Marina Silva

© Foto Agência Brasil

© Foto Agência Brasil

Actualización: 4 octubre 2018

Brasil

Ministra de Medio Ambiente (2003-2008) y candidata presidencial (2010, 2014, 2018)

  • Maria Osmarina Marina Silva Vaz de Lima
  • Mandato: 1 enero 2003 - 27 mayo 2008
  • Nacimiento: Breu Velho, Rio Branco, estado de Acre, 8 febrero 1958
  • Partido político: Red de Sostenibilidad (REDE); anteriormente, del PSB, el PV y el PT
  • Profesión: Educadora
Descarga

Presentación

La supremacía del izquierdista Partido de los Trabajadores, en el poder en Brasil desde 2003, afronta su más serio desafío en la campaña para las elecciones presidenciales de octubre de 2014 con el auge en los sondeos de Marina Silva, la carismática candidata del opositor Partido Socialista Brasileño. Antigua senadora y ministra de Medio Ambiente, Silva, procedente de los estratos más bajos de la sociedad, es una veterana activista que ha dedicado buena parte de sus 56 años de vida a la lucha, llena de ingratitudes y librada desde distintos frentes –sindical, legislativo, gubernamental-, para preservar la selva virgen brasileña, lo que le ha granjeado un amplio reconocimiento doméstico e internacional. Inconformista nata y políticamente inquieta, en 2008 dio portazo al Gobierno Lula al considerar que en su seno no podía conciliar la urgente protección de la Amazonía y los imperativos del avance económico y humano de Brasil. Poco después canceló su militancia en el PT y fichó por el Partido Verde (PV), con cuyos colores lanzó su primera apuesta presidencial en 2010.

Entonces, Marina, teniendo como contrincantes a la petista Dilma Rousseff, la heredera de Lula y con la que arrastraba un historial de desavenencias, y al socialdemócrata José Serra, expuso su visión de un desarrollo "socio-ambiental" sostenible, que combinara ecologismo, prosperidad económica e inclusión social. Su oferta tercerista, que hablaba de ética y de una evolución en el concepto del bienestar social en Brasil, sedujo a un 19% de los votantes, porcentaje que impidió su paso a la segunda vuelta pero que fue considerado muy meritorio. Cuatro años después, Silva vuelve a intentarlo pero desligada del PV, que abandonó en 2011, y como reemplazo del malogrado Eduardo Campos, el candidato original del PSB, fallecido en un trágico accidente de aviación en agosto de 2014. En el ínterin, la ex ministra no consiguió registrar una agrupación política propia, la Rede Sustentabilidade.

En su "plan de acción para cambiar Brasil", la aspirante de la alianza de seis partidos Unidos por Brasil que lidera el PSB vuelve a hacer bandera de la sostenibilidad de la gestión de los recursos para el desarrollo, pero añadiendo un pilar de reformas del Estado en aras de una "nueva forma de gobernar" y un "nuevo pacto federativo". Pretende jubilar la "vieja polarización" entre el PT y el PSDB, lo que en buena medida ya ha conseguido con su meteórico ascenso en las encuestas, pero al mismo tiempo se declara "sucesora" por igual de los presidentes Lula da Silva (2003-2011) y Fernando H. Cardoso (1995-2003), cuyas "conquistas" reconoce. A su adversaria en las urnas y mandataria aspirante a la reelección, Rousseff, Silva le achaca múltiples "errores" de gobierno que estarían detrás de las fuertes protestas sociales de 2013 y 2014. La plataforma progresista de Silva ve relativizada, hasta el punto de generar contradicciones, su orientación a la izquierda en dos terrenos: el de la gran economía, últimamente muy desmejorada, donde el compromiso con la responsabilidad fiscal, la libre flotación cambiaria y la defensa de un Banco Central plenamente independiente acercan al PSB al centro liberal; y, sobre todo, el de las cuestiones sociales con fuertes implicaciones morales, el aborto y el matrimonio homosexual, donde prevalece el conservadurismo religioso de su fe evangélica pentecostal.

(Texto actualizado hasta septiembre 2014)

Biografía

1. Primer activismo sindical y político con el PT de Acre
2. Congresista federal y ministra del Gobierno Lula: el dilema medioambiental
3. Fichaje por los Verdes y primera candidatura presidencial en 2010
4. Nueva postulación a Planalto en reemplazo del socialista Campos
5. Duelo cerrado con Dilma Rousseff en octubre de 2014


1. Primer activismo sindical y político con el PT de Acre

Hija de una pareja de seringueiros, o recolectores de caucho, sometida a las jornadas laborales agotadoras y a la pobreza más excluyente en las remotas explotaciones silvícolas del estado amazónico de Acre, siendo niña se salvó de la desnutrición, enfermedades como la malaria (que mataron a tres de sus diez hermanos y a su propia madre, Maria Augusta, cuando ella tenía 15 años) y el analfabetismo gracias a las atenciones médicas y educativas que recibió en la capital regional, Rio Branco. Allí fue atendida por el Obispado y la congregación católica de las Siervas de María Reparadoras, los cuales le curaron una pertinaz hepatitis y, matriculándola en el Movimiento Brasileño de Alfabetización (Mobral), la enseñaron a leer y a escribir a la tardía edad de 16 años. Años después, ya de adulta, el consumo de agua contaminada con metales pesados en la plantación cauchera donde había transcurrido su infancia iba a pasarle factura a Marina con la aparición de una serie de dolencias recurrentes que requirieron tratamientos específicos.

Tras abrirse paso en el mundo laboral, donde empezó trabajando de empleada doméstica, y hacerse con algún dinero, en 1981 Silva consiguió ingresar en la Universidad Federal de Acre (UFAC), donde se formó en Historia. Años después cursaría un posgrado en Psicopedagogía. En 1983, con 25 años, se sacó la diplomatura y comenzó a dar clases de Historia en una escuela de enseñanza media. Ya antes de iniciar los estudios universitarios, en los años postreros de la dictadura militar, Silva tomó contacto con los movimientos sociales del agro brasileño, la religiosidad denunciante de la Teología de la Liberación y las Comunidades Eclesiales de Base. Estando en la UFAC, la joven se familiarizó con la literatura de izquierdas, recibió adiestramiento como activista rural y, sobre todo, conoció al sindicalista cauchero y líder ambientalista Chico Mendes, un paisano de Acre que se había convertido en el símbolo de la lucha contra las talas indiscriminadas que, con la complicidad de las autoridades políticas, realizaban en la Amazonía brasileña los propietarios ganaderos y las empresas madereras.

En 1984 Mendes, Silva y otros activistas pusieron en marcha la sección en Acre de la Central Única de Trabajadores (CUT), de la que fueron primeros coordinador y vicecoordinadora, respectivamente, y que en este estado occidental planteó unas reivindicaciones esencialmente campesinas y conservacionistas. En síntesis, la CUT acreana se propuso armonizar la protección de la selva y la inclusión social de los trabajadores pobres del campo, negando que uno y otro retos fueran incompatibles. El intenso compromiso de Marina con las causas de la naturaleza y el campesinado pobre contribuyeron a malograr su vínculo conyugal con Raimundo Gomes da Souza, un funcionario público nada interesado en las luchas sociales y proclive a la bebida con el que se había casado poco después de dejar el Convento de las Siervas de María en Rio Branco. La pareja había concebido dos hijos, Shalom y Danilo. Tras separarse de su primer esposo, Silva contrajo segundas nupcias con el perito agrícola Fábio Vaz de Lima, antiguo compañero de estudios en la UFAC y que compartía sus inquietudes sociales y sus planteamientos de izquierdas. Vaz de Lima, un hombre discreto apartado de los focos a lo largo de la carrera política de su mujer, dio a Marina dos hijas, Moara y Maya.

Atraída también por la lucha puramente política, Silva se vinculó al Partido Revolucionario Comunista (PRC), que se movía en la clandestinidad, y en 1985 pasó a militar en el Partido de los Trabajadores (PT), fuerza legal de ideario socialista conducida por el dirigente obrero de São Paulo Luiz Inácio Lula da Silva. Ayudó a la implantación del PT en Acre y en noviembre de 1986 disputó su primer cargo representativo de elección popular, un escaño de la Cámara de Diputados del Congreso Nacional, que vio escapársele de las manos al no alcanzar el partido el mínimo porcentaje exigido en el estado. Hasta este momento siguió siendo la vicecoordinadora de la CUT. Dos años después, el 15 de noviembre de 1988, Silva resultó elegida concejala de la Prefectura de Rio Branco, donde pasó a ser la única representante de la izquierda y adquirió notoriedad como una enérgica detractora de las prebendas y beneficios económicos de que gozaban los cargos municipales. Al mes de ser elegida, su compañero de luchas sindicales, Chico Mendes, era asesinado a tiros en su casa de Xapuri por unos sicarios contratados por hacendados.


2. Congresista federal y ministra del Gobierno Lula: el dilema medioambiental

En las elecciones legislativas del 3 de octubre de 1990 Silva ganó el escaño en la Cámara baja del Congreso Nacional con el mayor número de votos en Acre. Concluida la legislatura de cuatro años, que para el PT fue de oposición a la administración presidencial de Fernando Collor de Mello y de participación en el Gobierno de unidad nacional de Itamar Franco, la representante acreana continuó en el Congreso, pero ahora como senadora, mandato que obtuvo en los comicios del 3 de octubre de 1994 con el 31,2% de los votos en su estado y que empezó a ejercer el 1 de febrero de 1995.

Con 36 años, Silva se trataba de la más joven miembro del Senado Federal brasileño, donde en los ocho años siguientes se volcó en la elaboración y debate de los proyectos legislativos relacionados con la preservación de la selva virgen. Su trayectoria especializada en los problemas de la ecología la situó en 1995 al frente de la Secretaría Nacional de Medio Ambiente y Desarrollo del PT. En las elecciones generales del 6 de octubre de 2002 la senadora, con el 32,3% de los votos, fue reelegida para un segundo período de ocho años a la vez que Lula, al cuarto intento, ganaba la Presidencia de la República y conducía al PT al Palacio de Planalto, del que fue desalojado el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) del presidente Fernando Henrique Cardoso. Al constituirse el primer Ejecutivo petista el 1 de enero de 2003, Silva, tal como se esperaba, fue nombrada ministra de Medio Ambiente, puesto gubernamental que requirió su licencia en el Senado.

La misión de Marina era definir y ejecutar una política ecológica integral que conciliara la salvaguardia de la selva amazónica, cuyo expolio por las empresas madereras continuaba a toda velocidad, con la reforma agraria prometida por el PT al Movimiento de los Trabajadores Sin Tierra (MST), que reclamaba al Gobierno la entrega a los campesinos sin propiedades de tierras mantenidas incultas por los terratenientes así como los medios para cultivarlas. En la campaña electoral, Lula se había referido a una "inclusión social con justicia ambiental" que hacía bandera también de la observancia escrupulosa por Brasil de los principales acuerdos multilaterales en materia de protección del medio ambiente, cuales eran las convenciones de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, con el Protocolo de Kyoto de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, y sobre Biodiversidad. Ambos instrumentos habían visto la luz precisamente en Brasil, en la Cumbre de la Tierra celebrada en Rio de Janeiro en 1992.

Ahora bien, pronto salieron a relucir las diferencias de sensibilidad entre Silva, cuyos planteamientos "socio-ambientalistas" hacían hincapié en el preciso equilibrio entre ecología y desarrollo económico sostenible, y Lula y sus principales colaboradores en el Gobierno y la cúpula del partido, fogueados sobre todo en las luchas obreras de los núcleos urbanos, quienes tenían más presentes los poderosos intereses gremiales, a veces contrapuestos, de los diversos colectivos laborales y empresariales. Además, Lula y sus estrategas del desarrollo apostaban decididamente por el agrocomercio de soja y de vacuno, las plantaciones de transgénicos y las cosechas de caña de azúcar para la producción masiva de bioetanol, alternativo a la gasolina, todo lo cual exigía la transformación agropecuaria, casi siempre para su monocultivo intensivo y con procedimientos agresivos para obtener un crecimiento rápido, de más y más terrenos silvestres.

Otro frente de fricción del núcleo presidencial de Planalto con el Ministerio de Medio Ambiente fue el programa de construcción de nuevas centrales hidroeléctricas y térmicas para paliar el déficit en la generación de electricidad, que mantenía sin servicio a millones de personas; estas grandes obras de ingeniería, lógicamente, suponían más actividad humana en las áreas naturales y una presión adicional a los ecosistemas. Las directrices económicas y energéticas, justificadas en aras del bienestar de los ciudadanos y el crecimiento nacional, tenían un complicado acomodo con las necesidades conservacionistas del gran manto de la pluvisilva, las vastas cuencas fluviales y la biodiversidad que acogían.

Aún peor, pese a los decretos de veto de explotación maderera, a la conversión en áreas de protección ambiental y en parques nacionales de más de 20 millones de hectáreas, y a la introducción de una legislación muy exigente, duras medidas penales inclusive, para impedir la explotación ilegal del campo, las talas, las quemas y las rozas indiscriminadas en áreas que teóricamente eran patrimonio público seguían campando por sus fueros. A lo largo de 2004 y 2005, la ministra, urgida por los movimientos conservacionistas y los partidos ecologistas, pidió paciencia para que pudieran apreciarse los resultados del Plan de Acción para la Prevención y Control de la Deforestación de la Amazonía.

El rosario de premios internacionales que Silva recibió en reconocimiento a sus esfuerzos ambientalistas eran un estímulo que compensaba sólo en parte las ingratitudes de su ministerio, el cual parecía no gozar de un aprecio especial de Lula, con una visión más comercial del "desarrollo económico sostenible" de Brasil, y que la enfrentaba casi a diario con colegas del Gabinete, en particular la poderosa y enérgica jefa de la Casa Civil de la Presidencia, Dilma Rousseff. Aunque la titular de Medio Ambiente gozaba de buena prensa internacional, el Gobierno brasileño fue instado por la comunidad científica, las ONG y portavoces de la ONU y la Unión Europea a que invirtiera un mayor esfuerzo en proteger la biomasa amazónica, cuyo retroceso sólo podía empeorar el calentamiento global por el exceso de CO2 atmosférico.

Tras varios amagos de dimisión, Silva renovó en su puesto al constituirse la segunda Administración Lula el 1 de enero de 2007. Aunque la batería de medidas del Gobierno para frenar la deforestación estaba empezando a dar frutos (según el Ministerio, el ritmo destructivo había caído un 59% en el último trienio al pasar la superficie desarbolada de los 27.429 km² en 2003-2004 a los 11.224 km² en 2006-2007, tiempo en el cual habían sido disueltas más de un millar de empresas por violar la ley y condenados a prisión cientos de infractores), la frustración volvió a apoderarse de la ministra al comprobar cómo la influencia en el Gabinete de los grupos de presión económicos, a veces con la connivencia de los gobernadores de sus estados, distorsionaba su labor diaria, dañaba su comunicación con los responsables de otros departamentos y bloqueaba la aplicación de algunas directivas importantes, empezando por las de creación de áreas protegidas, campaña que quedó prácticamente paralizada.

Por otro lado, las resistencias del Instituto Brasileño de Medio Ambiente y Recursos Naturales (IBAMA), dependiente del Ministerio, a conceder licencias de cumplimiento medioambiental a unos grandes proyectos hidroeléctricos en el estado de Rondônia, vecino de Acre y especialmente castigado por la deforestación, fueron tachadas desde medios empresariales de sabotaje al desarrollo económico del país. Las implicaciones en la Amazonía del ambicioso Plan de Aceleración del Crecimiento (PAC), que incluía la apertura de corredores para el transporte terrestre y fluvial de miles de kilómetros de longitud, inquietaban profundamente a la ministra, de paso disconforme también con el plan de construir un tercer reactor de agua presurizada para la generación de electricidad, Angra 3, en la Central Nuclear Almirante Álvaro Alberto de Angra dos Reis, en Rio de Janeiro.

La gota que colmó el vaso del aguante de Silva fue la decisión de Lula el 8 de mayo de 2008 de encomendar la coordinación del Plan Amazonía Sostenible (PAS), que definía cinco prioridades estratégicas para el desarrollo equilibrado de toda la región, no a ella, sino al ministro de Asuntos Estratégicos, Roberto Mangabeira Unger, un reputado jurista y teórico social que no pasaba por ser precisamente un abanderado del ecologismo. Cinco días después de conocer la decisión sobre el PAS, Silva, sintiéndose ninguneada, presentó a Lula una carta de dimisión irrevocable en la que daba cuenta de las "dificultades" con que topaba su agenda medioambiental, aludiendo implícitamente a las resistencias desde sectores del Gobierno y la sociedad. El presidente no encajó bien el sonoro portazo de Silva, que calificó de "espectáculo", pero la dimisionaria no quiso personalizar sus reproches en él.


3. Fichaje por los Verdes y primera candidatura presidencial en 2010

Silva siguió en la brecha política desde su asiento en el Senado, donde adoptó una postura oposicionista frente a varias disposiciones del Ejecutivo. Fue particularmente beligerante con la nueva normativa reguladora de la tenencia y explotación de fincas rústicas, que a su entender iba a amparar la ocupación ilegal de tierras forestales por terratenientes y ganaderos. En estas circunstancias, la ruptura con el PT, tras casi tres décadas de militancia, parecía inevitable. El 19 de agosto de 2009 Silva anunciaba el final de su larga fidelidad petista y el 30 del mismo mes escenificó su alta, aceptando la insistente oferta de sus dirigentes, en el Partido Verde (PV), pequeña formación ecologista fundada en 1986 y con un discretísimo recorrido electoral, sólo animado en las legislativas de 2006, cuando recabó 3,3 millones de votos para la Cámara baja, el 3,6% del total, cuota que le dio derecho a 13 diputados, la mayoría en representación de São Paulo y Minas Gerais.

La participación del PV en las elecciones presidenciales no pasaba de testimonial. En las de 1989 presentó como candidato a Fernando Babeira, quien tan solo recogió el 0,2% de los votos. Cinco años después los verdes respaldaron a Lula frente al a la postre triunfador Cardoso y en 1998 volvieron a intentarlo por su cuenta con Alfredo Sirkis, que hubo de conformarse con el 0,3% de los sufragios. En las elecciones de 2002 y 2006 el PV ni presentó candidato a la Presidencia ni apoyó a ningún otro, aunque la ganancia de escaños en los últimos comicios a la Cámara de Diputados se tradujo en su integración en el Consejo Político para la asesoría de Lula y en un afianzamiento del respaldo parlamentario prestado al PT durante su primer período de Gobierno en 2003-2007.

Más allá de su compromiso con el medio ambiente, el desarrollo sostenible, el pacifismo, las fórmulas de democracia directa y la adopción de reformas sociales como el matrimonio homosexual, el aborto libre y la legalización de la marihuana, los verdes brasileños rehusaban ser etiquetados dentro del espectro tradicional de derecha a izquierda. Precisamente, uno de los fundadores del PV, Carlos Minc, era el sustituto de Silva en el Ministerio de Medio Ambiente, elección que dejaba a las claras la comprensión por Lula del mal lugar en que había quedado su Gobierno con la renuncia de Silva. Por ejemplo, Greenpeace aseguró que el adiós de la ministra demostraba que el presidente brasileño había "decidido abandonar la Amazonía".

La idea del PV era convertir a Silva, a sus ojos un fichaje de auténtico lujo, en su candidata para las elecciones presidenciales de octubre de 2010, irrumpiendo en un escenario bastante abierto donde por el momento se situaba en cabeza el aspirante oficioso del opositor PSDB, José Serra, el gobernador de São Paulo. El cambio de colores de la ex ministra de Medio Ambiente no dejó de impresionar a los petistas, cuya postulante todavía no oficial, Dilma Rousseff, seguía a la zaga de Serra, aunque el formidable impulso personal de Lula, quien la quería como sucesora en Brasília, ya la estaba haciendo ascender con brío. Si bien su cuota en los sondeos no superaba el 5% en estos momentos, Silva era con mucho una política más conocida a nivel internacional que Rousseff. En el primer partido del Gobierno se temía que Silva, puesto que despertaba amplias simpatías en el ala izquierda del PT y en las comunidades de base, frenara las fuertes expectativas alcistas de la ministra de la Casa Civil.

El 16 de mayo de 2010 Silva asumió su candidatura por el PV en un acto donde criticó la "pérdida" por el PT de su "capacidad para conectar con las utopías del siglo XXI" y diagnosticó el sufrimiento por Brasil de una "crisis social" y una "crisis ambiental de consecuencias dramáticas", aunque también alabó las políticas sociales de Lula y las reformas económicas acometidas por su predecesor, el socialdemócrata Cardoso. Evocando los casos del demócrata Barack Obama en Estados Unidos y del candidato verde a presidente de Colombia, Antanas Mockus, Silva hizo un llamamiento a "reinventar la manera de caminar en la política, ser intolerantes con la corrupción, hacer una gestión pública basada en la transparencia y en la competencia, y desarrollar políticas ciudadanas basadas en principios y valores".

El 10 de junio de 2010, en su Convención Nacional celebrada en Brasília, el PV lanzó la candidatura de Silva, quien afirmó su disposición a convertirse en la primera mujer, negra (mestiza, en realidad) para más señas, en presidir Brasil. La meta era virtualmente irrealizable, pero estaba por ver si su opción tercerista sería capaz de afectar al desarrollo de la primera vuelta y, eventualmente, determinar el resultado de la segunda y definitiva. En ese momento, su cuota en las encuestas de intención de voto oscilaba en torno al 9%, un porcentaje modesto que era cuatro veces menor que el de los empatados Rousseff y Serra.

En su programa electoral, la candidata verde, secundada por el rico empresario Guilherme Leal como aspirante a la Vicepresidencia, hizo un empleo profuso de Internet para difundir sus ideas sobre el desarrollo sostenible a la vez que difundió una imagen fresca y amable, buscando atraer a los votantes jóvenes y descontentos. Marina defendía una "tercera generación de bienestar social" con participación del sector privado, insistía en la necesidad de invertir en educación, apostaba por la creación de empleos verdes mediante el incentivo fiscal de los negocios respetuosos con el medio ambiente y hacía una defensa matizada de los biocombustibles (etanol, biodiésel), que le parecían una alternativa energética viable y útil para combatir el efecto invernadero provocado por los combustibles fósiles, pero siempre que no acarrearan la tala de bosques y la reducción de las tierras dedicadas a la producción agroalimentaria. Ella seguía comprometida con el socio-ambientalismo, lo que equivalía a decir que "la Amazonía no es un santuario inviolable".

Durante la campaña no dejaron de ser objeto de escrutinio los planteamientos morales de la candidata verde, conocida también por su profunda religiosidad y con un recorrido espiritual no uniforme, los cuales abrían un paréntesis nítidamente conservador en un corpus de propuestas en todo lo demás progresista y orientado a la izquierda. El caso era que en 1997 Silva había dejado las católicas Comunidades Eclesiales de Base y abrazado el protestantismo evangélico pentecostal, imbuido de celo misionero y ultraconservador en cuestiones de moralidad cristiana y de género, con la adhesión a la Assembleia de Deus, la mayor iglesia de esta confesión en Brasil, donde una quinta parte de la población se declaraba evangélica.

Resultaba que Marina era miembro entusiasta de una organización religiosa que expresaba su rechazo más enérgico, por ser pecaminosos y "abominables a los ojos de Dios", al aborto, la homosexualidad, la despenalización de la marihuana o el uso de células madre embrionarias en la investigación terapéutica, pero al mismo tiempo militaba en un partido político con una postura oficial antitética, por liberal, en todas esas materias. Ella, en conciencia, asumía los preceptos religiosos y morales de su iglesia, así que estaba obligada a manifestase personalmente en contra del aborto sin restricciones, del matrimonio gay y de la legalización de las drogas blandas. Sin embargo, para salir del paso de las acusaciones por sectores progresistas de incurrir en contradicción flagrante con el programa permisivo de su propio partido, la candidata proponía someter a "plebiscito" esos polémicos puntos.

Sobre este candente particular, el socialdemócrata Serra propugnaba legislar algún tipo de unión legal para las personas del mismo sexo al tiempo que se declaraba pro-vida y por lo tanto contrario a aumentar los supuestos de despenalización del aborto (ahora sólo autorizado en casos de violación o de grave riesgo para la vida de la madre), mientras que Rousseff, temerosa del castigo de los electores católicos y evangélicos, se retractó de sus posturas iniciales y terminó rechazando tanto la liberalización del aborto como el matrimonio gay.

Silva experimentó un avance moderado aunque constante a lo largo de la campaña. Al cierre de la misma sus perspectivas de voto, según los últimos sondeos, tenían un techo del 16%, luego las posibilidades de que pasara a la previsible segunda vuelta eran virtualmente nulas. Al final, la pretendiente verde superó con creces los mejores pronósticos y el 3 de octubre de 2010 obtuvo un muy meritorio 19,3% de los sufragios en las urnas nacionales. Llamó poderosamente la atención que fuera la más votada en ciudades de la importancia de Belo Horizonte y Vitória, amén de la mismísima capital, Brasília, donde sacó un espectacular 41%. Después de todo, el controvertido factor religioso no deparó ningún perjuicio a Silva y sí un auténtico botín de papeletas y pulsaciones electrónicas. La prensa nacional llegó a hablar de "ola verde". Rousseff, con el 46,9%, y Serra, con el 32,6%, seguían adelante.

Los cerca de 20 millones de votos cosechados por Marina, quien dijo sentirse "victoriosa" con estos resultados, convertían a la ex ministra y senadora en una suerte de árbitro de la contienda electoral del 31 de octubre: su público respaldo a uno u otro contendientes bien podía decantar el resultado final. Así que, de manera inmediata, tanto Rousseff como Serra se pusieron a cortejarla. Silva, sin embargo, no quiso respaldar a ninguno de los dos y el PV optó por dar libertad de voto a sus afiliados y simpatizantes. La postura de neutralidad de los verdes, adoptada con el voto de casi todos los delegados asistentes a una convención interna el 17 de octubre, obligó a Rousseff y Serra a atacarse mutuamente con un duro cruce de recriminaciones. Al final, la batalla fue ganada por la petista, proclamada presidenta electa con el 56% de los votos. Por otro lado, el factor Marina, pese a su brillante rendimiento en las presidenciales, no fue el revulsivo que el PV había esperado para mejorar su posición legislativa. En las elecciones a la Cámara de Diputados los verdes sólo aumentaron su representación en dos actas, quedándose con 15 escaños, mientras que en el Senado Federal su casillero siguió a cero.


4. Nueva postulación a Planalto en reemplazo del socialista Campos

El 1 de febrero de 2011, al mes de constituirse el Gobierno Rousseff –sin participación del PV-, Silva se quedó fuera de las instituciones federales al expirar su mandato de ocho años como senadora por Acre. Paradójicamente, la veterana ambientalista se encontraba en la cima de su nombradía internacional y al cabo de unas semanas su cuenta en Twitter, con 418.000 followers, fue premiada con el Shorty Awards, galardón de carácter virtual considerado por algunos medios como "el Óscar de las redes sociales", en la categoría de políticos. Esta distinción en Twitter se añadía a premios internacionales de más enjundia, y con dotación económica en algunos casos, como el Champions of the Earth, concedido en 2007 por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP), el Duke of Edinburgh's Award de la ONG World Wildlife Fund for Nature (WWF) en 2008, el Eco & Peace Global Award, entregado ese mismo año por la Conferencia Mundial sobre Medio Ambiente y Cultura de Paz (ECO 2008) que tuvo lugar en Brasília, o el Sofieprisen noruego en 2009.

El 29 de junio de 2011 Silva volvió a ser noticia al informar el periódico Correio do Brasil que la política, a los 53 años, se disponía a abandonar el PV, donde no llevaba ni dos años militando, y barajaba poner en marcha su propio movimiento político. El 7 de julio siguiente la interesada confirmó e hizo oficial su baja en el PV en un acto público celebrado en São Paulo bajo la divisa de Encontro por uma nova política. En un emocionado discurso, la oradora habló de "mantener la coherencia y seguir al frente", y aseguró que había pasado "la hora de ser pragmático" y que era "la hora de ser soñador". Sus intenciones eran propiciar "una nueva forma de hacer política, transparente, con espíritu republicano", capaz de "promover la ciudadanía y los valores de la diversidad". "Diálogo entre diferencias" y aspiración a un nuevo modelo donde "la economía y la preservación de los recursos humanos se integren a favor del desarrollo" eran otros de los valores motrices de una nueva iniciativa social y política que por el momento no se sustanció.

En abril de 2012, Mientras demoraba sus siguientes pasos políticos, Silva fortaleció sus vínculos religiosos al ser ordenada pastora de su iglesia en la Convención de las Assembleias de Deus en el Distrito Federal (CEADDIF), liderada por el pastor Sostenes Apolos. La posibilidad de que las mujeres fueran consagradas ministras de las Assembleias de Deus había sido aprobada en octubre del año anterior por la Asamblea General Ordinaria de la CEADDIF de Brasília. En los dos últimos años, la condición de Silva en la organización eclesiástica de las Assembleias de Deus había sido la de misionera. Silva retrasó la concreción de su nuevo proyecto político hasta el 16 de febrero de 2013, día en que anunció su intención de crear una plataforma socio-ambientalista denominada Rede Sustentabilidade. Horizontal, abierta y eminentemente ciudadana, Rede no iba a ser "ni de derechas ni de izquierdas", explicaba su promotora, quien dejó abierta la puerta a ser candidata de nuevo en las elecciones presidenciales de 2014.

Las renovadas ambiciones presidenciales de Marina fueron tomando cuerpo en los meses siguientes, pero el 3 de octubre de 2013 la política encajó un fuerte revés cuando el Tribunal Superior Electoral (TSE) rechazó registrar a Rede como partido al no haber reunido el número mínimo de firmas exigidas para su legalización. Según el TSE, Marina y sus compañeros habían recabado 442.000 firmas válidas, cuando precisaban 492.000. Se dio el hecho de que 95.000 rúbricas de electores presentadas como respaldo al nuevo partido fueron invalidadas por el TSE, según Silva sin criterio justificado.

Urgida por un plazo legal que expiraba en horas, Silva, a fin de cuentas una de las figuras mejor valoradas y con más legitimidad del panorama político brasileño, no se detuvo a analizar la decisión del TSE en términos de un posible torpedeo desde las instituciones a un proyecto personal que podría haber hecho mucho daño a las aspiraciones continuistas del Gobierno Rousseff y el PT. Así, según un sondeo realizado en agosto por el instituto demoscópico Datafolha, la ex senadora se posicionaba en segundo lugar en la carrera de la presidenciales con un 26% de intención de voto, diez puntos por detrás de la presidenta Rousseff, pero muy por delante del candidato in péctore del PSDB, el senador Aécio Neves, y del líder socialista y gobernador pernambucano Eduardo Campos.

Con el fin de poder disputar las elecciones de octubre de 2014, si no con un partido propio sí al menos montada en uno dirigido por otros, Silva corrió a darse de alta en una formación de izquierda moderada con mucha solera, el Partido Socialista Brasileño (PSB) de Eduardo Campos, un político tradicional y con excelente reputación que, un poco como ella aunque con un repertorio de propuestas diferente, soñaba con abrir una tercera vía progresista haciendo cuña entre el PT y el PSDB. El PSB había formado parte de la coalición de partidos que respaldaba al Gobierno Rousseff hasta hacía unas semanas, cuando se retiró sosegadamente para gozar de autonomía de cara a las próximas elecciones generales.

Ahora bien, para Marina, afiliarse al PSB implicaba que no podría candidatear a la Presidencia de la República, pues en su partido de acogida esa empresa ya estaba, a falta de una proclamación oficial, asignada al que era su jefe indiscutible. De todas maneras, Campos y sus camaradas recibieron con los brazos abiertos a la ex ministra de Medio Ambiente y al pelotón de incondicionales que la secundaba, pues de seguro iban a insuflarles oxígeno proselitista y mejorar su situación en los sondeos, donde andaban bastante flojos. La prensa brasileña se mostró sorprendida por la opción escogida por Silva, a la que creían más interesada en el Partido Popular Socialista (PPS) o el Partido Ecologista Nacional (PEN), máxime si le ponían en bandeja la candidatura presidencial. La renuncia por Marina a ser abanderada beneficiaba extraordinariamente a la presidenta Rousseff, quien se libraba así del único competidor capaz de hacerla sombra.

Silva, mientras lanzaba fuego graneado contra Rousseff con críticas contundentes a su gestión de la economía, estableció con Campos una "alianza programática" que tuvo su consagración el 14 de abril de 2014 con el lanzamiento de la fórmula electoral del PSB: él sería el candidato a presidente y ella le acompañaría como candidata a vicepresidenta. La alianza PSB-Rede, presentada como una alternativa tercerista para un país que estaba "cansado de la polarización" PT-PSDB, ganó las adhesiones de otras organizaciones políticas de izquierda, como el PPS de Roberto Freire y el Partido Patria Libre (PPL) de Sérgio Rubens, aunque también captó el interés de los centristas Partido Republicano Progresista (PRP), de Ovasco Resende, y Partido Humanista de la Solidaridad (PHS), de Eduardo Rodrigues.

La chapa electoral Campos-Silva fue oficializada por el PSB en su Convención Nacional del 14 de junio en Bahia y a continuación en su Congreso Nacional Extraordinario del día 28 en Brasília, acto este último que precedió en 24 horas al XIII Congreso Nacional de la agrupación fundada inicialmente en 1947, disuelta por la dictadura militar en 1965 y restablecida con el retorno de la democracia en 1985. En estos momentos, la intención de voto para el PSB en las presidenciales rondaba el 10%, aunque habían llegado al 13% a principios de mes. La relación de fuerzas en los sondeos (Rousseff primera con un techo provisional del 38%, Neves segundo y Campos tercero) parecía bastante estabilizada, pero el 13 de agosto de 2014, faltando 53 días para las votaciones del 5 de octubre, la campaña electoral, justo en vísperas de su arranque oficial, se vio conmocionada por la muerte del candidato socialista en un accidente de aviación en Santos, São Paulo.

Cuando se dirigía con miembros de su equipo a un acto político programado en el municipio paulista de Guarujá, la avioneta Cessna que transportaba al candidato se estrelló sobre una zona de viviendas de Santos, sobrevolada en esos momentos por el piloto en sus maniobras para tomar tierra en la base local de la Fuerza Aérea, luego de haber abortado un primer intento de aterrizaje a causa del mal tiempo. El siniestro costó la vida a los siete ocupantes del aparato, que perecieron en el acto. Silva, cuyo temor a los desplazamientos aéreos era confeso, también tenía compromisos políticos en São Paulo ese mismo día, pero casi a última hora optó por tomar un vuelo comercial. No hacer el trayecto en la avioneta de Campos desde Rio de Janeiro, donde los dos habían estado reunidos hasta la noche de la víspera del accidente, salvó con seguridad su vida. Para ella, esto no podía ser más que una manifestación de la "providencia divina". La declaración, realizada en plena conmoción por la tragedia, no dejó de acentuar el perfil religioso de la por el momento candidata a vicepresidenta de Brasil.

El 16 de agosto, un día antes del multitudinario funeral de Campos en Recife, donde el infortunado dirigente fue despedido con vivas muestras de compunción por Silva, la plana mayor de la política nacional y miles de ciudadanos, el nuevo presidente del PSB, Roberto Amaral, informó que el partido estaba listo para traspasar la candidatura presidencial a la ex ministra. La suplencia se hizo oficial cuatro días más tarde en una reunión en la sede partidaria en Brasília. Completaba la nueva fórmula socialista Beto Alburquerque, diputado federal por Rio Grande do Sul que ya iba por su cuarta legislatura. El 22 de agosto, al filo de plazo legal, el TSE registró la chapa del PSB.

Arropada por la coalición Unidos pelo Brasil, donde el PSB se daba la mano con el PPS, el PPL, el PRP, el PHS y el Partido Social Liberal (PSL) de Luciano Caldas Bivar, y esgrimiendo el eslogan Não vamos desistir do Brasil, que era una frase acuñada por Eduardo Campos poco antes de morir, Silva defendió un programa estructurado en seis ejes, el Plano de ação para mudar o Brasil, que, de manera similar al de 2010 con el PV, presentaba una especie de síntesis de desarrollo integral, ambientalismo, estabilidad económica e inclusión social, aunque esta vez poniendo un mayor acento en las reformas políticas y administrativas del Estado y en un "nuevo federalismo", de manera que la sostenibilidad se aplicara "de dentro hacia fuera".

El primer eje del plan de acción proclamaba la necesidad de un Estado de democracia de alta intensidad, pues la "crisis de representación actual" ponía obstáculos decisivos a la "participación", la "gestión competente" y la "gobernanza pautada por la transparencia". El segundo eje, Economía para el desarrollo sostenible, diagnosticaba una "pérdida de competitividad y dinamismo" de la economía brasileña pese a su reciente "pujanza" en términos de crecimiento bruto (del 2,3% en 2013, tasa que más que duplicaba la anotada en 2012, aunque desde principios de año la tendencia positiva se había evaporado y ahora mismo Brasil ya estaba técnicamente en recesión, al ser negativas las tasas intertrimestrales del primer semestre de 2014), al "enorme potencial de una sociedad creativa y emprendedora", y pese también a la "gran disponibilidad de recursos naturales".

Todas estas ventajas de partida se veían "dilapidadas" por la "maraña burocrática" y la "ausencia de políticas que incentiven su uso sostenible", establecían Silva y los socialistas. Aquí entraban en juego políticas y acciones tan diversas como el control de la inflación, la libre cotización del real, sin intervenciones revalorizadoras, en el mercado de divisas, la independencia del Banco Central, la reforma tributaria (con simplificación de los tramos impositivos y una bajada de la presión fiscal a las empresas), la desconcentración de la riqueza en la sociedad con medidas distributivas, más inversiones en infraestructuras de transportes, el impulso a las "energías limpias y renovables", o una reforma agraria.

Los restantes ejes programáticos exponían las propuestas para avanzar en la educación, el I+D+i, la salud, los servicios sociales, el saneamiento urbano, la protección de los derechos ciudadanos y humanos, y, en su más amplia concepción, la calidad de vida de los brasileños. Entre las campañas concretas figuraban la transformación del programa Bolsa Família en una política pública de Estado, un "pacto por la vida" para ir reduciendo los guetos de pobreza, un sistema con coordinación federal de gestión y reciclado de residuos sólidos, y un "plan nacional de reducción de homicidios".

La web de campaña exponía además "40 razones para votar a Marina". Algunas de estas razones se referían al programa de la candidata, pero la mayoría aludían a sus rasgos personales. Así, Silva era "reconocida internacionalmente", era "intolerante con la corrupción" y estaba "libre de escándalos". No "atacar adversarios" ni "camuflar defectos" eran otras de las muchas virtudes de la aspirante presidencial, quien además "conoce la selva", "conoce la pobreza", "valora la educación" y, por si alguien lo había olvidado, "es mujer". Marina presentaba "una nueva forma de gobernar", pero esto no era óbice para que se declarara "sucesora" de Cardoso y Lula, y reconociera las "conquistas" de los gobiernos del PT, que eran la "estabilidad económica y la inclusión social". "No es una opositora que rechaza todo, ni una continuadora que lo ve todo positivo. Ella es una sucesora", rezaba la propaganda electoral de la lista 40 del PSB.

Como cuando su primera tentativa presidencial de cuatro años atrás, Silva pasó de puntillas, dando una imagen de imprecisión e inconsistencia, por los espinosos debates sociales que tenían implicaciones religiosas y morales. No queriendo transmitir una imagen conservadora en este terreno, la postulante comenzó declarándose partidaria de "apoyar propuestas en defensa del casamiento civil igualitario" y de "eliminar obstáculos a la adopción de niños por parte de parejas homoafectivas". Así constaba en el plan de gobierno dado a conocer por ella el 29 de agosto en un acto de lanzamiento en São Paulo. Pero 24 horas después, el equipo de campaña enviaba un comunicado para hacer unas correcciones al texto, cuya nueva versión, dentro del eje Ciudadanía e identidades, omitía la palabra matrimonio y defendía únicamente "los derechos de una unión civil entre personas del mismo sexo", es decir, en la línea de lo manifestado por José Serra en las elecciones de 2010.

Junto con la retirada del apoyo directo a las bodas gays, el plan de acción revisado, en su apartado "para asegurar derechos y combatir la discriminación" de los colectivos de gays, lesbianas, bisexuales y transexuales, modificó también el punto sobre las adopciones por parejas homoafectivas; ahora, hablaba de "dar el mismo trato a las parejas adoptivas, con todas las exigencias y mismos cuidados para las dos modalidades de unión, homo o heterosexual". Además de descafeinar sus propuestas para las personas del mismo sexo, Silva reiteró su rechazo al aborto, de manera que, de llegar al Gobierno, no tocaría un ápice la actual legislación


5. Duelo cerrado con Dilma Rousseff en octubre de 2014

La mudanza en la candidatura presidencial del PSB tuvo un efecto fulminante en las encuestas. En el primer sondeo publicado por Datafolha a los pocos días de la tragedia aérea de Santos y a renglón seguido del anuncio por el PSB de que Silva sería la sucesora de Campos, la ex senadora obtenía una expectativa de voto del 21%, aupándose a una situación de empate técnico con Neves y con opciones por tanto de disputar una hipotética segunda vuelta con Rousseff. La progresión de la opositora fue espectacular y antes de terminar agosto Silva ya había elevado su empate técnico, del 34%, a la pugna con la mandataria en ejercicio. Es más, en las simulaciones del segundo turno, midiéndose únicamente con la petista, la socialista aparecía como la rotunda ganadora.

Relegando al tercero en discordia, el socialdemócrata Neves, al papel de comparsa sin posibilidades pese a la innegable sustancia de su programa, Silva y Rousseff convirtieron la campaña de las presidenciales del 5 de octubre de 2014 en un duelo particular entre dos mujeres, a ninguna de las cuales le faltaba carácter y combatividad. Ganara quien ganara las elecciones, una mujer seguiría mandando en Planalto. La socialista se mostró acometedora en el primer debate televisado de los candidatos, el 26 de agosto. En este primer cara a cara con Rousseff, Silva puso a su adversaria a la defensiva con sus críticas al balance social y económico del Ejecutivo. En el segundo debate, el 1 de septiembre, Rousseff pasó al contraataque, reclamando a la opositora que explicara de dónde iba a sacar "todo el dinero" que necesitaba para cumplir sus promesas.

A la conclusión del segundo debate, un nuevo muestreo de Datafolha indicó que Silva y Rousseff seguían empatadas en torno al 34-35% de intención de voto, aunque con un ligero repunte en favor de la segunda. Sin embargo, preguntados por un enfrentamiento exclusivo en la presumible segunda vuelta, los encuestados seguían dando una clara ventaja, de siete puntos, a Silva, quien se impondría con el 48% de los votos.

(Cobertura informativa hasta 1/9/2014)

Más información

Web electoral de Marina Silva

Marina Silva en Facebook

Marina Silva en Twitter

Marina Silva en YouTube

Partido Socialista Brasileño (PSB)

Partido Verde (PV)

Recopilatorio de noticias de Marina Silva en O Globo

Recopilatorio de noticias de Marina Silva en El País Edición Brasil

Especial Infolatam Elecciones Brasil 2014

Dossier CIDOB Elecciones Brasil 2014