España y Cuba: ¿una relación muy especial?

Fecha de publicación:
11/1995
Autor:
Joaquín Roy
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Durante una reciente visita a Madrid, ante la aparentemente desproporcionada atención hacia Cuba en los medios políticos españoles, Alexander Watson, subsecretario de EEUU para Asuntos Interamericanos, preguntó si Cuba era un “asunto interno” para España. La ocurrencia, entre sarcástica e irreverente, no carece de coherencia. Ofrecer una diagnosis provisional sobre las relaciones entre España y Cuba es una tarea como mínimo complicada. España es un Estado europeo, pero con cierta peculiaridad: una extraña, paradójica y desusual política exterior. Cuba, por otra parte, es una nación latinoamericana, pero también peculiar por estar bajo el dominio marxista desde 1959, y con una política exterior especial también, que ha desafiado el análisis de la comunidad académica. Sin embargo, la realidad es que Cuba nunca ha sido para los españoles una especie de Polonia del Caribe. La Habana no es para Madrid como Bucarest, por ejemplo, durante la Guerra Fría. Y Castro no es como un distante líder de la Europa Oriental: es un gallego. “La siempre fiel”, como referencia a Cuba, no es sólo un tópico histórico. La fidelidad parece ser mutua, ya que cuando Cuba consiguió la independencia se convirtió en receptora de una de las cifras más altas de inmigrantes españoles en América Latina. Las relaciones entre España y Cuba funcionan desde entonces con un doble rasero, donde la política de alto nivel está mezclada con las “relaciones de bajo nivel” o “el diálogo subterráneo”. Las relaciones interpersonales siempre han estado presentes.