Programa Europa - [29/09/2008]
El peligro de que la UE, inmersa en su crisis institucional, cierre temporalmente sus puertas a la ampliación en los Balcanes es motivo de alarma entre los representantes políticos de la región que acudieron el pasado día 22 de septiembre al seminario internacional sobre la integración del sudeste europeo, organizado por la Fundación CIDOB, el Open Society Fellowship Program, la European Stability Initiatiave y la Friedrich-Ebert-Stiftung.
El encuentro, que fue inaugurado por el Secretario de Estado para la UE, Diego López Garrido, dejó en los asistentes la grata impresión del cambio generacional que se ha producido en los países balcánicos. Una nueva hornada de jóvenes políticos convencidos de que la UE es el mejor instrumento de estabilización política se impacienta, no obstante, por la lentitud del proceso de integración. “Nada inspira más a un gobierno que una fecha clara de entrada”, demandó el viceprimer ministro macedonio, Ivica Bocevski, ante las dilatorias y complejas negociaciones de adhesión.
“No, de momento”
Mientras, la UE parece instalada en su habitual ambigüedad. Lars Wahlund, embajador del Ministerio de Asuntos Exteriores de Suecia, país que presidirá la UE en 2009, pronosticó la entrada de Croacia y el inicio de negociaciones para ser candidato como el escenario más optimista, aunque reconoció que “la mayoría de los países no están aún preparados”. Más allá de razones objetivas, sin embargo, los analistas señalaron otras motivaciones. Giuliano Amato, exprimer ministro italiano que presidió la Comisión Internacional sobre los Balcanes, piensa que la mayoría de los líderes europeos siguen percibiendo la región como una “fábrica de problemas”. A pesar de que la fase de conflicto abierto y violencia extrema haya terminado y de que, según Ivan Krastev (Centre for Liberal Strategies, Sofía), los índices de criminalidad no sean tan altos como la gente cree. Krastev atribuyó a otro cambio generacional, el de los líderes europeos, sin la implicación que tuvieron los Blair y compañía, y a la menor visibilidad en los medios, el hecho de que la región haya perdido peso en la agenda política europea. “Existe aún un cierto complejo de culpabilidad”, afirmó López Garrido, recordando la política equivocada y cierta pasividad de la UE en los 90.
La falta de voluntad política en la UE es la razón que adujeron los representantes balcánicos, quienes no aceptan la explicación de la parálisis institucional por el Tratado de Lisboa. Esta falta de visión contrasta con la importancia que tiene la UE en la región, donde se está jugando “su credibilidad como actor global”, según Amato. Para el exprimer ministro italiano “si la UE fracasa en su labor de transformar y estabilizar la región, corre el peligro de convertirse en un poder colonial”, por su actuación en Kosovo o Bosnia-Herzegovina. Demandó que la UE envíe señales políticas claras de su visión hacia la región y deje de prevalecer el control y la seguridad por encima de la transformación política.
Democracia, fin de trayecto
A pesar de las críticas se reconoció la evolución política positiva de las transiciones hacia la democracia en la región. Los fracasos en este sentido hay que apuntarlos no sólo a la UE, sino sobre todo a la responsabilidad de los actores nacionales y el uso de su legitimidad en el juego de poder, según Pere Vilanova, Director de la División de Asuntos Estratégicos y de Seguridad del Ministerio de Defensa. El triunfo del europeísta Tadic en Serbia, considerado un ejemplo del “poder suave” de la UE, no esconde, sin embargo, un resurgimiento de las actitudes más hostiles a algunas políticas de la UE, según Gordana Djurovic, viceprimera ministra de Montenegro. “Es más fácil ganar elecciones oponiéndose a la UE”, reconoció Krastev, para quien la UE ahora tendrá que competir con Rusia, tras su demostración de fuerza en Georgia y el poder de atracción del estilo Putin. A ello no ayuda, según el viceprimer ministro serbio, Bozidar Djelic, el veto de Holanda, oponiéndose al resto de miembros favorables a la implementación del Acuerdo de Estabilización y Asociación firmado con la UE, “acusándonos de no colaborar con La Haya para entregar a Ratko Mladic”, sospechoso de ser el responsable militar de la matanza de Srebrenica.
La caja de Pandora
La crisis georgiana y la independencia de Kosovo fueron relacionadas indistintamente como casos equivalentes por el representante español y serbio. El primero para defender “la coherencia de la posición del gobierno español en su defensa del derecho internacional”. Por su parte, Djelic reiteró que “Serbia no aceptará nunca la independencia de la provincia de Kosovo, que forma parte de nuestro pasado” y recordó las consecuencias (en referencia a la crisis georgiana) de “abrir la caja de Pandora”. López Garrido alabó la actitud constructiva y de colaboración del gobierno serbio al permitir el despliegue de EULEX siempre que cuente con la cobertura de Naciones Unidas. Asimismo reconoció que el gobierno español no había tenido hasta ahora “una relación demasiado estrecha con la región”, pero que España estaba comprometida con su estabilidad, por los efectos que tiene para el resto de Europa.
Paciencia con Turquía
El papel de España pareció, sin embargo, más relevante en el caso de Turquía, que Zapatero había visitado recientemente en un encuentro de la Alianza de Civilizaciones. Ishak Alaton, presidente del grupo Alarko de Estambul, agradeció el esfuerzo de Zapatero, al que se dirigió como “líder de un país católico”. Confesó que “Europa aún no sabe cómo digerir a Turquía” y pidió a la UE “paciencia”, después de la última crisis política, “para mantener a Turquía en la senda de la democracia y para que se convierta en miembro de la UE”. Para lo cual Turquía necesita, según Alaton, “un cambio de mentalidad, una emancipación que tardará una o dos generaciones”.