente tendrá que ser de coalición, probablemente tripartita. Su socio preferente es el SPD del actual vicecanciller, Olaf Scholz, al frente de los sondeos en el último mes, pero tampoco cierra las puertas a un entendimiento con los democristianos de Armin Laschet.


ROSTRO DE LA AMBICIÓN CLIMÁTICA
El manifiesto electoral de Los Verdes hace hincapié en sus leitmotivs ambientalistas, bien conocidos por los electores pero que en los últimos tiempos hallan un eco más favorable, en un público, los jóvenes en particular, sensibilizado por las amenazas visibles del calentamiento global y el cambio climático, y también menos afín a los partidos predominantes. El eje fundamental del programa, expuesto en clave de emergencia, es la insatisfacción con la agenda federal para la transición energética y la neutralidad climática, cuyos plazos ellos quieren acortar drásticamente. Solo así, aseguran, podrá Alemania cumplir con las metas del Acuerdo de París, sobre mantener la subida de la temperatura media del planeta por debajo de los 2 °C por encima de los niveles preindustriales y limitar preferentemente ese incremento a los 1,5 °C. Un programa, añaden, que es coherente con el fallo dictado el 29 de abril de este año por el Tribunal Constitucional y que ordenaba actualizar en un sentido más exigente la Ley Federal de Protección del Clima (Bundes-Klimaschutzgesetz) adoptada por el Gobierno de Gran Coalición en 2019, al estimar que pecaba de poco ambiciosa y trasladaba a las generaciones futuras, es decir, los niños y los jóvenes del presente, la carga de los efectos perniciosos del cambio climático.

En lugar de poner fin a la generación eléctrica de carbón en 2038, tal como acordaron la CDU/CSU y el SPD en 2019, Baerbock y sus colegas defienden cerrar las últimas centrales de hulla y lignito en 2030, es decir, ocho años después de desconectarse el último reactor nuclear. Los Verdes apuestan por una "transformación socioecológica de la economía que pase por una "reestructuración" de la industria en aras de la protección del planeta y la salud de las personas, junto con la preservación de la "competitividad" y los puestos de trabajo. "Crear prosperidad respetuosa con el clima" no será posible, reconocen, sin un "pacto" con las empresas, que tienen derecho a los adecuados incentivos y ayudas. Alemania debe seguir produciendo acero, dicen, pero dentro de los requisitos de la neutralidad carbónica. 2030 es el año fetiche para Los Verdes, que lo ponen también como fecha tope para registrar vehículos contaminantes, momento de declarar "superfluo" el uso del avión para el transporte doméstico (para penalizar los vuelos de corta distancia, quieren aplicar un impuesto al queroseno), año en que habrá de duplicarse el transporte público con un empuje millonario de los trenes, los tranvías y los autobuses eléctricos, y marca para una reducción del 70% al menos de las emisiones de gases de efecto invernadero. Esto último, frente al 65% previsto por la segunda Ley Federal de Protección del Clima (Bundes-Klimaschutzgesetz), cuya primera versión estipulaba el 55% de reducciones para 2030.

La siguiente fecha clave para Los Verdes es 2035, año en que debería completarse la transición a la generación eléctrica de fuentes renovables, esto es, las energías solar y eólica. A fin de acelerar la reducción de las emisiones de dióxido de carbono en paralelo a la "expansión masiva" de las renovables, el partido, entre otras medidas penalizadoras, quiere limitar a 130 km/h la velocidad de circulación en las autopistas y aumentar la tarifa de recargo por tonelada del gas a los 60 euros en 2023 -frente al actual esquema federal de alzas graduales a 25-55 euros de aquí hasta 2025-, con la consiguiente repercusión en el precio de los carburantes para transporte y calefacción. El manifiesto electoral proclama el deseo de alcanzar la completa descarbonización y neutralidad climática de Alemania aproximadamente en 2041, cuatro años antes de lo contemplado por la Bundes-Klimaschutzgesetz, cuya primera versión, luego criticada por el Tribunal Constitucional, se decantaba por el año 2050, en la línea del plan de actuación de la Unión Europea.

Baerbock ha explicado que su partido contempla inversiones públicas anuales de 50.000 millones de euros. Los Verdes pretenden gastar en tejados solares (a instalar en todos los edificios posibles, obligatoriamente en las nuevas construcciones, de manera que se conviertan en un "estándar"), aerogeneradores (reservando el 2% de la superficie terrestre a esa actividad), ferrocarriles, Internet de banda ancha y otra tecnología digital. Para financiar estos compromisos, propugnan elevar los tipos máximos del impuesto sobre la rentas superiores a los 100.000 euros, recuperar el impuesto al patrimonio y endurecer los gravámenes a las ganancias de capital y los gigantes de Internet. En suma, más presión fiscal directa para quienes más ganan. Otros puntos del programa son elevar el salario mínimo a los 12 euros la hora, sustituir el Hartz IV por otro subsidio de desempleo y aprobar una ley federal de calidad que garantice "estándares mínimos" en la educación infantil. Para una mejor coordinación de todas estas medidas, Los Verdes desean crear un Ministerio del Clima con poder de veto sobre toda norma que pueda arriscar el cumplimiento de los compromisos contraídos por Alemania en los Acuerdos de París.

En política exterior y de seguridad, Los Verdes, un partido nítidamente europeísta, han recalcado su rechazo de plano al polémico gasoducto Nord Stream 2, que duplicará los suministros directos a Alemania de gas de Rusia, gobernada a la sazón por un "régimen autoritario", a través del mar Báltico y soslayando la red terrestre que pasa por Ucrania. Baerbock en particular se ha mostrado favorable a la creación de un Ejército europeo orientado a las misiones de paz y colocado bajo la supervisión del Parlamento Europeo. Los Verdes, a diferencia de Die Linke, no impugnan la existencia de la OTAN ni la pertenencia de Alemania a la misma, pero reclaman una "revisión" de la estrategia y los objetivos de la organización transatlántica. También, rechazan que el 2% de PIB nacional se destine al gasto de defensa.


CAMPAÑA CON ALTIBAJOS
El 19 de abril de 2021 Baerbock fue anunciada como candidata única a canciller por la Ejecutiva Federal de Los Verdes y el 12 de junio siguiente la 46ª Asamblea Federal del partido, celebrada en Berlín, la confirmó prácticamente por aclamación. Entre ambas fechas, la aspirante conoció momentos de triunfalismo y de frustración. Para empezar, la nominación de esta titulada en Derecho Internacional Público por la LSE, descrita por los comentaristas como una política metódica y analítica, tuvo un efecto fulminante en las encuestas, que de la noche a la mañana situaron a Los Verdes, rozando el 30%, varios puntos por delante de la CDU/CSU y considerablemente distanciados de un SPD hundido a mínimos históricos. El súbito sorpasso a los democristianos de Merkel recordaba el momento fugaz vivido en junio de 2020, pero esta vez parecía tratarse de algo más sólido, el indicio de un cambio de tendencia. Lo verde estaba en boga, los jóvenes alemanes, preocupados por su futuro, instaban a las autoridades a pisar el acelerador en la protección del clima, y el estilo y la presencia de Baerbock conectaban bien con la corriente de simpatía hacia el movimiento.

Llegado mayo, Baerbock empezó a sufrir un resbalón tras otro. Primero fue la revelación por la prensa de que la candidata había reportado con retraso al Bundestag unos ingresos de 25.500 euros obtenidos entre 2018 y 2020 en concepto de honorarios como copresidenta del partido. Baerbock reconoció su tardanza en declarar ese dinero al Parlamento y pidió disculpas. A continuación, nuevas indagaciones periodísticas sacaron en claro que la dirigente verde sobredimensionaba en su currículum vitae determinados pasajes de su formación universitaria y su trayectoria, como su grado de compromiso con el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) y su especialidad en Derecho Internacional, al describirse como "abogada" en la materia, lo que en sentido estricto, con los estándares académicos alemanes en la mano, no era cierto. Los pasajes equívocos del currículum fueron corregidos. A finales de junio, otra polémica erosiva asaltó a Baerbock cuando un autor dio bombo a que había descubierto al menos una docena de pasajes "plagiados" por la autora, que no citaba fuentes, en su biografía-manifiesto Jetzt: Wie wir unser Land erneuern (Ahora. Cómo vamos a renovar nuestro país), aparecida en las librerías el 21 de junio. Baerbock prometió incorporar notas bibliográficas y citas de sus fuentes en la próxima edición del libro.

Para entonces, la sorpresa demoscópica de abril ya se había evaporado, con Los Verdes de nuevo a remolque de la CDU/CSU con hasta 11 puntos de diferencia. Sin embargo, el pinchazo había comenzado antes de que las controversias en torno a Baerbock alcanzaran su apogeo, es decir, que el aparente efecto Baerbock había durado únicamente dos o tres semanas. En julio las expectativas de voto de Los Verdes regresaron a los niveles de los primeros meses del año y en agosto, coincidiendo con una fuerte subida del SPD, volvieron a caer. La inundaciones catastróficas en Renania, que azuzaron el debate sobre las medidas que se estaban adoptando para luchar contra el cambio climático, no tuvieron ninguna incidencia en las alicaídas perspectivas de Los Verdes, por lo que cabía preguntarse si la pérdida de intención de voto y el descenso hasta el tercer puesto en los sondeos, lo que no sucedía desde el otoño de 2018, obedecía únicamente a los fallos personales de su candidata a canciller. En vísperas del congreso partidario de Berlín se especuló con una posible renuncia de Baerbock y la designación de un candidato alternativo, pero eso no sucedió.


BALANCE Y SITUACIÓN INSTITUCIONAL DE LOS VERDES
En la legislatura 2017-2021 Los Verdes componen solo la sexta fuerza del Bundestag, con menos escaños (67) que la Alternativa para Alemania (AfD, extrema derecha), el FDP (liberal) y Die Linke (extrema izquierda). En las elecciones federales nunca han pasado de terceros, cuartos, si se considera aparte a la CSU bávara, y su techo en este ámbito se remonta a 2009, cuando sacaron el 10,7% de los votos y 68 diputados. Lo cierto es que desde 2002 se han mantenido bastante estables, en la horquilla del 8%-11%. Su tirón viene siendo mayor en las elecciones europeas. En 2019, llevando a Ska Keller de cabeza de lista, dieron la campanada con el 20,5% de los votos, superando a un SPD que tocaba fondo y convirtiéndose por primera vez en la segunda opción más votada a nivel nacional. Die Grünen alemanes son el pilar del Grupo de Los Verdes/Alianza Libre Europea, al que aporta 21 de sus 73 eurodiputados.

Una de las críticas que Baerbock, parlamentaria desde 2013, suele recibir es por su falta de experiencia en las tareas ejecutivas. Carencia que no puede achacarse a su colectividad, que gobernó Alemania como socio júnior del SPD en 1998-2005 (con Joschka Fischer de vicecanciller y ministro de Exteriores) y que desde 1985 ha integrado 32 gobiernos de los Länder. En la mejor tradición de los partidos bisagra, Los Verdes, en diferentes momentos y lugares, se han entendido con el SPD -en la mayor parte de los casos-, la CDU, el FDP y Die Linke, dando lugar a la mayoría de las combinaciones cromáticas de la política alemana: la roja-verde con el SPD; la negra-verde con la CDU; la Jamaica (negra-amarilla-verde) con la CDU y el FDP; la Kenya (negra-roja-verde) con la CDU y el SPD; la semáforo (roja-amarilla-verde) con el SPD y el FDP; y la roja-roja-verde, a veces llamada R2G, con el SPD y Die Linke.

Ahora mismo, el partido participa en 10 de los 16 ejecutivos estatales. Hay coaliciones roja-verde en Hamburgo, negra-verde en Baden-Württemberg y Hesse, Jamaica en Schleswig-Holstein, Kenya en Brandeburgo y Sajonia, semáforo en Renania-Palatinado, y roja-roja-verde en Turingia, Berlín y Bremen. La excepción a esta tónica de socios minoritarios es, desde 2011, Baden-Württemberg, donde el verde Winfried Kretschmann ya va por su tercer Gobierno estatal; en este Land del oeste, los socios secundarios son los democristianos. A la sólida primacía en el Landtag de Stuttgart hay que sumar las segundas posiciones conquistadas en Baviera y Hesse en 2018, y en Hamburgo en 2020. La participación de Los Verdes en el próximo Gabinete federal de coalición podría verse facilitada porque Baerbock y su compañero en la dirección colegiada del partido, Robert Habeck, se mueven en coordenadas moderadas.

(Texto actualizado hasta septiembre 2021)

Biografía

Oriunda de Hannover, en Baja Sajonia, pero arraigada en la oriental Potsdam, Annalena Baerbock recibió una capacitación en Ciencias Políticas y Derecho Internacional Público en la Universidad de Hamburgo (diplomatura), la London School of Economics (maestría), el British Institute of International and Comparative Law (práctica profesional) y la Universidad Libre de Berlín, centro este último donde realizó unos estudios inconclusos de doctorado. En sus años de estudiante trabajó de reportera para un periódico de Hannover y realizó prácticas en otros medios de comunicación. Por aquella época quería convertirse en corresponsal de guerra. Luego, laboró en la oficina de la eurodiputada Elisabeth Schroedter y en 2008 se vinculó al Bundestag como asesora en cuestiones de política exterior y seguridad del grupo parlamentario de Alianza 90/Los Verdes, el partido del que estaba familiarizada desde la infancia y donde en 2005 emprendió una militancia heredada de sus padres.

En esos momentos, la vieja formación fundada en 1980 (el año de nacimiento de Baerbock) por Petra Kelly y Gert Bastian con las banderas ecologista, antinuclear y pro-desarme se encontraba en la oposición al primer Gobierno Merkel de Gran Coalición entre la CDU/CSU y el SPD. Entre 1998 y 2005, Los Verdes, de la mano de uno de sus líderes históricos, Joschka Fischer, devenido vicecanciller federal y ministro de Exteriores, habían gobernado Alemania comos socios menores del socialdemócrata Gerhard Schröder.

En noviembre de 2009 Baerbock fue elegida copresidenta de Los Verdes en Brandeburgo. Sucedía a Ska Keller, quien ahora tenía mandato en el Parlamento Europeo. Asimismo, entró en la ejecutiva del Partido Verde Europeo. La joven llevó las riendas del partido en Potsdam, conjuntamente con Benjamin Raschke y en la oposición al Gobierno izquierdista SPD-Die Linke de Matthias Platzeck, hasta octubre de 2013, momento en que salió elegida diputada del Bundestag en representación del Land. En aquellas elecciones federales, Los Verdes, copresididos por Claudia Roth y Cem Özdemir, y coliderados en el Bundestag por Jürgen Trittin y Renate Künast, experimentaron un suave retroceso, pasando de los 68 a los 65 escaños. Al debutar en la cámara baja del Parlamento, Baerbock tomó la portavocía verde sobre política climática.

Baerbock, integrante del Consejo del partido (Parteirat) entre 2012 y 2015, ganó otro mandato legislativo en los comicios de septiembre de 2017, que permitieron recuperar cuatro escaños a su formación y precedieron el cuarto Gobierno Federal de Angela Merkel, nuevamente de Gran Coalición. Antes de constituirse este en marzo de 2018, Baerbock formó parte del equipo que exploró las posibilidades de forjar una inédita coalición Jamaica, es decir, un Gobierno de coalición entre la CDU/CSU, los liberales del FDP y Los Verdes. Sin embargo, las conversaciones preliminares fracasaron en noviembre por el portazo del líder liberal Christian Lindner, quien, entre otros puntos de desacuerdo, consideraba inasumible la reclamación por Los Verdes de proceder a un cierre rápido de las centrales eléctricas de carbón que seguían en funcionamiento.

Meses después, en la Asamblea Federal (Bundesversammlung, también denominada Conferencia de Delegados Federales, Bundesdelegiertenkonferenz) del 26 y el 27 de enero de 2018 en Hannover, Baerbock resultó elegida copresidenta orgánica con el 64% de los votos. Su compañero en la Ejecutiva Federal (Bundesvorstands) era Robert Habeck, miembro del Landtag de de Schleswig-Holstein. La nueva dirección bicéfala tomaba el relevo al tándem formado por Simone Peter-Cem Özdemir.

Miembro no practicante de la Iglesia Evangélica de Alemania, Annalena Baerbock está casada con el consultor político Daniel Holefleisch. La pareja ha tenido dos hijas.

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