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Mediterranean Programme - [11/29/2007]
“Demasiado a menudo, la lógica burocrática se impone sobre la política en la financiación euromediterránea”. Michal Natorski, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) y miembro del Observatorio de Política Exterior Europea, presentó en la Fundación CIDOB una investigación titulada El impacto del Programa MEDA en Marruecos: resultados, experiencias y tendencias.
Tras describir cuántos fondos y de qué tipo se habían presupuestado y ejecutado en Marruecos, Natorski señaló algunos elementos que explican por qué su impacto ha sido menor al esperado: distintos marcos de actuación con prioridades distintas, lentitud en el proceso de toma de decisiones en el seno de la UE o inexistente condicionalidad política.
Con todo, el investigador señaló también algunas experiencias positivas aunque de difícil cuantificación, como el impacto a través de la socialización en métodos de planificación o algunas experiencias concretas, como un vasto programa en el ámbito de la calidad de los productos.
Natorski señaló también que existen graves carencias de acceso a la información para el estudio de Marruecos y, en general, de la financiación euromediterránea. Marruecos, considerado uno de los principales países beneficiados por los fondos MEDA, fue objeto de un análisis específico.
Por otro lado, el profesor de Relaciones Internacionales de la UAB aseguró que los distintos programas de financiación euromediterránea han experimentado una desigual evolución, tanto por lo que respecta a la distribución geográfica como a sus partidas temáticas. El investigador insistió en que se había incrementado significativamente la cantidad destinada a ayuda estructural, es decir, aquella que recae directamente en los presupuestos de los estados socios.
Finalmente, Natorski señaló que tras la puesta en marcha de la Política Europea de Vecindad se cuenta con la creación de un nuevo instrumento financiero (ENPI, en sus siglas inglesas). Se subrayó que las dotaciones presupuestarias previstas hacia los países de la Europa Oriental aumentarían de forma más sustantiva que las dirigidas a los países mediterráneos. Sin embargo, Natorski opinó que muchas de las disfunciones en la ejecución de los fondos MEDA se mantendrían con el ENPI.
A continuación, Iván Martín, coordinador del foro socioeconómico de Casa Árabe, elogió el esfuerzo realizado en la investigación, sobre todo, por las dificultades de acceso a la información necesaria. Martín, que consideró arriesgado abordar las cuestiones de impacto a través de fuentes documentales, señaló que el principal valor añadido de esta investigación radica en el estudio de los procesos de toma de decisión y de implementación. Recordó, no obstante, que no debe olvidarse que los fondos MEDA debían contribuir a conseguir los resultados del Proceso de Barcelona y que los hechos demostraban claramente que se estaba lejos de ese escenario. Martín insistió en que quizás haya un umbral de eficacia mínima por debajo del cual los fondos destinados no suponen un incentivo suficiente.
El economista recordó que la UE sólo destinaba cuatro euros por persona y año a los países mediterráneos, cifra insuficiente para afrontar los retos de esta región. Finalmente, Martín discrepó del análisis de Natorski respecto al cambio que podría suponer la entrada en funcionamiento del ENPI. Para Martín, éste podría representar un salto cualitativo en materia de convergencia normativa y en el campo de la cooperación transfronteriza.
A continuación se abrió un debate en el que intervinieron Laia Carbonell, asistente del Programa Mediterráneo de la Fundación CIDOB, que se preguntó cómo podría analizarse la capacidad de absorción de los países socios. Paqui Santonja, responsable de Cooperación Euromediterránea y Laura Alcoverro, de la Secretaría de Relaciones Exteriores de la Generalitat, insistieron sobre el papel de los entes locales. Carla Canal, de la Associación Socio Cultural Ibn Batuta, señaló que el trabajo de campo permite observar el desigual impacto de la cooperación europea en Marruecos y que hay una notable diferencia entre el mundo rural y el urbano. Finalmente, Eduard Soler, coordinador del Programa Mediterráneo de la Fundación CIDOB, señaló que las disfunciones de la cooperación euromediterránea pueden reforzar el papel de otros actores, especialmente el de Estados Unidos, cuya cooperación en la región es mucho más ágil.