Tony Blair

Datos relevantes

Actualización: 3 de Septiembre de 2009
Crédito fotográfico: © NATO Photo
Anthony Charles ('Tony') Lynton Blair

Reino Unido

Primer ministro

Duración del mandato: 02 de Mayo de 1997 - 27 de Junio de 2007

Nacimiento: Edinburgo, Escocia , 06 de Mayo de 1953

Partido político: Laborista

Profesión: Abogado

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Resumen

Su padre era el hijo ilegítimo de una pareja de artistas que tomó el apellido Blair de la familia que lo adoptó. De pensamiento conservador y con un sentido de la moral, típicamente anglicana, fundado en la responsabilidad personal y en los valores familiares y comunales, Leo Blair combatió en la Segunda Guerra Mundial con el grado de mayor y luego se acomodó en un estatus de clase media como abogado y profesor de Derecho en Durham, ciudad del norte de Inglaterra donde el joven Blair y sus hermanos se criaron.

Biografía

1. De la abogacía a la política
2. Transformador del Partido Laborista
3. Victoria electoral y llegada al Gobierno
4. Ponderación europea y proyección internacional
5. La Tercera Vía
6. Concreción interior del New Labour
7. Papel en el proceso de paz de Irlanda del Norte
8. La histórica reelección en 2001


1. De la abogacía a la política

Tony fue educado en el Choristers School de Durham y el Fettes College de Edinburgo, un centro de enseñanza privado. Esta circunstancia sería recordada con ironía años después, ya que los tres primeros ministros conservadores que le precedieron -Edward Heath, Margaret Thatcher y John Major- se educaron en colegios públicos.

Desde 1971 recibió formación universitaria en el Saint John's College de Oxford, donde, siguiendo el ejemplo de su padre, se preparó para abogado. Aunque tocó la guitarra en una banda de rock -llamada The Ugly Rumours- y colaboró en la revista Q, Blair fue un estudiante convencional que no demostró tener inquietudes políticas o querencia por la notoriedad, a pesar de que los activismos de izquierdas proliferaban en las aulas. En 1975 recibió la licenciatura e, inopinadamente -considerando sus antecedentes familiares-, se afilió al Partido Laborista (LP).

Al año siguiente se colegió en el Lincoln´s Inn y empezó a ejercer en el bufete de un conocido abogado laborista, especializándose en los derechos sindical y laboral. En la profesión conoció a una abogada católica de Liverpool, Cheri Booth, con la que contrajo matrimonio en 1980 y que, junto con otros militantes del partido, le convenció para que saltara a la política representativa. Blair se identificó desde el principio con el ala renovadora y más abiertamente socialdemócrata del laborismo, partidaria de aligerar la identificación sindical del partido para disponer de un proyecto político de base social más amplia.

En 1982 disputó en una elección parcial el escaño en la Cámara de los Comunes por el distrito tradicionalmente conservador de Beaconsfield, al noroeste de Londres, pero fue derrotado. La oportunidad le llegó en las elecciones parlamentarias del 11 de junio de 1983 con la circunscripción de Sedgefield, en Durham, norte de Inglaterra. Se trataba de un escaño seguro para los laboristas, pero Blair hubo de asegurarse la nominación frente a un rival del ala izquierda del partido mediante una ofensiva de encanto ante el consejo laborista local. Blair, que abandonó la abogacía por su nueva responsabilidad política, ha renovado regularmente este escaño hasta el presente.


2. Transformador del Partido Laborista

Durante los años en la oposición al gobierno del Partido Conservador (CP) desempeñó diversos puestos de importancia en su partido. En el opposition front bench -grupo de diputados de área para las réplicas parlamentarias del principal partido de la oposición al Gobierno de turno- de los Comunes fue portavoz de Economía y Tesoro en 1985-1987, de Comercio e Industria en 1987-1988 y del Interior en 1992-1997.

En octubre de 1988 fue nombrado para el shadow cabinet -el gobierno simbólico, alternativo, del principal partido de la oposición, de manera que cada uno de los ministros del Ejecutivo encuentra su alter ego en el opposition front bench del Legislativo- y en su seno se desempeñó como secretario de Estado de Energía en 1988-1989 y de Trabajo en 1989-1992. Desde ambos puestos, que le perfilaron como candidato a ministro en un futuro gobierno laborista, criticó el plan del Gobierno de privatizar la industria eléctrica y propugnó una política de pleno empleo.

Blair reforzó su posición en el partido con la elección, el 18 de julio de 1992, de John Smith como nuevo líder del mismo. Reemplazó a Neil Kinnock, que había dimitido a raíz de la segunda derrota consecutiva en unas elecciones parlamentarias desde su llegada al cargo en 1983, cuando sustituyó a Michael Foot, a su vez resignado por el triunfo arrollador de Thatcher en los comicios de aquel año.

Smith se mostró decidido a llevar a cabo una revisión en profundidad del programa político y la estrategia electoral del partido, más allá del diagnóstico de Kinnock, que sólo insinuó una reforma tímida. Blair se convirtió en la mano derecha de Smith en el Parlamento, como secretario de Estado del Interior en el shadow cabinet, y en el partido, como miembro (desde septiembre) del Comité Ejecutivo Nacional.

El 12 de mayo de 1994 Smith falleció inesperadamente de un ataque al corazón y en las elecciones internas del 21 de julio, Blair, con el 57% de los votos, fue elegido para sucederle por delante de John Prescott, un dirigente con raíces trabajadoras y perfecto exponente del laborismo clásico, quien como premio de consolación se hizo con el viceliderazgo del partido. En tanto que nuevo líder de la oposición, Blair fue nombrado por el Palacio de Buckingham miembro del Consejo Privado (Privy Council) de la reina.

La promoción del renovador, pragmático y proeuropeo Blair apuntaba a la conclusión de la empresa renovadora apenas iniciada por su mentor, pero las propuestas del joven y ambicioso líder iban más allá. En la Conferencia del partido de octubre de 1994, Blair llamó a abandonar el manifiesto a favor de las nacionalizaciones, a revisar el concepto del Estado del Bienestar, a suprimir los privilegios sindicales en los procesos internos del partido, a actuar con dureza contra la criminalidad, a adquirir un compromiso sólido en la defensa en el marco noratlántico y a recomponer las relaciones con la Unión Europea (UE).

Estos planteamientos suponían un giro copernicano con respecto, por ejemplo, al programa ultraizquierdista elaborado por Foot para las elecciones de 1983, que incluía la retirada del Reino Unido de la entonces Comunidad Económica Europea, el desarme nuclear unilateral y una política económica decididamente intervencionista. Aunque el laborismo británico nunca había sido marxista, con Foot la inspiración en el socialismo fabiano comprometido con el reformismo social había alcanzado las cotas más radicales.

En la conferencia extraordinaria del 25 al 29 de abril de 1995, Blair logró, con el 65,2% de los votos favorables, la reforma de la cláusula cuarta de los estatutos del partido (redactados en 1918, 12 años después de fundarse el LP) para eliminar las referencias al compromiso con la propiedad común de los medios de producción, consideradas los últimos vestigios de la doctrina socialista clásica. Asimismo, Blair liquidó el poder decisorio de los sindicatos en el seno del partido, que hasta entonces se había expresado en las votaciones internas y en la potestad para promover candidaturas para determinadas circunscripciones electorales.

En parte, Blair fue capaz de quebrar la influencia de los sindicatos por el desprestigio que habían adquirido desde las huelgas salvajes de los años setenta (que pusieron en jaque a gobiernos conservadores y laboristas por igual), cuando se mostraron como una implacable corporación de clase, y luego por la severa derrota infligida por Thatcher durante las huelgas del carbón en los años 1984 y 1985, convertidas por la Dama de Hierro en un pulso personal. Blair declaró que las trade unions debían limitarse a su labor sindical y dejar la política a los políticos, cuando más no interferir en el programa del Gobierno.

Tales reformas situaron al Nuevo Laborismo de Blair como una alternativa real de poder y, de paso, coincidieron con un período de divisiones y de pérdida progresiva de popularidad del CP. Blair, que gustaba definirse como un "reformista radical" o como un "socialista de valores", no tuvo complejos para tomar lo más conveniente de los repertorios laborista y conservador, hasta construir un discurso y una imagen centristas, (desde fuera se usó el término clintoniano), capaces de atraer a los votantes de clase media descontentos con la gestión del CP, aunque Blair iba más allá de las necesidades del momento y aspiraba a fidelizarlos como electores laboristas.

Para la marginada ala socialista del partido -y para el conjunto de la izquierda británica, sobre todo la de la escuela libertaria, que ha tendido a demonizarlo-, Blair no era un renovador, sino un liquidador del partido tal como había sido entendido durante 90 años, ya que lo había desarraigado de sus tradiciones y había borrado sus señas de identidad.

Para varios observadores ajenos al debate doctrinal, la operación de Blair tenía un calado revolucionario, ya que, más allá de las tendencias en su seno -del socialismo avanzado al reformismo cauteloso- y del mayor o menor radicalismo de sus anteriores líderes, el partido siempre había sido fiel a sus símbolos tradicionales, incluso con un apego sentimental. Se aducía que frases suyas del tipo "una sociedad fuerte no debería ser confundida con un Estado fuerte", "el deber es la piedra angular de toda sociedad decente" o "el país necesita más gente capaz de hacerse rica a través del dinero que pueda ganar", podría haberlas dicho un thacherista furibundo.

Las concomitancias con Thatcher, seguían opinando, excedían el aporte de ideas, ya que la líder conservadora también rompió con tradiciones del partido intocables durante decenios, como la creencia en las bondades de las concesiones paulatinas. Tanto Thatcher como Blair exhibían una convicción plena, podría decirse que hasta arrogante, en la verdad de sus postulados y en el error del contrario.


3. Victoria electoral y llegada al Gobierno

De cara a las elecciones parlamentarias del 1 de mayo de 1997, el equipo de Blair elaboró un programa desideologizado, alejado de la socialdemocracia y más cercano al capitalismo social, que se basaba en los conceptos de equidad, gestión eficaz, cercanía al ciudadano, descentralización política y participación internacional.

Blair, hábil en el uso electoral de los medios audiovisuales y empleando una elocuencia enérgica y autoconfiada, se comprometió con la reforma del Estado del Bienestar, la dotación de instituciones autonómicas a Gales y Escocia, la elegibilidad por sufragio universal de la Cámara de los Lores, la mejora del sistema educativo y medidas concretas para crear empleo y mantener el crecimiento económico, empezando por la bajada de los impuestos y la reducción del gasto público, por citar los puntos más representativos de una pléyade de propuestas de carácter modernizador y reformista.

En el capítulo de la UE, se mostró más ambiguo y no presentó una postura nítida sobre el ingreso en la Unión Económica y Monetaria (UEM), aunque sí abogó por la adhesión a la Carta Comunitaria de los derechos fundamentales de los trabajadores, que fue adoptada por el Consejo Europeo en diciembre de 1989 y vinculada al primer Tratado de la Unión Europea (TUE), el de Maastricht, de 1992 en un protocolo de política social, del que el Reino Unido se desvinculó. En resumidas cuentas, a Blair la UE le merecía una opinión positiva, en tanto sirviera a los intereses británicos.

El electorado premió estos enunciados en las urnas con el 43,2% de los votos y 418 escaños, esto es, una mayoría absoluta de 89 actas. Se trató del mejor resultado del LP desde los años de Harold Wilson, hacía tres décadas, y de su primera victoria desde la edición de 1974. Por lo que respectaba a los tories, tocaron a su fin 18 años de dominio ininterrumpido. Los analistas apreciaron un deslizamiento general de las clases medias, incluso las media-altas, al nuevo laborismo blairista, anulando el voto interclasista que el CP había construido gracias al capitalismo popular de Thatcher.

El 2 de mayo John Major dimitió y Blair, con 43 años, se convirtió en el premier más joven desde Lord Liverpool, en 1812. Nada más asumir, con el país agitado por una ola de optimismo desconocida en muchos años, el Gobierno laborista anunció el retorno del Reino Unido a la UNESCO y una posible participación en la UEM, si ello se considerase provechoso para la economía del país.


4. Ponderación europea y proyección internacional

El nuevo talante del ejecutivo laborista ante la UE se estrenó en Bruselas el 5 de mayo, en la Conferencia Intergubernamental que elaboraba el nuevo TUE. Los representantes británicos prometieron una mayor colaboración de su país en la construcción europea y declararon que Europa era "una oportunidad, no una amenaza". El mismo día, el secretario de Estado de Asuntos Exteriores, Robin Cook, anunció la adhesión a la Carta Social de la UE, que en 1997 fue incorporada al texto del nuevo TUE, el de Amsterdam, como un título jurídicamente vinculante.

En su primer Consejo Europeo, en la ciudad holandesa de Noordwijk el 23 de mayo de 1997, Blair manifestó su voluntad de "abordar el proceso de construcción europea desde una óptica positiva", todo lo cual confirmó el final de la voluntaria marginación de las cuestiones comunitarias practicada por los gobiernos conservadores.

Ahora bien, en el capítulo de la seguridad y la defensa, dejó clara su negativa a la integración de la Unión Europea Occidental (UEO) en la UE, y como mucho estaría dispuesto a explorar la ejecución por esta organización de operaciones de pacificación e interposición por cuenta de aquella. En efecto, en la lectura definitiva del TUE, aprobada en el Consejo Europeo de Amsterdam el 16 y el 17 de junio de 1997, la UEO siguió como organización autónoma.

Para el primer ministro británico, la UEO debería ser relegada a labores subsidiarias, reservando los aspectos militares de entidad al pilar europeo de la OTAN y los políticos a la Política Exterior y de Seguridad Común (PESC) de la UE. Blair afirmó que su objetivo no era otro que concretar el concepto, bastante etéreo de hecho y que tendía a equipararse al citado pilar europeo, de la Identidad Europea de Seguridad y Defensa (IESD), lanzado por la Alianza en 1994 para fundamentar la posible cesión de medios de la Alianza para operaciones de países europeos en el marco de la UEO.

Las posteriores participaciones en los consejos europeos fueron perfilando el concepto de europeísmo de Blair: sí a la asunción por Europa de mayores responsabilidades en la seguridad y en la defensa del continente, pero sin menoscabo de la alianza con Estados Unidos (establecida por 11 de los 15 estados de la UE en el marco de la OTAN); y si a una mayor cooperación intergubernamental en el seno del Consejo, pero no a la integración política mediante el refuerzo de los poderes de la Comisión, que es un órgano supranacional. Con todo, aseguró que las dudas de su país respecto a la incorporación al euro habían sido un "error", ya que no podía soslayarse el grado de dependencia de la economía británica del Mercado Común, que ahora iba a perfeccionarse con una única unidad de cambio.

Blair, sin asumirlo explícitamente, se siente cómodo con una UE de geometría variable en la que el Reino Unido pueda decidir a qué se compromete y de qué se excluye, al tiempo que ha expresado su desacuerdo con el concepto del grupo pionero, preconizado por el presidente francés Jacques Chirac y luego asumido por el canciller alemán Gerhard Schröder, al que ve como la resurrección de la Europa de varias velocidades. Según él, antes de profundizar la integración política y económica de algunos países, la UE debería abrir un debate sobre su construcción futura, con participación de todos los estados.

En el debate sobre la reforma de las instituciones, prolongado durante todo 2000, Blair se mostró sumamente receloso sobre la eliminación del derecho de veto y la extensión del voto por mayoría cualificada, opinando que las denominadas cooperaciones reforzadas deberían adoptarse como último recurso y siempre que no perturbaran el acervo comunitario. En el Consejo Europeo de Niza de diciembre de 2000, que cerró en un clima de prelaciones nacionalistas el embarullado asunto, los británicos conservaron el veto sobre fiscalidad y políticas sociales, y de paso se salieron con la suya en el freno a las expectativas creadas en torno a la defensa común europea y a la Fuerza de Acción Rápida aprobada por el Consejo de Helsinki en diciembre de 1999.

En la polémica sobre el grupo pionero, el mandatario británico ha encontrado un aliado en el presidente del Gobierno español José María Aznar, al que visitó por primera vez en Madrid el 1 de junio de 1998, aunque en su caso no se trata tanto de frenar el avance del elemento supranacional en la Unión como de defender el peso específico de España en la hora de la reforma de las instituciones.

Un asunto extracomunitario, pero de enorme relevancia, la detención en Londres, en octubre de 1998, del ex dictador chileno Augusto Pinochet a instancias de un juez español que solicitaba su procesamiento por violar los Derechos Humanos, sirvió para estrechar estos contactos al margen de las diligencias judiciales. Blair, que debía afrontar la espinosa cuestión de una manera que no resintiese su talante progresista, prefirió situarse en un discreto segundo plano y descargar la responsabilidad política en su ministro del Interior, Jack Straw, quien finalmente decidió autorizar, en marzo de 2000, el regreso a Chile de Pinochet por razones de salud.

Blair ocupó la presidencia de turno del Consejo Europeo en el primer semestre de 1998, cuando se decidió, en Bruselas el 2 de mayo, que países iban a acceder a la tercera etapa de la UEM a partir del 1 de enero de 1999. Aunque el Reino Unido cumplía holgadamente los cuatro criterios de convergencia al euro, Blair ya había dejado claro que el país se atendría de momento a la cláusula de exclusión (opt-out) que el Gobierno de Major había logrado incluir como protocolo en el Tratado de Maastricht.

En el Consejo de Cardiff, el 15 y el 16 de junio de 1998, Blair hizo una inopinada profesión de fe en el euro al presentarlo como un "polo de estabilidad para la economía europea", en un momento en que los efectos de la crisis asiática se hacían notar. Antes, el 12 de marzo, se dieron cita en Londres los jefes de Estado y de Gobierno de los quince estados miembros y los once estados incluidos en la estrategia de preadhesión de la UE para inaugurar la Conferencia Europea. Los seis candidatos aceptados en la primera ola de ampliaciones -cinco de Europa Central y Oriental, más Chipre-, comenzaron las negociaciones el 31 de marzo.

Blair dejó claro que la relación especial con Estados Unidos seguía siendo un puntal de la política exterior británica. Para el premier británico, la potencia americana era esencial en la defensa de Europa y no ponía en cuestión su primacía en el patrocinio del proceso de paz en Oriente Próximo. Aunque Londres ha sido unos de los escenarios para el encuentro entre el presidente palestino Yasser Arafat y el primer ministro israelí Ehud Barak, el Gobierno británico (a diferencia de los auspicios de Chirac) ha conferido a estas reuniones un trasfondo norteamericano, recordando que el papel mediador de la UE, si bien muy importante, es "complementario" al de Estados Unidos.

Conforme a su deseo de una mayor presencia británica en el mundo y, más allá de este marco, de un nuevo internacionalismo que no escatime intervenciones allí donde los Derechos Humanos sean masivamente vulnerados, Blair se reveló como el más encendido partidario del ataque militar de la OTAN a Yugoslavia en 1999 por su negativa a acatar los acuerdos de Rambouillet sobre Kosovo. Tras los bombardeos, el contingente británico, de 13.000 hombres, era con diferencia el más numeroso de la Fuerza de pacificación (KFOR) que comenzó a desplegarse el 12 de junio con la autorización del Consejo de Seguridad de la ONU. A ellos se sumaban los 5.500 efectivos desplegados en Bosnia-Herzegovina en otra misión de la OTAN, la Fuerza de Estabilización (SFOR), en servicio desde diciembre de 1996

La beligerancia y el compromiso en la posterior fase de pacificación de Londres fueron incluso superiores a los de Washington, que en los meses previos al comienzo de la Operación Allied Force, el 24 de marzo de 1999, dejó traslucir algunas dudas. La elección del secretario de Defensa, George Robertson, como secretario general de la OTAN el 4 de agosto siguiente abonó la imagen intensamente proamericana del ejecutivo británico.

Blair, también con una opinión pública mayoritariamente favorable, ha cooperado estrechamente con Estados Unidos en el acoso militar al régimen irakí de Saddam Hussein, cuyo episodio más notorio desde 1997 han sido los bombardeos realizados entre el 16 y el 20 de diciembre de 1998 (Operación Zorro del Desierto) en represalia por el boicot de Bagdad al programa de inspecciones militares de la ONU. Se hizo notar aquí otra disonancia en la PESC, pues Francia (como Rusia), era partidaria de levantar las sanciones económicas y de cambiar la estrategia con respecto a Irak.

Tal ha sido su incondicionalidad de Estados Unidos que cuando este país presentó el proyecto de Defensa Nacional Antimisiles (NMD), destinado a protegerse de ataques nucleares de estados "incontrolados" dotados de esta tecnología, Blair fue el único mandatario europeo de la OTAN en expresar su aprobación. Así se lo confirmó al nuevo presidente desde enero de 2001, George W. Bush, en su primer encuentro, en Camp David, el 23 de febrero.

Uno de los escasos puntos de fricción con Estados Unidos fue sobre la legislación de este país que sanciona las inversiones internacionales en Cuba, Libia e Irán, hasta que el 18 de mayo de 1998 Blair, Bill Clinton y el presidente de la Comisión Europea, Jacques Santer, acordaron en la capital británica un arreglo que puso fin al conflicto. Las relaciones del Reino Unido con Libia e Irán experimentaron ese año una sensible mejoría, por la resolución del asunto de los sospechosos del atentado aéreo de Lockerbie, en el primer caso, y por la retirada oficial de la condena a muerte al escritor Salman Rushdie, en el segundo. Así, el 24 de septiembre Londres y Teherán restauraron sus relaciones diplomáticas al nivel de embajadores y el 7 de julio de 1999 se restablecieron las relaciones plenas con Trípoli.

En otro ámbito, en diciembre de 1998 y en mayo de 2000 tropas británicas dirigieron sendas operaciones de evacuación de súbditos nacionales y de otros países de Sierra Leona, en diferentes etapas de la guerra civil que aflige a este país africano. En la segunda ocasión, los paracaidistas enviados tomaron de hecho, el 13 de mayo, el mando de la misión de paz de Naciones Unidas, UNAMSIL, para frenar el avance de la guerrilla del Frente Revolucionario Unido (FRU) sobre la capital, Freetown.

Aunque el Foreign Office aclaró que estas unidades, y los 600 comandos de la Marina que les sustituyeron el día 26, cumplían sólo tareas de apoyo al Ejército sierraleonés leal al presidente legítimo, Ahmad Tejan Kabbah, y a los 15.000 soldados del cuerpo de pacificación africano (Ecomog), lo cierto es que se implicaron en los combates y jugaron un papel decisivo en el rechazo del FRU. Asimismo, efectivos británicos tomaron parte, junto con australianos, neozelandeses y tailandeses, en la avanzada de la Fuerza Internacional (INTERFET) que el 20 de septiembre de 1999 aterrizó en Timor Oriental para oponerse a las matanzas de timoreses independentistas a manos de las milicias proindonesias.

Blair ha sido el anfitrión de la 33ª Reunión de Jefes de Gobierno de la Commonwealth, en Edinburgo del 24 al 27 de octubre de 1997; del II Encuentro Asia-Unión Europea (ASEM), en Londres el 3 y el 4 de abril de 1998; y de la 24ª Cumbre del G-7, más la I Cumbre Rusia-UE, en Birmingham del 15 al 17 de mayo de 1998. El 30 de junio de 1997 asistió a la histórica ceremonia de restitución de la colonia de Hong Kong a China y sostuvo sus primeros encuentros bilaterales con Clinton en Londres el 29 de mayo de 1997 (realizó a su vez su primer viaje a Estados Unidos el 20 de junio, con motivo de la cumbre del G-7 en Denver), con el canciller alemán Helmut Kohl en Bonn el 6 de junio de 1997, con el primer ministro francés Lionel Jospin y el presidente Chirac en París el 12 de junio de 1997, con el presidente ruso Borís Yeltsin en Moscú el 5 y el 6 de octubre de 1997, y con el primer ministro japonés Ryutaro Hashimoto en Tokyo el 10 de enero de 1998.

Hizo lo propio con el nuevo mandatario ruso, Vladímir Putin, en San Petersburgo el 11 de marzo de 2000. siendo el primer dirigente occidental en encontrarse con él como presidente, y con el canciller Schröder en Londres el 2 de noviembre de 1998. También, entre el 6 y el 10 de octubre de 1998 realizó un viaje oficial a China y, de nuevo, a Hong Kong, como prólogo de la nueva era de relaciones entre ambos países.


5. La Tercera Vía

Precisamente, la llegada del socialdemócrata Schröder, en octubre de 1998, a la Cancillería en Bonn, suscitó especulaciones sobre la aparición de una alianza anglo-alemana en detrimento del eje franco-alemán, muy afectado por la salida de Kohl, las aspiraciones nacionalistas de Chirac y el enfoque social que deseaba imprimir el Gobierno socialista de Jospin. Las afinidades eran de tipo personal e ideológico, al tomar el alemán varios aspectos de programa de Blair.

Aquel año éste acabó de articular su lectura del laborismo con el concepto de la Tercera Vía (Third Way), que divulgó al público en un libro homónimo. El término lo estaba empleando en ese mismo momento el prestigioso sociólogo y politólogo Anthony Giddens, director de la London School of Economics (LSE), en un muy comentado ensayo, publicado a finales de 1998, de nombre esclarecedor, La tercera vía: la renovación de la socialdemocracia.

En realidad se trataron de revivals de la expresión, pues el mismo Benito Mussolini la había usado para definir su proyecto totalitario y corporativista en la Italia de entreguerras, y también se había empleado para aludir al modelo de Juan Domingo Perón en Argentina años después, entre otras experiencias políticas en Latinoamérica.

Con ánimo intelectual, el primer ministro británico sostenía la posibilidad de una forma alternativa de hacer política, opuesta tanto al neoliberalismo coma a la socialdemocracia tradicional. Según él, la izquierda había caído en el conservadurismo por aferrarse al pasado y no aceptar la reforma necesaria luego de la caída del Muro de Berlín y el desplome del comunismo.

Su New Labour, proseguía, se diferenciaba del thatcherismo y del laborismo clásico por su obsesión en el aspecto contable del gasto público (pretensión de recortes de entrada en el primer caso, propensión a su incremento per se, como signo distintivo, en el segundo): sólo ahora el Gobierno exigía la responsabilidad del destinatario de las partidas. En otro punto, rechazaba el conflicto social como algo inherente a la democracia y motor de los sistemas democráticos.

Aprovechando su visita a Estados Unidos entre el 4 y el 7 de febrero de 1998, el primer ministro explicó que su doctrina se sustentaba en cinco principios: estabilidad y prudencia ante los avatares de la economía mundial; énfasis del Gobierno en los aspectos educativos y formativos, y en las infraestructuras públicas; reforma del Estado del Bienestar "para evitar que la derecha lo termine desmantelando"; "reinvención" del Estado en su conjunto en un sentido descentralizador y de eficacia; e internacionalismo y oposición al "aislacionismo de derecha".

En una cumbre con Schröder el 8 de junio de 1999 en Londres, ambos dirigentes publicaron el manifiesto Europa, la Tercera Vía, el Nuevo Centro (la segunda expresión era un concepto formulado por el canciller), en el que abogaban por la modernización de la izquierda o el centro-izquierda con la supresión de viejos dogmas y la asunción sin complejos de la desregulación económica, la flexibilidad laboral, la rebaja de la presión fiscal y, en definitiva, la reducción del papel del Estado. El documento hizo suyo una frase de Jospin, que había declinado integrarse en la entente ideológica anglo-germana: "apoyamos la economía de mercado, pero no la sociedad de mercado".

Blair, que desde septiembre de 1996 es vicepresidente de la Internacional Socialista, ha recibido, paradójicamente, apoyos más cálidos del campo centrista y conservador que del socialdemócrata. Muchos izquierdistas europeos, y no necesariamente del socialismo avanzado o del comunismo, no han ocultado su desagrado por la innovación blairista, a la que ven como un caballo de Troya del liberalismo. Para estos sectores dicha concepción no sería otra cosa que un "thacherismo con rostro humano", y la más benigna de sus valoraciones la presenta como mera palabrería hueca.


6. Concreción interior del New Labour

Al año de instalarse en el inmueble número 10 de Downing Street, la popularidad de Blair era más elevada que nunca y el balance de lo hecho hasta entonces se consideraba satisfactorio. Por un lado, el Gobierno había cumplido muchas de sus promesas electorales en los capítulos sociales, pues había adoptado vigorosas medidas en favor de la educación y el empleo juvenil y la economía seguía su marcha positiva, aunque la reducción de las listas de espera en la sanidad seguía en el aire. A ello se añadían una imagen de dinamismo y protagonismo en los asuntos internacionales, consecuencia de una frenética agenda diplomática, así como en la cuestión de Irlanda del Norte, que parecía encarrilarse hacia una paz definitiva.

Conservando intacto su magnetismo mediático y su entusiasmo contagioso, Blair procedió a arrancar la vasta reforma constitucional anunciada en la campaña y que iba a alterar instituciones y ordenamientos vigentes durante siglos. El 7 de mayo de 1998 los londinenses aprobaron en referéndum, con el 72% de los votos, la propuesta de restituir el ayuntamiento (Greater London Authority), suprimido por el Gobierno Thatcher, y su elección directa por los ciudadanos.

Luego, el 24 de noviembre, el Gobierno, por boca de la reina en su discurso de apertura del Parlamento, anunció la puesta en marcha de la reforma de la ley electoral de la Cámara de los Lores, compuesta de 1191 pares del Reino no elegidos por sufragio. En una primera etapa, se derogaría el derecho hereditario del escaño, lo que iba a afectar a 759 aristócratas con voz y voto (siendo los restantes miembros pares vitalicios creados por el monarca en agradecimiento por la prestación de un servicio destacado), para más tarde renovar la totalidad de la cámara mediante sufragio universal.

Con la rebelión abierta de algunos de sus miembros, el 26 de octubre de 1999 la Cámara votó, por 221 votos contra 81, a favor del proyecto de ley del Gobierno, si bien éste, para excusar crispaciones, había transigido en que 92 pares con derechos de sangre permanecieran en la denominada Cámara de Transición hasta que se constituyese la cámara definitiva. El 11 de noviembre se rubricó la partida de los otros 667 pares hereditarios.

En tercer lugar, en mayo de 1999 tuvieron lugar las elecciones a las primeras asambleas autonómicas de Escocia y Gales, en las que el LP se aseguró la mayoría seguido de los respectivos partidos nacionalistas, que veían satisfecha una reivindicación histórica.

A lo largo de 1999 se perfiló con nitidez la política económica del equipo de Blair, de tipo social-liberal en la protección social y en la promoción del empleo, pero puramente liberal en la fiscalidad de las empresas y en la flexibilidad del mercado de trabajo. Estas concesiones sociales en un trasfondo liberal ofrecía aparentes contrasentidos, como la simultaneidad del endurecimiento del acceso a los subsidios y las ayudas del Estado y la obligatoriedad del salario mínimo nacional, esta una conquista social consolidada en otros países de Europa, pero una absoluta novedad en el Reino Unido. Ahora bien, para Blair todo era coherente con su concepción responsable, eficaz y enemiga de toda inercia o pasividad que frustrara las posibilidades del progreso individual y nacional.

1999 acabó con un excelente comportamiento en las principales variables: el crecimiento fue del 2% del PIB, la inflación cayó al 1,5% -el índice más bajo desde 1960 y la mitad del existente en mayo de 1997- y el desempleo se situó en el 5%, tres puntos menos que hacía un trienio. Sin embargo, en las elecciones al Parlamento Europeo del 10 de junio, el CP fue el más votado con el 35,8% y el LP sufrió una estrepitosa caída hasta el 28%. En los medios de comunicación y en el propio partido empezó a acusarse a Blair de arrogante y de confundir sus visiones modernizadoras (incluida la proscripción de la afamada caza del zorro, tan arraigada en los ambientes aristocráticos) con las verdaderas necesidades del país.

El primer ministro salió al paso el 28 de septiembre en la convención anual laborista, en Bournemouth, cuando aleccionó a sus un tanto decaídos correligionarios para seguir adelante con el programa de modernizaciones y consolidarse en el poder. Con su concisión y causticidad habituales, Blair defendió un "nuevo radicalismo" superador de las polémicas ideológicas tradicionales y describió un país, próspero, seguro de sí y libre de los privilegios antidemocráticos y los "obsoletos e injustos prejuicios" del conservadurismo.

La caída en la popularidad de Blair se mantuvo, con altibajos, en 2000, cuando una sucesión de deslices conformó una imagen de inflexibilidad e improvisación, que fue ácidamente comentada por los críticos del "sabelotodo" ("know-all") primer ministro. Así, en los comicios municipales de mayo, de los que había de salir el primer alcalde elegido por sufragio universal y un consejo municipal (el consistorio había sido suprimido por Thatcher en 1986), el candidato laborista, el ministro de Sanidad Frank Dobson, fue humillantemente batido por el izquierdista Ken Livingstone, recién expulsado del partido por presentar su candidatura como independiente.

Para Blair se trató de una derrota personal, pues se había implicado a fondo para impedir la victoria de Livingstone. También, su negativa tajante a rebajar los impuestos de los combustibles durante la escalada en el precio del petróleo enojó a las organizaciones de consumidores. Y más aún, cuando se produjeron las protestas de los transportistas el Gobierno fue acusado de imprevisión por el desabastecimiento de gasolineras y supermercados.

En el segundo semestre de 2000 la fortaleza de la libra con respecto al euro estaba expandiendo el déficit comercial, pero las exportaciones no se resentían, contribuyendo, junto con factores internos como la fiebre inmobiliaria y la bonanza de los negocios, a que el crecimiento interanual superase el 3% del PIB. El paro, de paso, había caído hasta el 3,6%, la tasa más baja desde 1975. Aunque había una constancia general de que la gestión laborista era altamente competente y de que la economía iba viento en popa, la persistencia de la impopularidad de Blair parecía deberse a la irritación de muchos colectivos, que se sentían agraviados por alguna de sus múltiples disposiciones, valoradas como "excesivamente radicales" o "tecnocráticas".

El 26 de octubre, durante el congreso anual del partido en Brighton, Blair reconoció algunos errores recientes -si bien dejó claro que no se reduciría la fiscalidad sobre los combustibles- y animó a afrontar con optimismo las próximas elecciones, que por ley no estaba obligado a convocar hasta 2002. Más confiado que nunca, el líder laborista calificó su mandato de "misión" y de "batalla por el futuro, el corazón y el alma de nuestro país", y expresó su convicción de "avanzar por el camino correcto".

El gran reto en el inicio del próximo siglo iba a ser la reforma de la sanidad pública. Para Blair, el nuevo Servicio Nacional de Salud, con un coste previsto de 20.000 millones de libras durante una década, supondrá un aumento espectacular del número de camas y médicos de la red estatal, y mejoras en el cuidado de los ancianos y en la dieta infantil.

La cuestión del ingreso en la eurozona seguía, empero, en el tintero, toda vez que el canciller del Exchequer, Gordon Brown, no veía nada claro el tema y que los daneses rechazaron en referéndum, el 28 de septiembre, la entrada en la UEM. Para entonces Blair había atemperado parte de su europeísmo inicial, poniendo pegas a la Carta Europea de los Derechos Humanos en elaboración y distanciándose de la batalla entablada por franceses, alemanes, italianos o españoles sobre la reforma de las instituciones.

El primer ministro incidió sobre todo en el fortalecimiento del Consejo y de la cooperación intergubernamental entre los estados, así como en la ampliación, generosa y sin trabas, de la Unión a Europa Central y Oriental para 2004, como manera de fagocitar las amenazas a la seguridad en forma de conflictos armados y crisis de refugiados. Los comunitaristas, sin embargo, sospechan que esta vehemencia aperturista de Blair esconde más bien n intento de atorar la integración política a largo plazo.


7. Papel en el proceso de paz de Irlanda del Norte

En mayo de 1997 Blair se encontró un proceso de paz norirlandés bloqueado por la actividad terrorista del IRA y la ausencia del Sinn Féin (SF), su brazo político, de las conversaciones multipartitas. La situación cambió radicalmente cuando el 19 de julio el IRA restauró el alto el fuego y el Gobierno británico reanudó sus contactos con el SF. La decisión de Blair, no exenta de polémicas, de no exigir al IRA la previa entrega de las armas para empezar a negociar (condición a la que se aferró el Gobierno Major) resultó determinante para el desbloqueo del proceso.

Blair, valiéndose de sus secretarios de Estado para Irlanda del Norte (Mo Mowlan primero y Peter Mandelson desde octubre de 1999) o interviniendo directamente él mismo, ha enfocado el asunto como una cuestión absolutamente perentoria y no ha escatimado medios para su resolución, desde los encuentros directos con el SF (primeras reuniones, sin precedentes, con su líder, Gerry Adams, en Belfast el 13 de octubre de 1997 y en Londres el 12 de diciembre siguiente) hasta la internacionalización (con una notable implicación de Estados Unidos, poco sospechosa de simpatías unionistas) del desarme del IRA.

La tendencia de su Gobierno ha sido, tras el Acuerdo Constitucional de Paz (Acuerdo de Viernes Santo) del 10 de abril de 1998 y la inauguración de la Asamblea de Irlanda del Norte el 1 de julio siguiente, descentralizar el proceso de paz, animando a las instituciones autonómicas y al ministro principal, David Trimble, líder del unionismo moderado, a que llevaran el peso de las siempre tortuosas conversaciones, reservándose Londres la intervención apaciguadora o coercitiva cuando las circunstancias lo requiriesen.

Esta combinación de distanciamiento diplomático y de tutela administrativa, más la sintonía perfecta con el Gobierno irlandés, han generado resquemores en el campo unionista radical. Los defensores de la "britanidad" del Ulster han expresado sus temores a una renuncia por Londres del territorio, cuya pertenencia o no al Reino Unido la decidirán en su momento, según estipula el Documento Marco (Joint Framework Document) anglo-irlandés de febrero de 1995, los propios norirlandeses. En el verano de 1999 Blair, que se había decantado por los ultimatos para hacer avanzar el proceso, fue acusado por Trimble de precipitar la formación del gobierno multipartito sin antes asegurarse de un compromiso veraz y completo del IRA sobre su desarme.

Blair reservó su primer encuentro internacional, el 8 de mayo de 1997 en Londres, a su colega irlandés, Bertie Ahern, con quien ha elevado la cooperación sobre Irlanda del Norte a un nivel difícilmente superable. Fruto de esta confianza, el 26 de noviembre de 1998 Blair se convirtió en el primer mandatario británico en dirigir un discurso en el Dáil (Parlamento) de Dublín desde la partición de Irlanda en 1922. Conjuntas han sido decisiones como la expulsión temporal del SF de las negociaciones por la ola de asesinatos sectarios (20 de febrero de 1998) y su inmediato retorno (22 de marzo), así como la prolongación del desarme del IRA hasta 2001 (6 de mayo de 2000).

Entre tanto, el 2 de diciembre de 1999, tras sucesivos aplazamientos, había comenzado su andadura el Consejo Ejecutivo autonómico de coalición, presidido por Trimble, y los demás órganos previstos en los acuerdos de paz: el Consejo Ministerial Norte-Sur, el Consejo Anglo-Irlandés y la Conferencia Intergubernamental Anglo-Irlandesa, coincidiendo con la entrada en vigor de la Ley de Transferencia de poderes a la Asamblea norirlandesa, aprobada por los Comunes el 30 de noviembre.

El 11 de febrero de 2000 sobrevino una de las crisis periódicas que han arriscado el proceso de paz cuando el Gobierno de Blair suspendió la autonomía ante la negativa del IRA a iniciar el desarme. Como se apuntó arriba, la transigencia sobre el plazo concedido hizo posible el regreso del SF al Gobierno de Trimble y la restauración, el 30 de mayo, de la autonomía.


8. La histórica reelección en 2001

En la primavera de 2001 la acumulación de balances positivos en mayor o menor grado (de los que no participaba la delicada situación del agro, sumido en los estragos del mal de las vacas locas) aconsejó a Blair no agotar los cinco años de legislatura y convocar, el 8 de mayo, las elecciones para el 7 de junio siguiente y recoger los dividendos anunciados por los sondeos de opinión. El primer ministro delineó un programa electoral con la minuciosidad y el triunfalismo habituales, pero dos factores presentes en 1997 desaparecieron de la escena ahora.

Por un lado, no le guiaba Peter Mandelson, estratega de sus proclamas ideológicas, principal confidente y eminencia gris de su primer gobierno. Apodado el Príncipe de las Tinieblas por una prensa extremadamente hostil a causa de su perfil sutil, intrigante y maquinador, Mandelson había sido ministro sin cartera hasta 1998, secretario de Comercio e Industria hasta 1999 y secretario para Irlanda del Norte hasta enero de 2001, cuando cesó de resultas de un nuevo caso de engaños e influencias. Blair tuvo que sacrificar a su muy impopular amigo y aliado, aunque sin duda despejó un nubarrón de cara a su cita con las urnas.

Ligada al eclipse de Mandelson estaba el escamoteo del concepto de la Tercera Vía, usado para etiquetar la ideología "centroizquierdista progresiva" del neolaborismo pero nunca suficientemente comprendido por el público. El primer ministro prefirió explayarse en definiciones de los principios que guiaban su labor de Gobierno más aprehensibles, como que se trataba de "construir la fortaleza y la prosperidad nacionales explotando las capacidades de la gente" y de "levantar barreras al potencial de todos en una sociedad digna donde cada cual tenga la posibilidad de desarrollar su talento". Es decir, que se reivindicó la meritocracia como el sustento básico del pensamiento laborista, y el mismo Blair lo explicó: "no somos ni criptotacheristas ni socialistas a la antigua, somos meritócratas".

Blair defendió los logros de su Gobierno en las materias de empleo, Seguridad Social, educación y transportes, así como en su promesa cumplida de dotar de autonomía a Gales y Escocia. El eje central de las propuestas contenidas en el documento Ambiciones para Gran Bretaña para la segunda legislatura y más allá de 2006 era la reforma radical de los servicios públicos, que no se detendría "ante dogmas e ideologías".

En el marco de una economía bonancible, el líder laborista contemplaba la entrada de la inversión privada en la salud y la educación, fundamentalmente para la construcción o modernización de equipamientos, pero también, en el primer capítulo, para la gestión y la prestación de algunos servicios (como las operaciones quirúrgicas). Blair se apresuró a aclarar que la Seguridad Social seguiría siendo universal y gratuita, y apuntó a una subida de las pensiones desde 2003. En fiscalidad, se comprometió a no variar el impuesto sobre la renta en sus distintos tipos, aunque no cerraba la puerta a su bajada si las circunstancias lo permitían.

El CP de William Hague contraatacó en los enfoques que más daño podían hacer a los laboristas, como su imagen de gobernantes altaneros y entrometidos en los asuntos de los ciudadanos, pero sobre todo hicieron su bandera de batalla con el euro. Blair subrayó que el Reino Unido no adoptaría la moneda europea sin un respaldo refrendario, pero Hague dio por hecho que la decisión estaba tomada y arremetió con dureza contra una decisión que, en boca de Thatcher (recobrada con poco tino de un pasado ya histórico por un líder de la oposición que se jugaba su continuidad al frente de los tories), podía suponer la "extinción de Gran Bretaña".

Los llamamientos del dúo Hague-Thatcher a "reventar la burbuja laborista" y a conjurar la "dictadura democrática" que podría implantar el "más agresivo, arrogante, manipulador e intimidatorio Gobierno en la historia del país" subrayaban las dificultades del histórico partido para contraponer un discurso moderno sin lastres del pasado. Lo que se desprendía de las encuestas y de los titulares de cabeceras periodísticas no sospechosas de simpatías laboristas es que la estrategia del miedo de Hague tenía sus límites. La sensación era que el electorado seguía sin confiar en la promesa conservadora de que el recorte fiscal no iba a llevar en la práctica a la reducción del gasto público, y que las apelaciones al sentimiento patriótico con expresiones de fobia comunitaria ya no producían los efectos de antaño.

El 7 de junio el LP conquistó su segunda mayoría absoluta consecutiva, algo nunca conocido por el partido antes, con 412 escaños y el 40,7% de los votos, esto es, una erosión de seis escaños y dos puntos porcentuales y medio con respecto a 1997. Ahora bien, la participación, del 60%, fue insólitamente baja para los estándares británicos: desde 1918 la abstención no había sido tan pronunciada.

El 8 de junio, mientras Hague dimitía como líder del CP, Blair desveló su nuevo gabinete, en el que destacó el relevo de Cook -que siguió en el ejecutivo como líder en los Comunes- en Exteriores por Straw, a su vez reemplazado en Interior por el invidente David Blunkett, hasta entonces secretario de Educación y Empleo. Los pesos pesados John Prescott en la vicejefatura del Gobierno, Gordon Brown al frente del Exchequer y Geoffrey Hoon en Defensa, continuaron en sus puestos.

Blair obtuvo el título de doctor honorífico en Derecho por la Universidad de Northumbria en 1995 y en 1999 recibió el prestigioso premio Carlomagno por su contribución a la unidad europea. Además de la obra arriba citada, tiene publicado el libro New Britain, My Vision of a Young Country (1996).

(Cobertura informativa hasta 13/6/2001)



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