Mijeil Saakashvili

Datos relevantes

Actualización: 20 de Enero de 2008
Credito fotografico: Copyright NATO Photo
Mijeil Nikolozisdze Saakashvili

Georgia

Presidente de la República (2º ejercicio)

Duración del mandato: 20 de Enero de 2008 - En funciones

Nacimiento: Tbilisi , 21 de Diciembre de 1967

Partido político: NMD

Profesión: Abogado

Credito fotografico: Copyright NATO Photo

Resumen

Perteneciente a una familia acomodada de profesionales liberales –el padre era médico y la madre abogada-, recibió la educación secundaria en su Tbilisi natal y luego estudió Derecho en el Instituto de Relaciones Internacionales de la Universidad de Kíev, capital de Ucrania, por la que se graduó con honores en 1992. Con 24 años, prefirió seguir estudiando y labrarse un porvenir profesional en el extranjero en lugar de instalarse en Georgia, que precisamente aquel año experimentó un cúmulo de circunstancias tan turbulentas como históricas.

Biografía

Todo en el lapso de unos pocos meses, se produjeron el acceso a la independencia como resultado de la extinción de la URSS, el derrocamiento en una insurrección militar del presidente nacionalista y autoritario Zviad Gamsajurdia, el retorno al poder del antiguo jefe del Partido Comunista local Eduard Shevardnadze y el estallido de sendos conflictos armados con los separatistas sudosetios y abjazios. Como resultado, Georgia se adentró en un desolador escenario de guerra civil, hundimiento económico y fractura del Estado.

Saakashvili se instaló en Estados Unidos, donde estableció contacto con la importante comunidad georgiano-americana, en los últimos años aumentada con la llegada de muchos compatriotas que habían huido de las convulsiones en la ex república soviética, aunque también hizo desplazamientos por motivos lectivos o profesionales a Francia, Italia, Holanda y Noruega.

En 1994, gozando de una beca del Congreso de Estados Unidos, se licenció en Derecho por la Universidad de Columbia en Nueva York y en 1995 obtuvo el doctorado en Ciencia Jurídica por el National Law Center de la Universidad George Washington sito en la capital federal. Entre título y título, aún sacó tiempo para ejercer la profesión legal en uno de los más afamados bufetes de abogados neoyorkinos, la firma Patterson, Belknap, Webb & Tyler, y cursar una diplomatura en Derecho Comparado en Derechos Humanos en el Instituto Internacional de Derechos Humanos (IIDH) de Estrasburgo, Francia.

Allí fue, en 1993, donde conoció a la que poco después haría su esposa en Nueva York, Sandra Roelofs, una holandesa que se formaba en nociones jurídicas antes de ir a Somalia a cooperar en labores humanitarias. Todo este bagaje le permitió al futuro líder georgiano hablar con fluidez el inglés, el francés, el ruso y el ucraniano.

A principios de 1995 Saakashvili, que a la sazón aún no tenía cumplida la treintena, recibió la visita en su despacho en Manhattan de Zurab Zhvania, presidente del Parlamento de Georgia y uno de los colaboradores de Shevardnadze, el cual estaba reclutando para los cuadros del nuevo partido formado por el oficialismo con el objeto de impulsar las reformas de tipo liberal, la Unión de Ciudadanos de Georgia (SMK), a jóvenes talentos de la diáspora georgiana con experiencia en Occidente y afán de prestar un servicio patriótico, en un momento en que Georgia continuaba afectada por la recesión económica, la crisis energética, las conspiraciones políticas de signo desestabilizador y un gravísimo problema de inseguridad pública.

Saakashvili y Zhvania eran viejos conocidos y el primero aceptó gustoso renunciar a un luminoso futuro profesional en Estados Unidos y regresar a su país para ejercer en la política representativa. Dicho y hecho, en las elecciones legislativas del 5 de noviembre de 1995 Saakashvili fue uno de los 106 candidatos de la SMK que obtuvo el escaño.

Hombre robusto, de cabello moreno, tez clara y facciones anchas y despejadas, y como legislador, dinámico y brillante, Saakashvili rápidamente ganó notoriedad como jefe del Comité parlamentario sobre Asuntos Legales y Constitucionales, el cual recibió el cometido de reformar el código electoral, establecer un sistema judicial independiente, abolir la pena de muerte y crear unas fuerzas de seguridad del Estado despolitizadas.

Más allá de sus funciones técnicas en el Parlamento, Saakashvili cobró un perfil intensamente político en las filas de la SMK, donde su juventud e impetuosidad crearon un contraste chirriante con la guardia de edad más próxima a Shevardnadze. Más importante para su destino inmediato, reclamó la atención de la ciudadanía al empezar a denunciar con la vehemencia propia de un oposicionista la corrupción que gangrenaba todas las escalas de la administración y la criminalidad que en demasiadas ocasiones mostraba su vertiente político-mafiosa.

En 1997 se puso al frente del Comité Anticorrupción del Parlamento y como tal dirigió las acusaciones de corruptos contra las autoridades municipales de Tbilisi y miembros del Gobierno, lo que generó tensiones en la SMK. A pesar de que sus denuncias no le hacían ningún favor a la imagen del régimen, Shevardnadze lo protegía con un celo casi paternal y le reservó unas cuantas promociones antes de que el interesado se rebelara y adoptara un rol inédito en su trayectoria hasta entonces: el de opositor político.

Elegido jefe del grupo del partido en el Parlamento nacional en agosto de 1998 y cabeza de la delegación georgiana, amén de uno de los vicepresidentes de la institución, en la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa en enero de 2000, el 4 de octubre de este último año Shevardnadze nombró a Saakashvili ministro de Justicia sólo unos días después de que levantara otra polvareda política con la acusación al ministro del Interior, Kaja Targamadze, exponente de la línea más conservadora de la SMK, de organizar un dispositivo de espionaje interno en la bancada parlamentaria. A esas alturas, Saakashvili y Zhvania estaban identificados como los rostros conspicuos del ala más progresista del partido.

Medios locales y regionales presentaron a Saakashvili como la estrella ascendente del régimen creado por Shevardnadze y destacaron la circunstancia de tratarse de uno de los pocos nombres propios en la política georgiana que se había encaramado al proscenio después de la desaparición de la URSS y el reconocimiento exterior de la independencia nacional, por lo que su carrera hasta la fecha no podía calificarse sino de meteórica.

Como ministro de Justicia, Saakashvili, salvando las distancias, un poco como Borís Yeltsin en su etapa de dirigente comunista en Rusia durante la perestroika de Mijaíl Gorbachov una década atrás, se desenvolvió con fogosidad y radicalismo, fiscalizando comportamientos por doquier y metiendo las narices en las turbios cotos de poder de otros responsables políticos y administrativos. Shevardnadze, elevando la advertencia de que "o destruimos a la corrupción, o la corrupción nos destruye a nosotros", le convirtió en el mascarón de proa de su nueva campaña para depurar a los funcionarios deshonestos, la cual se cobró sus primeras destituciones en el sector energético, plaza fuerte del soborno y el tráfico de favores.

Observadores que seguían atentos a Saakashvili aseguraban que el ministro no era receptivo al compromiso o a la componenda, cosa que, en su opinión, podría suponer una desventaja frente a antagonistas veteranos, procedentes de la tradición soviética, con capacidad para intrigar tras las bambalinas.

Sin embargo, Saakashvili no presentaba la traza de un ingenuo cruzado de la moralidad que desconociera los usos y costumbres de la cultura política local, ya que había constancia de que estaba levantando una urdimbre privada de influencias y compadrazgos, indispensable para sostener ambiciones políticas en un sistema donde los partidos y las instituciones cuentan menos que las personas que las animan. Más todavía, Saakashvili encajó sus propias acusaciones de corrupto, lanzadas por periodistas que investigaron nebulosas participaciones empresariales y por la misma oficina auditora del Estado, que apuntó a posibles desvíos de fondos públicos para financiar a grupos o personas de interés particular para el ministro.

Al margen de las polémicas en torno a la corrupción, Saakashvili reflejó un talante nacionalista y antirruso en sus duros reproches a la política georgiana del Gobierno de Moscú, que se resistía a retirarse de las bases militares concedidas por Shevardnadze en el Tratado bilateral de Amistad y Cooperación de febrero de 1994 (firmado después de la decisiva intervención militar rusa que en el otoño de 1993 había derrotado a la rebelión armada de Gamsajurdia, la cual, a su vez, había estallado al socaire de la desastrosa derrota de los gubernamentales frente a los abjazios), daba alas al autogobierno, soberano de hecho, de las repúblicas autónomas de Abjazia y Adzharia, y de la abolida región autónoma de Osetia del Sur, y, mucho más nítidamente luego de los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos, exigía a Tbilisi con tono de ultimátum prebélico que expulsara de su lado de la frontera a grupos de combatientes chechenos calificados de terroristas.

Paralelamente, Saakashvili aprovechó sus competencias ministeriales para dejar una excelente impronta en la administración republicana de Estados Unidos, que tomó debida nota de su persona. Así, sobrellevó el diálogo bilateral sobre colaboración en cuestiones de seguridad con su homólogo en el Gobierno de Washington, el fiscal general John Ashcroft, y con el director de la CIA, George Tenet.

Las arremetidas de Saakashvili contra muchas personalidades del régimen del que él aún era miembro destacado no se acompañaron de manifestaciones de simpatías por la oposición, antes al contrario; mientras fue ministro, se ganó a pulso la consideración de autoritario por proponer la proscripción del extraparlamentario Partido Comunista Unido de Georgia (SEKP) de Panteleimon Giorgadze, legando que lo promovían "influyentes fuerzas rusas", u oponerse a la legalización de nuevo, ahora como grupo político, de la formación paramilitar de los Mjedrioni (Caballeros), prohibida después de descubrirse su implicación en el intento de asesinato de Shevardnadze en agosto de 1995, con el argumento de que Dzhaba Ioseliani y su gente no renunciaban a propagar la violencia.

A mediados de 2001 las encuestas de opinión indicaban que Saakashvili era el miembro del Gobierno más popular, por delante de un Shevardnadze que veía erosionarse día a día su crédito como estadista. Había profusión de especulaciones sobre una aspiración del responsable de Justicia a la nominación por la SMK de su candidato a las elecciones presidenciales de 2005, a las que el ex ministro soviético de Exteriores no podía presentarse porque la Constitución de 1995 le impedía el tercer mandato consecutivo.

En agosto de 2001 Saakashvili provocó el enésimo revuelo político con su borrador de un proyecto de ley anticorrupción que facultaba al Estado para confiscar bienes raíces o de capital a servidores públicos que no fuesen capaces de justificar el origen de su patrimonio. Saakashvili acompañó la presentación de la propuesta legal con la exhibición de fotografías de lujosas mansiones que se estaban construyendo en el barrio más selecto de Tbilisi miembros del Gobierno cuyos magros salarios no cuadraban con los costes de las obras. En airada reacción, colegas del gabinete puestos en la picota acusaron a Saakashvili de "populista" y de transgredir la Constitución.

Saakashvili debió extralimitarse a los ojos de Shevardnadze, quien, por primera vez, salió a refutarle en público. El presidente desestimó el borrador de ley porque, a su entender, violaba el principio de presunción de inocencia y favorecería un desbarajuste de denuncias por presunto patrimonio indebido contra miembros del Ejecutivo y con probables motivaciones políticas detrás. Sin embargo, un sondeo periodístico reveló que el 70% de la población aprobaba las incautaciones de propiedades de los prebostes que no presentaran sus cuentas en claro.

Este conflicto precipitó la ruptura de Saakashvili con el régimen, augurada en repetidas ocasiones desde hacía tres años: el 19 de septiembre presentó la dimisión como ministro de Justicia con la explicación de que le parecía "inmoral" seguir formando parte de un Gobierno que era "incapaz de cumplir las promesas electorales de erradicar la corrupción", más la advertencia añadida de que, de continuar el presente estado de cosas, Georgia se convertiría en "un enclave criminal en uno o dos años".

El 21 de octubre siguiente disputó y ganó en una elección parcial a una decena de rivales un codiciado escaño correspondiente al distrito capitalino de Vake, el mismo que él venía representando en el Parlamento desde los comicios generales de 1995 y 1999. Lo hizo con una mayoría avasalladora, el 64% de los votos, mientras que su contrincante más adelantado, la presidenta del Partido Nacional Democrático (EDP), Irina Sarishvili-Chanturia, no llegó al 10%.

El siguiente paso de Saakashvili fue dotarse de su propia fuerza política con un ideario de tipo nacionalista y derechista. Ahora bien, la primera de estas etiquetas, adjudicadas por los comentaristas, era válida sólo como reacción al factor ruso y al separatismo, ya que la plataforma del ex ministro no podía ser sino entusiásticamente prooccidental y más exactamente proestadounidense; en cuanto a la filiación ideológica, se refería al anticomunismo y, en economía, a la apuesta por la aceleración de las reformas liberales de mercado. En otras palabras, el proyecto político de Saakashvili tenía poco de conservador en el sentido literal del término.

Saakashvili presentó el Movimiento Nacional de Apoyo a las Reformas Democráticas, extensa designación que inmediatamente se redujo a la de Nuevo Movimiento Nacional (AEM). Contrariamente a lo supuesto, Zhvania no se embarcó en el proyecto movimientista y de momento siguió en la SMK, aunque el 1 de noviembre dimitió como presidente del Parlamento. Saakashvili aceptó compartir el liderazgo del AEM con Revaz Shavishvili, ex presidente de la Cámara de Cuentas del Estado y otro destacado apologista de la regeneración nacional.

El 17 de diciembre Saakashvili y otros nueve diputados de la SMK, que vivía un proceso de descomposición a fuer del reguero de deserciones, registraron la facción Movimiento por una Georgia Democrática como soporte del AEM en el Parlamento. Con vistas a las elecciones municipales del 2 de junio, el 7 de mayo de 2002 constituyó el bloque Movimiento Nacional-Frente Democrático (EMDP), en el que se dieron cita el AEM, el Partido Republicano de Davit Berdzenishvili, la Alianza de Poderes Nacionales y algunos tránsfugas recientes del bando de Shevardnadze.

El EMDP, bajo el liderazgo incuestionable de Saakashvili, volatilizó las expectativas alumbradas por el entorno presidencial de que entablara una oposición constructiva o moderada. Como eslogan para las elecciones municipales, el EMDP acuñó nada menos que Georgia sin Shevardnadze, toda una declaración de intenciones de confrontación (luego, ante las protestas del aludido, que tachó de "ilegal", "anticonstitucional" y "desestabilizador" el lema, la coalición se decantó por una divisa más apegada al ámbito electoral en ciernes pero que no renunciaba un ápice a enmarcar el objetivo a batir: Tbilisi sin Shevardnadze).

Los comicios del 2 de junio de 2002 para la Asamblea Municipal de Tbilisi vinieron a constituir un anticipo a menor escala de lo que iba a suceder en las legislativas nacionales del año siguiente: caos organizativo, denuncias de fraude e impugnación de los resultados por los partidos descontentos. Al EMDP la Comisión Electoral Central (CEC) le concedió el 24% de los votos y el segundo puesto tras el Partido Laborista Georgiano (Shromis) de Shalva Natelashvili, que le superó en un punto porcentual.

La dispersión del voto de los partidos opositores y las reclamaciones de nuevos escrutinios impidieron la formación de la Asamblea capitalina hasta que Saakashvili, haciendo gala de habilidades maniobreras, llegó a un acuerdo con algunos mandatarios laboristas electos que le permitió ser investido presidente asambleario, luego alcalde de hecho de la ciudad, el 4 de noviembre. Ahora bien, la votación estuvo marcada por la tensión, ya que varios grupos políticos se negaron a tomar parte en la misma porque Saakashvili no había renunciando antes a su escaño en el Parlamento nacional.

Entre medio, el 13 de septiembre, el AEM celebró una convención en la que se constituyó en partido político propiamente dicho, con el nombre definitivo de Movimiento Nacional (EM). Saakashvili no dejó de terciar en la escalada de tensión con Rusia y aseguró que los bombardeos aéreos rusos contra el desfiladero de Kodori y el valle de Pankisi, lugares de refugio de guerrilleros chechenos y de bandoleros georgianos, eran la consecuencia de la "impotencia patológica de Shevardnadze para proteger los intereses nacionales". También tildó de "puesta en escena" la operación de limpieza antiterrorista lanzada por el Gobierno georgiano contra las bandas que se habían hecho fuertes en Kodori.

En el arranque de 2003, año de unas elecciones legislativas con el marchamo de prueba de fuego para régimen y oposición, Saakashvili redobló sus ataques a Shevardnadze y calentó el ambiente con su oratoria radical, muchas veces tiznada de populismo. Expresó su apoyo a los veteranos de la guerra de Abjazia, exigió la retirada de las fuerzas de interposición rusas allí desplegadas desde el acuerdo de alto el fuego de 1994 y adjudicó a su antiguo mentor un supuesto plan de reconquista militar de la rebelde república autónoma para pretextar la suspensión de los comicios.

El mismo motivo inconfesable perseguirían por su cuenta los ministros de Seguridad Nacional y del Interior, quienes supuestamente estarían preparando un golpe de Estado. Según Saakashvili, si Shevardnadze y sus incondicionales recurrían a la dictadura o a la guerra civil con tal de no dejar el poder, las fuerzas democráticas no iban a tener "otra alternativa que la violencia" en su envite para remover al régimen. En una serie de viajes a Estrasburgo y Estados Unidos, el dirigente movimientista previno contra la comisión de un fraude masivo en la cita electoral de otoño.

El 3 de junio de 2003 Saakashvili compareció en Tbilisi junto con Zhvania, que ya había roto todas las amarras con el oficialismo y montado su propio partido, los Demócratas Unidos, Davit Gamkrelidze, líder del Partido de los Nuevos Derechos, Ivane Mamuka Giorgadze, del Partido Popular, y Akaki Asatiani, de la Unión de Tradicionalistas Georgianos, en un demostración pública frente al edificio del Parlamento para anunciar la creación del Frente de Resistencia Unida y exigir la renuncia de Shevardnadze como la mejor garantía de unos comicios sin fraude.

Allí mismo quedaron de manifiesto las diferencias de talante entre algunos líderes opositores más moderados, incluido Zhvania, que apostaban por una protesta pacífica de corte cívico, y Saakashvili, quien, emocional y bronco, arengó a los asistentes a irrumpir en el Parlamento. En agosto, militantes del EM se enfrentaron a golpes con miembros de la Unión del Renacimiento Democrático (DAK), la formación animada por el preboste de Adzharia, Aslán Abashidze, político ambiguo que no estaba ni con Shevardnadze ni con la oposición georgiana, entre imputaciones a Saakashvili de echar mano a fondos municipales para financiar su partido.

La campaña para las elecciones legislativas del 2 de noviembre de 2003 estuvo trufada de tensiones, con encontronazos violentos entre militantes de formaciones rivales, acusaciones cruzadas entre Gobierno y oposición de recurrir a las provocaciones, y los constantes avisos por Saakashvili de que el oficialismo estaba pergeñando un pucherazo electoral; en este punto, el jurisperito hizo un pronóstico del todo atinado.

La jornada electoral ya transcurrió con incidentes y entre denuncias de una organización caótica y de pasmosas violaciones del procedimiento. Por ejemplo, Saakashvili se encontró con que su nombre no figuraba en el padrón de electores de su colegio de Tbilisi, omisión que pudo afectar hasta al 10% del censo. Partidos opositores y monitores electorales reportaron intimidaciones por desconocidos, rupturas de urnas y robos de papeletas en diversos puntos del país. Los primeros resultados del recuento pusieron en cabeza al bloque propresidencial Por una Nueva Georgia (AS, formado en abril a partir de los restos de la SMK y la suma del Partido Socialista, la Unión Cristiano Demócrata y otras agrupaciones), a pesar de que encuestas preelectorales conducidas por medios no oficiales habían otorgado una clara victoria al EM.

Shevardnadze se felicitó por la "elección más limpia y transparente nunca celebrada en Georgia" y se declaró listo para cooperar con todas las fuerzas políticas que obtuviesen representación parlamentaria. Los monitores de la OSCE y el Consejo de Europa, con su mesura habitual a la hora de valorar los procesos electorales georgianos, hicieron constar en sus pronunciamientos preliminares varias deficiencias a la luz de los estándares internacionales.

Saakashvili no se anduvo por las ramas y voceó que le habían robado las elecciones. La lucha frontal contra Shevardnadze estaba servida y el 4 de noviembre, ante unos cuantos miles de partidarios concentrados en la capital, el líder movimientista emplazó a Shevardnadze a dimitir en un plazo 24 horas so pena de afrontar una "revolución". El presidente no se dio por aludido y sus portavoces acusaron a Saakashvili de pretender derrocar al Gobierno mediante la subversión y la turbamulta.

Pero el ex ministro se apuntó un tanto fundamental ganándose para su lado de la trinchera a otros tres importantes dirigentes opositores: Zhvania, Nino Burdzhanadze, ex presidenta del Parlamento y colega del anterior en la jefatura del nuevo bloque de los Demócratas, y el prorruso Dzhumber Patiashvili, jefe del comunismo georgiano en la última etapa soviética y ahora cabeza del bloque Ertoba (Unidad). Los cuatro acordaron coordinar una campaña nacional de protestas para obligar al poder a reconocer que había perdido las elecciones y que la demora en la publicación de los resultados finales no era más que una añagaza para inflar los votos atribuidos al AS.

El 9 de noviembre la CEC publicó resultados con el 90% del voto escrutado y correspondientes al sistema proporcional: el AS obtenía una exigua mayoría simple con el 21,1%, seguido por la DAK con el 19,6% y el EM con el 18,2%. A mayor distancia se situaban el Partido Laborista, los Demócratas, el Partido de los Nuevos Derechos y Unidad, este último bajo el umbral 7%, luego convertido en extraparlamentario. El frente opositor ridiculizó estas cifras, aseguró que las listas del censo en Adzharia presentaban más de 100.000 incorporaciones con respecto a la edición de 1999 y demandó la anulación de las votaciones, no ya en esa república autónoma, sino en todo el país.

El mismo día 9 Saakashvili, Zhvania y Burdzhanadze se reunieron con Shevardnadze, quien les había instado al diálogo, en la quinta presidencial de Krtsanisi. Las conversaciones no llegaron a buen puerto y a su término Saakashvili, frustrado, volvió a arengar a sus huestes y llamó a la desobediencia civil. El 12 de noviembre fracasó otra ronda de conversaciones. A partir de este momento, las manifestaciones acaudilladas por Saakashvili fueron diarias y sus asistentes empezaron a contarse por decenas de miles. Abashidze, que detestaba cordialmente a Saakashvili, se arrogó la defensa del oficialismo y movilizó a sus propios seguidores, disparando los riesgos de enfrentamiento civil.

El 20 de noviembre la CEC publicó los resultados finales, que diferían en muy poco de los datos facilitados el día 9 en cuanto a los porcentajes de voto, sólo que ahora se conoció el reparto de los escaños, sumados los obtenidos por las listas según el sistema proporcional y por los candidatos uninominales según el sistema mayoritario. Al AS se le otorgaron 57 diputados, que añadidos a los 39 de la DAK, los 16 electos con la etiqueta de independientes y los 11 de Abjazia, cuyos mandatos habían sido prorrogados automáticamente desde 1992, conformaban un teórico bloque propresidencial de 139 legisladores, luego mayoría absoluta. Además, quedaban por cubrir 23 escaños de circunscripciones donde debían repetirse las elecciones.

La CEC adjudicó al EM el 18,8%, el mismo porcentaje que la DAK, pero tres escaños menos, 36. Saakashvili rechazó al punto estas cifras y afirmó que no iba a participar en un "Parlamento ilegítimo". De entre las reacciones del exterior hubo una, la de Estados Unidos, que pareció cualquier cosa menos ambigua o condescendiente: el Departamento de Estado se declaró "profundamente decepcionado" por unos resultados oficiales de los comicios que reflejaban "un fraude masivo en Adzharia y otras regiones". El jefe del EM debió recibir este posicionamiento de los amigos estadounidenses como un espaldarazo a su protesta.

El 21 de noviembre, en la víspera de la sesión constituyente del Legislativo electo, Saakashvili dio un "ultimátum" a Shevardnadze para que dimitiera "sin derramamiento de sangre" y exhortó a "unirse al pueblo" a los policías y soldados que protegían los edificios institucionales de la capital. El rumor del momento era que Shevardnadze se disponía a nombrar a Abashidze presidente del Parlamento como primer paso de un proceso que culminaría con la sucesión en la jefatura del Estado por el intrigante líder adzhario.

Los acontecimientos se precipitaron el sábado 22. Minutos después de iniciarse la ceremonia de constitución de la Cámara con la participación de Shevardnadze y los diputados electos progubernamentales, centenares de seguidores de Saakashvili rompieron los cordones policiales y asaltaron el edificio. Un grupo de enardecidos consiguió irrumpir en el hemiciclo profiriendo consignas nacionalistas y se adueñó de la tribuna sin que nadie se atreviera a hacerles frente. Shevardnadze fue sacado a toda prisa por una puerta secundaria por sus escoltas.

Trasladado a un lugar seguro, su residencia de Krtsanisi, situada a cinco kilómetros del centro de Tbilisi, Shevardnadze declaró el estado de emergencia en todo el país por 30 días y calificó el episodio vivido de "golpe de Estado armado". Entonces, Burdzhanadze invocó su condición de presidenta del Parlamento saliente y la previsión constitucional para declararse jefa del Estado provisional a causa de la "imposibilidad de confirmar la capacidad de Shevardnadze de cumplir sus funciones".

Saakashvili, que debió planear la operación inspirado en el alzamiento popular que en octubre de 2000 derrocó a Slobodan Milosevic en Serbia como resultado también de unas elecciones amañadas, entró en el Parlamento con pose triunfalista, mientras en la calle se enzarzaban a golpes sus partidarios y los de Shevardnadze (que eran básicamente los paisanos adzharios traídos por Abashidze a la capital), y anunció que una "revolución pacífica" para acabar con el "dictador" estaba en marcha. La cancillería del Estado, sede de la Presidencia, cayó también en manos de los insurrectos.

Shevardnadze se mostró dispuesto a resistir, pero a menos que las fuerzas del orden impusieran por la fuerza su decreto del estado de emergencia, lo que garantizaba una violencia de incalculables consecuencias, y tal posibilidad resultaba harto dudosa puesto que los manifestantes ya habían invadido impunemente las sedes de los poderes legislativo y ejecutivo y se avizoraban divisiones en las Fuerzas Armadas, su poder podía darse por perdido. La peligrosa situación que vivía Georgia desató las preocupaciones de Rusia, los países vecinos, Estados Unidos y la Unión Europea (UE).

La diplomacia del Kremlin se movilizó a fondo y por la noche aterrizó en Tbilisi el ministro de Exteriores, Igor Ivanov, quien realizó unas gestiones que aceleraron el desenlace de la crisis. A primera hora de la tarde del domingo 23, conocidas la renuncia del secretario Dzhaparidze y las vacilaciones del ministro de Defensa, Davit Tevzadze, Saakashvili amenazó con lanzar a sus acólitos contra el complejo residencial de Krtsanisi, que estaba custodiado por tropas y blindados.

En lugar de esa peligrosa maniobra, Saakashvili acudió él mismo, junto con Zhvania e Ivanov, para entrevistarse con el atrincherado inquilino. Tras una hora de reunión, Shevardnadze reapareció para anunciar la dimisión puesto que no quería ser partícipe de un "derramamiento de sangre". La perspectiva de una partida hacia el exilio del ya ex presidente fue borrada por el propio Saakashvili, quien, dando un giro de 180 grados en su tono, desde el escarnio hasta la conciliación, señaló que era una "cuestión de honor nacional" que el veterano estadista permaneciera en el país.

Así transcurrió la llamada revolución de terciopelo georgiana, también llamada la revolución rosa (por la profusión de esta flor en las manos de los manifestantes), que, en efecto, había conseguido derribar, no ya a un presidente, sino a todo un régimen sin provocar un solo muerto, algo insólito en la Comunidad de Estados Independientes (CEI) y más todavía en la turbulenta Georgia, mérito que debía asignarse a los dos bandos enfrentados y que encaramó a la cúspide del liderazgo nacional al clamoroso triunfador de estas jornadas: Saakashvili.

Hasta la celebración de elecciones presidenciales anticipadas, fijadas por el Parlamento (el saliente, que prorrogó su vida hasta que pudieran celebrarse nuevos comicios en los próximos meses) para el 4 de enero de 2004, el poder quedaba en manos de un triunvirato informal: Burdzhanadze, como presidenta en funciones, Zhvania, como secretario de Estado (una especie de jefe del Gabinete gubernamental en ausencia del puesto de primer ministro), a partir del 27 de noviembre, y Saakashvili como candidato conjunto a la Presidencia de la República. La plataforma unitaria se llamó Movimiento Nacional Unido (ENM) y a ella se unió el partido Unión de la Solidaridad Nacional. El EM realizó la formalidad de nominar a Saakashvili en un congreso celebrado el 10 de diciembre. En cuanto a las elecciones legislativas, el 25 de noviembre la Corte Suprema anuló los resultados correspondientes a los 150 escaños elegidos por el sistema proporcional sobre listas de partidos.

Hasta la nueva cita con las urnas el clima de optimismo fue perturbado por algunos nubarrones que presagiaban futuras contestaciones a Saakashvili, presidente in péctore sin en el menor género de dudas merced a ese, como mínimo, 80% de apoyos que le endosaban los sondeos. El 27 de noviembre miles de estudiantes se echaron a la calle para protestar contra la "nueva dictadura" y denunciar la "caza de brujas" lanzada contra las autoridades académicas de la Universidad Estatal de Tbilisi.

Los congregados señalaron en particular a la organización ultranacionalista juvenil Kmara! (¡Basta!, en georgiano), a la que acusaron de haberse convertido en la "guardia de asalto" del EM y de haber intimidado hasta forzarlos a dimitir al rector de la Universidad y al decano de la Facultad de Periodismo. Saakashvili se acercó hasta la Universidad, se encaró con los estudiantes y les amenazó con "movilizar a 100.000 personas cuyos gritos acallarán a los vuestros". Por otra parte, los partidos de la desvanecida AS, la izquierda en pleno (laboristas, socialistas y comunistas), parte del centroderecha (tradicionalistas y nacional demócratas) y la DAK de Abashidze rehusaron presentar candidato y, con diferentes matices, compusieron un mal gesto frente a un proceso que iba a otorgar un formidable manto de legitimidad popular a quien les parecía un inquietante demagogo o incluso un criptofascista.

El 4 de enero los sondeos se quedaron cortos y Saakashvili arrasó con el 96,3% de los sufragios a sus cinco rivales: Teimuraz Shashiashvili, ex gobernador regional; Roin Liparteliani, líder del partido Sociedad de Davit el Constructor; Zaza Sijarulidze, dirigente de la Unión de los Hijos de Dios; Kartlos Gharibashvili, presidente de la Asociación Nacional de Juristas y veterano de las lides presidenciales de 1995 y 2000; y, Zurab Kelejsashvili, de la organización política Mdzleveli.

Saakashvili se encontró con tres méritos añadidos que redondearon su extraordinaria victoria, que de no haber acontecido en la plural Georgia parecería propia de un sistema dictatorial de candidatura plebiscitaria: el elevado índice de participación, que llegó al 88%; la certificación local e internacional de los comicios, con mucho los más transparentes y limpios de los celebrados en la última década; y, el anuncio hecho por Shevardnadze a la salida de su colegio electoral de que había votado por el hombre que le defenestró, ya que, si bien "carecía de experiencia", Misha (le llamó por su nombre familiar, comúnmente empleado por sus seguidores) le parecía una "persona inteligente" con "iniciativa" y "talento para contactar con la gente", por todo lo cual estaba listo para ofrecerle todos los sabios consejos y la cooperación que precisara. Tan cálidas palabras se situaban en las antípodas de las dichas no hacía ni dos meses, cuando el mandatario calificó a Saakashvili de "persona peligrosa" cuya gente "destruiría y devastaría todo con tal de llegar al poder".

En los días previos a la toma de posesión de su mandato quinquenal, Saakashvili, legatario de un país semidesmembrado, dependiente de los suministros energéticos de Rusia, fuertemente endeudado y socialmente maltrecho por el elevado paro y la pobreza que golpea a más de dos terceras partes de la población, enfatizó los ejes principales de su agenda de gobierno. Por una parte, prometió luchar sin cuartel contra el crimen organizado y la corrupción. En el primer frente de esta "cruzada", anunció la adopción en breve plazo de "medidas especiales" para erradicar a las bandas de malhechores y los clanes criminales especializados en el secuestro y la extorsión; en el segundo frente, aludió a una nueva legislación anticorrupción de la que no dio detalles, a menos que fuera tal la propuesta de "confiscar y poner a la venta" todas las "dachas" que se habían construido miembros del Ejecutivo, incluida la residencia presidencial de Krtsanisi.

No faltó el compromiso de elevar los lamentables estándares de vida de los georgianos con la mejora de los servicios de electricidad y agua, la red de carreteras y el sistema de salud, que calificó de "uno de los más bárbaros del mundo". En general, Saakashvili buscó convencer de que con él al mando el país iba a tener una gestión gubernamental más enérgica, solvente y eficaz, y de que el Estado sabría aprovechar mejor la baza estratégica de que disponía Georgia: su condición de país de tránsito entre Occidente y Oriente, como pasillo de mercancías en la vasta plataforma euroasiática y ramal de exportación del petróleo de Azerbaidzhán y del gas de Asia central, a través de la ruta terrestre hacia Turquía (el Oleoducto Bakú-Tbilisi-Ceyhan, en fase de construcción y con posible entrada en servicio a comienzos de 2005) y las rutas marítimas con término en los puertos de Ucrania y Rusia.

En cuanto a las políticas territorial e internacional, Saakashvili insistió en la importancia de que abjazios, sudosetios y adzharios pusieran fin a sus secesiones de facto y acataran al Gobierno nacional, aunque no ofreció a las inquietas autoridades de Sujumi, Tshjinvali y Batumi (donde emergieron reacciones de cierto nerviosismo por la retórica nacionalista del nuevo hombre fuerte de Tbilisi; Abashidze, incluso, decretó el estado de emergencia en su república autónoma porque veía indicios de "inestabilidad") fórmulas de integración y de autogobierno con base normativa, lo que pasaría por una reforma de una Constitución que asienta el tipo de Estado centralizado.

Saakashvili tenía claro que la solución del problema separatista y el retorno a sus hogares abandonados en 1993 por las decenas de miles de refugiados de Abjazia de etnia georgiana pasaba por Moscú, así que se mostró abierto a inaugurar una nueva era en las relaciones bilaterales en la que los dos países deberían tratarse en un plano de equilibrio, sin avasallamientos y con actitud cooperativa. Georgia aceptaba el principio de la colaboración antiterrorista, incluso la vigilancia conjunta de sus fronteras exteriores para impedir la infiltración de guerrilleros chechenos, mercenarios o islamistas subversivos de otros países, pero deseaba a cambio la retirada de las dos últimas bases militares que Rusia mantenía desde 1994, las de Batumi y Ajalkalaki. Las relaciones de buena vecindad con el poderoso vecino eslavo serían parejas a unos tratos de privilegio con Estados Unidos y Europa occidental, sin renunciar, por supuesto, al ingreso algún día en la OTAN y la UE.

En las ceremonias de la inauguración de Saakashvili, rebosantes de simbolismo nacionalista, alocuciones grandilocuentes y fuerza mediática de un líder que se movía ante las cámaras de la televisión como pez en el agua, detractores locales y observadores foráneos detectaron los signos de unos incipientes culto a la personalidad o megalomanía del estadista. El 24 de enero fue a arrodillarse ante la tumba de Davit IV Bagrationi, llamado El Constructor, monarca unificador del reino georgiano a principios del siglo XII, sita en el monasterio de Gelati, próximo a la ciudad de Kutaisi. Allí mismo, Saakashvili fue bendecido por el catolikós y patriarca de la Iglesia Ortodoxa de Georgia, Ilia II, y pronunció las siguientes palabras a modo de juramento: "Hoy Georgia esta fracturada y humillada. Debemos unirnos para restaurar la integridad territorial de Georgia. Georgia ha existido y existirá. Georgia se convertirá en un país fuerte y unido".

Al día siguiente, 25 de enero, horas después de realizar una visita relámpago a Batumi para intentar convencer a Abashidze, infructuosamente, de que asistiera al acto, tomó posesión de la Presidencia en el Parlamento de Tbilisi con la jura ante la Constitución. En el acto se izaron la nueva enseña nacional, de hecho la bandera política del EM desde su fundación y un emblema enarbolado por las masas durante la revolución de noviembre, consistente en una cruz de San Jorge (patrón de Georgia) tachonada de cuatro cruces paté igualmente rojas, y la bandera azul y estrellada de la UE.

En su discurso inaugural, Saakashvili planteó la necesidad de formar un Ejército nacional fuerte, trazó el objetivo de hacer de la georgiana "una democracia modélica para toda la región", agradeció a Estados Unidos su ayuda, la cual el país "no iba a olvidar", y tendió la mano a Rusia porque Georgia "necesita de su amistad". Esto fue escuchado por el ministro Ivanov y el secretario de Estado Colin Powell en la tribuna de autoridades invitadas al evento. Por su parte, Powell anunció después que Estados Unidos iba a conceder este año 166 millones de dólares en asistencia, primera concreción de la manifiesta proclividad de la administración de George W. Bush hacia el flamante Gobierno de Saakashvili.

(Cobertura informativa hasta 17/2/2004)



CIDOB News

Boletín de noticias y novedades de la Fundación.


Subscríbete.

Subscripcion al boletin de noticias

Entregas anteriores