1. Un dinámico empresario en los años de la dictadura
2. Entrada en política con la derechista Renovación Nacional
3. Las tentativas presidenciales de 1999 y 2005
4. Victoria sobre el concertacionista Frei en 2010 con un programa de cambio para Chile
1. Un dinámico empresario en los años de la dictadura
Nacido en el seno de una familia de clase media, es el tercero de los seis hijos tenidos por José Piñera Carvallo, ingeniero de formación, funcionario público de profesión y nieto de inmigrante asturiano, y María Magdalena Echenique Rozas, ama de casa y con ascendientes vascos. En 1950, contando su más joven vástago con apenas unos meses de vida, los Piñera se marcharon a vivir a Nueva York, Estados Unidos, donde al padre le había salido un puesto en la plantilla de la entidad estatal Corporación de Fomento de la Producción (CORFO), que inauguraba en el país norteamericano su primera oficina exterior. Transcurridos cuatro años, la familia retornó a Santiago y Sebastián comenzó su educación escolar en el Colegio que la congregación de los Misioneros del Verbo Divino regentaba en la capital.
Don José era militante fundacional del Partido Demócrata Cristiano (PDC), que en 1964 llegó al Gobierno de la mano de Eduardo Frei Montalva. De las profundas convicciones católicas de la familia Piñera Carvallo daba especial fe un tío paterno del niño, Bernardino Piñera, alto eclesiástico que entonces encabezaba la Diócesis de Temuco y que años más tarde iba a alcanzar el Arzobispado de La Serena y la presidencia de la Conferencia Episcopal de Chile.
En 1965 Frei nombró a José Piñera embajador de Chile en Bélgica y la familia volvió a hacer las maletas, esta vez con destino a Bruselas, donde Sebastián reanudó la secundaria en el Instituto Saint-Boniface. Cuando el padre jalonó su carrera diplomática con un nuevo y prestigioso destino, la representación permanente ante la sede de las Naciones Unidas en Nueva York, el hijo retorno a Chile. En 1967 Piñera completó el bachillerato en el Colegio del Verbo Divino y al año siguiente ingresó en la Facultad de Economía de la Pontificia Universidad Católica (PUC) para formarse como ingeniero comercial.
Licenciado con distinción en 1971, durante una temporada Piñera dio clases de Teoría Política Económica en el Instituto de Economía de la Universidad de Chile y en la Escuela de Negocios de Valparaíso. En 1973, con lo ganado en estos trabajos lectivos y con la ayuda también de una beca Fulbright, partió a Boston para cursar un máster de su especialidad en la Universidad de Harvard, donde ya llevaba unos meses estudiando su hermano un año mayor, José.
El comienzo de esta formación de posgrado, impartida por un equipo docente en el que descollaba el reciente Premio Nobel de Economía Kenneth Arrow, coincidió con el golpe de Estado militar del 11 de septiembre. Los dramáticos sucesos en su país empujaron al joven a retornar temporalmente a Santiago para contraer matrimonio con su novia cuatro años más joven, Cecilia Morel Montes, a la que conocía desde la adolescencia por ser vecinos del barrio. Nada más convertirse en marido y mujer, la pareja se mudó al campus de Harvard, donde él profundizó su vínculo académico con la mirada puesta en el doctorado. En Estados Unidos nació, en 1976, el primero de sus hijos, Cecilia; a la misma iban a seguir otra chica, Cecilia, y dos chicos, Juan Sebastián y Cristóbal.
En Harvard, Piñera tuvo como compañero de estudios al luego reputado economista Laurence Kotlikoff; juntos se integraron como auxiliares de investigación en el equipo del profesor Martin Feldstein, futuro asesor económico del presidente Ronald Reagan, y publicaron en la revista
The Journal of Economic History un artículo titulado
The Old South's Stake in the Inter-Regional Movement of Slaves. Antes de recibir el doctorado con la tesis, dividida en tres ensayos,
The Economics of Education in Developing Countries, Piñera trabajó para la Universidad como asistente de docencia y como consultor para el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Tras defender exitosamente su tesis doctoral, el profesor Richard Musgrave, especializado en finanzas públicas, le contrató para ayudarle en un estudio sobre las cuentas nacionales de Bolivia, labor por la que cobró, según informa la prensa chilena, la elevada cantidad de 50.000 dólares.
En 1976 Piñera se instaló definitivamente con su familia en Santiago para emprender una prometedora carrera académica a la que rápidamente iba a tomar la delantera una singladura empresarial, con mucho más conspicua y lucrativa que su compromiso con las aulas y los gabinetes de investigación. Por de pronto, el economista retomó el profesorado en la Universidad de Chile y de paso se puso a trabajar en la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), donde participó en un proyecto sobre la pobreza en América Latina. Entretanto, su esposa Cecilia se cualificó como orientadora juvenil y familiar en la Universidad Mayor.
En 1978 incursionó en el sector privado como socio minoritario de Ingeniería Financiera y Comercial Ltda. (Infinco), una empresa de asesoría, auditoría y evaluación de proyectos puesta en marcha por Carlos Alberto Massad Abud, antiguo presidente del Banco Central de Chile y director ejecutivo del FMI, quien trabó contacto con el ingeniero en la CEPAL. Ese mismo año abrió su primer negocio personal, en el mercado inmobiliario, con la Constructora Toltén, dedicada a la construcción de viviendas en la Región Metropolitana, y simultáneamente probó fortuna en el sector bancario como gerente general del Banco de Talca, que le contrató para su plantilla a rebufo de sus servicios como consultor de Infinco. Casi de inmediato, el empleado se convirtió en socio capitalista del Grupo Calaf-Danioni, accionista mayoritario del Banco de Talca. Además, Piñera y sus dos principales socios de Infinco y Toltén, Carlos Massad y Antonio Krell Rosenfeld, adquirieron paquetes accionariales en Bancard, sociedad anónima promovida por el Banco de Talca con el propósito de copar el negocio de la introducción en Chile de las tarjetas de crédito Visa y MasterCard.
En 1980 Piñera dejó de gestionar las operaciones del Banco de Talca, aunque no vendió su paquete accionarial en la entidad, que retuvo en paralelo a su creciente participación en el capital de Bancard, donde el negocio de las tarjetas iba viento en popa. A continuación, aceptó el mismo puesto gerencial en Citicorp Chile, banco de inversión formado por el Citibank y el Banco Santiago, donde ejercería hasta 1987. Por la misma época se desprendió de la Constructora Toltén, que vendió por dos millones de dólares, y a cambio registró la Constructora Aconcagua Ltda., que no empezó a facturar en serio hasta después de la recesión de 1982-1983.
La aguda crisis económica que golpeó al país en el décimo año de la dictadura de la Junta militar del general
Augusto Pinochet Ugarte ocasionó a Piñera grandes pérdidas en sus inversiones inmobiliarias. Pero el desfondamiento de la economía chilena precipitó además el colapso del Banco de Talca, poniendo al futuro estadista en una situación personal harto delicada.
A finales de 1981, cuando Piñera desempeñaba la gerencia general de la entidad y Massad ostentaba la presidencia ejecutiva, el Banco de Talca fue intervenido por la Superintendencia de Bancos e Instituciones Financieras (SBIF) al hallarse en suspensión de pagos. Una investigación judicial halló sólidos indicios de que la directiva del banco, donde llevaban la voz cantante sus principales propietarios, Miguel Calaf Rocoso y Alberto Danioni Bernasconi, había inflado fraudulentamente los partes de capital corporativo mediante la concesión de ingentes créditos a empresas de papel creadas a tal fin que luego reinvertían en el propio banco. En 1982 el Banco de Talca fue liquidado por la SBIF, que a su vez entabló una demanda criminal contra los dueños de la entidad quebrada. Como consecuencia, Piñera y sus socios fueron procesados bajo la acusación de infingir la Ley General de Bancos.
Numerosos informes del periodismo de investigación chileno –no pocos de los cuales presentan una clara tendenciosidad política- afirman que en el verano de 1982 Piñera se mantuvo escondido varias semanas para evadir la orden de detención emitida en su contra como presunto responsable de unos delitos de fraude y asociación ilícita, aunque hasta el día de hoy el interesado ha negado con vehemencia que en este brete fuera en algún momento un evadido de la justicia.
Convertido en reo procesal bajo amenaza de ser juzgado y condenado a una pena de prisión, Piñera presentó en septiembre un recurso de amparo ante la Corte de Apelaciones de Santiago, pero este tribunal se lo denegó. Entonces, recurrió ante la Corte Suprema de Justicia, la cual sí le fue favorable declarando el sobreseimiento del caso. La exoneración alcanzó también a Massad, pero a Calaf y Danioni, que no presentaron recurso y que ya estaban encarcelados, les cayó una condena de tres años de prisión. 27 años después de estos hechos, durante la campaña presidencial de 2009, Piñera iba a tener que enfrentar unas revelaciones comprometedoras sobre el desenlace favorable de su peripecia judicial.
Tras este turbio episodio, Piñera continuó con sus negocios como si nada hubiera pasado. Diversificó sus inversiones, lanzó nuevos proyectos empresariales y acrecentó su patrimonio de capital, hasta convertirse en un hombre creso. Su negocio más rentable en estos años fue el de las tarjetas de crédito, sector del mercado en el que desde 1987 mantuvo una posición de liderazgo a través de Fincard, una empresa no bancaria especializada en la emisión de tarjetas personalizadas y que en parte compensó la pérdida por Bancard de su cuasi monopolio en este terreno, ya que la nueva legislación bancaria de 1986 autorizaba a los bancos a emitir sus propias tarjetas de crédito.
La creciente competencia fue reduciendo los beneficios de Bancard y Fincard, que Piñera terminó por vender respectivamente en 1989 y 1993, operaciones que le reportaron varias decenas de millones de dólares al cambio. Estos traspasos, luego de su baja como gerente y presidente de Citicorp Chile en 1987, finiquitaron la lucrativa, aunque accidentada (por el escándalo del Banco de Talca), aventura del empresario en el sector bancario y financiero. A cambio, montó sociedades que facturaron en los mercados de la edición (Editorial Los Andes), la mensajería (Postal Market), los fondos de inversiones (CMB) y otros. El ramo de la informática también entró en su esfera de intereses al ser contratado por Apple como su representante jefe en Chile. En añadidura, Piñera adquirió diversos paquetes de acciones en todo un abanico multisectorial de empresas.
Por otro lado, en 1989 el matrimonio Piñera-Morel puso en marcha la Fundación Mujer Emprende con el propósito de formar a mujeres jóvenes con escasos recursos y ayudarlas a desarrollar sus proyectos. Cuatro años después, la pareja y un grupo de asociados crearon la Fundación Futuro, dedicada al patrocinio de programas educativos e iniciativas cívicas. Cuando las elecciones presidenciales de 2009, en el organigrama de la Fundación Futuro figuraban Piñera como presidente, su hermana Magdalena como directora general y su esposa Cecilia como miembro del Directorio.
2. Entrada en política con la derechista Renovación Nacional
Los precedentes familiares decantaron las primeras orientaciones políticas de Piñera, que en sus años de juventud se movió en la órbita del PDC, un partido que hasta transcurridos unos años desde el golpe antiallendista de 1973 no deshizo su ambigüedad sobre la postura a tomar frente a un régimen militar que no excluyó a sus cuadros de la persecución policial y hasta del terrorismo de Estado. En el plebiscito de 1980 Piñera se posicionó en contra de la Constitución redactada por la dictadura y cuya validación en las urnas permitió a Pinochet arrogarse una legitimidad en el poder como presidente de la República hasta 1989, en lo que el empresario se alineó con los democristianos, los socialistas y las demás fuerzas de la perseguida oposición democrática.
Ahora bien, Piñera, a diferencia de su padre (don José estaba separado de su esposa, doña Magdalena, e iba a fallecer en 1991 a los 74 años), nunca militó en el PDC y de hecho evolucionó hacia posiciones abiertamente derechistas, aunque no hasta el punto de convertirse, según se desprende de sus manifestaciones públicas en esta época y tal como él ha afirmado luego por activa y por pasiva, en un partidario de Pinochet. Al contrario que su hermano José, también doctor en Economía por Harvard y profesor en la PUC, quien en 1978 aceptó el puesto de ministro de Trabajo y Previsión Social y en 1980 prolongó su estadía en el Gobierno por un año como titular de Minería. En su ejercicio ministerial, hasta que entró en desacuerdo con Pinochet, el mayor de los Piñera fue el artífice de cuatro reformas estructurales, con un fuerte carácter desregulador y privatizador, que afectaron a los ordenamientos de las pensiones, la sanidad, las relaciones laborales y el sector minero. Hasta el día de hoy, Sebastián Piñera ha insistido en que él fue un opositor al Gobierno de Pinochet.
En el plebiscito de octubre de 1988, convocado por el general para que los chilenos decidieran sobre si otorgarle otros ocho años de mandato constitucional o bien acudir a unas elecciones presidenciales a las que él ya no se presentaría, Piñera volvió a votar en contra de las pretensiones del dictador, cuyo régimen había practicado una política económica liberal favorable al empresariado. Convertido a estas alturas en un verdadero magnate, Piñera apoyó económicamente la campaña de la Concertación de Partidos por el No y durante un tiempo coqueteó con el PDC, pero la dirigencia de este partido no encontró atractivo su fichaje.
El empresario ambicionaba un mandato legislativo de elección popular y de cara a las históricas elecciones pluralistas del 14 de diciembre de 1989 inscribió su candidatura a senador por la Circunscripción 8 de la Región Metropolitana Oriente. Concurría con la etiqueta de independiente, aunque en la lista de Renovación Nacional (RN), partido de derecha liberal que junto con la aún más conservadora Unión Demócrata Independiente (UDI) acudía a las elecciones en la coalición Democracia y Progreso, a la que cabía calificar de oficialista.
Fundada el 29 de abril de 1987 bajo el liderazgo del abogado Andrés Allamand Zavala, el ex ministro del Interior de la dictadura Sergio Onofre Jarpa Reyes y Ricardo Rivadeneira Monreal, quien fungió como su primer presidente, RN aunaba en su seno posiciones que oscilaban entre el propinochetismo más o menos matizado y un compromiso no beligerante con la transición democrática, lo que le convertía en la
cara moderada de Democracia y Progreso. Orgánicamente, RN surgió como una fusión del Movimiento de Unión Nacional (MUN) de Allamand, el Frente Nacional del Trabajo (FNT) de Jarpa y la UDI de Jaime Guzmán Errázuriz, máximo ideólogo de la Constitución de 1980. En abril de 1988 la UDI optó por separarse y recobró su autonomía, pero luego los dos partidos hicieron campaña común por el
sí en el plebiscito de octubre. Esta circunstancia parece que frenó la conversión de Piñera en militante de RN.
Sin ser por el momento miembro formal de RN, el empresario accedió a ser el "generalísimo", o jefe de campaña, del candidato presidencial de Democracia y Progreso, el ex ministro de Hacienda Hernán Büchi Buc, de la UDI, pero unas vacilaciones de éste desembocaron meses antes de las elecciones en la sustitución de Piñera por Pablo Baraona Urzúa, otro ministro pinochetista de la escuela neoliberal. Más tarde, Büchi fue derrotado por el postulante de la Concertación de Partidos por la Democracia, el dirigente del PDC
Patricio Aylwin Azócar, mientras que en las senatoriales, Piñera fue ampliamente superado en su circunscripción por el también democristiano
Eduardo Frei Ruiz-Tagle (hijo del difunto Frei Montalva), aunque ello no le impidió hacerse con el escaño metropolitano.
El 11 de marzo de 1990 Piñera debutó en la profesión política como senador de la República con mandato hasta 1998, convirtiéndose, a sus 40 años, en el más joven miembro de la Cámara alta, donde integró por etapas las comisiones de Hacienda, Salud, Constitución, Medio Ambiente y Bienes Nacionales, y Derechos Humanos. Al estrenar la legislatura, clausuró su nexo docente con la universidad chilena y se incorporó oficialmente a RN, en cuya presidencia Allamand tomó el relevo a Jarpa, elegido también senador. Al mismo tiempo, un primo carnal del empresario, Andrés Chadwick Piñera, devino diputado en las filas de la UDI. Y en el mismo Ejecutivo de Aylwin, un hermano menor, Pablo Piñera Echenique, adquirió el puesto de subsecretario de Hacienda tras 20 años de fiel militancia democristiana. El hermano más joven de los cuatro, Miguel, nacido en 1954, estaba desentendido de la política, había ligado su experiencia vital a los ambientes hippies y bohemios, y actualmente gozaba de una considerable fama como cantante de música latina moderna y propietario de locales de ocio nocturnos.
En 1992 Piñera plasmó una precandidatura de su partido para las elecciones presidenciales de 1993, pero en agosto del primer año esta aspiración quedó truncada tras difundir en directo un programa del canal televisivo privado Megavisión una grabación telefónica clandestina donde podía oírse al senador impartir instrucciones para dejar en mal lugar a su adversaria interna, la diputada Evelyn Matthei Fornet. Este episodio, conocido como
Piñeragate o
Kyotazo, hundió las precandidaturas de Piñera y de Matthei, y de paso dejó fuera de juego a la RN, permitiendo que prosperase la postulación del favorito de la UDI, Arturo Alessandri Besa, como el candidato conjunto de la nueva Unión por el Progreso. Luego, Alessandri fue derrotado por el pretendiente de la Concertación en el poder, Eduardo Frei, al que retó en las urnas también, en calidad de independiente, José Piñera Echenique, quien quedó en tercer lugar.
Todo indica que el
Piñeragate fue urdido desde el Ejército, cuyos servicios de inteligencia realizaron la grabación ilegal dentro de un operativo de espionaje enfocado en Piñera. Según la RN, el ala más reaccionaria de la institución castrense maniobraba para impedir que el componente liberal ganara mayor peso en la coalición de la derecha. La existencia de una conspiración militar para amilanar a Piñera se puso más de manifiesto en mayo de 1993, cuando unos individuos sin identificar retuvieron durante media hora a su hijo menor, Cristóbal, camino del colegio. El senador interpretó la intimidatoria acción como un aviso para que dejara de investigar la autoría de la grabación telefónica que había tumbado su aspiración presidencial el año anterior, lo que ciertamente hizo.
Por lo demás, este oscuro incidente no desentonó en absoluto con la actitud, desafiante y facciosa, aún imperante en las Fuerzas Armadas chilenas, que durante la Administración de Aylwin, con Pinochet aferrado a la comandancia del Ejército y las instituciones políticas del Estado limitadas por una serie de cláusulas restrictivas contenidas en la Constitución legada por la dictadura, protagonizaron diversos episodios de desacato de la autoridad civil y de amenazas al orden democrático.
Un aparente intento de Piñera de congraciarse con quienes le miraban mal en la milicia tuvo lugar en junio de 1995, cuando en el Senado, en tanto que miembro de la Comisión de Derechos Humanos, presentó una moción para elaborar un proyecto de ley que extendiera hasta el último día de la dictadura, el 11 de marzo de 1990, la inmunidad penal otorgada por la Ley de Amnistía de 1978 a los autores de todos los delitos políticos cometidos desde el golpe de 1973 hasta esa fecha.
En la justificación de su propuesta legislativa, Piñera argüía: "No podemos permitir que las divisiones y odios del pasado destruyan los acuerdos y potencialidades del futuro (…) Es indispensable tener verdadera paz y unidad entre los chilenos, lo que implica ser capaces de superar el pasado (…), cerrar y sanar las heridas, y mirar juntos y con optimismo el futuro". Y parafraseando al Papa Juan Pablo II, aseveraba: "Es la hora del perdón y la reconciliación". La polémica moción no tenía ninguna posibilidad de salir adelante por la oposición de la mayoría concertacionista y sus aliados de la izquierda, y su autor optó por retirarla del orden de sesiones.
Tres años después, a finales de octubre de 1998, Piñera participó de manera destacada en un acto convocado por la RN y la UDI en repudio a la reciente detención en el Reino Unido del senador vitalicio Pinochet a requerimiento de la justicia española, que quería procesarlo por su responsabilidad en ciertos crímenes de la dictadura. En su encendido discurso, pronunciado en un gran podio coloreado con la bandera nacional, el político derechista exigió la liberación de Pinochet en atención a sus "muy delicadas" condiciones de salud y denunció su arresto en Londres como "un agravio y un atentado a lo más profundo de nuestra soberanía, de nuestra independencia y de nuestra dignidad". Piñera no hallaba ninguna contradicción entre vanagloriarse de haber votado contra los planes políticos de Pinochet en 1988, primero, y defender la inmunidad de la misma persona frente a la justicia extraterritorial con un repertorio de razonamientos legalistas y patrióticos, después.
En su etapa como senador y con posterioridad a la misma, Piñera continuó amasando la fortuna que le convirtió en uno de los hombres más ricos de Chile, y desde luego en el político más adinerado. Tras deshacerse de Fincard, durante un tiempo su negocio más rentable, que vendió al Banco Santander de Santiago, el multimillonario penetró con fuerza en 1994 en el sector de las aerolíneas comprando a la escandinava SAS un porcentaje de LAN Chile, compañía privatizada en 1989 que bajo la coparticipación del grupo de Piñera (al 26%, a través de sus sociedades de inversiones Axxion y Santa Cecilia) se internacionalizó y se transformó en 2004 en un
holding de empresas subsidiarias y filiales con el nombre de LAN Airlines.
En paralelo, prosperaron enormemente sus facturaciones en el negocio inmobiliario, donde Aconcagua adquirió la forma de un conglomerado de sociedades especializadas en la construcción, la promoción y la venta directa de viviendas, aunque Piñera ya sólo era uno más entre varios accionistas. Aconcagua conquistó una posición dominante en el mercado chileno mediante la absorción de la inmobiliaria Fourcade y su fusión con el grupo SalfaCorp en 2007.
La voracidad inversora de Piñera alcanzó asimismo a las telecomunicaciones (compraventa de acciones de Entel en 1990-2000, operación que le reportó pingües beneficios), las eléctricas (Colbún, 2001), las navieras (Compañía Sudamericana de Vapores, 2003), el turismo ecológico (Parque Tantauco, 2004), las televisiones (canal Chilevisión, comprado en su totalidad al grupo Claxson en abril de 2005 por 24 millones de dólares), los servicios sanitarios (Clínica Las Condes), las farmacéuticas (FASA) y los clubs de fútbol (Colo-Colo y Universidad de Chile), entre otras muchas participaciones y adquisiciones. La estrategia básica del potentado, al que empezó a llamársele con bastante buen tino
El Berlusconi chileno, consistía en diversificar y acrecentar sus participaciones de capital en las firmas que le atraían y sentarse en sus directorios, más que en administrar directamente las compañías.
3. Las tentativas presidenciales de 1999 y 2005
El 11 de marzo de 1998 Piñera, una vez sobrepuesto de unas acusaciones formuladas en su contra por el presunto abuso de su posición parlamentaria para obtener un precio ventajoso en la compra de unas acciones de la compañía Enersis por la española Endesa, concluyó su mandato de senador, cuya renovación descartó en favor de un nuevo envite presidencial. Éste le fue concedido poco después por su partido, pero en la UDI se articuló la candidatura alternativa del ingeniero Joaquín José Lavín Infante, antiguo colaborador de Büchi, alcalde de la comuna santiaguina de Las Condes, miembro del Opus Dei e hilador de un discurso derechista un tanto elástico donde las referencias a Pinochet pasaron del homenaje al distanciamiento en menos de un año.
La RN y la UDI, coaligadas ahora como Unión por Chile, decidieron que Piñera y Lavín dirimieran sus ambiciones en una elección primaria que tendría lugar en junio de 1999. Sin embargo, medio año antes de esa fecha, el 8 de enero, al calor de la tormenta nacional por el arresto de Pinochet en Londres y resonando todavía los ecos de su ardiente defensa del encausado sobre la tarima y ante el micrófono, Piñera decidió retirarse de la carrera presidencial tras constatar que en las encuestas no lograba superar el 5% de intención de voto. Por lo que parecía, su condición de empresario de gran éxito y su perfil liberal no enganchaban al electorado. Al menos, por el momento. A continuación, Piñera se integró en el equipo de la campaña presidencial de Lavín, que en las elecciones del 12 de diciembre forzó al candidato de la Concertación, el socialista
Ricardo Lagos Escobar, a disputar el 16 de enero de 2000 una segunda vuelta en la que el opositor resultó vencido por muy poco.
El 26 de mayo de 2001 el Consejo General de RN elevó a Piñera a la presidencia de la formación en sustitución del diputado Alberto Cardemil Herrera. La promoción del empresario fue interpretada en su momento como un esfuerzo por superar la crisis de unidad abierta en la Alianza por Chile (nueva denominación de la Unión por Chile) tras el fracaso de las conversaciones RN-UDI para llevar a las legislativas del 16 de diciembre una lista conjunta de candidatos. Piñera recompuso las negociaciones con el líder de la UDI, Pablo Longueira Montes, y el 15 de julio la Alianza fue la primera agrupación en oficializar sus candidaturas al Congreso. Él mismo se postuló para un escaño de senador por la V Región de Valparaíso.
Sin embargo, el año electoral tenía reservados dos contratiempos a Piñera. Primero, en agosto, hubo de declinar su candidatura senatorial en favor del almirante Jorge Arancibia Reyes, recientemente dado de baja como comandante en jefe de la Armada chilena y miembro de la UDI, que perseguía el mismo curul. Aunque el empresario explicó entonces que había accedido a no contender con Arancibia a cambio de que Lavín, alcalde de Santiago, apoyara a los candidatos de RN, su espantada fue vista a lo largo y ancho del arco de partidos como un duro golpe a los intentos de Piñera y su colectivo de achicar en la Alianza el peso del sector
ultra y de los nostálgicos del pinochetismo en aras de una derecha chilena moderada y moderna.
Luego, el 16 de diciembre, la Alianza por Chile se apuntó el éxito colectivo de empatar prácticamente con la Concertación en número de escaños, pero para la RN los resultados fueron frustrantes, ya que perdió espectacularmente a manos de la UDI su primacía interna: los de Longueira le sacaron una ventaja de 700.000 papeletas, 11 puntos de voto, 9 diputados y 13 senadores. La UDI, de hecho, desbancó al PDC como el primer partido individual del país. La pérdida por RN del "rol protagonista" en la Alianza a que su conductor se había referido cuando su elección orgánica en mayo abundó en la imagen de debilidad de Piñera y sumió al partido en el desconcierto. Una serie de desencuentros con Longueira precedieron la renuncia de Piñera el 10 de marzo de 2004 a la jefatura de RN, para la que un mes más tarde resultó elegido Sergio Diez Urzúa. La baja de Piñera fue simultánea a la de Longueira al mando de la UDI y obedeció a una fórmula salomónica propuesta por Lavín para zanjar las tensiones bipartitas antes de las elecciones municipales de octubre, las cuales, cumpliendo sus temores, fueron claramente ganadas por los partidos de la Concertación.
A partir de aquí, Piñera y Lavín confrontaron abiertamente sus ambiciones presidenciales, arrastrando a la Alianza por Chile a su peor crisis de unidad desde la restauración democrática. Recobrándose briosamente de los tropezones sufridos en los últimos cuatro años, Piñera fue proclamado candidato presidencial por el Consejo Nacional de RN con el 76% de los votos el 14 de mayo de 2005, después de que la UDI hiciera lo propio con Lavín, que contaba con no pocos partidarios en la RN. El ex alcalde propuso entonces al empresario acudir a una elección primaria a fin de mandar a las elecciones nacionales una candidatura única de la Alianza, como en 1989, 1993 y 1999, pero Piñera le dio el no por respuesta, recordándole que la última vez él había sacrificado su postulación para no perjudicar la suya, cuya pujanza no pudo menos que reconocer. Pero ahora, las cosas eran sustancialmente diferentes, ya que los sondeos les colocaban a ambos en un virtual empate.
En su campaña para las presidenciales del 11 de diciembre de 2005, Piñera desarrolló un discurso insistentemente orientado al futuro y centrado en la propuesta de un cambio necesario para Chile, tras 15 años de gobiernos concertacionistas. La figura de Pinochet, definitivamente desmoronada después de sus procesos judiciales en casa por crímenes políticos y actos de corrupción, ya no mediatizó los actos proselitistas de la derecha y Piñera en particular perfiló su postura crítica con la pasada dictadura.
Presentándose como un político liberal, progresista y de centro-derecha que hundía sus raíces en el "humanismo cristiano", calificando de "herida abierta" el tema de los detenidos desaparecidos cuyos restos seguían sin aparecer y de "drama" el "atropello" a los Derechos Humanos en el período 1973-1990, el opositor guiñaba un ojo a los electores moderados de la Concertación, particularmente los del PDC, a quienes desde el Gobierno se pedía que votaran a una socialista de nuevo, la popular ex ministra de Salud y de Defensa
Michelle Bachelet Jeria, quien había sufrido en sus carnes las sevicias de la dictadura. Aunque Lagos había sido "un buen presidente", Piñera instaba a los chilenos a "no dormirnos en los laureles", ya que el país tenía que hacer frente a una serie de problemas y no pequeños, como los tres millones de personas que seguían bajo la línea de pobreza (a pesar de los considerables progresos hechos en la reducción de la misma desde 1990), el medio millón de parados y la rampante delincuencia.
Terminada la carrera electoral ampliamente a la zaga de la carismática Bachelet y hombro con hombro con Lavín, Piñera logró el 11 de diciembre la meta fundamental de ser él la opción de la derecha para batirse con la candidata oficialista en la segunda vuelta. En la primera, Bachelet se puso en cabeza con el 45,9% de los votos, seguida de Piñera con el 25,4% y de Lavín con el 23,2%. Una vez apeado de la contienda, el candidato de la UDI solicitó el voto para su colega aliancista, pero la socialista demostró ser una adversaria demasiado fuerte para el empresario, quien el 15 de enero de 2006 acabó perdiendo con el 46,5%. En las legislativas, la UDI confirmó su superioridad a la RN. El rendimiento electoral de Piñera fue considerado meritorio por los suyos, que no dudaron en reservarle la misma misión en 2009. La nueva cúpula partidista elegida en mayo de 2006, con el concejal Carlos Larraín Peña a la cabeza, ratificó esa confianza.
El 6 de julio de 2007 el empresario fue multado con 363 millones de pesos por la Superintendencia de Valores y Seguros (SVS) por haber comprado en bolsa un año atrás tres millones de acciones de su aerolínea, LAN Airlines, justo en la víspera de la publicación del balance financiero de la compañía. La SVS estimó que Piñera, puesto que miembro del directorio de LAN, realizó la operación bursátil aprovechándose de su información privilegiada, una práctica prohibida por la Ley del Mercado de Valores.
La sanción, que volvía a suscitar interrogantes sobre la ética profesional del magnate, resultaba inoportuna para su plataforma presidencial en ciernes, así que Piñera no recurrió la multa y se apresuró a pagarla sin rechistar. Si de algo disponía, era de liquidez: en marzo anterior, la revista
Forbes había listado por primera vez a Piñera en su
ranking anual
The World's Billionaires, donde aparecía en la posición 799 con unos activos netos de 1.200 millones de dólares; se trataba del tercer ciudadano chileno más rico, tras Anacleto Angelini Fabbri y Eliodoro Matte Larraín, con fortunas de 6.000 y 5.600 millones de dólares, respectivamente.
4. Victoria sobre el concertacionista Frei en 2010 con un programa de cambio para Chile
Sin sombra de rivalidad en el campo de la derecha (Longueira mantuvo viva su precandidatura durante unos meses antes de desactivarla en mayo de 2007, tras lo cual la UDI ya no lanzó ningún aspirante propio y en diciembre de 2008 proclamó al empresario candidato único de la Alianza, ahora llamada Coalición por el Cambio), Piñera afrontó las elecciones presidenciales de diciembre de 2009 con el razonable optimismo que alimentaban los sondeos, los cuales le situaban sin excepción como el ganador de la primera vuelta frente al candidato de la Concertación, el ex presidente y ahora senador Frei. A partir de septiembre, ese escenario se hizo más factible con la briosa irrupción en la campaña del independiente Marco Antonio Enríquez-Ominami Gumucio, un diputado ex socialista que, respaldado por la coalición Nueva Mayoría para Chile y esgrimiendo un discurso renovador que llamaba a superar la antinomia Concertación-Alianza, se metió en el bolsillo a muchos votantes de la izquierda. La división del voto concertacionista, por primera vez desde 1989, era un hecho, lo que magnificaba las posibilidades de Piñera.
Derrochando sonrisas, simpatía y calor familiar -puesta en escena que contradecía su fama de hombre más bien frío y arisco-, el pretendiente de la derecha chilena voceó su mensaje de cambio y unidad con el movimiento social Chile con Todos y con un programa político titulado
Gobierno para el Cambio. El Futuro y la Esperanza.
Estructurado en cuatro capítulos y resumido en 75 compromisos concretos, el plan de la Coalición por el Cambio hacía un diagnóstico crítico del presente nacional, ya que la Concertación, "agotada" de "ideas, fuerza y voluntad" tras 20 años en el poder, no había sido capaz de mantener las altas tasas de crecimiento económico, reducir el paro, atajar las prácticas corruptas, domeñar la inseguridad ciudadana y cumplir la "promesa de llegar al 2010 [el año del Bicentenario] como un país desarrollado y sin pobreza". El manifiesto preliminar explicaba: "La Concertación de ayer tenía una misión, tenía ideales, principios, proyectos y unidad". Sin embargo: "Donde hubo una misión, hoy solo queda la voluntad de aferrarse al poder. Donde habían proyectos, hoy campea la improvisación. Donde habían principios, hoy prevalece el oportunismo. Hay razones para agradecer a la Concertación lo que hizo por Chile en el pasado, pero ahora los chilenos desean emprender un rumbo nuevo". Un nuevo proceder democrático, insistía la Coalición, en el que el Gobierno ya no se sometería al "cuoteo político" y el Estado no sería más "un botín de guerra" ni sería "capturado por los operadores políticos".
En su apartado programático
Hacia una sociedad de oportunidades, Piñera se obligaba a adoptar las políticas de estímulo, empleo e innovación necesarias para crecer a un 6% anual (el doble de la tasa interanual de noviembre, anotada tras doce meses consecutivos de caídas como consecuencia de la crisis mundial) y alcanzar en menos de una década un PIB por habitante equivalente al de estados de la UE como Grecia y Portugal; la meta era que para 2018 Chile tuviera un ingreso per cápita de 22.000 dólares y presentara un nivel de desarrollo comparable al de los países del sur de Europa. Un tratamiento fiscal y administrativo favorable a las pymes y la conversión de Chile en una "potencia agroalimentaria" eran otras apuestas importantes en este terreno.
En
Hacia una sociedad de seguridades, la Coalición consideraba factible crear "un millón de nuevos y buenos empleos" y "erradicar" la pobreza, que seguían padeciendo algo más de 2 millones de chilenos, el 13,7% de la población; en concreto, planteaba los horizontes de 2014 para acabar con la pobreza extrema y de 2018 para superar la pobreza en todas sus formas. También era menester "derrotar" la delincuencia, movilizando en su combate a 10.000 nuevos carabineros y asegurando el cumplimiento íntegro de sus penas por los reincidentes de delitos graves, así como mejorar la calidad de los servicios de salud, educación, vivienda y atención a la tercera edad. El Estado se volcaría particularmente en la protección y subsidio de las mujeres trabajadoras y con hijos. Destacaba aquí el
Bono Marzo, una ayuda directa de 40.000 pesos para más de un millón de familias humildes y de clase media-baja. Entrevistado sobre el particular, Piñera destacaba su compromiso con la "economía social de mercado" y con una "sociedad más justa e igualitaria".
El apartado
Hacia una sociedad de instituciones abordaba la descentralización territorial ("Santiago no es Chile") y el incentivo de la participación ciudadana en los mecanismos de la democracia. Por último,
Hacia una sociedad de valores y con calidad de vida, entre otros puntos, desgranaba las medidas energéticas y medioambientales a aplicar para hacer de Chile un país "sustentable".
Además, Piñera, no obstante ser un católico practicante y contrario al aborto, se mostraba favorable a impulsar la igualdad de derechos de las parejas homosexuales a través de las uniones civiles, en lo que coincidía con Frei (y de paso le exponía a concitar la cólera de los sectores más conservadores de la Coalición, ya molestos por su aceptación de la regulación de la píldora anticonceptiva postcoital), pero se distanció del compromiso asumido por el democristiano en la derogación de la Ley de Amnistía de 1978. Ello no menoscababa su postura "abiertamente condenatoria" de las violaciones de los Derechos Humanos perpetrados por la dictadura; "yo siempre me opuse al Gobierno militar", vindicó. En noviembre, el magnate convocó a más de 700 oficiales retirados en el Círculo Español de Santiago para explicarles su aceptación de la prescripción de la acción penal para los delitos encausados en fase pre-judicial. En política exterior, Piñera esgrimió la defensa firme de los principios de la soberanía nacional en los litigios territoriales de Chile con Perú y Bolivia, y denostó sin ambages a la Cuba comunista y a la Venezuela chavista.
El problema de la separación de sus intereses económicos en la esfera privada y políticos en la esfera pública, ya planteado cuando las elecciones de 2005, pretendió zanjarlo Piñera en el mes de abril poniendo alrededor de un tercio de sus inversiones, 400 millones de dólares colocados en sociedades anónimas abiertas, en manos de un fideicomiso formado por gestores privados de cuatro firmas de servicios financieros y fiscalizado por la SVS. Las cuotas de capital en LAN Airlines (donde por el momento retuvo también sus funciones directivas), Chilevisión y Colo-Colo no fueron transferidas al fideicomiso, aunque el candidato se comprometió a vender su paquete accionarial del 26,3% en la aerolínea antes del 11 de marzo de 2010, el día del cambio de Gobierno. Sin embargo, no se desprendió de la propiedad de Chilevisión (aunque renunció a presidir la cadena y a sentarse en su consejo directivo) ni del 12,5% de participación en Blanco y Negro, la sociedad que controlaba el club deportivo, con la explicación de que la legislación chilena no se lo exigía. El oficialismo criticó con dureza un fideicomiso que dejaba sin tocar los intereses corporativos más sustanciosos del empresario.
El postulante derechista se vio envuelto en una serie de polémicas a lo largo de la precampaña y de la campaña propiamente dicha. El 23 de julio la ex titular de Justicia del régimen militar Mónica Madariaga Gutiérrez declaró, a guisa de revelación explosiva, que en 1982 el empresario, lejos de ser un prófugo de la justicia, estuvo realmente encarcelado por su implicación en la quiebra del Banco de Talca y que gracias a su intercesión ministerial, solicitada por su hermano José y realizada, lo reconocía, de manera "indebida", consiguió que el juez que instruía la causa pusiera a Piñera en libertad, a tiempo para recibir el auto eximente de la Corte Suprema. Madariaga padecía un cáncer terminal y falleció poco después de estas declaraciones, en octubre. Entonces, Piñera valoró el óbito de la antigua servidora de Pinochet con un "me alegro que hoy descanse en paz". La frase tenía una embarazosa lectura semántica y dio qué hablar, obligando a su autor a aclarar que lo que deseaba era que Madariaga encontrara finalmente la paz tras varios años de penosa enfermedad.
En el primer debate televisado entre Piñera, Frei, Ominami y el ex ministro socialista Jorge Félix Arrate Mac-Niven, candidato de Juntos Podemos Más por Chile (coalición formada por el Partido Comunista y la Izquierda Cristiana), el 23 de septiembre, el candidato del Gobierno echó en cara al derechista que su nombre apareciera en el último
Informe de Corrupción Global de la ONG Transparencia Internacional en relación con la multa impuesta por la SVS en 2007 por el uso de información privilegiada. Airado, Piñera respondió que él nunca había hecho uso de información privilegiada y que nunca nadie le había "imputado" tal cosa; la afirmación del senador democristiano era "irresponsable", "faltaba a la verdad" y demandaba una "disculpa". En realidad, el senador se encontraba en una situación incómoda: iba persistentemente a remolque de Piñera en las encuestas e incluso se jugaba el paso a la segunda vuelta en un duelo particular con Ominami, quien por su parte le lanzaba continuos dardos. Astutamente, Piñera fue amable con el izquierdista, de cuyas críticas al desgaste de la Concertación y demandas de revitalización del sistema dijo que eran coincidentes con su diagnóstico.
En la recta final de la campaña, ni la implicación de miembros del Gobierno en favor de Frei ni la confirmación judicial de que al padre de éste, fallecido en 1982, lo habían asesinado, envenenándolo, los sicarios de la dictadura en su cama del hospital –una cuestión que podría haber dinamizado las opciones del hijo por un efecto de simpatía-, no disminuyeron un ápice el liderazgo de Piñera, que terminó sus actos proselitistas con una ventaja de 13 puntos sobre el concertacionista.
En la votación del 13 de diciembre de 2009 Piñera, con el 44% de los votos, mejoró los pronósticos más favorables a su persona (aunque no lo hizo tan bien como Lavín en 1999 ni igualó la suma del voto de ambos en 2005) y pasó a disputar la segunda vuelta con Frei, que con el 29,6% se despegó nítidamente de Ominami; el postulante de Nueva Mayoría quedó tercero con el 20,1% y Arrate fue cuarto con el 6,2%. Causó auténtica sensación el caudal de votos cosechado por el derechista en las circunscripciones pobres y en feudos tradicionales de la izquierda, como las regiones mineras y el puerto de Valparaíso. De hecho, el opositor se impuso en todas las regiones del país.
En los comicios a la Cámara de Diputados, la Coalición por el Cambio, que incorporaba al pequeño partido social liberal Chile Primero y a la llamada Lista B de Independientes, sacó un diputado más, 58, que el bloque pentapartito de la Concertación y Juntos Podemos. En los comicios al Senado, el oficialismo y Juntos Podemos se quedaron con 19 escaños y la Coalición con 16. Pese al efecto Piñera, RN siguió a la zaga de la UDI, aunque el hundimiento del PDC y el retroceso también del Partido por la Democracia (PPD) le convirtieron en el segundo partido del país.
En su primera alocución postelectoral, Piñera llamó a "todos los chilenos" a superar "la división entre la izquierda y la derecha" y a "cerrar la brecha entre pobres y ricos". Sin embargo, la campaña para la segunda vuelta del 17 de enero hubo de librarla el ganador de la primera en buena parte a la defensiva, ya que vio recortarse drásticamente su ventaja sobre Frei al ritmo de los ataques del comando oficialista a su patrimonio empresarial y a su perfil mercantilista, las peticiones por Arrate y Ominami del voto para su adversario y, por último, la definición en igual sentido por la presidenta Bachelet, que le comparó negativa con Frei y cuya resistencia a desprenderse de todos sus intereses empresariales tildó implícitamente de deshonesta. El 13 de enero, en un supremo esfuerzo de dinamismo, el aspirante se atrevió a bailar en el
talk show del Canal 13
El hormiguero una coreografía del celebérrimo
Thriller de Michael Jackson, siguiendo el ritmo a un grupo de jóvenes y a los presentadores del programa, con convincente resultado. Pero dos días después, el desenfado dio paso al enojo y al nerviosismo con la acusación al oficialismo de estar dirigiendo en su contra "una campaña de terror muy miserable, basada en mentiras y engaños".
El 17 de enero de 2010, empero, Piñera volvió a dar la campanada, confirmando que la mayoría de los chilenos querían forzar la alternancia tras dos décadas de experiencia concertacionista. El opositor triunfó con el 51,6% de los votos, convirtiéndose en el primer representante de la derecha que llegaba a la Presidencia desde Jorge Alessandri en 1958. Además, el registro se producía precisamente en la primera ocasión electoral tras la muerte de Pinochet en 2006. La calidad democrática de la jornada quedó redondeada con la exquisita cortesía de vencedor y perdedor, que se intercambiaron felicitaciones, cumplidos y buenos deseos, a la vista de todo el mundo y arropados por sus respectivas familias, en el cuartel general del primero, en un ambiente festivo a la vez que relajado. A la atmósfera de cordialidad y buen perder, como ya venía siendo habitual en el modelo chileno, se sumó la presidenta saliente. El 29 de enero el Tribunal Calificador de Elecciones ratificó la victoria de Piñera, quien convertido así oficialmente en el presidente electo prometió "unir y no dividir a los chilenos" en la "nueva transición" que comenzaba. En la víspera, en cumplimiento de los estatutos del partido, Piñera se dio de baja como miembro de RN.
(Cobertura informativa hasta 1/2/2010)