Seguridad y Política Mundial - [24/01/2012]
La décima edición del War & Peace in the 21st Century. The Arab Spring: One Year on, celebrada el 21 de enero de 2012 en el Palau de Pedralbes y organizada por CIDOB con la colaboración del Ayuntamiento de Barcelona y ESADE Geocenter for Global Economy and Geopolitics, ha hecho balance de la ‘primavera árabe’ un año después de las protestas y cambios que han transformado esta región. Los ponentes se centraron en analizar los cambios a nivel geopolítico y en cómo el despertar de la ciudadanía árabe modifica los equilibrios políticos y obliga a revisar el contrato social. Los cambios se están produciendo a gran velocidad y con mucha intensidad, algo que según Mahmud Jibril, ex primer ministro del Consejo Nacional de Transición libio, hace que “todavía no sea momento para dar respuestas sino para hacerse preguntas”.
Los ponentes coincidieron en que la primavera árabe ha marcado un punto de no retorno. “Aún no sabemos exactamente dónde estamos pero no podemos volver atrás”, recogía en las conclusiones Jordi Vaquer, director de CIDOB. El año 2011 - para algunos año cero- ha trazado un antes y un después en una región del mundo que parecía inmune a las olas democratizadoras y procesos de transición. Sin embargo, como destacó Paul Salem, director del Carnegie Middle East de Beirut, “la primavera árabe ha demostrado que sí existe un espacio político en el mundo árabe” y que a partir de ahora la política exterior de esos países no dependerá tanto de poderes externos sino de factores domésticos.
Javier Solana, Presidente honorario de CIDOB y ex Alto Representante de Política Exterior y de Seguridad Común de la Unión Europea, apuntó que las transiciones en el mundo árabe no son homogéneas y que no disponen de una “plataforma de aterrizaje” como la que representó la adhesión a la UE para las jóvenes democracias europeas. Con todo, Paul Salem sugirió que esta plataforma de aterrizaje es el consenso para “crear un orden constitucional democrático” algo en lo que hasta los salafistas están de acuerdo.
Jordi Martí, regidor de presidencia del Ayuntamiento de Barcelona, subrayó el compromiso de la ciudad de Barcelona con el Mediterráneo y pidió a la UE “un cambio audaz de su política frente al Mediterráneo”. Bernardino León, enviado especial de la Unión Europea a los países del Sur del Mediterráneo, aseguró que “el único actor que puede desempeñar un papel comprehensivo en términos de seguridad, agricultura, comercio, etc. es la Unión Europea”, siempre y cuando esté dispuesta a entender, dialogar, mantener relaciones basadas en la igualdad y tomar decisiones de calado en lo que se refiere a la apertura comercial y agrícola.
Las potencias regionales como Turquía también están en proceso de revisión de sus políticas. Así lo sugirió Meliha Altunisik, decana de la Escuela de Ciencias Sociales en Middle East Technical University de Ankara, que también apuntó cómo el AKP turco se posiciona como un modelo de éxito y moderación para fuerzas islamistas de Túnez y Egipto. Para Altunisik y para el resto de los ponentes, Siria emerge como la pieza clave en 2012 y el resultado de la crisis en la que está inmersa será crucial en la definición de un Oriente Medio cada vez más multipolar.
Mahmud Jibril, en su intervención sobre el despertar árabe, presentó la primavera árabe como la consecuencia de un cambio de paradigma global basado en la conectividad y en nuevos valores no encuadrados en ninguna fuerza política existente. Como afirmó el político e intelectual libio, la legitimidad de la autoridad será un factor decisivo. ¿Qué crédito darán los protagonistas de la revolución a las fuerzas tradicionales? Jibril advirtió que las expectativas son muy altas y la capacidad de los gobiernos para cumplirlas es limitada. Baghat Korany, profesor de Relaciones Internacional en la Universidad Americana de El Cairo, compartió esta preocupación, describiéndola como “un cuello de botella político” y señaló que para salir de este impasse hay que “reunificar política y sociedad”.
Mahmoud Mohamedou ex ministro de Exteriores de Mauritania y director del Programa para Oriente Medio y Norte de África del Geneva Center for Security Policy, caracterizó la primavera árabe como una “tormenta perfecta” en la que factores estructurales como la longevidad y la corrupción de los regímenes ha coincidido con factores coyunturales que han acelerado los movimientos de protesta. Mohamedou identificó como momentos clave de este proceso la inmolación de Mohamed Bouazizi, catalizador del descontento; la caída de Ben Ali, que hizo que el miedo de la ciudadanía fuera a partir de entonces el de los dictadores; y, finalmente, la resistencia de Gaddafi.
El papel del islamismo político, vencedor de las elecciones en Túnez, Egipto y Marruecos, ocupó una parte importante del debate. Los ponentes constataron que el resultado de estos comicios demuestra que una gran parte de la ciudadanía les atribuye la capacidad para gestionar las transiciones. La consolidación de este proceso empezará, según Javier Solana, no con las primeras elecciones sino con el desarrollo tranquilo de un segundo ciclo electoral. Para conseguir que las transiciones avancen, los ponentes apuntaron a la necesidad de contar al menos con un precedente positivo y que se produjera una ruptura con los elementos más nocivos de los antiguos regímenes.
A lo largo del seminario, se puso de manifiesto que lo que sucede en un país acaba impactando en el conjunto del mundo árabe. Es un espacio de vasos comunicantes en el que, a nivel geopolítico, Siria será el factor determinante y, a nivel de consolidación democrática, el éxito o el fracaso de la transición en Egipto condicionará el balance de la primavera árabe. Entre las conclusiones de este seminario, Jordi Vaquer subrayó que hay que pensar menos en qué hacer por el mundo árabe y más en cómo trabajar con él.