URSS 20 años de la caída

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ADN

[21.12.2011]

Entrevista a Nicolás de Pedro, Investigador de CIDOB, en la que se evalúan las percepciones en Rusia sobre la desaparición de la URSS veinte años después.

Sucedió un 25 de diciembre. La historia quiso irónicamente que el imperio laico más poderoso de la historia escribiera su epitafio, de la mano de Gorbachov, el día de Navidad. Aquella noche ondeó por última vez la bandera de la hoz y el martillo en el Kremlin. El mundo asistía pegado al televisor a la desintegración de un gigante con cabezas nucleares pero, económicamente, con los pies de barro.

"El viejo sistema se derrumbó antes de que empezara a funcionar el nuevo". Con este certero diagnóstico, el primer y último presidente de facto de la URSS, Mijail Gorbachov, anunciaba el 25 de diciembre de 1991 su dimisión al frente del mayor Estado federal que jamás ha existido. 22.402.200 kilómetros cuadrados forjados a sangre y fuego por tres décadas de estalinismo (1920-53) y otras tantas en que el sistema nacido como una utopía igualitaria se reveló como una anquilosada maquinaria represiva.

Aquella misma noche, la bandera roja con la hoz y el martillo sería arriada por última vez de lo alto del Kremlin, donde ya sólo ondearía la tricolor rusa. Pocas veces un mero relevo de enseñas ha simbolizado un cambio tan profundo en la organización geopolítica del mundo.

El presidente George Bush padre, criticado por su lenta reacción, no daba abasto a la hora de reconocer el reguero de declaraciones de independencia que llegaban del desguace de la que fue la gran potencia enemiga durante la Guerra Fría.

El recientemente desaparecido Vaclav Havel, entonces líder checoslovaco, fue de los primeros en enviarle un mensaje a Gorbachov en el que afirmaba que, con él al frente, "la URSS empezó a dejar de ser un imperio colonial y se encaminó hacia una comunidad de Estados libres".

Durante su mandato, iniciado en 1985, Gorbachov puso fin ala dictadura comunista, transformó la economía colectivizada en una de mercado y puso fin al dominio colonial sobre el Este de Europa y las repúblicas soviéticas. Las grietas en el telón de acero que dividía Europa desde el final de la II Guerra Mundial se abrían paso por todo el Este. Y más aún cuando el líder soviético decretó, en 1989, la libre adscripción de los países al Pacto de Varsovia, la respuesta soviética a la OTAN.

Un hombre con prisa

Pero tamaños cambios no le bastaban al hombre que Gorbachov designó como jefe del PCUS en Moscú. Nacido en el mismo año que él, Boris Yeltsin (1931-2007) mostró ya en su época escolar su rebeldía contra la burocracia comunista, enfrentándose a una profesora en un episodio que a punto estuvo de costarle su brillante trayectoria académica.

Yeltsin coincidía con las reformas de Gorbachov, aunque tenía tanta prisa en acabar con los viejos privilegios y la burocracia comunista que fue destituido en 1987. Pero Gorbachov le permitió quedarse en Moscú con un puesto en el Ministerio de Construcción. Y Yeltsin, pese a que seguía teniendo prisa, esperó su momento. Paralelamente, la popularidad de Gorbachov empezó a erosionarse al ritmo que lo hacía la situación económica. Durante los años de Brezhnev, Andropovo Chernenko las reservas de crudo permitían sortear las crisis energéticas globales y mantener un complejo militar-industrial con el que seguir tuteando a EE UU. Pero el boom del petróleo acabó en 1985. La potencia que al disolverse acumulaba 30.000 armas atómicas y que había alcanzado algunos de los mayores logros en la era espacial debía tocar con los pies en el suelo.

Todo ello coincidía con las crecientes tensiones interétnicas, el malestar del núcleo duro comunista y los aires independentistas que recorrían muchas repúblicas de la URSS. La situación tenía que estallar por algún lado, y lo hizo en agosto de 1991 en un golpe de Estado contraproducente que supuso el principio del fin. Del último intento de la vieja guardia para aferrarse al poder emergió un heroico Yeltsin -recién elegido presidente ruso erigido ante el Parlamento en defensor de la democracia. Poco después, el 8 de diciembre, él mismo junto a los líderes bielorruso y ucranio firmaba un pacto a espaldas de su mentor que suponía la muerte de la URSS.

En su último discurso, Gorbachov asumía errores y reivindicaba su legado: "La sociedad recibió la libertad, se emancipó política y espiritualmente, y esta es la principal conquista, no valorada debidamente porque aún no hemos aprendido a aprovechar la libertad". Dos décadas después, cuando aparecen las primeras grietas en la era Putin, sus palabras suenan aún vigentes.

1985. NUEVO LÍDER.

Mijail Gorbachov se convierte, como nuevo secretario general del Partido Comunista, en el sexto y último líder de la URSS desde 1922. En diciembre, designa a Boris Yeltsin, un desconocido líder provincial del partido, como jefe del PCUS en Moscú. Ambos comparten la idea de cambio, aunque Yeltsin tiene más prisa y es más radical a la hora de acabar con las viejas estructuras.

1987. PERESTROIKA.

Gorbachov propone ante el Comité Central del partido profundas reformas políticas y económicas. Estructura los cambios en dos ejes: Perestroika (reconstrucción) en materia económica y Glasnost (transparencia) para liberalizar el sistema político. En noviembre, un Yeltsin empeñado en que las cosas cambien más rápido, es destituido, pero se queda en Moscú como viceministro de Construcción.

1988. OPOSICIÓN.

La vieja guardia comunista y la prensa oficial critican con dureza a Gorbachov, que sigue adelante con sus reformas: propone la figura del presidente y un Parlamento electo. Además recibe a Ronald Reagan, líder del archienemigo de la URSS en la Guerra Fría. Aires de cambio recorren repúblicas como Estonia, Letonia y Lituania y estallan tensiones interétnicas en Azerbaiyán, Armenia o Georgia.

1989. ELECCIONES.

Comicios legislativos: Yeltsin arrasa en Moscú. Las sesiones parlamentarias se emiten por TV pero tienen tanto éxito que llegan a paralizar el país: los obreros dejaban de trabajar para seguirlas. Gorbachov retira las tropas de Afganistán, una guerra impopular. Walesa gana en Polonia. Con el muro de Berlín, en noviembre, cae mucho más que un símbolo. Checoslovaquia y Rumanía le siguen.

6/1991. TRICEFALIA.

Con la elección de Yeltsin como presidente de Rusia, Gorbachov como el de la URSS y la vieja guardia del PCUS luchando por mantener el poderse acerca el momento de la verdad. Las tropas soviéticas sofocan los movimientos independentistas en Letonia y Lituania. En marzo, los rusos dicen en referéndum que quieren cambios pero mantener algún tipo de unión. Aunque los Estados bálticos quieren más.

19/8/1991. EL GOLPE.

La vieja guardia comunista, el jefe del KGB y varios jefes militares dan un golpe de Estado. Los tanques ocupan Moscú, se decreta el estado de emergencia y Gorbachov es retenido en Crimea por los golpistas. Yeltsin se dirige al Parlamento donde protagoniza el momento de su vida, al desafiar el golpe ante miles de manifestantes. La intentona fracasa y Yeltsin ilegaliza el Partido Comunista.

12/1991. EL FINAL.

El 8 de diciembre, los líderes de Rusia, Bielorrusia y Ucrania dan la última estocada a la URSS con la firma sin el conocimiento de Gorbachov de un acuerdo en Minsk para crear una nueva unión, a la que se sumarán la mayoría de las otras repúblicas. Pocos días después, el 25 de diciembre, en un discurso televisado de 10 minutos, Gorbachov anuncia su dimisión y la desintegración de la URSS.

EL APUNTE

La historia, mejor con sentido del humor

YouTube es una prodigiosa 'máquina del tiempo' para sumergirse en las imágenes de acontecimientos históricos como la caída de la URSS: Yeltsin subido a un tanque desafiando el golpe de Estado, el último discurso de Gorbachov, o también una hilarante versión de la historia de la URSS en ocho bits.

ENTREVISTA NICOLÁS DE PEDRO

"Los rusos no añoran la falta de libertades"

Nicolás de Pedro, investigador del CIDOB y experto en Asia central, repasa los aspectos que llevaron al desmembramiento del coprotagonista junto a EE UU de la Guerra Fría y los problemas que afectan a la actual Rusia.

¿Cuál fue el mayor error de Gorbachov?

Él mismo ha dicho que se arrepiente de no haber sido más enérgico a la hora de frenar a Yeltsin, quien como líder ruso puso fin a la URSS junto a Ucrania y Bielorrusia a sus espaldas.

¿Y su mayor acierto?

Tener la valentía de poner en marcha unas reformas imprescindibles en una situación estancada como la de la URSS. Si él no hubiera dado este paso, la Unión Soviética hubiera podido durar más años.

Un 20% de los rusos sienten nostalgia de los tiempos de la URSS. ¿Cómo lo valora?

Me parece un porcentaje incluso bajo. La nostalgia está muy extendida por cierto bienestar que existía entonces respecto a problemas como el paro, y por el orden, la certidumbre y la estabilidad que garantizaba el régimen. Pero desde luego, los rusos no añoran la falta de libertades y de productos de consumo de aquellos días.

¿Qué otros problemas pueden alimentar esta nostalgia?

Rusia tiene un serio problema con el consumo de drogas. El boom del narcotráfico se inició con la guerra con Afganistán en los ochenta, cuando se introducían opiáceos en el país a través de los aviones militares y muchos soldados empezaron a consumir heroína. Y eso explica en parte la creciente expansión del sida tanto en Rusia como en las repúblicas centroasiáticas.

¿Cómo se recuerda a Yeltsin?

Los noventa, cuando gobernó, se asocian a una época pésima, caótica, con carencia de productos básicos, inflación, inseguridad y las privatizaciones. Todo ello ha fortalecido la legitimidad de Putin, junto a la estabilidad política y la económica, basada en el petróleo y el gas.

¿Cómo ve la ola de protestas?

No afectarán a su elección como presidente, pero son un punto de inflexión en la era Putin. A los rusos les irrita la corrupción, que atribuyen más a su partido que a él, y muchos se sienten frustrados porque creían que sería Medvedev quien se presentara y modernizara el país.

Putin califica la caída de la URSS como una catástrofe. ¿En qué sentido lo dice?

Lo dijo en sentido geopolítico; por la pérdida de poder en el Cáucaso o Asia central, donde hoy están China y EE UU.

BIBLIOGRAFÍA

'La tumba de Lenin'

David Remnick

Debate

Remnick, corresponsal del 'Washington Post' entre 1988 y 1992, vivió en primera persona la desintegración de la Unión Soviética, que narró en este volumen por el que ganó el prestigioso premio Pulitzer.

'Bandera roja'

David Priestland

Crítica

El profesor de Oxford expone en su historia política y cultural del comunismo porqué un país que nació de una utopía que pretendía crear una sociedad más justa, acabó siendo uno de los imperios más sangrientos de la historia de la humanidad.

'Perestroika'

Mijail Gorbachov

Emecé

En 1988, la cima de su popularidad tanto a nivel interno como externo, Gorbachov expuso en un libro que se convirtió en 'best seller' las reformas que le valieron el Nobel de la Paz en 1990.

>> Leer la entrevista en la web de ADN

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