Mohammad Jatami

Datos relevantes

Actualización: 9 de Julio de 2009
Crédito fotográfico: © UN Photo/Paulo Filgueiras
Hodjatoleslam Sayyed Mohammad Jatami

Irán

Presidente de la República

Duración del mandato: 03 de Agosto de 1997 - 03 de Agosto de 2005

Nacimiento: Ardakán, subprovincia de Ardakán, provincia de Yazd , 29 de Septiembre de 1943

Profesión: Clérigo musulmán

Crédito fotográfico: © UN Photo/Paulo Filgueiras

Resumen

Con la dignidad de hodjatoleslam ("autoridad del Islam") en la jerarquía shií, Jatami es un sayyed, es decir, pertenece a una familia religiosa que desciende directamente del Profeta Mahoma, su hija Fátima y su yerno Alí (cuarto califa del Islam y primero de los doce imanes de la rama mayoritaria del shiísmo), tal como indica el turbante negro que porta. Su padre fue Ruhollah Jatami, un ayatollah ("signo de Dios", dignidad superior a la anterior) muy respetado, fallecido en 1987.

Biografía

En 1961 inició estudios en la escuela de Teología de Qom, donde impartía sus enseñanzas el ayatollah Ruhollah Jomeini. Posteriormente se graduó en Filosofía en la Universidad de Isfahán, en 1970 comenzó estudios de posgrado en Ciencias de la Educación en la Universidad de Teherán y más tarde regresó al seminario de Qom para ser instruido en la Ijtihad, o correcta interpretación del Corán y los Textos Sagrados como fuente del Derecho. Tuvo, por tanto, una formación mixta religiosa y laica, lo que incluía un profundo conocimiento del pensamiento político y filosófico occidental.

Jatami canalizó sus actividades políticas de oposición a la dictadura del sha Mohammad Reza Pahlevi en la Asociación de Estudiantes Islámicos de la Universidad de Isfahán, que fundó en 1965 junto con el hijo menor de Jomeini, Ahmad, y con la que organizó debates y diversos actos de agitación. En 1979 dirigió el centro islámico de Hamburgo, desde donde contribuyó en la difusión de propaganda jomeinista, y en 1980, al año de triunfar la Revolución, regresó a Irán para integrarse en la primera Asamblea Consultiva Islámica (Majlis-e Shora-ye Islami) o Parlamento elegido en las urnas como diputado por Ardakán y Meibod en la lista del Partido de la República Islámica (PRI).

En 1981 fue nombrado por Jomeini -con quien reforzó sus vínculos cuando su hermano menor se casó con la hija mayor de aquel- director del Instituto Kayhan y de su diario homónimo, y en 1982 ministro de Cultura y de Orientación Islámica en el Gobierno de Mir Hoseyn Mousavi, puesto desde el que promovió mejoras educativas y actividades culturales dirigidas a la juventud y que le reportó una reputación de hombre abierto y tolerante. Durante la guerra contra Irak (1980-1988), Jatami desempeñó diversas responsabilidades, incluyendo la jefatura del Mando Conjunto de las Fuerzas Armadas y la presidencia del Centro para la Propaganda de Guerra.

En 1992 fue obligado a dimitir como ministro de Cultura en el contexto de la ofensiva conservadora contra las reformas emprendidas por el presidente Ali Akbar Hashemi Rafsanjani, quien a cambio le nombró su asesor cultural y jefe de la Biblioteca Nacional de Irán. Jatami consolidó en estos años su elevada popularidad entre la juventud, las mujeres, la intelectualidad (en la que se incluía) y los círculos económicos liberales, que vieron en él una alternativa a la observancia estricta del Islam predicada por los mullah o clérigos shiíes.

A la imagen de Jatami, que está casado desde 1974 y es padre de dos hijos, moderna - "occidental", según sus detractores-, siempre jovial y sonriente, contribuyeron sus actividades de tiempo libre, insólitas en un alto miembro del clero, que incluían el senderismo de montaña y el tenis de mesa, así como su conocimiento de idiomas extranjeros como el árabe, el inglés y el alemán.

Cuando en enero de 1997 el antiguo primer ministro Mousavi renunció a registrarse para las elecciones presidenciales, se unió a Rafsanjani en la designación de su ex ministro para la candidatura reformista. Destacados ayatollahs políticos, como Abdolkarim Mousavi Ardabili, Hoseyn Ali Montazeri, quien fue el favorito para suceder a Jomeini como Líder Supremo (Rahbar-e Moazam) y Guía de la ley religiosa (Vali-ye Faqih) antes de la promoción del hodjatoleslam (luego, ayatollah) Ali Jamenei en 1989, y Yusef Sanei, se apresuraron a apoyar a Jatami.

Sobre estas consideraciones discurrió la victoria de Jatami en las elecciones presidenciales del 23 de mayo de 1997, las séptimas desde la Revolución, en las que, con una muy elevada participación, el 89%, batió con el 69% de los sufragios al candidato del clero conservador, el Ejército y los grandes mercaderes del bazar tradicional, Ali Akbar Nateq-Nouri, presidente del Majlis desde 1992, quien contaba además con los parabienes de la suprema autoridad de la República Islámica, el ayatollah Jamenei.

Aunque Jatami no recibió el público soporte de Rafsanjani, se le consideraba su heredero político y en su torno cerraron filas tanto los pragmáticos moderados vinculados al presidente saliente, como la izquierda islámica, influyente en los primeros tiempos de la Revolución pero ahora muy debilitada y relegada a la marginación del juego político o a la clandestinidad. En este punto debe precisarse que, si bien los partidos políticos al uso están proscritos en Irán, sí existen cauces de expresión parlamentarios de las sensibilidades islámicas que van desde el reformismo liberal a la extrema derecha teocrática.

La elección de Jatami generó expectativas sobre un cambio de rumbo drástico en la Revolución iraní. Durante su campaña publicó un programa moderado de doce puntos que contemplaba la libertad de expresión, el respeto a los derechos fundamentales, una atenuación del rigorismo moral y una liberalización de determinados aspectos de la vida social.

En su toma de posesión, el 3 de agosto, como quinto presidente de la República para un período cuatrienal, prometió crear empleo -una de las mayores preocupaciones de los jóvenes-, llamó a acelerar las reformas económicas y la apertura a las inversiones exteriores, y expresó su deseo de establecer relaciones amistosas con otras naciones, de las que, empero, excluyó implícitamente a Estados Unidos.

La reelección de Nateq-Nouri como presidente del Majlis el 2 de junio sugirió un pacto de convivencia con Jamenei y el omnipresente Consejo de Guardianes de la Constitución (Shora-ye Negahban-e Qanun-e Assassi, nombrado a partes iguales por el Rahbar y el jefe del Poder Judicial, se encarga de verificar el espíritu islámico de las leyes y de decidir sobre la elegibilidad de los candidatos al Majlis y a la Presidencia, siendo el mismo Jatami uno de los cuatro candidatos, de entre más de 200 aspirantes, que en 1997 aprobaron su evaluación), a los que está obligado a rendir cuentas. Como un influyente clérigo se ocupó de recordarle poco después de su victoria en las urnas, "primero es Dios, luego el Líder (Jamenei) y finalmente las demandas de los votantes".

Antes de concluir 1997, tres acontecimientos reafirmaron la voluntad aperturista del nuevo presidente en el terreno internacional. Entre el 13 y el 21 de noviembre regresaron a Teherán los embajadores de la Unión Europea (UE), que en abril se habían retirado en bloque luego de dictaminar un tribunal alemán que Irán practicaba el terrorismo de Estado contra miembros de la oposición en el exilio (el diálogo UE-Irán se reanudaría el 18 de julio del año siguiente).

Luego, del 9 al 11 de diciembre, Teherán fue el escenario de la VIII Cumbre de la Organización de la Conferencia Islámica (OCI), un hospedaje que no tenía precedentes y que avanzó decisivamente en la superación del aislamiento de Irán en el mundo árabe. Y, lo más significativo de todo, el 14 de diciembre Jatami hizo una espectacular oferta a Estados Unidos para iniciar un diálogo abierto, que fue inmediatamente aceptada.

El 7 de enero de 1998 Jatami se sirvió de una entrevista concedida a la cadena CNN en Teherán para dirigir un mensaje al pueblo estadounidense, en el que proponía empezar a mejorar las pésimas relaciones mediante intercambios culturales, periodísticos y turísticos, en una línea de respeto y de entendimiento mutuos.

El 18 de junio de 1998 el presidente Bill Clinton declaró que puesto que Irán estaba "cambiando en una dirección positiva", Estados Unidos se mostraba dispuesto a una "reconciliación auténtica", si bien condicionada al cese por Irán de su oposición al proceso de paz en Oriente Próximo, de su apoyo al terrorismo y del desarrollo, con la ayuda de China, de programas nucleares y de misiles incompatibles con el Tratado de No Proliferación. La táctica de promover los intercambios académicos y deportivos hizo recordar la diplomacia del ping pong que Estados Unidos practicó con la China de Mao Zedong a comienzos de los años setenta.

Los analistas apuntaron que el Gobierno de Estados Unidos, el cual decidió levantar el 17 de marzo de 2000 el embargo y el boicot de los productos iraníes (exceptuando el petróleo y sus derivados), vigentes desde la época de Ronald Reagan, seguía muy atento el nuevo papel relevante que Irán podía jugar en todo Oriente, tanto en el oeste árabe como en el este centroasiático e indostánico. Así, -y en curiosa inversión de las prioridades estratégicas de Washington en los años ochenta-, en la primera región Irak ya figuraba como un permanente quebradero de cabeza, mientras que en la segunda, la escalada nuclear de Pakistán e India y los éxitos del régimen Talibán en Afganistán jugaban claramente en contra de sus intereses.

Precisamente, Jatami adoptó una postura muy beligerante frente los talibán, combatientes de etnia pashtún y en origen estudiantes de teología en las madrasas del Beluchistán pakistaní, que, con la asistencia de Pakistán y Arabia Saudí, se hicieron con el poder en Kabul en septiembre de 1996. Desde entonces, los talibán han tratado de extender sus conquistas a las provincias norteñas, controladas por una heteróclita alianza de tadzhikos (persáfonos y sunníes, encabezados por el comandante Ahmad Shah Masud y el derrocado presidente Burhanuddin Rabbani), uzbekos (turcófonos y sunníes), hazaras (persáfonos y shiíes) y algunos pashtunes, tanto talibán desertores como los mujahidín de Gulbuddin Hekmatyar, protagonista junto con Masud de la guerra de liberación (1978-1992) contra el Ejército soviético y el régimen comunista antes de combatirse ferozmente por el control de Kabul.

A los ojos de Jatami, el radicalismo de los talibán, que son fundamentalistas sunníes adeptos a la doctrina wahhabí -una interpretación ultraconservadora del Islam también vigente en Arabia Saudí-, amenazaba con extender la hegemonía pashtún en Afganistán en detrimento del componente persáfono y de la fe shií (por lo demás, minoritaria en este país), y con generar no poca desestabilización en todo el Asia central musulmana, aprensión que es compartida por Rusia y las repúblicas ex soviéticas fronterizas de Tadzhikistán, Uzbekistán y Kirguizistán. El presidente iraní se refirió a los incómodos gobernantes afganos como "fanáticos criminales", epíteto que no debe sorprender, aun tratándose de dos sistemas islámicos, si se consideran las diferencias culturales y religiosas arriba citadas.

En agosto y septiembre de 1998, las sucesivas caídas a manos de los talibán de los bastiones de la oposición en Mazar-e-Sharif (en perjuicio de los uzbekos del señor de la guerra Rashid Dostum), Taloqán (cuartel general de Masud) y la capital de los hazaras, Bamiyán, hicieron temer a Teherán por un derrumbe total de la resistencia norteña. A la toma de Mazar-e-Sharif, donde la tradición sitúa la tumba del califa Alí, el 8 de agosto, siguió una matanza de miles de hazaras, hombres, mujeres y niños tiroteados o degollados en las calles y sus propias casas, y la ejecución de once diplomáticos y un periodista iraníes. El Gobierno de Teherán expresó su cólera movilizando a 70.000 pasdarán (cuerpo paramilitar erigido en guardián de la Revolución islámica) en la frontera y alimentando los rumores de intervención militar.

Aunque el 8 de octubre se produjo un enfrentamiento armado entre pasdarán y talibán, la falta de unanimidad en la cúpula del poder iraní -Jatami sería partidario de dar un castigo al régimen de Kabul, mientras que Jamenei se habría mostrado escéptico- y el temor a una guerra general en la región pusieron en cuarentena la opción bélica. En las semanas siguientes, 200.000 soldados del Ejército regular emprendieron otra serie de ejercicios intimidatorios en la frontera; los talibán enviaron gestos de apaciguamiento y la invasión iraní quedó descartada.

El 20 de agosto anterior, aviones de Estados Unidos habían bombardeado objetivos en la ciudad afgana de Jost como castigo al régimen talibán por el refugio brindado al potentado islamista saudí Osama bin Laden, acusado de orquestar una red de terrorismo internacional. Este episodio indicó que, por una vez, Estados Unidos e Irán tenían un enemigo común susceptible de ser castigado con las armas, razón de más para explorar fórmulas de entendimiento.

No obstante, el aliado estratégico de Irán para las diversas cuestiones regionales (Afganistán, estatuto del mar Caspio, soluciones para la exportación de hidrocarburos) es Rusia, con el que ha estrechado la cooperación militar. Además, la potencia americana ha vetado la vía iraní para la exportación del petróleo de Kazajstán y el gas de Turkmenistán. La cumbre de Jatami con el presidente Vladímir Putin en Moscú el 12 de marzo de 2001 (en el primer viaje a Rusia de un jefe de Estado iraní desde el realizado por el sha en 1974) puso de relieve la valorización de las relaciones bilaterales después de que Rusia expresara su determinación a vender a Irán diversas categorías de armas y tecnología nuclear.

Otros hitos hasta ahora en la normalización de los tratos exteriores iraníes han sido la decisión con el Reino Unido de elevar las relaciones al nivel de embajadores (24 de septiembre de 1998), a raíz del levantamiento por el Gobierno de Teherán de la condena a muerte emitida en 1989 contra el escritor británico Salman Rushdie, así como los históricos viajes de Jatami a Nueva York, para asistir a la 53ª Asamblea General de la ONU (21 de septiembre de 1998), a Italia y el Vaticano (8 a 11 de marzo de 1999), donde recibió la audiencia del Papa, a Francia (27 a 29 de octubre de 1999, a donde no regresaba desde el exilio con Jomeini en 1979), a Alemania (10 de julio de 2000) y a Japón (1 a 4 de noviembre de 2000).

El 16 de mayo de 1999 sostuvo en Jeddah una reunión, también sin precedentes desde 1979, con el príncipe heredero de la casa real saudí, Abdullah Al Sa'ud (en marzo de 1997 Abdullah y Rafsanjani se entrevistaron en Islamabad con motivo de una cumbre de la OCI). Por otra parte, el 30 de junio de 1998 el primer ministro italiano Romano Prodi fue el primer mandatario occidental en visitar Teherán desde 1979. Otras visitas destacadas de mandatarios occidentales fueron las del presidente venezolano Hugo Chávez en agosto de 2000 y el presidente del Gobierno español José María Aznar el 22 de octubre del mismo año.

Las relaciones con Irak han experimentado con Jatami una sensible mejoría, a pesar de los periódicos rebrotes de la tensión por las acusaciones mutuas de apoyo a las respectivas oposiciones armadas (los Mujahidín del Pueblo en Irán y los rebeldes shiíes en Irak), así como por la espiral de asesinatos de ayatollahs shiíes en la ciudad santa de Najaf (en Irak), de cuya autoría -el régimen de Saddam Hussein- el Gobierno iraní no tiene dudas.

El 29 de septiembre de 2000, aprovechando su coincidencia en Caracas para asistir a una cumbre de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), Jatami se reunió con el vicepresidente irakí, Taha Yassin Ramadán, en el primer encuentro de alto nivel desde que Ibrahim Izzat, número dos del Consejo del Mando Revolucionario de Irak, viajara a Teherán en 1991.

A diferencia de entonces, cuando Bagdad necesitaba imperiosamente protegerse las espaldas por el acoso militar de Occidente, la parte iraní aceptó iniciar negociaciones en torno al tratado de paz pendiente y al intercambio de prisioneros de guerra sobre la base del Acuerdo de Argel de 1975, que delimita la frontera en la confluencia del Tigris y el Éufrates (Chatt el-Arab) y cuya anulación unilateral por Saddam Hussein desencadenó, hacía justo 20 años, la primera guerra del Golfo.

El tendido de puentes a Estados Unidos era sólo una de las iniciativas de Jatami que alarmó a los conservadores, y, de hecho, ya el 16 de enero de 1998 Jamenei desautorizó su oferta de diálogo a Estados Unidos. En los meses posteriores a su asunción, se entabló una pugna, de un encono sin precedentes, entre los sectores reformistas aliados del presidente y los conservadores fieles al Guía, cuyo epicentro se desarrolló en el Majlis con los grupos parlamentarios de los pseudopartidos Sirvientes de la Construcción (Kargozaran-e Sazandegi) por un lado y Sociedad del Clero Combatiente de Teherán (Jame-ye Rowhaniyat-e Mobarez-e Tehran) por el otro.

Principales episodios de esta dialéctica movimiento reformista-contraofensiva conservadora fueron el nombramiento por Jatami de Abdollah Nouri, cabeza de los reformadores, para el puesto, creado para la ocasión, de vicepresidente para Asuntos Sociales y Desarrollo tan sólo horas después de su destitución parlamentaria como ministro del Interior (21 de junio de 1998), y la condena (previo arresto el 4 de abril) a cinco años de prisión y a 20 de inhabilitación contra Gholamhoseyn Karbaschi, el popular alcalde de Teherán y otro de los principales aliados del presidente, por unos delitos de malversación y apropiación indebida de fondos (23 de julio de 1998)

También, la destitución por Jatami del ministro de Información, Ghorbanali Dorri Najafabadi (9 de febrero de 1999), por su relación con las campañas de hostigamiento contra ayatollahs y ministros progresistas y de asesinatos de periodistas e intelectuales críticos o de la oposición (que conmovieron al país a finales de 1998), y el nombramiento en su lugar, ratificado por el Majlis, de Ali Junesi (24 de febrero).

Para comienzos de febrero de 1999, cuando se conmemoraba el vigésimo aniversario de la Revolución, se constataba la impaciencia y la frustración de los votantes de Jatami por la lentitud de las reformas económicas y políticas, aunque algunos avances en las libertades de prensa (multiplicación del número de cabeceras, tratamiento informativo de temas hasta entonces tabú como la situación de los Derechos Humanos y las censuras a miembros del Gobierno) y cívicas (disminución de las atribuciones totalitarias de los pasdarán en la vigilancia de la fe y la moral) eran incuestionables. Además, Jatami puso en marcha un órgano constitucional sobre el respeto de los Derechos Humanos, cuya situación, según el informe anual de Amnistía Internacional, seguía siendo calamitosa.

La fortísima reacción conservadora en todos los ámbitos, cuya última expresión había sido la suspensión judicial de una docena de periódicos liberales, terminó por exasperar a la juventud universitaria, que se lanzó a una protesta el 8 de julio de 1999 a los gritos de "abajo el despotismo" y de "libertad o muerte".

Rápidamente extendida desde los campus al resto de Teherán y a las principales ciudades del país con la implicación de otros sectores sociales descontentos, la peor revuelta civil desde la Revolución estremeció al régimen, cuyo núcleo reaccionario, diciendo actuar en nombre de Jamenei, movilizó a las fuerzas de seguridad y a los pasdarán en la represión enérgica de los estudiantes, quienes sumaron a sus exigencias el sometimiento de todas las fuerzas de seguridad y de orden público al control del Ministerio del Interior, controlado por el jatamista Abdolvahed Mousavi Lari.

Jatami condenó la brutal toma de los campus, pero, colocado en una situación incómoda ante Jamenei y los ortodoxos por el cariz descontrolado de la protesta, se desmarcó de los estudiantes y apeló al restablecimiento del orden. El 14 de julio los conservadores reconquistaron las calles: cerca de un millón de personas se congregaron en el campus de la Universidad de Teherán para mostrar su fidelidad al Guía y exhibiendo retratos suyos y de Jomeini.

El 28 de julio un irritado Jatami declaró que las protestas habían constituido una "declaración de guerra" contra su programa de reformas, el cual, insistió, debía realizarse en un clima de paz social, aunque reiteró sus críticas a las fuerzas de seguridad por los desmanes represivos. La cuestión es que el presidente salió muy debilitado de estos sucesos: el 28 de noviembre asistió impotente a la condena por un tribunal religioso a cinco años de prisión contra Abdollah Nouri, que meses antes había sido elegido presidente del Consejo Municipal de Teherán.

Los jatamistas, que en las elecciones municipales, primeras desde la Revolución, del 26 de febrero de 1999 ya habían conquistado amplias mayorías en Teherán y en los principales núcleos urbanos, certificaron su implantación social en las elecciones legislativas del 18 de febrero y 5 de mayo de 2000, totalizando el 56,7% de los votos y 189 escaños sobre 290.

En los comicios de 1996, los Sirvientes de la Construcción, que habían nacido como una facción de tecnócratas partidarios de Rafsanjani y que en realidad eran leales por encima de todo al ex presidente, sólo habían obtenido 80 escaños sobre 270. Ahora, los Sirvientes y otra facción reformista, el Frente de Participación del Irán Islámico, se hicieron con la mayoría absoluta, conquistando 26 de los 30 escaños de Teherán y todos los escaños de Isfahán, Shiraz y Mashad. En febrero de 2000 un reformista cuando menos tibio, Mehdi Karoubi, fue elegido presidente del Majlis, puesto que ya había ocupado en 1989-1992, y el hermano menor del jefe del Estado y jefe del grupo del Frente de Participación, Mohammad Reza Jatami, fue elegido vicepresidente.

Ahora bien, este control por los reformistas de los poderes ejecutivo y legislativo no aseguraba el éxito de sus propósitos, ya que los mecanismos de poder y control decisivos seguían en manos del clero y de los laicos conservadores. Así sucedía con las fuerzas de seguridad y el Ejército, la judicatura, los medios de comunicación del Estado, el Consejo de Guardianes y la Asamblea de Expertos (Majlis-e Jobregan), ésta elegida por sufragio universal a partir de candidatos filtrados por el Consejo de Guardianes y que, además de elegir al líder y guía de la Revolución, puede vetar las leyes aprobadas por el Majlis).

Así, el 6 de agosto de 2000, Jamenei, con gran enojo de sus promotores, vetó una iniciativa parlamentaria para liberalizar la ley de prensa, la cual había invocado el poder judicial para su decisión del 24 de abril anterior de cerrar otro grupo de periódicos, dos nuevos y serios reveses para el programa de reformas de Jatami.

En estas circunstancias, la reelección del presidente el 8 de junio de 2001 con el 78,3% de los votos, aunque con un índice de participación descendido al 67%, se interpretó como una segunda oportunidad concedida por una mayoría de la población que, si bien se había decepcionado por el poco margen de maniobra y las componendas con los conservadores, seguía viendo a Jatami como un adalid de las reformas y el progreso, o al menos como un valladar contra la involución.

Pese a su despliegue de masas cuando la revuelta estudiantil en Teherán, los conservadores volvieron a evidenciar su escasa proyección en las urnas: los siguientes candidatos más votados, el ex ministro de Trabajo Ahmad Tavakoli y el ministro de Defensa Ali Chamjani, solo recogieron el 15,9% y el 2,7% de los votos, respectivamente. Dos pretendientes reformistas, Mohsen Sazgara y Ebrahim Asgharzadeh, fueron vetados por el Consejo de Guardianes.

En su primera alocución tras conocer su aplastante victoria, saludada con alborozo por las acosadas prensa y clase política reformistas, Jatami afirmó que la prioridad número uno de su segundo mandato iba a ser el fortalecimiento de la democracia, pero añadió que sus principios debían ligarse a "la paciencia, la moderación y la prudencia". El segundo y último mandato de Jatami no arrancó hasta el 8 de agosto, con tres días de retraso, debido a un conflicto constitucional entre la judicatura conservadora y los diputados reformistas por la composición del Consejo de Guardianes, cuyos 12 miembros debían estar presentes en la jura presidencial. La pugna fue dirimida por Jamenei favoreciendo a los conservadores.

(Cobertura informativa hasta 1/9/2001)



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