Muammar al- Gaddafi

Datos relevantes

Actualización: 11 de Enero de 2007
Crédito fotográfico: © Comisión Europea, 2006/Breydel
Muammar Muhammad Abd as-Salam Abu Minyar al- Gaddafi

Libia

Líder de la Revolución; ex presidente de la junta militar

Duración del mandato: 01 de Septiembre de 1969 - En funciones

Nacimiento: Sirte, municipalidad de Sirte (Surt) , 1942

Partido político: sin filiación

Profesión: Militar

Crédito fotográfico: © Comisión Europea, 2006/Breydel

Resumen

Nacido en la tribu beduina gaddafa, pastores nómadas del desierto de Sirte, su familia era de ascendencia bereber, etnia que es minoritaria en Libia. Su abuelo murió combatiendo a los italianos que invadieron el país en 1911 y su padre sufrió sus cárceles. En 1952 entró en la escuela coránica de Sirte y después en el liceo (escuela secundaria) de Sebha. La revolución egipcia que aquel año derrocó la monarquía de Faruk I e instauró la república impresionó vivamente a Gaddafi, que todavía niño se estrenó como propagandista del nasserismo.

Biografía

1. Un coronel revolucionario e idealista
2. Creador de un modelo político singular
3. Años 70: en busca de la unidad árabe con discurso radical
4. Años 80: intervencionismo africano y enfrentamiento con Estados Unidos
5. Años 90: inhibición exterior y dificultades internas
6. Tímida superación del ostracismo a partir de 1998
7. Nuevo perfil de panafricanista y mediador de conflictos


1. Un coronel revolucionario e idealista
En fecha tan temprana como 1956 constituyó con otros adolescentes una célula revolucionaria que aspiraba a la caída del rey Idris as-Sanusi, puesto en el trono por los aliados occidentales en 1951 y que se sumió en la abulia tras el asesinato por gentes de palacio de su primogénito y heredero del trono. Joven brillante y capacitado, Gaddafi sobresalió en sus estudios hasta que, fichado por la policía por sus actividades agitativas, fue expulsado del liceo, teniendo que concluir la secundaria en una escuela de Misurata.

Consiguió acceder a la Universidad de Bengasi y a la edad de 21 años se graduó en Leyes. No obstante, decidió no iniciar la carrera de abogado y a cambio ingresó en el Colegio Militar de Bengasi, donde encontró el terreno favorable para extender su organización antimonárquica y zafarse de la policía secreta del rey. A mediados de los años sesenta y siguiendo el ejemplo de su ídolo, Nasser, constituyó en la más estricta clandestinidad con otros compañeros de armas un Movimiento Secreto Unionista de Oficiales Libres, mientras su carrera militar proseguía con buen pie.

En 1965 recibió con los máximos honores el despacho de teniente y a continuación asistió a cursos de perfeccionamiento en Gran Bretaña, en el Royal Armoury Corps Center de Bovington, la Academia de Beaconsfield y finalmente en la prestigiosa Royal Military Academy de Sandhurst. En 1966 se reincorporó al Ejército libio y en agosto de 1969 ascendió a capitán del cuerpo de señaleros.

Su nombre permanecía en el anonimato cuando el 1 de septiembre de 1969 tomó parte en el golpe de Estado que derrocó al régimen "reaccionario, atrasado y decadente" de Idris mientras éste encontraba de vacaciones en Turquía. Revelado como el cerebro del limpio y rápido movimiento, con 27 años Gaddafi se puso al mando de la junta militar, el Consejo del Mando de la Revolución, y anunció los puntos programáticos del nuevo régimen, rebosantes de nasserismo y nacionalismo: neutralidad exterior; unidad nacional como etapa primera para la unidad árabe; prohibición de los partidos políticos; evacuación de las bases militares británicas y estadounidenses (exigida a las capitales respectivas el 28 de octubre), y explotación de la riqueza petrolera nacional en beneficio de todo el pueblo. Asimismo, proclamó la República Árabe Libia y se hizo ascender a comandante supremo de las Fuerzas Armadas con el rango de coronel. Una Constitución promulgada en diciembre dio respaldo legal al nuevo orden de cosas.

Entre el 10 de enero y el 16 de julio de 1972 Gaddafi se encargó personalmente de la jefatura del Gobierno, tomando también la cartera de Defensa, para aplicar las medidas revolucionarias anunciadas. El 31 de marzo de 1970 se retiraron los últimos soldados británicos en medio de masivas manifestaciones nacionalistas y el 11 de junio de 1970 Estados Unidos evacuó la base aérea de Wheelus, que fue entregada a los egipcios a cambio de instructores militares. También en 1970 fueron nacionalizadas algunas compañías petroleras, el 4 de junio, y las sociedades bancarias, el 22 de diciembre. Simultáneamente, se adoptó un ambicioso programa de obras públicas, dotación de servicios sociales y extensión de la tierra cultivable a costa del desierto.

En lo económico adoptó el modelo planificado y persiguió el control productivo del petróleo para distribuir equitativamente sus rentas. La expropiación de la industria petrolera en manos extranjeras, fue sólo parcial, aunque en 1971 una de las afectadas sería la poderosa British Petroleum. Las multinacionales no estatalizadas fueron forzadas a pagar más por sus derechos de explotación.

Gracias a esta gestión patrimonial del petróleo, la sociedad libia gozó de uno de los niveles de vida más elevados del mundo árabe, una condición que, pese a las grandes dificultades económicas, se mantiene en la actualidad, teniendo presente que, al depender totalmente de la exportación de este producto, la economía libia era sensible a las oscilaciones del precio del barril en los mercados internacionales.

Gaddafi impuso la moralización islámica de las costumbres y las conductas sociales, lo que pasó por la proscripción del juego, el consumo de alcohol, los locales de recreo, el pelo largo en los hombres y las vestimentas a la occidental, aunque por otra parte relanzó la posición de la mujer en la vida pública hasta unas cotas de igualdad insólitas en el mundo árabe.

Aquel esquema represivo cobró mayor fuerza a partir de junio de 1971 con la adopción de medidas destinadas a silenciar cualquier contestación a su política, entre ellas la prohibición del derecho de huelga, la censura informativa y la codificación de la pena de muerte para los delitos contrarrevolucionarios. El nacionalismo entusiasmó en estos años a los pobladores del desierto y a las masas urbanas empobrecidas, pero no así a los sectores más cosmopolitas de la sociedad.


2. Creador de un modelo político singular

Dirigente excéntrico e inquieto, amante de los uniformes extravagantes y de las declaraciones incendiarias, Gaddafi no se contentó con implantar una dictadura militar al uso y se reveló como un productor de personalísimas doctrinas. Inspirándose en Mao Zedong, el 15 de abril de 1973 proclamó la "Revolución Cultural Libia" y el 3 de abril de 1975 publicó el Libro Verde, en el que exponía su original concepción del un Islam ni laico, ni integrista, y trufado de un socialismo no marxista. El libro se componía de tres volúmenes: La solución del problema de la democracia: el poder del pueblo; La solución del problema económico: el socialismo, y El fundamento social de la Tercera Teoría Universal.

La ideología verde de Gaddafi convocaba al derrocamiento revolucionario de todos los gobiernos del mundo y su sustitución por el gobierno directo de Alá fundado en la obediencia a la ley coránica. La Tercera Teoría Universal, que él situaba entre el comunismo y el capitalismo y a la que definía como un "socialismo natural", establecía que la fuente de todo derecho y la respuesta a todas las preguntas del hombre estaban en el Corán.

Esta teoría, extraño híbrido de filosofía política y ordenamiento jurídico-religioso, contó con sus partidarios y detractores. No obstante, en 1981 una comisión teológica reunida en La Meca dictaminó su carácter antiislámico y apóstata, exponiendo a su promotor a la consideración de kafir o no musulmán por cualquier fiel ortodoxo. Sunní de la escuela malikí, una de las cuatro interpretaciones jurídicas de la rama mayoritaria del Islam y dominante en el Magreb, Gaddafi no hizo estos años ningún intento de disuadir a los más enfervorizados de sus seguidores de su creencia de que él era nada menos que el Mahdí, el gran caudillo que, según el Profeta, Dios enviará al final de los tiempos para establecer un imperio de justicia islámica sobre la Tierra.

Precisamente para regular los aspectos de la vida moderna sobre los que la Sharía no se pronuncia, Gaddafi puso en marcha un sistema de democracia directa, contrapuesto al sistema representativo clásico, consistente en asambleas y comités populares superpuestos a tres niveles, local, regional y nacional. Este entramado sustituyó en la práctica al partido único creado en 1971 de acuerdo con las previsiones de la fusión libio-egipcio-siria (véase abajo), la Unión Socialista Árabe, que fue finalmente abolida en enero de 1976.

El 1 de marzo de 1977 institucionalizó este modelo de gobierno con la adopción de una Carta del Poder Popular, que reemplazaba a la Constitución provisional de 1969 y que proclamaba la Jamahiriya (que significa Estado de las Masas) Árabe Libia Popular y Socialista. En ese momento, un Congreso General Popular asumió el poder legislativo y un Comité General Popular o gobierno sustituyó al Consejo del Mando Revolucionario en el ejecutivo.

Gaddafi retuvo el poder real en calidad de secretario general del Congreso General Popular y desde el 1 de marzo de 1979 simplemente como "Líder de la Revolución", luego de dimitir de todos sus puestos constitucionales para dedicar todo su tiempo a "preservar" aquella. Los sucesivos secretarios generales del Congreso General Popular han funcionado desde entonces como jefes nominales del Estado, pero el régimen ha mantenido en todo momento su naturaleza esencialmente militar y Gaddafi ha ejercido como incuestionable dirigente absoluto.


3. Años 70: en busca de la unidad árabe con discurso radical

La política exterior de Gaddafi fue desde el principio fervorosamente panarabista y rabiosamente antiisraelí. Frecuentó al rais egipcio Gamal Abdel Nasser en los meses previos a su fallecimiento en 1970, quien, en su primer encuentro, el 25 de diciembre de 1969, con motivo de la boda del coronel con una maestra de escuela, dijo de él que le parecía un oficial "escandalosamente puro e inocente". Gaddafi luego trató con el sucesor de Nasser, Anwar as-Sadat, con el que ideó una Federación de Repúblicas Árabes (FRA), uno de tantos proyectos fallidos de fusión de estados árabes, que debió haber entrado en vigor como fusión total en septiembre de 1973.

Del esquema se retiraron en 1971 el sudanés Jafar Muhammad an-Numeiry, por conservador y africanista, y en 1972 el sirio Hafez al-Assad, por socialista laico, que no compartían el rigorismo religioso que Gaddafi deseaba imponer. La ruptura con Numeiry, a quien había ayudado decisivamente a desbaratar un golpe de Estado procomunista en 1971 al interceptar el avión que llevaba a Jartum a sus cabecillas, se produjo el 6 de julio de 1976 luego de aparecer la larga mano de Gaddafi tras una peligrosa intentona golpista, mientras que el distanciamiento con Assad se prolongaría durante toda la década.

Assad no quiso o no pudo seguir el ejemplo de Sadat, elogiado por el líder libio en su momento, de romper los lazos con la URSS, cuyo materialismo ateo Gaddafi rechazó con virulencia por considerarlo incompatible con su ideal panárabe. Hay que añadir que era justamente por su antimarxismo, como antes con los baazistas de Irak, que Estados Unidos siguió apoyándole discretamente todavía durante unos años. Se da por cierto que la CIA, incluso, le ayudó a desbaratar un complot en diciembre de 1969.

Gaddafi siguió, pues, adelante con el proyecto de la FRA con la sóla compañía de Sadat, pero desde la guerra de Yom Kippur en 1973 se hizo evidente que éste no tenía ningún interés en la cuestión y que su estrategia verdadera era el acercamiento a Occidente y alcanzar la paz con Israel. Las relaciones se deterioraron con episodios como la negativa egipcia, el 21 de febrero de 1973, a enviar cazas en ayuda de un avión de línea libio, que tras internarse en el espacio aéreo israelí fue derribado por aparatos de este país, o con la invitación del dirigente egipcio al depuesto rey Idris para que fijara su exilio en El Cairo.

En julio de 1977 tropas libias y egipcias sostuvieron combates fronterizos, en los que las primeras llevaron la peor parte, y la visita en noviembre a Jerusalén de Sadat, que a esas alturas ya no podía soportar más al "lunático libio", precipitó el cisma definitivo. Del 2 al 5 de diciembre de 1977 Gaddafi acogió en Trípoli una Conferencia de países árabes en la que se formó un Frente de la Firmeza contra Egipto y cuya primera e inmediata medida fue la ruptura de relaciones diplomáticas. Cuando en 1981 el dirigente egipcio cayó asesinado por oficiales integristas, Gaddafi celebró jubiloso la desaparición del "traidor Sadat".

No fue la primera vez que el coronel se erigía en paladín del radicalismo árabe: el 31 de julio de 1971, luego de los sonoros desplantes de 1970 en las cumbres de Rabat y El Cairo, consiguió promover en Trípoli la ruptura de relaciones con Jordania por haber aplastado el año anterior (el cruento Septiembre Negro de 1970) a los fedayines palestinos que operaban en su territorio. Sin embargo, ningún país aceptó sus propuestas de hacer la guerra al rey Hussein, contra el que envió unilateralmente unos cientos de voluntarios y conspiró para su derrocamiento. Otro de los monarcas prooccidentales de la región, el saudí Faysal, fue fustigado incansablemente por Gaddafi.

Los tratos con los vecinos marroquí y argelino no fueron mucho mejores. Gaddafi, el principal promotor y suministrador de armas del Frente Polisario (FP) en sus orígenes, propuso al rey Hasan II arrebatar el Sáhara Occidental a España por la fuerza, y cuando Rabat dispuso la Marcha Verde de 1975 le ofreció la participación de personal libio. El monarca alauí se negó a cualquier beligerancia abierta contra España.

En los tratos de Hasan con Gaddafi pesaba el recuerdo de la incierta implicación libia en los intentos golpistas de los años setenta que a punto estuvieron de costar la vida al monarca. En el "encuentro de reconciliación" de Uxda del 13 de agosto de 1984 Hasan consiguió que Gaddafi interrumpiese sus suministros de armas al FP y se acordó la apertura de embajadas permanentes en las respectivas capitales y el arranque de una unión libio-marroquí que, como otras iniciativas similares entre los estados árabes, nunca se concretó.

El 29 de agosto de 1986, finalmente, el monarca alauí declaró abrogado el tratado de 1983 como reacción a la condena de Gaddafi, conjuntamente con Assad, a su encuentro el mes anterior con el primer ministro israelí, Shimon Peres. Enfurecido por no haber sido consultado previamente, Gaddafi tachó al rey de "traidor a la nación árabe, al pueblo marroquí y a la causa palestina".

Para el presidente argelino Houari Bumedián, su más inmediato rival por el liderazgo árabe, Gaddafi era un dirigente inmaduro y exaltado, y el proyecto de unión libio-tunecino de 1974 le encolerizó hasta el extremo de amenazarle con la guerra, no tanto por suponer este hecho una muestra del presunto hegemonismo magrebí del coronel, como un éxito de su propaganda panarabista.

Tormentosas fueron, en definitiva, las relaciones de Gaddafi con todos sus vecinos, quienes se apresuraban a señalarle cuando desbarataban intentos de magnicidio de oscura trama: Hasan II, en 1971 y 1972; Sadat, en 1974; Numeiry, en 1976; y, el tunecino Habib Bourguiba, en 1975, sólo un año después de la proyectada unión entre ambos países. En el orden interno, el endurecimiento de su régimen alimentó los primeros disturbios y protestas populares.


4. Años 80: intervencionismo africano y enfrentamiento con Estados Unidos

Al comenzar los años ochenta Gaddafi imprimió un notable giro a su política exterior: en busca de nuevos préstamos para la adquisición de armas se acercó a la URSS, que visitó por primera vez el 29 de abril de 1981 en devolución de la visita del primer ministro Aléksei Kosygin en 1975, y se reconcilió con Siria, con la que había renacido la solidaridad árabe por la cuestión egipcia y compartía apoyos a Irán en su guerra contra Irak, país que, a su vez, no mantuvo relaciones diplomáticas con Libia entre el 10 de octubre de 1980 y el 12 de septiembre de 1987.

Paralelamente, se enemistó por algún tiempo con el sector oficial de la OLP representado por Yasser Arafat, experimentó una aproximación a Hasan II (histórico intercambio de visitas en 1989, en Casablanca el 13 de mayo y en Trípoli el 1 de septiembre, esta última con motivo del vigésimo aniversario de la revolución de 1969, encuentro al que asistieron varios dirigentes de países amigos y, precisamente, Arafat) que permitió poner en marcha la Unión del Magreb Árabe (UMA), y finalmente hizo lo propio con Egipto, con el que restableció relaciones diplomáticas en enero de 1990 y con cuyo presidente Hosni Mubarak se reunió por primera vez el 16 de octubre 1989. Al comenzar la década de los noventa Gaddafi tenía sus relaciones ampliamente normalizadas con el mundo árabe, si bien las efusividades se limitaban a Siria, Sudán (a partir de 1989, con la instalación de un régimen islámico-militar) e Irán.

Asimismo vigorizó su aventurerismo africano, presente desde que en los años setenta se apoyara en la Uganda de Idi Amin para extender la "marea verde del Islam" por los estados negros de mayoría cristiana. De hecho, en marzo de 1979 cientos de soldados libios, con desastrosos resultados ya que sufrieron un alto número de muertos, heridos y prisioneros, plantearon la única resistencia apreciable a la invasión del Ejército tanzano y exiliados ugandeses que terminó derrocando a Amin.

En los años siguientes Gaddafi envió emisarios, asesores y agentes por doquier, y hasta los años noventa sus intrigas y apadrinamientos fueron visibles en Somalia, Liberia o Burkina Faso favoreciendo a Muhammad Farah Aydid, Blaise Compaoré y Charles Taylor respectivamente, por citar algunos casos. Pero su mayor implicación fue en Chad, donde en 1980 intervino militarmente en apoyo de su protegido Goukouni Oueddei contra el presidente profrancés Hissène Habré, a fin de asegurarse la franja fronteriza de Aouzou, presumiblemente rica en uranio y petróleo, que se había anexionado en 1973.

La muralla de contención francesa, cuya aviación tuvo encontronazos con la libia, y la defección de Oueddei en 1987 al constatar las ambiciones puramente territoriales de Gaddafi, precipitaron el desastre libio en marzo de 1987 en la batalla de Faya Largeau, que costó a Trípoli 5.000 bajas entre muertos y prisioneros.

El 11 de septiembre de 1987 Gaddafi aceptó el alto el fuego y el 25 de mayo de 1988 reconoció al régimen de N'Djamena. El 3 de octubre restableció las relaciones diplomáticas y el 31 de agosto de 1989 se reunió con Habré para solventar las diferencias territoriales. Gaddafi retiró a sus quebrantadas tropas del territorio chadiano, a excepción de Aouzou, cuya soberanía chadiana fue posteriormente establecida por el arbitraje de la ONU y que Libia finalmente evacuó en 1994.

El prosovietismo y el panislamismo africano de Gaddafi irritaron a Estados Unidos. La Administración de Ronald Reagan le acusó invariablemente de dar cobijo a terroristas internacionales, de financiar sus atentados y de sostener campamentos de adiestramiento de grupos revolucionarios de todo el mundo (aunque fundamentalmente extremistas palestinos), campaña que no parecía seguir ninguna lógica estructurada. Se han mencionado al IRA norirlandés, la ETA vasca de España, los separatistas musulmanes filipinos o los Panteras Negras de Estados Unidos como organizaciones que han recibido alguna vez la asistencia del Gobierno libio.

En agosto de 1981, tres meses después de que la comunidad diplomática libia fuera expulsada de Washington y Gaddafi escapara al tercer intento de derrocarle -con las más que probables anuencias norteamericana y francesa- en cuatro años, se produjo un primer enfrentamiento entre cazas de los dos países sobre el Golfo de Sirte. El 7 de enero de 1986 Estados Unidos rompió totalmente las relaciones económicas y comerciales, luego de que Gaddafi, el 28 de marzo de 1984, hubiese amenazado con permitir la instalación de bases a la URSS, la cual, no obstante, siempre desconfió del radicalismo y la imprevisibilidad del dirigente libio.

El 14 de abril Estados Unidos bombardeó Trípoli y Bengasi, operación aérea que provocó un amplio rechazo internacional pero que Washington justificó como castigo a Gaddafi por su pertinaz patrocinio del terrorismo árabe, que desde 1985 se había recrudecido dramáticamente en Europa. Objetivo principal del ataque fue el cuartel general de Gaddafi en un intento de acabar físicamente con él; salvó la vida, pero su hija adoptiva figuró entre las decenas de civiles muertos.

A partir de entonces el conflicto rebrotó esporádicamente (derribo por cazas norteamericanos de dos MIG libios en enero de 1989, acusación de construir armas químicas en una planta industrial en Rabta), aunque con tensión decreciente, y lo cierto es que Gaddafi moderó progresiva y sutilmente sus diatribas antioccidentales al tiempo que sus actividades exteriores se hicieron más discretas. Las excentricidades anecdóticas del dictador libio se espaciaron, pero no desaparecieron.


5. Años 90: inhibición exterior y dificultades internas

En 1980 los novelistas Dominique Lapierre y Larry Collins caracterizaron a Gaddafi en su best seller de política ficción El quinto jinete como un visionario delirante que está a punto de sumir a Nueva York en el apocalipsis nuclear con una bomba de hidrógeno ocultada por sus secuaces en Manhattan. Como botón de muestra del grado de demonización que alcanzó su figura en Occidente y en Estados Unidos en particular, sírvase la afirmación que hizo en octubre de 1981 el entonces vicepresidente George Bush: "Gaddafi es un megalómano capaz de desencadenar la tercera guerra mundial con el único fin de aparecer en la primera página de los periódicos".

El dictador libio fue, en definitiva, uno de los personajes más estridentes e impredecibles de la escena internacional durante dos décadas. Pero en los años noventa atemperó sus entusiasmos de juventud y de hecho se inhibió de puertas afuera. Al igual que en 1973 durante el ataque sirio-egipcio a Israel, entonces con la excusa de que El Cairo no le había puesto al tanto de los planes, mostró una actitud muy prudente, por no decir evasiva, durante la crisis de 1990-1991 por la invasión irakí de Kuwait y la posterior campaña militar internacional contra el régimen de Saddam Hussein, con el que, por cierto, no mantuvo relaciones diplomáticas entre 1980 y 1987 y ninguna consideración de simpatía antes o después. Por otro lado, la aportación de Gaddafi al proceso de paz de Oriente Próximo no ha sido ni constructiva ni insidiosa, sino simplemente inexistente.

En lo doméstico Gaddafi ha venido afrontando una acumulación de problemas bastantes inquietantes para la perdurabilidad de su régimen autocrático. En primer lugar, el 15 de abril de 1992 la ONU le impuso un paquete de sanciones, reforzadas el 11 de noviembre de 1993, por su no colaboración en la entrega de dos ciudadanos libios sospechosos de atentar contra el avión de la PanAm estrellado en Lockerbie, Escocia, en diciembre de 1988, con el saldo de 270 muertos.

Estas sanciones no incluían el embargo de petróleo, que es comprado en su mayoría por Occidente, pero Estados Unidos las reforzó unilateralmente el 5 de agosto 1996 con la denominada ley Kennedy-D'Amato, que establece castigos para los países que inviertan en Libia.

Por otro lado, desde 1992 se multiplicaron diversos actos de subversión, en los que, debido al secretismo habitual, no se supo a ciencia cierta donde empezaba el golpe de Estado del núcleo interno del régimen y dónde la insurrección armada de bandas fundamentalistas según el ejemplo argelino. Así, trascendió que había resultado herido leve en un atentado el 1 de junio de 1998 cuando presuntos integristas tendieron una emboscada a su comitiva en una carretera cercana a Dirna, cuando se dirigía en visita oficial a Egipto.

Se sabe que Gaddafi ha reprimido con contundencia estos conatos, ha ordenado la eliminación de opositores en el exilio y que, en un sentido general, la vulneración de los Derechos Humanos, bien documentada por Amnistía Internacional durante años, es moneda corriente en Libia.

Gaddafi, que llamó a "exterminar como perros rabiosos" a los integristas islámicos, teme sin duda a una fuerza que, en connivencia con ciertos elementos del régimen descontentos con su actual línea de prudencia y contención ante Occidente, puede dar al traste con un poder que en 1999 cumplió tres décadas. Siempre se ha señalado al comandante Abdul Salam Jalloud, el elusivo número dos de la Revolución, primer ministro en 1972-1977 y posteriormente miembro del Secretariado del Congreso General Popular, como un radical proclive a la conspiración, pero el caso es que este responsable no ha caído en desgracia y sigue ostentando una posición señera en el régimen.

Definido como místico y puritano, sobrio y sensible, Gaddafi asegura sentirse satisfecho con su estilo de vida frugal en compañía de su esposa e hijos, lo que incluye ocasionales escapadas al desierto para retomar el estilo de vida de los beduinos, que hallan su sustento en los dátiles, el pan y la leche de camella, y para refugiarse en la contemplación y la oración. Sus interlocutores extranjeros de las décadas de los setenta y ochenta le han descrito como un estadista difícil por sus modales bruscos y sus salidas teatrales, con una visión simplista o ingenua de las relaciones internacionales, pero que tras su fachada de arrogancia y afectación se adivinaba a un hombre inseguro y depresivo.


6. Tímida superación del ostracismo a partir de 1998

Los actos del 27º aniversario de la Revolución congregaron en Trípoli a Mubarak y a Assad, así como a los presidentes de Burkina Faso, Chad, Ghana, Guinea, Malí, Níger y Uganda, más los números dos de Liberia y Gambia, demostrando que el régimen de Gaddafi había consolidado una red de países amigos, fundamentalmente africanos.

El 24 de agosto de 1998 Estados Unidos y el Reino Unido aceptaron que los sospechosos de Lockerbie fueran juzgados en los Países Bajos como país neutral, y tres días después el Consejo de Seguridad de la ONU resolvió que las sanciones serían levantadas tan pronto como se realizase la entrega. Tras un prolongado tira y afloja, el 19 marzo de 1999 Gaddafi accedió a someter a los dos hombres a un tribunal de La Haya con jueces y legislación escoceses, como la prisión en la que ingresarían de hallárseles culpables. El 5 de marzo se realizó la entrega y las sanciones de la ONU fueron revocadas, no así las de Estados Unidos.

La superación del conflicto alivió la carga que la prohibición de las comunicaciones áreas, el embargo de maquinaria de la industria del petróleo y la congelación de activos en el extranjero habían supuesto para la economía, y por otro lado supuso el final de la cuarentena diplomática de la Unión Europea, que el 18 de mayo de 1998 había acordado con Estados Unidos la salvaguardia de sus inversiones en Libia frente a la ley Kennedy-D´Amato.

El 7 de julio de 1999 el Reino Unido restableció relaciones diplomáticas plenas y el 2 de diciembre siguiente Gaddafi recibió al primer ministro italiano Massimo D'Alema, primera visita de un jefe de Gobierno occidental desde 1992, ocasión que aquel aprovechó para hacer su más clara denuncia del terrorismo hasta la fecha.

1999 marcó también el retorno triunfal de Gaddafi a la alta política regional, pero no la de Oriente Próximo, escenario que parece haber perdido interés para él, probablemente al constatar la muy escasa solidaridad árabe durante la condena de la ONU, si no la del continente negro, esgrimiendo un panafricanismo cuyas ínfulas supranacionales, carácter conciliador y afán de superación de conflictos han cogido desprevenido a más de uno. El 6 de febrero de 1998 auspició en Trípoli la creación de una Comunidad de Estados Sahelo-Saharianos con el fin de desarrollar la cooperación económica de la zona (además de Libia forman parte Burkina Faso, Malí, Níger, Chad y Sudán), para la que fue elegido primer presidente de turno.

Este desplazamiento hacia el sur de los intereses exteriores libios ha sido en menoscabo de la UMA, que no termina de regularizarse, como foro de consultas siquiera, por la profunda desconfianza que anida en sus dirigentes, con el problema de la contención del islamismo como telón de fondo.


7. Nuevo perfil de panafricanista y mediador de conflictos

En la XXXV Asamblea (cumbre) ordinaria de Jefes de Estado y de Gobierno de la Organización para la Unidad Africana (OUA), celebrada en Argel del 12 al 14 de julio de 1999 y primera a la que asistía desde 1977, Gaddafi intentó mediar entre Eritrea y Etiopía para que pusiesen fin a su más de un año de guerra, pero sin ocultar sus intentos de atraerse a los eritreos, que habían alcanzado la independencia en 1993 con la protección estadounidense, y de conciliarlos de paso con el régimen militar-islámico de Sudán, por su parte escenario de una guerra civil que también venía conociendo los intentos pacificadores del dirigente libio.

En Argel se aceptó la celebración en Trípoli de una cumbre extraordinaria de la organización. Discurrido el 8 y 9 de septiembre de 1999, el encuentro fue usado por Gaddafi para conmemorar el trigésimo aniversario de la Revolución y para consagrarse como actor de primer orden en la construcción de la unidad africana y la mediación de conflictos.

Pidió el establecimiento, a ejemplo de los europeos y de acuerdo con las previsiones del Tratado de Abuja de 1991, de los elementos aglutinadores de una verdadera unión, como un banco central, un tribunal de justicia y un parlamento supranacional. El dirigente libio presentó el proyecto como una fórmula para evitar la marginación del continente en las grandes tendencias internacionales y para salvaguardar la integridad y soberanía de los estados debilitados por los conflictos internos.

Gaddafi recibió también el mandato de coordinar el proceso de paz en la región de los Grandes Lagos, en la que por propia iniciativa ya venía mediando con moderado éxito. Acogió por separado, y luego arregló un encuentro trilateral, al presidente congoleño Laurent Kabila y a su homólogo y enemigo ugandés Yoweri Museveni, y aunque la inicial presencia de tropas chadianas del lado de Kabila en 1998 fue descrita como por cuenta de Libia, Gaddafi insistió durante 1999 en el envío de una fuerza panafricana de interposición entre los contendientes.

En la XXXVI Asamblea ordinaria de la OUA, en Lomé del 10 al 12 de julio de 2000, la propuesta de Gaddafi de unos "estados unidos federales de África" fue aceptada en la forma de una Unión Africana, que no obstante no entrará en funcionamiento hasta que dos tercios de los 53 estados miembros ratifiquen el texto. Precisamente quedó acordado que el acta constituyente de la Unión sería adoptada en una cumbre extraordinaria a celebrar en Sirte, lugar de nacimiento de Gaddafi.

En otro escenario bien diferente, Filipinas, en agosto de 2000 su Gobierno jugó fuerte a la carta de la rehabilitación ante Occidente con el pago de un millón de dólares en concepto de rescate a la organización musulmana separatista Abu Sayyaf de la isla de Jolo por cada uno de los 12 rehenes, la mayoría turistas europeos, que retenía desde abril.

La operación, agradecida por las capitales concernidas (París y Berlín), fue llevada por una organización caritativa que dirige el hijo de Gaddafi, Saef al-Islam, quien, por cierto, a partir de entonces alimentó nuevos rumores sobre una hipotética sucesión de su padre al frente del Estado libio, siguiendo el ejemplo de Bashar al-Assad, hijo de Hafez, en Siria. Ya en 1996 el dirigente árabe medió con éxito entre el Gobierno filipino y el Frente Moro de Liberación Nacional de Mindanao, otro ejemplo de intervención conciliadora en un escenario donde antes instigara el conflicto.

En octubre de 2000 Gaddafi recuperó parte del protagonismo perdido en el mundo árabe con su visita al rey Abdallah II de Jordania en Aqaba (del 4 al 6, la primera al reino hachemí en 17 años), al nuevo líder sirio en Damasco (el 8) y a la familia real saudí en Riad (desde el día 11), un desplazamiento que pocos años antes habría sido inconcebible. Con todo, y sin desprecio de las óptimas relaciones con Mubarak, se ausentó de la cumbre extraordinaria que la Liga Árabe celebró en El Cairo los días 21 y 22 para analizar la crítica situación en Palestina, con el argumento de que los reunidos no iban a adoptar una respuesta enérgica contra Israel.

(Cobertura informativa hasta 20/3/2001)



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