Keiko Fujimori Higuchi

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Datos relevantes

Actualización: 16 de Junio de 2011
Crédito fotográfico: © Keiko Fujimori, en Flickr.com
Keiko Sofía Fujimori Higuchi

Perú

Candidata presidencial

Nacimiento: Lima , 25 de mayo de 1975

Partido político: Fuerza 2011 (anteriormente, Alianza por el Futuro)

Profesión: Empresaria

Crédito fotográfico: © Keiko Fujimori, en Flickr.com

Resumen

Keiko Fujimori, primogénita del ex presidente Alberto Fujimori (1990-2000), remonta su precoz adiestramiento político a los años en que fungió como una influyente primera dama del Perú, puesto en el que reemplazó a su divorciada madre, la luego congresista Susana Higuchi. El veto en 2005 a la candidatura presidencial de su progenitor, entonces exiliado en Chile y reclamado por la justicia peruana, proyectó al liderazgo del reorganizado movimiento fujimorista a Keiko, que en las elecciones de 2006 salió elegida congresista por Lima en la lista de la Alianza por el Futuro. Como opositora al Gobierno aprista de Alan García, esta joven legisladora de estirpe nipona destinó más tiempo a defender la honorabilidad y el legado de su padre, cuatro veces juzgado y condenado, luego de su extradición en 2007, a un total de 44 años de cárcel por múltiples delitos de corrupción y lesa humanidad, y a construir un nuevo partido, Fuerza 2011, para postularse a las presidenciales del 10 de abril de este año.

Figura polarizadora, su mensaje, tildado de populista de derechas, se ha centrado en el recuerdo de las realizaciones macroeconómicas y antiterroristas de los años noventa, y en las promesas de mano dura con la delincuencia y de reducción de la pobreza, que sintetiza su eslogan "seguridad y oportunidades". Siempre fuerte en las encuestas, Keiko ha conseguido pasar a la segunda vuelta del 5 de junio por detrás del nacionalista de izquierdas Ollanta Humala, con quien comparte electorado base, el de las clases populares. De cara a esta confrontación, Fujimori, consciente del temor, incluso la animadversión, que despierta en muchos peruanos que no olvidan los abusos y crímenes del régimen de El Chino, y que perciben en su plataforma un peligro autoritario, ha optado por distanciarse de los "delitos" y los "errores" cometidos por el Gobierno de su padre hoy preso, recordando además que ella se opuso a su tercer mandato presidencial en 2000 así como a la continuidad de su asesor de inteligencia, el archicorrupto Vladimiro Montesinos.

Biografía

1. Los años de iniciación en la vida pública como primera dama del Perú
2. Una carrera política a la sombra del padre
3. Vindicación del legado fujimorista y ambición presidencial
4. La opción populista en las elecciones de 2011
5. La disyuntiva de Keiko o Humala: optar por el "mal menor"


1. Los años de iniciación en la vida pública como primera dama del Perú

La hija mayor del presidente del Perú (1990-2000) Alberto Fujimori y de la congresista de la República (2000-2006) Susana Higuchi, descendientes ambos de inmigrantes japoneses, recibió la educación escolar en el Colegio Sagrados Corazones Recoleta, casa de estudios privada regentada por esta congregación católica en Lima, al igual que sus hermanos menores, Hiro Alberto, Sachi Marcela y Kenji Gerardo. En 1992, el año en que su padre, un ingeniero y profesor de Ciencias convertido en el portento electoral de 1990 al frente del partido Cambio 90, dio un autogolpe de Estado para ajustar la Constitución y las instituciones a su proyecto político –de signo autoritario- y económico –ultraliberal-, Keiko concluyó la secundaria y en 1993 partió a Estados Unidos para emprender la carrera de Administración de Empresas en la Universidad Estatal Stony Brook de Nueva York (SUNY).

La irrupción de la joven en el escenario público nacional se produjo en 1994 a la temprana edad de 19 años y en unas circunstancias de drama familiar: la ruptura definitiva, con el mayor de los escándalos, entre el presidente y la primera dama, los cuales ya llevaban un tiempo separados y tirándose los tratos a la cabeza, en lo que venían siendo la comidilla de la prensa y los medios locales.

En agosto de aquel año, Susana Higuchi, tras múltiples imputaciones de prácticas corruptas a su marido y recién frustrada por la ley su ambición de disputarle la Presidencia en las elecciones de 1995 (a las que Fujimori acudía en busca de la reelección tras hacer aprobar una Constitución a la medida en 1993) al frente de su propio proyecto político, llevó al clímax la tormenta conyugal al denunciar ante los tribunales a varios miembros del Gobierno como presuntos corruptos. Más aún, la primera dama acusó al jefe del Estado de ser un "tirano" que la tenía "encerrada" en el Palacio de Gobierno, le había infligido "violencia física y moral", y le "impedía" ver a sus hijos.

La reacción de Fujimori fue, como todas las protagonizadas en su quehacer político antes y después de esta trifulca marital, expeditiva: apartar a la todavía su esposa, tildada de paso de "desleal" e "inestable", de toda función pública vinculada a la jurisdicción presidencial. Así, Higuchi fue despojada de la presidencia de la Fundación por los Niños del Perú, una entidad caritativa, y de la posición, simbólica pero privilegiada, de primera dama del país. Sin dudarlo, Fujimori entregó ambos cometidos a su hija Keiko, quien en la pelea matrimonial había tomado partido por él.

El 23 de agosto de 1994 Keiko Fujimori estrenó la condición, inusual al tratarse de la hija y no de la esposa del mandatario (aunque había precedentes, como el de Zulema Menem, hija de Carlos Menem, en Argentina), de primera dama del Perú, condición que conllevaba una apretada agenda oficial, nacional e internacional, a la diestra del presidente o a título individual.

Su debut en el segundo ámbito se produjo a lo grande, con motivo de la I Cumbre de las Américas en Miami, en diciembre de 1994. Mientras el padre conferenciaba con los colegas del hemisferio y posaba para los retratos de grupo, ella tomaba parte en las actividades y actos protocolarios programados para las primeras damas, codeándose como igual con mujeres que podían ser sus madres o sus abuelas, y que estaban familiarizadas con tales eventos. En casa, en marzo de 1996, la joven añadió a sus funciones la presidencia de la Fundación Peruana Cardioinfantil, desde la cual recaudó fondos para el tratamiento quirúrgico de niños con problemas del corazón.

En 1997, con los padres ya divorciados y Fujimori firmemente asido al poder en el tercer año de su segundo mandato y en el cenit de popularidad, Keiko concluyó sus estudios empresariales en la Universidad de Boston, que le otorgó el título de Bachelor of Science in Business Administration. En los tres años siguientes, ella siguió cumpliendo fielmente las tareas asignadas a su puesto y acompañando a su padre en diversos viajes por el extranjero y a las tomas de posesión de presidentes latinoamericanos. Por su cuenta, representó al Perú en las VIII y IX Conferencias de Primeras Damas, Esposas y Representantes de Jefes de Estado y de Gobierno de las Américas, celebradas respectivamente en Santiago de Chile en septiembre de 1998 y en Ottawa en octubre de 1999. También, asistió a la Cumbre Regional de la Infancia para América Latina y el Caribe, en Cartagena de Indias en marzo de 1998.

Ahora bien, la veinteañera no estaba del todo de acuerdo con la gestión de su progenitor, cuyos éxitos macroeconómicos y en la lucha contra el terrorismo no resultaron suficientes para opacar la proliferación de violaciones de los Derechos Humanos perpetradas por fuerzas de seguridad y paramilitares, y de tramas corruptas urdidas en las cúpulas política y castrense, desmanes impunes que un reguero de denuncias opositoras se encargaron de divulgar. Las discrepancias entre padre e hija afloraron en el último y más polémico tramo de la presidencia de Fujimori, cuando el presidente vio desmoronarse su crédito ante la mayoría de la población, y ella misma las recalca en la hoja oficial de vida con motivo de su postulación presidencial en 2011.

Así, el 28 de julio 1998 la primera dama dio la campanada al sumar su rúbrica a la recogida de firmas auspiciada por el movimiento civil antifujimorista Foro Democrático y por los partidos del Bloque Parlamentario de Oposición Democrática, cuyo objeto era llevar al Congreso una iniciativa de referéndum para que el pueblo se pronunciara sobre la pretensión de Fujimori, valiéndose de la polémica Ley de Interpretación Auténtica de la Constitución, de presentarse al tercer mandato consecutivo en las elecciones de 2000.

El gesto de Keiko tuvo especial repercusión porque se produjo justo antes de expirar el plazo de la campaña opositora contra la Ley de Interpretación Auténtica, y porque lo escenificó delante de las cámaras de los periodistas en las escaleras del Congreso, en presencia de dos contentísimas congresistas de la oposición, Lourdes Flores Pérez y Anel Townsend Díez-Canseco, y a escasos minutos de entrar su padre en el hemiciclo para pronunciar un discurso. "Como hija preferiría que mi papá ya descanse, pero como ciudadana creo que el país lo necesita", declaró Keiko para justificar la inclusión de su nombre en una planilla nacional que ya reunía 1.440.000 signaturas. Sin embargo, llegado el momento de la reelección en abril de 2000 (el Congreso ignoró olímpicamente la petición popular de referéndum), Keiko no dejó de asistir a su padre en su maratoniana campaña a lo largo y ancho del país.

La disconformidad de Keiko, a estas alturas una persona de la mayor influencia en el círculo íntimo de colaboradores y asesores del presidente, volvió a manifestarse después de la reelección de Fujimori en la segunda vuelta del 28 de mayo, la cual disputó en solitario porque su contendiente, el economista Alejandro Toledo Manrique, se decantó por el boicot en protesta por el fraude sufrido en la primera vuelta.

El 14 de septiembre de 2000 el país fue convulsionado por el escándalo de los vladivideos, la divulgación por el congresista Fernando Olivera Vega (con cuyo partido, el Frente Independiente Moralizador, Susana Higuchi acababa de ganar el acta de congresista) de unas filmaciones en las que podía verse al ubicuo y maquiavélico asesor presidencial del Servicio de Inteligencia Nacional (SIN), Vladimiro Montesinos Torres, sobornando a parlamentarios de la oposición, dinero en mano y en su despacho oficial.

Informaciones periodísticas señalan a Keiko como uno de los asesores de palacio que recomendó encarecidamente a Fujimori que fuera sensible al clamor de la opinión pública y rompiera toda relación con el nefasto Montesinos. Sin ostentar cargo institucional alguno, el asesor de inteligencia estaba considerado la segunda persona más poderosa del país y desde luego era la figura más detestada del régimen por su asociación con todos y cada uno de los aspectos tenebrosos de la administración fujimorista, ya fuera la corrupción a gran escala, las connivencias entre sectores del Estado y las mafias del narcotráfico, el chantaje o amenaza de las voces disidentes o el asesinato y desaparición de estudiantes de izquierda y simpatizantes de las organizaciones subversivas. Plegándose a las exhortaciones de su hija y también de su hermano Santiago, el presidente, el 16 de septiembre, anunció a la nación la "desactivación" del SIN y la próxima convocatoria de nuevas elecciones generales, a las que él no se presentaría.

Lo que sucedió a continuación marcó el futuro político y personal del padre y de la hija, pero en unos sentidos bien diferentes. Evadido al extranjero, retornado y vuelto a escapar clandestinamente, el escurridizo Montesinos puso en ridículo a Fujimori, que montó un teatral operativo de búsqueda y captura, y que muy probablemente temía la revelación por el fugitivo de alguna información altamente comprometedora para su persona. La oposición, crecida, arrancó al desconcertado oficialismo una serie de concesiones políticas, entre ellas la derogación de la reelección presidencial inmediata y la fijación del 8 de abril de 2001 como la fecha en que tendrían lugar las elecciones adelantadas. Entre tanto, el grupo parlamentario fujimorista, Perú 2000, coalición formada por los partidos Cambio 90 y Nueva Mayoría, por el Movimiento Independiente Vamos Vecino y por el Frente Independiente Perú 2000, se desintegraba.

La situación de Fujimori era insostenible y el 20 de noviembre, desde Japón, optó por terminar abruptamente su mandato enviando por fax una carta de dimisión al Congreso, el cual, en lugar de aceptar la misiva, destituyó al remitente por "incapacidad moral". Al día siguiente, mientras el Congreso intentaba cubrir la vacancia institucional con la investidura para concluir el mandato constitucional del titular de la cámara, Valentín Paniagua Corazao, Keiko abandonó el Palacio de Gobierno y se mudó a la casa de una tía paterna, Juana Fujimori, donde vivía también su abuela Mutsue. Su madre congresista le ofreció venirse a vivir con ella, pero ella prefirió el regazo de la familia del padre.


2. Una carrera política a la sombra del padre

A principios de agosto de 2001 Keiko viajó a Tokyo para reencontrarse con su padre, quien obtuvo de las autoridades niponas el permiso para quedarse allí todo el tiempo que quisiera porque disponía de la doble nacionalidad. El Gobierno japonés se negó a atender la demanda de extradición planteada por las autoridades peruanas, que querían procesar a Fujimori por enriquecimiento ilícito, malversación de fondos públicos, asociación para delinquir, fraude fiscal, abuso de autoridad y homicidio calificado.

Las salpicaduras del proceso al régimen fuji-montesinista
Mientras el ex presidente aprovechaba la seguridad de su autoexilio para arremeter contra Montesinos y anunciar su próximo regreso al Perú, pero no antes de cesar la "persecución política" emprendida contra él, la ex primera dama anduvo muy ocupada intentando limpiar una serie de máculas achacadas a su trayectoria. En enero de 2001 hubo de comparecer ante la Comisión Waisman del Congreso que indagaba en las cuentas de Fujimori y Montesinos, los cuales afrontaban sendas acusaciones penales por corrupción. La hija del primero se vio involucrada porque la comisión de investigación del poder legislativo halló consistentes indicios de irregularidades en el pago de sus estudios universitarios, así como los de sus hermanos, que pudo haberse hecho con dinero no declarado al fisco. En las vistas, Keiko insistió en el origen perfectamente lícito de dicha financiación; según ella, sus clases en Nueva York y Boston habían sido costeadas íntegramente con recursos familiares, en particular los obtenidos por la venta de un valioso inmueble por su padre.

En julio siguiente, mientras Keiko seguía lidiando con la investigación del Congreso, Montesinos, una vez capturado en Venezuela y deportado al Perú, aseguró a sus interrogadores que los estudios en Estados Unidos de los cuatro chicos Fujimori habían sido sufragados con fondos del SIN, esto es, con dinero público. Esta imputación del insidioso Montesinos, experto en difamaciones y extorsiones, no trascendió en su momento.

Sí lo fue, en cambio, otra realizada días antes, a finales de junio, en el curso de sus declaraciones a los fiscales. En esta ocasión, el antiguo asesor de inteligencia acusó a Keiko de, nada menos, ser la persona que sustrajo el explosivo vídeo que exhibía la compra del congresista opositor Luis Alberto Kouri Buchamar; según el reo, que no explicó como habría podido acceder ella a un material que se suponía a buen recaudo en los archivos del SIN, la hija del mandatario entregó la cinta a su madre, quien a su vez se la pasó a su jefe de filas, Olivera. Esta versión fue tajantemente desmentida por Olivera, Higuchi y la propia Keiko, quien aseguró de paso sentirse amenazada por su acusador y hasta temer por su vida.

En 2002, una vez concluidas sin derivaciones penales las comparecencias parlamentarias por el asunto de la financiación de sus estudios, Keiko marchó a Nueva York con la idea de ampliar su formación empresarial en la Universidad de Columbia y de abrirse camino en los negocios privados. En casa ya era accionista de Summit Products, una sociedad anónima dedicada a la exportación de productos naturistas y de aromaterapia cultivados en el Perú. La aventura norteamericana tenía también algo de evasión: le permitió tomar distancia de las crudas reverberaciones parentales, que siguieron generando titulares para el chisme, la polémica y la consternación.

Así, el padre, reo en rebeldía por delitos de lesa humanidad, siguió haciendo apología de su persona y de su obra desde Japón, pero a sabiendas de que si ponía un pie en el Perú sería detenido en el acto y llevado a juicio; además, pesaba sobre él una inhabilitación del Congreso para el desempeño de cargos públicos hasta 2011. Todo ello, empero, no disuadió a Fujimori de poner en marcha una nueva plataforma política con la promesa de presentarse a las elecciones presidenciales de 2006. En cuanto a la congresista Higuchi, acudió a la televisión para relatar el horrible calvario sufrido entre 1992 y 2000, ocho años en los que, de acuerdo con su testimonio, fue reiteradamente vejada y torturada en los calabozos del Servicio de Inteligencia del Ejército (SIE) por los esbirros de quien hasta 2006 había sido su marido.

Entre tanto, Keiko se dispuso a fundar su propia familia alejada de la política. En Nueva York conoció a Mark Vito Villanella, ciudadano estadounidense de ancestros italianos nacido en 1976 y con quien contrajo matrimonio por el rito católico en el distrito residencial limeño de Miraflores el 3 de julio de 2004. La "boda del año", profusamente comentada por los medios, fue oficiada por el cardenal arzobispo de Lima y primado del Perú, monseñor Juan Luis Cipriani Thorne, miembro del Opus Dei, y congregó a muchos antiguos responsables políticos de la década fujimorista. No faltaron a la ceremonia la madre, que hizo de madrina, y los hermanos de la novia (Hiro fue su padrino), mientras que el padre, a través de su programa de radio La hora del Chino, emitido por sus partidarios en casa con participaciones suyas vía telefónica, transmitió sus mejores deseos a la pareja y de paso su "inmensa pena" por no haber podido "llevar al altar" a su primogénita. El matrimonio Villanella-Fujimori iba a estrenar la paternidad en 2007 con el nacimiento de Kyara Sofía, a la que en 2009 seguiría otra niña, Kaori Marcela.

El caso fue que Keiko se vistió de blanco nueve días después de ser acusada por la fiscal provincial penal de Lima, Martha Salinas Zavala, de haberse apropiado en 1998 de una donación de ropa de la organización benéfica de Estados Unidos World Vision destinada a los damnificados por el fenómeno climatológico de El Niño. La magistrada solicitó la apertura de un proceso por el delito de usurpación de funciones en agravio del Estado y una pena de cinco años de prisión, amén de la inhabilitación para desempeñar cargos públicos durante dos años y el pago de una reparación civil de 5.000 soles. Según la fiscal, Keiko se atribuyó funciones que no le competían cuando facilitó el paso por la aduana de tres cargamentos de ropa enviados por la ONG estadounidense.

Entonces, Keiko guardó silencio, pero Fujimori salió en defensa de su hija, a la que presentó como la víctima de un "atropello", una "despiadada persecución política" y un "regalo de bodas siniestro" por parte del Gobierno de Alejandro Toledo, quien fuera su más férreo opositor en la década precedente. El disgusto de la recién casada tocó a su fin en septiembre del mismo año, al levantar un juez penal de Lima los cargos por falta de evidencias. Menos fortuna tuvieron sus tíos Rosa, Juana y Pedro Fujimori, instalados en Japón y Estados Unidos, contra los que en marzo de 2005 un juez dictó sendas órdenes de arresto por su presunto robo de 21 millones de dólares procedentes de donaciones caritativas japonesas. Keiko regresó a Nueva York junto con su flamante esposo para cursar un MBA en la Universidad de Columbia y atender sus inversiones empresariales. En apariencia, no tenía intención de afincarse profesionalmente en el Perú.

Heredera del fujimorismo y elección al Congreso por la Alianza por el Futuro
La situación cambió drásticamente el 6 de noviembre de 2005. Ese día, Fujimori, materializando la advertencia pregonada hasta la saciedad en sus cinco años de exilio y al poco de confirmar su aspiración presidencial para las elecciones de 2006, aterrizó por sorpresa y con aires mitineros en Santiago de Chile, el país que acababa de conceder a su hija la Orden Bernardo O'Higgings en reconocimiento a la labor pediátrica desarrollada por la Fundación Peruana Cardioinfantil. Los agentes de la Interpol no tardaron en aprehenderle y el detenido quedó bajo custodia de la autoridad judicial chilena, que instó a su homóloga peruana a plantear una demanda formal de extradición en el marco de la veintena de procesos abiertos contra el ex mandatario, entrega que el Gobierno Toledo quería que se produjera sin demora.

El 11 de noviembre, mientras la Fiscalía de la Nación facilitaba a la Corte Suprema peruana los expedientes necesarios para sustentar ante Chile la solicitud de extradición, el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) dictaminó que Fujimori no podía ser candidato presidencial al estar inhabilitado por el Congreso, prohibición que el Tribunal Constitucional había ratificado en marzo anterior. Semanas después, Keiko se encontró con que la Sala Penal Transitoria de la Corte Suprema declaraba nula la resolución del tribunal de la Corte Superior de Lima que había archivado la denuncia contra ella por la supuesta apropiación de ropa donada.

A continuación, el 8 de diciembre, el JNE negó la inscripción a la Alianza Sí Cumple, coalición electoral lanzada por Fujimori el 21 de octubre anterior y con él de presidente orgánico. La alianza tenía tres integrantes: el partido Sí Cumple, fundado por Fujimori en julio de 2003 e inscrito provisionalmente ante el JNE en marzo de 2004 merced a unos simples cambio de nombre y reescritura estatutaria del Movimiento Independiente Vamos Vecino, creado también por él en 1998; Cambio 90, cuyo conductor ahora era Andrés Reggiardo Sayán; y Nueva Mayoría, liderada por Martha Chávez Cossio de Ocampo, ex presidenta del Congreso y uno de los pesos pesados del oficialismo durante la década en el poder. Los tres partidos habían obtenido su reinscripción ante la Oficina del Registro de Organizaciones Políticas (OROP) del JNE entre enero y marzo de 2005.

La Alianza Sí Cumple era el resultado de un arduo trabajo de recomposición del bloque fujimorista, que había acudido fragmentado y desmoralizado a las elecciones generales de abril de 2001, cuando en conjunto sólo retuvo cuatro escaños congresuales y su candidato a la Presidencia, el ex ministro de Economía Carlos Alberto Boloña Behr, por Solución Popular -alianza formada por Vamos Vecino y Con Fuerza Perú-, quedó en un remoto quinto lugar con el 1,7% de los votos. Pero ahora, el JNE estaba resuelto a cortarle las alas a Fujimori y su nuevo frente electoral.

Sin pérdida de tiempo, el 10 de diciembre, el binomio Cambio 90-Nueva Mayoría constituyó la Alianza por el Futuro, cuya sigla, AF, coincidía con las iniciales del jefe histórico. La Alianza por el Futuro solicitó su inscripción ante el JNE poniendo como presidente nominal a una persona que en teoría no debía plantear ningún problema jurídico: Keiko Fujimori, quien a sus 30 años entraba en la política representativa a bombo y platillo. Ella estaba lista para batallar en los órganos electorales y en las urnas, defendiendo la aspiración presidencial de su padre y presentándose ella misma como candidata aliancista al Congreso, así que, acompañada de su marido, puso término a su estancia en Estados Unidos.

El 6 de enero de 2006 Keiko obtuvo la inscripción de la Alianza por el Futuro en el Registro de Organizaciones Políticas, pero el segundo intento de registrar la candidatura presidencial de su padre, por Sí Cumple, fue desestimado cuatro días más tarde. El fujimorismo aliancista activó entonces su "plan B", la fórmula de Martha Chávez, quien formó una plancha presidencial en la que se hizo flanquear por Santiago Fujimori, candidato a la primera Vicepresidencia. En cuanto a Keiko, fue escogida para encabezar la lista al Congreso, seguida por la veterana Martha Hildebrandt Pérez-Treviño. Sí Cumple, que preservó a Fujimori como su presidente orgánico, decidió no vincularse a la Alianza por el Futuro y ni siquiera presentó candidatos al Congreso.

El dúo femenino Chávez-Fujimori no tuvo ambages en conceder todo el protagonismo de la propaganda electoral al antiguo jefe del Estado, que entre tanto, desde Chile, vio cómo se le estrechaba el cerco judicial. Las encuestas decían que Keiko era un personaje popular; no mentían: el 9 de abril de 2006 la aspirante al escaño, en efecto, salió elegida congresista por Lima con 603.000 votos, más del doble de los sufragios obtenidos por pesos pesados de la política nacional como Mercedes Cabanillas Bustamante, del Partido Aprista Peruano (PAP), y Carlos Bruce Montes de Oca, ministro de Vivienda con Toledo y uno de los líderes de su partido, Perú Posible.

Para el fujimorismo, el triunfo arrollador de Keiko en la capital fue el único consuelo de una jornada en conjunto decepcionante: la Alianza sólo metió otros 12 representantes en el Congreso, mientras que en las presidenciales, Chávez, con una cuota del 7,4%, quedó en un distante cuarto puesto tras la conservadora Lourdes Flores por la Unidad Nacional, el ex presidente Alan García Pérez por el PAP y el nacionalista radical Ollanta Humala Tasso por la Unión por el Perú (UPP); luego, el 4 de junio, Humala y García disputaron la segunda vuelta, que fue ganada por el segundo.


3. Vindicación del legado fujimorista y ambición presidencial

Al debutar como congresista opositora, Fujimori adoptó un tono bastante moderado en la dialéctica con el oficialismo aprista; es más, dio a entender que estaba abierta a cooperar con determinadas políticas del Gobierno. En los meses y años siguientes, su labor legislativa fue harto discreta, al disfrutar de dilatados períodos de licencia con motivo de su doble maternidad o aduciendo viajes al extranjero y obligaciones representativas, ausencias que aprovechó para concluir sus estudios en Estados Unidos. A lo largo de la legislatura, fue titular sucesivamente de las comisiones ordinarias de Mujer y Desarrollo Social, Economía, Banca, Finanzas e Inteligencia Financiera, Comercio Exterior y Turismo, Presupuesto y Cuenta General de la República, y Vivienda y Construcción.

Uno y otro aspectos, la discutible oposición a García y la escasa actividad parlamentaria, quedaron supeditados a la ejecución de dos grandes estrategias, la una de dimensión familiar, la otra más personal: por un lado, la defensa, a capa y espada, de la inocencia de su padre; por otro lado, en un segundo tiempo, la presentación de unas intenciones presidenciales propias con la mirada puesta en las elecciones de 2011 (para entonces, ya habría cumplido la edad mínima, los 35 años, que prescribe la Constitución para poder postularse al cargo). En realidad, Keiko no distinguió entre una y otra empresas, fusionadas en una única campaña electoralista cuando la ambición presidencial se hizo explícita.

La portaestandarte del fujimorismo fue siempre clara y contundente a lo largo de la peripecia judicial del ex presidente. En septiembre de 2007, Keiko organizó unas nutridas movilizaciones de bienvenida y apoyo a su padre, extraditado finalmente por Chile en relación con siete de los trece casos incluidos en el sumario, cinco por actos de corrupción y los otros dos por violaciones de los Derechos Humanos. Ese mes, ella expresó a los medios su confianza en el desenlace absolutorio de los juicios que se avecinaban porque la fiscalía carecía de "evidencias concretas" contra el acusado. "Si la gente creyera que mi padre es culpable, ningún peruano habría votado por mí", afirmó Keiko, cuya tesis era simple: Alberto Fujimori no había estado al corriente de ninguna de las fechorías cometidas por Montesinos, los generales de su círculo y los ministros y funcionarios corruptos de aquella administración, los cuales obraron a sus espaldas y con flagrante deslealtad.

En diciembre de 2007 Keiko y dos de sus hermanos escucharon en la sala del tribunal especial de la Corte Suprema en Lima el primero de los veredictos contra su padre: de culpabilidad del delito de usurpación de funciones en el allanamiento de la residencia particular de Montesinos cuando el escándalo-crisis de 2000, por lo que el ex presidente era condenado a seis años de prisión. "Muy molesta" por la "injusta" sentencia, la hija mayor comentó que, visto lo sucedido, a la "persecución política" había que sumarle la "persecución judicial", y que la justicia del Perú ya "no inspiraba confianza". En junio del siguiente año, preguntada si indultaría a su padre de tener la oportunidad, la congresista aseguró que "llegado el momento, y si es que yo fuera presidente de la República, a mí no me temblará la mano de dar la amnistía a ninguna persona que yo crea que es inocente, como de castigar a quienes sean criminales".

Para entonces, Keiko llevaba varios meses mencionando la posibilidad de candidatear a la suprema magistratura en 2011. El proyecto proselitista, de hecho, ya estaba en marcha, aunque por el momento sin cargar las tintas en la congresista. El 13 de enero de 2008 ella anunció la creación de Fuerza 2011, partido nuevo que ejemplificaba la promesa del fujimorismo de no quedarse "de brazos cruzados" ante el enjuiciamiento de El Chino, quien podía contar con un respaldo político redoblado. Se intentaría que en 2011 el candidato presidencial fuera Alberto, pero de impedírselo la ley, Keiko, muy probablemente, asumiría el reto.

La pretensión de reunificar las organizaciones fujimoristas, dispersas de nuevo tras la cancelación de la inscripción, en agosto de 2006, de la Alianza por el Futuro (aunque en el Congreso seguía funcionando el Grupo Parlamentario Fujimorista) quedó, empero, en el tintero, ya que tanto Cambio 90 como Nueva Mayoría, amén de Sí Cumple, prefirieron conservar su independencia orgánica y su personería jurídica, luego Fuerza 2011, que escogió el naranja como color emblemático, fue desde el principio un partido de y para Keiko.

En abril de 2009, días después de obtener su yerno Mark Villanella la nacionalidad peruana, la organización por la hija de una manifestación de apoyo a la que acudieron 10.000 personas "agradecidas por todo lo que hizo en sus diez años de gobierno" no salvó a Fujimori de recibir una segunda y severa condena, a 25 años de cárcel, en el juicio por el asesinato de 25 personas en las conocidas como masacres de Barrios Altos (1991) y La Cantuta (1992), perpetradas en el contexto de la lucha antiterrorista. La autoría material de las mismas había que adjudicarla a la unidad paramilitar Grupo Colina, pero el "autor mediato", estableció la Corte Suprema en su sentencia, no era otro que el entonces presidente de la República.

Nuevamente, Keiko, a estas alturas definida como "precandidata" presidencial, arremetió contra un fallo "lleno de odio y venganza" que era la "crónica de una condena anunciada". Desde este momento, anunció a sus enardecidos seguidores, el fujimorismo libraba una "cruzada por la libertad" del "mejor presidente que ha tenido este país", aquel cuya política antiterrorista "salvó al Perú" y "nos enseñó a vivir en paz".

La campaña, mitad de protesta, mitad de búsqueda del voto, incluía la aceleración del proceso de recogida de las 145.000 firmas necesarias para inscribir ante el JNE a Fuerza 2011, cuya fundación formal tuvo lugar el 22 de julio. Jaime Yoshiyama Tanaka, varias veces ministro con Fujimori, promotor de Nueva Mayoría y ex presidente del Congreso Constituyente Democrático, secundaba a Keiko como secretario general de la formación.

En estos momentos, a rebufo de la segunda sentencia, un 70% de los peruanos, reflejaba un estudio, creía que el ex presidente era culpable de los crímenes cometidos bajo su gobierno, frente a un 27% que estaba convencido de su inocencia. Ahora bien, su hija encabezaba los sondeos preelectorales con un volumen de apoyos de entre el 19% y el 21%, seguida de cerca o empatada con el alcalde limeño Luis Castañeda Lossio, del partido Solidaridad Nacional, y distanciada del ex presidente Toledo y el nacionalista Humala.

En 2009, la acumulación por el padre de sentencias condenatorias con penas de prisión (en julio, siete años y seis meses por "peculado doloso, apropiación de fondos y falsedad ideológica en agravio del Estado"; en septiembre siguiente, otros seis años por cuatro delitos relacionados con el espionaje telefónico, la compra de medios de comunicación y el soborno a congresistas) municionó el discurso reivindicativo y por momentos populista de Fujimori Higuchi, quien subrayó la autonomía de su opción política de diversas maneras: comentando con condescendencia la propuesta de una "alianza democrática" planteada por Toledo a los dirigentes del centro-derecha liberal Luis Castañeda, Lourdes Flores y Pedro Pablo Kuczynski; rechazando la sugerencia de un "frente anticorrupción" suprapartidista planteada por Humala; o negando categóricamente las informaciones que apuntaban a la existencia de algún tipo de acuerdo entre ella y el presidente García, cuya hostilidad a Humala era más que manifiesta.


4. La opción populista en las elecciones de 2011

El 9 de marzo de 2010, una vez presentado el número de firmas requerido (de acuerdo con sus responsables, la campaña recolectó un millón de rúbricas, 854.000 más de las necesarias), el OROP admitió a registro a Fuerza 2011 y el 19 de mayo siguiente su fundadora hizo el lanzamiento oficial del partido ante un auditorio limeño de 4.000 personas. En agosto, la fiscal de la Nación, Gladyz Echaíz Llanos, decidió reabrir la vieja investigación sobre el financiamiento de los estudios universitarios en Estados Unidos. La indagación se anunciaba parsimoniosa y no iba a tener ninguna incidencia en la campaña presidencial de Fujimori, quien el 7 de diciembre, con los 35 años cumplidos, oficializó su candidatura durante un mitin en el populoso barrio de Huaycán, uno de los más pobres de la periferia de Lima.

Sus compañeros de plancha iban a ser el recién cesado ministro de Defensa con García, Rafael Rey Rey, candidato a la primera Vicepresidencia, y Jaime Yoshiyama, candidato a la segunda Vicepresidencia. Rey pertenecía al partido conservador Renovación Nacional, que acudía a las elecciones aliado con Fuerza 2011 no obstante haber formado parte, hasta 2006, de la Unidad Nacional de Lourdes Flores. Ahora mismo, Keiko veía ligeramente erosionada su buena situación en las encuestas por las subidas de Toledo y Humala.

Fue también en diciembre cuando Keiko se enredó en un cruce de recriminaciones con Montesinos, que acababa de acumular una nueva condena de prisión, a 25 años esta vez, por su implicación en las matanzas del Grupo Colina. La pelotera verbal comenzó cuando Montesinos, desde su celda en la Base Naval del Callao, hizo trascender una sutil amenaza a Yoshiyama, quien con motivo de la presentación de su candidatura se había desmarcado del régimen político del que fue miembro. Irónica, Fujimori comentó entonces que las pullas del antiguo asesor contra su plataforma presidencial sólo eran fruto del "aburrimiento" que debía estar sintiendo en prisión. No se hizo esperar la réplica del reo, quien, a través de la cuenta de su abogada en la red social Facebook, respondió: "Yo estoy preso, pero no estoy aburrido (...) Aburrido me sentía cuando tenía que cumplir los encargos que su papi me hacía cuando ella vivía en Boston".

Fujimori declaró que no quería entrar en una confrontación y que no caería en las "provocaciones" del que fuera brazo derecho de su padre. Sin embargo, en febrero de 2011, sus comentarios elogiosos para con el empresario Eudocio Martínez y su familia, donantes de fondos para la campaña electoral de 2006 y en la actualidad investigados por presunto tráfico de drogas, sobre que se trataban de "personas inocentes extorsionadas" por Montesinos, pusieron en bandeja la réplica zaheridora del aludido, quien lanzó la siguiente amenaza a Fujimori: "Si no se rectifica de las mentiras que ha inventado sobre la extorsión a la familia Martínez y continúa difamándome con sus bravatas, que se atenga a las consecuencias, pues ahora sí me olvidaré de la lealtad a su padre". El 1 de marzo la líder de Fuerza 2011 quiso zanjar la polémica con esta declaración: "El señor Montesinos traicionó a mi padre y traicionó al Perú, yo no voy a entrar a debatir con ese señor; mi trabajo y mi labor como candidata presidencial es dar a conocer mi plan de gobierno, mi debate será con los candidatos presidenciales".

Fujimori arrancó la colorista campaña de las presidenciales haciendo gala de una jovialidad y una versatilidad que recordaban vivamente las capacidades proselitistas de su padre, quien fuera un campeón del guiño folclórico para cada lugar y ocasión. Keiko no tenía problemas en fundirse en abrazos con la gente, vestirse con las indumentarias de los paisanos, comer los platos típicos del lugar o ponerse a bailar sobre el entarimado. Vista con diversos grados de recelo y ojeriza en las clases medias y pudientes, la candidata tenía su cantera de votos en las clases populares. Y en ese caladero probaba fortuna también un único pero formidable competidor: Ollanta Humala, el líder del Partido Nacionalista Peruano (PNP), quien concurría por la coalición de izquierdas Gana Perú y se esforzaba en sacudirse de la imagen de radical antisistema e impredecible, cultivada en su etapa de militar de ideología etnocacerista sublevado contra el régimen fujimorista y luego en su primera tentativa presidencial, cuando coqueteó con el venezolano Hugo Chávez y su socialismo bolivariano.

En su esquemático Plan de Gobierno 2011-2016, titulado Por un Perú con orden y seguridad, que crece más y comparte. El crecimiento en democracia, Fujimori planteaba una serie de "ideas-fuerza" cuyo epítome vendría a ser el eslogan de campaña seguridad y oportunidades. El documento programático se configuraba como un mero catálogo de enunciados concisos, carente de cualquier tipo de análisis o explicación.

La primera de estas ideas-fuerza, Seguridad ciudadana para un Perú sin violencia, aunaba el discurso clásico de la mano dura con la delincuencia común y el crimen organizado, y fórmulas de inclusión, reinserción y prevención social que redujeran los riesgos de la comisión de delitos. En el apartado sobre "mecanismos de coerción y control", Fuerza 2011 hablaba de "leyes fuertes" y del "aumento de penas para delitos específicos", sin entrar en detalles. Sin embargo, en sus pronunciamientos de campaña, Fujimori, en la línea de la proposición de ley presentada por su bancada en el Congreso, propuso endurecer el Código Penal para aplicar la pena capital a los violadores de menores de edad y a los autores de asaltos violentos con resultado de muerte.

Las propuestas socioeconómicas estaban contenidas en las ideas-fuerza dos, Creación de empleo de calidad, y tres, Reducción de la pobreza, la cual exponía, generalizando al máximo, diversas actuaciones asistenciales en los terrenos educativo, sanitario, nutricional y de infraestructuras básicas. Ni de sus palabras ni de sus escritos se desprendía que Fujimori pusiera en cuestión la validez del sistema económico vigente, liberal de mercado con acento en el sector privado, que había generado crecimiento pero había descuidado distribuir sus beneficios. Para ella, el modelo a seguir era el instaurado por su padre, muy ortodoxo en el terreno macroeconómico pero con el complemento de unos programas de promoción social. Aquí, el contraste con Humala era máximo, ya que el candidato nacionalista abogaba por una "economía nacional de mercado" de tintes socialdemócratas que implicaba un mayor protagonismo del Estado.

En su cuarta idea-fuerza, Gobierno eficiente, Keiko mencionaba una "ofensiva contra la corrupción" y un "Plan de Desarrollo Nacional". El Plan de Gobierno omitía completamente las cuestiones de política exterior, aunque un apartado especial abordaba los derechos y condiciones de los compatriotas que vivían y trabajaban en el extranjero.

Multitud de comentaristas calificaron la opción de Fujimori hija de "populista", y claramente de derechas. La voz alertadora del más prestigioso de los intelectuales peruanos, el flamante premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa (y candidato del establishment liberal-conservador arrollado por Fujimori padre en las elecciones de 1990) tuvo amplia difusión durante la campaña. El literato se refirió al izquierdista Humala como un "gran peligro" para el país porque sus políticas intervencionistas podían dañar el comercio y las inversiones, pero dejó bien patente su animadversión por el fujimorismo al advertir contra el "escenario catastrófico" que supondría el ascenso a la Presidencia de Keiko, heredera de un movimiento que era básicamente "autoritarismo y corrupción". El novelista se reafirmó en lo dicho en 2009 sobre que plantear el dilema o Humala o Fujimori sería "como elegir entre el sida y el cáncer terminal".

La aspirante de Fuerza 2011 salió bastante airosa de los tres debates –celebrados el 3 de marzo, el 13 de marzo y el 3 de abril- con sus contrincantes. En cuanto a los sondeos, desde enero se mantuvo casi siempre en el segundo lugar, hasta mediados de marzo hombro con hombro con Luis Castañeda, por detrás de Toledo y posteriormente de Humala, quien arrebató el primer puesto al ex presidente coincidiendo con el desfallecimiento de Castañeda. En la recta final hasta la cita con las urnas del 10 de abril, Fujimori se consolidó en torno al 22% de intención de voto, casi diez puntos menos que su adversario nacionalista.


5. La disyuntiva de Keiko o Humala: optar por el "mal menor"

(Epígrafe en preparación)

(Cobertura informativa hasta 11/4/2011)


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