Milo Djukanovic

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Datos relevantes

Actualización: 5 de Diciembre de 2012
Crédito fotográfico: © Comisión Europea, 2006/Berlaymont

Montenegro

Primer ministro (4º mandato); ex presidente de la República

Duración del mandato: 04 de Diciembre de 2012 - En funciones

Nacimiento: Niksic , 15 de Febrero de 1962

Partido político: DPS

Crédito fotográfico: © Comisión Europea, 2006/Berlaymont

Biografía

Hijo de una familia pudiente de la entonces República Socialista de Montenegro, su carrera política ha sido tan temprana como veloz. A los 15 años fue admitido en la Liga de la Juventud Socialista de Montenegro (SSOCG) y cuando alcanzó la mayoría edad recibió la cédula de militante en la Liga de los Comunistas de Montenegro (SKCG). Como en la filiación anterior, esta admisión supuso el ingreso automático en el equivalente de la SKCG a nivel federal, la Liga de los Comunistas Yugoslavos (SKJ), el partido único del régimen instaurado por Tito en 1945. Precisamente Tito falleció el año, 1980, en que Djukanovic ingresó en la Escuela de Economía de la Universidad de Titogrado (la capital montenegrina, luego Podgorica).

Mientras estudió, Djukanovic desarrolló activismo en la sección de la SSOCG de su facultad, hasta convertirse en su presidente además de miembro de la comisión de actividades sociopolíticas de la Liga de la Juventud Socialista de Yugoslavia (SSOJ). En 1986 obtuvo la licenciatura, pero lejos de dedicarse a la profesión para la que estaba formado prosiguió sus actividades como oficial político con dedicación exclusiva.

Elegido en 1987 presidente de la SSOCG y miembro de la presidencia de seis miembros de la SSOJ, se situó en el entorno de Momir Bulatovic, un posgraduado que en 1988 fue elegido al frente de la célula de la SKCG en la Universidad a instancias del presidente de la Liga de los Comunistas Serbios, Slobodan Milosevic, luego presidente de la propia República Socialista de Serbia. Por aquel entonces Milosevic estaba instigando el reemplazo de las viejas guardias titistas en Montenegro y las provincias autónomas serbias de Kosovo y Vojvodina, luego de haberlo hecho él en la propia Serbia, en lo que vino a denominarse la "revolución antiburocrática".

Djukanovic y Bulatovic se entregaron a la colaboración con el maniobrero dirigente de Belgrado, embarcado en un proyecto nacional serbio incompatible con el propósito que guió la fundación de la Federación Yugoslava en 1945, en la que la república hermana de Montenegro tenía un lugar en pie de igualdad. En abril de 1989 Bulatovic fue elegido secretario del Comité Central de la SKCG y Djukanovic confirmado como miembro del mismo. Sin desprenderse todavía de su cargo en la SSOJ, el 16 de enero de 1991 Djukanovic, a un mes de cumplir los 29 años, se convirtió en primer ministro de Montenegro después de que la SKCG ganara la mayoría absoluta de la Asamblea Popular o Parlamento local, con 83 de los 125 escaños en juego, y Bulatovic la Presidencia de la República en las elecciones pluralistas del 9 y 16 de diciembre de 1990.

Djukanovic integró en su gobierno dominado por la SKCG, que el 22 de junio de 1991 pasó a denominarse Partido Democrático de los Socialistas de Montenegro (DPS), a otras dos fuerzas representativas de la vida política nacional, el Partido Popular (NSCG) del reputado intelectual Novak Kilibarda y el Partido Social Demócrata (SDPCG). Luego de celebrarse nuevas elecciones el 20 de diciembre de 1992, que confirmaron el dominio del DPS, aquella última formación minoritaria abandonó el Ejecutivo montenegrino en marzo de 1993 y en su lugar entró la Alianza de Fuerzas Reformistas (SPO).

El joven jefe del Gobierno montenegrino tuvo sus primeras diferencias serias con Bulatovic y Milosevic hacia 1993, cuando éstos amagaron con descabalgarle del puesto. El mencionado dúo dejó de confiar en Djukanovic, no por presentar una postura crítica frente a las guerras nacionalistas de Croacia y Bosnia-Herzegovina, donde el eje serbo-montenegrino apadrinaba las pretensiones soberanistas de las minorías serbias locales y daba cobertura a sus bárbaras prácticas de limpieza étnica, sino por razones de índole interna: Djukanovic empezó a demandar para Montenegro un papel equitativo y no supeditado a Serbia dentro de la República Federal de Yugoslavia, la cual, luego de declarar la independencia eslovenos, croatas, bosnios y macedonios, había sido proclamada el 27 de abril de 1992 por dos repúblicas vinculadas por estrechos lazos históricos y culturales.

A mediados de la década Djukanovic dejó oír sus quejas sobre que las instituciones federales (Asamblea, Presidencia y Gobierno), donde el DPS se repartía los ministerios con el Partido Socialista de Serbia (SPS), estaban distorsionadas por la omnipresencia de Milosevic, quien, sin ostentar cargo federal alguno, dirigía de hecho la Federación a su gusto y medida, en una instrumentación a la que Bulatovic, un leal más inquebrantable que algunos socialistas de la propia Serbia, se había plegado con servilismo.

Las discrepancias se mantuvieron más o menos encauzadas hasta 1997, cuando Milosevic, con su escalada autoritaria en Serbia, dilapidó el crédito internacional que había obtenido con la firma de los acuerdos de paz de Dayton para Bosnia-Herzegovina en noviembre de 1995, provocando la reactivación de algunas de las sanciones exteriores que habían hecho estragos en la economía yugoslava mientras duraron las guerras de Croacia y Bosnia, con los consiguientes perjuicios para Montenegro. Djukanovic aplaudió los compromisos de Dayton, que enterraron el mito de una Gran Serbia a costa de la integridad territorial de Bosnia-Herzegovina, pero todavía en febrero de 1996 declaró que el líder serbobosnio Radovan Karadzic, acusado de crímenes de guerra por el Tribunal Penal Internacional de La Haya, podía visitar Montenegro cuando quisiera.

A lo largo de aquel año el dirigente montenegrino tanteó su margen de maniobra sin abandonar la ambigüedad sobre qué era lo que pretendía exactamente. En abril encabezó una delegación republicana que visitó Estados Unidos para normalizar las relaciones diplomáticas de Montenegro y abrir la puerta a una asistencia económica que Occidente, todavía, no estaba dispuesto a discriminar porque seguía considerando a Milosevic el único portavoz para los asuntos de Yugoslavia. Precisamente, cómo enfocar las relaciones con el FMI eran en ese momento un motivo principal de desacuerdo con Milosevic. Con todo, en mayo, Djukanovic declaró que los intereses de Montenegro estaban "dentro de Yugoslavia, a pesar de algunas diferencias temporales", añadiendo que la independencia estaba descartada por tratarse de una aspiración absolutamente minoritaria en la opinión pública montenegrina.

Al comenzar 1997, el tenso pulso callejero entre Milosevic y la oposición de Serbia por el control del ayuntamiento de Belgrado, que la última había ganado limpiamente en las elecciones municipales, deslizó la actitud disidente de Djukanovic a un punto de no retorno. Empezó a calificar al caudillo serbio de "incompetente" y de obstinarse en "políticas obsoletas" que no hacían ningún servicio a la Federación. Los medios estatales de Belgrado replicaron con ferocidad a Djukanovic tildándole de "arrogante" y de "traidor", y acusándole de pretender dinamitar la unión política entre las dos repúblicas. Djukanovic reclamó abiertamente un estatus de igualdad para Montenegro en la Federación y el salto a un sistema de plena economía de mercado, con la mirada puesta en Occidente.

La más contundente maniobra de los milosevistas contra Djukanovic se produjo el 25 de marzo de 1997 cuando, después de reclamar la dimisión del presidente serbio, el DPS le expulsó como vicepresidente del partido. Con habilidad, Djukanovic reorganizó a sus seguidores y planteó una lucha entre facciones que, aunque muy mediada por las inquinas personales, ventilaba una pugna feroz entre autonomistas y proserbios. El tumulto en el partido derivó en un pulso institucional entre la Presidencia de la República y el Gobierno, pero la perspectiva de una moción de censura parlamentaria contra el primer ministro por iniciativa del DPS se volatilizó cuando el 13 de mayo el partido reeligió a Djukanovic como su vicepresidente.

Este primer tanto se lo apuntó Djukanovic, aunque la división en el DPS no fue suficiente como para impedir que el 15 de julio de 1997 Milosevic fuera elegido por la Asamblea Federal -donde el partido tenía 40 escaños entre las dos cámaras- presidente federal para prolongar su poder fáctico más allá del límite constitucional a su presidencia de Serbia, expirada el 23 de julio. Djukanovic temía que con este titular la oficina presidencial de Yugoslavia dejara de tener atribuciones ceremoniales y se convirtiera en un poderoso centro de poder político. En la votación de la ejecutiva del DPS del 23 de junio se impusieron los que no objetaban la candidatura presidencial de Milosevic. Pero Djukanovic y sus partidarios se tomaron la revancha el 11 de julio, cuando el Comité Directivo del partido votó la expulsión de Bulatovic como jefe y su sustitución por Milica Pejanovic-Djurisic, afecta al primer ministro.

El golpe interno de Djukanovic tenía en perspectiva las elecciones presidenciales en Montenegro en otoño y la nominación de un candidato por el partido. El 31 de julio Djukanovic fue registrado por la Comisión Electoral de la República. Sin escindirse formalmente todavía, Bulatovic y sus leales insistieron en representar la legalidad del partido y recurrieron su defenestración ante el Tribunal Constitucional de la República, que el 14 de agosto falló en favor de Djukanovic. Sin embargo sucedió que el Constitucional de la Federación descalificó el auto de la corte anterior, de manera que a las elecciones del 5 de octubre de 1997 se presentaron los dos líderes bajo la misma bandera partidista, si bien desde el 2 de septiembre la facción de Bulatovic estaba constituida como grupo parlamentario autónomo en la Asamblea de Podgorica con 15 de los 45 diputados del DPS.

En la campaña electoral Djukanovic insistió que su propósito no era otro que democratizar la Federación, propiciar reformas de mercado y acabar con el trato de discriminación que, a su juicio, la pequeña y montañosa república recibía de su poderoso compañero de viaje, descartando aún la salida independentista. Las sanciones internacionales contra Yugoslavia y la prolongación de las tensiones militares en el Adriático (precisamente, una disolución de la Federación dejaría a Serbia sin salida al mar) habían sido un pesado lastre para las dos principales fuentes de ingresos de Montenegro, el comercio marítimo y el turismo. Por otro lado, entre los argumentos aventados contra Djukanovic por sus enemigos no faltaron imputaciones de enriquecimiento personal y de construcción de una base de poder salpicada de amiguismo, nepotismo, negocios dudosos y contrabando, al socaire de la contracción del comercio legal.

El 5 de octubre se adelantó Bulatovic con el 47,4% de los votos seguido muy de cerca por Djukanovic con el 46,7%, una mayoría simple que hizo necesaria la segunda vuelta el 19 de octubre. Atrayendo voto útil de la oposición no socialista, Djukanovic consiguió imponerse con el 50,8% de los sufragios, un margen tan ajustado (exactamente 5.600 votos de diferencia) como para dar pábulo a denuncias de pucherazo electoral por Bulatovic. Éste, convenientemente respaldado por su mentor de Belgrado, amagó con no reconocer al presidente electo y en los primeros días de 1998 intentó enmarañar su toma de posesión con una campaña de disturbios que supuestamente habría perseguido la declaración por el Gobierno Federal del estado de emergencia en Montenegro, a cuyo amparo los milosevistas bien habrían podido perpetrar un golpe de fuerza. La Policía montenegrina, fiel a Djukanovic, pudo sofocar esta agitación sin que la violencia pasara a mayores.

La victoria de Djukanovic en las presidenciales fue saludada por los países occidentales, por los serbios moderados de Bosnia y por la oposición democrática de Serbia, que se aprestaba a coordinarse con él dentro de un gran movimiento de fuerzas reformistas en toda Yugoslavia. Puesto que entonces todavía gozaba de alguna tolerancia en Occidente como el pacificador de Bosnia por su firma del acuerdo de paz de Dayton, y que acababa de esquivar por muy poco un nuevo ostracismo general con su reluctancia a aceptar la victoria de la oposición en las municipales serbias, Milosevic prefirió no provocar una crisis de mayor calado en Podgorica y se resignó a que su adversario prestara juramento como presidente de Montenegro el 15 de enero de 1998. El 5 de febrero Filip Vujanovic, ministro del Interior y uno de sus colaboradores más estrechos, reemplazó a Djukanovic al frente de un Gobierno en el que el SPO y el NSCG fueron reemplazados por el SDPCG y el grupúsculo Unidad Nacional (NJ).

La nueva etapa institucional de Djukanovic, que de paso sustituyó a Pejanovic-Djurisic en la jefatura nominal del DPS, coincidió con el estallido de la crisis de Kosovo y la huida hacia delante de Milosevic sin reparar en las consecuencias internacionales de su represión antialbanesa. Mientras exploraba la formación de un "consorcio político" con los opositores serbios para desalojar a Milosevic del poder, Djukanovic acusó al poder de Belgrado de haberse buscado la ruina él sólo, sin necesidad de complots exteriores (una teoría cara a los medios afectos al régimen), apeló al sentido común sobre la cuestión de Kosovo y a cooperar con el Tribunal Penal de La Haya, y, por primera vez, apuntó la posibilidad de celebrar un referéndum sobre la independencia de Montenegro si Milosevic no le daba otra opción.

El presidente yugoslavo hizo como que no se enteraba de quien ostentaba el mando en Podgorica y siguió despachando con Bulatovic y su Partido Popular Socialista de Montenegro (SNPCG), creado el 21 de marzo, como si fueran los representantes de Montenegro en la Federación. Así, el 18 de mayo de 1998 Milosevic forzó la destitución parlamentaria del primer ministro federal salido del DPS original, Radoje Kontic, y al día siguiente nombró en su lugar a Bulatovic.

El recambio provocó las iras de Djukanovic, pues Milosevic, al obrar por su cuenta, había subvertido el principio de equidad entre las repúblicas. El presidente montenegrino consideró ilegal la promoción, que tanto tenía de desagravio, de su archienemigo, se negó a reconocer su Gobierno y amenazó con boicotear el resto de instituciones de una Federación "herida de muerte por el hegemonismo serbio". En esta tesitura, las elecciones legislativas republicanas del 31 de mayo, las cuartas en ocho años, no tuvieron otra trascendencia que confirmar el arraigo del DPS, que, al frente de la Coalición por una Vida Mejor completada por SDPCG y NJ, se aseguró 40 de los 78 escaños a que le dio derecho el 49,5% de los votos. El 16 de julio Vujanovic renovó su gabinete con la novedad del retorno del NSCG.

Djukanovic, malabarismos verbales aparte, exhibió una postura de fondo inequívoca durante la guerra de Kosovo y la subsiguiente operación militar de la OTAN contra Yugoslavia. Hasta el fracaso final de las negociaciones de paz de Rambouillet como antesala de los bombardeos aéreos, en marzo de 1999, el presidente montenegrino exigió al poder de Serbia que pusiera término a la represión militar contra los secesionistas albanokosovares, que restaurara la autonomía provincial derogada en 1990 y que accediera a la internacionalización de un conflicto que auguraba un nuevo estrangulamiento económico del Estado.

Cuando la OTAN optó por la fuerza y empezó a bombardear, Djukanovic se guardó de emitir condenas para salvaguardar las infraestructuras de Montenegro y no mal encararse con unos gobiernos occidentales que en su momento tendrían que sopesar la opción independentista de Montenegro. Sólo solicitó el cese de los ataques aéreos a fin de no dar excusas a Milosevic para aplastar a la disidencia interna, y se lamentó de que los países que ahora querían acabar con el autócrata serbio habían negociado con él hasta la víspera, dando prelación a sus intereses geopolíticos sobre la causa de la democracia en Yugoslavia.

Puesto que Milosevic ya sólo era un estorbo de imperiosa remoción en los Balcanes, la figura del sutil y ubicuo dirigente montenegrino ganó muchos puntos en las capitales occidentales, que atendieron de buena gana sus demandas de protección militar y exención del castigo económico. En sus frecuentes visitas a Estados Unidos desde 1998 para explicar sus puntos de vista, Djukanovic recibió garantías de que no se toleraría un golpe de fuerza de los milosevistas en Podgorica.

No en vano, durante los bombardeos de la OTAN en la primavera de 1999, que se prolongaron hasta la capitulación de Belgrado el 10 de junio, pareció inminente un golpe de Estado de las tropas federales acantonadas en Montenegro, a las que se oponía una fuerza policial de 12.000 hombres pobremente armados. La Unión Europea (UE) accedió a suministrar a Djukanovic una ayuda económica específica, pero dejó claro que le consideraba no el jefe de un Estado soberano, sino un socio especial cuya cooperación iba en beneficio de todos.

En los meses que duró la batalla democrática de la oposición serbia en las calles y el enroque del régimen de Milosevic, Djukanovic redobló sus emplazamientos a redefinir las relaciones con Serbia y a cambiar la Federación por una asociación de tipo confederal, que salvaguardara la soberanía de Montenegro como un sujeto de derecho internacional. Cada vez más presente, la solución independentista se esgrimía ya tanto como un instrumento de presión para forzar las negociaciones deseadas como la consecuencia ineluctable del fracaso de las mismas. Djukanovic menudeó las reacciones de escepticismo sobre la supervivencia de la Federación a corto plazo si se mantenía "la dictadura de Milosevic o de su heredero", máxime cuando, en su opinión, el presidente yugoslavo era "incapaz de cambiar".

La campaña para obtener reconocimientos diplomáticos emprendida por Djukanovic se apuntó un buen tanto en agosto de 1999 cuando fue recibido en Moscú por el primer ministro Serguéi Stepashin y la élite política rusa, un indicio de que el principal aliado exterior de Milosevic estaba cansado de su habilidad para envenenar periódicamente las relaciones internacionales y ya no le consideraba el único interlocutor de Yugoslavia. En noviembre de 1999 Djukanovic adoptó un paso decisivo hacia la salida rupturista con la introducción del marco alemán como moneda de curso legal junto con el dínar, justificada para proteger a la república de eventuales perturbaciones monetarias en Serbia. El día 18 de ese mes el mandatario asistió en Estambul a la VI Cumbre de la Organización de Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE) como representante de Yugoslavia en exclusión de la delegación oficial, compartiendo voz con los líderes opositores serbios Zoran Djindjic y Vuk Draskovic.

Aunque tras las legislativas de 1998 los partidarios de Djukanovic coparon los 20 asientos reservados a Montenegro en el Consejo de las Repúblicas o Cámara Alta de la Asamblea Federal de 40 miembros, el 6 de julio de 2000 el bloque milosevista formado por el SPS, la marxistizante Izquierda Yugoslava (JUL) de su esposa Mira Markovic, el fascista Partido Radical Serbio (SRS) de Vojislav Seselj y los diputados de Bulatovic sacó adelante un paquete de enmiendas constitucionales que, por un lado, reforzaba ostensiblemente los atributos del presidente federal y, por otro lado, convertía en inoperante toda maniobra de Podgorica en las instituciones.

Así, al hacer del presidente federal un cargo de elección directa por los ciudadanos en vez de por la Asamblea, teniendo presente la absoluta hegemonía demográfica de Serbia en Yugoslavia (el 94% de sus habitantes), se imposibilitaba la victoria de un candidato montenegrino. La idéntica reforma aplicada al Consejo de las Repúblicas era mucho más explícita sobre los propósitos de Milosevic con respecto a Montenegro. Como en lo sucesivo los 20 diputados reservados a la república iban a reproducir la situación de fuerzas en la Asamblea de Podgorica y ya no podrían ser designados a su antojo por la mayoría parlamentaria de turno allí, el DPS, que estaba lejos de ser un partido hegemónico en casa, no podría bloquear ninguna disposición legislativa concerniente a la Federación.

La elección de Vojislav Kostunica como candidato unitario de la Oposición Democrática de Serbia (DOS) a las presidenciales yugoslavas del 24 de septiembre de 2000 puso fin a las especulaciones sobre una postulación de Djukanovic avalada por los demócratas serbios. Además, éste anunció el boicot a unas elecciones federales que consideraba ilegales y anticonstitucionales por convocarse después de que la Carta Magna se retocara sin el concurso de Podgorica. La decisión fue muy poco entendida, cuando no duramente criticada, dentro y fuera de Yugoslavia, ya que la autoexclusión del DPS del proceso ponía en bandeja al SNPCG la representación exclusiva de Montenegro en la Federación, y hacía insegura la misma derrota de Milosevic en las presidenciales, que las encuestas daban como automática si Djukanovic movilizaba a sus votantes en favor de Kostunica.

Djukanovic alertó que Milosevic no iba a salir del poder por las buenas aunque le castigaran las urnas, y no descartó una guerra civil en Yugoslavia. Ciertamente, la resistencia del autócrata al triunfo de Kostunica el 24 de septiembre apuntó a aquella dirección, pero el alzamiento popular en Belgrado el 5 de octubre precipitó, después de mucha incertidumbre, la remoción de Milosevic y la instalación de Kostunica.

Djukanovic se felicitó por el desenlace de la crisis y valoró que, eliminado el principal obstáculo a la democratización de Yugoslavia, se abría una etapa de diálogo y entendimiento entre Serbia y Montenegro. Ahora bien, reiteró su boicot a las instituciones federales, que, aunque renovadas democráticamente en las urnas, jurídicamente eran el fruto de las artimañas de un régimen político que consideraba ilegítimo. De esta manera, Kostunica era reconocido por Podgorica sólo como el "representante de la Serbia democrática", y cuando el 4 de noviembre se constituyó el nuevo Gobierno Federal de coalición con la DOS, el socio montenegrino fue el SNPCG, uno de cuyos líderes, Zoran Zizic, fue el encargado de presidirlo.

El 17 de octubre Djukanovic recibió a Kostunica en Podgorica para analizar la nueva situación, pero con este encuentro quedó claro que las nuevas autoridades democráticas serbias eran sólo algo más receptivas que el anterior régimen a las demandas del Gobierno montenegrino. Kostunica con abierta hosquedad, y Djindjic (primer ministro de Serbia desde el 25 de enero de 2001) con un talante más positivo aunque bastante escéptico, dejaron claro al presidente montenegrino que nada se negociaría a menos que dejara de agitar el fantasma de la independencia, sobre todo una vez que el 2 de noviembre Djukanovic anunciara un referéndum sobre la cuestión para verano de 2001. El 17 de enero de 2001 Djukanovic devolvió la visita a Kostunica y se entrevistó con él en Belgrado, sin producirse ningún resultado.

En los últimos meses de 2000 y primeros de 2001 lo más que ofreció Serbia a Montenegro fue mantener hasta 2003 el esquema institucional vigente, restablecido, eso sí, el espíritu democrático de alumbró el nacimiento de la República Federal de Yugoslavia en 1992. La contrapropuesta de Djukanovic de que, sin menoscabo de una política exterior común, Montenegro disfrutara de sus propios asientos en las organizaciones internacionales y diplomacia, fue considerada inaceptable por los dos estadistas serbios.

Los observadores señalaron que la clase dirigente serbia, independientemente de si pertenecía al SPS o la DOS, no podía aceptar un estatus de estricta igualdad entre las repúblicas por el abrumador desequilibrio demográfico. Pero la mayor preocupación para Djukanovic era el frente de hostilidad internacional que se levantó contra una nueva independencia en los Balcanes.

En una rara coincidencia, europeos estadounidenses y rusos rechazaron de plano la liquidación no pactada de Yugoslavia y sostuvieron que la separación unilateral de Montenegro sólo aportaría desestabilización en una región que aspiraba a sosegarse al cabo de una década de guerras nacionalistas atizadas por Milosevic y que ya tenía a las puertas un conflicto étnico de envergadura en Macedonia. El mensaje lanzado por Moscú, Bruselas o Washington era el mismo: Djukanovic debía trabajar por un "Montenegro democrático dentro una Yugoslavia democrática". En este sentido, la "ofensiva diplomática" desarrollada por Djukanovic y sus colaboradores en el primer trimestre de 2001 se saldó en un estrepitoso fracaso.

El presidente montenegrino apostó por legitimar sus planteamientos en las urnas y concibió las elecciones legislativas anticipadas del 22 de abril de 2001 como la antesala del referéndum sobre la independencia. El DPS y el SDPCG presentaron la lista conjunta La Victoria es Montenegro para batir a la alianza Juntos por Yugoslavia formada por el SNPCG, el NSCG y el Partido Popular Serbio (SNS). El oficialismo volvió a ganar, pero el 42,1% de los votos y los 36 escaños obtenidos por el DPS y su aliado no fueron la marejada independentista que Djukanovic esperaba.

Al consolidarse dos bloques casi iguales en la opinión pública montenegrina, la celebración de un referéndum se tornaba delicada, además de que el DPS iba a necesitar apoyos externos para tener un Gobierno sólido. La minoría albanesa a través de la Unión Democrática de los Albaneses (DUA) y, sobre todo, la Alianza Liberal (LSCG) de Miodrag Zivkovic, independentista furibunda y ganadora de seis escaños, aparecían como los socios adecuados. Así, el 2 de julio quedó constituido el tercer gobierno Vujanovic con la participación del SDPCG de Ranko Krivokapic y la DUA, y el respaldo parlamentario de la LSCG

Sobre la polarización del electorado pivotó la cuestión largamente debatida de si los montenegrinos eran una nación distinta o una rama de la nación serbia, pero también se tuvo en cuenta que el SNPCG renovado en su jefatura con Predrag Bulatovic (sin relación con Momir y vinculado a Kostunica) no era tampoco ya el mero satélite del SPS de la era milosevista, sino un partido nacional montenegrino que prefería mantener la unión federal con Serbia.

Tras los comicios de abril la presión internacional se hizo más intensa, pero Djukanovic, imperturbable, declaró que nada había cambiado y que el referéndum, previsto inicialmente para junio o julio, se trasladaba a principios de 2002. El presidente precisó que si perdía la consulta dimitiría, pero que si la ganaba entraría en discusiones con Belgrado sobre un proyecto de unión entre Estados soberanos que respetara el desenvolvimiento internacional de cada uno -en el caso de Montenegro, añadió, la confluencia con las estructuras euro-atlánticas sería la divisa- y mantuviera un espacio económico común, con la coordinación de políticas monetarias y la libre circulación de bienes y personas, así como la cooperación en áreas sensibles como la defensa.

Sin embargo, a comienzos de 2002 una voluntad de entendimiento presidió la actitud de los respectivos gobernantes, y, en su caso, Djukanovic terminó por transigir. La interlocución de Javier Solana, alto representante de la Política Exterior y de Seguridad Común (PESC) de la UE, resultó decisiva para que Djukanovic anunciara, el 19 de febrero, la cancelación de los planes del referéndum y poco después su acogida al plan comunitario para el mantenimiento del Estado.

Las negociaciones interrepublicanas se aceleraron y el 14 de marzo Djukanovic, Kostunica y Djindjic suscribieron en Belgrado un "acuerdo de principios" para la continuidad del Estado serbo-montenegrino sobre bases prácticamente confederales, con instituciones de los poderes ejecutivo y legislativo comunes y competencias centrales reducidas a la política exterior, la defensa, las relaciones económicas exteriores, el comercio interior y los asuntos de Derechos Humanos y minorías étnicas. Aspectos clave como la economía interior, la moneda, la seguridad y el orden públicos, las aduanas y el control de fronteras quedaban bajo competencia republicana. Además, durante tres años Serbia y Montenegro no podrían celebrar un referéndum sobre la independencia.

Si no exultante sí al menos satisfecho, Djukanovic declaró que el acuerdo preservaba las reformas aplicadas por Montenegro y era el mejor trato que cabía esperar dadas las circunstancias. Al día siguiente, el dirigente montenegrino y Kostunica asistieron como invitados al Consejo Europeo de Barcelona, donde recibieron la cálida felicitación de los líderes de la UE.

La transacción costó las retiradas del apoyo parlamentario de la LSCG el 20 de marzo y de la participación en el Gobierno del SDPCG el 10 de abril, pero Djukanovic se aseguró la aprobación parlamentaria del marco de la nueva unión con Serbia el 9 de abril por 58 votos a favor, 11 en contra y una abstención. En el resultado fue decisiva la posición favorable del SNPCG de Bulatovic. La opinión del presidente era que lo firmado en Belgrado no negaba el derecho a la estatalidad de Montenegro, sólo lo dejaba en suspenso: tal como lo veía él -y ésta era, efectivamente, la esencia del documento, por más que se guardaran de formularlo en estos términos los mediadores de la UE- el acuerdo constitucional no era sino un "arreglo de transición hacia la completa independencia" de ambas repúblicas tras el período de tres años.

La pérdida de la mayoría en la Asamblea empujó a Djukanovic, que en mayo tuvo el contratiempo de ser implicación por la justicia italiana en una investigación criminal sobre la base de un testimonio de un mafioso de aquel país que le había incriminado en una red de contrabando de tabaco, a convocar elecciones legislativas anticipadas para el 20 de octubre. Los comicios supusieron un nítido respaldo popular a Djukanovic al obtener su Coalición Democrática por un Montenegro Europeo, formada con el SDPCG, el diminuto Partido de los Ciudadanos de Montenegro (GPCG) y candidatos independientes, 39 de los 75 escaños con el 47,9% de los sufragios, esto es, un diputado por encima de la mayoría absoluta. La Coalición por el Cambio integrada por el SNPCG, el SNS y el NSCG hubo de conformarse con 30 actas, el LSCG se quedó con cuatro y los dos partidos albaneses con dos. Tras conocer los resultados, Djukanovic anunció la formación de un gobierno plural capaz de "reflejar la diversidad multiétnica y multicultural de Montenegro", a pesar de poder gobernar en solitario.

Inesperadamente, Djukanovic se postuló a sí mismo para encabezar ese gobierno, lo que entrañaba abandonar la Presidencia de la República. El partido explicó que iba en interés del país el refuerzo de la figura del primer ministro en la etapa política que comenzaba y los observadores apuntaron que, lejos de pretender eclipsarse, Djukanovic deseaba controlar personalmente las decisiones del gabinete, sobre todo en el terreno económico, y los manejos partidistas, de manera que, en una cultura política donde la personalidad del titular pesa más que el elenco de atribuciones que la Constitución otorga al puesto, el peso del poder ejecutivo iba a trasladarse de la Presidencia al Gobierno.

El 25 de noviembre Djukanovic presentó la dimisión y al día siguiente tomó posesión como primer ministro; entonces, Vujanovic, en un inopinado intercambio de puestos, se hizo cargo de la Presidencia de la República en funciones en calidad de presidente de la Asamblea, para la que había sido elegido días atrás en preparación de la mudanza institucional. Puesto que el 22 de diciembre tocaban elecciones presidenciales, en un primer momento se especuló sobre si Djukanovic no sería el candidato del DPS, pero su decisión de abandonar la Presidencia era firme. El postulante oficialista no fue otro que Vujanovic.

Éste venció apabullantemente con el 83,9% de los votos a un contrincante testimonial, el independiente Dragan Hajdukovic, pero la votación hubo de ser suspendida porque la participación se quedó a cuatro puntos del requisito legal del 50% del censo. Toda vez que en una segunda ronda el 9 de febrero de 2003 sucedió exactamente lo mismo, la oposición del SNPCG y el LSCG, que no presentaron candidatos y llamaron al boicot, cantó victoria frente a Djukanovic y su gente, no obstante sumirse el país en una incómoda acefalia institucional. Además, Djukanovic tuvo más dificultades de las previstas para formar su gabinete, que hasta el 8 de enero no recibió la investidura parlamentaria. Junto con el DPS recibieron ministerios el SDPCG, la DUA y el GPCG.

Para entonces, la formación de la nueva unión con Serbia estaba a punto de ultimarse. El 6 de diciembre de 2002 una comisión ad hoc adoptó el texto de la Carta Constitucional de Serbia y Montenegro, que tal era el nombre del futuro Estado; el 29 de enero de 2003 la Asamblea de Podgorica, dos días después de que lo hiciera su homónima de Belgrado, sancionó esta Carta Magna; y, el 4 de febrero hizo lo propio la Asamblea Federal, momento en el cual la República Federal de Yugoslavia dejó de existir y nació el nuevo Estado serbo-montenegrino.

El 3 de marzo se inauguró la nueva Asamblea estatal con la participación de 19 diputados de la coalición gobernante en Podgorica y el 7 de marzo Svetozar Marovic, ex presidente de la Asamblea de Montenegro y un viejo aliado de Djukanovic en sus forcejeos con Bulatovic y Milosevic, fue elegido presidente de Serbia y Montenegro. Con la asunción del Gobierno de Marovic el 17 de marzo, el DPS terminó un lustro de exclusión y boicot a las instituciones estatales.

La situación política terminó de clarificarse en Montenegro el 11 de mayo con la proclamación presidencial de Vujanovic en su tercer asalto electoral: esta vez el hombre de confianza de Djukanovic se adjudicó el 63,3% de los sufragios y no importó que siguiera sin alcanzarse el 50% de participación (el 48,5% ahora), porque el requisito legal había sido removido. El 22 de mayo Vujanovic tomó posesión de la Presidencia de la República, completando la azarosa reestructuración institucional comenzada en octubre del año anterior.

(Nota del editor: la biografía está actualizada hasta el 30 de mayo de 2003. El Estado de Serbia y Montenegro dejó de existir en 2006 con las proclamaciones de las respectivas independencias por las repúblicas de Montenegro, el 3 de junio, y Serbia -de facto-, el 5 de junio)