Andrés Pastrana Arango

Datos relevantes

Actualización: 11 de Septiembre de 2006
Crédito fotográfico: © US Department of Defense/R. D. Ward

Colombia

Presidente de la República

Duración del mandato: 07 de Agosto de 1998 - 07 de Agosto de 2002

Nacimiento: Santafé de Bogotá, departamento de Cundinamarca , 17 de Agosto de 1954

Partido político: PCC

Profesión: Periodista

Crédito fotográfico: © US Department of Defense/R. D. Ward

Resumen

Su familia está estrechamente vinculada a los dos partidos políticos dominantes en Colombia desde 1958: el padre, Misael Pastrana Borrero, fue presidente de la República entre 1970 y 1974 y líder del Partido Conservador Colombiano (PCC), y la madre, María Cristina Arango, era hija de Carlos Arango Vélez, dirigente del Partido Liberal (PL) y candidato frustrado a la Presidencia en las elecciones de 1942.

Biografía

1. Periodista y político con vocación social
2. Aspirante presidencial por el Partido Conservador
3. Hacer la paz con la guerrilla como objetivo
4. Acumulación de inquietudes en los terrenos político y económico
5. El controvertido Plan Colombia
6. Derrumbe del proceso de paz
7. Certificación del fracaso de una estrategia como epílogo presidencial


1. Periodista y político con vocación social

El joven Pastrana, que cuando su padre se convirtió en presidente presentaba todo el aspecto de un hippy sensibilizado con la problemática social, cursó estudios secundarios en el Colegio San Carlos y desde 1972 estudios universitarios en el Colegio Mayor Nuestra Señora del Rosario, igualmente en Bogotá, donde en 1977 obtuvo el título de doctor en Leyes.

Tras otro año de posgrado en Estados Unidos para sacar un máster en Derecho Público en el Centro de Asuntos Internacionales de la Universidad de Harvard, Pastrana retornó a Colombia y comenzó a trabajar como periodista. En 1978 fue cofundador y primer gerente de la revista Guión, y en 1979 fundó el Noticiero TV hoy. Durante unos años desempeñó funciones de presentador en el programa TV Hoy, convirtiéndose en un rostro conocido para la población.

En 1982 inició su carrera política dentro del PCC como concejal del Ayuntamiento de Bogotá, cargo para el que fue reelegido en 1984 por otro bienio y que simultaneó con sus trabajos en la prensa, donde se especializó en la investigación de las redes de producción y tráfico de cocaína. A esta época corresponden sus premios de periodismo Rey de España (de ámbito internacional, en 1985 y 1987), Simón Bolívar (nacional, en 1987) y el concedido por el Círculo de Periodistas de Bogotá. De noviembre de 1984 a enero de 1985 fue presidente del Concejo de la ciudad.

El 18 de enero de 1988 Pastrana fue secuestrado en Antioquia por orden del cártel de la droga de Medellín, parece ser que con el objeto de presionar al Gobierno liberal de Virginio Barco Vargas para que no extraditara a jefes del narcotráfico, en concreto Pablo Escobar Gaviria, a Estados Unidos. El 25 de enero fue liberado por la Policía, y tras este desagradable trance Pastrana redobló sus actividades políticas. El 13 de marzo del mismo año ganó la elección para alcalde mayor de Bogotá, el primero salido del voto directo de la población. Como primer edil capitalino, Pastrana alcanzó notoriedad con su programa de seguridad ciudadana, que redujo el índice de criminalidad, y de reformas en los servicios públicos.

El 1 de junio de 1990 concluyó su mandato municipal y en 1991 puso en marcha Nueva Fuerza Democrática (NFD), un movimiento suprapartidista para apoyar su campaña para el Senado. En las elecciones legislativas de 27 de octubre de aquel año la NFD no presentó lista a la nueva Cámara de Representantes y sí al nuevo Senado de 102 miembros. Con el 10% de los votos, la plataforma de Pastrana se alzó como la tercera fuerza más votada y él fue uno de los nueve senadores que consiguió. Esta labor de parlamentario iba a proyectarle decisivamente para la más ambiciosa meta de la Presidencia de la República.


2. Aspirante presidencial por el Partido Conservador

En julio de 1993 Pastrana renunció al acta de senador para preparar su candidatura presidencial en 1994, que fue nominada por el PCC, ahora llamado Partido Social Conservador (PSC). En unas de las elecciones más reñidas de la historia de Colombia, el ex periodista se batió con el liberal Ernesto Samper Pizano, que, luego de un virtual empate en la primera vuelta del 29 de mayo, le derrotó el 19 de junio con el 50,3% de los votos, por menos de dos puntos de diferencia.

Dos días después de la segunda vuelta electoral, Pastrana levantó una formidable polvareda al acusar a Samper de haber permitido el filtrado de dinero del narcotráfico en su campaña, aportando como pruebas presuntamente concluyentes unas cintas con grabaciones de conversaciones telefónicas. Las denuncias vertidas contra Samper, tan crudas para la clase dirigente del país, dañaron la imagen de Pastrana como político responsable o buen perdedor, pero constituyeron una sólida base para el proceso de enjuiciamiento parlamentario que a punto estuvo de remover al mandatario liberal de la Presidencia en el bienio 1995-1996.

Tras este episodio, Pastrana estuvo alejado durante más de tres años de la política nacional y se estableció con su familia en Cayo Vizcaíno, Florida, una suerte de travesía en el desierto que algunos presentaron como una huida del vendaval que él mismo había provocado (entonces, incluso se le tildó de "cadáver político"), pero a comienzos de 1998, sintiéndose vindicado, regresó a Bogotá para anunciar su segunda apuesta presidencial.

A tal fin reactivó la NFD, a la que se acercaron elementos del PL que habían participado en el proceso contra Samper, personalidades definidas como independientes, intelectuales prestigiosos como el ex gobernador liberal Gustavo Bell Lemus, designado candidato a la Vicepresidencia (el premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez también salió en apoyo de Pastrana) y ex guerrilleros reinsertados.

Todos ellos, junto con un PCC movilizado en torno a su candidato, conformaron la denominada Gran Alianza Democrática, que presentó a la población un ambicioso decálogo de propuestas destinadas a conseguir la paz, garantizar el pleno empleo (la tasa oficial de paro marcaba el 14% en aquel momento) y desarrollar una verdadera política social, tratando de que las rentas de la población no soportaran en exclusiva el necesario reajuste fiscal. Entre otras medidas concretas, se prometió un recorte por tramos del impuesto uniforme al consumo del 16 al 12%.

Los medios nacionales señalaron que, si bien provenía de la oligarquía terrateniente, Pastrana ofrecía un perfil reformista y, lo que era más importante, no sectario y honesto, nunca asociado a escándalos de corrupción, de manera que su candidatura tenía capacidad para atraer a una parte sustancial del electorado hostil al establishment liberal-conservador.

La prioridad otorgada al inicio de negociaciones de paz con las guerrillas comunistas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC, unos 17.000 hombres) y el Ejército de Liberación Nacional (ELN, unos 6.000 hombres), las cuales no ocultaron su preferencia por Pastrana en la lid presidencial, y la incidencia en los mensajes sociales, alimentaron las esperanzas de una población estragada por cuatro décadas de violencia en múltiples frentes y otros déficits de tipo económico.

La violencia endémica, la inseguridad ciudadana y la sensación de desamparo angustiaban a la población, figurando Pastrana entre aquellos miembros de las clases pudientes que mejor conocían sus embates: además de su experiencia con las bandas de secuestradores, en 1991 afrontó el asesinato por sicarios del padre de su esposa, Nohra Puyana.

Por otro lado, su oferta de restaurar el nivel de cooperación con Estados Unidos vigente hasta 1996, cuando la Agencia para la Lucha contra la Droga (DEA) descertificó al Gobierno de Samper, fue acogida positivamente en Washington. Aun y todo, Pastrana, al que se le asociaban importante contactos con las élites económicas y políticas de Estados Unidos, precisó que de llegar a la Presidencia no estaría dispuesto a acoger asesores militares de ese país para no hacer un "excesivo énfasis en las medidas represivas".

En la elección del 31 de mayo de 1998 Pastrana fue, con el 34,4% de los sufragios, el segundo candidato más votado, aunque tan sólo con una décima menos que el liberal Horacio Serpa Uribe, que había desarrollado una campaña fieramente populista y planteado similares propuestas, si bien en el recuerdo del electorado pesaba la defensa que en su momento hizo del acosado Samper.

Sin embargo, en el desempate del 21 de junio Pastrana obtuvo el apoyo de la mayoría de los votantes de la tercera en discordia en mayo, Noemí Sanín Posada de Rubio, ministra de Exteriores durante la administración liberal de César Gaviria Trujillo (1990-1994) y ahora postulante independiente de éxito por su campaña anticorrupción, de suerte que el aspirante conservador se alzó con la victoria con el 52% de los sufragios.

Los comicios se celebraron en un clima relativamente pacífico para los estándares colombianos y registraron un índice de participación histórico, el 59%, lo que reflejaba la fuerte voluntad de cambio del electorado. El partido del presidente electo, empero, estaba en minoría en el Congreso, al ganar en las elecciones legislativas del 13 de marzo sólo 56 de los 165 representantes de la Cámara baja y 27 de los 102 senadores.


3. Hacer la paz con la guerrilla como objetivo

Pastrana tomaba posesión de su mandato cuatrienal, primero para el PCC desde 1986, el 7 de agosto, pero no esperó hasta entonces para mover sus piezas en el frente de la guerrilla. Con un dinamismo inusual en un presidente y no poca audacia política, el 9 de julio se reunió en la selva con el comandante Manuel Marulanda Vélez, más conocido por Tirofijo, máximo líder de las FARC. El encuentro, primero directo de un mandatario colombiano con la guerrilla y que sorprendió por la cordialidad formal exhibida por los interlocutores, sentó las bases para futuras negociaciones encaminadas a finalizar la guerra civil.

Al mismo tiempo, el ELN y el Consejo Nacional de Paz (CNP), foro integrado por organizaciones no gubernamentales y representantes de la sociedad civil colombiana, llevaban tres meses dialogando en un convento de carmelitas en las cercanías de la ciudad alemana de Maguncia. De esta "mesa de sondeo" surgió, el 15 de julio, un acuerdo de principio para convocar antes de octubre una Convención Nacional como conferencia de seguimiento y consolidación del proceso. Todo ello parecía indicar que la elección de Pastrana había sido un verdadero catalizador de las iniciativas de paz.

No obstante, bien pronto quedaron decepcionadas las perspectivas más optimistas y cobraron argumentos quienes venían advirtiendo que el proceso de paz iba a ser largo y proceloso. El 22 de julio el ELN rompió su compromiso de tregua y comenzó una campaña de atentados. El mismo 7 de agosto, la ceremonia de asunción de Pastrana quedó deslucida por la ola de violencia guerrillera sin precedentes que asolaba el país, que quedó conmovido en particular por el desastre militar del 3 de agosto, con cientos de soldados y civiles muertos o desaparecidos en los combates. Se habló de desaire de la guerrilla a Pastrana y, ciertamente, esta situación no iba a ser excepcional en los cuatro años siguientes.

El 14 de octubre, tres días después de hacer lo propio con el ELN, el Gobierno arrancó las conversaciones con las FARC. Éstas vieron reconocido un estatuto político y el Ejército comenzó a abandonar una zona selvática en el departamento de Caquetá, al sur del país, de 42.130 km² (extensión ligeramente superior a la de Suiza), satisficiendo la precondición planteada por Marulanda a Pastrana de levantar un "laboratorio de paz" en esta región dominada por la guerrilla. El 7 de noviembre los militares completaron la evacuación y la Zona de Distensión se hizo efectiva.

El 7 de enero de 1999 comenzaron las negociaciones de manera oficial, y lo hicieron con mal pie: al encuentro inaugural en San Vicente del Caguán no compareció Marulanda, dejando a Pastrana en situación embarazosa, como señal de advertencia al Gobierno contra la concesión de un estatuto político similar y garantías de amnistía a las organizaciones paramilitares de extrema derecha, unos 7.000 hombres agrupados desde abril de 1997 como Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) bajo el mando de Carlos Castaño.

Precisamente, estos grupos, responsables de algunas de las peores violaciones de los Derechos Humanos, habían desencadenado en la víspera una campaña de masacres contra civiles sospechosos de pertenecer o simpatizar con la guerrilla, para obligar al Gobierno a sentarse con ellos en una mesa de negociaciones y obtener beneficios políticos también en plano de igualdad.


4. Acumulación de inquietudes en los terrenos político y económico

El 2 de mayo de 1999 Pastrana y el jefe de las FARC celebraron una conferencia por sorpresa y desbloquearon la situación empantanada desde el 25 de enero por decisión unilateral de la guerrilla, y cuatro días después se reanudó el proceso negociador. Pero en los meses siguientes la coyuntura no hizo más que empeorar en todos los frentes, y no sólo los militares, poniendo a Pastrana contra las cuerdas.

Por un lado, las guerrillas no le concedieron ninguna facilidad, incrementando los asesinatos y los secuestros de personajes públicos o de grupos en masa -la irónicamente denominada "pesca milagrosa", que nutre un lucrativo negocio de rescates-, las voladuras de instalaciones como oleoductos y torres de energía y las emboscadas a militares y policías. Sin duda crecidas por los resultados obtenidos hasta entonces, las FARC optaron por las grandes demostraciones de fuerza a fin de obtener del Gobierno las máximas ganancias.

La tesis de Pastrana de perseverar contra viento y marea no encontraba eco en buena parte de la opinión pública, cada vez más escéptica ante un proceso de paz percibido sólo como una sucesión de concesiones y gestos de apaciguamiento, que a cambio sólo producían en las guerrillas declaraciones arrogantes y una espiral de agresiones al Estado. Según algunas encuestas, el 70% de los colombianos percibía la subversión como una manifestación no guerrillera, sino terrorista, y no eran pocos los que pensaban que el presidente se estaba mostrando "más preocupado en satisfacer a las guerrillas que en escuchar a la parte de la sociedad que no está armada".

El 26 de mayo de 1999, en vísperas de unas jornadas bélicas especialmente sangrientas, se abrió una crisis sin precedentes en el Ejército por la dimisión de 14 generales y coroneles, con el ministro de Defensa a la cabeza, en protesta por la desmilitarización de una parte del país en aras del proceso de paz.

El comportamiento de la economía no iba a la zaga en cuanto a generación de desasosiego; en agosto de 1999 los sindicatos realizaron un paro nacional para protestar por la política económica y social del Gobierno, que aunque había empezado a aplicar bastante de lo prometido por Pastrana en la campaña electoral (reforma tributaria, rebaja del IVA, devaluaciones del peso) se mostraba incapaz de detener el desempleo, el 20% ya, y una deuda exterior desorbitante, 34.000 millones de dólares.

En septiembre de 1999 el peso entró en flotación con respecto al dólar y en diciembre de 1999, la recesión económica, finalmente del 4,4% del PIB, aparecía como la primera desde 1931 en un país que a pesar del permanente estado de violencia había mantenido durante décadas unas tasas de crecimiento bastante estables.

Además, la adopción de un plan de contingencia con el FMI (Colombia era el único país de Latinoamérica que nunca lo había hecho, como era el país más grande de la región que jamás había padecido hiperinflación o dejado de pagar la deuda externa a sus acreedores) no parecía tan improbable una vez que se solicitó al organismo financiero un préstamo de urgencia para reducir el déficit fiscal, equivalente al 6% del PIB, por valor de 2.700 millones de dólares, a sumar a los 4.200 millones ya concedidos por el Banco Mundial y otras organizaciones crediticias.

La aceleración del embarque de capitales y de la emigración de los colombianos al extranjero atestiguaba el profundo pesimismo reinante sobre el futuro del país, aunque en los primeros meses de 2000 lo peor de la crisis parecía haber pasado y la recuperación del crecimiento, si bien tibia, era un hecho. El último año del siglo terminó registrando un alza productiva del 2,8% del PIB.


5. El controvertido Plan Colombia

Pese a la absorbente situación interna, Pastrana no descuidó el quehacer internacional. El 27 de mayo de 1999 presidió en Cartagena de Indias el XI Consejo Presidencial de la la Comunidad Andina (CAN), que revistió un carácter especial por conmemorarse el 30 aniversario de la firma del Pacto Andino en esa ciudad caribeña. Este socorrido escenario vacacional acogió también la XIV Reunión de jefes de Estado y de Gobierno del Grupo de Río, el 15 y 16 de junio de 2000, en la que se incorporaron como miembros de pleno derecho Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua y la República Dominicana.

Hasta el 2 de septiembre de 1998 Pastrana fue presidente de turno del Movimiento de países No Alineados, ya que la XI Cumbre trienal tuvo lugar en la citada capital en 1995 y la XII edición se celebró en Sudáfrica en la primera fecha. También el 18 de enero de 1999 sostuvo en La Habana un encuentro con el dictador cubano Fidel Castro, al que se sumó el presidente electo de Venezuela, Hugo Chávez, de conformidad con su política de "puertas abiertas" con Cuba.

Ahora bien, la recomposición de las relaciones con Estados Unidos y la formulación de la nueva estrategia de este país para Colombia prefiguraron la agenda exterior de Pastrana. El 27 de octubre de 1998 inició una visita a Washington y el 22 de septiembre de 1999 volvió a reunirse con su homólogo Bill Clinton en Nueva York. El 30 de agosto de 2000 el presidente estadounidense realizó un rápido viaje a Cartagena para tratar con Pastrana sobre el último y más ambicioso plan antidroga de su país.

El Plan Colombia contemplaba inversiones masivas en la lucha contra el narcotráfico para atacarlo en su origen -las plantaciones de coca-, y tenía un fuerte componente militar. Tras la apuesta estadounidense por dar el golpe definitivo a esta lacra figuraba el dato de que, a pesar de las espectaculares actuaciones contra los cárteles en los últimos años (la última, la denominada Operación Milenio, el 13 de octubre de 1999, que condujo a la detención de varios altos capos), más del 90% de la droga comercializada en Estados Unidos procedía del país andino.

Así, de los 1.300 millones de dólares comprometidos, 900 irían directamente a la persecución de las organizaciones delictivas, dotando de medios militares al Ejército colombiano (sin excluir de los arsenales las armas biológicas), y el resto se destinaría a programas sociales y de promoción de los Derechos Humanos, y a la sustitución de cultivos ilícitos.

El plan preveía una inversión total de 7.500 millones de dólares aportados por Estados Unidos y los países involucrados en el proceso de paz. En el apartado humano se establecía un tope inicial de 500 asesores militares, pero con la reserva de aumentarlos si existían "evidencias de una agresión", ambigua referencia que suscitó múltiples especulaciones sobre a cuales de los grupos armados operativos en el país se estaba aludiendo.

Este plan fue acogido con aprensión por otros gobiernos de la zona, concretamente los de los estados limítrofes con Colombia, directamente afectados por los flujos transfronterizos del negocio de narcóticos, provocó malestar y preocupación en diversos sectores sociales y políticos colombianos, que temían la internacionalización del conflicto (y aun una escalada a la vietnamita), y recibió la advertencia de las guerrillas, por su parte cada vez más enredadas en el jugoso negocio de la droga, que se olieron una eventual operación militar a gran escala contra ellas con la participación de efectivos estadounidenses y la alianza fáctica de los paramilitares. Con todo, Pastrana logró de once presidentes sudamericanos el apoyo global al plan en la cumbre de Brasilia del 1 de septiembre de 2000.


6. Derrumbe del proceso de paz

Las tortuosas negociaciones con las FARC, recuperadas el 24 de octubre de 1999 tras otro nuevo parón, volvieron a colapsar en mayo de 2000 a raíz del anuncio por la guerrilla de la creación de un impuesto revolucionario a los particulares con un patrimonio superior al millón de dólares: quien no pagara esa exacción se exponía a ser secuestrado.

Como contrapartida, el 24 de julio de 2000, tras dos años de estériles encuentros, representantes del ELN y el CNP se reunieron en Ginebra para explorar si se podía alcanzar un consenso básico sobre el calendario de paz que incluyera un alto el fuego firme y la convocatoria de la Convención Nacional, entendida como un foro abierto a todos los sectores sociales para discutir la violencia estructural del país y aportar soluciones. El ELN, por su parte, reiteró su exigencia de concesiones territoriales como las dadas a las FARC, en este caso llamadas eufemísticamente "zonas de convivencia" y dentro del departamento de Bolívar, a pesar de que la población local se había movilizado en contra de esa posibilidad.

Entre tanto, Pastrana sostenía un conflicto institucional con el Congreso tras su anuncio, en abril de 2000, de un referéndum para disolver el poder legislativo como paso indispensable en sus planes de saneamiento de la política nacional. Los congresistas amenazaron con destituir al presidente, quien ahuyentó esa posibilidad al precio de perder la mayoría de diputados afectos.

El 8 de febrero de 2001 Pastrana, luego de prorrogar la vigencia de la Zona de Distensión, sostuvo su tercera reunión con Marulanda en la localidad de Los Pozos y al día siguiente ambos anunciaron un acuerdo para reanudar las conversaciones a partir del 14 de febrero, acuerdo condicionado a la creación de una comisión mixta para verificar el control efectivo del Ejército sobre los paramilitares. Por contra, el 19 de abril siguiente el ELN anunció su abandono del diálogo de paz por la "falta de voluntad del Gobierno para luchar contra los paramilitares", si bien la razón de fondo era la negativa a concedérsele una zona desmilitarizada.

A mediados de 2001 a Pastrana aún no se le había agotado la paciencia con las FARC; actitud bienintencionada y, pese al eco ingrato que generaba, necesaria según los miembros del frente pacifista, o una claudicación del Estado de Derecho según los detractores, su insistencia en discutir en pie de igualdad con una guerrilla que parecía más desmandada cada día, más el registro no mucho mejor de su equipo económico, agotaron sus últimas cotas de credibilidad ante un sector ampliamente mayoritario de la opinión pública.

A la decisión del presidente de prorrogar la Zona de Distensión siguió el secuestro y asesinato, a finales de septiembre, de Consuelo Araújo, popular ministra de Cultura hasta enero. Ni antes ni después de la prorrogación efectiva de la zona neutral por tres meses, el 7 de octubre, interrumpieron las FARC los asesinatos, secuestros y atentados, pese a comprometerse, por enésima vez, a mantener una tregua en aquel período.

Simultáneamente, la ONG Human Rights Watch, muy crítica con la administración militarista de las FARC en el "laboratorio de paz" de Caquetá, acusó a Pastrana de no hacer nada para cortar los vínculos entre el Ejército y las AUC, que seguían operando con absoluta impunidad y compitiendo con la guerrilla en la comisión de atrocidades contra la población civil; era tal la efusión de violencia que las acciones de una u otra parte se solapaban, suscitándose dudas sobre cual de los varios grupos armados era el responsable de determinados asesinatos de alto contenido político dirigidos a dinamitar el proceso de paz. En el denominado Acuerdo de San Francisco de la Sombra alcanzado el 5 de octubre, el Gobierno se había comprometido a combatir el paramilitarismo, con lo que el incumplimiento de lo suscrito era flagrante en ambas partes.

Por lo demás, los atentados del 11 de septiembre en Estados Unidos favorecieron la simplificación del análisis de la posible naturaleza terrorista de muchos grupos armados en diversas partes del mundo; en el caso de Colombia, las FARC y las ELN fueron consideradas sin ambages organizaciones terroristas por el Gobierno de Washington, y empezaron a serlo por los gobiernos europeos.

La percepción de que a partir de entonces la comunidad internacional iba a ser menos condescendiente con los fenómenos de violencia con marchamo guerrillero espoleó en la opinión pública colombiana las tesis de ruptura del engañoso proceso de paz y de inicio de la guerra total contra las citadas organizaciones no obstante la aparente imposibilidad de derrotarlas con las armas, una actitud de mano dura que hizo suya el liberal disidente Álvaro Uribe Vélez, pronto aupado en los sondeos de opinión como el favorito para ganar las elecciones presidenciales de 2002.


7. Certificación del fracaso de una estrategia como epílogo presidencial

El 9 de enero de 2002 Pastrana, en respuesta a la última y brutal campaña de ataques, declaró suspendido el proceso de paz con las FARC y el día 12, previo rechazo de su demanda de que terminaran las medidas de control de su territorio mediante sobrevuelos, retenes militares en el perímetro exterior y restricciones a las visitas de extranjeros, les lanzó un ultimátum de 48 horas para que clarificaran sus propuestas de cese de hostilidades antes de ordenar al Ejército la ocupación de la Zona de Distensión. En el último momento, el 14 de enero el proceso de paz se libró del colapso al suscribir ambas partes un documento propiciado por la ONU y los países facilitadores en el que se declaraba que existían garantías para seguir negociando.

Pero este logro in extremis sólo fue un espejismo de paz. Las FARC desataron otra feroz embestida terrorista contra civiles y militares, y, como última provocación de contenido político, secuestraron un avión comercial para capturar al senador Jorge Eduardo Gechen Turbay, que engrosó la lista de congresistas en activo o retirados víctimas de este tipo de operaciones.

Despojado de todo margen de maniobra, el 21 de febrero Pastrana compareció ante la nación para anunciar la ruptura definitiva del proceso de paz y la orden dada al Ejército de recuperar la zona desmilitarizada de Caquetá. Con un tono a caballo entre una pretendida firmeza y una decepción que sólo ahora, casi de golpe, afloraba, Pastrana acusó a Marulanda de haberle engañado a él y al pueblo colombiano, palabras que no podían ocultar el fracaso total del propósito que le llevó a la Presidencia cuatro años atrás.

La grave decisión del presidente tuvo el respaldo de los 34 países de la Organización de Estados Americanos (OEA) y fue recibida en el país con una mixtura de emociones en la que se destacaban el alivio por el final de una situación insostenible y el miedo por los duros tiempos que se avecinaban. Con la denominada Operación Tánatos, la Fuerza Aérea comenzó el bombardeo de objetivos guerrilleros como antesala del despliegue de fuerzas aerotransportadas e infantería. El 22 de febrero las tropas tomaron el control del principal núcleo de población, San Vicente del Cagüán, y al día siguiente Pastrana en persona izó la bandera de Colombia en la cabeza del municipio rodeado de fuertes medidas de seguridad.

Desde este momento, Pastrana se limitó a gobernar con una agenda del día a día, sin propuestas ni iniciativas, hasta la terminación de su mandato el 7 de agosto. Su partido, o mejor, los conservadores que le eran partidarios, fueron castigados en las elecciones legislativas del 10 de marzo. A mayor baldón, dos días después de los comicios el candidato oficial para las presidenciales, Camilo Restrepo, que apenas contaba con el 2% de intención de voto en los sondeos, anunció que se retiraba para no perjudicar las expectativas de Uribe, que se iba a batir con Serpa.

Situación insólita, el partido al que pertenecía el jefe del Estado en activo se quedó sin representante en la lid presidencial por primera vez en la historia nacional. Una vez que Uribe fue proclamado vencedor en la primera vuelta del 26 de mayo, Pastrana se limitó a agotar lo que le quedaba de mandato como un presidente meramente de iure, protagonizando el mandatario electo todo el dinamismo político, el interés de los gobiernos internacionales y la cobertura informativa.

Con todo, Pastrana reclamó para su administración el mérito de haber ganado a las guerrillas la batalla política y presentó el logro indudable de la inclusión de las FARC por la Unión Europea (UE) el 12 de junio, meses después de que lo hiciera el Gobierno de Estados Unidos, en su lista de grupos calificados como terroristas. Semanas atrás, la UE había rechazado adjudicar a la principal guerrilla colombiana tal condición, pese a su responsabilidad confesa en recientes matanzas de civiles, lo que motivó la reacción disgustada de Pastrana y la petición al presidente del Gobierno español José María Aznar, en tanto que presidente de turno del Consejo de la UE, de que propiciara un nuevo examen de la cuestión, como así fue.

En el momento de su despedida, Pastrana, del que se informó que iba a fijar su residencia en España, se quejó de que la prensa nacional tendiera en estos cuatro años a resaltar sólo los aspectos inconclusos de su gestión y a "enfatizar lo negativo", y reclamó el legado de una economía en fase de recuperación, con una tasa de crecimiento del 1,5% en 2001 -si bien en el primer semestre de 2002 la tendencia rozaba, de nuevo, la recesión- así como la moderación del déficit fiscal y la inflación.

No obstante, la mayoría de los análisis recogieron un balance más bien mediocre también en lo económico, aparte la desastrosa situación de la seguridad interior y el aumento a ojos vista de la corrupción, señalándose tres espirales alarmantes: la de la pobreza, que afecta ya al 55% de los colombianos; la del desempleo, con una tasa media del 25% aunque en el campo es casi el doble; y, la deuda externa, que sobrepasa los 40.000 millones de dólares.

Aparte los reconocimientos y haberes arriba citados, Pastrana fue presidente del Capítulo Americano y miembro del Comité Ejecutivo de la Unión Internacional de Autoridades Locales (1988-1989), vicepresidente de la Unión de Ciudades Capitales de Iberoamérica (1989) y codirector de la Conferencia Mundial de Alcaldes sobre la Drogadicción, en sus reuniones de Nueva York (1989) y Madrid (1990). En 1994 asesoró a la sede en Tokyo de la Universidad de Naciones Unidas y en 1992 fue elegido presidente de la Unión de Partidos Latinoamericanos (UPLA). Cuenta con varias condecoraciones colombianas y la UNESCO le distinguió con su Orden homónima. En la actualidad es miembro del Club de Madrid, el Consejo de Presidentes y Primeros Ministros del Centro Carter de Atlanta y el Consejo Directivo de la International Foundation for Election Systems (IFES), con sede en Washington.

(Cobertura informativa hasta 20/8/2002)



CIDOB News

Boletín de noticias y novedades de la Fundación.


Subscríbete.

Subscripcion al boletin de noticias

Entregas anteriores