Xiomara Castro de Zelaya

© Facebook.com/XiomaraCastroZ

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Actualización: 16 febrero 2022

Honduras

Presidenta de la República (2022-)

  • Iris Xiomara Castro de Zelaya (nacida Iris Xiomara Castro Sarmiento)
  • Mandato: 27 enero 2022 - En ejercicio
  • Nacimiento: Tegucigalpa, departamento de Francisco Morazán, 30 septiembre 1959
  • Partido político: Partido Libertad y Refundación (LIBRE)
  • Profesión: Administradora de empresas
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Biografía

Un marcado giro a la izquierda con sabor a desquite democrático fue el resultado de las elecciones generales celebradas en Honduras el 28 de noviembre de 2021. La elección presidencial tuvo como vencedora, con el 51,1% de los votos, a Xiomara Castro, candidata opositora del partido LIBRE y esposa de Manuel Zelaya, líder de la formación y el presidente hondureño depuesto en 2009 por una coalición de fuerzas conservadoras contrarias a su plan de reforma constitucional y su adhesión al bloque bolivariano. El aspirante del gobernante Partido Nacional (PNH), Nasry Asfura, de derecha, quedó segundo con el 36,9%, mientras que el del Partido Liberal (PLH), Yani Rosenthal, de centro, acabó tercero con el 10%. La participación alcanzó el 68,6%.

Protagonista de la ruptura del duopolio de poder que desde 1894, con intervalos de golpes militares, han mantenido en Honduras el PNH y el PLH (del que el matrimonio Zelaya procede), Castro, de 62 años, ha basado su triunfal campaña electoral en la promesa de pasar página a la "narcodictadura" del presidente nacionalista desde 2014, Juan Orlando Hernández. En las elecciones de 2013 Castro acusó a Hernández de derrotarla con fraude, una imputación no sostenida por los observadores internacionales, y ahora denuncia su legado de corrupción, inseguridad y pobreza rampante, todo lo cual viene empujando a miles de paisanos desesperados a un éxodo a pie hacia Estados Unidos. Un muy sombrío panorama nacional que la confluencia destructiva de los huracanes y la COVID-19 empeoró más si cabe en 2020. El programa de la primera mujer presidenta de Honduras, la cuarta de América Central y la undécima de Iberoamérica recupera el proyecto zelayista de una Asamblea Nacional Constituyente para "refundar el Estado y transformar la sociedad" con principios del "socialismo democrático". Dicho sea de paso, la instalación de Castro en la Presidencia mientras Zelaya dirige el partido gobernante es un escenario que evoca la Argentina de 2007 con el matrimonio Kirchner, con la diferencia de que aquí se ha producido un cambio de colores políticos.

El 21 de enero de 2022, solo seis días antes de tomar posesión con mandato hasta 2026, Castro encajó el estallido de una grave crisis en el mismo seno del oficialismo entrante: la elección como titular del Congreso Nacional de Jorge Cálix, cabecilla de una veintena de diputados de LIBRE revueltos contra el pacto para conferir este puesto institucional al Partido Salvador de Honduras (PSH), aliado electoral centrista de LIBRE y cuyo líder, Salvador Nasralla, es el primer designado presidencial (vicepresidente) electo. El 23 de enero los zelayistas leales, el PSH y algunos liberales juramentaron a Luis Redondo (PSH) al frente de una junta directiva parlamentaria paralela. El desacato-defección de Cálix, tachado de "traidor" por Castro y expulsado fulminantemente del partido, y su investidura con los votos del PNH y el grueso del PLH dinamitan la mayoría legislativa relativa (60 diputados sobre 128) que las urnas otorgaron a la nueva presidenta y cubren de incertidumbre su subida al Ejecutivo con el mensaje de un "Gobierno de reconciliación". El propio proyecto constituyente, sobre el que pesan inconcreciones de contenido y procedimiento, se torna más incierto.


(Texto actualizado hasta 24 de enero de 2022)


UN LIDERAZGO OPOSITOR POR SUBROGACIÓN
Al igual que dos ilustres predecesoras en la región, la nicaragüense Violeta Barrios de Chamorro y la panameña Mireya Moscoso de Arias, Xiomara Castro de Zelaya remonta su compromiso partidista a los avatares políticos de su marido. En su caso, empero, no es la viuda heredera de un legado histórico, sino la compañera y colaboradora estrecha de un dirigente opositor en activo, quien ha optado por cederle el abanderamiento de su causa.

Xiomara Castro Sarmiento y José Manuel Zelaya Rosales se casaron en 1976, en tiempos del régimen militar del general Juan Alberto Melgar Castro, cuando ella tenía 16 años y cursaba la secundaria en el Instituto Salesiano María Auxiliadora de su Tegucigalpa natal. Los jóvenes eran primos en segundo grado por parte de sus respectivas madres, Olga Doris Sarmiento Montoya y Hortensia Esmeralda Rosales Sarmiento. Él, siete años mayor, era el hijo de un terrateniente de Olancho, dedicado a continuar la próspera actividad comercial de la familia en los ramos pecuario y forestal. También ella creció en una familia de hacendados, siendo la segunda de cinco hermanos. El matrimonio se estableció en el municipio olanchano de Catacamas, el terruño de los Zelaya, y concibió cuatro hijos, dos varones, Héctor Manuel y José Manuel, y dos chicas, Zoé y Hortensia Xiomara. Durante más de dos décadas, Castro estuvo dedicada a la crianza de sus hijos y a las tareas del hogar, si bien obtuvo tiempo para estudiar y sacarse una licenciatura en Administración de Empresas en el Instituto Hondureño de Cultura Interamericana (IHCI).

Su esposo desarrolló una intensa trayectoria gremial y política desde mucho antes de las elecciones que le catapultaron a la Presidencia de Honduras. En paralelo a sus negocios madereros y ganaderos, Mel Zelaya destacó en el Consejo Hondureño de la Empresa Privada (COHEP) y el Partido Liberal de Honduras (PLH). En el seno de esta agrupación mayoritaria de centro-derecha fue diputado del Congreso Nacional (1986-1999), director ejecutivo del Fondo Hondureño de Inversión Social (FHIS, un cargo de rango ministerial) durante el Gobierno de Carlos Roberto Reina Idiáquez (1994-1998) y posteriormente asesor del Gabinete Especial de Reconstrucción Nacional, puesto en marcha por el también presidente liberal Carlos Roberto Flores Facussé tras el paso del huracan Mitch.

Zelaya buscó de manera infructuosa la candidatura presidencial del PLH, donde empezó a articular un discurso marcadamente progresista, en las elecciones de 2001. Montado en la plataforma Poder Ciudadano, alardeando de honradez y asegurando que, pese a tratarse de rico ranchero, era ajeno a la oligarquía conservadora y estaba plenamente comprometido con el desarrollo humano del país, lo intentó de nuevo en las elecciones de 2005, esta vez con éxito y por partida doble. Primero, en febrero, se impuso en las primarias del liberalismo y luego, en la elección nacional de noviembre, derrotó al oficialismo del PNH con el 49,9% de los votos. En los actos de campaña, el aspirante de la oposición se hizo acompañar por su esposa Xiomara, quien ya venía desarrollando algunas actividades públicas en Catacamas, como miembro del club de Rotarios y organizadora de la rama femenina del PLH en el municipio.

El 27 de enero de 2006 Zelaya recibió la banda presidencial y Castro se convirtió en la primera dama de Honduras. Durante los siguientes tres años, Xiomara no se apartó de los convencionalismos propios de las primeras damas, acompañando a su marido en actos protocolarios y viajes oficiales, encabezando aforos femeninos y asociando su nombre a programas e iniciativas gubernamentales con calado social.

Entre tanto, la presidencia de Zelaya comenzó a discurrir por unos derroteros tumultuosos. Recordando que a él el pueblo lo había elegido para dinamizar la economía productiva y para doblegar los flagelos de la corrupción, la violencia de las maras y la pobreza que afligía al 74% de los hondureños, el mandatario asombró a propios y extraños con un espectacular viraje ideológico y diplomático: entró en tratos petroleros con la Venezuela chavista, se alejó de la órbita de Washington, se declaró de izquierdas y en agosto de 2008 metió a Honduras en el bloque continental bolivariano, el ALBA, inserción con la que esperaba remediar los graves problemas energéticos del país. Por de pronto, semejante mudanza estratégica desató una crisis de identidad en el PLH, un partido no monolítico y con diversas sensibilidades que iban del centro-derecha al centro-izquierda.

Su siguiente proyecto, abrir un proceso de revisión constitucional que de salir adelante le permitiría optar a la reelección presidencial consecutiva, terminó de enemistar fatalmente a Zelaya con los poderes tradicionales, institucionales y fácticos, del país –políticos conservadores, grandes empresarios, judicatura–, los cuales, con la complicidad del Ejército, le acusaron de saltarse el ordenamiento jurídico para imponer su agenda personal y declararon ilícita su llamada a un plebiscito para la instalación en las elecciones generales de noviembre de 2009 de una "cuarta urna" que a su vez se pronunciaría sobre la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente. La decisión del dirigente de desoír las advertencias que le hacían por doquier y de seguir adelante con su polémico plan activó la cuenta atrás de lo que para los zelayistas y la comunidad internacional iba a ser un verdadero golpe de Estado.

Así, en las primeras horas del 28 de junio de 2009, el día en que debía celebrarse la "encuesta de opinión no vinculante" sobre la cuarta urna, declarada ilegal por el Tribunal Supremo Electoral y para la Fiscalía General de la República motivo de un cuádruple delito presidencial, los militares aprehendieron a Zelaya en su dormitorio del Palacio de Gobierno y, a empellones y en pijama, se lo llevaron a una base aérea. El presidente, sobre el que desde hacía dos días pesaba una orden de captura y allanamiento de la Corte Suprema de Justicia (CSJ), había sido derrocado. A continuación, el Congreso Nacional, previa lectura de una carta de dimisión falsa, aprobó "por unanimidad" la destitución de Zelaya y la elección en su lugar de Roberto Micheletti Bain, titular de la cámara legislativa y exponente del ala derecha del PLH.

Entre tanto, Zelaya ya estaba fuera del país, en San José de Costa Rica, destino del avión al que sus captores le habían subido por la fuerza. Para Zelaya, fue el comienzo de un exilio en el que defendió con tesón su condición de presidente legítimo, reconocida unánimemente por la OEA y la ONU, y llamó a sus abundantes partidarios en las clases populares a que se levantaran contra el Gobierno "usurpador" y "fascista" de Micheletti, investido por el Congreso para terminar el mandato constitucional en enero de 2010. En cuanto a Castro, permaneció escondida en Tegucigalpa hasta el 6 de julio, jornada en que reapareció para ponerse al frente de una gran manifestación en favor de la reposición de su marido, quien en la víspera había intentado aterrizar en el aeropuerto capitalino de Toncontín procedente de Washington.

A partir de este momento, la lucha por la restitución incondicional fue librada conjuntamente por Zelaya, exiliado en Nicaragua, y Castro, movilizada en Honduras. Sin embargo, la irreductibilidad del presidente de facto, Micheletti, que controlaba la situación con el acatamiento de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional, y no vacilaba en adoptar disposiciones autoritarias, terminó frustrando la estrategia mixta de presiones internacionales, conversaciones diplomáticas y desobediencia civil, esta última conducida en casa por el Frente Nacional de Resistencia contra el Golpe de Estado, organizado por Xiomara Castro, su hija Hortensia, Juan Barahona Mejía y otros fieles.

En septiembre, Zelaya entró clandestinamente en Honduras y tomó refugio en la Embajada de Brasil en Tegucigalpa, episodio rocambolesco que reactivó las manifestaciones de sus partidarios y los choques con las fuerzas del orden. A finales de octubre se llegó al Acuerdo Tegucigalpa-San José, un compromiso negociado para poner fin a la crisis y cuyos ambiguos términos se tradujeron en una humillante derrota para Zelaya, resignado a regresar al exilio, esta vez en República Dominicana. Este último movimiento se produjo una vez celebradas (29 de noviembre), con el boicot de los zelayistas, las elecciones presidenciales de las que salió vencedor el candidato del PNH, Porfirio Lobo Sosa.

Desde el 27 de enero de 2010, el día de la toma de posesión de Lobo, la ex primera dama de Honduras estuvo instalada con su marido, que seguía prófugo de la justicia con una lista de cargos penales, y sus hijas Hortensia y Zoé en Santo Domingo, en calidad de "huéspedes distinguidos" del presidente dominicano,Leonel Fernández. Esta situación se prolongó hasta el 28 de mayo de 2011, fecha en que Zelaya, ya sin procesos judiciales abiertos y en virtud de las garantías personales contenidas en el Acuerdo para la Reconciliación Nacional y la Consolidación del Sistema Democrático en la República de Honduras, suscrito siete días atrás con el presidente Lobo en Cartagena de Indias, retornó triunfalmente a Tegucigalpa junto con su mujer e hijas; en el aeropuerto, los cuatro se reencontraron, entre otros familiares y colaboradores, con los dos hijos y hermanos Zelaya Castro, Héctor Manuel y José Manuel.

La pareja asumió sobre el terreno la autoridad del Frente Nacional de Resistencia Popular (FNRP), del que Zelaya era coordinador general, y confirmó su intención de establecer un partido político para poder concurrir en las próximas citas electorales. El vehículo partidista, anunciado el 26 de junio de 2011 en la Asamblea Extraordinaria que el FNRP celebró en Comayagüela, se llamaría Frente Amplio de Resistencia Popular (FARP) , aunque finalmente se escogió la denominación de Libertad y Refundación (LIBRE)

El nuevo partido de Zelaya y Castro, ex militantes ya del PLH, exhibía unas posiciones nítidamente de izquierda, etiquetándose de manera expresa como "antineoliberal", "antiimperialista" y "socialista democrático". Hoy, en sus Estatutos, LIBRE proclama entre otros los siguientes objetivos: "refundar el Estado de Honduras y transformar la sociedad"; "construir un Estado libre, soberano e independiente cuya política internacional esté basada en principios de igualdad, respeto, reciprocidad y autodeterminación de los pueblos"; "impulsar procesos que nos conduzcan a una sociedad igualitaria, sin explotadores ni explotados, respetando todas las formas de propiedad e inversión que cumplan su función social"; e "impulsar un modelo económico alternativo y justo". Dichas refundación y transformación, afirmaba y afirma el partido, pasan por una Asamblea Nacional Constituyente.

Mel Zelaya era el líder indiscutible de LIBRE, pero el ex presidente no podía candidatear en las elecciones de 2013 porque la Constitución hondureña de 1982 prohibía la reelección presidencial, fuera inmediata o no. Este hándicap estaba muy presente en el momento del retorno del exilio, y ya entonces Castro se proyectó como una más que probable alternativa. El zelayismo se refería a su liderazgo como Xiomel. El 11 de febrero de 2012 LIBRE, que aún aguardaba la autorización del Tribunal Supremo Electoral (TSE) para inscribirse como partido legal, lanzó la precandidatura presidencial de Castro, cabeza de una fórmula que completaban Juan Barahona, Enrique Reina y Juliette Handal. Antes que ella, solo otra mujer, Nora Gúnera de Melgar, viuda del dictador militar Juan Alberto Melgar Castro, por el PNH, había candidateado a la Presidencia hondureña, en las elecciones de 1996. Castro disponía de un respaldo "unánime" que no requería la celebración de primarias internas entre las cinco corrientes de LIBRE, a saber: Liberales en Resistencia 28 de Junio, Pueblo Organizado en Resistencia, Movimiento de Resistencia Progresista, Movimiento Cinco de Julio y Fuerza de Refundación Popular, siendo esta última la corriente de Castro. La candidatura de la esposa del presidente del partido fue proclamada oficialmente el 16 de junio de 2013 en una asamblea de ratificación celebrada en Tegucigalpa.


TENTATIVA PRESIDENCIAL EN 2013 Y OPOSICIÓN FRONTAL A JUAN ORLANDO HERNÁNDEZ
En su campaña para las elecciones generales del 24 de noviembre de 2013, Castro y LIBRE enarbolaron la Asamblea Nacional Constituyente como el instrumento imprescindible para desterrar la calamitosa realidad de Honduras. Ahora bien, el espinoso punto de la reelección presidencial, uno de los detonantes del golpe de 2009, no fue repuesto sobre la mesa.

Según la aspirante opositora, el centroamericano era "el país con la mayor tasa de violencia del mundo, pobreza, muerte, violaciones sistemáticas de los derechos humanos, y asesinatos de periodistas, campesinos, abogados, estudiantes y empresarios". Ahora mismo, además, Honduras cargaba con "la mayor deuda de su historia y un abismo fiscal sin precedentes". La culpable de semejante estado de cosas no era otra, señalaba Castro, que la "larga hegemonía del bipartidismo" del PNH y el PLH, que en los últimos 120 años de historia "empobreció al pueblo y convirtió a Honduras en un santuario de paramilitares y narcotraficantes donde la justicia se compra y se vende". LIBRE quería finiquitar el "sistema neoliberal", establecer una "economía social de mercado", revertir algunas privatizaciones y "desmilitarizar la sociedad", pero por las vías de "la no violencia, la reconciliación y el perdón". "No queremos venganza ni guardamos odio", puntualizaba Castro, quien de llegar a la Presidencia sería una mandataria plenamente autónoma en sus "decisiones": su marido tendría todo lo más un papel "consultor", al igual que él la había "consultado" a ella en el período 2006-2009.

Con Zelaya siempre a su lado, Castro, tras un arranque muy potente, terminó la campaña electoral en una situación de práctico empate, dieron a entender las últimas encuestas, con el candidato del oficialismo nacionalista, Juan Orlando Hernández Alvarado, diputado y presidente del Congreso, al que LIBRE acusó de practicar un engañoso discurso social embozado de populismo y de apoyarse descaradamente en la maquinaria del Gobierno y los recursos del Estado.

Horas después de cerrarse los colegios electorales, resultados preliminares correspondientes al 54,5% escrutado situaron a Hernández en cabeza con el 34,3% de los votos, mientras que Castro reunía el 28,7%. El candidato del PLH, Mauricio Villeda Bermúdez, venía detrás, seguido en el cuarto lugar por el periodista televisivo Salvador Nasralla Salum, del Partido Anticorrupción (PAC). A falta de una segunda vuelta, no estipulada en Honduras, esta ventaja convertía al nacionalista en virtual presidente electo. Incluso antes, con el 42% escrutado, el candidato del Gobierno no perdió el tiempo y se declaró ganador. En esto se le adelantó su adversaria izquierdista, autoproclamada "presidenta electa de Honduras", vía Twitter también y amparándose en los sondeos a pie de urna, sin reparar en el apenas 2% de votos contabilizados por el TSE en ese momento.

Al día siguiente, 25 de noviembre, Zelaya salió a apuntalar la autoproclamación de su esposa con la denuncia de que se habían cometido groseras manipulaciones, lo que exigía un recuento masivo de actas. Horas después, el TSE anunció la "irreversible" ventaja de Hernández con el 67,7% escrutado. "Hay una dictadura, nos han robado el triunfo", fue la agria reacción de Castro, que reclamó al TSE una revisión de las actas electorales. Sin embargo, las misiones de observación de la OEA y la Unión Europea no apreciaron indicios el fraude. El 30 de noviembre, finalmente, el TSE declaró a Hernández presidente electo de Honduras al ser el receptor del 36,89% de los votos, el porcentaje más bajo en 32 años de Gobierno constitucional, frente al 28,78% de la candidata de LIBRE, la cual convocó a sus seguidores a defender pacíficamente el voto popular en las calles y aseguró disponer de "pruebas" de la "asquerosa monstruosidad con la cual están robando el éxito al pueblo". El 24 de diciembre la CSJ declaró inadmisible el recurso presentado por el partido izquierdista.

Así las cosas, Castro se resignó a ocupar su puesto señero en la oposición a Hernández y el PNH, donde LIBRE permanecería "beligerante, señalando los errores que se cometan y los atracos que se lleven a cabo en contra del pueblo hondureño", prometió la candidata presidencial. Pese a su derrota, los zelayistas habían forzado el acta de defunción del viejo bipartidismo al arrebatar la segunda posición del Congreso con 37 escaños, 11 menos que el PNH y 10 más que el PLH. En el contexto centroamericano, se trataba de un escenario que ya había llegado a Costa Rica y Panamá, y que seis años después se materializaría también en El Salvador. Además, uno de los nuevos congresistas era el propio Zelaya, diputado por Olancho. La agria disputa poslectoral auguraba una legislatura 2014-2018 bronca y polarizada. Esta perspectiva quedaría luego confirmada con todo rigor al ritmo que marcaron los escándalos de corrupción del oficialismo, atrocidades sonadas como el asesinato de la activista indígena y ambientalista Berta Cáceres, y las controversias personales del presidente Hernández, alias JOH, embarcado en su propio proyecto de reelección abiertamente inconstitucional y a la vez objeto de una investigación de fiscales estadounidenses por posible lavado de dinero del cártel de Sinaloa, la narco-organización de El Chapo Guzmán, que habría invertido en sus campañas electorales.

El toque de rebato para la nueva movilización política y social de Castro y su partido sonó en abril de 2015, cuando la CSJ, extralimitándose en sus funciones, falló a favor de sendos recursos de "inaplicabilidad" del artículo 239 de la Constitución presentados por un grupo de diputados del PNH y por el ex presidente nacionalista (1990-1994) Rafael Leonardo Callejas Romero. La invalidación del veto a la reelección presidencial dio luz verde a la repostulación consecutiva de Hernández, pero también facultaba a Zelaya para presentar su candidatura.

La reacción inicial de la dirección de LIBRE consistió en tachar de "ilegal" el plan continuista de Hernández autorizado por la judicatura y a la vez presentar batalla electoral al PNH con Zelaya de candidato. Esta fórmula fue rechazada por varias personalidades y movimientos internos del partido, obligando a Zelaya a proponer a Castro, de nuevo, como abanderada. La ex primera dama lanzó su segunda candidatura presidencial el 28 de agosto de 2016, en un acto proselitista en el que fue arropada por Fuerza de Refundación Popular y otras seis facciones de LIBRE. No suscribieron la precandidatura los movimientos 5 de Julio, de Nelson Ávila Gutiérrez, y Renovación Partido Libre, de Rasel Tomé Flores. Posteriormente, en las elecciones internas generales del 12 de marzo de 2017, Castro, Ávila y Tomé dirimieron sus aspiraciones en LIBRE con el resultado, cantado de antemano, de la proclamación de la candidatura única de ella con el 86,9% de los votos.

No obstante, Castro, desde octubre de 2016 responsable del organismo Mujeres de la Conferencia Permanente de Partidos Políticos de América Latina (Copppal Mujeres), se avino a un acuerdo con el centroizquierdista Partido Innovación y Unidad Social Demócrata (PINU-SD), liderado por Guillermo Valle Marichal, por el que el presidenciable del frente opositor sería Salvador Nasralla, coincidiendo con su marcha de un PAC agrietado por las disputas internas. El pacto tuvo su lanzamiento oficial el 22 de mayo de 2017 bajo el nombre de Alianza de Oposición contra la Dictadura. Todos los protagonistas del nuevo bloque anti-PNH asumieron su cometido: Nasralla era el candidato presidencial, Castro la candidata a primera designada presidencial (vicepresidencia primera), Valle el candidato a segundo designado y Zelaya el coordinador general de la Alianza.

Lo que sucedió en las elecciones del 26 de noviembre de 2017 fue que Nasralla resultó perdedor frente a Hernández por tan solo punto y medio de diferencia con el 41,4% de los votos. Esta vez, la observación de la OEA dio cuenta de abundantes irregularidades y defectos en el proceso, incluido un sospechoso apagón informativo del TSE, hasta el punto de recomendar al Gobierno del PNH la celebración de nuevos comicios con las debidas garantías y transparencia.

La Alianza bipartita, que en conjunto vio disminuir su fuerza en el Congreso hasta los 34 escaños, y secundada en su recurso de nulidad ante el TSE por el PLH de Luis Zelaya Medrano, puso en el cielo el grito de fraude, prendiendo la mecha de unas protestas poselectorales masivas que se prolongaron durante meses y que ocasionaron una veintena larga de muertos, la mayoría por disparos de las fuerzas del orden, así como ingentes daños materiales. Desde marzo de 2018, las manifestaciones, marchas y paros convocados por el matrimonio Zelaya, partidario de la vía "insurreccional" y "revolucionaria", fueron perdiendo fuelle por el temor a la represión policial, el reconocimiento internacional de la segunda presidencia de Hernández, inaugurada el 27 de enero, y los desacuerdos estratégicos con Nasralla, quien, no sin escepticismo, aceptó participar en la fase previa del Diálogo Nacional ofrecido por Hernández y auspiciado por la ONU. Una vez iniciado 2019, a las protestas políticas de la Alianza de Oposición contra la Dictadura les tomaron el relevo otras igualmente populares pero con un trasfondo fundamentalmente laboral y económico.


LA ESTRATEGIA Y EL PROGRAMA PARA LAS VOTACIONES DE 2021
Aunque fracasado en su objetivo confeso, que era forzar la marcha anticipada de un presidente al que consideraba ilegítimo, su boicot al Diálogo Nacional proporcionó a posteriori un fuerte impulso a LIBRE. En efecto, Castro y Zelaya sacaron réditos proselitistas del creciente desprestigio de Hernández, en el punto de mira de la justicia estadounidense por sus presuntos nexos con el narcotráfico (acusación enérgicamente desmentida por el interesado, que habló de una "venganza" de los capos locales de la droga por haberles puesto en fuga o extraditado a Estados Unidos), y por la sensación de que la vulnerable Honduras corría peligro de colapso social y económico. Este riesgo quedó dramáticamente subrayado en 2020 cuando la pandemia del coronavirus y la temporada de huracanes golpearon simultáneamente al país centroamericano, causándole un desplome económico del 9% del PIB. Los hondureños fueron convocados a votar en las elecciones generales del 28 de noviembre de 2021 con la impresión de que los mimbres de la nación estaban críticamente en juego.

Castro aceptó su nominación a una precandidatura de LIBRE el 25 de enero de 2020, en el marco del Día de la Mujer Hondureña. Respaldada, como la vez anterior, por las principales corrientes y la mayor parte de las bases del partido, la por tercera vez postulante presidencial elevó un llamado en pro de la unidad de la oposición contra "esta dictadura criminal que solo genera pobreza, miseria y muerte", y la firma de un "gran acuerdo nacional" para la "refundación de nuestra patria" con propuestas del "socialismo democrático" y una "reorientación" del Presupuesto General en favor de las extensas capas de población en situación de precariedad, los capítulos sanitario y educativo, y la protección del medio ambiente. "Llegó la hora, que una mujer tome las riendas de este país. Y esa mujer, de carácter, revolucionaria, con demostrada sensibilidad social y honestidad, sin una sola vacilación en mi conducta y en mis principios, puestos a prueba en esta lucha contra la dictadura, está aquí frente a ustedes", arengó la oradora a la concurrencia en el acto celebrado en San Pedro Sula.

En julio de 2020 Castro anunció que retiraba su precandidatura por LIBRE y llamó al boicot de las elecciones primarias porque las mismas descansaban en un censo electoral "viejo" que alentaba el "fraude", pero luego cambió de parecer. El 14 de marzo de 2021 la elección interna de LIBRE se saldó con la victoria contundente de la ex primera dama, proclamada candidata presidencial con el 79,1% de los votos sobre sus rivales internos Nelson Ávila (5 de Julio), Wilfredo Méndez (Honduras Libre) y Carlos Eduardo Reina (Nueva Corriente).

A continuación, el efecto polarizador de la presidencia de Hernández y su capacidad para aglutinar a sus opositores favoreció una nueva convergencia del zelayismo, tras tres años de alejamiento y muchos reproches mutuos de última hora, con Nasralla, el cual aceptó cancelar su candidatura por cuenta de la Unidad Nacional Opositora de Honduras (UNOH) y cerrar filas tras Castro. Así, el 13 de octubre de 2021 Castro y Nasralla sellaron un acuerdo entre LIBRE y el Partido Salvador de Honduras (PSH), la nueva colectividad social liberal de Nasralla, con la meta de "restablecer el orden democrático y el Estado constitucional en favor del pueblo hondureño". Invirtiendo la asignación de papeles de 2017, esta vez Castro era la cabeza de fórmula y Nasralla el acompañante para primer designado presidencial. Doris Gutiérrez, por el PINU-SD, partido integrante de la UNOH con el PSH, se les unió como candidata a segunda designada. Por el contrario, fracasó la tentativa de atraer a una gran entente opositora al PLH de Yani Rosenthal Hildalgo, quien prefirió concurrir a las elecciones por separado, si bien quedó claro que muchos militantes del liberalismo se disponían a votar por Castro.

El lanzamiento de la "Alianza del Pueblo" LIBRE-PSH-PINU, una puesta al día de la anterior Alianza de Oposición contra la Dictadura, potenció obviamente las posibilidades electorales de Castro. La opositora adelantó de manera nítida en los sondeos al candidato del Gobierno del PNH, Nasry Asfura Zablah, desde 2014 alcalde del Distrito Central. A falta de un programa bien articulado, Asfura insistió en marcar distancias personales de JOH, en subrayar su "diferente" cualidad política y en advertir que su contrincante de la izquierda, candidata de un partido miembro del Foro de São Paulo, no representa otra cosa que el "chavismo" y el "comunismo".

En su Plan de Gobierno, además del proyecto constituyente, el cual no hace mención de la reelección presidencial y que de hecho no cuenta con las simpatías de Nasralla, Castro y LIBRE prometen traer un "modelo económico alternativo" al "modelo neoliberal" y al "sistema capitalista que no funciona para las mayorías y solo concentra la riqueza en pocas manos". A fin de "reconstruir lo básico", "reducir desigualdades extremas" e "impulsar una dinámica sostenible" de atracción de inversiones, generación de empleo, impulso a la producción y desarrollo humano, el próximo Gobierno trabajará por la diversificación de la matriz productiva "con actividades de mayor valor agregado" y potenciará "el rol del Estado en la economía", sobre todo en las áreas estratégicas y los servicios públicos. Dicho modelo alternativo, reza el documento sin entrar en muchos detalles, rueda sobre tres ejes: la supresión de monopolios, oligopolios y exenciones fiscales que suponen "privilegios innecesarios para el desarrollo"; la búsqueda del "pleno empleo"; y el cobro por todos los trabajadores de un "salario justo, digno y remunerador".

Castro cree que el Estado tiene "espacio fiscal" para gastar más en economía productiva, sanidad, educación y ayudas asistenciales, y que de lo que se trata es de acabar con todo aquello que "drene recursos", ya sean las exoneraciones tributarias, solo beneficiosas para las "élites económicas asociadas al poder", la evasión fiscal de las grandes fortunas, la corrupción administrativa o el mismo sistema de asignación de partidas públicas, ineficiente y "mal orientado".

En materia de seguridad ciudadana, el zelayismo abjura de la "política de mano dura y militarización" del PNH, que únicamente ha conseguido convertir a Honduras, afirma el programa, en "un paraíso para criminales y un infierno para sus víctimas", y propugna acudir a resolver "las causas socioeconómicas estructurales de la delincuencia y la violencia". Hasta que esta difícil empresa de resultados, toca formar una "Policía comunitaria y eficaz", "despolitizar" el sistema de seguridad y justicia, y entablar un "combate frontal e inteligente" a la extorsión, el blanqueo de capitales, la minería clandestina, la tala ilegal de madera o el tráfico de personas, actividades todas que "retroalimentan" a las organizaciones criminales. La lucha contra las bandas del crimen organizado se solapa parcialmente, por tanto, con la protección del medio ambiente y el rico patrimonio natural hondureño, que LIBRE promete preservar con un plan integral incorporando políticas de economía sostenible, reforestaciones masivas y vedas de proyectos comerciales en espacios protegidos. Castro se ha comprometido además a establecer una Comisión Internacional Contra la Impunidad en Honduras (CICIH) con el respaldo de la ONU.

La presidenta electa, quien se define a sí misma como "feminista y antipatriarcal", quiere despenalizar en tres supuestos (violación, malformación grave del feto, riesgo para la madre) la interrupción voluntaria del embarazo, reforma que tras la reciente enmienda del artículo 67 de la Constitución, con su blindaje de la prohibición absoluta del aborto en Honduras, no resulta viable, salvo que se elabore y promulgue una nueva ley fundamental. Castro plantea asimismo la implicación decidida del Gobierno en la erradicación del acoso sexual y la violencia doméstica y de género en Honduras, el país de América Latina y el Caribe con la mayor tasa de femicidios, 4,7 mujeres asesinadas por cada 100.000, según datos de la CEPAL.

Por otro lado, durante la campaña electoral, donde Zelaya tuvo por cierto un perfil bajo, Castro sugirió que un Gobierno suyo, siguiendo los pasos que en la región caribeño-centroamericana ya dieron Costa Rica (2007), Panamá (2017), República Dominicana (2018), El Salvador (2018) y Nicaragua (2021), y buscando beneficios económicos y sanitarios en tiempos de pandemia, retiraría a Taiwán el reconocimiento de la China única y abriría relaciones diplomáticas con China Popular. Luego, la presidenta electa, deseosa de mantener unas buenas relaciones con Estados Unidos para abordar conjuntamente las causas de la emigración masiva, ha dado a entender que tal mudanza no se producirá por el momento.

(Cobertura informativa hasta 25/1/2022)

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