El islamismo como identidad política: o la relación del mundo musulmán con la modernidad

Fecha de publicación:
05/1997
Autor:
Burhan Ghalioun
Descarga

LA SIGNIFICACIÓN DEL RETORNO A LO RELIGIOSO EN LOS PAÍSES ISLÁMICOS

Dos grandes tendencias dominan hoy en día el debate sobre el islamismo. La primera ve en éste la señal de la persistencia en las sociedades musulmanas, y por consiguiente en el Islam, de concepciones teocéntricas tradicionales. El islamismo no sería, en este caso, más que la manifestación de la evolución natural de un Islam refractario a la secularización y a la modernidad. La segunda tendencia es la que entiende el retorno al Islam como una recuperación de la identidad o, si se prefiere, de la autenticidad, entorpecida hasta hace bien poco por la alienación política y cultural surgida de más de un siglo de colonización. Contrariamente a la primera interpretación, para la cual el islamismo constituye la prueba del estancamiento del mundo musulmán y de su rechazo a la modernidad, el retorno al Islam se percibe como un acto positivo, puesto que es el paso obligado para reencontrar una subjetividad maltratada y abrirse plenamente a la modernidad. A mi entender, ni una ni otra de las dos teorías refleja la realidad. El islamismo no prueba en ningún caso la ausencia de secularización ni el rechazo a la modernidad en las sociedades musulmanas. No es tampoco la manifestación de un retorno natural a una cierta autenticidad. La historia social de los musulmanes muestra claramente, como voy a intentar probar, que, por una parte, ha existido admiración por la modernidad, y de hecho es el único punto importante en el orden del día del mundo musulmán desde hace como mínimo un siglo y medio; y que, por otra parte, la identidad, en lugar de constituir una autenticidad o de fundirse en un patrimonio cultural inmutable, es una categoría sociohistórica que se determina en relación al otro y, por consiguiente, cambia de contenido y de referencias en función del cambio o de la multiplicación de las líneas de enfrentamiento. No se reduce, pues, a una cierta idea de fidelidad a un tipo de autorepresentación inmutable.