Programa Mediterráneo - [11/03/2008]
Eduard Soler, coordinador del Programa Mediterráneo de la Fundación CIDOB, participó en un seminario titulado “La iniciativa de Unión Mediterránea y el Proceso de Barcelona” organizado por el Instituto de Estudios de la Seguridad de la Unión Europea. Este seminario, celebrado el 7 de marzo en París, reunió a un nutrido grupo de expertos, de ambas orillas del Mediterráneo, para discutir sobre el impacto que la iniciativa de Sarkozy puede tener en la política mediterránea de la UE.
Jacques Hutzinger, del Ministerio de Asuntos Exteriores francés, presentó las últimas novedades de la iniciativa, señalando hasta qué punto la propuesta inicial ha ido evolucionando y subrayando que el acuerdo franco-alemán del 3 de marzo marcará el futuro de la propuesta. Erwan Lannon, profesor en la Universidad de Gante, hizo un análisis de tipo jurídico sobre distintas modalidades de encaje de la Unión para el Mediterráneo con marcos ya existentes como el Proceso de Barcelona, la Política Europea de Vecindad y el 5+5. Roberto Aliboni, vicepresidente del Instituto d’Affari Internazionali de Roma, aportó reflexiones sobre la necesidad de mantener el acquis del Proceso de Barcelona frente a nuevos planteamientos que implican una reorientación geopolítica.
Las tres ponencias dieron lugar a un fructífero debate entre los participantes a este seminario. Entre otras cuestiones, se mostró cierto escepticismo por lo ajustado del calendario si se quiere llegar a la cita del 13 de julio con una propuesta bien construida y consensuada con todos los socios. También se destacó que aún no sabemos si el Proceso de Barcelona acabará incorporando la Unión para el Mediterráneo como un subproyecto o si esta Unión será el nuevo nombre del Proceso de Barcelona. De producirse ese escenario, persiste la inquietud sobre si el cambio de nombre puede implicar también un cambio de naturaleza.
En el marco de ese debate, Eduard Soler puso de manifiesto que, al igual que en 2005 se generaron unas expectativas desmesuradas y por eso la cumbre de Barcelona generó frustración, se corre el riesgo de que la Unión para el Mediterráneo también incumpla las expectativas que está generando. Si no se quiere llegar a ese escenario, Soler afirmó que deben hacerse tres cosas. En primer lugar, no podemos confiar únicamente en el capital privado sino que deben multiplicarse los fondos públicos que se destinan a promover reformas, infraestructuras y políticas sociales en los países mediterráneos. Si eso no se hace, en esta nueva etapa sólo se financiarán proyectos capaces de producir beneficios empresariales. En segundo lugar, debemos ser muy transparentes respecto a cómo se seleccionan los proyectos que vayan a financiarse y con qué criterios se hará esa selección. En tercer lugar, no se debe pecar de grandilocuencia. Según Soler, el término de “Unión” propuesto por Sarkozy no refleja las aspiraciones del proyecto. Un nombre más modesto, como Comunidad Euromediterránea, que ya fue propuesto por el informe de EuroMeSCo de 2005, se adaptaría mejor a las ambiciones de la iniciativa. Este punto generó un notable consenso entre los participantes.
Este seminario evidenció que todavía hay un amplio margen para acabar de definir la estructura y acciones de la Unión para el Mediterráneo. Aunque son los líderes de los países miembros de la UE y sus socios mediterráneos quienes tienen la responsabilidad principal en la definición de la propuesta, la contribución al debate de los centros de investigación puede desempeñar un papel importante.