Kevin Rudd

Editado por:
Roberto Ortiz de Zárate

Datos relevantes

Actualización: 18 de Febrero de 2008
Crédito fotográfico: © David Jackmanson, en Flickr.com con licencia de Creative Commons
Kevin Michael Rudd

Australia

Primer ministro

Duración del mandato: 03 de Diciembre de 2007 - En funciones

Nacimiento: Nambour, estado de Queensland , 21 de Septiembre de 1957

Partido político: ALP

Profesión: Diplomático y consultor

Crédito fotográfico: © David Jackmanson, en Flickr.com con licencia de Creative Commons

Resumen

En Australia, la victoria en las elecciones del 24 noviembre de 2007 del Partido Laborista que desde hace menos de un año lidera Kevin Rudd han puesto fin a 11 años de gobiernos encabezados por el liberal John Howard. Antiguo funcionario del servicio diplomático y chinoparlante, Rudd es un político moderado de centro al frente de un partido con tradición izquierdista que combina los enfoques progresistas en cuestiones sociales y laborales con acentos conservadores en materia fiscal y otros teñidos de moral cristiana. En política exterior, se propone imprimir un giro multilateralista, matizando el alineamiento irrestricto con Estados Unidos característico del Gobierno saliente y expandiendo los tratos con los países asiáticos, así como retirar en breve plazo las tropas de combate desplegadas en Irak y acatar los criterios sobre reducción de emisiones contaminantes del Protocolo de Kyoto, cuya ratificación ha firmado nada más tomar posesión el 3 de diciembre.

Biografía

1. Trayectoria como oficial del laborismo australiano
2. Saltos al liderazgo del partido y la jefatura del Gobierno


1. Trayectoria como oficial del laborismo australiano

Crecido en un entorno rural costero del estado oriental de Queensland y el benjamín de cuatro vástagos de una familia de cultivadores de caña de azúcar, recibió su primera educación en el College Ashgrove de Brisbane, un centro regido por la Congregación de los Hermanos Maristas, y luego cursó la secundaria en State High School de su Nambour natal. Cuando el muchacho tenía 11 años, la muerte prematura del padre, fatalmente herido en un accidente de tráfico, obligó a su viuda, una católica devota, a abandonar la granja que los Rudd explotaban como aparceros en las proximidades de la población de Eumundi, sumiéndose la familia en un período de graves dificultades económicas. Hasta que la madre, dos años más tarde, consiguió un trabajo como enfermera en un hospital y pudo asegurar el sustento de sus hijos pequeños, Rudd y una hermana tuvieron que acogerse a la protección caritativa de un internado católico.

Las inquietudes políticas de signo progresista afloraron muy pronto en el futuro primer ministro, que en 1972, con 15 años, alejándose de la militancia que su progenitor fallecido había mantenido en el conservador Partido Campesino (CP), se afilió a la rama juvenil del Partido Laborista Australiano (ALP), entonces liderado por el socialista Gough Whitlam, convertido a la sazón en primer ministro federal en diciembre de aquel año. Las semblanzas publicadas por la prensa australiana aseguran que la amarga experiencia infantil de Rudd, desarraigado de un hogar campestre con el que sentía plenamente identificado, le colocaron en la órbita de la formación política más identificada con la protección social de los ciudadanos.

En 1975 se trasladó a Canberra para estudiar historia y lenguas asiáticas en la Universidad Nacional Australiana (ANU); allí se especializó en el idioma chino mandarín, llave profesional que iba a abrirle las puertas de una enriquecedora carrera en el servicio diplomático australiano. En 1981, luego de graduarse con una tesina que fue evaluada por el reputado sinólogo Pierre Ryckmans, fue contratado por el Departamento de Asuntos Exteriores y Comercio del Gobierno, iniciando un septenio de servicios consulares que desarrolló en las embajadas de Australia en Estocolmo y Beijing seguidos de funciones técnicas en el Ministerio en Canberra.

En 1981 contrajo también matrimonio con Thérèse Rein, una titulada en psicología por la ANU a la que había conocido en un encuentro del Movimiento Australiano de Estudiantes Cristianos. De fe anglicana, Rein, luego convertida en una próspera mujer de negocios, influyó sin duda en la paulatina participación de su marido en los oficios religiosos del anglicanismo australiano, dejando atrás un bagaje católico que le parecía demasiado dogmático. Hasta 1993 la pareja tuvo tres hijos, una chica y dos varones.

Deseoso de introducirse en el mundo de la política representativa, en 1988 Rudd se despidió del Departamento de Asuntos Exteriores y se puso al servicio de Wayne Goss, líder de la oposición laborista en Queensland, quien le reclutó como jefe de su gabinete particular. Cuando en diciembre de 1989 el ALP ganó las elecciones regionales y Goss saltó a la jefatura del Gobierno del estado, Rudd vio potenciado su cometido de organizador con un cariz institucional. En 1992 Goss le nombró director general de la Oficina del Gabinete, cargo que le consolidó como un influyente burócrata involucrado en la elaboración de las diversas políticas del ejecutivo estatal y que de paso le convirtió en el principal artífice, rigiendo los gobiernos laboristas de Bob Hawke y Paul Keating, de una reforma educativa federal centrada en la enseñanza en las escuelas australianas de idiomas asiáticos como el chino y el japonés.

Esta primera experiencia en la gestión política con barniz tecnocrático tocó a su fin en febrero de 1996 al abandonar Goss la jefatura del Gobierno de Queensland a raíz de la derrota del ALP frente al Partido Nacional (NPA, denominación actual del viejo CP) en las elecciones estatales. Rudd empezó a trabajar como especialista en cuestiones chinas para la compañía de consultoría y auditoría KPMG, pero con la determinación de convertirse en un político profesional con mandato electoral en Queensland.

Lo intentó por primera vez en las elecciones parlamentarias federales del 2 de marzo de 1996 postulándose al escaño de la circunscripción de Griffith, que desocupaba su correligionario Ben Humphreys tras 19 años de titularidad, pero perdió la partida ante Graeme McDougall, candidato del Partido Liberal (LP), formación conservadora que ganó los comicios y que regresó al Gobierno federal de la mano de su nuevo líder, John Howard, y en coalición con el NPA de Tim Fischer.

Rudd realizó su siguiente tentativa en las elecciones adelantadas del 3 de octubre de 1998: esta vez su partido, pese a recuperar votos, volvió a ser derrotado por la alianza del LP y el NPA, pero él se tomó la revancha frente a McDougall en la liza particular en Griffith. En la Cámara de Representantes de Canberra, Rudd se distinguió como un legislador laborioso y concienzudo, acrecentando la reputación de servidor competente, aunque en exceso cerebral e incluso cuadriculado, que ya en su etapa de alto funcionario del Gobierno de Brisbane le había granjeado el mote de Doctor Muerte. En las elecciones del 10 de noviembre de 2001, nuevamente ganadas por Howard, Rudd renovó el escaño y a continuación fue nombrado por Simon Crean, sucesor de Kim Beazley en el liderazgo del ALP, ministro de Asuntos Exteriores en el shadow cabinet de la formación opositora.

En el lustro siguiente, el antiguo diplomático y perfecto conocedor del idioma chino arremetió reiteradamente contra la política exterior del Gobierno liberal-nacional, que consideraba excesivamente inclinada a la alianza estratégica con Estados Unidos. Sin renegar de la participación de Australia en Libertad Duradera, la operación militar liderada por la Administración de George W. Bush para combatir el terrorismo global de la organización islamista Al Qaeda en el escenario abierto por los atentados del 11-S, el dirigente laborista reclamaba una política exterior más equilibrada, que conjugara la incuestionable cooperación en seguridad con Estados Unidos con el compromiso por el multilateralismo en el seno de la ONU y las buenas relaciones con los vecinos asiáticos. Estas prioridades fueron convertidas por Rudd en los "tres pilares" de la doctrina del ALP sobre las relaciones internacionales de Australia.

A comienzos de 2003 Rudd manifestó su oposición a la invasión de Irak y a la inclusión de Australia por Howard en la coalición de países que secundaba a Estados Unidos en esta campaña militar, justificada por la presunta tenencia por el régimen de Bagdad de armas prohibidas de destrucción masiva. Cuando la ulterior ocupación del país árabe, el diputado recomendó al Gobierno que no enviara tropas de combate sino un pequeño contingente de militares con la misión de instruir a los integrantes del nuevo Ejército irakí.

En 2004, la polémica participación de soldados australianos en la ocupación y reconstrucción de Irak presidió contradictoriamente los manifiestos hechos por el ALP de cara a los comicios generales del 9 de octubre de aquel año: Rudd y el nuevo líder del partido, Mark Latham, aseguraron primero que si ellos llegaban al poder repatriarían íntegramente el contingente allí desplegado, 850 hombres, para las Navidades, siguiendo el ejemplo de retirada rápida aplicada por el nuevo Gobierno socialista de España; pero en junio, ante el aluvión de críticas recibidas desde la coalición gobernante y Estados Unidos, Latham salió a matizar que un ejecutivo del ALP emprendería una retirada parcial y escalonada. De todas maneras, los laboristas hubieron de aguardar a otra ocasión para imprimir el cambio de rumbo que prometían en la política exterior, ya que Howard y los liberales, en un éxito sin precedentes desde la larga gobernación de Robert Menzies (1949-1966) medio siglo atrás, se impusieron a sus adversarios del centroizquierda en las urnas por cuarta vez consecutiva.


2. Saltos al liderazgo del partido y la jefatura del Gobierno

La ambición de Rudd de convertirse en líder del ALP se manifestó a las claras a finales de 2003, cuando el laborismo convocó una elección interna para definir al sustituto del dimitido Crean. En aquella ocasión, Rudd no llegó a competir por el puesto porque declinó en favor del anterior líder, Beazley, que aspiraba a retomar el mando a pesar de las dos derrotas en unas elecciones generales que constaban en su historial. En diciembre de aquel año Beazley perdió la partida frente a Latham, quien luego, en aras de la armonía, confirmó en sus puestos en el shadow cabinet a Rudd y al propio Beazley. El doloroso varapalo electoral de 2004 desató a su vez una crisis en el liderazgo de Latham, quien, acuciado además por problemas de salud, arrojó la toalla en enero de 2005. Rudd seguía siendo un claro candidato potencial, pero tampoco esta vez quiso enfrentarse a su amigo Beazley, quien una vez ganado el liderazgo le recompensó ampliando sus responsabilidades en el shadow cabinet a las áreas de Seguridad Internacional y Comercio Exterior.

La autocontención política de Rudd tocó a su fin tras el verano de 2006. Desanimado por los sondeos de popularidad que le situaban a la zaga del incombustible Howard y presionado desde dentro del partido, Beazley pactó con el impaciente Rudd la celebración de una elección interna en la que se enfrentarían ambos. La misma se auguraba ampliamente favorable al diputado de Queensland, luego de asegurarse el apoyo de la poderosa sección laborista de Nueva Gales del Sur, el estado más populoso de la federación. La votación tuvo lugar el 4 de diciembre de 2006 y Rudd, sin sorpresas, con 49 votos frente a los 39 recibidos por Beazley, fue proclamado decimonoveno líder del ALP desde la fundación del partido en 1891. Julia Gillard, estrecha colega en el grupo parlamentario y el shadow cabinet laborista, fue elegida vicelíder.

El flamante cometido de líder de la oposición parlamentaria le duró a Rudd menos de un año, ya que llegó al liderazgo del ALP en la recta final de una legislatura que iba a finiquitar la era de Howard, un primer ministro propenso a generar controversias pero de gran peso político y con un carisma persistente, quien ya no pudo ganar la quinta elección consecutiva por simple desgaste natural de su largo ejercicio en el poder. Sin embargo, Rudd no sólo se benefició de esta circunstancia ajena; sus posibilidades de convertirse en el próximo primer ministro de Australia se vieron magnificadas con la proyección de una imagen atractiva de renovación generacional -18 años de diferencia con Howard, lo que le convertiría en el primer jefe de gobierno nacido después de la Segunda Guerra Mundial- y de ofrecedor de cambios y reformas en aquellos terrenos donde el Gobierno liberal-nacional había exudado conservadurismo y rigidez.

Prácticamente sin solución de continuidad, Rudd movilizó al partido para librar una campaña electoral que se vaticinaba más rentable que las anteriores y diseñó un Plan para el Futuro de Australia que se apoyaba en seis pilares, cuatro relacionados con las cuestiones domésticas y dos de dimensión exterior.

Los primeros eran: el mantenimiento de la robustez económica –el PIB crecía por encima del 4% anual-, pero sin sacrificar el estado del bienestar y destinando más recursos públicos a los beneficios sociales de las familias; una reforma para introducir más "equilibrio" y "limpieza" en el mercado de trabajo, sobre todo en la pequeña empresa, que pasaría por la abrogación de parte del marco normativo conocido como las WorkChoices, promulgado recientemente por el Parlamento y sumamente impopular a tenor de las encuestas, el cual favorecía las negociaciones individuales entre patronos y trabajadores frente a los convenios colectivos, disminuía el poder de los sindicatos y facilitaba el despido; un plan nacional, consensuado con los gobiernos estatales, para mejorar los servicios de salud y acortar las listas de espera en los hospitales públicos; y, una "revolución educativa", aumentando significativamente la partida presupuestaria en este ámbito, hasta hacer de Australia "la nación más educada del mundo".

De puertas al exterior, llamaron la atención sobre todo las dos grandes promesas laboristas en el ámbito internacional, que suponían un vuelco con respecto a las políticas de Howard. De entrada, una "acción decisiva" sobre el cambio climático que empezaría a ejecutarse inmediatamente con la ratificación del Protocolo de Kyoto para la limitación de las emisiones de gases de efecto invernadero (Australia y Estados Unidos eran los únicos países industrializados occidentales que no habían dado ese paso) y que incluiría también una apuesta decidida por las energías renovables y no contaminantes como la solar y la eólica. En concreto, los laboristas se fijaron las metas de producir un 20% de energía limpia para 2020 y reducir en un 60% hasta 2050 los niveles de emisiones contaminantes que había en 2000.

En segundo lugar, un gobierno encabezado por Rudd emprendería la retirada, por fases y negociada con los aliados, de los 550 soldados con capacidad de combate que permanecían en Irak, proceso que podría quedar completado a mediados de 2008. Ahora bien, continuaría desarrollando su misión el millar de miembros del Ejército australiano que desarrollaba labores de entrenamiento y de seguridad en la retaguardia irakí y en el teatro de operaciones regional. Así se lo comunicó Rudd al presidente Bush en un encuentro celebrado el 6 de septiembre en Sydney en vísperas de la XV Cumbre de la Cooperación Económica de Asia-Pacífico (APEC).

Además de estas grandes áreas de acción, el programa del ALP para las elecciones generales del 24 de noviembre de 2007 avanzaba medidas para ayudar a la industria nacional, en particular la del automóvil, allá donde el libre mercado no podía por sí solo conjugar la generación de riqueza, la competitividad y el respeto al medio ambiente, y una política fiscal que el propio Rudd calificó de "conservadora" y no muy diferente de la practicada por Howard. Él se mostraba partidario de los presupuestos con superávit y de la independencia del Banco de Reserva de Australia, pero en modo alguno era un neoliberal que comulgaba con el "thatcherismo y sus derivados australianos", según palabras pronunciadas en su primer discurso parlamentario en noviembre de 1998. El perfil moderado de Rudd, con seguridad el líder menos susceptible de admitir la etiqueta izquierdista en la historia del laborismo australiano, saltaba a la vista también en su rechazo al matrimonio homosexual, postura dictada por una moral impregnada de valores cristianos. Más que por socialdemócrata, Rudd podría pasar por un socialcristiano.

La riqueza de matices en el pensamiento del político, que por la heterogeneidad de sus enfoques cabría calificar de centrista, incluía una abierta simpatía por el republicanismo y la perspectiva de la convocatoria de un nuevo referéndum sobre el sistema de gobierno, para satisfacción del Movimiento Republicano Australiano (deseoso de cesar los vínculos institucionales con la monarquía británica), así como una sensibilidad especial con los problemas de la minoría étnica aborigen (que acusaba al Gobierno saliente de interesarse únicamente en la persecución de los delitos provocados por algunos de sus miembros y no en la mejora de sus precarias condiciones de vida), a la que prometió una solemne disculpa oficial en nombre de todos los australianos por el trato dispensado por la mayoría blanca desde la llegada de los colonos británicos a finales del siglo XVIII. El aspirante a primer ministro manifestó en sus mítines que deseaba convertirse en un estadista de todos los australianos, "de los indígenas, los nacidos aquí y los que han venido de lejos y han contribuido a nuestra diversidad".

Rudd y el ALP encabezaron los sondeos de preferencia electoral desde el momento en que aquel fue elegido líder del partido, y esta ventaja sobre Howard y la coalición bipartita no dio la sensación de correr peligro en ningún momento toda vez que la oposición laborista acertó a privilegiar en su programa una reforma sociolaboral, la que aliviaría de carga liberal las WorkChoices, que era reclamada por el grueso del electorado. El 24 de noviembre las mejores perspectivas sonrieron al ALP con una victoria comparable a la obtenida en 1993 cuando su líder era Paul Keating: con el 43,4% de los votos y 83 representantes sobre 150, que suponían una ganancia de 5,7 puntos y 23 escaños con respecto a las elecciones anteriores, Rudd y los suyos sacaron mayoría absoluta en la Cámara baja del Parlamento y ganaron el derecho a formar gobierno. El triunfo, empero, quedó un poco deslucido por la ligera mayoría preservada por liberales y nacionales en los comicios parciales al Senado, donde los laboristas se quedaron con 32 escaños sobre 76. Para sortear este déficit legislativo, los laboristas en el poder tendrían que establecer pactos con los pequeños partidos Verde, izquierdista, y La Familia Primero (FFP), derechista.

Tras conocer los resultados, Rudd hizo profesión de fe en el multilateralismo ("extiendo mis saludos a nuestros amigos y socios de América, de Asia y el Pacífico, de Europa y del resto del mundo; queremos trabajar juntos con todas esas naciones", proclamó) y volvió a poner de manifiesto su interés en conciliar el interés público y los intereses privados, las necesidades sociales y los derechos de la libre empresa, en el manejo de la economía. Asimismo, confirmó que todas las tropas de combate australianas acantonadas en el sur de Irak estarían de vuelta a mediados de 2008.

El 26 de noviembre el gobernador general Michael Jeffery, representante de la reina Isabel II en tanto que jefa nominal del Estado australiano, invitó formalmente a Rudd a formar el nuevo Gobierno, el cual quedó listo y tomó posesión el 3 de diciembre con las presencias destacadas de Julia Gallard como viceprimera ministra –primera mujer en alcanzar este puesto-, Wayne Swan en el Departamento del Tesoro y Stephen Smith en Exteriores. A diferencia de sus predecesores en el cargo, incluidos los de su propio partido, el flamante primer ministro no prestó acatamiento a la reina en la fórmula de juramento leída ante Jeffery, sino que prometió "servir lealmente a la Commonwealth de Australia y a su gente". La novedad, lejos de entrañar un mero simbolismo, reforzó la impresión de que Rudd estaba decidido a convertir a Australia en una república por la vía del referéndum nacional. Sus primeras decisiones como gobernante fueron, nada más tomar posesión de su despacho, firmar el instrumento de ratificación australiano del Protocolo de Kyoto y comunicar al Gobierno de Indonesia su asistencia a la Conferencia de Naciones sobre el Cambio Climático que iba a celebrarse en Bali en los próximos días.

(Cobertura informativa hasta 15/12/2007)

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