1. Un historial de soldado temerario e implacable
2. Halcón en lides militares y políticas
3. La invasión de Líbano y las masacres de Sabra y Shatila
4. Retorno al primer plano de la actualidad israelí: hacia el liderazgo del Likud
5. La visita a la Explanada de las Mezquitas: el rédito electoral de un lance incendiario
6. Estrategia de guerra antipalestina a ultranza
7. Desafío a la comunidad internacional
8. Objeción de la Hoja de Ruta y acorralamiento de Arafat
9. El Plan de Desconexión de Gaza y tumulto en el Gobierno
10. Fundación del partido Kadima e incapacitación física
1. Un historial de soldado temerario e implacable
Hijo de judíos ruso-lituanos que emigraron desde el Azerbaidzhán soviético a Palestina en 1922, el padre, Shmuel Scheinermann, antiguo estudiante de agronomía en la Georgia zarista y sionista convencido, cambió el apellido de la familia por la forma hebrea Sharon, que era el nombre del valle en el que se situaba el
moshav agropecuario donde se estableció con su esposa, Kfar Malal, a pocos kilómetros al nordeste de Tel Aviv. Precedido por una hermana dos años mayor, Yehudit, el niño Ariel vino al mundo en 1928 en esa cooperativa agrícola; así, el futuro militar y estadista estaba llamado a ser uno de los primeros
sabras, es decir, israelíes nacidos en Palestina, en alcanzar los más altos puestos dirigentes en el Estado de Israel.
El muchacho ingresó en el movimiento sionista juvenil Hassadeh hacia 1938, cuando la armonía hogareña se resentía por la negativa de los padres, pese a simpatizar con el Mapai, el partido socialista que lideraba David Ben-Gurion, a someterse a la rígida organización asamblearia de Kfar Malal, inspirada en el comunismo soviético, lo que les había granjeado el ostracismo de sus convecinos y obligado a adoptar una especie de autarquía económica.
En 1942, con 14 años, para escapar de las desavenencias entre sus padres, Sharon se alistó en el Gadna, un batallón paramilitar juvenil dependiente de la Fuerza de Defensa Judía o Haganah, el ejército clandestino concebido para la protección de la población judía frente a los ataques de los árabes y embrión de las futuras Fuerzas de Defensa Israelíes (FDI, o Tzahal), que además estaba vinculado al mayoritario sionismo de izquierda.
Mientras cursaba la educación secundaria en Tel Aviv, Sharon fue admitido en la Haganah. En 1945 la organización le envió a un curso para la formación de oficiales y dos años después le encomendó la instrucción de unidades especiales para la vigilancia de los
kibbutz y demás asentamientos de colonización. El 14 de mayo de 1948 concluyó el Mandato Británico de Palestina y Ben-Gurion proclamó el Estado de Israel; de inmediato, estalló la guerra abierta con los estados árabes que habían prometido liquidar la empresa sionista en Palestina. Al iniciarse las hostilidades, Sharon recibió el mando de una compañía de infantería en la Brigada Alexandroni. Antes de terminar el mes entró en combate en Jerusalén, en el curso de la primera batalla para intentar romper el asedio de los residentes judíos por la Legión Árabe –el Ejército regular jordano-, resultando herido de gravedad.
En septiembre de 1949, una vez terminada la guerra con victoria para Israel (que se anexionó los territorios de Palestina adjudicados por la ONU a un futuro Estado árabe así como la parte occidental de Jerusalén), Sharon fue promovido a comandante de la unidad de reconocimiento de la Brigada Golani, también conocida como la 1ª Brigada de las FDI, y en 1951 se integró en la Inteligencia Militar, la Aman, donde recibió la misión de reunir información sobre las actividades guerrilleras palestinas en las fronteras con Siria y Líbano.
A partir de 1952, año en que fue exonerado temporalmente del servicio para tomar clases de Historia de Oriente Próximo en la Universidad Hebrea de Jerusalén, Sharon comenzó a dirigir operaciones de comando contra territorio jordano a modo de represalias por los mortíferos ataques terroristas sufridos por numerosos asentamientos judíos en el área de Jerusalén. En agosto de 1953, ostentando el rango de mayor, recibió del primer ministro el encargo de organizar la Unidad 101, una sección de infantería de las FDI especializada en misiones encubiertas como sabotajes, asesinatos selectivos y otras acciones de castigo y venganza típicas de la guerra sucia que se libraba en la región. Al frente de esta controvertida unidad de élite, Sharon comenzó a cimentar su fama de militar expeditivo y poco escrupuloso.
Así, el 14 de octubre de 1953 sus hombres penetraron en el pueblo cisjordano de Qibya y asesinaron sin miramientos a 69 civiles palestinos, niños y mujeres en su mayoría, valiéndose de sus armas automáticas y de cartuchos de dinamita. La masacre fue condenada por Estados Unidos y el Consejo de Seguridad de la ONU, pero Sharon recibió el respaldo de Ben-Gurion. Sin embargo, el primer ministro siguió los consejos del alto mando militar y a principios de 1954 ordenó que la 101 se integrara en el 890 Batallón, o unidad de comandos aerotransportados, dando lugar a la 202 Brigada Paracaidista.
Sharon continuó en primera fila como comandante de la nueva brigada, que no tardó en demostrar sus letales capacidades. En febrero de 1955, una vez repuesto de las heridas sufridas seis meses atrás en una acción similar contra un puesto fronterizo cerca de Deir al-Balah, condujo personalmente un aparatoso raid contra posiciones egipcias en la franja de Gaza, con el resultado de 42 soldados enemigos muertos y ocho bajas propias. En octubre de 1956 el objetivo fue un fortín de la Legión Árabe en Qalqilya, Cisjordania, operación en la que perecieron 18 israelíes y cerca de un centenar de jordanos.
Pero la acción que consagró la nombradía del jefe de la Brigada Paracaidista fue la captura del estratégico paso de Mitla, corredor que comunica la desértica península del Sinaí y el extremo meridional del Canal de Suez, en noviembre de 1956, durante la invasión del Egipto nasserista en paralelo a la intervención militar franco-británica para hacerse con el control del Canal. Tácticamente brillante aunque estratégicamente imprudente y de hecho innecesario, el asalto aeroterrestre montado por Sharon costó 38 bajas en las filas israelíes.
La acción de Mitla fue el episodio más vistoso por parte israelí de esta breve guerra que se saldó sin ganancias territoriales para el Estado judío, pero a Sharon le acarreó una severa amonestación del Estado Mayor de las FDI, entonces encabezado por el general Moshe Dayan, por desobedecer las órdenes y actuar por su cuenta. Esta indisciplina, que, aguijoneada por el fragor de la lucha, iba a manifestarse de nuevo en el futuro, entorpeció el ascenso en el escalafón de Sharon, que de lo contrario, considerando su historial repleto de medallas y servicios distinguidos, tal vez habría llegado a la cima, esto es, la jefatura del Estado Mayor de la FDI.
Desmovilizado en 1957 para asistir a un cursillo de teoría militar en la Escuela de Estado Mayor de Camberley, en Surrey, Inglaterra, al año siguiente regresó al servicio activo como comandante de la Escuela para Cuerpos de Infantería y Comandantes de Escuadrón (BISLACH), comandante de una brigada de infantería y comandante de una brigada blindada. Asimismo, amplió su formación académica tomando clases de Derecho en la Universidad de Tel Aviv, hasta recibir la correspondiente licenciatura.
El 2 de mayo de 1962 Sharon enviudó de la que desde 1953 era su esposa, Margalit, una judía emigrada de Rumanía y que trabajaba de enfermera en un hospital psiquiátrico; con 31 años, Margalit Sharon se mató en un accidente de tráfico sufrido en la carretera de Jerusalén a Tel Aviv, donde el vehículo Austin que conducía chocó frontalmente con un camión. Meses después, en 1963, el militar volvió a casarse y con su propia cuñada, Lily, hermana mayor de Margalit, que se ganaba la vida como pintora y decoradora de interiores. Lily Sharon se convirtió en la madrastra de quien ya era su sobrino, Gur, un niño de seis años, y luego sería la madre biológica del segundo y el tercer hijos de Sharon, Omri, nacido en 1964, y Gilad, respectivamente.
La llegada del general Yitzhak Rabin a la jefatura del Estado Mayor en 1964 fue el revulsivo que la estancada carrera militar de Sharon necesitaba. Ese mismo año fue nombrado jefe del Comando Norte, que vigilaba al Ejército sirio, y en 1966 fue puesto al frente del Departamento de Instrucción del Ejército. La guerra de los Seis Días, iniciada el 5 de junio de 1967 como un ataque sorpresa de las FDI contra Egipto, Siria y Jordania, empujó hacia arriba la trayectoria castrense de Sharon, siempre deseoso de entrar en acción.
Promovido a general de división para la circunstancia, su unidad de caballería, la 138 División Acorazada de Reserva, fue una de las cuatro puntas de lanza que emprendieron la galopada hacia el Canal de Suez, conquistando Abu Ageila, alcanzando el paso de Mitla -ocupado ya por los paracaidistas- y continuando hasta la misma orilla del Canal en el área de Suez en sólo dos días, ocasionando el derrumbe de las defensas egipcias. Con todo, la mayor fama y la gloria se las llevaron los generales Dayan, ministro de Defensa, y Rabin, jefe del Estado Mayor, quienes se personaron en el Muro de las Lamentaciones tan pronto como la parte oriental de Jerusalén y los Santos Lugares fueron arrebatados al Ejército jordano. Además del Sinaí y Jerusalén oriental, Israel salió de esta fulminante campaña engrandecido con los territorios de Gaza, Cisjordania y los Altos del Golán, puestos bajo un régimen de ocupación militar.
De regreso del campo de batalla en el Sinaí, Sharon se encontró con que la fatalidad volvía a cebarse con su familia. El 4 de octubre de 1967, su primogénito, Gur, con 11 años, resultó muerto de un disparo efectuado accidentalmente mientras jugaba con unos amigos con una vieja pistola cargada de pólvora. Según relatos periodísticos que recogen el suceso, el niño expiró en los brazos de su desolado padre cuando éste lo conducía en coche hasta el hospital.
2. Halcón en lides militares y políticas
En 1969 Sharon fue nombrado jefe del Comando Sur del Estado Mayor, con lo que se puso al frente de las operaciones encuadradas en la llamada
guerra de desgaste, el conflicto intermitente y de baja intensidad que hasta 1970 continuaron librando las FDI y el Ejército egipcio. En Gaza, combatió a los fedayines palestinos de la OLP.
El general tenía puesto el ojo en la jefatura del Estado Mayor, pero en diciembre de 1971 el Gobierno laborista de Golda Meir se decantó por David Elazar como recambio de Haim Bar-Lev. Frustrado, en julio de 1973 el
héroe del Sinaí decidió pasar a la reserva militar, montar un negocio agropecuario en el desierto del Neguev, para lo que adquirió una inmensa hacienda, y, más importante, meterse en política. En parte porque guardaba resentimiento a las élites laboristas que habían gobernado el Estado desde la independencia y con cuyos ideales de hecho había simpatizado, Sharon se ofreció a la oposición derechista como un fichaje del que andaban muy necesitados: un héroe de guerra con tirón popular para encabezar una lista de candidatos.
En septiembre de 1973 Sharon fue uno de los artífices del Likud (Consolidación), bloque formado por la alianza Gahal, que integraban a su vez los partidos Herut (Libertad) de Menachem Begin y Liberal (Libralit) de Peretz Bernstein, más dos pequeñas formaciones de la extrema derecha nacionalista. Begin fue designado líder del bloque y Sharon obtuvo un puesto señero en las listas del Gahal de cara a las elecciones generales que debían celebrarse en octubre, pero un nuevo estallido bélico, el sorpresivo ataque de Egipto y Siria en la festividad judía del Yom Kippur, el 6 de octubre, dejó en suspenso todos los tejemanejes políticos y reclamó con urgencia a Sharon, que volvió a enfundarse el uniforme.
El general regresó a toda prisa al terreno que conocía perfectamente, el área del Sinaí próxima a Suez, al mando de la 143 División Acorazada de Reserva. El primer día de la guerra desobedeció la orden de Dayan de replegarse, ante la avalancha de las tropas egipcias (mucho mejor entrenadas y pertrechadas que en 1967), a posiciones defensivas 120 km al este del Canal. Más aún, contraatacó, cruzó la lengua de mar e instaló una cabeza de puente en la orilla egipcia, abriendo así una brecha en la retaguardia enemiga. Sin embargo, sus hombres quedaron peligrosamente expuestos en casi todos los flancos, así que acató al Estado Mayor y se replegó a la orilla derecha.
Sus ansias de pelea encontraron desahogo el 15 de octubre, cuando el Estado Mayor ordenó la contraofensiva general en el Sinaí: Sharon atravesó el Canal en el área de los Lagos Amargos y estableció una sólida cabeza de puente a modo de cuña entre el II y el III ejércitos egipcios, situados respectivamente al norte, entre Port Said e Ismailía, y al sur, entre Ismailía y Suez.
En los días siguientes, Sharon, con miles de soldados y cientos de tanques de refuerzo bajo sus órdenes, profundizó su incursión en la retaguardia egipcia en varias decenas de kilómetros, llegando hasta los arrabales de Ismailía y cortando la carretera El Cairo-Suez, lo que completó el cerco del III Ejército egipcio adelantado en el Sinaí, que vio yuguladas sus líneas de suministros. La perspectiva de una catástrofe militar egipcia que Sharon, con su furioso arrojo, estaba a punto de provocar, apremió al presidente Anwar as-Sadat a aceptar un armisticio que fue firmado el 11 de noviembre.
Sharon, ya ampliamente conocido como
Arik, salió de su cuarta guerra más aureolado que nunca, de manera que en las elecciones legislativas del 31 de diciembre no tuvo dificultad para ganar el escaño en la Knesset o Parlamento. Pese a la animosidad general contra el Partido Laborista (Avoda) de Meir, Dayan y
Shimon Peres, y los mandos militares por su imprevisión y desaciertos en la reciente contienda, el Likud, con 39 escaños, volvió a perder. Al inquieto Sharon le debió aburrir la actividad como diputado de la oposición, ya que al cabo de un año, el 23 de diciembre de 1974, dejó la Knesset y, aspirando a puestos de más enjundia, se aproximó al Avoda en el poder.
Sharon aceptó comandar un cuerpo de la reserva acorazada de las FDI y como tal se encargó de la pacificación de la franja de Gaza, densamente poblada por palestinos. La brutalidad de sus métodos levantó tales protestas en la opinión pública israelí que el Gobierno hubo de cesarlo a mediados de 1975. A cambio, se puso al servicio de Rabin, primer ministro laborista en sustitución de la dimitida Meir, como asesor especial de seguridad. Su nuevo cometido civil duró aún menos que el mandato parlamentario, ya que en marzo de 1976 se despidió de Rabin para reactivar su apenas rodada carrera política.
Primero intentó regresar al Likud, pero Begin le vetó por urdir en su contra una intriga que pretendía desbancarlo del mando del bloque y reemplazarlo por el liberal Simha Erlich. A continuación, se dirigió al Avoda y a un partido centrista de nuevo cuño, el Movimiento Democrático por el Cambio, encontrando sus puertas cerradas también. Visto que ningún partido quería tenerlo en sus filas, Sharon optó por poner en marcha su propia fuerza política, el Partido de la Paz de Sión, Shlomtzion, con el que volvió a la Knesset tras las elecciones del 17 de mayo de 1977 como uno de los dos diputados que consiguió, tratándose el otro del pedagogo Yitzhak Yitzhaky.
La visión política de Sharon, pese a sus prolongados coqueteos con el laborismo, era parangonable al sionismo revisionista más recalcitrante: la construcción de
Eretz Yisrael, el Gran Israel bíblico, como la garantía de unas fronteras estatales seguras frente a la hostilidad indeclinable de los estados árabes y los palestinos. Ello suponía anexar al Estado la totalidad de Jerusalén, el Golán y Cisjordania, territorio llamado Judea y Samaria por Israel, que sería abierto de par en par a la colonización judía. Sharon llegó a proponer la expulsión de todos los palestinos de Cisjordania y su transferencia a Jordania, que consideraba el Estado natural por ellos reclamado.
Cuando Begin, vencedor en los comicios, se dirigió a él en busca de aliados para dotar de mayoría absoluta a su futuro gobierno, Sharon no se lo pensó dos veces y fusionó el Shlomtzion en el Likud, que presentaba planteamientos nacionalistas muy similares. En el Gabinete de amplia coalición y de fuerte perfil derechista y religioso que Begin alineó el 21 de junio, Sharon figuró como ministro de Agricultura y además se hizo cargo del Comité interministerial de Colonización, que tenía jurisdicción sobre los asentamientos en Cisjordania, y tomó asiento en el Comité interministerial de Defensa. Cuando Begin fue preguntado por las razones del nombramiento, el veterano líder conservador declaró: "los árabes respetan la fuerza, y Sharon la encarna".
Mientras Begin negociaba un Tratado de Paz por separado con Egipto que iba a requerir la devolución del Sinaí arrebatado en 1967, Sharon se encargó de acelerar la construcción de colonias en Cisjordania, política de hechos consumados que incumplía flagrantemente la segunda demanda de Sadat, cual era la creación de una autonomía para los palestinos en los Territorios Ocupados, la cual daría lugar eventualmente a una entidad soberana. El
ministro de los bulldozers, como se hizo llamar a pulso, concitó las iras de los palestinos al arrasar poblados árabes de Judea, Samaria y Galilea para levantar con la misma rapidez asentamientos judíos, los cuales llegó a duplicar mientras estuvo en el cargo.
El celo expansionista de Sharon le llevó muchas veces a anticiparse a las decisiones de la Knesset, e incluso a tolerar la colonización salvaje del Sinaí que perseguía boicotear su devolución a Egipto tal como estipularon los Acuerdos de Camp David de septiembre de 1978, aunque tras la firma del Tratado de Paz de marzo de 1979 no tuvo más remedio que colaborar con el Ministerio de Defensa, encabezado por el propio Begin desde 1980, para la desocupación escalonada del territorio. Igual actitud colonizadora, aunque esta vez con el respaldo del Gabinete, adoptó el general retirado en el Golán, como prolegómeno de su anexión formal el 14 de diciembre de 1981. Aunque no era entonces ni lo iba a ser después un hombre religioso, el ministro apoyó al Gush Emunim, el Bloque de los Creyentes, un movimiento político-religioso que esgrimiendo argumentos mesiánicos y bíblicos perseguía la absorción por el Estado de todos los territorios poseídos por los antiguos reinos hebreos.
Después de las elecciones del 30 de junio de 1981, en las que renovó su escaño, Sharon recibió de Begin la codiciada cartera de Defensa en premio a su contribución a la ajustada victoria del Likud, que con el 37,1% de los votos y 48 diputados prácticamente empató con el Avoda. El 5 de agosto el temible
halcón de halcones de la política israelí se puso al frente de los asuntos de la milicia con su traje de civil, alta posición desde la que daría pábulo a la controversia y, finalmente, al escándalo.
3. La invasión de Líbano y las masacres de Sabra y Shatila
Deseoso de poner fin de una vez por todas al "problema palestino", el equipo de Begin, con Sharon como más entusiasta paladín, planeó la invasión a gran escala de Líbano, origen de las incursiones de los fedayines contra el norte de Israel y cuartel general de la OLP de
Yasser Arafat desde su expulsión de Jordania en 1970. El vecino país de los cedros ya había sido objeto de una invasión menos ambiciosa en marzo de 1978, cuando las FDI llegaron hasta el río Litani, pusieron en fuga a los efectivos de la OLP y luego, acatando el mandato del Consejo de Seguridad de la ONU, se replegaron, pero no sin dejar la franja sur vigilada por una milicia libanesa aliada, el Ejército del Sur del Líbano.
La
Operación Paz de Galilea comenzó el 6 de junio de 1982 con la participación de 75.000 soldados, 800 carros de combate, 1.500 vehículos blindados y más de 600 aviones. Compartiendo el mando estratégico con Begin y el mando táctico operativo con el general Rafael Eitan, jefe del Estado Mayor, Sharon condujo al Tzahal a las tomas de Tiro, Sidón, Nabatiyah, el distrito de Chouf y, a partir del día 13, el sector oriental de la capital, Beirut, y el adyacente distrito de Baabda, derrotando a todas las fuerzas irregulares palestinas y regulares sirias salidas a su encuentro y reduciendo a la impotencia al presidente cristiano maronita, Elías Sarkis, y al desvanecido Ejército regular libanés. Arafat, su estado mayor y el grueso de los combatientes de la OLP, cuya liquidación física se pretendía, quedaron cercados en la parte occidental de Beirut, en la zona de mayoría musulmana.
Sharon había prometido una exitosa guerra relámpago de 48 horas, pero ahora las FDI se exponían a enzarzarse en una penosa lucha callejera con las milicias palestinas y sus aliadas libanesas. Begin ordenó arrasar las áreas bajo control de la OLP en Beirut occidental con bombardeos indiscriminados por tierra, mar y aire, pero las presiones internacionales le obligaron a aceptar la evacuación de Arafat y sus hombres bajo la protección de un contingente multinacional, operación que duró del 21 de agosto al 1 de septiembre. A esas alturas,
Paz de Galilea arrojaba un balance estremecedor: unos 17.000 palestinos y libaneses, civiles en su mayoría y 5.000 de ellos en Beirut, habían muerto, mientras que las FDI contaban en sus filas más de 600 bajas mortales y unos 3.000 heridos. Toda la mitad sur de Líbano, ya destrozada por la guerra civil a múltiples bandas que desangraba el país desde 1975, era un campo de ruinas.
Sharon dio por cumplidos los objetivos de la invasión. Pero el 15 de septiembre, al día siguiente de ser asesinado el presidente cristiano electo, Bashir Gemayel -jefe del partido maronita Kataeb, la Falange, mortal enemigo de la OLP y por esa razón aliado tácito de los israelíes- en un atentado orquestado por la inteligencia siria, ordenó a las tropas ocupar Beirut occidental para aplastar los últimos focos de resistencia de las milicias libanesas izquierdistas, una decisión que, se aseguró entonces, no fue consultada con Begin. Al mismo tiempo, Sharon no vaciló en conectar a la OLP, pese al enérgico mentís del exiliado Arafat, con el asesinato de Gemayel. El 16 de septiembre, poniendo un horrible colofón a esta cadena de hechos acreedores de la execración mundial, milicianos falangistas, para vengar el magnicidio de su jefe, penetraron en los campos de refugiados palestinos de Sabra y Shatila en Beirut occidental y hasta el día 18 se dedicaron a asesinar impunemente a sus moradores, muchos de ellos mujeres, niños y ancianos, en un número nunca esclarecido a gusto de todos pero que sin duda fue elevadísimo.
Fuentes judiciales y de la inteligencia israelíes establecieron un balance de víctimas de 460 como mínimo y de 800 como máximo, cifras en las que se movieron los partes de la Cruz Roja, la Policía libanesa y la mayoría de las cabeceras de prensa occidentales. Sin embargo, algunos medios informativos hablaron de más de 1.000 asesinados y la propia OLP cifró los muertos entre 3.000 y 3.500. La implicación de Israel en tan espantoso crimen pareció incuestionable desde el primer momento, ya que las FDI y la Aman controlaban el sector y con toda seguridad estaban al tanto de los planes de las Fuerzas Libanesas afines al Kataeb. De haberlo querido, los militares israelíes habrían, no ya interrumpido, sino impedido la matanza. De hecho, el propio Sharon reconoció el 21 de septiembre que la entrada de las Fuerzas Libanesas en los campos había sido expresamente autorizada por las FDI. Las indagaciones posteriores sacaron en claro que los militares israelíes no sólo habían dejado pasar a los milicianos maronitas, sino que les habían dado apoyo logístico y cubierto las espaldas.
La horrenda masacre de Sabra y Shatila provocó un enorme revuelo internacional y abrió un trauma sin precedentes en la sociedad israelí, cuyos sectores izquierdistas y pacifistas se echaron a las calles de Tel Aviv y Jerusalén para clamar indignadamente contra el Gobierno del Likud. Sharon, escarnecido como "señor de la guerra", "carnicero de Líbano" y -en una alusión irónica a sus ardores sionistas-, "rey de Jerusalén", se convirtió en el símbolo personificado de las contradicciones de un país que se preguntaba dónde estaba el límite entre la legítima defensa y el expansionismo vengativo y cruel. La tormenta doméstica no arreció y Sharon fue uno de los nueve altos dirigentes del Gobierno y el Ejército que hubieron de comparecer a testificar ante la Comisión especial presidida por el juez Kahan, presidente del Tribunal Supremo, puesta en marcha el 10 de octubre para investigar la matanza y depurar las posibles responsabilidades, a priori indirectas, de los mandos políticos.
El 7 de febrero de 1983, después de declarar Sharon "no haber imaginado jamás" que tal tragedia pudiera llegar a producirse, la Comisión concluyó que el ministro de Defensa tenía una "responsabilidad personal" en los hechos al haber incurrido en un "grave error cuando ignoró el peligro de los actos de venganza y derramamiento de sangre por los falangistas contra la población de los campos de refugiados", en vista de lo cual recomendaba su destitución. El 14 de febrero, no sin resistirse a acatar el fallo del juez Kahan, Begin convenció a Sharon para que dimitiera como ministro de Defensa, pero, en señal de solidaridad, le mantuvo en el Gobierno como ministro sin cartera.
Para Sharon este fue el punto más bajo de su carrera, que si hubiese sido la de otra persona habría quedado finiquitada, pero él optó por aguantar el temporal y por regresar al proscenio político a la primera oportunidad. En el Gobierno de unidad nacional formado por el laborista Shimon Peres en septiembre de 1984, luego de unos comicios en los que cosechó su segunda reelección consecutiva, el ex militar fue recuperado como titular de Industria y Comercio, un ministerio poco susceptible de generar polémicas. En él se mantuvo hasta el que el 12 de febrero de 1990 presentó la dimisión como desenlace de su enfrentamiento con el entonces primer ministro y líder del Likud, Yitzhak Shamir, al que acusó de "no hacer nada para liquidar el terrorismo", en referencia al levantamiento popular palestino, la Intifada, estallado en diciembre de 1987 en los Territorios Ocupados. Sharon no escondía su ambición de hacerse con el liderazgo del Likud, pero su estigma libanés era por el momento un hándicap insuperable.
La espantada del pugnaz político sólo fue el preludio de la ruptura del Gobierno de unidad nacional; marchado el Avoda el 13 de marzo en protesta por la renuencia de Shamir a emprender conversaciones con la OLP, el 11 de junio aquel recompuso el Gabinete dando entrada en el mismo a los partidos ortodoxos y de la extrema derecha, con Sharon reenganchado al frente de su ministerio favorito, el de Vivienda y Construcción, desde el que aceleró la maquinaria colonizadora. Hasta el final de la legislatura, Sharon estuvo activo también en el Comité Interministerial de Defensa y presidió el nuevo Comité encargado de supervisar la inmigración de los judíos soviéticos.
4. Retorno al primer plano de la actualidad israelí: hacia el liderazgo del Likud
La victoria del Avoda en las elecciones del 23 de junio de 1992 y la subsiguiente formación por Rabin, el 13 de julio, de un Gobierno comprometido con la compleción del proceso de paz abierto con palestinos, sirios y jordanos en la Conferencia de Madrid de 1991, mandaron al Likud a la oposición por primera vez desde 1977. Sharon se mantuvo activo en la política desde su escaño en la Knesset, pero encontró más tiempo para dirigir sus negocios agropecuarios en su rancho del Neguev, que le estaban convirtiendo en uno de los ganaderos más adinerados del país. Tras el revés del partido en las urnas, Sharon manifestó su intención de competir por el liderazgo del Likud, del que se despedía el añoso Shamir, pero la constatación de sus mínimos apoyos le aconsejó no participar en la elección primaria que en marzo de 1993 ganó el antiguo soldado de operaciones especiales, diplomático y viceministro de Exteriores
Binyamin Netanyahu, un enérgico vocero de las tesis de mano dura con el terrorismo y opuesto a cualquier retrocesión territorial a los palestinos.
En los cuatro años siguientes, Sharon alzó su voz para fustigar los sucesivos acuerdos suscritos por el Gobierno laborista y la OLP en el histórico marco de los Acuerdos de Oslo y la Declaración de Principios de Washington de agosto y septiembre de 1993, que alumbraron un autogobierno interino palestino en Gaza y las ciudades de Cisjordania, la Autoridad Nacional Palestina (ANP, si bien el término "nacional" para referirse a la autonomía era y es omitido por los israelíes, y de hecho no consta en los documentos firmados), en paralelo a la retrocesión de soberanía competencial y la retirada militar israelí por etapas, así como el compromiso de negociar al cabo de cinco años los aspectos cardinales del naciente proceso de paz, a saber, la jurisdicción sobre Jerusalén, el retorno de los refugiados, la definición de las fronteras y el estatus definitivo de la entidad palestina.
Nostálgico de las campañas guerreras que habían puesto a Damasco, Ammán o Suez en la mirilla del Tzahal, y enemigo jurado de cualquier concesión a los palestinos (en junio de 1994 aseguró "lamentar" que Israel no hubiera tenido éxito en el pasado en sus "grandes esfuerzos" por matar a Arafat), el incombustible Sharon se mantuvo en la
reserva política, aguardando el momento en que el electorado reclamara el retorno del Likud al poder. Aunque seguía concitando bastante rechazo entre sus paisanos, más por temor a sus excesos que por verdadera animadversión, no dejó de cultivar una abultada base de simpatizantes en el campo más derechista, en el movimiento colonizador y entre los religiosos ultraortodoxos, a los que ofrecía perspectivas de su agrado con talante populista, no obstante ser un judío totalmente secularizado.
El 29 de mayo de 1996 el Likud, beneficiado por el ambiente de frustración y ansiedad instalado en la opinión pública israelí a raíz del asesinato de Rabin por un fanático ultranacionalista en noviembre de 1995 y de la brutal campaña de atentados terroristas suicidas iniciada en abril de 1994 por el movimiento islamista palestino Hamás contra objetivos civiles de dentro del Estado, ganó las elecciones generales por partida doble: en la votación a primer ministro, Netanyahu, cuyo lema era
Paz con seguridad, batió por la mínima al titular del oficialismo que aspiraba a la reelección, Peres, mientras que en las legislativas, la lista conjunta formada con los partidos Gesher de David Levy y Tzomet del ex general Eitan sacó una exigua mayoría de 32 escaños con el 25,1% de los sufragios.
El 18 de junio Netanyahu alineó con la pléyade de partidos, siete, del arco ortodoxo-derechista un Gobierno de coalición en el que no podía faltar Sharon, que, con su sexto mandato parlamentario consecutivo recién estrenado, recibió un ministerio creado ex profeso para él, Infraestructuras Nacionales. El nuevo primer ministro y superior partidista, de hecho, hablaba su lenguaje: no al Estado palestino, no a la devolución del Golán a Siria, no a la partición de Jerusalén, irrenunciable "capital eterna e indivisible" de Israel, y no al principio de
paz por territorios, que era el leitmotiv de los Acuerdos de Oslo. Para Netanyahu y Sharon, y para el segundo aún con fuertes reticencias, lo más que cabía negociar con Arafat era una
paz a cambio de paz, que otorgaría a su pueblo una autonomía de tipo administrativo, limitada en competencias y en territorios. Lo esencial de Cisjordania debía permanecer bajo la soberanía política y el control militar israelíes.
Con el visto bueno de Netanyahu, en marzo de 1997, al poco de firmarse con los palestinos el Protocolo especial para la retrocesión parcial de Hebrón, las excavadoras de Sharon empezaron a construir un gran barrio judío en Har Homa, en los arrabales de Jerusalén oriental anexados de Cisjordania a su jurisdicción municipal. Fue otra maniobra destinada a reforzar la reclamación israelí sobre toda la ciudad, incluidos los sectores de mayoría musulmana, y provocó, con la reacción violenta de los palestinos, un parón decisivo en el ya renqueante proceso de paz. El 7 de julio de ese año Sharon fue integrado con funciones consultivas en el equipo gubernamental que llevaba las negociaciones con la ANP. Siempre en el extremo de los remisos, allí dejó a las claras su antagonismo al plan de Estados Unidos de entregar a la autonomía palestina un 13% adicional de Cisjordania, pues consideraba que toda entrega territorial superior al 9% dejaba a Israel cojo de seguridad e indefendible.
Netanyahu y Arafat sellaron el acuerdo en Wye Plantation, Estados Unidos, el 23 de octubre de 1998, 14 días después de nombrar el primero a Sharon ministro de Asuntos Exteriores en sustitución del dimitido (la renuncia se remontaba a enero) David Levy, un nombramiento que aplacó a los elementos de la coalición más escorados a la línea dura. Titular de la oficina desde el 13 de octubre, a tiempo para integrarse en las enfebrecidas negociaciones de Wye, Sharon retuvo la cartera de Infraestructuras, una concentración de atribuciones que le convirtió en el
número dos indiscutible del Gabinete. Casualidad o no, el aumento de la influencia de Sharon coincidió con la decisión por Netanyahu, en diciembre, de dejar en suspenso la aplicación del Memorándum de Wye entre acusaciones a la ANP de incumplir las garantías dadas sobre la no proclamación del Estado palestino y la anulación de la amenaza terrorista que suponían Hamás y la Jihad Islámica, pese a que muchas de sus infiltraciones suicidas partían de territorios no transferidos.
En las elecciones generales del 17 de mayo de 1999, anticipadas con el visto bueno de Netanyahu para oxigenar un curso político asfixiado por las turbulencias del Gobierno, pasto de las defecciones y los escándalos, y por las graves trifulcas internas de su principal integrante, el Likud y el primer ministro fueron derrotados por el Avoda y su nuevo líder,
Ehud Barak, otro general retirado con una hoja de servicios atiborrada de méritos y condecoraciones –aunque sin los desacatos y baldones de Sharon, lo que le había permitido alcanzar la jefatura del Estado Mayor- y considerado el heredero político del malogrado Rabin.
Netanyahu presentó de inmediato la dimisión y Sharon asumió con carácter interino la jefatura de un partido minado por las disputas y las deserciones sufridas en los últimos años, que protagonizaron dirigentes del calibre de David Levy, Benny Begin, Dan Meridor y Yitzhak Mordechai, todos ellos ministros dimitidos o cesados. El 6 de julio Sharon cesó en el Ejecutivo con la asunción del Gobierno de Barak –Levy le relevó en Exteriores- e inició su andadura, por el momento sólo provisional, como líder de la oposición y, por ende, candidato hipotético a primer ministro, perspectiva que nadie habría creído factible hacía unos pocos años y que, desde luego, era vista con aprensión por la mayoría, tanto árabes como judíos. La ambición política perseguida sin disimulos desde hacía más de una década estaba a punto de hacerse realidad. El 2 de septiembre de 1999, finalmente, Sharon fue confirmado en la presidencia del Likud con el 53% de los votos efectuados por los militantes, derrotando las postulaciones del alcalde de Jerusalén,
Ehud Olmert, y el ex ministro de Finanzas Meir Sheetrit.
El jefe derechista, que el 25 de marzo de 2000 enviudó de su esposa Lily, victima de un cáncer de pulmón, planteó una oposición destructiva al precario Gobierno de coalición forjado por Barak, contra el que lanzó abundantes diatribas y mociones de censura. Esta labor de zapa contribuyó al resquebrajamiento de un ejecutivo atrapado por las insuperables diferencias en su seno en torno a la decisión del primer ministro de aplicar los acuerdos de Wye y de alcanzar un tratado de paz definitivo con la ANP en 2000, una vez vencido el cronograma de cinco años establecido por los Acuerdos de Oslo. Pero esa perspectiva se reveló irrealizable el 25 de julio de ese mismo año cuando las negociaciones cara a cara en Camp David entre Barak y Arafat terminaron en un rotundo fracaso, a causa del intratable punto del estatus de Jerusalén, entrando la situación en un tenso punto muerto.
5. La visita a la Explanada de las Mezquitas: el rédito electoral de un lance incendiario
El 28 de septiembre de 2000, en este clima de pesimismo general, Sharon, protegido por una nube de guardaespaldas, sonriente, portando gafas de sol y avanzando con sus célebres andares bamboleantes –descritos alguna vez como los propios de una "mezcla de
cowboy y oso polar"-, realizó una inesperada visita a la Explanada de las Mezquitas de Jerusalén, lugar sagrado del Islam sito en la Ciudad Antigua del sector oriental. Este exiguo perímetro, nexo del Barrio Musulmán con el Barrio Judío, era el nudo gordiano al final del camino iniciado hacía nueve años en la Conferencia de Madrid y materia hipersensible, ya que la pujante ortodoxia israelí lo reclamaba a su vez como el Monte del Templo bíblico (Har HaBayit, también llamado Moriah), vinculado a la llegada del Mesías esperado por los judíos y parte de un todo con el contiguo Muro de las Lamentaciones, a su vez único vestigio del desaparecido Segundo Templo.
Con su paseo por el lugar, que, pese a pertenecer a un territorio urbano conquistado militarmente en 1967 y anexado de hecho al Estado por la ley básica de 1980, permanecía bajo custodia de la autoridad árabe musulmana e imponía fuertes restricciones al acceso de los judíos –además, los fieles que conseguían visitarlo, tenían prohibido orar en él-, Sharon envió un nítido mensaje a la opinión pública: Jerusalén era innegociable, y los ultranacionalistas y ortodoxos estaban en su derecho de reclamar el control efectivo del recinto.
Para el mundo árabe y los palestinos, la acción desafiante de Sharon era una provocación en toda regla –portavoces laboristas emplearon esa misma expresión-, aunque los observadores internacionales coincidieron en señalar que el viejo zorro de la política israelí y experto conocedor de las reacciones de los árabes sabía muy bien lo que se hacía. Los disturbios prendidos en el recinto sagrado nada más marcharse Sharon se extendieron rápidamente a otros puntos de Jerusalén y sólo unas horas más tarde a Gaza, las ciudades controladas por la ANP y la restante Cisjordania ocupada. Los enfrentamientos con las FDI dejaron varias decenas de muertos sólo en las primeras 48 horas del estallido de violencia.
La revuelta general palestina, de hecho una segunda intifada, con su espiral mortífera de represalias y contrarrepresalias, llevándose los palestinos con mucho la peor parte al movilizar las FDI una capacidad de fuego desconocida en los Territorios y más propia de las pasadas contiendas bélicas en los países árabes vecinos, taponó los últimos resquicios de confianza entre palestinos y judíos, y abocó al atribulado proceso de paz de Oslo al colapso.
Calificado prematuramente de "cadáver político" por su provocadora acción, Sharon, por el contrario, lo que hizo fue recibir encendidas adhesiones desde sectores externos al Likud. A medida que Barak, que no desautorizó al líder derechista pese a cargar con las consecuencias de su acto, se hundía en el descrédito, la violencia terrorista y partisana palestina segaba decenas de vidas israelíes, civiles y militares, y en el mundo árabe se agigantaba la hostilidad al Estado judío, la opinión pública nacional fue deslizándose hacia posicionamientos favorables a las tesis de mano dura, las advertencias belicistas y la intransigencia de quien se consideraba a sí mismo un "guerrero", tal como rezaba el título de su libro de memorias publicado en 1989 y próximo a reeditarse:
Warrior: The Autobiography of Ariel Sharon.
Después de precipitar la convocatoria de elecciones anticipadas a primer ministro en 2001 con el planteamiento a Barak de un elenco de exigencias tan riguroso que el apurado dirigente laborista no podía satisfacer, Sharon puso a punto su candidatura. Y eso a pesar de que en el Likud existían fuertes preferencias por Netanyahu, al que la Knesset, al cabo de un corto período de ostracismo, despejó su retorno triunfal merced a una ley que facultaba a quienes no eran diputados formalizar sus aspiraciones a encabezar el Ejecutivo.
Según encuestas periodísticas, el Likud batiría con facilidad a Barak si su candidato fuera Netanyahu, pero Sharon no cejó en su aspiración y se mostró dispuesto a batallar en unas votaciones primarias. Cuando los nuevos sondeos reflejaron que Sharon, lejos de ser un candidato problemático, estaba ganado una aceptación masiva, Netanyahu arrojó la toalla y el 1 de enero de 2001 respaldó la aspiración de su antiguo ministro.
Sharon desarrolló una campaña populista, repleta de guiños a los influyentes partidos religiosos y los rabinos ortodoxos (oraciones en el Muro de las Lamentaciones) y al colectivo de inmigrantes rusojudíos (alocuciones en el idioma de sus padres). En cuanto a los tratos con los árabes, indicó que su interés principal era hacer la paz con Siria, frente en el que veía menos complicaciones, a pesar de reiterar que el Golán debía permanecer en manos israelíes.
Sus ofrecimientos a los palestinos ("nunca les he humillado, me respetan y les respeto; saben que pueden confiar en mí, que digo lo que pienso y que hago lo que prometo") fueron igualmente contradictorios, pues si por una parte habló vagamente de un Estado palestino desmilitarizado, por la otra descartó la retrocesión de nuevas áreas en Cisjordania -lo que, de cumplirse, dejaría a la entidad palestina reducida a una mínima expresión territorial-, el desmantelamiento de asentamientos, la capitalidad compartida de Jerusalén y el retorno de los refugiados. Para Sharon, lo esencial y prioritario era la seguridad de Israel; una vez afianzada ésta, afirmaba, se abriría camino la paz, que en sus labios sonaba más a una mera no beligerancia. Arafat, tildado por Sharon de "asesino" y "mentiroso" a lo largo de la campaña, afirmó que la llegada al poder de la vieja bestia negra de los palestinos sería un "desastre" para todo el mundo, pero aseguró estar abierto al diálogo.
El 6 de febrero de 2001, pulverizando todos los pronósticos, Sharon machacó a Barak con el 62,4% de los votos, protagonizando la victoria más espectacular nunca obtenida por un candidato del Likud sobre otro del Avoda. Tras conocer los resultados, el triunfador advirtió que no iba a negociar nada con los palestinos mientras continuaran las algaradas y los atentados, de los que culpó directamente a la dirección de la ANP como planificadora e instigadora, y se declaró desvinculado de las últimas ofertas posibilistas de Barak sobre la evacuación de la gran mayoría de Cisjordania y la división de Jerusalén, y en particular del prometedor acuerdo de principio no escrito, alcanzado semanas atrás en unas conversaciones ministeriales en Taba, sobre el reconocimiento de un Estado palestino con capital en un Jerusalén con soberanía bizonal y delimitado por las fronteras de 1967.
Sin dudarlo un instante, Sharon ofreció un gobierno de unidad nacional a los laboristas, que, sumidos en el caos tras la debacle electoral, acogieron la propuesta con división de opiniones. Barak, dimitido al frente del partido, y Peres aceptaron las carteras de Defensa y Exteriores, respectivamente, pero luego el primero se autodescartó, no sin declarar caducadas las recientes ofertas de paz hechas a los palestinos. A Sharon le interesaba presidir un gobierno de vasta coalición abierto a cualquier partido "responsable, serio y que buscase la paz", pero la inclusión del Avoda le iba a permitir dulcificar ante el mundo su problemática imagen de
halcón. También se propuso y consiguió incluir al primer ministro no judío desde 1948, el musulmán druso Salah Tarif, miembro del Avoda.
Los atentados suicidas palestinos contra las ciudades israelíes, que crearon una psicosis de vulnerabilidad y exacerbaron los sentimientos de odio a lo árabe, aceleraron la formación del Gobierno, que resultó ser muy heterogéneo con la participación de ocho facciones de variado signo. El 7 de marzo la Knesset invistió el Gabinete con 72 votos contra 21.
Arik, con 73 años, se convirtió en el undécimo primer ministro de Israel.
El Likud recibió ocho ministerios, entre ellos los de Absorción de la Inmigración, que Sharon tomó para sí, Finanzas, para Silvan Shalom, y Seguridad Interna, para Uzi Landau; cinco carteras fueron para el Avoda (formalmente, la coalición Un Israel, que completaban los partidos Gesher y Meimad), con Peres en Exteriores y el ex general Binyamin Ben-Eliezer en Defensa; y cuatro para el partido ultraortodoxo sefardí Shas. Los dos partidos rusojudíos, Israel por la Inmigración (Yisrael BaAliyah) y Nuestra Casa es Israel (Yisrael Beiteinu), la ultraderechista Unión Nacional (Ichud Leumi) y la centrista Nueva Vía (Derekh Hadasha) también obtuvieron algunos ministerios con cartera, ministerios sin cartera o bien viceministerios. A posteriori iban a integrarse, desde puestos menores, el Partido de Centro (Mifleget Hamerkaz) y el Judaísmo Unificado de la Torah (Yahadut HaTorah, ultraortodoxos ashkenazíes). A Sharon le flanqueaban en el Gabinete cuatro viceprimeros ministros: Peres por el Avoda, Eliyahu Yishai por el Shas, Natan Sharansky por Yisrael BaAliyah y Silvan Shalom por el Likud.
6. Estrategia de guerra antipalestina a ultranza
En todo el año 2001 prevalecieron en el drama de Palestina el lenguaje de las armas, la cerrazón política y los intentos, siempre fructuosos, de sabotear cualquier posibilidad de entendimiento, situando la ya de por sí larga y dolorosa ocupación israelí en unos niveles de opresión insoportables para la población civil palestina, que sólo podían generar desesperación, ansias de venganza y fanatismo homicida. La sociedad israelí también padeció los estragos de la violencia, en este caso el terrorismo palestino, que daba pábulo a justificaciones ultranacionalistas, militaristas y hasta racistas, poniendo en peligro los mismos principios democráticos y laicos del Estado judío.
Sharon, que en muchos momentos pareció dejarse llevar exclusivamente por su aversión inveterada a Arafat, se atrincheró en la intransigencia, llegando a renegar de todos los compromisos adquiridos por Israel desde el Acuerdo Gaza-Jericó de 1994 (en noviembre calificó el conjunto de los acuerdos de Oslo de "error trágico") y a ofrecer la alternativa de un nebuloso marco de paz de nuevo cuño, en el que la ANP podría acceder a la estatalidad siempre que se desmilitarizada y se olvidara de obtener nuevas adquisiciones territoriales, del retorno de los refugiados, de la evacuación de las colonias judías y, por supuesto, de la capitalidad en Jerusalén oriental.
Los canales de comunicación con la ANP fueron cerrándose y el presidente palestino, puesto contra las cuerdas y desbordado por los extremismos, incluso desde su propio partido, se embarcó en una inconsistente dinámica de resistencia armada y retórica nacionalista. Ahora bien, la comunidad internacional en su conjunto, en particular los países árabes y la Unión Europea, se mostraron impotentes para asistir a los palestinos y supeditaron sus iniciativas políticas a lo que dispusiera en cada momento la nueva Administración estadounidense de
George W. Bush, quien en su papel de mediador desidioso y errático tendía invariablemente a asumir las posturas israelíes.
En el transcurso de los meses quedó medianamente claro que la estrategia del Gobierno Sharon, obligado por su opinión pública a responder adecuadamente a la oleada de ataques terroristas, excedió ese marco defensivo y se lanzó a demoler las estructuras levantadas desde la inauguración de la ANP en 1994. Los palestinos tendrían que entender que todo acto de hostilidad contra Israel era inútil y que someterse a las condiciones impuestas por el vencedor, a saber: un Estado superreducido basado en Gaza y algunas ciudades de Cisjordania, privado de fuerzas armadas, del control de las fronteras y de los recursos hídricos, amén de económicamente subordinado y moteado de una constelación de zonas de seguridad, áreas cerradas, asentamientos judíos y discontinuidades en las comunicaciones terrestres.
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Al amparo de la respuesta militar a las agresiones terroristas, que la comunidad internacional aceptaba como legítima política de Estado, las FDI intensificaron el acoso a los centros del poder de la ANP y sus infraestructuras administrativas, económicas y de comunicaciones, así como los métodos de castigo colectivo como la demolición de viviendas de particulares acusados de pertenecer o albergar a militantes buscados por terrorismo, la destrucción de explotaciones agrícolas, el cegado de canalizaciones de agua o el desarraigo de árboles. Estas actuaciones expeditivas podían ir precedidas de mandatos administrativas para expropiar terrenos a sus legítimos propietarios árabes a fin de levantar asentamientos de colonos o para ampliar barrios urbanos.
Los atentados cometidos el 11 de septiembre de 2001 contra Estados Unidos por la organización islamista Al Qaeda devengaron pingües réditos a Sharon, que no tuvo empacho en instrumentar a favor de su destructiva política de seguridad la consternación internacional por las catástrofes terroristas de Nueva York y Washington. Así, el primer ministro se explayó en la presentación de Arafat como el "
Osama bin Laden de Israel" y como el "cabeza de una coalición de terroristas", y, con la actitud condescendiente de la Administración Bush, multiplicó las operaciones de represalia en los territorios palestinos al socaire de la lucha antiterrorista global.
Desde el anterior mes de agosto, la violencia ejercida por ambas partes se había incrementado, y por la parte israelí estaba suponiendo la ocupación temporal y el asedio prolongado de las ciudades bajo jurisdicción de la ANP, así como el funcionamiento a pleno rendimiento de la política, con resabios de la inveterada ley del talión, de "asesinatos selectivos" (eufemismo para referirse a ejecuciones extrajudiciales con armamento pesado y tácticas de guerra) de dirigentes de las organizaciones palestinas implicadas en los atentados.
Sharon no se desasió de una espiral con inercia propia, y si a veces se contuvo a la hora de responder a la barbarie terrorista de Hamás o la Jihad Islámica, otras veces ordenó acciones militares sin suficiente o ninguna justificación, que ocasionaron la muerte de muchos palestinos no combatientes y que presentaron las trazas, en opinión muy extendida fuera de Israel (salvo en Estados Unidos), de intentos de sabotear cualquier resquicio de normalización. Lo más que ofrecía Sharon era empezar a negociar la creación del Estado palestino tal como él lo entendía al cabo de un período, de duración imprecisa, en el que los palestinos reducirían a cero sus actos de violencia.
7. Desafío a la comunidad internacional
(Epígrafe en preparación)
8. Objeción de la Hoja de Ruta y acorralamiento de Arafat
(Epígrafe en preparación)
9. El Plan de Desconexión de Gaza y tumulto en el Gobierno
(Epígrafe en preparación)
10. Fundación del partido Kadima e incapacitación física
(Epígrafe en preparación)
(Cobertura informativa hasta 1/4/2002. En preparación actualización hasta 1/1/2007)