La política española de seguridad en la Nueva Europa: dimensión mediterránea e instrumentos europeos

Fecha de publicación:
07/1993
Autor:
Esther Barbé
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Los cambios acontecidos en Europa desde la caída del muro de Berlín (noviembre 1989) han modificado por completo la lógica de la seguridad europea dominante durante la guerra fría. Una lógica que Raymond Aron definió paradójicamente en términos de “paz imposible y guerra improbable”. El orden bipolar, producto de dicha lógica, ha dado paso a un sistema en transformación, a una Nueva Europa. Esta Nueva Europa padece, entre otros males, de indefinición geográfica. Esta indefinición afecta tanto a sus límites externos (la frontera entre lo europeo y lo no-europeo va, como mínimo, desde la CE de los 12 hasta la CSCE de los 52) como a sus divisiones internas (explosión de estados al Este, como en Yugoslavia o la Unión Soviética, e integración al Oeste, con la Unión Económica y Monetaria de los Doce). En la nueva situación, se ha vuelto más complicado hablar de seguridad europea. Durante la guerra fría, la seguridad europea se confundía esencialmente con la seguridad de Europa central. De tal manera, que la seguridad de la Europa del Sur y la seguridad mediterránea eran dejadas de lado por los analistas. Una vez acabada la guerra fría, la seguridad mediterránea ha reemergido por sí misma. En este momento nos encontramos con viejos conflictos que reaparecen y con el desarrollo de nuevas tensiones. En relación con la seguridad mediterránea, William Wallace apunta que “el contexto ha cambiado, el equilibrio de población se ha alterado radicalmente y muchos de los viejos mapas mentales persisten en la imaginación popular y en la retórica política, evocando fronteras alternativas y reclamaciones irreconciliables de territorio, recursos y prestigio”. Veremos como la reaparición de la seguridad mediterránea es obvia a la hora de analizar el concepto de seguridad europea aplicado por el gobierno español en el contexto de la Nueva Europa.