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Migrations Programme - [05/26/2006]
“El contenido filosófico, político y de valores que impregna el laicismo pretende establecer una ética civil mínima sobre la que sustentar la convivencia y la cohesión social”. Esta fue una de las conclusiones que se extrajeron del Seminario Internacional: Las dimensiones del pluralismo religioso, sesión que cierra el ciclo dedicado a Las expresiones religiosas inmigradas en un contexto secularizado que organiza la Fundación CIDOB y que se celebró en su Sala d’Actes (Sala Jordi Maragall).
Este ciclo, dirigido por Jordi Moreras (director de la Consultoria Trànsits) contó, entre otros, con la participación de Juan José Tamayo (director de Cátedra de Teologia i Ciències de les Religions), Ignacio Ellacuría (Universidad Carlos III), Alfonso Pérez Agote (profesor de sociología en la Universidad Complutense de Madrid), José M. Contreras (director de la Fundación Pluralismo y Convivencia), Mondher Kilani (profesor de andropología en la Universidad de Lausanne), Annick Germain (directora del equipo Ville / Quartier, INRS Urbanisation, Culture e Société, Universitat de Québec), Francesc Rovira (secretario adjunto de la asociación UNESCO pel Diàleg Interreligiós), Anne Sophie-Lamine (miembro asociada al CEFIR-CNRS de la Universidad Marc Bloch de Estrasburgo), Antoni Matabosch (presidente de la Fundació Joan Maragall) y Yaratullah Monturiol (vice-presidenta de la asociación UNESCO pel diàleg Interreligiós de Barcelona).
Ante la necesidad de elaborar esta ética cívica mínima, se reclamaron “las aportaciones de los colectivos religiosos, a partir de sus valores y su tradición, no entendida como una realidad inmutable, sino como una continuada reelaboración”.
Además, durante el seminario se consideró que, ante la heterogénea transformación del panorama religioso, “el laicismo se había convertido en un argumento defensivo, cuando debería considerarse no un límite, sino una oportunidad y un nuevo camino”.
Durante el seminario que cierra el ciclo dedicado a Las expresiones religiosas inmigradas en un contexto secularizado también se concretó que el espacio público era el escenario de la convivencia. Sin embargo, los ponentes manifestaron que la intervención administrativa en este ámbito se antojaba muy complicada. Según los expertos en pluralismo religioso “no es suficiente dotarse de instrumentos legales, sino de argumentos que doten de sentido el encaje de este pluralismo”. Finalmente, algunos ponentes coincidieron en que “la visibilidad y el impacto que ejercía este pluralismo sobre las opiniones públicas condicionaban les respuestas políticas” al respecto.