Khaleda Zia

© UN Photo/Paulo Filgueiras

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Actualización: 21 abril 2016

Bangladesh

Primera ministra (1991-1996, 2001-2006)

  • Begum Khaleda Zia (nacida Khaleda Majumder)
  • Mandato: 10 octubre 2001 - 29 octubre 2006
  • Nacimiento: Nayabasti, distrito de Jalpaiguri, estado de Bengala Occidental, India, 15 agosto 1945
  • Partido político: Partido Nacionalista de Bangladesh (BJD)
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Biografía

Tercera de los cinco hijos, tres hembras y dos varones, de un hombre de negocios, comenzó su formación escolar en 1950 en la misión de Dinajpur y acabó la secundaria en el selecto Women's College local, en lo que entonces era el territorio de Bengala Oriental, perteneciente a Pakistán. En 1960, con quince años de edad, contrajo matrimonio en dicha ciudad con Ziaur Rahman, un capitán del Ejército pakistaní allí destinado, y tres años después, obtenida la graduación en el Surendranath College, abandonó una prometedora carrera académica para atender sus obligaciones conyugales en Pakistán Occidental. La pareja tuvo dos hijos. Entre tanto, su marido ascendió en el escalafón castrense y en 1971 tomó parte en la guerra de liberación de Pakistán Oriental, que, con la ayuda militar de India, obtuvo su independencia efectiva de enero de 1972 como República Popular de Bangladesh (expresión que significa Nación Bengalí) y con un gobierno presidido por el jeque Mujibur Rahman, líder de la nacionalista Liga Popular de Bangladesh (Bangladesh Awami League, BAL).

Frente al régimen laico, de signo socialista y proindio de Rahman se articuló un poderoso movimiento de oposición de los sectores tradicionalistas y religiosos menos comprometidos con la ruptura de lazos con Pakistán. El 15 de agosto de 1975, medio año después de autoproclamarse presidente de la República con atribuciones dictatoriales y de decretar el sistema de partido único, y con un trasfondo de marasmo económico y de desorden administrativo, el jeque fue derrocado y asesinado en un confuso golpe de Estado cívico-militar del que Ziaur Rahman, convertido ya en general de brigada y jefe del Estado Mayor, emergió como cabeza visible.

En los dos agitados años que siguieron, pródigos en golpes y contragolpes logrados o frustrados, Rahman figuró como el árbitro de la situación en calidad de administrador en jefe, primero adjunto y luego titular, de la ley marcial, hasta que el 21 de abril de 1977, mediante un simple retoque de la Constitución, se invistió presidente de la República. Fue la primera etapa de un proceso de institucionalización en el poder que concluyó en abril de 1979 con el levantamiento de la ley marcial y el nombramiento de un primer ministro civil al frente de un gobierno dominado por el Partido Nacionalista de Bangladesh (Bangladesh Jatiyatabadi Dal, BJD), surgido en septiembre 1978 como la amalgama de las fuerzas políticas que le eran partidarias y que fue el amplio vencedor en las elecciones legislativas del 18 de febrero de 1979.

Khaleda Zia era sólo una retraída ama de casa cuando su esposo fue asesinado en una intentona golpista el 30 de mayo de 1981 en Chittagong. Repitiendo la senda de otras viudas ilustres, como la srilankesa Sirimavo Bandaranaike o la argentina María Estela Martínez de Perón, abandonó el anonimato del hogar familiar y heredó la bandera política del finado, consistente en un conservadurismo semilaico, anticomunista y prooccidental, si bien su salto al liderazgo partidista no fue inmediato. El 3 de enero de 1982 la begum se convirtió en miembro principal del BJD, en marzo 1983 en vicepresidenta secundando a Abdus Sattar (quien sucedió en la Presidencia de la República a Ziaur Rahman) y el 10 de mayo de 1984 en presidenta del partido, después de que aquel dimitiera del cargo para retirarse a la vida privada. Entonces hacía ya dos años que el general Hossain Mohammad Ershad había implantado una dictadura militar a través de un golpe de Estado, y la nueva jefa del BJD, que siempre ubicó a Ershad en los sectores militares que conspiraron contra su esposo, se propuso el regreso de su partido al gobierno del que había sido desalojado por la fuerza.

Con Zia puesta bajo arresto domiciliario, en una de las numerosas medidas de fuerza que sufrió en todo este período, el BJD y sus aliados boicotearon las elecciones legislativas del 7 de mayo de 1986, que dieron la victoria al Partido Nacional (Jatiya Dal, JD) de Ershad, fuerza cuya proximidad ideológica no fue óbice para una incompatibilidad ligada a motivos de índole fundamentalmente personal, así como las presidenciales del 15 de octubre del mismo año, que renovaron el mandato obtenido por el dictador en 1983 por la vía plebiscitaria. El 9 de noviembre de 1986 Ershad levantó la ley marcial, pero las prácticas represivas e intimidatorias contra los contestatarios de su régimen no aminoraron. En 1987 Zia lanzó una campaña nacional de manifestaciones simultánea al acoso planteado desde la izquierda por la BAL que desde 1981 encabezaba la jequesa Hasina Wajed, hija del asesinado padre de la independencia bangladeshí.

Wajed albergaba rencores particulares hacia el BJD por su relación con los elementos reaccionarios que dispusieron el exterminio de su familia en 1975, conformándose una rivalidad que durante años impidió la formación de un frente democrático efectivo contra la dictadura encubierta de Ershad, acusado de conculcar groseramente los Derechos Humanos. En septiembre de 1983 surgió un Movimiento por la Restauración de la Democracia (MRD) integrado por los 15 partidos nucleados en torno a la BAL y los siete alineados con el BJD, pero la línea de acción común no siempre prevaleció.

Los nuevos comicios, legislativos, del 3 de marzo de 1988 sí registraron el boicot general de la oposición, y a lo largo del bienio siguiente las tácticas de desgaste del BJD y la BAL al unísono o por separado fueron dando fruto. Acorralado por las continuas algaradas callejeras, el 27 de noviembre de 1990 Ershad hubo de declarar el estado de emergencia y el 4 de diciembre siguiente no encontró otra salida que la dimisión, efectiva dos días después con el nombramiento por consenso de un presidente provisional en la persona del magistrado del Tribunal Supremo Shahabuddin Ahmed, el cual formó un gobierno interino integrado por personalidades independientes con la misión de convocar elecciones generales en el más breve espacio de tiempo.

En ese momento comenzó una competición entre las dos jefas de la oposición por el puesto de primacía, que ambas reivindicaban con exclusividad, en la nueva etapa democrática y por la restauración de los modelos institucionales contrapuestos que habían impulsado respectivamente el esposo y el padre, para lo que recurrieron a argumentos de legitimación histórica y a descalificaciones personales que se nutrían de un resentimiento acumulado durante años. Esta dialéctica sañuda y casi necrofílica, muy centrada en las líderes y sus apellidos pero no menos motivada por las grandes diferencias que separaban los programas de cada partido, iba a impregnar el turbulento parlamentarismo bangladeshí en la década siguiente.

En las elecciones del 27 de febrero de 1991, las primeras completamente libres y limpias en la historia del país, el BJD se apuntó la victoria con 168 escaños y el 31% de los votos, es decir, la mayoría absoluta. El 20 de marzo Zia prestó juramento como primera ministra, convirtiéndose en la cuarta mujer en ocupar este puesto en Asia tras los registros de Bandaranaike en Sri Lanka, Indira Gandhi en India y Benazir Bhutto en Pakistán.

La primera administración de Zia discurrió entre la crispación y el tumulto permanentes, tanto por el antagonismo con su rival como por los diferentes modelos que sustentaban: con la begum se alinearon las fuerzas representativas del conservadurismo islámico, el liberalismo económico y el mantenimiento de las -no obstante su escaso alcance- prerrogativas presidenciales, mientras que Wajed hizo banderas del progresismo laico y del refuerzo del parlamentarismo partidista. La begum adoptó un programa de ajuste estructural conforme a los cánones fondomonetaristas que, si por un lado mantuvo la inflación controlada en un dígito y estimuló el crecimiento del PIB hasta duplicar al demográfico, por el otro no acertó a elevar las tasas de inversión foránea y local, y condenó al paro a miles de trabajadores por la privatización de numerosas empresas del sector público.

Wajed adoptó desde el primer momento una actitud francamente hostil a Zia, boicoteando el Jatiya Sangsad o Parlamento Nacional y exigiendo reiteradamente la dimisión de la primera ministra. El fracaso parcial de la gestión económica de la begum, por la desatención del impacto social de las desregulaciones y el incremento de las desigualdades flagrantes en el reparto de la renta nacional, levantó un movimiento de protesta muy amplio que la BAL y el Partido Nacional (Jatiya Dal, JD) de Ershad -entonces en prisión-, se esforzaron en encauzar contra ella. Ésta a cambio se apoyó en la islamista y propakistaní Conferencia islámica de Bangladesh (Jamaat-e-Islami Bangladesh, JIB), la cuarta fuerza parlamentaria con 20 escaños.

En política exterior, Zia fue elegida en la sesión-cumbre inaugural de la VII Cumbre de la Organización de la Conferencia Islámica (OCI), celebrada en Casablanca del 13 al 15 de diciembre de 1994, vicepresidenta para el trienio 1994-1997. De puertas adentro, fue la organizadora en Dhaka de VII Cumbre de la Asociación de Asia del Sur para la Cooperación Regional (SAARC) el 10 y el 11 de abril de 1993. Pero la imagen internacional del país estuvo mediada por el caso, de amplia repercusión en Occidente, de la escritora feminista Taslima Nasrein, que a raíz de la publicación de un libro sobre las persecuciones sufridas por la minoría hindú local fue objeto el 24 de septiembre de 1993 de una fatwa o edicto religioso que la condenó al oprobio y el ostracismo, hasta que en agosto de 1994 se exilió en Europa. El episodio ilustró tanto la influencia creciente de los sectores integristas en la sociedad bangladeshí como la inhibición del Gobierno de Zia en la marcación de los límites jurídicos de la oficialidad islámica del Estado.

Zia no atendió la reiterada exigencia de celebrar elecciones anticipadas y de renunciar en favor de un gobierno provisional, y el 15 de febrero de 1996 tuvieron lugar los comicios conforme al calendario normal. Entre los tradicionales actos de violencia a cargo de militantes paramilitares, el boicot de las tres principales fuerzas de la oposición (la JIB terminó por abandonar al BJD en diciembre de 1994) y acusaciones de fraude, las autoridades electorales informaron al cabo de unos días que el BJD había ganado 205 de los 207 escaños (sobre 300 elegibles) que habían podido elegirse a pesar de la abstención masiva. La respuesta de la BAL fue llamar a la desobediencia civil y exigir la inmediata salida del poder de Zia, quien se vio impotente para contener los enfrentamientos generalizados entre partidarios y detractores de los partidos mayoritarios, registrándose unas cotas de violencia tales que hicieron temer por un enfrentamiento civil a gran escala.

Finalmente, el 30 de marzo Zia aceptó delegar sus funciones en un ejecutivo provisional presidido por el magistrado Mohammad Habibur Rahman y convocar nuevas elecciones para el 12 y el 19 de junio. Con una atmósfera mucho más sosegada y una alta participación, en la reedición electoral resultó vencedora la BAL con 176 escaños sobre el BJD, que obtuvo 113. Los observadores internacionales certificaron que en esta ocasión el voto sí había sido libre y limpio, y el 23 de junio Wajed formó un gobierno de coalición. La abrogación por la mayoría parlamentaria de la BAL en noviembre de 1996 de la ley que confería inmunidad a los asesinos confesos de Mujibur Rahman (los procesos, a cargo de un tribunal civil, comenzaron en marzo de 1997 y concluyeron en noviembre de 1998 con la condena a muerte y fusilamiento de 15 antiguos oficiales del Ejército) supuso el final del período de gracia que el BJD pareció haberle concedido a Wajed.

Desde comienzos de 1997, utilizando la misma táctica de desgaste basada en las algaradas callejeras y las convocatorias de huelga que le había derribado a ella, la begum acusó a Wajed de dirigir un gobierno corrupto, ineficiente, antidemocrático y sumiso a India, por lo demás las mismas imputaciones que los golpistas de 1975 le hicieron a su padre. Un memorándum de entendimiento hizo retornar a los diputados del BJD a sus escaños en el Jatiya Sangsad el 9 de marzo de 1998, tras casi ocho meses de boicot parlamentario, pero el 12 de abril Zia regresó a la situación anterior en desacuerdo con algunos aspectos legales del tratado de paz suscrito con los insurgentes jhum de los Chittagong Hill Tracts en diciembre de 1997. El frente de protesta encabezado por el BJD se reforzó el 20 de diciembre de 1998 con la suma del JD, controlado por Ershad de nuevo una vez conseguida su excarcelación.

Sin embargo, el gobierno de la BAL resistió el envite y pudo terminar la legislatura, marcando un hito desde la independencia, si bien llegó a las elecciones muy desgastado. Culminando una campaña trufada de actos de violencia sectaria de los que Wajed acusó a Zia y sus aliados islamistas como parte de una estrategia de la tensión, el 1 de octubre de 2001 las urnas otorgaron una gran victoria al BJD con 191 escaños y el 47% de lo votos. Wajed reaccionó con beligerancia a la inesperada debacle de su formación, impugnando los resultados por supuesto fraude, y, pese a certificar la Comisión Electoral, los observadores internacionales y el Gobierno interino la limpieza de la consulta y la victoria inapelable del BJD, amenazando con desatar una campaña nacional de protestas y con boicotear el Parlamento electo hasta que no se convocaran nuevas elecciones. Esta actitud cuestionó crudamente sus exhortaciones a la reconciliación entre los partidos pregonados en la víspera y prenunció una nueva etapa en la crónica disfunción parlamentaria.

El 10 de octubre Khaleda Zia tomó posesión de su segundo ejecutivo, en el que se reservó las carteras de Defensa y Energía, en plena efervescencia de las movilizaciones de los islamistas. Éstos salieron a la calle para solidarizarse con el terrorista árabe Osama bin Laden, responsable de los catastróficos ataques terroristas del 11 de septiembre contra Nueva York y Washington, y para condenar la campaña militar de Estados Unidos contra el régimen talibán afgano que le daba cobijo. Sobre este particular, los observadores relativizaron la posibilidad de que la begum cediera a las demandas de sus tres aliados religiosos que aportaban 24 escaños más, la JIB y los más minoritarios Frente de la Unidad Islámica (Islami Oikya Jote, IOJ) y la facción Naziur del JD, de abolir las leyes seculares e implantar la sharía, y señalaron que, pese a las demostraciones de radicalismo, los elementos fundamentalistas antiparlamentarios eran minoritarios en el país. La propia Zia salió al paso de las especulaciones recordando que el modelo de una república plenamente islámica no figuraba en el programa de gobierno pactado por el BJD.

Sin precisar de momento qué tenía que decir su Gobierno sobre la guerra de Afganistán y los argumentos que la justificaban, Zia llamó a la moderación a los militantes de su partido y a los agitadores religiosos, alegando que lo que el país necesitaba ahora era "paz, estabilidad y paciencia" para conducir con éxito la "erradicación de la corrupción, la pobreza, la criminalidad y el terrorismo", fenómeno este último en el que puso un especial énfasis. La posición de las nuevas autoridades de Bangladesh, no obstante su irrefutable prooccidentalismo, ante la coalición internacional contra el terrorismo encabezada por Estados Unidos, a la que el Gobierno interino de Latifur Rahman se había sumado, suscitaba quizá menos dudas que su estrategia con respecto a un capítulo económico concreto y de gran trascendencia para las perspectivas inmediatas de desarrollo, cual es el destino de las importantes reservas de gas sondeadas desde 1996.

Los expertos económicos del BJD, contrariamente a lo practicado por el Gobierno precedente, eran receptivos a la oferta de compañías extranjeras de exportar el gas a India a cambio de un inmediato suministro eléctrico, explicando que el país carecía de divisas para adquirir energía de fuera mientras destinaba las reservas propias de hidrocarburos a un consumo interno que estimularía la actividad económica, y por ende el desarrollo, a medio y largo plazo. Por lo demás, en el gabinete de coalición de Zia la JIB recibió dos ministerios, entre ellos el de Agricultura, adjudicado el jefe de la formación, Matiur Rahman Nizami, y contó con una única presencia femenina aparte de la primera ministra, justamente su hermana mayor Khurshid Jahan Haq, situada al frente de Asuntos de la Infancia y de la Mujer. El JD-Naziur estuvo representado en el ejecutivo, no así el IOJ.

Khaleda Zia es licenciada honorífica por la Academia Internacional de Educación de la Universidad de Humanidades de Moscú.

(Cobertura informativa hasta 1/11/2001)