Horst Köhler

Datos relevantes

Actualización: 18 de Septiembre de 2007
Crédito fotográfico: © Fondo Monetario Internacional

Alemania

Presidente de la República Federal de Alemania; ex director gerente del FMI

Duración del mandato: 01 de Julio de 2004 - En funciones

Nacimiento: Skierbieszów, Zamosc, voivodato de Lublin, Polonia , 22 de Febrero de 1943

Partido político: CDU

Profesión: Economista

Crédito fotográfico: © Fondo Monetario Internacional

Resumen

El 23 de mayo 2004 la Asamblea Federal de Alemania eligió presidente de la República Federal al candidato presentado por los tres partidos del centro-derecha, el Demócrata Cristiano (CDU), el Social Cristiano (CSU) y el Liberal Democrático (FDP), que conforman la oposición parlamentaria al Gobierno socialdemócrata de Gerhard Schröder. El 1 de julio tomó posesión con mandato hasta 2009 de un puesto de prestigio apolítico y con funciones sólo representativas y ceremoniales. Hijo de colonos alemanes instalados en la Polonia ocupada por los nazis y de hecho nacido allí en la vorágine de la Segunda Guerra Mundial, Köhler es un miembro de la CDU que goza de un alto crédito como experto economista y financiero. En 2000 se convirtió en director gerente del FMI, cargo que desempeñaba en marzo de 2004 cuando aceptó convertirse en candidato a jefe del Estado germano.

Biografía

1. La peripecia de un niño de la guerra
2. Ejecutivo bancario y director del FMI
3. Elección como presidente federal de Alemania


1. La peripecia de un niño de la guerra

Perteneciente a una familia de granjeros de religión protestante y séptimo de ocho hermanos, vino al mundo en 1943 en Zamosc, al sur de Lublin, en la Polonia oriental ocupada por Alemania. Los Köhler eran alemanes étnicos que hasta el comienzo de la Segunda Guerra Mundial habían estado asentados en Glückstal, una colonia germana fundada en 1804 en lo que hoy es la población de Hlinaia (Glinnoje), en la región ex soviética del Transdniéster, en Moldova, no lejos de la ucraniana Odessa y lindante con la antigua Besarabia rumana.

En 1940, merced al pacto suscrito con Alemania del año anterior, la URSS se anexionó Besarabia, territorio comprendido entre los ríos Prut y Dniéster, pero en 1941 la invasión nazi del país eslavo colocó a Besarabia de nuevo, amén de las áreas ucranianas al este del Dniéster, bajo la soberanía de Rumanía, aliada de Hitler.

En 1942, dentro del llamado Plan General para el Este, que contemplaba la germanización forzosa de los territorios eslavos (polacos, ucranianos, bielorrusos y rusos) ocupados en Europa oriental sin reparar en brutalidades y recurriendo al exterminio físico de poblaciones autóctonas enteras, los Köhler fueron transferidos en calidad de colonos al voivodato de Lublin sito en el Gobierno General, una suerte de protectorado del III Reich al que le quedaba apenas un bienio de vida. En el verano de 1944, el avance soviético desató una estampida de residentes alemanes en dirección al oeste y simultáneamente al repliegue de las tropas alemanas.

El futuro presidente tenía dos años cuando sus padres buscaron refugio en Markkleeberg-Zöbigker, una localidad próxima a Leipzig, en el norte de Sajonia. Fue en estas dramáticas circunstancias que los Köhler empezaron a vivir en territorio estatal alemán por primera vez en sus vidas. Allí sobrevivieron al catastrófico hundimiento del III Reich y a las terribles violencias que acompañaron la embestida del Ejército soviético, el cual, a modo de revancha por las atrocidades cometidas por los nazis en su país, se ensañaba con la población civil que encontraba a su paso.

El muchacho recibió su primera educación escolar en centros de la que a partir de 1949, terminada formalmente la ocupación militar soviética, fue la República Democrática Alemana (RDA). En abril de 1953, poco antes de la insurrección obrera en Berlín Oriental contra el Gobierno comunista prosoviético y cuando el Muro que iba a sellar herméticamente la frontera entre las dos Alemanias todavía no existía y las fugas en masa eran posibles, sus padres se lo llevaron a él y sus hermanos a Berlín Occidental para desde allí huir a la República Federal de Alemania (RFA). Los Köhler salieron indemnes una vez más de su enésima y arriesgada peripecia, y, tras pasar por varios campos de refugiados, consiguieron rehacer sus vidas en Ludwigsburg, pequeña ciudad al norte de Stuttgart, en Baden-Württemberg. Atrás quedaban once años de precaria existencia amenazada por la guerra, los desplazamientos forzosos y los gobiernos dictatoriales.

Köhler terminó la formación secundaria en su patria chica de adopción y en 1965, luego de prestar el servicio militar obligatorio de dos años en el Bundeswehr o Ejército de la RFA con el rango de teniente en la reserva, accedió a la Facultad de Economía de la Universidad Eberhard Karls de Tübingen. En 1969, con el título en la mano, se puso a trabajar de asistente en el Instituto de Investigación de Economía Aplicada (IAW) de la Universidad. En 1976 dejó los pasillos académicos al salirle una plaza en el Directorio General de Políticas del Ministerio Federal de Finanzas; entonces, el Gobierno estaba en manos del Partido Social Demócrata (SPD), con Hans Eberhard Apel al frente del Ministerio y Helmut Schmidt en la Cancillería.

En 1977 se sacó el doctorado en Economía y Ciencias Políticas por la Universidad de Tübingen y en 1981 le reclamó para su servicio el ministro-presidente del estado de Schleswig-Holstein, Gerhard Stoltenberg, uno de los pesos pesados del partido Unión Cristiano Demócrata (CDU). Köhler asesoró en cuestiones económicas y financieras a Stoltenberg en la Cancillería estatal de Kiel hasta octubre de 1982, cuando, merced a una alianza parlamentaria con el Partido Liberal Demócrata (FDP), la CDU precipitó la caída del Gobierno socialdemócrata de Schmidt. El presidente de la formación conservadora, Helmut Kohl, se convirtió en el nuevo canciller federal y nombró ministro de Finanzas a Stoltenberg, quien se hizo acompañar por su protegido en su nuevo despacho en Bonn.

Köhler tenía el carné de miembro de la CDU desde diciembre de 1981 y sirvió en el gabinete de Stoltenberg hasta que éste, el 21 de abril de 1989, fue trasladado al frente del Ministerio de Defensa. El nuevo titular de Finanzas, Theo Waigel, líder de la Unión Social Cristiana (CSU, el partido bávaro hermanado a la CDU), no sólo le renovó la confianza del Ministerio, sino que le promovió a secretario de Estado, puesto equivalente a viceministro de Finanzas, con efecto el 1 de enero de 1990.

Mientras sus superiores libraban las grandes batallas de naturaleza política, Köhler se ciñó a sus funciones de índole tecnocrática, como coordinador y tramitador de las disposiciones elaboradas por el Consejo de Ministros y el Ministerio. Así, formuló los términos de la propuesta de Bonn al Gobierno poscomunista de la RDA sobre una rápida unión económica y monetaria –la sustitución del marco de la RDA por el de la RFA con un tipo de cambio paritario- como antesala de la unificación de los dos Estados alemanes el 3 de octubre de 1990, y formó parte del equipo negociador que arregló con la URSS la retirada de sus tropas del suelo germanooriental en un plazo de cuatro años.

Köhler encabezó la parte alemana en la Conferencia Intergubernamental que desde diciembre de 1990 a diciembre de 1991, esto es, entre los Consejos Europeos de Roma y Maastricht, elaboró el esquema de una Unión Económica y Monetaria (UEM) de tres etapas a culminar en 1999; la UEM, junto con el proyecto de Unión Política (elaborado por una Conferencia Intergubernamental específica), quedó incorporada al nuevo Tratado de la Unión Europea (TUE), el cual fue firmado en febrero de 1992 y entró en vigor en noviembre de 1993. Por otro lado, el alfo funcionario germano llevó las negociaciones técnicas multilaterales, la confección de los portafolios y demás trabajo opaco previo a las participaciones de Kohl en las cumbres anuales del G-7 y de Waigel en los consejos de Ministros de Finanzas (Ecofin) de la CEE y su sucesora, la UE.


2. Ejecutivo bancario y director del FMI

En agosto de 1993 Köhler decidió abandonar el Gobierno y pasar al sector privado, atraído, seguramente, por unas condiciones laborales menos fatigosas y mejor remuneradas. En los cinco años siguientes fungió de presidente de la Asociación Alemana de Cajas de Ahorros (DSGV). En agosto de 1998, a instancias de Kohl y en vísperas de las elecciones generales que iban a desalojar a la CDU, la CSU y el FDP del Gobierno federal y catapultar al mismo al SPD de Gerhard Schröder y Los Verdes de Joschka Fischer, Köhler recibió una oferta en el terreno de la alta función financiera internacional que no podía rechazar: hacerse cargo del Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo (BERD), entidad dedicada desde 1991 a invertir en las reformas estructurales conducidas por las nuevas democracias de Europa central y oriental que deseaban desarrollar el sector privado y dotarse de una economía de mercado. El 1 de septiembre de 1998 Köhler se estrenó en Londres como el tercer presidente titular del BERD y el primero no francés, después de Jacques Attali y Jacques de Larosière.

En febrero de 2000 el Gobierno de Schröder se enzarzó en una porfía con el estadounidense de Bill Clinton sobre la persona que debía suceder al francés Michel Camdessus como director gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI). El día 14, tal como había avisado con suficiente antelación, Camdessus puso fin a sus trece años al frente del principal organismo multilateral de crédito y el puesto quedó vacante por el momento. Berlín consensuó con los socios de la UE la candidatura del alemán Caio Koch-Weser, secretario de Estado federal de Finanzas, pero el Gobierno de Washington la vetó.

A la vez, terceros países, como Japón, protestaron porque se estuviera a punto de aplicar de nuevo una regla no escrita pero respetada a rajatabla desde que en 1946 se pusieran en marcha las decisiones adoptadas en la célebre Conferencia de Bretton Woods de julio de 1944, la cual alumbró el nuevo orden internacional de posguerra: que el director gerente del FMI había de ser europeo y el presidente del Banco Mundial (BM), el organismo mellizo, estadounidense. Los países asiáticos fueron los que con más vehemencia denunciaron el carácter "anacrónico" de este acuerdo tácito entre las dos potencias occidentales.

La UE postuló entonces a Köhler. Aunque el nuevo candidato alemán seguía sin gustarle, Estados Unidos prefirió ahorrarse más quebraderos de cabeza con los aliados europeos por esta cuestión y, de mala gana, dio luz verde al nombramiento. Una vez puestos de acuerdo Washington y las principales capitales comunitarias –básicamente, Berlín, París y Londres-, las opiniones del resto de países miembros resultaban de hecho irrelevantes, así que el 23 de marzo el Directorio Ejecutivo del FMI resolvió "por unanimidad" otorgar el puesto de director gerente del organismo y, de paso, el de presidente del propio Directorio, al responsable del BERD. El 18 de abril Köhler cesó al frente del banco europeo y el 1 de mayo siguiente se posesionó de su despacho de la Calle 19 de Washington, convirtiéndose en el octavo máximo responsable de la organización desde 1946: era el primero de su país, habiendo sido precedido por un belga, un holandés, dos suecos y tres franceses.

Los observadores económicos apreciaron en la trifulca que precedió la elección de Köhler la enésima representación de la creciente rivalidad estratégica que venía enfrentando a la UE y Estados Unidos, con varios contenciosos comerciales abiertos, mutuas acusaciones de proteccionismo, competición por el acceso preferencial a los mercados emergentes en los países en desarrollo y enfoques diferentes en terrenos como la preservación del medio ambiente, el tratamiento de alimentos o la consideración librecambista de los productos culturales, y eso que bajo Clinton las divergencias resultaron ser un pálido reflejo del áspero antagonismo que se instaló en las relaciones entre ambas orillas del Atlántico norte tras la llegada de los republicanos de George W. Bush a la Casa Blanca en enero de 2001. Así que el desenlace del forcejeo bien pudo ser reclamado como una victoria por los europeos.

Por su parte, los grupos antiglobalización, que en diciembre del año anterior, mediante una potente movilización popular, habían contribuido en Seattle al fracaso de la III Conferencia Ministerial de la Organización Mundial del Comercio (OMC), denunciaron la falta de transparencia y el carácter exclusivista del proceso de selección del director gerente y los otros altos cargos en el organigrama del FMI (adjuntos a la dirección gerente, directores departamentales, directores ejecutivos, consejeros), que mayormente consistía en una serie de reuniones en comandita de los países miembros con mayor cuota de participación económica, traducida automáticamente en fuerza decisoria.

Así, Estados Unidos, aportador del 17,5% de los recursos financieros del FMI, disponía de 371.743 votos, el 17,1% del total. A gran distancia le seguían Japón (6,1% de los votos), Alemania (6,0%), Reino Unido (4,9%), Francia (4,9%), Italia (3,3%) y Arabia Saudí (3,2%). Las ONG, secundadas por gobiernos pequeños, demandaban un procedimiento de designación del director gerente abierto y más democrático, en el que candidatos de cualquier nacionalidad fueran invitados a postularse y el conjunto de los países miembros, un poco al estilo de lo que sucede con la Asamblea General de la ONU, que vota la confirmación del secretario general de la organización propuesto por el Consejo de Seguridad, tuviera la última palabra sobre la persona llamada a ocupar un puesto de tan alta importancia, cerciorándose de que fuera el candidato más idóneo por sus cualificaciones profesionales y su visión no sesgada o parcial de los problemas y necesidades de los países solicitantes de crédito.

El caso era que Köhler se hizo cargo del FMI cuando en los medios de comunicación se hablaba de "crisis" en el llamado consenso de Washington, después de la sucesión de tormentas monetarias y financieras, ligadas al descontrol de los movimientos especulativos, en México (1994-1995), Asia oriental (1997-1998), Rusia (1998), Brasil (1999) y la que ya se cernía sobre Argentina, amén de la articulación del movimiento antiglobalista, dispuesto a respirarles en la nuca a las grandes conferencias económicas intergubernamentales allá donde se celebraran.

La expresión consenso de Washington se refería a la estrecha coordinación entre el FMI y el BM para, a la par que promover la estabilidad del régimen de tipos de cambio flotante existente desde 1973 (cuando la devaluación y la inconvertibilidad del dólar decretados por el Gobierno estadounidense precipitó el abandono del patrón monetario de cambios-oro y el sistema de tipos fijos acordados en Bretton Woods), asegurar la liquidez del sistema monetario internacional, corregir las balanzas nacionales de pagos (propiamente el FMI) y financiar los programas de desarrollo de los estados (función cardinal del BM), extender y fortalecer el modelo del capitalismo de mercado, por más que éste era un objetivo no explícito.

Invariablemente, el FMI y el BM condicionaban la otorgamiento de sus préstamos y ayudas a la adopción por los estados en apuros contables de una batería de medidas de ajuste y reforma, a saber: disciplina fiscal y control del gasto público para recortar o suprimir los déficits y obtener presupuestos equilibrados; fijación de la inflación como el parámetro central de la economía, valorándose la salud del sistema en función del índice de precios; preferencia del mercado como el agente regulador de los tipos de cambio monetario y de interés bancario; lanzamiento de programas de desregulación normativa, descongestión administrativa y privatización de empresas de servicios básicos; y, liberalización del sector exterior, con apertura de los mercados internos a las importaciones y desarme arancelario.

El saneamiento de las macromagnitudes y la racionalización del sistema productivo con criterios de eficiencia y competitividad los defendía implícitamente el FMI como los cimientos de un crecimiento económico robusto y el desarrollo de las sociedades, si bien eran legión (antiglobalistas, partidos de izquierda, sindicatos, organizaciones sociales de todo tipo y, por supuesto, los colectivos directamente afectados por los temidos programas de ajuste estructural) quienes denunciaban las recetas fondomonetaristas como socialmente regresivas, generadoras de pobreza en lugar de aliviarla, perpetuadoras del dogal de la deuda externa y no democráticas en el sentido de que otorgaban a los flujos impersonales de capital libre de controles y a los agentes del mercado un enorme poder para condicionar el curso de todo un país.

Los detractores sociales del FMI le achacaban cuanto más hostilidad y cuanto menos apatía a la hora de valorar el impacto que sus políticas tenían sobre los niveles de desarrollo humano, democracia y derechos individuales en los países miembros que solicitaban asistencia. Estas partes presentaban las recomendaciones y exhortaciones del FMI a los gobiernos endeudados como aspectos de una "agenda neoliberal" que respondería sobre todo a los intereses de unas élites nacionales e internacionales, o a las necesidades de los países ricos.

Ahora bien, cabe señalar que el FMI estaba lejos de merecer la aprobación universal en los medios economicistas. Por una parte, algunos partidarios del monetarismo y la escuela neoliberal de Chicago y, por la otra, los defensores de la llamada economía de la oferta (supply-side economics, que propugna la liberación de recursos tributarios para favorecer la inversión productiva y mejorar la oferta de bienes) llevaban años quejándose de que la organización mostraba su rostro keynesiano cuando accedía a devaluaciones controladas de moneda con el objeto de relanzar las exportaciones, lo que era visto como inflacionista, o, más frecuente, cuando preceptuaba una política fiscal agresiva, incluso en un momento de anemia económica, con el fin de elevar los ingresos del Estado y corregir el déficit presupuestario.

El FMI no era impermeable a todos los toques de atención, las críticas y las demandas de cambios en su forma de operar. Ya en octubre de 1998 había elaborado el llamado concepto de una nueva arquitectura financiera, que establecía cuatro reglas de oro para afrontar con éxito los problemas de la economía internacional, aplicables por los gobiernos y los organismos multilaterales de crédito, empezando por el propio FMI: a saber: más transparencia en el manejo de los recursos, mayor supervisión de las operaciones financieras, liberalización cautelosa de los movimientos de capital y una colaboración leal entre el sector público y el sector privado.

Posteriormente, en noviembre de 1999, el FMI puso en marcha el Servicio para el Crecimiento y la Reducción de la Pobreza (PRGF en su forma en inglés), dirigido a los Países Pobres Altamente Endeudados (PPAE/HIPC). El PRGF, que reemplazaba al Servicio Reforzado de Ajuste Estructural (ESAF), hacía hincapié en la noción de que no podía disociarse la obligación de los estados de estabilizar sus finanzas de la necesidad de asegurar modelos de crecimiento sostenibles y elevar los estándares de vida de las poblaciones. En añadidura, en los meses inmediatamente anteriores a la asunción de Köhler, el FMI decidió suprimir una serie de mecanismos (Fondos de Estabilización Monetaria, Operaciones de Reducción del Servicio de Deuda, el elemento de contingencia del Servicio Financiero de Compensación y Contingencia) para agilizar y simplificar los procesos de asistencia crediticia.

Köhler tomó el testigo a Camdessus dispuesto a continuar con las reformas moderadas en el modus operandi del FMI, si bien los antiglobalistas entendieron que el cambio de director gerente no alteraba un ápice la filosofía de una organización "de y para ricos". En las Reuniones conjuntas de Primavera del FMI y el BM en 2000, celebradas en Washington del 11 al 17 de abril, el Directorio Ejecutivo decidió crear una oficina independiente para evaluar las actuaciones del FMI, en paralelo a las actividades de evaluación interna y externa ya en curso; mientras en el exterior, 30.000 activistas intentaban sabotear la conferencia. La 55ª edición de las Reuniones de Otoño, de más nivel que las de Primavera al convocar a la Junta de Gobernadores (integrada por los ministros de Finanzas y o los gobernadores de los bancos centrales de cada país miembro) del FMI y que reciben el nombre de Reuniones Anuales, tuvieron lugar en Praga del 19 al 28 de septiembre en similares circunstancias de denuncia de extraños y de insistencias de propios en que se estaba trabajando duro para conciliar macroeconomía y socioeconomía.

Los cuatro años de dirección gerencial de Köhler produjeron un rosario de decisiones que pivotaron sobre cuestiones tales como la transparencia informativa de la institución, la prevención eficaz de las crisis financieras internacionales, la lucha contra la pobreza y la lacra rampante del terrorismo, y lo que él llamó una "aproximación política" al fenómeno de la globalización de los intercambios.

Así, en marzo de 2001 se anunció la creación del Departamento de Mercados de Capital Internacional para reforzar la vigilancia de las turbulencias financieras. En noviembre siguiente, al socaire de medidas de seguridad especiales debido a los atentados del 11 de septiembre en Nueva York y Washington (que motivaron la cancelación de las Reuniones Anuales), una asamblea restringida adoptó en Ottawa una serie de compromisos para secar las fuentes de financiación del terrorismo internacional, y combatir el lavado de capitales procedentes de actividades criminales y otros delitos económicos. Y en abril de 2003, el Comité de Desarrollo aprobó un proyecto conjunto con el BM para supervisar las políticas y acciones emprendidas o requeridas en aras del cumplimiento de los objetivos trazados por la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Comercio y el Desarrollo (CNUCED) y la reciente Cumbre de la ONU sobre Desarrollo Sostenible en Johannesburgo, principalmente el de reducir a la mitad de aquí a 2015 el número de habitantes del planeta que malviven bajo el umbral de la pobreza.

Por otra parte, Köhler participó en la Reunión Anual de 2002 del Foro Económico Mundial (FEM) o Foro de Davos, celebrada en febrero en Nueva York, y en la 29ª Cumbre del G-8 en Evian, Francia, en junio de 2003, como interlocutor del llamado Diálogo Alargado entre los gobiernos del G-8, Suiza y once países en desarrollo, más el FMI, el BM, la OMC, la UE y la ONU. En octubre de 2003 su alma máter, la Universidad Eberhard Karls, le otorgó una cátedra honorífica.


3. Elección como presidente federal de Alemania

El 4 de marzo de 2004 Köhler presentó la dimisión como director gerente del FMI tan pronto como se le comunicó desde Berlín que era el candidato conjunto de la CDU, la CSU y el FDP para el puesto de presidente federal de Alemania, en sustitución del socialdemócrata Johannes Rau. La elección del noveno jefe nominal de la RFA desde 1949 le correspondía a la Asamblea Federal o Bundesversammlung, colegio electoral formado por los 603 diputados del Bundestag o Cámara baja del Parlamento federal y otros tantos pertenecientes a los landtags o parlamentos de los estados, que enviaban a Berlín delegaciones proporcionales a la situación de fuerzas en sus hemiciclos.

La elección de Köhler, bien al primer intento, bien al segundo, era prácticamente segura, ya que los partidos que le patrocinaban reunían la mayoría absoluta merced a la sucesión de derrotas encajadas por el SPD en las elecciones estatales en los últimos años. Claro que al consenso sobre su candidatura no se llegó sino después de zanjar un recio regateo los respectivos cabezas de facción, Angela Merkel por la CDU, Edmund Stoiber por la CSU y Guido Westerwelle por el FDP. Fue Merkel quién convenció de la idoneidad de Köhler al bávaro Stoiber, que había propuesto al ex presidente democristiano Wolfgang Schäuble, y a Westerwelle, que incluso había llegado a reunirse con Schröder con la aparente intención de hacer almoneda con la elección presidencial.

En la mal llamada "campaña de las presidenciales", dada la inexistencia de liturgia preelectoral y de confrontación o propaganda de programas propiamente dichos, Köhler deslizó confidencialmente críticas a Estados Unidos por su "arrogancia" y su incapacidad para "ganar la paz" en Irak. El 23 de mayo, el avezado economista y financiero fue proclamado presidente en la primera votación del Bundesversammlung con 604 votos, uno por encima de la mayoría absoluta –luego no contó con la preferencia de 18 asambleístas de la tripleta opositora-, frente a los 589 recibidos por la candidata de Schröder y Fischer, Gesine Schwan, catedrática de Ciencias Políticas y rectora de la Universidad Viadrina de Frankfurt del Oder, afiliada al SPD.

Tras su elección, el ex director del FMI hizo una alocución de agradecimiento en la que se presentó como un patriota alemán que no veía contradicción entre "amar a Alemania" y defender la globalización, siempre que ésta contara con una "dirección política". Expresó su preocupación por las "dificultades económicas", el "dramático envejecimiento de la población" y el "riesgo de crear sociedades paralelas" en las ciudades, afirmó que el país necesitaba "cambiar de mentalidad", estableciendo un "nuevo equilibrio entre la responsabilidad individual y la solidaridad colectiva", y advirtió de la emergencia de "nuevas grietas" en la sociedad alemana. El tono de confianza en el devenir nacional dominó cuando Köhler apeló a los jóvenes a desarrollar sus compromisos personales y así convertir a la Alemania del siglo XXI "en un genuino país de ideas", a la vez que en "un país de niños".

El 1 de julio Köhler inauguró su mandato quinquenal al frente de una oficina de naturaleza ceremonial, institucional y representativa, desprovista de poderes ejecutivos, pero que brinda a su titular una nada desdeñable proyección en la arena internacional. Además, ha sido frecuente en los presidentes federales el ejercicio de una influencia sobre los debates políticos, donde su voz suele contar con autoridad moral.

El tacto, la circunspección y una tendencia a formular valoraciones generalistas o abstractas conforman la actitud que los partidos políticos esperan del presidente federal en la democracia parlamentaria alemana. Así que cuando en septiembre de 2004 Köhler, en una entrevista concedida al semanario Focus, sostuvo que en la RFA había habido y seguía habiendo "grandes diferencias en las condiciones de vida, tanto del norte al sur como del oeste al este", y que intentar allanarlas echando mano de las subvenciones públicas legaría a las futuras generaciones "una carga de deudas insoportable, se levantó una polvareda en la que terciaron las reacciones negativas de los partidos principales. Las diversas fuerzas políticas reprocharon al presidente tanto su "resignación" frente al foso socioeconómico que desde la unificación separaba a los alemanes del oeste y del este, como la inoportunidad de sus comentarios en vísperas de las elecciones estatales en Sajonia y Brandenburgo, donde el agudo descontento social hacía pronosticar importantes subidas del voto de los ex comunistas y la extrema derecha.

(Cobertura informativa hasta 1/10/2004)



CIDOB News

Boletín de noticias y novedades de la Fundación.


Subscríbete.

Subscripcion al boletin de noticias

Entregas anteriores