Mohammed Ould Abdelaziz

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Datos relevantes

Actualización: 6 de Junio de 2011
Mohammed Ould Abdelaziz

Mauritania

Presidente de la República; ex presidente de la junta militar

Duración del mandato: 05 de Agosto de 2009 - En funciones

Nacimiento: Akjoujt, región de Inchiri , 20 de Diciembre de 1956

Partido político: UPR

Profesión: Militar

Resumen

En Mauritania, el general retirado M. Ould Abdelaziz, autor del golpe de Estado incruento que en agosto de 2008 derrocó al primer y efímero presidente democrático del país, Ould Abdallahi, ha ganado en julio de 2009 las elecciones presidenciales que él mismo convocó como jefe de la junta militar. Arquitecto también del golpe de 2005 contra el autócrata Ould Taya y que dio paso a la junta encabezada por el coronel Vall, Abdelaziz justificó su “movimiento de rectificación” con argumentos democráticos y consensuó con los partidos políticos el remate electoral de un período interino cuya credibilidad se ha visto empañada por las denuncias de fraude de los candidatos derrotados. Tras esta cooptación de la restauración civil por un ex golpista uniformado, tantas veces vista en África, Nouakchott aguarda el desbloqueo de las ayudas al desarrollo de la UE y Estados Unidos.

Biografía

1. Oficial de carrera en el Ejército mauritano
2. Partícipe del derrocamiento de Taya en 2005 y autor del golpe contra Abdallahi en 2008
3. El usufructo personal de una elección presidencial


1. Oficial de carrera en el Ejército mauritano

Nativo del desértico interior de la parte oeste de Mauritania, a mitad de camino entre la capital en la costa, Nouakchott, al sur, y la frontera con el Sáhara Occidental, al norte, su familia pertenecía a un clan de la tribu árabe-bereber Oulad Bou Sbaa (literalmente, Hijos del Padre de los Leones, en alusión a Abu Sib'a, caudillo idrisí del siglo XVI), de la que han salido varios de los hombres fuerte de uniforme que se han sucedido en el mando del país norteafricano desde su independencia de Francia en 1960.

En 1977, con 20 años, se alistó en las Fuerzas Armadas y, como otros jóvenes de su generación aspirantes a oficiales, marchó a formarse en la Real Academia Militar de Meknès, en Marruecos, país que por entonces era aliado de Mauritania en la lucha común contra los independentistas saharauis. El desastroso curso de la guerra para las armas mauritanas generó un profundo malestar en el Ejército; como consecuencia, en 1978, un grupo de tenientes coroneles derrocó al presidente civil desde la independencia, Moktar Ould Daddah, e instaló el primero de los varios regímenes de facto que iba a conocer el país.

En 1980, mientras el Comité Militar para la Salvación Nacional (CMSN), la junta militar que detentaba el poder, experimentaba serias dificultades internas por las pendencias que enfrentaban a sus integrantes, Abdelaziz regresó de Meknès y al año siguiente, con el grado de teniente, reanudó su capacitación en Argel, donde recibió un cursillo de logística. En 1982 entró en la oficialidad del Estado Mayor en Nouakchott y en 1984, en calidad de edecán, entró al servicio personal del recién autoproclamado presidente del CMSN, el coronel Maaouya Ould Ahmed Taya, que había desplazado en un golpe de palacio al coronel Mohammed Khouna Ould Haidalla, cabeza de la junta y jefe nominal del Estado desde 1980, el cual, a su vez, había destituido a Taya como primer ministro y jefe del Estado Mayor del Ejército.

En 1987, al cabo de una instrucción en la Escuela Inter-Armas de Atar (EMIA), de la que salió con el galón de capitán, Abdelaziz recibió de Taya la orden de organizar el Batallón de Seguridad de la Presidencia de la República (BASEP), cuerpo de protección de élite que comandó en los cuatro años siguientes. En 1991 pasó a servir de comandante de batallón de intendencia en la sede del Estado Mayor y en 1993, con Taya convertido ya en presidente civil y constitucional de la República como resultado de las elecciones pluralistas de enero de 1992 (primeras en la historia del país, pero denunciadas como fraudulentas por la oposición), enriqueció su currículum con un cursillo en la marroquí Escuela del Estado Mayor de Kenitra. En 1994 recibió el puesto de comandante adjunto de la Sexta Región Militar, con cuartel general en Nouakchott, y en 1998 fue ascendido a teniente coronel y volvió a colocar bajo su mando el BASEP.

Considerado un hombre de la plena confianza de Taya y posteriormente identificado por expertos radicados en Occidente como un oficial de tendencias "nacionalistas panárabes", en tanto que miembro de una facción "nasserista" de las Fuerzas Armadas, Abdelaziz escenificó su lealtad al poder establecido actuando decisivamente en el desbaratamiento de las intentonas golpistas de junio de 2003 y agosto de 2004 –la primera llegó a ejecutarse y fue sofocada al precio de violentos enfrentamientos con un balance de víctimas, mientras que la segunda parece que fue abortada en el último momento-, protagonizadas por oficiales del Ejército con confusas ideología e intenciones. En agradecimiento, el presidente gratificó a Abdelaziz con el ascenso a coronel en enero de 2004 y con la medalla de comandante de la Orden Nacional del Mérito, máxima condecoración estatal, en noviembre del mismo año.


2. Partícipe del derrocamiento de Taya en 2005 y autor del golpe contra Abdallahi en 2008

Pero la fidelidad constitucionalista de Abdelaziz iba a esfumarse muy pronto. El 3 de agosto de 2005, mientras Taya se hallaba ausente del país, cientos de soldados del BASEP, siguiendo las órdenes de su comandante, capturaron los principales edificios e instalaciones de la capital sin hallar ninguna resistencia digna de mención por los efectivos del Ejército, la Guardia Nacional o la Gendarmería paramilitar.

El golpe de Estado, acogido favorablemente por la población y los partidos de la oposición, triunfó y sus autores, una decena larga de coroneles pertenecientes al Estado Mayor del Ejército, la Armada, el BASEP y la Gendarmería, se dieron a conocer como integrantes de un Consejo Militar para la Justicia y la Democracia (CMJD), junta que se arrogó plenos poderes y cuyos rostros más visibles eran dos: como presidente de la misma, Ely Ould Mohammed Vall, director general de la Seguridad Nacional desde hacía dos décadas, tiempo en el cual había servido a Taya intachablemente; y a su diestra, el alto oficial que había movilizado a las fuerzas ejecutoras de un golpe, a todas luces, planificado minuciosamente desde tiempo atrás, Abdelaziz. Los coroneles se conocían bien: eran estrechos colegas de profesión, pero además eran familiares cercanos, tratándose de primos carnales.

Tras la caída del régimen de Taya tras 21 años de férula autoritaria se abrió un período dictatorial de transición que debía culminar con la instauración al cabo de un bienio de la "democracia abierta y transparente" prometida por los golpistas, cuyo primer portavoz fue, hasta que Vall llevó la voz cantante, el jefe de los guardias presidenciales. A lo largo del período, Abdelaziz, cada vez más identificado como el principal arquitecto del alzamiento de 2005, se mantuvo en un discreto segundo plano, aunque sin duda jugó un papel fundamental en el diseño del programa para la devolución del poder a los civiles.

Los hitos de esta transición, que finalmente duró 20 meses y no 24, fueron cuatro: una mesa de diálogo entre la junta y representantes de los partidos y de la sociedad civil; la elaboración y sanción en referéndum (25 de junio de 2006) de una reforma constitucional encaminada a limitar los mandatos presidenciales (a dos); la celebración de elecciones a la Asamblea Nacional (19 de noviembre y 3 de diciembre), que fueron ganadas por el bloque conservador moderado Al Mithaq y que merecieron la felicitación internacional por su orden y limpieza; y, culminando el proceso, la celebración de unas elecciones presidenciales a dos vueltas (11 y 25 de marzo de 2007), caracterizadas asimismo por la pluralidad de candidaturas, la alta participación y su ejemplar conducción, y a las que además, tal como había anunciado Vall, no se presentó ningún miembro del CMJD.

El vencedor en esta votación, el veterano político Mohammed Ould Cheikh Abdallahi, ex ministro de Economía y tecnócrata independiente aunque respaldado por Al Mithaq y, oficiosamente, por la junta militar ahora disuelta, estrenó su mandato de cinco años el 19 de abril de 2007 con la promesa de gobernar guiado por el consenso y de acometer una serie de reformas modernizadoras en Mauritania, país árido, escasamente poblado y de bajo desarrollo humano pero dotado de importantes recursos naturales (hierro, petróleo, pesquerías), para sacarlo de su atraso económico y luchar eficazmente contra la corrupción, la pobreza y el injusto reparto de la magra riqueza nacional, en una sociedad todavía muy estratificada con criterios étnicos.

Punto estrella de la campaña de Abdallahi fue el compromiso con la erradicación de los abusos esclavistas que, pese a la legislación que prohibía rigurosamente estás prácticas multiseculares, seguían sufriendo en puntos del sur del país próximos a Senegal numerosos miembros de las minorías étnicas negroafricanas a manos de la mayoría maure o árabe-bereber. El cumplimiento a rajatabla del cronograma diseñado por el CMJD, su modélico desenlace y el espíritu positivo que embargó a los dirigentes políticos alimentaron grandes expectativas dentro y fuera del país, que de refugio de la dictadura había pasado a convertirse en una especie de oasis democrático en el contexto árabe-musulmán, y en un ejemplo también para las demás repúblicas africanas. En apariencia, Mauritania había dicho adiós a décadas de intromisiones militares en la dirección del Estado.

A diferencia de su primo, que se dio de baja en el Ejército e hizo saber su falta de ambiciones políticas, Abdelaziz se aprestó a seguir ejerciendo un importante influjo en las altas esferas del nuevo orden democrático. El 30 de agosto de 2007 Abdallahi, en una ostensible muestra de confianza en el oficial, nombró a Abdelaziz comandante de su Estado Mayor particular en añadidura a la jefatura del BASEP. En enero de 2008 el coronel fue ascendido al generalato y se involucró en el operativo militar montado para perseguir al comando islamista salafista que en diciembre anterior había asesinado a cuatro turistas franceses en la población de Aleg, atentado que condujo a la cancelación de la edición anual del Rally París-Dakar. En febrero siguiente, el presidente le despachó a Marrakech en calidad de enviado especial para transmitir al rey Mohammed VI su excelente consideración de las relaciones mauritano-marroquíes.

Pero en la primavera de 2008 el panorama empezó a ensombrecérsele a Abdallahi. Al auge del terrorismo islamista vinculado a Al Qaeda, a la escalada en el precio de los alimentos y a la sensación de descontrol del contrabando y la corrupción se les añadió la inestabilidad política con la dimisión el 6 de mayo del primer ministro, Zeine Ould Zeidane, y el Gobierno en pleno, blanco de las críticas por su respuesta al desafío del terrorismo salafista, considerada débil. Abdallahi nombró nuevo primer ministro a Yahya Ould Ahmed El Waghef, quien era el cabeza del Pacto Nacional para el Desarrollo y la Democracia (PNDD-ADIL), un partido recién creado por el oficialismo para dar soporte político al presidente.

El 30 de junio, irritados por la presencia en el nuevo Gobierno de figuras del régimen de Taya y de dos miembros del partido islamista moderado Reagrupamiento Nacional para la Reforma y el Desarrollo (RNRD, más conocido como Tawassoul), se declararon en rebelión parlamentaria varios de los miembros de la bancada del PNDD-ADIL; amenazado con una moción de censura, Waghef presentó su renuncia el 3 de julio, pero Abdallahi le confirmó en el cargo con la petición de que rehiciera el Gabinete.

El alboroto político no se aquietó. El segundo Gobierno Waghef, compuesto íntegramente por ministros del PNDD-ADIL, decepcionó a una Asamblea Nacional ansiosa de que se elaborara un plan de contingencia para hacer frente a los múltiples problemas sociales, económicos y de seguridad que acuciaban al país. El descontento parlamentario cristalizó el 4 de agosto, cuando 25 diputados y 23 senadores del PNDD-ADIL volvieron a desafiar al Ejecutivo anunciando su marcha del partido y su intención de formar una nueva agrupación, que no aclararon si sería propresidencial o de oposición. Los disidentes acusaban a Abdallahi de hacer un ejercicio "personalista" del poder y de "defraudar las esperanzas de los mauritanos".

Así de revuelto estaba el panorama político cuando en la mañana del 6 de agosto, a los tres días de cumplirse el tercer aniversario del golpe de 2005, el Ejecutivo anunció una amplia remodelación en los aparatos militar y de seguridad. Sin dar explicaciones, Abdallahi decretó los ceses de Abdelaziz como comandante del BASEP, de Mohammed Ould Al Ghazwani como jefe del Estado Mayor del Ejército, de Félix Négri como jefe del Estado Mayor de la Guardia Nacional y de Ahmed Ould Bekrine como jefe del Estado Mayor de la Gendarmería Nacional. La respuesta de los cuatro generales defenestrados, todos integrantes del CMJD de 2005-2007, y secundados por el coronel Mohammed Ould El Hadi, director general de la Seguridad Nacional, fue automática y expeditiva: usurpar el poder, cosa que hicieron sin disparar un solo tiro y con una facilidad tan pasmosa que la duda quedó sobre cuánto de planificado y cuánto de espontáneo tenía su acción de fuerza.

Los golpistas, tras disponer la destitución y el arresto del presidente Abdallahi, del primer ministro Waghef y del ministro del Interior, Mohammed Ould Rzeizim, que fueron confinados por efectivos del BASEP en el complejo del Palacio de Congresos, constituyeron un Alto Consejo de Estado (ACE) de once miembros, todos uniformados, cuyo primer decreto fue revocar las cuatro destituciones que en apariencia habían desencadenado el cuartelazo. Abdelaziz fue presentado como el presidente del ACE, con funciones de jefe del Estado.

El 7 de agosto, el nuevo hombre fuerte de Mauritania, flanqueado por sus compañeros de alzamiento, se dirigió a una congregación de cientos de partidarios civiles en la capital para explicar que lo sucedido en la víspera no había sido un golpe de Estado, sino una "acción para salvar el país y volver a encarrilar el proceso político", proceso que los propios oficiales habían iniciado en 2005. En un comunicado de prensa, la junta reiteró la necesidad de "relanzar el proceso democrático del país y establecerlo sobre una base sólida y duradera". Hasta la conformación de una "democracia real", el ACE se comprometía a "preservar el Estado de derecho, las libertades y las instituciones diplomáticas", inclusive el Parlamento, que seguiría funcionado, en paralelo a un nuevo Gobierno integrado por civiles, cuyo nombramiento tendría lugar en breve. Asimismo, los partidos políticos podían continuar sus actividades "conforme a la ley". Finalmente, unas elecciones presidenciales "libres y transparentes" serían celebradas "lo más pronto posible"; por el momento, no se facilitó ninguna fecha para esos comicios.

Horas después de emitir Abdelaziz y sus camaradas sus primeros pronunciamientos, un conato de resistencia al golpe en las calles de Nouakchott fue dispersado por la Policía antidisturbios. Los manifestantes, apenas un centenar, habían respondido al llamamiento del recién creado Frente Nacional para la Defensa de la Democracia (FNDD), coalición de partidos favorables a Abdallahi formada por el PNDD-ADIL, el Tawassoul, la Unión de Fuerzas del Progreso (UFP) y la Alianza Popular Progresista (APP).

Si poco o nada tenía que temer en el frente doméstico, Abdelaziz encajó su verdadero desafío en el ámbito exterior, ya que la comunidad internacional reaccionó a la interrupción del orden democrático en Mauritania con bastante más contundencia que cuando la deposición del régimen pseudodemocrático de Taya en 2005. La Unión Africana (UA), que ya había adoptado esta medida entonces para luego ser revocada en abril de 2007, fue rápida, el 9 de agosto, en suspender al país de pertenencia hasta que el mismo recobrara "el Gobierno constitucional"; a posteriori, en febrero de 2009, la UA prohibió a los miembros del ACE viajar a cualquier Estado de su organización y les congeló las cuentas bancarias que pudieran tener su territorio. Para la UA, el presidente legítimo de Mauritania seguía siendo Abdallahi, aunque países como Libia y Senegal, amén de Marruecos, no tardaron en enviar señales positivas a Abdelaziz.

Francia, presidente semestral de turno del Consejo de la Unión Europea y principal socio comercial del país norteafricano, congeló sus proyectos bilaterales de cooperación días después del golpe. La UE como organización, tras emitir unos severos comunicados de condena en los que exigía a los golpistas la vuelta al orden constitucional y fracasar el procedimiento de consultas abierto en Nouakchott, dispuso en abril de 2009, con la renuencia de España (el segundo socio comercial de Mauritania, que deseaba la vigencia del convenio pesquero y el mantenimiento de la colaboración de las autoridades locales en la lucha contra la inmigración clandestina), la suspensión por dos años de toda su ayuda al desarrollo con excepción de la asistencia humanitaria. Estados Unidos fue también punitivo: adoptó un paquete de sanciones consistente en la interrupción de toda su cooperación civil y militar no humanitaria, más el veto a la entrada en el país de los miembros de la junta. El Banco Mundial paralizó un crédito de 123 millones de euros.

En resumidas cuentas, Abdelaziz no tuvo éxito en su estrategia de ablandar las posiciones exteriores dando justificaciones y garantías a delegaciones diplomáticas, dirigentes internacionales y medios periodísticos, a través respectivamente de reuniones formales, conversaciones telefónicas y entrevistas. En líneas generales, le fue negada la actitud condescendiente, de aceptación de su asonada como un hecho consumado que les salía gratis a sus autores, tantas veces observada en el pasado y en iguales circunstancias, a lo largo y ancho del continente africano y en la propia Mauritania.

Entre otras cosas, el general enfatizó que se había visto "obligado" a tomar el poder por la actitud de Abdallahi, quien había intentado perpetrar "un golpe contra la democracia" con su política de "enfrentar a los parlamentarios" y de "dividir al Ejército", pero que no albergaba ambiciones de ese mismo poder. Sin embargo, dejó abierta la puerta a su concurrencia en las prometidas elecciones presidenciales, actitud que contrastaba con la de su predecesor como dictador militar de hecho, Vall, y que ponía en tela de juicio aquel mentís.

Lo que no tenía vuelta atrás, dejó claro Abdelaziz con palabras y con hechos, era el "movimiento de rectificación" que había derrocado a Abdallahi. El 14 de agosto, luego de liberar a Waghef, Rzeizim y otros dos altos cargos del régimen depuesto, y de encajar la dimisión de nueve ministros, el ACE nombró al diplomático independiente Moulaye Ould Mohammed Laghdaf primer ministro, un gesto de desafío que magnificó la irritación internacional. Laghdaf recurrió a oscuros funcionarios y tecnócratas para componer un Gabinete al que, en un nuevo revés para Abdelaziz, no quisieron sumarse tres partidos que habían apoyado el golpe, la Reagrupación de Fuerzas Democráticas (RFD), la Alianza por la Justicia y la Democracia-Movimiento por la Renovación (AJD-MR) y el Movimiento por la Democracia Directa (MDD), quejosos de que la junta no despejara las dudas sobre si alguno de sus miembros candidatearía a las elecciones presidenciales y sobre la duración del período de transición

A últimos de año, el 21 de diciembre, las presiones exteriores fueron fundamentales para que el ACE pusiera en libertad a Abdallahi tras más de cuatro meses de cautiverio. Para contrarrestar las conminaciones de africanos, estadounidenses y –a remolque de aquellos- europeos, Abdelaziz se apresuró a estrechar lazos con la Liga Árabe, muy tibia en su actitud frente al golpe, a la que lanzó guiños como el cierre de la Embajada de Israel en Nouakchott (Mauritania era, desde 1999 y junto con Egipto y Jordania, uno de los tres países árabes que mantenían relaciones diplomáticas con el Estado judío) con el pretexto de la falta de seguridad.

En los primeros meses de 2009 el general cortejó también al líder libio Muammar al-Gaddafi, quien, a pesar de ser el presidente de turno de la UA, se mostró partidario de levantar las sanciones a Mauritania para facilitar el diálogo político y el desenlace satisfactorio de la transición que los militares aseguraban estar llevando a cabo, postura que expuso en Nouakchott en una visita de mediación realizada a principios de marzo y que causó malestar en la organización panafricana, además de airar a la oposición mauritana.


3 . El usufructo personal de una elección presidencial

La junta fijó la fecha del 6 de junio de 2009 para celebrar las elecciones presidenciales. El 29 de marzo, Abdelaziz, para consternación de los partidos opositores, confirmó su intención de presentarse y el 15 de abril anunció en un mensaje a la nación que dimitía al frente del ACE para poderse inscribir como candidato presidencial independiente. El general Ghazwani pasó a presidir la junta, pero la jefatura del Estado fue devuelta nominalmente al presidente de la República, cargo que pasó a desempeñar, con carácter interino y con arreglo a la Constitución, el presidente del Senado, Ba Mamadou dit M'Baré, político sin filiación partidista y a la sazón el primer negro en encabezar el Estado.

El 5 de mayo siguiente, en otro paso sabido de antemano y que vino a agudizar el temor a unas votaciones diseñadas por y para Abdelaziz, que claramente pretendía legitimarse en las urnas, el ya ex general fue elegido, en la asamblea constitutiva del grupo, presidente de la Unión por la República (UPR), partido de nuevo cuño montado por un nutrido grupo de diputados leales al "movimiento de rectificación" emprendido en agosto de 2008.

El FNDD denunció la "falsa dimisión" de Abdelaziz y, al igual que el RFD, anunció su boicot a los comicios porque el mandamás golpista estaba ejecutando el cronograma político de manera unilateral, sin consultarles. La perspectiva de unas elecciones sin competencia y por ende carentes de credibilidad preocupó al en adelante político civil, que se avino a dialogar. Unas negociaciones, desarrolladas en Senegal con los auspicios de la UA, la Liga Árabe, la UE, Estados Unidos, la Organización Internacional de la Francofonía (OIF) y la Organización de la Conferencia Islámica (OIC), condujeron a la adopción el 4 de junio de un acuerdo multipartito por el que el FNDD y el RFD levantaban su boicot electoral, aceptaban la candidatura presidencial de Abdelaziz y accedían a sentarse en el Gobierno Laghdaf.

Abdallahi, por su parte, renunciaba formalmente como legítimo presidente de la República y accedía a nombrar la mitad de Gobierno de concentración –la designación de los demás ministros correspondía al ACE-, encargado de organizar las elecciones, que quedaban pospuestas al 18 de julio, y con autoridad sobre la junta militar, transformada en un órgano de seguridad. El 4 de junio, también, fue excarcelado el ex primer ministro Waghef, ahora uno de los dirigentes del FNDD, que había vuelto a ser arrestado escasos días después de su liberación al poco del golpe.

El acuerdo negociado en Dakar y firmado en Nouakchott empezó a aplicarse el 26 de junio. Ese día, Abdallahi, previa consulta con el FNDD y el RFD, nombró a 15 de los 29 integrantes del nuevo Gobierno Laghdaf. Una jornada más tarde, Abdallahi dimitía "voluntariamente" en aras de la normalización política y la paz social, mientras que el ACE pasaba a denominarse Consejo Superior de la Defensa Nacional. Complacido, Abdelaziz declaró: "vamos hacia unas elecciones libres y transparentes el 18 de julio".

Estaba por ver si las votaciones iban a desarrollarse por esos cauces, aunque por el momento sí merecieron el marchamo de pluralistas. A las mismas se presentaban diez aspirantes, de los que cuatro se habían registrado antes del acuerdo de Dakar-Nouakchott y seis lo hicieron con posterioridad al mismo. Los cuatro primeros eran: Abdelaziz, a título de "independiente"; Ibrahima Moctar Sarr, líder de la AJD-MR, defensor de las minorías negroafricanas y que había apoyado a la junta militar en todo momento; Sghaier Ould Mbarek, antiguo primer ministro de Taya; y Kane Hamidou Baba, vicepresidente de la Asamblea Nacional y dirigente disidente del RFD.

Los seis candidatos inscritos después del 4 de junio eran: Vall, que había criticado el golpe de su primo y, como él, concurría con la etiqueta de independiente; Ahmed Ould Daddah, veterano líder del RFD y que iba por su cuarto envite en estas lides, tras las tentativas en las elecciones de 1992, 2003 y 2007; Messaoud Ould Boulkheir, líder de la APP y presidente de la Asamblea Nacional, que contaba con el respaldo de Abdallahi; Mohammed Jemil Ould Mansour, presidente del Tawassoul; Saleh Ould Hanenna, presidente del Partido Mauritano de la Unión y el Cambio (HATEM); y Hamada Ould Meimou, embajador en Kuwait. Daddah y Boulkheir suscribieron un pacto de mutuo apoyo para el caso de que uno de los dos se viera las caras con Abdelaziz en la segunda vuelta, que de ser necesaria tendría lugar el 1 de agosto.

Seguro de su condición de máximo favorito, Abdelaziz no fue a la zaga de sus contrincantes en la formulación de retórica proselitista. Las principales promesas demagógicas del candidato, previsibles en una coyuntura de preocupación colectiva por el futuro del país, fueron tres: primero, la "refundación del Estado", con el fin de "consolidar las instituciones republicanas y la unidad nacional", lo que pasaba por una revisión constitucional, el abandono de las "políticas sectarias", la modernización de la administración pública, una reordenación territorial para disminuir la enorme macrocefalia de Nouakchott y la adopción de legislación específica para abatir la corrupción; segundo, la aplicación también de políticas activas contra la pobreza, la exclusión social y el subdesarrollo humano; y tercero, una "política exterior dinámica", que alentara el diálogo árabe-africano, valiera el derecho de los palestinos a tener su propio Estado y contribuyera a una mayor eficacia en el combate al terrorismo islamista en la región. De producirse, manifestó Abdelaziz, su victoria supondría también "la victoria del cambio en pro de una Mauritania próspera, merecedora de su independencia".

Monitorizadas por 250 observadores extranjeros, enviados por la UA –que el 1 de julio había levantado las sanciones y la suspensión de la membresía-, la Liga Árabe, la OIF, la OCI, la Unión Magrebí Árabe (UMA) y la Comunidad de Estados Sahelo-Saharianos (CEN-SAD), las votaciones del 18 de julio se desarrollaron sin incidentes, pero aún no se habían cerrado las urnas cuando ya empezaron a escucharse las primeras denuncias de fraude. El 19 de julio, con el 61,2% escrutado, el Ministerio del Interior comunicó que Abdelaziz marchaba en cabeza con el 52,2% de los votos, por lo que estaba en condiciones de ser proclamado presidente en la primera vuelta. Entonces, Boulkheir, Daddah, Vall y Meimou pusieron conjuntamente el grito en el cielo, denunciando el "fraude masivo" de que habían sido objeto y la "mascarada electoral" que pretendía "legitimar el golpe de Estado" de 2008; indignados, reclamaron al Tribunal Constitucional que invalidara tales resultados "prefabricados" y a la comunidad internacional que investigara lo sucedido.

Los observadores de las organizaciones arriba citadas, sin embargo, avalaron la limpieza de la elección. Y el 23 de julio, el Tribunal Constitucional ratificó los resultados finales: Abdelaziz era el presidente electo de la República Islámica de Mauritania con el 52,6% de los votos; le seguían en porcentaje Boulkheir (16,3%), Daddah (13,7%), Mansour (4,8%), Sarr (4,6%) y Vall (3,8%). La participación quedó fijada en el 64,6%.

(Cobertura informativa hasta 1/8/2009)