José Mujica Cordano

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Datos relevantes

Actualización: 6 de Junio de 2011
Crédito fotográfico: © Foto Agência Brasil/Roosewelt Pinheiro
José Alberto Mujica Cordano

Uruguay

Presidente electo de la República

Duración del mandato: 01 de Marzo de 2010 - En funciones

Nacimiento: Montevideo , 20 de mayo de 1935

Partido político: MLN-T/MPP/Frente Amplio

Profesión: Agricultor

Crédito fotográfico: © Foto Agência Brasil/Roosewelt Pinheiro

Resumen

En Uruguay, en noviembre de 2009, la coalición de centro-izquierda Frente Amplio ha vuelto a ganar las elecciones presidenciales con su candidato José Mujica, un histórico del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros, antigua guerrilla urbana devenida partido. Preso por sus actividades violentas mientras duró la dictadura militar y ya septuagenario, Pepe Mujica, con una imagen y unos modos muy peculiares, se ha distanciado del viejo radicalismo tupamaro y se ha aproximado a la línea socialdemócrata y moderada del presidente Tabaré Vázquez, al que sucederá en marzo de 2010 y cuya auspiciosa gestión promete continuar. Esta apuesta por el pragmatismo y la negociación, que le inspira sobre todo el brasileño Lula, la ha conjugado Mujica con un polémico lenguaje rudo, patente en la campaña electoral, en la que él y su adversario del Partido Nacional, el liberal conservador L. A. Lacalle, se acusaron mutuamente de extremistas.

Biografía

1. De la guerrilla tupamara a la cárcel de la dictadura
2. La actividad política en democracia; el Frente Amplio, el MPP y el Espacio 609
3. Ministro de Agricultura con Vázquez y candidato del oficialismo en las presidenciales de 2009
4. Victoria electoral frente al blanco Lacalle


1. De la guerrilla tupamara a la cárcel de la dictadura

Criado en una familia de pequeños propietarios agrícolas de la periferia de Montevideo, desde muy joven faenó en las labores del campo y se sintió atraído por las luchas sociales. Convertido en un activista del movimiento estudiantil, interrumpió sus estudios antes de terminar la enseñanza secundaria e inició una primera militancia política en el sector progresista que en el Partido Nacional (PN, también llamado Blanco) animaba Enrique Erro, diputado y breve ministro de Industria y Trabajo del segundo Consejo Nacional de Gobierno, el ejecutivo colegiado que entonces regía en Uruguay, entre 1959 y 1960.

Las biografías y semblanzas de Mujica divulgadas por los medios de comunicación uruguayos no han escarbado en los quehaceres profesionales en sus años de juventud y primera adultez. En apariencia, el futuro presidente se consagró en cuerpo y alma a la actividad política, que fue adquiriendo un perfil decididamente izquierdista y concretamente filomarxista, a partir de unas iniciales simpatías anarquistas, mientras suplía su corto paso por las aulas con una inquietud autodidacta. En algún momento de mediados de los sesenta, después de que su amigo Erro rompiera con los blancos y se aliara con el Partido Socialista del Uruguay (PSU) para formar la Unión Popular, Mujica tomó la decisión radical de unirse al Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros (MLN-T), más conocido como, simplemente, Tupamaros.

Surgidos como un grupo de oposición en el que convivían diversas tendencias ideológicas de izquierda –socialistas, maoístas, libertarios- y no especialmente ortodoxo, los Tupamaros plantearon una resistencia clandestina contra el Gobierno de entonces, que era constitucional y democrático, a medida que las movilizaciones obreras cobraban auge y la crisis del modelo económico basado en las exportaciones y el intervencionismo estatal se hacía patente. La triunfante Revolución en Cuba se convirtió en un referente fundamental para los Tupamaros, que no tardaron en concebir una estrategia de lucha armada, puramente subversiva. Lo era desde luego para Mujica, que, según revela en primera persona en un libro biográfico titulado Mujica y publicado por el novelista y ensayista Miguel Ángel Campodónico en 1999, conoció el socialismo castrista de primera mano en un primer viaje realizado a la isla, experiencia que califica de "maravillosa".

El libro de Campodónico es una valiosa fuente informativa sobre las acciones de guerrilla urbana perpetradas en las décadas de los sesenta y setenta por Mujica, que desvela sus violentas peripecias al autor a guisa de entrevistado, tanto más porque, en sus entrevistas más recientes, el político ha sido bastante esquivo a la hora de precisar sus andanzas en esta arriesgada etapa de su vida.

Así, narra su participación en asaltos como el que en octubre de 1969, poco después de pasar a la clandestinidad, puso en manos de los guerrilleros, durante unos minutos, los principales puntos neurálgicos de la ciudad de Pando, así como sus numerosos encontronazos con las fuerzas de seguridad, con las que libró tiroteos que le causaron seis heridas de bala y que lograron capturarle en tres ocasiones. Protagonizó dos fugas del Penal de Punta Carretas, la segunda vez en septiembre de 1971, como uno de los 111 presos, tupamaros casi todos, que consiguieron evadirse de esta penitenciaria montevideana.

Corría el quinquenio presidencial (1967-1972) de Jorge Pacheco Areco, un dirigente del Partido Colorado (PC) de tendencias autoritarias que intentó atajar con medidas fuertemente represivas la auténtica campaña de violencia y terror desatada por los Tupamaros, dados a conocer en todo el mundo con sus espectaculares secuestros de personalidades, sus asesinatos de funcionarios policiales acusados de torturadores, sus atentados con explosivos y sus robos de bancos. Muchas de estas acciones fueron planificadas, ordenadas y ejecutadas con el concurso de Mujica, en tanto que miembro de la plana mayor de la organización. En el libro, el político dice no estar arrepentido de ninguno de esos actos.

La implicación a fondo del Ejército en la lucha antisubversiva, que incorporó sin tapujos la modalidad de la guerra sucia, desembocó en la derrota militar de los Tupamaros justamente cuando más radicalizados estaban y más audaz era su desafío al Estado. En 1972, presidiendo la república el colorado Juan María Bordaberry Arocena, Mujica fue aprehendido por cuarta y definitiva vez, junto con los restantes miembros de la dirigencia del MLN-T, los más conocidos de los cuales eran Raúl Sendic Antonaccio, Eleuterio Fernández Huidobro, Mauricio Rosencof, Henry Engler Golovchenko, Julio Marenales Sáenz y Jorge Zabalza Waksman. Todos ellos fueron cayendo en una serie de operaciones separadas.

En los trece años siguientes, a lo largo del tenebroso período de la historia uruguaya que jalonaron el autogolpe de Estado de Bordaberry en 1973, cuando el Estado de Derecho quedó suprimido y se instauró un Gobierno al margen de la Constitución y controlado por las Fuerzas Armadas, y las mudanzas institucionales de 1976 y 1981, cuando los militares pasaron del Gobierno de facto formalmente civil a ejercer el poder de manera directa, Mujica y sus compañeros padecieron unas atroces condiciones carcelarias, con aislamiento, celdas minúsculas, vejaciones y malos tratos, en diversos cuarteles del país. Los militares los mantuvieron presos en calidad de "rehenes", lo que entrañaba que serían ejecutados si su organización, que de hecho estaba desmantelada, retomaba las acciones armadas. Mujica estuvo encarcelado con un vacío legal absoluto, ya que ni fue juzgado ni se le formularon cargos siquiera. Su detención extrajudicial podía considerarse a todos los efectos un secuestro por los militares.


2. La actividad política en democracia; el Frente Amplio, el MPP y el Espacio 609

La hora de la libertad para la dirigencia tupamara sonó el 8 de marzo de 1985, día en que la Asamblea General salida de las elecciones democráticas de noviembre de 1984 –convocadas por el general-dictador Gregorio Álvarez Armellino luego de naufragar en el plebiscito de 1980 el proyecto constitucional autoritario diseñado por las Fuerzas Armadas- aprobó una Ley de Amnistía que supuso la excarcelación de todos los reos por delitos políticos, comunes y militares conexos con éstos, cometidos a partir del 1 de enero de 1962.

A los pocos días de recobrar la libertad, Mujica, en nombre del MLN-T, notificó, aunque de manera no categórica, la renuncia por los Tupamaros a la lucha armada, vía que antes de 1973 ya había concitado un amplio rechazo social y que ahora, con la democracia restablecida y el optimismo instalado en la población, no podría justificarse de ninguna manera, así como la aceptación del juego democrático civil dentro de la legalidad vigente. Sin embargo, la antigua guerrilla, reconoció, carecía por el momento de cualquier cosa parecida a un programa o un simple plan de acción, los cuales tendría que elaborar. Raúl Sendic era de su misma opinión.

La idea clave resultó ser la apertura de una convergencia con el Frente Amplio (FA), la alianza de partidos progresistas y de izquierda fundada en 1971 y cuyo líder indiscutible era el general retirado Líber Seregni Mosquera, quien había estado encarcelado hasta 1984 pero que no había podido presentarse a las elecciones de ese año, a la sazón ganadas por el colorado Julio María Sanguinetti Coirolo. En el FA venían cooperando entre otros el PSU, el Partido Comunista del Uruguay (PCU), el Partido Demócrata Cristiano del Uruguay (PDC) y el Partido por el Gobierno del Pueblo (PGP), que era su integrante más potente.

En realidad, las relaciones entre el MLN-T y el FA se remontaban a la misma creación de la coalición izquierdista, cuando la guerrilla lanzó un débil instrumento político civil, el Movimiento de Independientes 26 de Marzo (M-26), pretendido movimiento de masas que debía servir de puente de contacto con un FA que rechazaba los métodos de lucha armada contra "la oligarquía y el capital extranjero", de acuerdo con la fraseología tupamara. Al principio, los Tupamaros se habían limitado a expresar un "apoyo crítico" al programa de los frenteamplistas y las aspiraciones presidenciales de Seregni. Los tratos habían continuado en los años de plomo de la dictadura, pero hasta ahora no se había planteado consolidar una "alianza de fuerzas antioligárquicas y antiimperialistas" que pasara por la integración formal del MLN-T en el FA.

Sendic consideraba factible articular un "Frente Grande" de todo el centro-izquierda uruguayo, abierto a la concertación con la "burguesía nacional" y movilizado desde las bases. Mujica, menos ambicioso, auspiciaba un entendimiento prioritario con socialistas y comunistas, dentro de un proceso conducido por las respectivas cúpulas partidarias y sin ánimo de suplantar al FA. Menos pragmático aquí, el primero seguía haciendo hincapié en las reclamaciones tradicionales de los Tupamaros, que eran una reforma agraria de tipo socialista, la nacionalización de la banca y el aumento de los salarios de los trabajadores para estimular el mercado interno, más el no pago de la deuda externa. El segundo, más flexible en la batalla de las ideas, prefería hablar de un socialismo "nacional", "pluripartidista", "democrático", y "participativo", discurso que sugería simpatías socialdemócratas.

De alguna manera, prevaleció la estrategia organizativa de Mujica, que en el terreno personal se instaló junto con su compañera sentimental, Lucía Topolansky Saavedra (una antigua estudiante de Arquitectura reclutada por la guerrilla tupamara y apresada también entre 1972 y 1985), en una pequeña chacra (granja) en el barrio rural montevideano de Rincón del Cerro, al oeste del centro metropolitano, donde inició una vida de agricultor con la ayuda de un tractor y algunos aperos. El Frente Grande, tal como lo había imaginado Sendic, nunca vio la luz, aunque Mujica, más tarde, asimiló su espíritu aperturista a la hora de lanzar unos proyectos más ligados a su persona.

En diciembre de 1985, la III Convención Nacional del MLN-T reafirmó "el carácter estratégico de la unidad de la izquierda" y valoró el FA como "la síntesis política posible de las luchas del pueblo uruguayo". El 2 de marzo de 1986 el Comité Central emanado de dicho congreso aprobó plantear la solicitud del ingreso en el FA. La demanda se elevó en abril siguiente, pero tardaría tres años en ser satisfecha.

El 20 de mayo de 1989, el Plenario Nacional del FA, no sin las dudas y reticencias de varios de sus miembros, dio luz verde al ingreso del MLN-T, y de paso a los del trotskista Partido Socialista de los Trabajadores (PST), el Movimiento Grito de Asencio (MIGDA) y el Movimiento 26 de Marzo (no el M-26 arriba citado, que ya estaba fusionado orgánicamente con el MLN-T, sino una organización rival surgida como una escisión). La ampliación del FA por la izquierda, que Sendic no llegó a ver porque falleció en París apenas tres semanas antes de producirse ésta, tuvo su contraparte reductora en su flanco más moderado, ya que el PGP y el PDC decidieron cortar amarras y poner en marcha una alianza separada, el Nuevo Espacio (NE), de planteamientos centristas.

En los años de la primera presidencia de Sanguinetti, mientras conducía las complejas conversaciones con Seregni y los cabezas de facción frenteamplistas, Mujica se destacó también como uno de los personajes de la oposición que vocearon su rechazo a la polémica Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado, norma de 1986 que otorgaba la impunidad a los militares autores de violaciones de los Derechos Humanos. La plataforma por la derogación de la Ley de Caducidad fue derrotada en el referéndum de abril de 1989.

Una vez miembro del Frente, en su seno Mujica fue uno de los artífices del Movimiento de Participación Popular (MPP), un polo de la izquierda radical frenteamplista donde convergieron el MLN-T, el PST y otras tres formaciones menores con muy escasa implantación, el Partido por la Victoria del Pueblo (PVP, filoanarquista), el Movimiento Revolucionario Oriental (MRO, guevarista) y el Partido Comunista Revolucionario (PCR, marxista-leninista-maoísta). La lista electoral del MPP, identificada desde ese año con el número 609, enriquecida con la adhesión de algunos independientes y encabezada por el abogado laboralista Helios Sarthou, ganó dos representantes nacionales y, por supuesto, hizo suya la candidatura presidencial de Seregni en las elecciones generales del 26 de noviembre de 1989, en las que se impuso el blanco Luis Alberto Lacalle de Herrera.

Con la explicación de que pertenecían a un movimiento que había cometido "errores que costaron vidas humanas" y que, a mayor abundamiento, había cosechado "una derrota" en el frente de lucha armada, Mujica, Marenales y Fernández Huidobro rehusaron candidatear en los comicios de 1989, envite que dejaron en manos de los políticos del MPP sin pasado guerrillero. Las legislativas convirtieron al MPP en la cuarta facción del FA en número de votos, detrás del PCU y sus aliados, el PSU y la Vertiente Artiguista (VA).

A continuación, Mujica se concentró en el desarrollo del Espacio 609, sector frenteamplista girado en torno al MPP y que, teniendo a gala la amplitud de miras, debía atraer a personas y colectivos escindidos de los partidos tradicionales. En sus primeros tiempos, el proyecto impulsado por Mujica pareció no cuajar. La extrema izquierda del MPP, disgustada por el nuevo rumbo, empezó a abandonar el barco y el primer grupo en hacerlo fue, en 1992, el MRO; en los años siguientes, el resto de formaciones fundadoras haría lo propio, dejando a los Tupamaros como los únicos integrantes del MPP y animadores del Espacio 609. Y sin embargo, ese mismo ánimo aperturista era la tónica general en el Frente, que el 15 de agosto de 1994 forjó con el PGP, el PDC y disidentes del PC y el PN el llamado Encuentro Progresista (EP).

El 24 de agosto de 1994 Mujica figuró entre los convocantes de una manifestación popular en Montevideo para impedir la extradición, solicitada por España y autorizada por el Gobierno de Lacalle, de tres miembros de la organización terrorista vascoespañola ETA que hasta entonces habían gozado de refugio en Uruguay con la inestimable ayuda del MLN-T. La protesta, realizada frente al Hospital Filtro, degeneró en los más violentos disturbios en una década, los cuales se saldaron con la muerte de un activista por disparos de la Policía y decenas de heridos, entre manifestantes y agentes del orden. Tres años después, Mujica y otros dirigentes tupamaros iban a enviar a la dirección de ETA una carta implorando por la vida del concejal vizcaíno Miguel Ángel Blanco, que la banda tenía secuestrado y que finalmente asesinó. Las relaciones entre ambas organizaciones se avinagraron completamente al fracasar un intento por los Tupamaros de mediar entre los terroristas vascos y el Gobierno español.

Metido en un imparable proceso de defecciones, el MPP llegó menguado a las elecciones generales del 27 de noviembre de 1994, pero las urnas no le pasaron factura. Mujica, en la primera apuesta electoral de su vida, se hizo con uno de los dos escaños sacados por la Lista 609 en la Cámara de Representantes en representación de Montevideo y el 1 de marzo de 1995 debutó como diputado. Ahora mismo, el MPP era la quinta facción frenteamplista, tras la Asamblea Uruguay (AU), el PSU, la VA y el PCU. En total, el grupo del EP-FA disponía de 31 diputados, lo que le colocaba al mismo nivel de representación que sus dos contrincantes tradicionales, el PN y el PC. El añejo condominio bipartidista podía darse por difunto en Uruguay: en las presidenciales, el candidato del EP-FA, el oncólogo socialista e intendente (alcalde) montevideano Tabaré Vázquez Rosas, llegó a ser el más votado en la liza individual de aspirantes, aunque la Presidencia se la llevó el colorado Sanguinetti en virtud de la aritmética sumatoria de la Ley de Lemas.

En su primera legislatura nacional, el parlamentario Mujica adquirió una considerable visibilidad pública, llamando la atención con su verbo vivo y polemista, y con un estilo formal nada convencional, que le convertían en la viva estampa de la incorrección política. En 1999 el diputado pintó el siguiente autorretrato en una entrevista al semanario Brecha: Pepe Mujica es un veterano, un viejo que tiene unos cuantos años de cárcel, de tiros en el lomo, un tipo que se equivocó mucho, como toda su generación, y que trata, hasta donde puede, de ser coherente con lo que piensa, todos los días del año y todos los años de la vida. Y que se siente muy feliz, entre otras razones, por poder contribuir para representar a aquellos que no están y que deberían estar.

Por lo demás, la larga secuencia de recomposiciones en las filas frenteamplistas prosiguió a buen ritmo. En 1997, el FA aparecía articulado en cuatro bloques: el ala más radical, la Corriente de Izquierda, reunía al MPP (MLN-T y PCR), el M-26, el PST, la Corriente de Unidad Frenteamplista (CUF), el Movimiento 20 de Mayo (M-20), la Unión Popular (UP) y otros micropartidos marxistas; además, estaban la VA, animada por la Izquierda Democrática Independiente (IDI) y Artiguismo y Unidad (AU), Democracia Avanzada 1001, basaba en el PCU y el Frente Izquierdista de Liberación (FIDEL), y Espacio 90, liderado por el PSU. Una pléyade de agrupaciones no estaba integrada en ningún bloque, siendo la más importante la AU, primera facción frenteamplista con 17 representantes y con cuyo líder, Danilo Astori Saragosa, Mujica no mantenía unas relaciones precisamente fluidas.

Aquel año, Mujica vivió una embarazosa situación cuando su conmilitón Jorge Zabalza, concejal en la Intendencia Municipal de Montevideo, frustró con su voto en la Junta Departamental una operación de privatización de un hotel capitalino aprobada por el intendente artiguista Mariano Arana. Este hecho provocó la cólera de Tabaré Vázquez, que anunció su dimisión como presidente del FA. La crisis se recondujo en parte gracias a las gestiones apaciguadoras de Mujica, tal que Vázquez continuó en su puesto de liderazgo. Sin embargo, la Corriente de Izquierda salió muy debilitada del episodio y a finales de 1998 el MLN-T decidió abandonarla. Meses más tarde, a principios de 1999, Mujica no pudo impedir la fractura del MPP con la marcha del sector crítico capitaneado por Zabalza y Sarthou.

En las elecciones generales del 31 de octubre de 1999, Mujica se presentó a la Cámara de Senadores y ganó el escaño. Fueron las votaciones en las que el EP-FA dio la campanada al capturar la mayoría simple en los dos hemiciclos legislativos y forzar la segunda vuelta de las presidenciales, donde Vázquez, cabecero en la primera vuelta, fue finalmente batido por el colorado Jorge Luis Batlle Ibáñez. El crecimiento imparable del FA tenía su correlato interno en el rendimiento del MPP, que triplicó sus votos y alcanzó la cota del 14%, aunque el PSU y la AU seguían siendo más fuertes que él.

En los cinco años siguientes, Mujica, Vázquez y Astori trabajaron a fondo para, siguiendo el ejemplo del socialista Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil, ensanchar la base de apoyos, acumular fuerzas y subrayar los mensajes de pragmatismo y moderación, aunque sin renunciar a los objetivos fundamentales de justicia social y de abandono del dogmatismo económico liberal que conformaban los manifiestos políticos, de manera que la victoria no pudiera escapársele al Frente en las elecciones de 2004. Se produjo así la incorporación (en realidad, una recuperación) del Nuevo Espacio de Rafael Michelini, dando lugar en diciembre de 2002 a la más vasta coalición del centro-izquierda uruguayo, el Encuentro Progresista-Frente Amplio-Nueva Mayoría (EP-FA-NM).

El V Congreso del MPP, en septiembre de 2001, matizó el clasismo del partido al reconocer la importancia de los productores agropecuarios y los pequeños y medianos industriales y comerciantes, sectores sociales que hasta ahora los emepepistas no habían "considerado como pueblo". El V Congreso, en marzo de 2004, incidió en la "refundación nacional" de un Uruguay que debía "reconstruir su aparato productivo" tras la calamitosa crisis monetaria y financiera de 2002, la cual aniquiló la banca privada nacional, ahondó la recesión hasta una profundidad sin precedentes y disparó el paro y la pobreza. Para esta refundación, sostenían Mujica y los suyos, era esencial hacerse con el Gobierno nacional, y para eso había que "combinar la lucha institucional, la lucha de masas y la lucha política". Este particular enfoque del MPP fue recogido por el programa electoral del EP-FA-NM en su apartado Uruguay productivo.


3. Ministro de Agricultura con Vázquez y candidato del oficialismo en las presidenciales de 2009

Las votaciones del 31 de octubre de 2004 fueron el acontecimiento auspicioso de la izquierda uruguaya que Mujica, con su paciente trabajo de maduración de ideas y estrategias, contribuyó a hacer realidad. Vázquez, en su tercera tentativa en una década, se proclamó presidente de la República en la primera vuelta y el EP-FA-NM conquistó la mayoría absoluta en las dos cámaras de la Asamblea General. Aunque Vázquez era del PSU, los Tupamaros y sus compañeros de la Lista 609, en un salto sensacional, devinieron el componente más votado de la coalición al acaparar el 29,3% de los sufragios (sobre el 51,7% sacado por el conjunto del encuentrismo y el frenteamplismo), 19 representantes (de 53) y seis senadores (de 17), entre ellos Mujica, que renovó su curul con más de 300.000 papeletas. Su pareja, Lucía Topolansky, diputada por sustitución desde 2000, encabezó la Lista 609 en la Cámara baja y fue reelecta también.

El Ejecutivo presidido por Vázquez tomó posesión el 1 de marzo de 2005 y en él no podía faltar el antiguo guerrillero tupamaro, que tomó la cartera de Ganadería, Agricultura y Pesca. Eduardo Bonomi Varela, ministro de Trabajo y Seguridad Social, completó la cuota de poder adjudicada al MPP en el Gabinete de trece miembros. En tanto que senador más votado, a Mujica le correspondió investir presidente a Vázquez, tras lo cual él mismo juró su puesto ministerial. Su escaño en el Senado pasó a ocuparlo en suplencia su propia compañera sentimental.

Como titular de la cartera agropecuaria, sector que aportaba cuatro quintas partes de las exportaciones nacionales, Pepe Mujica tuvo la ocasión de aplicar sus ideas para relanzar la producción y, no menos importante, elevar los niveles de renta de los pequeños y medianos agricultores y ganaderos -colectivo del que él mismo había sido miembro- en comparación con los grandes productores. Desde el primer momento se puso en duda su preparación técnica, pues se trataba de un hombre sin estudios superiores y sin ninguna experiencia en la gestión pública. Lo cierto fue que el ministro, que aportaba la visión política, tomó como mano derecha a un profesional del MPP, el ingeniero agrónomo y antiguo guerrillero Ernesto Agazzi Sarasola, nombrado viceministro.

El neófito en las responsabilidades de gobierno obtuvo unos resultados más que tangibles en su ministerio (las exportaciones cárnicas, parte del león del negocio ganadero, experimentaron un fortísimo crecimiento en este período gracias a una inteligente penetración en los mercados asiáticos, posibilitada en buena medida por los rigurosos controles de calidad y salubridad), y además se apuntó un tanto particular que acrecentó su popularidad cuando consiguió que los productores de vacuno para el consumo doméstico rebajaran los precios de las piezas de carne más consumidas por los uruguayos. La medida, bienvenida por la población, adquirió la denominación popular de El asado del Pepe.

Antes, durante y después de este episodio, el ministro se aseguró una gran notoriedad por su forma de hablar coloquial y llana –que sus detractores consideraban deliberada, como táctica populista-, sus descripciones y diagnósticos no exentos de crudeza pero que sonaban bastante certeros, y una presencia física austera tirando a desaliñada, como de hombre mayor indiferente a las servidumbres estéticas que persiguen a todo político profesional. Achaparrado, ceñudo, habitualmente desgreñado y de gestualidad errática, ora inquieta, ora letargosa, Mujica se mostraba como un político sincero y espontáneo que ni se ponía el traje y la corbata, ni mantenía la mirada fija en la cámara ni se privaba de opinar sobre todo tipo de temas y de despotricar cuando le apetecía. El 8 de octubre de 2005, tras una prolongada convivencia, el ministro Mujica contrajo matrimonio con la senadora Topolansky en su chacra familiar, ante un juez y dos parejas de vecinos que oficiaron de testigos.

Como miembro del Gobierno, Mujica dio muestras de pragmatismo al integrarse en el comité de recepción del presidente George Bush, que en marzo de 2007 recaló en Montevideo en el curso de su gira por América Latina. En esta ocasión, Mujica derrochó cortesía y calidez con el ilustre aunque polémico huésped, ya que le interesaba mejorar los acuerdos de exportación de carne a Estados Unidos. Atacado por la izquierda, el gobernante replicó: "Si no fuera ministro, estaría manifestándome, pero negociar no consiste en vender el alma de uno ni en cambiar de idea, sino en lograr acuerdos". Durante el encuentro, Bush correspondió a su anfitrión alabando su "larga historia de luchador social", la cual decía conocer.

Este ejercicio de realpolitik no era excepcional. Meses atrás, en una de sus típicas salidas fulminantes, Mujica había manifestado que el MERCOSUR "no sirve para un carajo", y que lo que había que hacer era "negociar con Estados Unidos, con Irán, con Libia y con el que se ponga". Eso no quitó para que el ministro aplaudiera la decisión de Vázquez de descartar la firma de un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos por la vía rápida. Y es que, aunque decepcionado con los beneficios que el país sacaba del MERCOSUR, Mujica seguía prefiriendo la unión aduanera con los vecinos Brasil, Argentina y Paraguay frente a un TLC Uruguay-Estados Unidos que le parecía "una utopía". Por otro lado, el debate interno sobre el TLC le enfrentó con Astori, ministro de Economía y Finanzas, un moderado partidario de la responsabilidad fiscal.

El 3 de marzo de 2008, en un momento álgido de popularidad, Mujica dimitió como ministro de Ganadería y pasó el testigo a Ernesto Agazzi. La salida del dirigente tupamaro del Gobierno y su regreso al Senado se enmarcó en una renovación del Gabinete realizada por Vázquez tras cruzar el ecuador del mandato y que afectó a otros cinco titulares de cartera.

Sin embargo, no transcurrió mucho antes de que Mujica diera a entender, con una serie de movimientos, que tenía aspiraciones presidenciales. Al parecer, fueron personas de su entorno privado y compañeros del partido quienes le instaron a dar un paso que en realidad no habría contemplado. Ahora mismo, la personalidad del oficialismo que se proyectaba como el más probable candidato presidencial del FA (desde noviembre de 2005 ya sólo funcionaban estas siglas, al integrarse orgánicamente en el Frente los partidos que habían dado vida al EP y el NE) era el ministro Astori, quien contaba con el respaldo r de Vázquez.

El verano de 2008 fue pródigo en actividades y comentarios. En junio, emplazado a pronunciarse sobre la violencia política de los años sesenta y setenta del pasado siglo, Mujica dio una contestación salomónica que sonó a evasiva: "No me dedico a cultivar el olvido ni a cultivar la memoria. He decidido estar empeñado con lo que me parece que va a ser el mundo de mis nietos, en el cual yo no voy a estar", indicó en una entrevista al diario La Nación.

La declaración contrastaba con unas palabras autocríticas pronunciadas en mayo de 2007, al hilo de la iniciativa de Vázquez de convocar un acto de repudio a los abusos y crímenes cometidos durante el Gobierno de facto y la dictadura militar. Entonces, por primera vez, Mujica había expresado su pesar por su pasada trayectoria guerrillera en estos términos: "Estoy profundamente arrepentido de haber tomado las armas con poco oficio y no haberle evitado así una dictadura al Uruguay (…) porque cuando el pueblo uruguayo quiso poner la pata, [yo] no estaba en la calle para pelear con el pueblo uruguayo, y de eso me voy a arrepentir toda la vida".

A mediados de julio, Mujica, el también senador Fernández Huidobro, Julio Marenales y Jorge Zabalza tuvieron que declarar ante un juzgado penal de Montevideo en relación con la denuncia interpuesta contra ellos por un diputado del PC sobre la base de las revelaciones contenidas en un libro biográfico de Zabalza, donde éste contaba que cuando los disturbios proetarras de 1994, el MLN-T tenía listo, aunque finalmente no lo empleó, un vehículo lleno bombas caseras para enfrentarse con la Policía. Zabalza justificaba la solidaridad con los prófugos españoles porque en el pasado ETA había ayudado económicamente a los Tupamaros.

Ese mismo mes, días después, Mujica realizó un viaje a Argentina, donde departió con la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y su esposo y predecesor en el cargo, Néstor Kirchner, ahora jefe del Partido Justicialista. La visita dio mucho que hablar, ya que las relaciones uruguayo-argentinas estaban gravemente resentidas por el conflicto diplomático a raíz de la instalación de la planta procesadora de celulosa de la compañía Botnia en la ciudad fronteriza de Fray Bentos, que Buenos Aires denunciaba como contaminante del río Uruguay. Mujica indicó que el desplazamiento al país vecino buscaba limar asperezas. En agosto, el senador uruguayo volvió a reunirse en la capital porteña con el matrimonio Kirchner y de paso con el ex ministro de Economía Roberto Lavagna. También estuvo en Paraguay y Venezuela, donde departió respectivamente con los presidentes Fernando Lugo y Hugo Chávez.

La precandidatura presidencial de Mujica adquirió consistencia en septiembre, pero el MPP advirtió en el FA una serie de movimientos dirigidos a impedir ese envite. Vázquez y su entorno impulsaron una fórmula en la que Astori –que el 18 de septiembre abandonó el Gobierno para dedicarse a su precandidatura- sería el candidato a presidente y Mujica el candidato a vicepresidente. El senador se negó a ir de segundón. Además, un grupo cívico venía animando un Movimiento Reeleccionista en favor del propio Vázquez, que al fin y al cabo gozaba de unos envidiables índices de popularidad y de aprobación a su gestión presidencial. Claro que para que el socialista pudiera acudir a la reelección, antes tendría que aprobarse una reforma constitucional. Sin embargo, el ex guerrillero tupamaro era la figura que más adhesiones recababa dentro del Frente.

La confusión y la tensión en las filas frenteamplistas se disiparon en parte a principios de noviembre, cuando Vázquez negó explícitamente que buscara la reelección. Las negociaciones a múltiples bandas en torno a la "fórmula de consenso" Astori-Mujica no fructificaron, de manera que el 6 de diciembre, el Plenario Nacional del FA nominó las dos precandidaturas rivales, más otras tres, las de Enrique Rubio Bruno, director de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto de la Presidencia de la República (artiguista), Daniel Martínez Villaamil, ministro de Industria, Energía y Minería (socialista), y Marcos Carámbula Volpi, intendente de Canelones (frenteamplista independiente).

El 13 y el 14 de diciembre de 2008, el V Congreso Extraordinario del FA, denominado Zelmar Michelini, proclamó a Mujica su candidato oficial (en realidad, precandidato) con 1.694 votos (el 71,1%). Segundo quedó Carámbula con 1.102 votos y tercero, con 566, Astori, seguido muy de cerca por Martínez y Rubio. Pero esta proclamación no suponía una nominación definitiva, ya que, de acuerdo con la legislación, Mujica todavía tenía que competir con los otros cuatro precandidatos habilitados en una elección primaria interna abierta a todo uruguayo inscrito en el censo electoral. Aunque él gozaba del aval oficial, la interna nacional iba a disputarse en igualdad de condiciones.

El Congreso Zelmar Michelini aprobó además el Programa de Gobierno para el período 2010-2015. El documento, continuista dentro de un izquierdismo de corte socialdemócrata, hacía alarde de los resultados obtenidos en el primer quinquenio (vigorosas tasas de crecimiento, relanzamiento de las exportaciones, drástica reducción del paro, fuerte inversión pública en educación, infraestructuras y tecnología, reforma tributaria de tipo progresivo, corrección de déficits sociales gracias a los planes de Atención Nacional a la Emergencia Social –PANES- y de Equidad) y prometía ahondarlos dentro de una Estrategia de Desarrollo Nacional que repetía los seis ejes temáticos ya desgranados en el anterior programa electoral, a saber: Uruguay Productivo, Uruguay Innovador, Uruguay Social, Uruguay Cultural, Uruguay Democrático y Uruguay Integrado.

Antes de terminar 2008, Mujica vaticinó un "terremoto" en Uruguay si llegaba a la Presidencia de la República y anunció que, en tal caso, destinaría su sueldo a un fondo para financiar "inversiones productivas de la gente que quiere arrancar con algún proyectito". En febrero de 2009, la filtración de que recibía financiación del kirchnerismo levantó fuertes críticas contra el senador, quien, no sin enfado, tuvo que suspender un acto proselitista previsto para ese mes en la ciudad argentina de Mar del Plata.

El discurso del líder tupamaro admitía múltiples matizaciones, que a veces sonaban contradictorias. Tenía unas estrechas relaciones con los Kirchner, pero admitía "estar caliente" con Néstor Kirchner, "como casi todos los uruguayos con sangre en las venas", por la persistencia de los bloqueos en el puente internacional Libertador San Martín por conservacionistas argentinos y vecinos de la ciudad entrerriana de Gualeguaychú, sita en la otra orilla del Uruguay, frente a Fray Bentos. Por otro lado, confesaba su admiración por Lula, quien era "un ejemplo a seguir", pero eso no era óbice para criticar a Brasil, que se había "lavado las manos" en el conflicto uruguayo-argentino por las papeleras y había "ejercido poco su liderazgo en el MERCOSUR".

El 6 de marzo de 2009 Mujica lanzó oficialmente su candidatura presidencial bajo el lema Un presidente para todos y con los respaldos del MPP, el PCU, el PVP, el Compromiso Frenteamplista (Confa), la Corriente de Acción y Pensamiento-Libertad (CAP-L, una escisión del MPP pero integrada en el Espacio 609) y el Partido Por la Seguridad Social (PPSS). En frente tenía a Astori, apoyado por la AU, el PSU, el NE, el grueso de la Alianza Progresista (AP) y Banderas de Líber, y a Carámbula, que intentaba articular un "tercer polo" tras las retiradas de Rubio y Martínez con el sostén de la VA. El 24 de mayo el senador se dio de baja en la Dirección Nacional del MPP para encarar la interna con más libertad de movimientos. El tupamaro era el claro favorito y el 28 de junio la elección primaria le fue favorable al imponerse con el 52,1% de los votos (229.443 papeletas) sobre Astori, que recogió el 39,6%, y Carámbula, depositario del 8,3%. A continuación, Mujica invitó a Astori a acompañarle en la fórmula para la Vicepresidencia, oferta que el asambleísta aceptó.


4. Victoria electoral frente al blanco Lacalle

A partir de aquí, Mujica, con el soporte unitario del Frente, comenzó a librar campaña electoral contra sus adversarios del PN, el ex presidente Lacalle, y del PC, Juan Pedro Bordaberry Herrán, antiguo ministro e hijo del ex presidente Juan María Bordaberry (quien se encontraba bajo arresto domiciliario y procesado por crímenes de lesa humanidad cometidos bajo su período de gobierno dictatorial).

Entre digresiones sobre la ingeniería genética, la informática y la sociedad del conocimiento, Mujica incidió en la educación, que consideraba un importante "factor igualitario", y sostuvo la necesidad de crear en Uruguay un "modelo agrointeligente" así como un polo regional de alta tecnología, para que el país atrajera más inversión foránea y pudiera competir en la región y en el mundo "con una producción especializada". Además, defendió la validez de los dos impuestos directos introducidos por el Gobierno saliente y que Lacalle propuso derogar, el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF), para la tributación de los sujetos activos, y el Impuesto de Asistencia a la Seguridad Social (IASS), para los sujetos pasivos.

Aunque contaba con una amplia ventaja de partida gracias a su carisma sui géneris y al legado positivo de Vázquez, Mujica vio escapársele sus posibilidades de victoria en la primera vuelta por culpa, dio la sensación, de su destemplanza verbal, que le llevó a descalificar a los políticos argentinos con gruesos epítetos ("burros", "irracionales", "patoteros", "nabos", que vertió en el libro de conversaciones Pepe Coloquios, publicado en septiembre el periodista Alfredo García), y a arremeter contra la justicia uruguaya, de la que dijo "no creer un carajo", en relación con la posible revisión de las violaciones de los Derechos Humanos durante la dictadura, porque tenía "un hedor a venganza de la puta madre que lo parió" (crudas palabras que empleó en una entrevista al diario argentino La Nación, donde de paso valoró la violencia guerrillera del MLN-T como "muy justificada").

Ahora bien, el candidato aseguró que, de ganar, no derogaría la Ley de Caducidad. Por otra parte, tenía muy claro que su meta era "hacer alianzas honradas con vastísimos sectores", "tener un discurso abierto" y "negociar muchos acuerdos". En realidad, una presidencia suya se basaría en "negociar, negociar y negociar, hasta que resulte insoportable", indicó. Reiteró que su referente regional era Lula (al que visitó en agosto y del que aceptó el consejo de que se comprara un traje, prenda que se hizo a medida y estrenó –"por primera vez en su vida", pero sin la corbata- precisamente para su entrevista con el mandatario brasileño) y no Chávez, cuyo socialismo bolivariano le parecía mayormente "burocracia", aunque no podía menos que simpatizar en lo personal con el antiguo teniente coronel y con su Revolución en Venezuela. El frenteamplista tampoco tenía pelos en la lengua cuando se refería a sí mismo: "Soy un terrón con patas porque amo la tierra", dijo en relación a su atribuida falta de sofisticación y su apego a las cuestiones del agro. Y: "Yo soy de los que se equivocan. Meto la pata por excesivamente sincero. ¡Pero no tengo precio!", aseguró, entre la autocrítica y la presunción.

Vázquez, irritado con el torrente de rapapolvos sentenciosos contenidos en Pepe Coloquios, llegó a criticar las "estupideces" de su compañero de bando, quien intentó quitar hierro al asunto entonando un escueto mea culpa. No sorprendentemente, las oposiciones blanca y colorada instrumentaron con fruición la sinceridad a bocajarro de Mujica, quien parecía no hacer mucho caso de la asesoría de imagen, para poner en tela de juicio su talla presidencial y arrojar sospechas sobre su verdadera naturaleza política. Las campañas de Lacalle y Bordaberry se afanaron en desnudar las supuestas carencias culturales y profesionales del adversario común basándose en su imagen física y en su lenguaje, además de recriminarle que no rechazara de una manera clara y sin equívocos la violencia guerrillera y terrorista por él practicada.

Lacalle, en particular, acusó a Mujica de albergar un pensamiento que "dentro del esquema marxista se parece a la teoría maoísta", de realizar manifestaciones "preocupantes" sobre el sistema democrático y de tratarse de una persona "muy poco preparada a nivel científico, profesional e intelectual, muy vulgar y chabacana". Mujica y el Frente no se quedaron atrás, y tacharon al nacionalista de "apóstol del neoliberalismo fundamentalista, "oligarca", "patricio de doble apellido" y "espíritu arrogante y aristocrático de clase poseedora". Que el dirigente blanco se mofara de él por vivir –en referencia a su chacra de Rincón del Cerro- en un "sucucho" (hueco o rincón) y una "cueva", era propio de "personas con sentimientos aristocráticos que desprecian a la gente y no ocultan su carga de odio y de veneno". A su entender, continuaba Mujica, Lacalle era un político "mucho más reaccionario de lo que realmente parece".

El 25 de octubre, Mujica, confirmando los últimos sondeos, fue el candidato más votado, pero no alcanzó la mayoría de la mitad más uno de los votos que le habría ahorrado la segunda vuelta. El frenteamplista cosechó el 47,9% de los sufragios y pasó a disputar la ballotage con Lacalle, receptor del 29,1%. Bordaberry, con el 17%, quedó apeado de la liza, tras lo cual animó al coloradismo a votar al candidato blanco. Cuarto quedó, con el 2,5%, Pablo Mieres Gómez, del Partido Independiente (PI). En las legislativas, el FA preservó la mayoría absoluta, bien que por la mínima, al asegurarse 50 representantes (sobre 99) y 16 senadores (sobre 31). Los dos referendos celebrados en la misma jornada, sobre la anulación de la Ley de Caducidad y sobre la habilitación del voto por correo de los uruguayos residentes en el extranjero, arrojaron un resultado negativo: en ambos prevaleció el no con el 52,6% y el 63,1% de los votos, respectivamente. La segunda vuelta de las presidenciales tuvo lugar el 29 de noviembre y Mujica se proclamó presidente sin ningún apuro con el 52,4% de los votos.

Tras conocer su abultada victoria, el todavía senador repitió su ofrecimiento al PN, el PC y el PI de llegar a acuerdos transversales "a través de fructíferas conversaciones" y en torno a una agenda nacional, y se puso a trabajar para la formación del Gabinete ministerial, donde se esperaba la presencia de antiguos compañeros de la lucha guerrillera. El vicepresidente electo, Astori, sería el principal estratega económico del próximo Ejecutivo, lo que enviaba un mensaje de continuidad. Así, seguía adelante el esquema "sin modelo concreto", liberado de "rigideces" y "dogmatismos"; en otras palabras, se procuraría alcanzar el equilibrio estructural en las cuentas públicas con una política fiscal responsable que tomara en cuenta el ciclo económico, ahora mismo muy positivo, y las necesidades de la inversión social.

El 3 de diciembre, la Corte Electoral, una vez finalizado el escrutinio de los votos, proclamó oficialmente a Mujica presidente electo de Uruguay. Cinco días después, la celebración en Montevideo de la XXXVIII Cumbre ordinaria del MERCOSUR permitió a Mujica, invitado al evento por Vázquez, mantener contactos con los presidentes asistentes, a los que ya conocía. El mandatario electo expresó su interés en relanzar las relaciones uruguayo-venezolanas a Chávez, con quien protagonizó un acto público. Así, se habló de profundizar la cooperación comercial por la que Venezuela se compromete a suministrar a Uruguay todo el petróleo que necesita y la República Oriental paga el grueso de ese abastecimiento energético con una amplia gama de productos agropecuarios.

Los medios periodísticos han recordado que cuando Mujica asuma la Presidencia con un mandato quinquenal el 1 de marzo de 2010, la persona que le tomará juramento será, curiosamente, su propia esposa y en lo sucesivo primera dama de Uruguay. Esto será así porque Lucía Topolansky ha sido la senadora más votada de la lista senatorial más votada, la del Espacio 609, lo que la convierte en la presidenta inaugural de la Asamblea General. Dato añadido, Mujica es el primer político de América del Sur que alcanza la suprema magistratura de su país por la vía democrática tras destinar una parte de su vida a combatir mediante la subversión armada esa misma institución del Estado.

(Cobertura informativa hasta 15/12/2009)