Zoran Djindjic

Compartir:

Datos relevantes

Actualización: 22 de Abril de 2013
Crédito fotográfico: © Comisión Europea, 2000/Breydel

Serbia

Primer ministro

Duración del mandato: 25 de Enero de 2001 - 12 de Marzo de 2003

Nacimiento: Bosanski Samac, Republika Srpska, Bosnia-Herzegovina , 01 de Agosto de 1952

Defunción: Belgrado , 12 de Marzo de 2003

Partido político: DS

Profesión: Sociólogo

Crédito fotográfico: © Comisión Europea, 2000/Breydel

Resumen

Hijo de un oficial del Ejército yugoslavo, nació en Bosnia-Herzegovina pero creció y se educó en Belgrado, la capital de Serbia, a donde fue destinado el padre. A comienzos de los años setenta estuvo activo en la Escuela de Filosofía de la Universidad de Belgrado, entonces un reducto de la oposición liberal, fogueada en las manifestaciones estudiantiles de 1968, a la dictadura del líder comunista Josip Broz Tito.

Biografía

Se licenció en 1974 antes de que las fuerzas de seguridad reprimieran las protestas y purgaran las aulas de los cabecillas anticomunistas. Pero su nombre entró en las listas negras de la policía política y fue incapaz de encontrar trabajo, hasta que, acusado de organizar una liga de estudiantes independiente con compañeros de Croacia y Eslovenia también de ideas anarquistas, fue arrestado y condenado a un año de prisión, pena de la que cumplió unos cuantos meses.

En 1977 se exilió en Alemania y allí residió por espacio de doce años. Se ganó la vida trabajando como asistente en institutos y universidades de Bonn, Frankfurt y Constanza, y en la Universidad de esta última ciudad amplió su formación en Filología y Sociología, hasta conseguir el doctorado en 1979 con la tesis Problemas de los orígenes de la teoría crítica de la sociedad. Algunas fuentes no oficiales informan que aquel mismo año retornó a Yugoslavia y consiguió ser admitido como docente en la Universidad de Novi Sad, pero que prosiguió activo en la disidencia publicando opúsculos en revistas contestatarias.

Sea como fuere, Djindjic no se desligó de las iniciativas político-académicas de estos círculos y en 1985 apareció asociado a uno de los cenáculos más conspicuos de la disidencia serbia, el Centro de Filosofía y Teoría Social de Belgrado. Asimismo, publicó los libros (títulos traducidos al español) Subjetividad y violencia (1984), El otoño de la dialéctica (1986), Yugoslavia, Estado inacabado (1987) y Serbia, entre el Este y el Oeste, además de traducir al serbio, solo o en coautoría, obras de Wilhelm Dilthey, Pyotr Kropotkin y San Ignacio de Loyola.

El 11 de diciembre de 1989 se unió en Belgrado a un grupo de intelectuales, escritores y profesores de universidad en la presentación del Partido Democrático (DS), primera fuerza de la oposición a la gobernante Liga de los Comunistas Serbios (SKS), la rama republicana de la Liga de los Comunistas Yugoslavos (SKJ) al nivel federal. Constituido formalmente el 3 de febrero de 1990 y sin cobertura legal hasta la autorización del pluripartidismo en Serbia el 22 de julio siguiente, el DS era más una restauración que una fundación, pues recogía la sigla y la tradición democrática de un partido homónimo fundado en 1919.

Este primer DS gozó de la primacía política en los años veinte de la mano de su primer presidente, Ljubomir Davidovic, dos veces primer ministro, pero después de la Segunda Guerra Mundial y de participar en un breve gobierno de coalición fue proscrito por Tito. El nuevo DS se identificó como un partido centrista, moderadamente nacionalista y comprometido con la defensa de los derechos civiles y políticos, que centraba su estrategia en la renuncia por el Partido Socialista de Serbia (SPS, nuevo nombre de la SKS) del presidente Slobodan Milosevic al monopolio del poder y en la convocatoria de elecciones libres.

Djindjic se aseguró un puesto de relevancia como presidente de la comisión directiva de partido, pero entonces era bastante menos conocido que el presidente de la formación, Dragoljub Micunovic, y que el grupo de eminentes escritores y profesores que lo animaban. En las primeras elecciones democráticas celebradas en Serbia, el 9 y el 23 de diciembre de 1990, Djindjic fue uno de los siete diputados que el DS consiguió meter en la Asamblea Popular. El legislativo quedó dominado por el partido de Milosevic, que había conseguido eclipsar las exigencias democráticas encaramándose como paladín del nacionalismo serbio en un momento en que eslovenos y croatas planteaban separarse de la Federación.

El mínimo peso electoral del DS en esta época quedaba resaltado por el hecho de que tampoco constituía la primera fuerza de la oposición, condición que ostentaba el Movimiento de Renovación Serbio (SPO) de Vuk Draskovic. Sin embargo, cuando en julio de 1992 se constituyó el primer Gobierno de la nueva República Federal de Yugoslavia, constituida por Serbia y Montenegro después de las independencias de Eslovenia, Croacia, Bosnia-Herzegovina y Macedonia, el partido aceptó la oferta ministerial del primer ministro Milan Panic, un millonario serbo-estadounidense que se propuso mejorar la imagen del país en el exterior y levantar la economía sin servidumbres con Milosevic. Huelga decir que en dicho ejecutivo el SPS era el partido mayoritario.

La ascendencia pública de Djindjic se acrecentó como jefe del grupo parlamentario del partido. El 20 de diciembre de 1992, después de que el DS boicoteara la primera consulta celebrada el 31 de mayo, Djindjic ganó también el escaño en la Cámara de las Repúblicas, la cámara alta de la Asamblea Federal. Tan sólo unos días después Panic fue derribado en una moción parlamentaria, y en el gobierno que el SPS constituyó en enero de 1993 ya no contó con el DS. En un momento de exaltación nacionalista, atizada sin recato desde los medios de comunicación adictos a Milosevic para reforzar su asiento en el poder, el DS pagó por su postura moderada frente a las sangrientas guerras civiles de Croacia y Bosnia, donde las minorías serbias locales, armadas por Belgrado, se alzaron contra las autoridades centrales.

El DS obtuvo en las citadas segundas elecciones federales del 20 de diciembre el 6% de los votos, y en las también segundas legislativas serbias que se celebraron el mismo día revalidó sus siete escaños. En estos comicios el DS fue la única fuerza de oposición significativa que se quedó fuera del Movimiento Democrático de Serbia (DEPOS), la coalición liderada por el SPO, partido que sí adoptó un discurso desaforadamente nacionalista. Djindjic dijo entonces que era "mejor una oposición dividida que una encabezada por Draskovic", primera manifestación de una malquerencia mutua que se iba a prodigar en los años siguientes. El DS se confirmó como el cuarto partido de Serbia tras el SPS, SPO/DEPOS y el ultranacionalista Partido Radical Serbio (SRS) en las terceras elecciones legislativas del 19 y 26 de diciembre de 1993, cuando sacó 29 escaños con el 11,3% de los sufragios.

Esta sensible mejoría no vino por casualidad: para atraer votantes de su rival, el SPO, el partido había matizado su discurso original, alejándose de las propuestas pacifistas y justificando el derecho de los serbios de Croacia y Bosnia-Herzegovina a resistirse a las autoridades nacionalistas centrales, con lo que implícitamente aceptaba la política de Gran Serbia practicada por el régimen de Milosevic. Poco después, el 29 de enero de 1994, Djindjic condujo un golpe interno y, con 286 votos a favor y 69 en contra, desplazó de la jefatura del partido a Micunovic, quien, en su opinión, presentaba un perfil bajo, poco agresivo en la oposición a Milosevic.

Con Djindjic a su frente, el DS elaboró propuestas centradas en las reformas políticas y económicas en Serbia, pero se abstuvo de censurar las atrocidades cometidas por los serbios de Bosnia contra la población bosniomusulmana. Más aún, Djindjic cultivó las relaciones con Radovan Karadzic, el presidente de la autoproclamada Republika Srpska (en cuyo territorio estaba su Bosanski Samac natal, ahora renombrada como Samac, en la frontera con Croacia), que aún no había sido acusado de genocidio por el Tribunal Penal Internacional de La Haya contra crímenes en la antigua Yugoslavia (TPIY). En abril de 1995 Djindjic fue a visitar a Karadzic en su feudo de Pale y cuando en septiembre la OTAN atacó posiciones serbobosnias, que a la postre condujeron al final de la guerra en Bosnia, Djindjic calificó los bombardeos de "vergonzoso ataque terrorista".

No obstante, Djindjic fue el único líder político serbio importante que apoyó los Acuerdos de paz de Dayton, suscritos en noviembre de 1995 por Milosevic y los presidentes de Croacia, Franjo Tudjman, y Bosnia-Herzegovina, Alija Izetbegovic. Aunque subordinaba la Republika Srpska al Gobierno central de Sarajevo, Djindjic consideró que el marco de Dayton era una buena base jurídica para el período de posguerra.

A partir de entonces el DS intensificó sus críticas contra el régimen, crecientemente autoritario y represivo, de Milosevic, denunciando en particular la impunidad de las tramas corruptas y las economías sumergidas que el clan gobernante administraba por intereses políticos o simplemente lucrativos, en turbio maridaje con organizaciones criminales de tipo mafioso. Para Djindjic, sólo una política deflacionaria enérgica y la privatización de extensas ramas de la producción y los servicios podrían evitar el colapso de la economía, severamente golpeada por las sanciones internacionales.

El 2 de septiembre de 1996 el inquieto dirigente demócrata suscribió con Draskovic y la reputada Vesna Pesic, presidenta de la Alianza Cívica de Serbia (GSS, única organización que sí se pronunció contra la guerra étnica de Bosnia), la alianza Zajedno (Unidos). La iniciativa, que coincidió con la conclusión de un juicio a Djindjic por libelo (tachó de corrupto al primer ministro serbio, Mirko Marjanovic) y la recepción de una sentencia suspendida de cuatro meses de prisión, tenía como finalidad formal elaborar listas comunes de cara a las elecciones federales yugoslavas y municipales serbias de aquel año.

Pero además, Djindjic y Draskovic se avinieron a aparcar sus diferencias personales y pactaron el apoyo a sus mutuas aspiraciones de poder: el puesto de alcalde de Belgrado para el primero y la presidencia de la República de Serbia para el segundo. Zajedno captó la atención de los países occidentales, Francia en especial, y la Unión Europea (UE), que invitaron a los tres líderes a explicarles su alternativa democrática para Serbia. No en vano, Zajedno surgía en un momento en que Milosevic, durante años tolerado y legitimado por las potencias occidentales, empezaba a perder la efímera rehabilitación internacional que ganó en Dayton como el pacificador de Bosnia.

Las elecciones a la Asamblea Federal yugoslava celebradas el 3 de noviembre de 1996 demostraron de nuevo que las posibilidades de la oposición para desbancar a Milosevic eran nulas, en parte por sus propias contradicciones y luchas fratricidas, que no le otorgaban mucho más crédito que el régimen al que se oponían, pero también por las fuertes limitaciones al juego competitivo en un contexto de baja calidad democrática. Con el 22,2% de los votos en las legislativas, Zajedno sólo arrebato 22 de los 108 escaños reservados a Serbia, pero en las municipales, Djindjic y sus colegas lo hicieron mucho mejor, pues la concentración del voto urbano les otorgó sensibles mayorías en las principales ciudades del país, incluidas Belgrado, Nis, Kragujevac, Cacak y Novi Sad.

En Belgrado Zajedno ganó 60 de los 110 escaños de la asamblea municipal y Djindjic se impuso a su contrincante del SPS, tanto en la primera vuelta cono en la segunda, celebrada el 17 de noviembre. La reacción de Milosevic, sorprendido por esta derrota en un centro de poder fundamental, fue simplemente no reconocer el veredicto de las urnas. Djindjic respondió a la cínica maniobra del autócrata movilizando a sus seguidores en una campaña sostenida de protestas que fue descrita por los medios internacionales como la más seria contestación contra el régimen del SPS. Tras 88 días de manifestaciones multitudinarias y el dictamen concluyente de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), Milosevic transigió y el 21 de febrero de 1997 Djindjic se convirtió en el primer alcalde belgradense no comunista desde 1945.

Esta victoria de Djindjic y la oposición bien pronto se tornó amarga para ambos. Las envidias y rencores con Draskovic -un personaje sumamente diletante que sin embargo tenía en aquel entonces más carisma y mayor capacidad de convocatoria que él- resurgieron casi inmediatamente con el mutuo cuestionamiento de sus capacidades políticas. Además, Djindjic reconoció después que durante la crisis municipal había mantenido encuentros secretos con Milosevic, algo que resultaba intolerable a opositores más escrupulosos con los manejos subterráneos. En 1997 Djindjic no le perdonó a Draskovic que se acercara a Vojislav Seselj, el virulento caudillo del SRS, de manera que de cara a las elecciones generales serbias del 21 de septiembre, no sólo retiró al DS de los comicios legislativos, sino que llamó a la abstención en las presidenciales.

El día de la cita con las urnas el líder del SPO quedó en tercer lugar tras Seselj y el candidato del SPS, Zoran Lilic, y, por tanto, descalificado para el desempate. Draskovic culpó a Djindjic de su fracaso y, como venganza, el 30 de septiembre sumó los votos de su partido a un movimiento de censura en la asamblea de Belgrado que derribó al jefe demócrata de la alcaldía. Como también se había marginado de la reelección en la Asamblea de Serbia, Djindjic se quedó pues sin cargo representativo alguno.

A partir de entonces Djindjic radicalizó su postura ante el régimen del SPS y sus asociados, y centró sus esfuerzos en la construcción de un amplio frente anti Milosevic con los socialistas montenegrinos de Milo Djukanovic, los serbobosnios críticos de Biljana Plavsic y el mayor número posible de fuerzas en Serbia, pero excluyendo al SPO, al que consideraba completamente desacreditado También prodigó las entrevistas con dirigentes europeos, a los que explicó que su estrategia de unidad partidista perseguía una "revolución social" en Serbia para la instauración de instituciones democráticas y el imperio de la ley.

La crisis de Kosovo y los bombardeos de la OTAN, iniciados el 24 de marzo de 1999 para obligar al poder serbo-yugoslavo a detener sus operaciones militares contra la guerrilla del Ejército de Liberación de Kosovo (UCK) y las bárbaras operaciones de limpieza étnica contra la mayoría albanokosovar (cerca del 90% de la población provincial), y a firmar un documento, presentado en la fracasada conferencia de Rambouillet, París, que contemplaba la retirada de sus fuerzas del territorio y la concesión al mismo del autogobierno político, introdujeron un factor nuevo en la dialéctica régimen-oposición, hasta entonces siempre resuelta en favor del primero.

En los primeros días del conflicto, Djindjic, que ya había empezado a demandar el procesamiento de Milosevic por crímenes de guerra, desoyó una convocatoria militar y se refugió en Montenegro, donde se acogió a la protección del presidente Djukanovic. Djindjic negó ser un prófugo y justificó su comportamiento porque había recibido amenazas de muerte. Al no condenar los ataques aéreos de la OTAN contra las ciudades de Serbia como una agresión, el líder del DS mereció los calificativos de "traidor" a la nación serbia y de "marioneta" de la OTAN.

El 4 de julio, algunas semanas después de la capitulación del régimen ante los aliados, Djindjic retornó a Belgrado dispuesto a vigorizar la unidad opositora, aunque de entrada tuvo que arreglar las cuentas pendientes con los militares. El 5 de agosto la corte castrense que llevaba su caso le levantó el cargo de prófugo, lo que él interpretó como un significativo ejemplo de independencia de las Fuerzas Armadas frente a las maniobras de instrumentación política.

La humillante derrota del poder serbo-yugoslavo, que tuvo que abandonar Kosovo a la OTAN con el precio añadido de grandes daños humanos y materiales en Serbia por los ataques aéreos contra infraestructuras públicas y centros fabriles, fue el revulsivo que Djindjic necesitaba. Demostrando habilidad negociadora y dotes para la organización, fue tejiendo una red de alianzas partidistas y personales que cristalizó en la Alianza por los Cambios (SZP). Djindjic reeditó la campaña de movilizaciones de 1996-1997, pero, a diferencia de entonces, contaba con el apoyo decidido de los países occidentales y el objetivo no era sino forzar la dimisión de Milosevic para luego celebrar elecciones anticipadas.

En sus reuniones con altos representantes europeos y estadounidenses. Djindjic fue exhortado a que ensanchara la base de la SZP para plantear un frente uniforme anti Milosevic, a lo que él se avino, pero con la insistencia de que Occidente precisara sus sanciones de manera que dañaran a Milosevic y su gente, no al pueblo serbio. Así, aplaudió la actitud de condicionar el levantamiento de las sanciones a la celebración de elecciones democráticas, pero también le decepcionó la negativa a anular las sanciones de carácter comercial (petroleras, fundamentalmente), que incidían directamente en la ciudadanía. La conclusión que sacó Djindjic de sus tratos con los gobiernos occidentales es que, para conquistar su libertad, los serbios "sólo podían confiar en sí mismos".

En noviembre de 1999 Djindjic se apuntó un notable tanto al asistir, invitado por la delegación checa, a la Cumbre de la OSCE en Estambul, donde hizo escuchar la posición de su país en exclusión de los representantes oficiales. La delegación de la SZP demandó a Europa un compromiso en la reconstrucción económica y la rehabilitación democrática de Serbia tan firme como el demostrado a la hora de castigar las tropelías de Milosevic. Sobrellevando el estigma de desleal a la patria y el temor a sufrir uno de los accidentes con que el régimen marcaba a sus desafectos (empezando por Draskovic, que estuvo a punto de perecer como les ocurrió a sus cuatro acompañantes cuando su vehículo fue embestido por un conductor que dio a la fuga), el 10 de enero de 2000 Djindjic auspició la reunión de 16 partidos para fundar una plataforma conjunta, el más convincente frente anti Milosevic que recibió la bendición de la Iglesia Ortodoxa y que adoptó el nombre de Oposición Democrática de Serbia (DOS).

Como cabeza visible de la DOS, Djindjic volvió a la carga para insuflar nuevo aire a la presión de la calle, desconcertada por la decisión de Milosevic de enrocarse y por el aireamiento de nuevas diferencias en el liderazgo opositor. El 14 de abril de 2000 Djindjic y Draskovic comparecieron unidos en un masivo acto en Belgrado contra la "coalición fascista-comunista" del SPS y sus aliados, prologando lo que tendría que ser el enfrentamiento final con el régimen. El 27 de julio Milosevic convocó elecciones generales en Yugoslavia para el 24 de septiembre. La DOS resolvió que su candidato presidencial frente al titular fuera Vojislav Kostunica, antiguo dirigente del DS que en 1992 se había escindido y fundado el Partido Democrático de Serbia (DSS), una formación opositora pero marcadamente nacionalista.

Se trató de una elección inteligente, ya que el circunspecto y desangelado Kostunica presentaba credenciales democráticas y nacionalistas, gozaba de crédito como "patriota serbio" (había bramado contra el ataque de la OTAN) y carecía de hipotecas con el régimen. Djindjic, no obstante gozar de la presencia más fotogénica de la clase política serbia, tenía aún una imagen pública problemática por su talante intelectual y germanófilo, sus reyertas con Draskovic por cuestiones de protagonismo y su sonada escapada a Montenegro cuando las bombas aliadas caían sobre Belgrado. Sin duda, a Milosevic le habría encantado tenerle como contrincante electoral, pues habría manipulado las emociones públicas vilipendiándolo como un desertor y una marioneta de Occidente.

Fuera de Yugoslavia, el perfil que se le había endilgado a Djindjic correspondía al de un personaje voluble y oportunista, incapaz de anteponer unas convicciones firmes a sus ambiciones particulares de poder. Precisamente, al preferir la dirección del entramado organizativo de la DOS y la campaña electoral al servicio de Kostunica, el taimado Djindjic recuperó muchos enteros en las cancillerías occidentales.

Tan pronto como las urnas se cerraron el 24 de septiembre, se hizo evidente que el oficialismo había perdido y que Milosevic se aprestaba a mantenerse en el poder recurriendo a las argucias que fueran necesarias. Djindjic aseguró que la DOS había vencido definitivamente tanto en las legislativas como en las presidenciales, y rechazó las cifras finales facilitadas el día 27 por la Comisión Electoral Federal, que, aún reconociendo su victoria, obligaba a Kostunica a concurrir a una segunda vuelta, el 8 de octubre, por no alcanzar el preceptivo 50%.

La DOS, respaldada por la comunidad internacional, rechazó la versión del Gobierno y llamó a la movilización en las calles, Kostunica se declaró vencedor y Djindjic convocó una huelga general y la desobediencia civil en Serbia hasta que Milosevic reconociera su derrota. Desde el 29 de septiembre el país fue paralizándose por el cese de la actividad laboral en comercios, fábricas y minas, el abandono de las aulas por los estudiantes y el bloqueo de las vías de comunicación. La crisis se precipitó del 4 al 5 de octubre cuando el Tribunal Constitucional invalidó, primero parcialmente y luego en su totalidad, la ronda del 24 de septiembre, desconvocando el desempate del 8 de octubre y forzando la repetición de todo el proceso en fecha incierta. Furiosos por la última maniobra dilatoria del poder, miles de partidarios de la DOS se echaron a la calle en Belgrado y, tras sostener algunos choques con las fuerzas de seguridad, tomaron el Parlamento, los medios de comunicación adictos a Milosevic y otros símbolos del régimen.

Mientras Kostunica acaparaba la atención y confirió el rostro de la "nueva Yugoslavia liberada", Djindjic -en curiosa inversión de las relaciones con los medios- trabajaba en la trastienda para asegurar una transición pacífica al nuevo orden, asegurando la obediencia, o al menos la neutralidad, de los mandos militares y policiales más comprometidos con el autócrata derrocado. Al frente de un comité de vigilancia permanente de la DOS, en las semanas posteriores a la ya llamada Revolución de Belgrado Djindjic emitió advertencias contra un hipotético contragolpe de las fuerzas milosevistas y condujo las complicadas negociaciones con el SPS para la formación de un nuevo Gobierno federal de coalición que reflejara el reparto de fuerzas en la Asamblea electa, donde la DOS ostentaba la primacía con 58 escaños.

Antes de constituirse el nuevo Gobierno federal, el 4 de noviembre, bajo la presidencia del socialista montenegrino Zoran Zizic (con todo, un leal del primer ministro saliente, Momir Bulatovic, a su vez un milosevista recalcitrante) y sin ministros del SPS, Djindjic y sus colegas convencieron a esta última formación de la necesidad disolver también el Gobierno de Serbia y constituir un ejecutivo de coalición con inclusión del SPO con naturaleza de transición, hasta la celebración de elecciones legislativas. Este gobierno arrancó el 24 de octubre con un socialista moderado a su frente, Milomir Minic. Djindjic entró también en apuradas conversaciones con Djukanovic, que demandaba una drástica revisión de la asociación de Montenegro con Serbia partiendo del reconocimiento de ambas repúblicas como sujetos de derecho internacional, bajo la amenaza de declarar la independencia con carácter unilateral.

En el delicado capítulo montenegrino, Djindjic esperaba un rápido arreglo satisfactorio, toda vez que el dirigente serbio siempre había denunciado las trapacerías legales de Milosevic y sus aliados montenegrinos para impedir que Djukanovic pudiera influir en las decisiones del Estado, con el consiguiente falseamiento del marco federal. Sin embargo, de entrada Djindjic replicó a Djukanovic que sus prisas por finiquitar la Federación eran inoportunas y que el presente marco actual, una vez restablecido su espíritu fundacional, debería regir al menos hasta 2003.

Djindjic, que ya se perfilaba como el primer ministro de Serbia, no compartía la renuencia de Kostunica a efectuar purgas en las cúpulas del Ejército y la Policía, y a iniciar acciones legales contra Milosevic, quien permanecía recluido en su residencia de Belgrado dando una sensación de impunidad y antojándose una amenaza permanente. Djindjic exigió su arresto y su procesamiento en Serbia por crímenes cometidos contra el pueblo serbio, así como la cooperación con el TPIY, que reclamaba al ex presidente para procesarle por crímenes contra la humanidad por su actuación en Kosovo.

Con esta disonancia Djindjic confirmó que deseaba ejercer de bisagra entre Kostunica (por otra parte, titular de un puesto con poderes limitados y de paso enteramente cuestionado por Montenegro) y las capitales occidentales, que se habían apresurado en levantar las sanciones y exclusiones a Yugoslavia, y a cuya sintonía el cosmopolita y políglota artífice de la DOS se ajustaba mejor.

Eso sí, Djindjic coincidió con Kostunica en descartar de plano la independencia de Kosovo, donde sólo quedaban 90.000 de los 250.000 serbios que vivían allí antes de la guerra, y en prever el retorno a corto plazo de la administración serbia tras la conclusión del protectorado internacional de hecho. Igualmente, pasó a exigir a la Misión de pacificación de la OTAN, la KFOR, una reacción enérgica contra las provocaciones terroristas de la nueva organización albanokosovar Ejército de Liberación de Presevo, Medvedja y Bujanovac (UCPMB), activo desde enero de 2000 en estas áreas de mayoría albanesa enclavadas en el sur de Serbia y fronterizas con Kosovo .

Las elecciones legislativas en Serbia se celebraron el 23 de diciembre de 2000 y dieron una victoria rotunda a la DOS, que con el 64,1% de los votos, se adjudicó 176 de los 250 escaños. El 25 de enero de 2001 Djindjic se convirtió en el primer jefe de Gobierno serbio no comunista desde la Segunda Guerra Mundial. El gabinete se lo repartieron los principales partidos de la DOS y el grupo independiente de economistas G17 Plus. En su discurso inaugural, el estadista enumeró como objetivos prioritarios de su mandato el establecimiento de una moderna economía de mercado, en un país exangüe con la industria colapsada y la mitad de sus intercambios efectuados al margen de códigos y controles, la eliminación del crimen organizado y la corrupción, la promoción de la democracia y la transparencia en las instituciones del Estado, y la despolitización de las Fuerzas Armadas, la Policía, los medios de comunicación y los órganos de justicia.

Las tareas con las que se comprometió el flamante primer ministro serbio eran ingentes, y seguramente las más peliagudas y menos proclamadas abiertamente eran la depuración de los altos mandos militares y policiales que habían ejecutado la represión hasta la víspera de la caída del régimen de Milosevic, así como la colaboración con el TPIY, lo que pasaba inexcusablemente por el arresto y la entrega de los encausados, con el ex autócrata a la cabeza.

Las decisiones de Djindjic en este terreno fueron prontas, enérgicas y extraordinariamente controvertidas. Inmediatamente después de tomar posesión del Gobierno destituyó a Rade Markovic, responsable de la Seguridad en el Ministerio del Interior, y el 24 de febrero fue arrestado. El primer ministro presionó a Kostunica para que él por su parte descabalgara al general Nebojsa Pavkovic, jefe del Estado Mayor del Ejército (cosa que no sucedió hasta junio de 2002), aunque el punto que más atizaba la discordia entre los dos líderes era el futuro de Milosevic. Djindjic, en su enésima demostración de pragmatismo, fue deslizando su opinión de procesar a Milosevic en Serbia por delitos cometidos en Serbia a la asunción del hecho de que si no se le entregaba al TIPY el país no obtendría de Occidente el completo levantamiento de las sanciones y la liberación de las muy necesarias ayudas financieras.

Kostunica, por el contrario, argumentaba que no cabía someter a Milosevic a tribunal alguno por razones de procedimiento, ya que la legislación nacional no permitía la extradición de ciudadanos yugoslavos a tribunales extranjeros, así como políticas, pues toda medida en su contra crearía tensión y desestabilizaría la recién conquistada democracia. El 1 de abril Milosevic fue arrestado en su casa de Belgrado en relación con unas imputaciones del ministerio fiscal por corrupción y abuso de poder, el 5 de abril llegó al Gobierno serbio un mandato del TPIY reclamando al encausado y el 28 de junio, sometido a durísimas presiones de Washington y las capitales europeas, que le ultimaban a entregar a Milosevic so pena de no ver un sólo dólar de la ayuda, Djindjic ordenó que se metiera al ex presidente en un helicóptero y se le llevara a la capital holandesa.

La medida la adoptó Djindjic como un hecho unilateral y consumado que provocó la cólera de Kostunica, el cual contestó con la separación de sus 46 diputados del bloque de la DOS en la Asamblea y la formación de su propio grupo parlamentario, pero el primer ministro pidió "comprensión" a la opinión pública y explicó que no quedaba otra solución si se quería "evitar a Serbia la ruina", ya que al cabo de 24 horas expiraba la fecha límite impuesta por las capitales occidentales para que se obrara en aquella dirección. El primer ministro, además, prometió nuevas extradiciones de jerifaltes civiles y militares del anterior régimen acusados de diversos crímenes por el TPIY.

El drástico desenlace del caso Milosevic se produjo después de que los socialistas montenegrinos de Zizic, atados a su trayectoria de sumisos colaboradores de Milosevic y el SPS, hicieron naufragar con su voto en la Asamblea Federal un proyecto de ley de la DOS que autorizaba la extradición de ciudadanos yugoslavos a tribunales extranjeros con la aquiescencia de los tribunales nacionales, y de que el Tribunal Constitucional suspendiera la promulgación de un jurídicamente endeble decreto-ley del Gobierno federal, lanzado a toda prisa para contrarrestar el revés anterior, el cual autorizaba esas extradiciones por la vía ejecutiva directa.

En puridad, Djindjic y su Gobierno violaron la ley y la Constitución yugoslavas desde el momento en que se declararon competentes para asumir determinadas funciones propias del Ejecutivo federal, pero ellos, en una tensa comparecencia ante los medios, justificaron la medida como extraordinaria e impostergable, pues el país no podía hipotecar por más tiempo una ayuda foránea vital con la salvaguardia del hombre responsable de las desgracias que lo afligían. El premio balsámico por tan traumática salida lo recibió Djindjic al día siguiente con el otorgamiento por la Conferencia de Donantes de Bruselas, formada por Estados Unidos, la Comisión Europea, Japón y el Banco Mundial, de créditos y avales por valor de 1.280 millones de dólares para el resto del año y 3.900 millones más en ayudas para los próximos tres años, cifras que satisficieron las demandas de los beneficiarios.

De todas formas, la evicción de Milosevic terminó por envenenar del todo las relaciones entre Djindjic y Kostunica, en lo sucesivo enzarzados en una guerra personal de desprestigio y destrucción. El último episodio de las endémicas trifulcas cainitas de la clase política serbia enrareció el ambiente hasta extremos insospechados y repercutió muy negativamente en el curso de las reformas.

El 17 de agosto de 2001, culminando un rosario de invectivas y zancadillas, Kostunica retiró al DSS del Gobierno de Serbia entre graves acusaciones contra Djindjic de tolerar la corrupción en el mismo seno del gabinete y de mantener connivencias inconfesables con las mafias del crimen organizado que infestaban Serbia. Estas tramas delictivas seguían operando con la misma o mayor impunidad que en los últimos años del milosevismo, cuando proliferaron extraordinariamente al socaire de las camarillas en el poder y en conexión con los múltiples servicios oficiales de seguridad y organizaciones paramilitares.

Y eso que, para entonces, las tensiones posbélicas en Kosovo habían dejado atrás su fase más aguda. La OTAN autorizó al Ejército yugoslavo el 8 de marzo a penetrar parcialmente en la franja de seguridad de 5 km establecida por la KFOR en el interior de la provincia en su perímetro fronterizo con Serbia, cuatro días más tarde la propia OTAN firmó por cuenta de Belgrado con el UCPMB un alto el fuego y el 14 de marzo 900 efectivos de la Policía serbia y del Ejército yugoslavo accedieron a la zona de seguridad desde el valle de Presevo.

El despliegue de las fuerzas serbo-yugoslavas en toda la franja de seguridad estuvo completado para el 2 de junio paralelamente al desarme y la desmovilización de los maquis albaneses. Este desarrollo mejoró la seguridad en la zona y de paso sirvió como medida de confianza entre las autoridades internacionales que administraban Kosovo y las de Belgrado. Djindjic elevó regularmente sus quejas de que elementos armados del oficialmente extinto UCK (el 20 de septiembre fue formalmente disuelto y sustituido por una fuerza de protección civil, el Cuerpo de Protección de Kosovo, TMK) seguían aterrorizando a los pocos serbios que no se habían resignado a abandonar su patria chica, aunque el entendimiento funcionaba mayormente.

Así, el 6 de noviembre de 2001 Nebojsa Covic, uno de los viceprimeros ministros de Djindjic, firmó con Hans Hækkerup, jefe de la Misión de Naciones Unidas en Kosovo (UNMIK) y a la sazón presidente del Consejo Administrativo Interino (CAI, el órgano ejecutivo de la administración internacional) un documento que prohibía al próximo Parlamento electo de los albanokosovares declarar la independencia y que de paso ratificaba que todo el proceso estaba sujeto a los términos de la resolución 1.244 del Consejo de Seguridad de la ONU.

Esto significaba que Kosovo gozaba de una "autonomía sustancial" y de una "autodeterminación significativa" antes de entrar en una "etapa final" mediante la transferencia de competencias del CAI a las instituciones surgidas de un acuerdo político, necesariamente entre las instituciones electas de Prístina y Belgrado. Todo esto resultaba lo suficientemente ambiguo como para municionar los argumentos de las partes, pero con este acuerdo en la mano Djindjic -sin mucho realismo, todo sea dicho- se apresuró a declarar que Kosovo había retornado a Serbia, que la ruptura independentista no era factible y que era hora de negociar un estatus satisfactorio para todos.

A lo largo de 2002 Djindjic, reelegido sin oposición presidente del DS el 6 de octubre de 2001, siguió determinando con su fuerte personalidad y sus polémicas actuaciones el curso político nacional. En enero, en un contexto económico moderadamente esperanzador por la vuelta al crecimiento, el descenso de la inflación y -con ser aún muy elevado- del paro, Djindjic estableció y pasó a encabezar el Consejo de Seguridad Serbio, un órgano gubernamental con la misión de supervisar a los distintos cuerpos de seguridad y paramilitares que venían operando con bastante descontrol y que constituían la herencia más peligrosa del anterior régimen, cuyo vasto aparato de seguridad sólo había sido desmantelado en parte.

En noviembre anterior, uno de estos cuerpos, la Unidad de Operaciones Especiales (JSO) o Boinas Rojas, desafió a Djindjic con un amotinamiento en protesta por la cooperación del Gobierno con el TPIY. La sublevación de esta formación paramilitar fue reconducida suavemente por el primer ministro accediendo a reciclarles en una unidad antiterrorista subordinada al Ministerio del Interior y, muy probablemente, también mediante conversaciones secretas en torno a la situación jurídica de algunos de sus miembros en caso de ser procesados por el TPIY. Pero poco después Djindjic declaró el combate sin cuartel contra las mafias y promovió legislación específica, como la habilitación de un fiscal especial con amplios poderes en la lucha anticrimen.

Desde este momento, cualesquiera pactos y garantías que hubiere adoptado en el pasado con algunos grupos paraestatales para asegurarse sus objetivos políticos (inclusive, según apuntaron más tarde medios locales, su no salida en defensa de Milosevic cuando la insurrección de octubre de 2000) pudieron parecerles nulos y sin valor a estos mismos grupos, cuya audacia criminal no conocía límites, tal era la lista interminable de altos oficiales de las fuerzas de seguridad, políticos y ministros del régimen de Milosevic asesinados o suicidados en sospechosas circunstancias en los últimos años. Todas estas muertes permanecían sin esclarecer y escandalosamente impunes, dando pábulo a elucubraciones periodísticas sobre ajustes de cuentas o deseos de silenciar la divulgación de informaciones comprometedoras. A la luz de estos inquietantes sucesos y en retrospectiva, la asonada de los Boinas Rojas en noviembre de 2001 constituyó un aviso al primer ministro.

Las tortuosas negociaciones con Montenegro fueron facilitadas por las decisivas presiones de la UE sobre el presidente Djukanovic para que renunciara a su proyecto de convocar un referéndum sobre la independencia de la república y se aviniera a negociar con Belgrado un nuevo marco constitucional estatal. El 14 de marzo de 2002 Djindjic, Kostunica y Djukanovic suscribieron en Belgrado un "acuerdo de principios" sobre la continuidad del Estado serbo-montenegrino sobre bases prácticamente confederales, con instituciones de los poderes ejecutivo y legislativo comunes y competencias reducidas a la política exterior, la defensa, las relaciones económicas exteriores, el comercio interior y los asuntos de Derechos Humanos y minorías étnicas. Los parlamentos republicanos ratificaron este marco de la nueva unión el 9 de abril, dejando expedito el camino para la elaboración de la Carta Constitucional de Serbia y Montenegro, que tal iba a ser el nombre del nuevo Estado.

Liberado por el momento del fardo montenegrino, Djindjic destinó todas sus energías a la política interior de Serbia. El 11 de abril el primer ministro se apuntó otra victoria política sobre sus enemigos con la aprobación por la Cámara baja de la Asamblea Federal de la legislación reguladora de la cooperación con el TPIY, que permitió la descongelación del paquete financiero de Estados Unidos previa certificación de la plena colaboración de Belgrado con los magistrados de La Haya.

En los meses siguientes se rindieron al TPIY los siguientes encausados tras Milosevic en jerarquía, quienes eran Nikola Sainovic, primer ministro de Serbia en 1993-1994 y luego viceprimer ministro federal, y el general Dragoljub Ojdanic, jefe del Estado Mayor del Ejército cuando la campaña de Kosovo en 1999 y ministro federal de Defensa en 2000; Vlajko Stojiljkovic, ministro del Interior de Serbia en 1997-2000, prefirió pegarse un tiro antes que entregarse, y en cuanto al presidente en ejercicio de Serbia, Milan Milutinovic, uno de los principales lugartenientes de Milosevic y ahora convertido en un residuo del pasado sumido en el ostracismo político, se limitó a aguardar resignado el final de su mandato en diciembre de 2002 antes de perder toda protección jurídica y unirse a los otros procesados en las celdas de La Haya.

También fue extraditado Milan Martic, quien fuera jefe de los separatistas serbios de Croacia, pero los dos criminales de guerra serbobosnios más notorios, Karadzic y su comandante militar, el general Ratko Mladic, continuaron en su paradero supuestamente desconocido por las autoridades. Sobre la suerte de estos dos personajes Djindjic realizó unas manifestaciones nada convincentes en las que osciló entre la negativa a que se encontraran refugiados en territorio yugoslavo a la renuencia a emprender cualquier operación de captura, aduciendo que no podrían evitarse choques mortales entre los guardaespaldas de Karadzic y Mladic y las fuerzas de seguridad, y que no era cuestión de arriscar al país a una "guerra civil".

El particular duelo de Djindjic y Kostunica por el poder en Serbia continuó escalando peldaños con el boicot parlamentario del DSS y la formación por el presidente federal de un "gobierno en la sombra". Hastiados del obstruccionismo sistemático de Kostunica, el 26 de julio Djindjic y el consejo de la DOS resolvieron expulsar formalmente al DSS de la coalición dado que la agrupación se había situado en la oposición. Luego la dialéctica se midió en clave electoral, con la mirada puesta en los comicios presidenciales del 29 de septiembre, a los que se presentaron Kostunica (que deseaba abandonar cuanto antes una oficina, la de presidente del Estado compartido con Montenegro, abocada a la irrelevancia política), el economista Miroljub Labus como candidato de Djindjic y el inevitable Seselj.

Kostunica fue el más votado con el 31,3% de los votos, cuota insuficiente que hizo necesaria la segunda vuelta. Ésta se celebró el 13 de octubre y ahora Kostunica batió inapelablemente a Labus con más de 30 puntos de diferencia, pero entonces lo que falló fue el índice de participación, el 45,5%, cuando el mínimo requerido para dar validez a la consulta era el 50%. La ronda fue anulada y se acudió a una tercera el 8 de diciembre; Kostunica ganó de nuevo, esta vez a Seselj como segundo en discordia, pero la participación fue incluso menor que en octubre y, en aplicación de la ley, la autoridad electoral no tuvo otro remedio que volver a anular la elección.

Lo sucedido rayó lo grotesco y Kostunica, considerándose estafado, se despachó a gusto con unas durísimas declaraciones en las que acusó a Djindjic de haber boicoteado desde el principio la elección presidencial presentando un candidato propio de escaso tirón con el único objeto de restar atractivo a una consulta que, sabía, no podía ganar, por lo que apeló a acabar con el "régimen" de Djindjic. El caso es que entre la segunda y la tercera votación el mismo Labus acusó a Djindjic de dejarle en la estacada y como muestra de su enfado abandonó el DS y se dispuso a transformar el grupo independiente de economistas G17 Plus en un partido propiamente dicho (cosa que sucedió en diciembre) condenado a romper con la DOS.

Si Djindjic, visiblemente satisfecho por lo sucedido, se propuso abortar la subida de su archienemigo a la Presidencia de Serbia propiciando la baja participación del electorado ofreciéndosele un candidato con aura de perdedor, entonces no pudo exhibir un maquiavelismo político más sofisticado, aunque éste arrojara un funesto manto de deslegitimación sobre el conjunto del sistema democrático, del que él -he ahí la fragrante contradicción- no era sino artífice principal. Por de pronto, se instaló un vacío de poder en el Ejecutivo serbio, ya que el mandato de Milutinovic expiró el 29 de diciembre; la presidenta de la Asamblea Nacional, Natasa Micic, del GSS, hubo de asumir la jefatura nominal de la República en funciones.

A comienzos de 2003 Djindjic imprimió un viraje a su discurso y jugó de nuevo la carta nacionalista formulando la demanda de la partición de Kosovo en dos entidades, una albanesa y otra serbia, las cuales luego podrían federarse dentro de un único Estado, del estilo de la Federación de Bosnia-Herzegovina entre bosniocroatas y bosniomusulmanes. Según él, lo mínimo exigible era otorgar un estatus especial a los serbios de Kosovo, como el que ahora disfrutaban los albaneses de Macedonia, y después de casi cuatro años ya era hora de negociar el estatus definitivo del territorio y permitir el regreso de las fuerzas de seguridad de Belgrado.

Djindjic alegó que la cuestión sensible de Kosovo, si no se resolvía en breve, sería usada por las "fuerzas nacionalistas" para ganar en las próximas elecciones legislativas serbias, aunque sus propuestas merecieron agrios comentarios del presidente del CAI en Prístina, Michael Steiner, y también las críticas del alto representante de la Política Exterior y de Seguridad Común (PESC) de la UE, Javier Solana, y del embajador de Estados Unidos, amén del rotundo rechazo del primer ministro albanokosovar, Bajram Rexhepi, quien junto con el presidente Ibrahim Rugova encabezaba el autogobierno provisional, democráticamente elegido e instalado el 4 de marzo de 2002 con el reconocimiento internacional.

Por otro lado, el 27 de enero la Asamblea Nacional de Serbia y el 4 de febrero la Asamblea Federal sancionaron la Carta Constitucional de Serbia y Montenegro (terminada de redactar por la comisión ad hoc el 6 de diciembre), que como Estado reemplazó oficialmente a la República Federal de Yugoslavia el mismo 4 de febrero. El 3 de marzo se inauguró la nueva Asamblea estatal y cuatro días después tomó posesión el presidente de la entidad, Svetozar Marovic, montenegrino y miembro del Partido Democrático de los Socialistas (DPS) de Djukanovic.

El 21 de febrero Djindjic fue el protagonista de un incidente turbador cuando, circulando por una autopista de Belgrado camino del aeropuerto, su chófer esquivó por los pelos a un camión con las trazas de embestir premeditadamente contra el automóvil. El conductor del camión, al parecer vinculado al clan mafioso de Zemun, fue detenido por unos días aunque no se le formularon cargos por intento de asesinato.

El propio Djindjic se abonó a la hipótesis del atentado frustrado, pero se encargó de minimizarlo tachándolo de "fútil esfuerzo" para detener las reformas democráticas. Se tenía muy presente que, como se citó arriba, los atentados contra personalidades políticas bajo la forma de accidentes de tráfico habían sido un modus operandi favorito de la criminalidad político-mafiosa serbia en la última década, y seguramente no fueron pocos los que albergaron sombríos presagios tras este suceso.

Minutos después del mediodía del 12 de marzo Djindjic se disponía a entrar en la sede del Gobierno en Belgrado desde un acceso secundario para asistir a una reunión del Ejecutivo cuando fue alcanzado en el abdomen y la espalda por dos disparos de grueso calibre efectuados, al parecer, por dos o tres francotiradores apostados en la tercera planta de un edificio cercano no habitado. Los guardaespaldas no respondieron a la agresión, subieron a Djindjic en estado de inconsciencia al coche blindado del que acababa de apearse y a toda velocidad le trasladaron a un centro hospitalario cercano, pero las heridas eran mortales y una hora después los médicos dictaminaron el fallecimiento del primer ministro en la mesa de operaciones.

El magnicidio de Djindjic provocó una auténtica conmoción en Serbia y vivas muestras de aflicción en el extranjero. Reunido en sesión de urgencia, el Gobierno declaró tres días de duelo nacional, autorizó la imposición por la presidenta Micic del estado de emergencia en toda la república y, al amparo de la suspensión de garantías constitucionales, lanzó una operación policial a gran escala para la captura de los asesinos. El viceprimer ministro Nebojsa Covic asumió la jefatura del Gobierno en funciones mientras que los cuatro vicepresidentes del DS hicieron lo propio con la jefatura del partido con carácter colectivo; uno de estos dirigentes, Zoran Zivkovic, número dos del DS y ex ministro federal del Interior, se perfiló como el nuevo primer ministro de Serbia.

El mensaje común de las airadas autoridades serbias fue que el asesinato de Djindjic constituía una "declaración de guerra" contra las instituciones democráticas y que los poderes del Estado iban a responder en igual sentido y con absoluta implacabilidad por una cuestión de pura protección del orden constitucional. El crimen se imputó al clan mafioso de Zemun, encabezado por Dusan Spasojevic, alias El Albanés (Siptar), y estrechamente relacionado con Milorad Lukovic-Ulemek, alias Legión (Legija), ex comandante de la JSO y un profesional del crimen relacionado con algunos de los más notorios trabajos sucios encargados por el régimen milosevista. Al cabo de 72 horas las operaciones de la Policía militarizada se saldaban con más de 200 detenciones y asaltos a propiedades mafiosas, inclusive el derribo de inmuebles por excavadoras, pero Spasojevic, Lukovic y otros cabecillas bien conocidos seguían eludiendo su captura.

El 15 de marzo, mientras se abatía esta represión anticriminal con resabios de vindicta, tuvieron lugar las solemnes exequias de Djindjic en Belgrado, que vivió la mayor manifestación de duelo popular desde la muerte de Tito en 1980. A la misa funeral celebrada en la catedral ortodoxa de San Sava, acompañando a la viuda, Ruzica, y los dos huérfanos, Jovana, de 13 años, y Luka, de 10, asistieron la plana mayor de los partidos de la DOS y el DSS, las principales autoridades de la República y el Estado y una nutrida representación extranjera, con 70 delegaciones nacionales que en una veintena de casos, todos europeos y mayormente de países de la región, estuvieron encabezadas por primeros ministros, ministros de Exteriores y presidentes de parlamentos, además del presidente de la Comisión Europea, Romano Prodi, el secretario general del Consejo de Europa, Walter Schwimmer, el jefe de la UNMIK, Michael Steiner, y el alto representante para la Implementación de la Paz en Bosnia-Herzegovina, Paddy Ashdown. Luego, el cuerpo de Djindjic, flanqueado por una muchedumbre de 200.000 a 500.000 personas, fue trasladado al Nuevo Cementerio de Belgrado, donde fue inhumado y recibió los últimos honores.

(Cobertura informativa hasta 1/4/2003)