Paul-Henri Sandaogo Damiba

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Actualización: 15 febrero 2022

Burkina Faso

Presidente de la junta militar y presidente de transición (2022-)

  • Mandato: 24 enero 2022 - En ejercicio
  • Nacimiento: Ouagadougou, provincia de Kadiogo, región Centro, 2 enero 1981
  • Partido político: sin filiación
  • Profesión: Militar
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Biografía

Paul-Henri Sandaogo Damiba, un teniente coronel bregado en la lucha contra la subversión yihadista, derrocó al Gobierno civil de Burkina Faso y capturó todo el poder al frente de una junta militar, el Movimiento Patriótico para la Salvaguardia y la Restauración (MPSR), el 24 de enero de 2022. Oficialmente, el golpe de Estado, con unos prolegómenos confusos, no causó víctimas mortales. Una semana después, Damiba se autoproclamó jefe del Estado y presidente de la República por un período "de transición" cuyas características y duración no precisó. Entre medio, el 28 de enero, el MPSR fue castigado con la suspensión de la membresía nacional por la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (CEDEAO), una organización en horas bajas, con tres de sus 15 Estados miembros mandados por militares sublevados.

Con su irrupción golpista, envuelta de la retórica salvífica habitual en estos casos, Damiba ha liquidado el convulso sexenio presidencial de Roch Marc Christian Kaboré, un mandatario elegido democráticamente pero impotente para parar la marea de inseguridad que ha colocado a Burkina Faso, el eslabón más frágil de un Sahel desgarrado por el terrorismo y el extremismo islamistas, en una situación crítica. El recrudecimiento de la insurgencia en el norte, los continuos quebrantos de las fuerzas de seguridad, la profusión de violencias intercomunitarias, el descontento de la población urbana y el ruido de sables en los cuarteles dibujaron la cuenta atrás para la ruptura del orden constitucional, aunque desde el 31 de enero, asegura el MPSR, la norma suprema vuelve a estar en vigor. Un golpe previsible, más con los precedentes, cercanos en el tiempo, de las vecinas Malí –el caso burkinés sigue el patrón de lo sucedido allí en 2020- y Guinea, sobre cuyas dictaduras castrenses, además de la suspensión, pesan las sanciones económicas de la CEDEAO, hasta ahora inefectivas. El club regional se reserva aplicar sanciones también aquí, pero antes opta por el diálogo. Burkina Faso y Malí integran el G5 del Sahel junto con Mauritania, Níger y Chad; en este último país, el Gobierno militar directo rige igualmente desde 2021.

Por el momento, las perspectivas a corto plazo para Burkina Faso, país de muy bajo desarrollo humano y dramáticamente desestabilizado por el yihadismo, bajo la junta de Damiba son una incógnita. El teniente coronel asegura que el advenimiento del MPSR responde a una emergencia nacional, la necesidad de proteger al pueblo y al Estado del asalto de los grupos armados radicales, y que "cuando se den las condiciones" el país retornará a la normalidad constitucional. Asimismo, ha apelado al apoyo internacional para ganar la guerra.

Ahora bien, la existencia de una conexión rusa en detrimento del ascendiente de Francia, un factor del tipo game changer en el tablero saheliano tal como indican los últimos acontecimientos en Malí (contratación de los mercenarios rusos del Grupo Wagner, expulsión del embajador galo), ya ha sido sugerida. El viraje estratégico emprendido por el régimen militar de Bamako, que acaso podría servir de referencia al instalado en Ouagadougou, se encuadra en el repliegue de la Operación Barkhane, el dispositivo activado por las Fuerzas Armadas Francesas en 2014 para neutralizar a los grupos yihadistas de Malí, luego metastatizados a países vulnerables como Burkina Faso. En 2021 el sentimiento antifrancés se hizo palpable en la ex colonia, donde la demanda de más medios de combate para el Ejército era un clamor compartido por militares y civiles, en paralelo a ciertas expresiones prorrusas. Hecho significativo, nada más perpetrarse el golpe, personas de Wagner ofrecieron a la junta los servicios del grupo paramilitar privado próximo al Kremlin. De hecho, se sabe que a finales de 2021 Damiba presionó a Kaboré para que llamara a los instructores y mercenarios rusos.

Desde su independencia en 1960, el antiguo Alto Volta ha sufrido ocho golpes de Estado seguidos de otros tantos regímenes militares de mayor o menor duración. Aunque con experiencias de pluralismo, votaciones y Estado de derecho, de las que la etapa de Kaboré fue la más genuinamente democrática, el país no ha conocido una transferencia pacífica del poder entre dos mandatarios elegidos.


(Texto actualizado hasta 1 de febrero de 2022)


PROFESIONAL DE LA MILICIA EN TIEMPOS DE VIOLENCIA
Paul-Henri Sandaogo Damiba nació en la capital del país en 1981. Miembro de la minoritaria comunidad católica, se formó como oficial de infantería en el Pritaneo Militar de Kadiogo (PMK), la Academia Militar George Namoano (AMGN) de Pô y la Escuela Militar de París, y en 2003 abrió su hoja de servicios en el Ejército de Tierra de las Fuerzas Armadas de Burkina Faso. Según despachos de prensa, posee un máster en Criminología por el parisino Conservatoire national des arts et métiers (CNAM) y la certificación de experto en Administración, Mando y Estrategia de la Defensa. Su adiestramiento en las tácticas de combate antiterrorista incluyó una serie de ejercicios de operaciones especiales y cursillos de inteligencia impartidos por Estados Unidos entre 2010 y 2020.

De acuerdo con el periódico burkinés L’Observateur, Damiba lució la insignia del Regimiento de Seguridad Presidencial (RSP), la temida guardia pretoriana del presidente y ex capitán golpista Blaise Compaoré, señalada como responsable de muchas violaciones de los derechos humanos, un buen número de asesinatos incluidos, contra las filas de la oposición política al régimen. Estas fuentes informan que Damiba fue separado del RSP en 2011, después de un motín de soldados furiosos por adeudos salariales, y a cambio fue transferido al destacamento del Ejército en la ciudad norteña de Dori, donde tomó la comandancia del 11º Regimiento de Infantería de Comando (RIC), en apariencia un importante ascenso. Posteriormente, todavía con el rango de comandante, asumió el mando del 12º RIC, con base en Ouahigouya.

Las fuentes dan cuenta de una relación tangencial de Damiba con las turbulencias nacionales de 2014-2015. En este período de 14 meses, tuvieron lugar de manera sucesiva: la caída de Compaoré, tras 27 años de férula autoritaria y pseudodemocrática, en un masivo levantamiento popular; la asunción provisional del poder por el general Honoré Traoré y acto seguido por el teniente coronel Yacouba Isaac Zida; la compartición del Ejecutivo de transición con un presidente civil interino en la persona del diplomático Michel Kafando; la fracasada involución golpista del general Gilbert Diendéré, antiguo lugarteniente de Compaoré; y, como colofón democrático, la elección presidencial de Roch Marc Christian Kaboré, candidato del Movimiento Popular para el Progreso (MPP) y elevado a la jefatura del Estado el 29 de diciembre de 2015. En particular, Damiba fue identificado como uno de los oficiales contrarios a la asonada del general Diendéré; perpetrado el 17 de septiembre de 2015, el golpe quedó neutralizado al cabo de cinco días por la confluencia de las protestas ciudadanas, las presiones exteriores y la intervención, decisiva, de elementos del Ejército leales al presidente Kafando y el primer ministro Zida.

Tras estos episodios, Damiba se mantuvo fuera de la primera línea servicio activo durante un tiempo. A su retorno, ya con los galones de teniente coronel, sus superiores le confirieron la comandancia del 30º Regimiento de Comando, Apoyo y Sostén (RCAS), unidad acuartelada en Ouagadougou e intensamente involucrada en la lucha contra el terrorismo de los grupos yihadistas (Ansar ul-Islam, AQMI, JNIM, EIGS y otros) que en 2015, sacando provecho de la inestabilidad generada por la caída de Compaoré y expandiéndose sin obstáculos desde Malí, empezaron a cometer atentados indiscriminados y a golpear con saña tanto a población civil, preferentemente cristianos, como a las escasas y dispersas tropas burkinesas, paulatinamente desbordadas y obligadas a integrarse en la Fuerza Conjunta regional del G5 Sahel. Este dispositivo antiyihadista regional fue anunciado en 2017 por el presidente Kaboré y sus colegas de Mauritania, Malí, Chad, Níger y Francia, antigua potencia colonial y responsable de poner el principal músculo militar con la Operación Barkhane. El Ejército burkinés pasó a desarrollar también operaciones conjuntas con sus homólogos de Côte d'Ivoire, Ghana y Togo, países de la frontera sur.

Considerado un soldado comprometido y duro, Damiba adquirió cierta notoriedad local por su combatividad en el conflicto que desangraba las áridas regiones del norte y empezaba a afectar seriamente las áreas mas próximas a Malí por el oeste así como las linderas con Níger y Benín por el este. También, al ser llamado a testificar en 2019 en el juicio contra Diendéré, saldado para el general con la condena a 20 años de prisión, y los otros mandos y soldados del RSP (ya disuelto) implicados en el golpe de 2015. En 2021 el teniente coronel se hizo notar más con la publicación de Armées ouest-africaines et terrorisme: réponses incertaines ?, estudio de 160 páginas donde acreditaba su especialidad en estrategias operativas, si bien Damiba se permitía hacer reflexiones de carácter más académico.

En concreto, el autor analizaba el crecimiento imparable del magma de grupos afiliados a Al Qaeda o el Estado Islámico que medraban y atacaban en una vastísima extensión de cientos de miles de kilómetros cuadrados, desde el corazón del desierto del Sáhara hasta la cuenca del lago Chad y más al sur, a pesar del aumento significativo de las tropas y medios militares que una docena de países africanos desplegaban para aplastarlos. Para Damiba, todo este despliegue, apoyado en la logística y la capacidad bélica de Francia, no estaba resultado suficiente y era la hora de buscar recursos alternativos.

Según el periodista nigeriano Philip Obaji Jr., corresponsal del tabloide digital estadounidense The Daily Beast, citando fuentes locales, Damiba era partidario de contratar a la organización privada de paramilitares rusos Wagner, crecientemente activa en conflictos como los de Siria, República Centroafricana, Libia y, precisamente en estos momentos, Malí, donde el régimen militar del coronel Assimi Goïta, autor de dos golpes de Estado en agosto de 2020 y mayo de 2021, mantenía tratos avanzados con el grupo. El recurso a los efectivos de Wagner fue reiteradamente solicitado por Damiba al presidente Kaboré, pero este no quería saber nada de contratar a mercenarios o asesores militares de Rusia, paso que podría dañar seriamente las relaciones privilegiadas con la antigua potencia colonial, Francia, y causar malestar en la UE y Estados Unidos. Burkina Faso era un Estado africano plenamente orientado a Occidente.

Sus diferencias de criterio con el presidente no dañaron la carrera militar del teniente coronel, a fin de cuentas un oficial muy valioso en la guerra contra el terrorismo, cuyo curso era cada día más sombrío. Así, el 3 de diciembre de 2021 Kaboré confió a Damiba la comandancia de la 3ª Región Militar, una de las tres existentes y a la que pertenecían el 30º RCAS de Ouagadougou, el 31º RIC de Tenkodogo y el 34º Regimiento Inter-Armas (RIA) de Fada N'gourma.


LA SUBLEVACIÓN DE ENERO DE 2022
Para entonces, la situación del país había alcanzado unas cotas inéditas de deterioro. Kaboré, aunque reelegido para un segundo mandato de cinco años en noviembre de 2020 sin señales de fraude y sin disturbios atizados por la oposición, no se sentía con fuerzas para convocar el prometido referéndum sobre el proyecto de nueva Constitución republicana, ya redactado, y era el blanco de la ira ciudadana por la proliferación de brutales atentados y masacres, y no solo perpetradas por las guerrillas islamistas: los propios regulares uniformados eran acusados de cometer atrocidades en áreas rurales del norte, escenarios a su vez de choques entre comunidades por la mengua de recursos, al socaire de la lucha contra los yihadistas. El Gobierno reconocía el desplazamiento de cientos de miles de personas de sus hogares en las áreas sacudidas por la violencia. Las penurias financieras acuciaban al Estado, pese a que el crecimiento económico estaba aguantando mejor de lo esperado el doble embate de la guerra interna y la COVID-19.

La frustración bullía también en el Ejército y la Gendarmería Nacional. Este último cuerpo fue objeto el 14 de noviembre de un gran ataque en Inata, localidad de la provincia saheliana de Soum, que costó la vida a 53 agentes y paisanos. El país estaba de luto y en las calles se exigía la renuncia del presidente y su Gobierno, que respondió movilizando a la Policía antidisturbios. También, había expresiones de rechazo popular a la participación de fuerzas francesas en las operaciones militares.

El 1 de diciembre, al concluir su visita de cuatro días al país, la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, advirtió que Burkina Faso enfrentaba "multitud de desafíos con impactos severos en un amplio rango de los derechos humanos". Dos días después, Kaboré, para aplacar a la población y en respuesta a la demanda de los partidos de la oposición de "medidas urgentes" contra la inseguridad rampante, procedió a reorganizar la cadena de mandos y nombró nuevos jefes de las tres regiones militares. Uno de los comandantes elevados era Damiba, que como sus colegas tenientes coroneles promovidos en la 1ª Región, Didier Yves Bamouni, y la 2ª Región, Wilfried Ouédraogo, formaba parte del grupo de valedores del presidente interino Kafando cuando el levantamiento del general Diendéré. El 8 de diciembre Kaboré dio un paso más con el relevo de su primer ministro desde 2019, Christophe Joseph Marie Dabiré; lo sustituyó por Lassina Zerbo, otro tecnócrata independiente, antiguo secretario de la Organización del Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares (CTBTO).

Pero las malas noticias se agolpaban. El 23 de diciembre los insurgentes asesinaron a más de 40 personas en una emboscada a un convoy de milicianos civiles en la provincia de Loroum, en la región Norte. El país volvió a conmocionarse. El 11 de enero de 2022 la tensión sumó nuevos grados con el anuncio por las autoridades del arresto de ocho militares como sospechosos de organizar un "complot para desestabilizar [al Gobierno] con ramificaciones en el extranjero". Entre los detenidos figuraba el teniente coronel Mohamed Emmanuel Zoungrana, ex comandante del 12º RIC. El 22 de enero la Policía disolvió una manifestación no autorizada convocada por organizaciones sociales en protesta por el agravamiento de la inseguridad y en exigencia de que se dotara a las Fuerzas Armadas de más y mejores medios para luchar contra el terrorismo.

En la noche 23 de enero de 2022 los habitantes de Ouagadougou fueron sobresaltados por el sonido de disparos y el sobrevuelo de helicópteros en el cercano Campamento Général Aboubacar Sangoulé Lamizana, sede del Estado Mayor del Ejército y cuyas instalaciones acogían también a los soldados condenados a penas de prisión por el golpe de 2015. Los tiroteos se extendieron al área donde tenía su residencia el presidente Kaboré y a otras instalaciones militares en los alrededores de la capital. Portavoces del Gobierno, incluido el ministro de Defensa, general Barthélémy Simporé, salieron al paso de los rumores sobre un motín de soldados descontentos o incluso un golpe de Estado, asegurando que no había una tentativa de toma del poder en curso, que el presidente se encontraba a salvo y que las autoridades controlaban la situación. Como mínimo, se trataba de un amotinamiento fuertemente reivindicativo, ya que los soldados transmitieron un paquete de demandas, entre ellas la remoción de los jefes del Estado Mayor y de la Inteligencia del Ejército, el despliegue de más tropas en los frentes de operaciones, mejores pagas y un trato más digno para los heridos en combate y las familias de los movilizados.

Sin embargo, en las horas siguientes la algarada ganó ímpetu y en la mañana del 24 de enero la impresión de un golpe de Estado en toda regla quedó confirmada. En Ouagadougou, elementos civiles salieron a expresar su apoyo a los militares alzados y prendieron fuego a la sede del partido del presidente, el MPP. Voceros de la formación gubernamental aseguraron que el presidente había sobrevivido a un intento de asesinato y que su vivienda había sido saqueada. La cuenta de Twitter de Kaboré invitó a los alzados a deponer las armas y a entablar un diálogo para "arreglar nuestras contradicciones", antes de quedar silenciada. Avanzado el día, se supo que Kaboré y otros miembros del Ejecutivo estaban detenidos por los sediciosos. Hechos con el control de los puntos neurálgicos de la capital y los medios de comunicación, los golpistas anunciaron en la televisión estatal la creación de un Movimiento Patriótico para la Salvaguardia y la Restauración (MPSR), a cuya cabeza se situaba el teniente Sandaogo Damiba. El presidente había sido depuesto y permanecía en un "lugar seguro", el Gobierno y la Asamblea Nacional estaban disueltos y la Constitución de 1991 quedaba suspendida. Igualmente, se cerraban las fronteras nacionales y se imponía el toque de queda nocturno hasta nueva orden.

El portavoz de los golpistas, capitán Sidsoré Kader Ouédraogo, leyó en un comunicado que el MPSR había "decidido asumir sus responsabilidades ante la historia", justificando la toma del poder por la "incapacidad manifiesta" de Kaboré de "unir a los burkineses para afrontar con eficacia" la "continua degradación de la situación de seguridad que amenaza los cimientos de nuestra nación". Ouédraogo habló también de proponer "dentro de un plazo razonable, previa consulta con las fuerzas vivas de la nación, un calendario para el retorno al orden constitucional". El MPSR difundió además una carta de dimisión firmada por el mandatario derrocado, que renunciaba a la Presidencia "en el interés superior de la nación". Entretanto, una multitud de civiles celebraba en las calles la caída de Kaboré con vítores a los militares.

La CEDEAO se apresuró a condenar el golpe y a exigir la liberación de Kaboré y los otros responsables institucionales, el primer ministro Zerbo y el presidente de la Asamblea Alassane Bala Sakande, que permanecían retenidos en el Campamento Lamizana, epicentro del levantamiento. En similares términos enérgicos se pronunciaron la Unión Africana, la ONU y Francia. El 27 de enero Damiba tomó la palabra ante las cámaras. En su primer discurso televisado desde el Palacio Presidencial, vestido con su uniforme de camuflaje, con tono firme y algo tenso, el líder golpista leyó un comunicado lleno de alusiones patrióticas, vindicaciones y apelaciones. Algunos de sus pasajes fueron los siguientes:

"Pocas veces en su historia nuestro país ha enfrentado tanta adversidad. Desde hace más de seis años nuestro pueblo vive bajo el yugo de un enemigo que ha logrado, con sus métodos cínicos, cobardes y pérfidos, hacer dudar a este pueblo, hasta hacer temblar los valores que han forjado su historia y su reputación. En nombre de su sacrificio, afirmo mi compromiso y el de todo el MPSR de interponernos siempre en el camino de cualquier intento de desviar el proceso de reconstrucción de nuestra nación. El advenimiento del MPSR fue impuesto por el curso de los acontecimientos en nuestro país, debilitado (…) y atacado desde todas partes por grupos armados radicales. La gravedad de la hora ha impuesto a nuestro Ejército una actitud a la que su deber le obliga".

"Nuestra agenda es única y es clara: la salvaguardia de nuestro pueblo y la reconstrucción de nuestra nación. Los indicadores para medir el cumplimiento de esta agenda seguirán siendo el nivel de restauración de la integridad del territorio y la calidad de las acciones emprendidas para la reconstrucción (…) Tenemos aquí una gran oportunidad para reconciliar a nuestro pueblo consigo mismo y desencadenar su marcha triunfal hacia el horizonte de la felicidad. Es por eso que me comprometo a convocar a las fuerzas vivas de la nación para acordar una hoja de ruta que tendrá como objetivo planificar y llevar a cabo la recuperación, deseada por todo burkinés".

"Ya les advierto a todos aquellos que se dejen guiar sólo por sus intereses egoístas que seré intratable ante los actos de traición a las aspiraciones de nuestro pueblo. Se salvaguardarán los cimientos de nuestra nación (…) Cuando se den las condiciones de acuerdo con los plazos que soberanamente haya definido nuestro pueblo, me comprometo a regresar a la normalidad constitucional".

"Si las prioridades son muchas, está claro que la principal prioridad sigue siendo la seguridad. De hecho, necesitamos reducir significativamente las áreas bajo influencia terrorista y los impactos del extremismo violento, devolviendo a las Fuerzas de Defensa y Seguridad, así como a los Voluntarios para la Defensa de la Patria, la voluntad de luchar y avanzar aún más la ofensiva con los recursos adecuados. Este es un requisito previo esencial para el retorno gradual de la administración pública y el reasentamiento de los desplazados internos en sus pueblos de origen. Más allá de los imprescindibles medios logísticos, tendremos que apelar a los valores que han hecho de nuestro pueblo lo que es. Ningún tanque, ningún avión de combate, ningún arma vale lo que el amor por la patria (…) este amor es lo que nos hará ganar esta guerra (…) La tarea que tenemos por delante es inmensa (…) Requerirá coraje, desinterés y determinación de cada burkinés".

El teniente coronel cerró su alocución con un castrista "Patria o muerte, venceremos".

(Cobertura informativa hasta 27/1/2022)

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