Opinion

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Enric Royo

Development

"Sobre Obama, las mujeres de Dakota y ... las mujeres de Kenia"

Enric Royo
Coordinador del Programa Desarrollo y Cooperación , Fundación CIDOB

14 de noviembre de 2008 / Opinión CIDOB, n.º 18

El pasado 4 de noviembre Barack Hussein Obama se convirtió en el primer presidente electo afroamericano de los Estados Unidos. Mucho se ha escrito sobre su victoria y las expectativas que ha despertado en todo el mundo, sobre el nuevo ciclo que se abre, o incluso sobre una nueva era en la política dictada desde el despacho oval.

De entre lo mucho que se ha escrito, se ha dicho que Obama será un presidente que, a diferencia de los anteriores, no va a depender tanto de los lobbies norteamericanos puesto que su campaña se ha financiado principalmente a través de internet, por lo que debe pocos favores. Quienes sigan con especial atención la maquinaria política y social que se mueve entorno a una consulta electoral en Estados Unidos sabrán que uno de los eternos ejes de campaña es el aborto, y con él los lobbies a favor y en contra del ejercicio de los derechos reproductivos. Como no podía ser de otra manera, durante la pasada campaña el aborto ha vuelto a salir a la palestra, y con mayor énfasis si cabe pues simultáneamente a la consulta presidencial se celebraban referendos en diversos estados con el fin de revertir algunas de las legislaciones vigentes al respecto.

Uno de ellos, Dakota del Sur, feudo del activismo antiaborto, votaba limitar el ejercicio de este derecho a casos de violación, incesto y grave riesgo para la salud de la madre. El 55,2% de los votantes rechazaron dar este paso atrás. Sin duda muchas mujeres habrán respirado tranquilas pues habrán conjurado, al menos por el momento, el peligro que sus derechos sean nuevamente “tutelados” por el resto de la sociedad y del Estado. Ya es el segundo intento en dos años de penalizar el aborto pues en 2006 el 56% de votantes rechazó la prohibición total del mismo.

Aparte de estas batallas internas, poco se ha escrito sobre el significado del triunfo de Barak Hussein Obama para muchas mujeres del mundo. Si bien habrá que esperar al 20 de enero de 2009, es de justicia recordar que cada vez que se elige a la presidencia de los Estados Unidos, el electorado norteamericano está participando en una especie de referendum mundial sobre el libre ejercicio de los derechos reproductivos de millones de mujeres en los países en desarrollo. Precisamente allí donde gozar del acceso a servicios de salud sexual y reproductiva puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.

Desde 1984, la elección de un presidente demócrata o republicano ha significado la mejora o empeoramiento de las condiciones y recursos que existen en muchos países en desarrollo para poder decidir libremente sobre la vida reproductiva. Ello se debe a la instauración en aquel año de la Política de Ciudad de México, también conocida como Global Gag Rule - literalmente la ley mordaza global-, por el presidente Reagan con ocasión de la Conferencia Internacional Sobre la Población celebrada en la capital mexicana. Dicha norma obliga a retirar toda contribución estadounidense a aquellas organizaciones extranjeras que utilicen cualquier parte de su presupuesto –y no necesariamente de los fondos provenientes de los Estados Unidos- a actividades relacionadas con el aborto, aunque sean solamente de abogacía a favor de cambios legislativos.

Contemplada en sí como una de las metas del milenio, la reducción de la mortalidad materna es uno de los campos de batalla para alcanzar un desarrollo humano que contribuya a la igualdad entre hombres y mujeres. Se calcula que cerca de un 15% de la mortalidad materna en el mundo está directamente relacionada con la práctica de abortos inseguros. Ello es causa y consecuencia a la vez de condiciones de pobreza, vulnerabilidad y de falta o desigualdad en el ejercicio de derechos, especialmente en aquellos países donde las leyes restringen y “tutelan” la libre elección de las mujeres. Cabe recordar que una legislación prohibitiva no evita ni disminuye los abortos, sino que los convierte en ilegales, y en consecuencia inseguros y en grave problema de salud pública.

En palabras de Fred Sai, expresidente de la International Planned Parenthood Federation (IPPF), y asesor del Presidente de Ghana, “se ha permitido que un problema que es claramente de salud pública, y que tiene una solución conocida, se convierta en un campo de muerte para las mujeres en los países en desarrollo, particularmente en África”.

Las consecuencias de dichas directrices gubernamentales son devastadoras para muchas pequeñas organizaciones de desarrollo, de salud, y de derechos de las mujeres. Su impacto se ha estudiado en diversos países, como por ejemplo en Kenia, donde la Global Gag Rule supuso fuertes recortes presupuestarios, el cierre de clínicas, y la reducción de servicios y suministros de planificación familiar y educación sobre el VIH/SIDA para la población en general. Dado que en Kenia el aborto está severamente restringido, la mayoría de los abortos son inseguros y se realizan en condiciones de grave peligro para las mujeres, influyendo según algunos cálculos entre el 30 y el 50% de las tasas de mortalidad materna. Y las organizaciones que trabajan en el sector tienen que elegir entre defender los derechos de las mujeres y abogar por un cambio legislativo o ponerse la “mordaza”para recibir fondos de USAID. Precisamente en un momento en que la sociedad civil y el legislativo keniano están inmersos en un debate para reformar las arcaicas (¡datan de 1897!) leyes que penalizan el aborto.

La importancia y la presión para retirar y reinstaurar la norma es tal que se produce el mismo día 20 de enero en que el nuevo presidente toma posesión de su despacho en la Casa Blanca. Así ocurrió con Bill Clinton al derogarla en enero de 1993 y con el actual inquilino George Bush al reinstaurarla en enero de 2001. Así pues, muchas miradas estarán puestas el próximo 20 de enero en la Casa Blanca, pues del puño y letra de Barack Obama pueden depender las vidas de muchas mujeres y, con ello, la contribución a una de las metas del milenio.

Es de esperar que Obama no se deje influir por las críticas recibidas por parte de los obispos estadounidenses reunidos recientemente en Baltimore. Aunque todo es posible, y algunos ejemplos de decisiones de mandatarios supuestamente progresistas como el nicaragüense Daniel Ortega, prohibiendo el aborto terapéutico para ganarse el favor de la Iglesia son muestra de ello. Otro caso más reciente, y si cabe más sorpresivo es el del presidente uruguayo Tabaré Vásquez quien, para no tener problemas con el Vaticano, acaba de vetar la ley de salud sexual y reproductiva aprobada por el Congreso que despenalizaba totalmente el aborto en este país sudamericano.

Mientras en Dakota hay quienes se emplean a fondo para limitar los derechos, en Kenia se lucha por conseguir al menos un status similar a la limitación de derechos rechazada popularmente en dicho Estado. Contradicciones del desarrollo. En definitiva, es de esperar que las mujeres dejen de ser moneda de cambio político en esta nueva era que se nos anuncia.

Enric Royo
Coordinador del Programa Desarrollo y Cooperación , Fundación CIDOB

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