Driss Jettou

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Datos relevantes

Actualización: 6 de Junio de 2011
Crédito fotográfico: © Comisión Europea, 2006/Berlaymont

Marruecos

Primer ministro

Duración del mandato: 09 de Octubre de 2002 - 19 de Septiembre de 2007

Nacimiento: 24 de Mayo de 1945

Defunción: El Jadida, provincia de El Jadida, región de Doukkala-Abda

Partido político: sin filiación

Profesión: Empresario

Crédito fotográfico: © Comisión Europea, 2006/Berlaymont

Resumen

En 1964 terminó el bachillerato en el Liceo Khawarizmi de Casablanca y dos años después se diplomó en Ciencias Físicas y Químicas por la Universidad de Rabat. En 1968 agregó a su currículum académico un diploma en Gestión de Empresas impartido por el Cordwainers College de Londres. En las dos décadas siguientes desarrolló sus actividades como gerente o alto ejecutivo en la empresa privada, hasta adquirir puestos institucionales en la patronal, la Confederación General de Empresarios de Marruecos (CGEM), y una relación de proximidad con el Palacio Real, ocupado por Hasan II. Entre otras participaciones, sirvió como presidente de la Federación Marroquí de Industrias del Cuero (FEDIC) y vicepresidente de la Asociación Marroquí de Exportadores (ASMEX).

Biografía

El salto a las responsabilidades de Gobierno lo dio el 11 de noviembre de 1993 al ser nombrado ministro de Comercio e Industria en el ejecutivo de Karim Lamrani, otra personalidad no adscrita a partido alguno. A partir del 25 de mayo de 1994 Jettou continuó en dicha oficina con el nuevo primer ministro, Abdellatif Filali, pero agregando las competencias de Comercio Exterior y el Artesanado, y desde el 13 de agosto de 1997 se hizo también cargo de las Finanzas.

Con la entrada en funciones el 14 de marzo de 1998 del nuevo gabinete multipartito presidido por el veterano socialista Abderrahman El Youssoufi, Jettou abandonó el Ejecutivo y retornó a las actividades privadas como administrador del Omnium Nord Africain (ONA), principal holding empresarial y financiero del país con una fuerte presencia en el sector minero, pero el 3 de agosto de 2001 el rey Mohammed VI le recuperó para el servicio del Estado poniéndole al frente de la Oficina Jerifiana de Fosfatos (OCP), a su vez la principal empresa pública.

Aunque no estaba identificado con el Majzen, el entramado tradicional de cortesanos y altos funcionarios que rodean al rey y que ejercen el poder al margen de las instituciones (Gobierno, Parlamento) constitucionalmente definidas, al mes largo de asumir la presidencia de la OCP, el 19 de septiembre, Jettou fue nombrado por el monarca ministro del Interior, oficina que por sus atribuciones se considera la más potente del Gobierno y que suele encomendarse a personalidades políticas bien identificadas con el régimen. No era exactamente el caso de Jettou, considerado un tecnócrata obediente y discreto sin apetitos de intrigas políticas, por lo que su designación real para sustituir a Ahmed Midaoui, un responsable experimentado en la vigilancia del territorio, no dejó de causar sorpresa.

La elección de Jettou se explicó por la necesidad de organizar con la mayor eficiencia posible las próximas elecciones legislativas, además de que el hombre fuerte del Ministerio siguió siendo el ministro delegado -teóricamente un secretario de Estado- Fouad Ali Himma, hombre estrechamente relacionado con el monarca. Los conocedores de los entresijos políticos en el país magrebí otorgaban también al principal consejero de Mohammed VI, André Azulay, una relación indirecta con la promoción de Jettou, que se enmarcaría en la estrategia adoptada por el rey de ir colocando a nuevas generaciones de tecnócratas con experiencia empresarial en puestos de relieve para mejorar la gestión pública, romper las inercias -rayanas en el marasmo- económicas y ofrecer un rostro más atractivo a las inversiones foráneas, y de paso para desasirse de la tutela de los viejos cortesanos de la era hasaniana.

Celebrados el 27 de septiembre de 2002 los comicios, que debían ser, según las autoridades, los más "limpios y transparentes" en la historia del país, el régimen se encontró con que el éxito de los islamistas moderados del Partido y la Justicia y el Desarrollo (PJD) presidido por Abdelkrim El Khatib sobrepasó todo pronóstico, dando lugar a sospechosas dilaciones en el escrutinio, o más seguramente, a la retención de los resultados, durante dos días.

Según trascendió por conductos extraoficiales, el PJD, después de "pactar" la no presentación de candidaturas en casi la mitad de las circunscripciones, aceptó una penalización en el escrutinio para rebajar sus resultados, considerados "inaceptables" por Palacio ya que le convertían en la primera fuerza parlamentaria, y recibir una cuota de 42 escaños, por detrás de los dos partidos dominantes en el gobierno saliente, la Unión Socialista de Fuerzas Populares (USFP) de Youssoufi y el Istiqlal, la histórica formación nacionalista conservadora, dirigida desde 1998 por Abbas El Fassi.

Se daba por hecho que el nuevo primer ministro sería socialista, reduciéndose la especulación al nombre del elegido (no se descartaba incluso la renovación de Youssoufi, no obstante su ancianidad y sus achaques), pero el rey volvió a dar la sorpresa decantándose por su ministro del Interior, el 9 de octubre. La decisión del soberano suponía, en primera lectura, un revés para el incipiente sistema parlamentario, ya que no tomaba en cuenta la nueva correlación de fuerzas surgida de las elecciones (que además, como se vio, no era una traducción auténticamente democrática de la voluntad de los ciudadanos expresada en las urnas), y causó hondo malestar en la USFP, el principal damnificado, y el PJD.

Jettou ni siquiera era diputado electo, todo lo cual puso sobre el tapete la debilidad del parlamentarismo en Marruecos y suscitó la pregunta de qué valor habían tenido las elecciones más allá de mostrar el multipartidismo formal del sistema marroquí. Análisis promonárquicos en la prensa nacional señalaron, empero, que el nombramiento suponía un toque de atención a la clase política por su "estéril fragmentación", su "llamativa falta de visión", su "frecuente oportunismo" y su "carencia de programas creíbles", lo que no quería decir que Palacio deseara volver a los gobiernos de tecnócratas y funcionarios al margen de los partidos.

El propio Mohammed VI justificó ante la Asamblea el nombramiento de Jettou por la necesidad de hacer frente "a los retos económicos, mucho más arduos que los desafíos inherentes a la construcción del entramado institucional" democrático; por su experiencia económica, su capacidad para forjar consensos y su escasa proclividad a concitar enemistades, Jettou reunía el perfil idóneo a los ojos del monarca.

El 7 de noviembre Jettou presentó su gabinete, que recibió al punto la sanción real, con la participación de seis partidos: la USFP, el Istiqlal, la Reagrupación Nacional de Independientes (RNI, derecha liberal) de Ahmed Osman, el Partido del Progreso y el Socialismo (PPS, izquierda ex comunista) de Ismaïl Alaoui, el Movimiento Nacional Popular (MNP) de Mahjoubi Aherdan y el también berberista conservador Movimiento Popular (MP) de Mohand Laenser, que combinados hacían en la Asamblea una mayoría absoluta de 195 escaños sobre 325. Excepto el MP, todos los partidos eran socios de la coalición saliente, y el USFP y el Istiqlal recibieron de nuevo el mayor número de carteras.

Los dos miembros más pequeños de la coalición de Youssoufi, el Frente de Fuerzas Democráticas (FFD) de Thami El Khyari y el Partido Social y Democrático (PSD) de Issa Ouardighi, fueron excluidos por Jettou. Tampoco se hizo realidad la expectativa de que el PJD, en tanto que gran triunfador de las elecciones, pudiera abandonar su condición de opositor. Por lo demás, en el gabinete, que incorporó a tres mujeres, se mantuvieron pesos pesados como Mohammed Benaissa en Asuntos Exteriores, Fouad Ali Himma como delegado ante Interior y Abderrahman Sbaï como delegado encargado de la Defensa, todos ministros denominados "de soberanía", cuyo nombramiento es competencia exclusiva del monarca.

La Corona ha encargado a Jettou la misión de meter al país norteafricano por una senda más vigorosa de desarrollo y crecimiento, haciendo hincapié en el desmantelamiento de trabas a la inversión extranjera, como única solución para absorber al cuarto de millón de jóvenes que cada año acceden al mercado de trabajo y que en su mayoría terminan en las filas del paro o se lanzan a la emigración a Europa.

Ello, junto con la persistencia de grandes bolsas de pobreza y desequilibrios en el reparto de la renta nacional, eterniza un malestar que, sin llegar nunca a volverse contra la monarquía, sí se manifiesta en los muy bajos índices de participación en las elecciones y, sobre todo, en el auge del islamismo, bien sea en su vertiente moderada y acomodaticia con el sistema, que representa el PJD, bien en su expresión más crítica y abiertamente fundamentalista, cual es el movimiento Justicia y Caridad que encabeza el jeque Abdessalan Yassin.

Ligada a la consecución de los objetivos económicos aparece la mejora de las relaciones con España -tras Francia, el segundo inversor extranjero y dejador de divisas en concepto de turismo-, que, como colofón de varios desencuentros en los capítulos de pesca, exportaciones hortofrutícolas, regulación de la inmigración y combate al tráfico de drogas desde la parte africana del estrecho de Gibraltar, amén del rechazo por Rabat a la celebración del referéndum de la ONU en el Sáhara Occidental, terminaron desembocando en una crisis diplomática en octubre de 2001 y en una escaramuza territorial, con implicaciones militares, en julio de 2002 por el islote deshabitado de Leila o Perejil, a tiro de piedra de las costas marroquíes aunque bajo soberanía nominal de España.

(Cobertura informativa hasta 5/12/2002)