Presentación

Fecha de publicación:
11/2017
Autor:
Nicolás De Pedro, investigador principal, CIDOB y Francis Ghilès, investigador senior asociado, CIDOB
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La OTAN y la UE se enfrentan a una situación cada vez más compleja e incierta con crisis superpuestas en sus fronteras este y sur. La agresiva postura militar de Rusia representa uno de los principales desafíos para la OTAN y la UE. En este momento, Moscú muestra voluntad por competir estratégicamente y confrontar directamente a las dos organizaciones tanto en su vecindario común como en el nivel ideológico y político en cada uno de sus contextos domésticos. La OTAN y la UE, por su parte, están aún en el proceso de diseñar una estrategia sólida para afrontar esta guerra política multidimensional.
Hasta el momento, a la hora de abordar los flancos este y sur, la OTAN ha favorecido un enfoque que analiza las amenazas por separado. Aquellos que se centran en el Mediterráneo saben poco sobre Rusia, mientras que los expertos en Rusia y el este de Europa saben aún menos de los países de la ribera sur y este del Mediterráneo. Los problemas y los intereses están, sin embargo, crecientemente vinculados e incluso interrelacionados. No obstante, los miembros de la OTAN tienen percepciones e intereses diferentes y sus agendas son dependientes de la historia, la economía, la posesión o no de fuerzas armadas efectivas o la dependencia energética. Estas diferencias amenazan seriamente con fragmentar el análisis de la OTAN.
Como resultado, las percepciones sobre Rusia y sus políticas difieren significativamente. Con relación al flanco oriental, hay un consenso amplio en considerar a Rusia el principal factor de desestabilización y una clara amenaza para algunos miembros de la Alianza Atlántica. Pero cuando se trata de la política rusa en el sur y este del Mediterráneo las opiniones varían notablemente. Algunos países del sur de Europa, aun estando completamente comprometidos con las obligaciones de la OTAN en el flanco oriental, parecen menos preocupados que sus pares del norte de Europa por la renovada proyección de poder de Rusia en Siria, y mucho menos en Libia, después de una ausencia en la zona de dos décadas.
Los países de la ribera sur, particularmente Argelia –que es un actor militar destacado, además de proveedor de energía para Europa– están esencialmente en la misma posición que Rusia con respecto a Siria. También comparten la crítica rusa sobre cómo se desarrollaron los acontecimientos en Libia en 2011. En particular, a Argelia le irritó que sus advertencias a las principales capitales occidentales sobre las consecuencias graves que seguirían a la caída del líder libio, tanto en el norte de África como en el Sahel, fueran ignoradas.
El contexto en ambos flancos no podría ser más diferente. En el este, las líneas de confrontación están claras. El comportamiento ruso ha restaurado la disuasión y la defensa colectiva como los propósitos centrales de la Alianza. Y aunque aún queda un largo camino por recorrer, la elaboración de una estrategia clara para hacer frente a la guerra híbrida está en marcha. En el Mediterráneo, sin embargo, la OTAN aún tiene que definir un esquema general para abordar los desafíos complejos que presenta la región, en particular los relacionados con problemas de gobernanza y el fortalecimiento de los estados existentes.
La energía presenta un desafío adicional: el suministro de gas ruso a la UE ofrece una capacidad de influencia y presión al Kremlin que no hará sino aumentar si el gasoducto Nord Stream 2 es construido. Mientras tanto, los
cuatro gasoductos subacuáticos que unen Argelia (3) y Libia (1) a Europa están funcionando a media capacidad. La OTAN y la UE deberían poner en marcha un diálogo estratégico con Argelia y Libia, ambos con enormes
reservas de petróleo, gas y esquisto. La UE, al mismo tiempo, debe continuar desarrollando la conexión de gas entre sus miembros, particularmente entre España y Francia. Estas políticas contribuirían a mejorar la seguridad del abastecimiento energético de la UE, haciendo a Europa menos vulnerable a las presiones rusas.
Esta monografía incluye ocho artículos de autores reconocidos que intentan arrojar luz sobre estos asuntos y sugerir vías para abordarlos. Los autores aquí reunidos provienen de campos y disciplinas que no intercambian puntos de vista con frecuencia. Creemos que más trabajo sobre cómo evaluar conjuntamente los desafíos del este y del sur es aún necesario para contribuir a la elaboración de una estrategia global más coherente para la OTAN. El epílogo de Chris Donnelly ofrece una visión de largo recorrido de alguien versado en el arte del planeamiento estratégico.