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Programa Mediterráneo - [03/04/2008]

El Mediterráneo llega a Varsovia

La propuesta francesa de crear una Unión por el Mediterráneo está siendo modificada de tal manera que no sólo sea compatible sino que incluso refuerce la política euromediterránea de la UE. Sin embargo, el unilateralismo por parte de Francia en este ámbito evidencia un proceso que puede calificarse de “renacionalización de la política mediterránea”. ¿Es el caso francés un caso aislado o podemos observar la misma pauta entre otros Estados Miembros de la UE? Esta fue una de las preguntas que estructuraron el seminario de EuroMeSCo titulado “Competición y complementariedad: las políticas nacionales y de la UE hacia el Mediterráneo Sur” celebrado en Varsovia el día 1 de abril y acogido por el Instytut Spray Publicznych. Junto a esta pregunta también se analizó la política hacia el Mediterráneo de nuevos Estados Miembros de la UE como Polonia y los países bálticos así como las reacciones de los países del sur y del este del Mediterráneo a la propuesta de Sarkozy.

Eduard Soler, coordinador del Programa Mediterráneo de la Fundación CIDOB, intervino en este seminario y explicó la evolución de la política mediterránea de España. Soler subrayó que, aunque el Mediterráneo es una de las principales prioridades de la política exterior española, está subordinada a la política europea. España siempre ha creído que podría defender mejor sus intereses en el Mediterráneo liderando iniciativas europeas en vez de actuar unilateralmente. Soler dio detalles sobre el activismo mediterráneo de España en el lanzamiento del Proceso de Barcelona, en la conferencia de Valencia de 2002 y en la cumbre euromediterránea de 2005. No obstante, Soler puso de manifiesto que tras esa cumbre España ha actuado, generalmente, de forma defensiva y reactiva.

En ese sentido, Soler expuso que sólo recientemente podemos observar una mayor implicación de España en el diseño y la aplicación de la Política Europea de Vecindad, por ejemplo impulsando un estatuto avanzado para Marruecos. La reacción española hacia la propuesta francesa de Unión por el Mediterráneo seguiría esa misma pauta. Así, a pesar de los esfuerzos de España por reconducir la propuesta inicial hacia un cauce europeo y hacerla compatible con el Proceso de Barcelona, ha sido la negativa alemana la que ha frenado los planes iniciales de Sarkozy.

Por su lado, Stefania Panebianco, de la Universidad de Catania, también calificó de reactiva la política italiana; Beata Wojna, del PISM de Varsovia, señaló la ausencia de una política mediterránea polaca y el miedo que existe en este país de que el refuerzo de la política mediterránea de la UE pueda desviar recursos y esfuerzos que Polonia quisiera ver invertidos en la Europa Oriental. Tiago Maques, de la Universidad de Tallin, describió una política mediterránea de los países bálticos en proceso de creación y que sigue, sobre todo, la pauta marcada por Finlandia y Suecia. Lena Korlanska-Bobinska, directora del IPA de Varsovia, describió la política polaca hacia el conflicto árabe-israelí y reflexionó sobre los límites de una mayor implicación en este tema.

En cuanto a los países mediterráneos, Harun Arikan, de la Universidad de Adana, enfatizó el temor generado en Turquía por el hecho de que la propuesta de Sarkozy pudiera suponer una alternativa a la adhesión. Ahmed Driss, de la Universidad de Túnez, y Abdessamad Belhaj, del HIIA de Budapest, presentaron la reacción de los países magrebíes a la propuesta francesa, y señalaron que ésta se interpretó como un intento de Francia por recuperar importancia ante el avance político y económico de otras potencias y que, a medida que la propuesta ha ido evolucionando, algunas de las expectativas iniciales (en el sentido de conseguir mayores cotas de integración y flexibilidad) se han desvanecido.

Con este seminario se llevó a Varsovia la reflexión sobre las cuestiones euromediterráneas a pesar de que éstas son aún un tema menor en las prioridades exteriores de Polonia. No obstante, con la integración europea cada vez se hace más evidente que las fronteras de España acaban llegando a Rusia y Ucrania y que las de Polonia acaban trasladándose hasta las costas mediterráneas. De ello se deduce que sólo una política exterior europea integrada, que no sobreponga la dimensión oriental sobre la meridional y viceversa sino que profundice de igual manera en ambos campos, puede obtener resultados satisfactorios para todos.

>> Más información en la web de EuroMeSCo

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