Gloria Macapagal-Arroyo

© Comunidades Europeas (2006)

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Actualización: 1 junio 2016

Filipinas

Presidenta de la República (2001-2010) y vicepresidenta (1998-2001)

  • Maria Gloria Macaraeg Macapagal-Arroyo
  • Mandato: 20 enero 2001 - 30 junio 2010
  • Nacimiento: San Juan, Región de la Capital Nacional , 5 abril 1947
  • Partido político: Lakas-KAMPI-CMD
  • Profesión: Profesora de universidad
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Biografía

Hija de Diosdado Macapagal, presidente de la República en 1961-1965 y fallecido en 1997, pasó su infancia en Iligan, en la isla de Mindanao. Recibió la educación secundaria en el Colegio de la Asunción de Manila, regido por religiosas, donde se graduó magna cum laude con el título de bachiller en Ciencias Comerciales. Previamente cursó dos años en la Universidad Georgetown de Washington, teniendo como compañero de clase a otro futuro presidente, el estadounidense Bill Clinton, y a su vuelta a Filipinas contrajo matrimonio con el abogado y hombre de negocios Jose Miguel Tuason Arroyo. Además del idioma tagalo, aprendió el inglés y el español.

La fortuna de los Macapagal-Arroyo le permitiría años después ampliar su formación en la especialidad de Economía, hasta licenciarse por la Universidad del Ateneo de Manila y doctorarse por la Universidad de Filipinas. Comenzó su carrera profesional como maestra en el Colegio de la Asunción, fue luego profesora asociada en la Universidad del Ateneo y conferenciante en la Escuela de Economía de la Universidad de Filipinas, y finalmente, en 1986, entró al servicio del nuevo Gobierno de Cory Aquino como directora de la Junta de Exportación de Manufacturas Textiles. Su competente gestión en este sector, entre los más importantes del comercio filipino, la catapultó a una de las subsecretarias del Departamento (ministerio) de Comercio e Industria.

Arroyo salió del ejecutivo cuando el ex general Fidel Ramos sustituyó a Aquino en la Presidencia en junio de 1992. Comenzó entonces su andadura en la política representativa como senadora del partido conservador Lucha de los Filipinos Democráticas (LDP), el cual en agosto de 1994 ultimó una alianza con el partido centrista de Ramos, Poder Popular-Unión Nacional de Cristiano Demócratas (Lakas-NUCD). Reelegida en las elecciones legislativas del 8 de mayo de 1995 con el mayor número de votos nunca obtenido por un miembro del Senado, se declaró en rebeldía con el presidente del partido, el senador Edgardo Angara, cuando éste decidió separarse de la coalición de gobierno en enero de 1996. Tras abandonar el LDP formó su propia fuerza política, Asociación de Ciudadanos Filipinos (KAMPI), bandera bajo la que protagonizó la intensa actividad legislativa que le reportaría notoriedad y respetabilidad. El KAMPI acordó listas comunes con Lakas, NUCD y una tercera fuerza, Demócratas Musulmanes Unidos de Filipinas (UMDP), dando lugar al Lakas-NUCD-UMDP-KAMPI.

Arroyo fue elegida vicepresidenta de la formación y candidata a vicepresidenta de la República en las elecciones generales del 11 de mayo de 1998. Ella se conformó con esta papeleta, si bien en un principio consideró luchar por la nominación presidencial contra el presidente de la Cámara de Representantes, Jose de Venecia. Puesto que el vicepresidente se elegía al mismo tiempo que el presidente pero en lista separada, se produjo la siguiente paradoja: en los comicios a la suprema magistratura de Venecia fue derrotado por Joseph Estrada, vicepresidente de la República y candidato del Partido de las Masas Filipinas (PMP); por el contrario, en las elecciones a vicepresidente Arroyo batió con un contundente 50,2% de los votos a sus tres contrincantes.

El 30 de junio tomaron posesión Arroyo y Estrada con un mandato sexenal. Titular de un puesto de atribuciones poco definidas y de bajo calado político al no tomar parte en las reuniones del gabinete, la vicepresidenta ofreció un perfil contrastado con el de su superior jerárquico. Mientras Estrada acaparaba la atención del público con su estilo populista, de apelación a las masas de desfavorecidos que se identificaban con él, y su gestión cada vez más turbulenta, Arroyo, menuda y comedida, se reveló como una oficial cualificada, sobre todo gracias a que aquel la incluyó en el gabinete como secretaria (ministra) del poco lucido Departamento de Bienestar Social y Desarrollo.

Irónicamente, la tecnócrata Arroyo aceptó gustosa una cartera difícil por su baja dotación presupuestaria y por tener que lidiar con el subdesarrollo y la pobreza, precisamente las lacras de cuya supresión Estrada había hecho bandera en su campaña electoral. No en vano, Arroyo provenía de las elites democráticas aupadas al poder tras el derrocamiento del dictador Ferdinand Marcos en 1986, que habían construido sus carreras políticas gracias a su desahogada posición social y económica. Estrada provenía de la marginalidad y había llegado a presidente apoyándose en la enorme popularidad que ganó como actor de cine y en la vasta red de amistades y conexiones cultivada desde los años de Marcos (1965-1986).

Estrada vio erosionarse su crédito por su aparente incapacidad para atajar la corrupción rampante y por el manejo de la crisis de los turistas tomados como rehenes por separatistas musulmanes en la isla de Jolo. En octubre de 2000 afrontó el mayor desafío de su mandato cuando un gobernador provincial le acusó de aceptar millones de dólares en sobornos de los sindicatos del juego a cambio de proteger ciertas derivaciones delictivas de su actividad. En las cámaras legislativas la oposición formó un frente anti-Estrada, que, con la suma de numerosos parlamentarios desafectos, condujo al inicio el 7 de diciembre en el Senado de un proceso de impeachment o destitución por los cargos de corrupción y quebranto de la Constitución.

Arroyo tomo posición contra el presidente a las primeras de cambio: el 12 de octubre, tres días después de la imputación del gobernador Singson, dimitió como secretaria de Bienestar Social y se puso a la cabeza de las demandas de dimisión. La retención del cargo de vicepresidenta le permitió jugar la doble baza como opositora a Estrada y como aspirante a sucederle de manera automática, según prescribía la Carta Magna, cuando abandonase por destitución o dimisión. El 30 de octubre Estrada le ofreció transferirle la presidencia del poderoso Consejo de Coordinación Económica de la administración, a fin de aunar esfuerzos para solventar el desorden en las finanzas públicas, pero ella rechazó la oferta replicando que el país necesitaba una "solución política, no económica".

A medida que la crisis se complicaba por el atasco del proceso de impeachment en el Senado y la resistencia del interesado a renunciar voluntariamente, Arroyo multiplicó las entrevistas y el activismo: organizó una suerte de gabinete en la sombra alternativo al Gobierno, denunció a Estrada como exponente de una forma tradicional de hacer política que debía ser desterrada de las Filipinas del siglo XXI, y se postuló ella misma, con su experiencia en los asuntos económicos, como la persona idónea para dirigir el país. El abandono por Arroyo del oficialismo abrió una cascada defecciones en el Gobierno, la administración y el Congreso.

Al comenzar 2001 Arroyo había conseguido organizar en su derredor un amplio frente político y cívico, que incluía a los partidos de la oposición, antiguos partidarios de Estrada, los ex presidentes Ramos y Aquino, la siempre influyente Iglesia Católica y la clase empresarial y financiera. Aunque las circunstancias eran bien diferentes, los comentaristas trazaron inevitables comparaciones con Cory Aquino, que en 1986 llegó al Palacio de Malacañang montada en una ola de "poder popular" -de mucha mayor magnitud, no obstante- luego de llevarse por delante el malquisto régimen de Marcos. A mediados de enero diversos altos mandos del Ejército y la Policía filtraron la información, determinante para el desenlace de la crisis, de que sólo obedecerían órdenes de Arroyo.

El impasse se levantó el 20 de enero cuando el Tribunal Supremo, saliendo al paso de la dimisión de la mayoría de los ministros y de la parálisis institucional, declaró la Presidencia vacante y facultó el nombramiento de un titular. Sin dilación, Arroyo prestó juramento como duodécimo presidente de Filipinas con mandato hasta 2004. Segunda mujer titular del puesto en la historia del país, era también la tercera presidenta de Asia luego de la srilankesa Chandrika Kumaratunga. Como dato puramente anecdótico, Arroyo tomó posesión breves horas antes de que lo hiciese en Estados Unidos George W. Bush, como ella, hijo de ex presidente. Más significación entrañó la reacción de la embajada del país americano en Manila, que, tras glosar "las excepcionalmente buenas relaciones mantenidas en el pasado" con Arroyo, expresó su convicción en el reforzamiento de las relaciones bilaterales a partir de ahora.

En su asunción Arroyo hizo un vehemente alegato contra la corrupción y el amiguismo políticos, y habló concretamente de erradicar "el demonio del patronazgo". La presidenta se refería a un figura muy extendida en la sociedad filipina, que, generalmente participada por personas vinculadas por parentesco familiar o por paisanaje, mezcla una fidelidad casi fraternal o filial, dependiendo de la relación entre protector y protegido, y la dispensa de favores dinerarios o políticos. Aspectos de solidaridad personal aparte, lo que Arroyo denunciaba era la dimensión corrupta y no compatible con el servicio público de estas tramas clientelistas. Todos los presidentes de la República hasta Marcos recurrieron visiblemente en padrinos para su ascenso al poder, y Diosdado Macapagal -si bien, quizá, en menor medida- no fue una excepción.

Arroyo esbozó el retorno a la gestión de talante liberal e imagen eficiente de la época de Ramos, caracterizada por la desregulación de los mercados, la austeridad presupuestaria y las privatizaciones. Asimismo, prometió ganarle la batalla a la pobreza y anunció una despersonalización del poder ejecutivo en beneficio de las políticas de partido. Católica devota y declarada discípula de la filosofía moralista de su padre, habló de devolver los "valores éticos" y un "estilo dignificado" a una institución devaluada por el abuso de la "retórica", en lo que aseguró empeñar su reputación de persona honesta y puntillosa en los asuntos financieros.

Heredera de una economía recuperada del embate de la crisis asiática de 1997-1998, de Arroyo se esperaban realizaciones rápidas en el terreno de la agricultura. Como su padre, gran promotor del agro filipino, la ex senadora había alentado en el Congreso la aprobación de legislación para el desarrollo de las comunidades rurales y el incentivo de la producción agrícola. Además -a lo que debió en buena parte su alta popularidad-, en el bienio como vicepresidenta había presentado un programa de televisión dirigido a los campesinos. De momento, en su primera orden ejecutiva estableció la prohibición a los miembros de su familia de establecer tratos económicos con oficiales del Gobierno.

El 9 de febrero juraron los 11 secretarios del gabinete y el vicepresidente nominado el día 6, Teofisto Guingona, uno de los dirigentes de Lakas-NUCD-UMDP-KAMPI. La mayoría de los nuevos altos cargos eran antiguos responsables de la administración Ramos, confirmando la opinión de que el ex presidente había desempeñado un papel clave en el ascenso de Arroyo. Luego, el 2 de marzo, el Tribunal Supremo confirmó la legitimidad de este Gobierno y denegó las reclamaciones de Estrada, que quedó desarmado frente a las acciones judiciales en su contra.

(Cobertura informativa hasta 20/3/2001 Nota del editor: Gloria Macapagal-Arroyo fue reelegida para un mandato adicional de seis años en 2004 y el 30/6/2010 traspasó la Presidencia al liberal Benigno Aquino III)