Jabir Al Sabah

Datos relevantes

Actualización: 7 de Septiembre de 2006
Credito fotografico: Copyright US Department of Defense/Helene C. Stikkel
Jeque Jabir Al Ahmad Al Jabir Al Sabah

Kuwait

Emir; ex primer ministro

Duración del mandato: 31 de Diciembre de 1977 - 15 de Enero de 2006

Nacimiento: Ciudad de Kuwait, gobernaduría de Al Asimah , 29 de Junio de 1926

Defunción: Ciudad de Kuwait, gobernaduría de Al Asimah , 15 de Enero de 2006

Credito fotografico: Copyright US Department of Defense/Helene C. Stikkel

Resumen

Tercer hijo del jeque Ahmad Al Jabir Al Sabah, dirigente de Kuwait desde 1921 hasta su muerte en 1950, y de la primera de sus 15 esposas, Bazba bint Salim Al Sabah, se educó en la Escuela Al Mubarakiyyah de Kuwait y a cargo de tutores privados en Palacio. Las fuentes citan que el estallido de la Segunda Guerra Mundial le impidió seguir estudios en Gran Gretaña, la potencia que desde 1914 ejercía sobre el país un régimen de protectorado.

Biografía

Tras acabar su formación fue gobernador de Al Ahmadi, una de las cinco muhafazah o prefecturas en que se divide el país, entre 1949 y 1959, año en que pasó a presidir el Departamento de Finanzas y Economía, y de 1949 a 1954 estuvo al tanto también de la seguridad de los recién inaugurados campos petroleros.

Después de conceder los británicos la independencia (19 de junio de 1961), el jeque Jabir se convirtió en el primer jefe de Gobierno del Estado de Kuwait el 17 de enero de 1962, cuyo primer emir fue el jeque Abdullah Al Salim Al Sabah, tío suyo en segundo grado (al ser primo carnal de su padre, el jeque Ahmad). A partir de esa fecha Jabir se hizo cargo también de los ministerios de Finanzas, Industria y Comercio. El 2 febrero de 1963 cedió las riendas del Gobierno al hermano menor del emir, el jeque Sabah Al Salim Al Sabah, pero el 30 de noviembre de 1965, seis días después de asumir el segundo el emirato por el fallecimiento del primero, Jabir recuperó su anterior puesto.

La acumulación de méritos en la gestión financiera de un Estado abocado a una fabulosa prosperidad y en la contención de las apetencias anexionistas del régimen republicano de Irak, permitieron que el 31 de mayo de 1966 Jabir fuera nombrado por consenso entre los jeques príncipe heredero de la casa de Sabah, reinante desde 1751. Así, el 31 de diciembre de 1977 sucedió a su tío nada más producirse su fallecimiento como tercer emir del Kuwait independiente. El 8 febrero de 1978 cedió la jefatura del gobierno a su primo cuatro años menor, el jeque Saad Al Abdullah Al Salim, designado heredero al trono el 31 de enero anterior.

La trayectoria de los Sabah ha estado íntimamente ligada a las vicisitudes políticas y militares en el golfo Pérsico, zona sensible de la economía mundial en la que el pequeño emirato ocupa una posición altamente estratégica, a caballo entre Arabia Saudí, Irak e Irán, y dominando las terminales de embarque de petróleo de Mesopotamia. En la guerra irano-irakí de 1980-1988 el emir Jabir se alineó, al igual que los demás monarcas del Golfo liderados por Arabia Saudí, con el Gobierno republicano de Bagdad. Aunque el régimen laico y socializante de Saddam Hussein divergía diametralmente del absolutismo conservador y confesional del emirato, éste constituía un baluarte contra el aún más temido fundamentalismo revolucionario iraní.

En el bienio 1987-1988 los petroleros con procedencia y destino a Kuwait hubieron de ser protegidos por las armadas de Estados Unidos y otros países occidentales de los ataques iraníes. Asimismo, se produjeron actos episódicos de terrorismo interior a cargo de grupos integristas, como los ataques con bomba contra las embajadas de Estados Unidos y Francia en diciembre de 1983 y el atentado contra el cortejo del emir en mayo de 1985.

Concluida la guerra en el Golfo en agosto de 1988, las relaciones con Irak se abocaron a una grave crisis en el verano de 1990, cuando Saddam acusó al emirato de explotar yacimientos petroleros presuntamente situados en territorio irakí, y de exportar cuotas de crudo superiores a las estipuladas por la OPEP, favoreciendo así la caída del precio del barril en un momento en el que Irak necesitaba un petróleo caro para saldar sus gigantescas deudas de guerra y pagar la reconstrucción de sus infraestructuras. Las mediaciones árabes fracasaron y el 2 de agosto el Ejército irakí invadió y ocupó el país sin apenas resistencia, provocando la huida del emir y la familia real a la ciudad saudí de Ta'if.

Sólo el jeque Fahad, uno de los nueve hermanastros del emir y militar de carrera, se quedó atrás para presentar junto con un pelotón de guardias una resistencia heroica pero suicida a los agresores: fue abatido cuando intentaba repeler a tiros la columna de soldados irakíes que venía a tomar el palacio Dasmán. Luego, dos hijos de Fahad mantuvieron viva la llama de la resistencia kuwaití hasta que se produjo la liberación.

Jabir, que hasta la invasión era un estadista poco notorio -se le conocían sus hábitos austeros, su preferencia por la vida recluida y su observancia estricta del Islam sunní- permaneció en una suite del hotel Sheraton de Ta'if durante toda la crisis y posterior reconquista de Kuwait por el contingente internacional encabezado por Estados Unidos, que dio término a las operaciones bélicas el último día de febrero de 1991.

Entonces se dijo que el traumático exilio le hundió en una depresión tan aguda que optó por descargar en el jeque Saad la responsabilidad de reorganizar el Gobierno y dirigir las complicadas negociaciones diplomáticas y financieras con sus valedores en el esfuerzo de guerra. El 14 de marzo el emir regresó a la capital e instauró la ley marcial por un tiempo limitado, a fin de facilitar la reconstrucción del país, devastado por las destrucciones bélicas, los saqueos y tropelías cometidos por las tropas irakíes y el incendio provocado de cientos de pozos de petróleo.

El proceso de reconstrucción avanzó a buen ritmo gracias al Fondo General de Reservas y a la repatriación de inversiones financieras del exterior: ya el 28 de julio de 1991 pudo reanudarse la exportación de petróleo, el 7 de noviembre siguiente el último fuego quedó extinguido y justo un año después la producción de crudo recuperó el nivel anterior a agosto de 1990, esto es, 1,5 millones de barriles por día. Por lo demás, el nuevo trazado de la frontera con Irak aprobado por la ONU en abril de 1992 favoreció a Kuwait, que recibió la totalidad del disputado campo petrolífero de Rumaila y algunas áreas del puerto de Umm al-Qasr.

La dispendiosa liberación del emirato para restablecer el equilibrio estratégico en el Golfo grato a las potencias occidentales, más la persecución de supuestos sospechosos de colaboracionismo con el efímero ocupante -saldada en algunos casos con condenas a muerte-, confirieron legitimidad a las opiniones públicas internacional y local para exigir al emir cambios democráticos, en particular la restauración de la Asamblea Nacional (Majlis al-Umma) disuelta el 3 de julio de 1986 luego de las elecciones de febrero de 1985 (en 1981 había decretado una primera restauración del poder legislativo tras cinco años de suspensión).

Así, el 5 de octubre de 1992 se celebraron comicios a la nueva Asamblea Nacional, que, pese a su mínima base democrática, permitieron un cierto pluralismo de candidaturas encuadradas en cuatro tendencias: panarabistas e izquierdistas, fundamentalistas sunníes y shiíes, liberales laicos y reformistas, y monárquicos conservadores.

Los aspirantes a diputados no pudieron elaborar listas de partidos, que seguían prohibidos, y el censo electoral sólo afectaba al 13% de la ciudadanía, ya que excluía a las mujeres, a los menores de 21 años y a todo varón cuyo linaje no fuera kuwaití desde 1920, lo que reducía el cuerpo electoral a 81.000 privilegiados. Ni que decir tiene que los extranjeros estaban privado de ese derecho cívico. Pese a la salida masiva de residentes árabes -sobre todo palestinos y egipcios- en 1990 a causa de la invasión, los residentes foráneos aún superaban los 800.000, frente a los 600.000 kuwaitíes.

Los candidatos de la oposición se hicieron con 32 de los 50 escaños reservados a la libre competición, sumando el 64% de los votos, pero la familia reinante no vio menoscabado su control total del poder, dadas las amplias atribuciones ejecutivas y legislativas del emir, incluida la designación de los ministerios clave del Gobierno, y la gestión exclusiva de la producción petrolera.

El 7 de octubre el primer ministro Saad dimitió ritualmente sólo para ser vuelto a nombrar por su primo cinco días después, en lo que fue considerado por la oposición un desafío al veredicto de las urnas. Como contrapartida, en el nuevo Gobierno que se constituyó sólo 9 de los 15 miembros se ubicaron en el oficialismo, de manera que en la composición final de la Asamblea, ampliada a los 66 miembros con la adición de todos los miembros del Gobierno como diputados ex-officio, la oposición siguió ostentando una sensible mayoría de dudosa efectividad.

Los comicios del 7 de octubre de 1996 no trajeron cambios sustanciales a este modelo, por lo demás inédito en una zona dominada por monarquías absolutas sin concesión alguna a manifestaciones electorales de cualquier tipo. Los ciudadanos con derecho al voto fueron ahora 107.000 hombres, el 17% de los nacionales kuwaitíes y el 7% del conjunto de la población, y otorgaron a los partidarios de los Sabah una treintena de escaños.

En la segunda legislatura el diálogo entre los poderes ejecutivo y legislativo llegó a un bloqueo por la negativa de la mayoría de diputados tradicionalistas a sancionar varias reformas de calado impulsadas por el emir, como la apertura del monopolio estatal del petróleo al capital extranjero y, sobre todo, la equiparación de derechos políticos entre hombres y mujeres para que éstas pudieran votar y ser elegidas. Los fundamentalistas, además, pugnaban por la imposición de la sharía o ley islámica como única fuente de derecho.

El emir optó por disolver la cámara el 4 de mayo de 1999 y en las nuevas elecciones del 3 de julio los gubernamentales sólo consiguieron capturar 16 escaños, los mismos que los liberales. Los islamistas y notables tribales reunieron 18 actas. Al poco de convocar las elecciones anticipadas el emir intentó romper la parálisis institucional decretando la concesión de plenos derechos políticos a las mujeres, efectivos en la próxima consulta electoral, en 2003.

No obstante, la Asamblea dominada por los tradicionalistas revocó la medida en dos ocasiones, primero en junio por 41 votos contra 21 y de nuevo el 30 de noviembre, días después de que el grupo liberal solicitara incluir el punto en el nuevo período de sesiones, por 32 votos a favor, 30 en contra y 2 abstenciones. Paradójicamente, entre los que se opusieron al decreto del emir había promotores de la igualdad jurídica de la mujer, pero justificaron su veto en rechazo al instrumento elegido por el jefe del Estado, que juzgaban anticonstitucional.

La casa real kuwaití ha secundado sin reservas la posición de dureza con Irak de las administraciones de Estados Unidos y de su aliado británico, tanto en el capítulo del hostigamiento militar -el emir sostiene que el derrocamiento de Saddam es ineludible- como en el de las sanciones de la ONU, incluida la dispensa de "petróleo por alimentos". Confiado en el paraguas de seguridad que le brinda el dispositivo militar de Estados Unidos, el Gobierno kuwaití viene insistiendo en que la normalización de las relaciones con Irak pasa por el esclarecimiento del paradero de los prisioneros y desaparecidos de guerra, pendiente desde la invasión de 1990.

En este sentido, el reconocimiento por Bagdad de las fronteras y la soberanía de Kuwait el 10 de noviembre de 1994 no disipó la tremenda desconfianza que inspira el imprevisible régimen irakí. En lo que se refiere a la normalización de relaciones diplomáticas mayores progresos se han hecho con los estados que apoyaron a Saddam durante la guerra, como Yemen y Jordania.

Uno de los mayores interrogantes de la realidad kuwaití lo suscita la cuestión sucesoria, toda vez que la salud quebradiza del emir es bien conocida y que el estado de salud del príncipe heredero llegó a ser alarmante en la segunda mitad de los años noventa. Además, pesa la complejidad del propio sistema de sucesión, que no sigue la línea directa de ascendientes a descendientes, sino que alterna entre los cabezas de las dos grandes ramas de la familia Sabah. Desde la muerte del emir Mubarak el Grande en 1915, al frente del emirato se han ido sucediendo los descendientes de sus dos hijos mayores, Jabir, que reinó hasta 1917, y Salim, que lo hizo después de su hermano hasta 1921.

La única excepción a esta alternancia ocurrió en 1965, cuando el jeque Abdullah, primer emir del Kuwait independiente, fue sucedido por su hermano Sabah. Precisamente en 1977 la alternancia fue restaurada con el retorno de la línea de Jabir. Puesto que el actual príncipe heredero Saad es de la línea de Salim, para que la tradición se perpetúe su sucesor deberá ser pariente en primera sanguinidad del emir actual. El candidato más sólido es su hermanastro Sabah Al Ahmad, ministro de Asuntos Exteriores desde 1963, aunque sólo es tres años más joven que él y por tanto un año mayor que el primo al que podría reemplazar.

El emir kuwaití está acogido al permiso coránico de la poligamia y ha tomado a 13 esposas, las cuales, junto con varias cortesanas, le han proporcionado 21 vástagos varones y 18 hembras.

(Cobertura informativa hasta 20/5/2001)



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