Hamad Al Khalifah

Editado por:
Roberto Ortiz de Zárate

Datos relevantes

Actualización: 4 de Septiembre de 2006
Credito fotografico: Copyright US Department of Defense/Helene C. Stikkel
Jeque Hamad ibn `Isa Al Khalifah

Bahrein

Rey; anteriormente emir

Duración del mandato: 06 de Marzo de 1999 - En funciones

Nacimiento: Manama , 28 de Enero de 1950

Credito fotografico: Copyright US Department of Defense/Helene C. Stikkel

Resumen

Décimo monarca perteneciente a la dinastía Banu Utub-Al Khalifah, familia tribal venida del desierto de Arabia en el siglo XVII y asentada en este pequeño archipiélago (691 km²) del golfo Pérsico, consistente básicamente en la isla de Bahrein, desde que se lo arrebataran a los persas en 1783, a la vez que segundo emir y primer rey del Estado independiente, es el primogénito del jeque `Isa ibn Salman Al Khalifah, ocupante del trono desde noviembre de 1961 con el título de hakim y luego, a partir del 16 de agosto de 1971, coincidiendo con el final del protectorado británico y el acceso a la plena soberanía, con el título de emir, hasta su fallecimiento el 6 de marzo de 1999. Su madre es la jeque Hasa bint Salman Al Khalifah.

Biografía

El muchacho recibió su primera educación en el palacio real de Riffa por preceptores áulicos que le instruyeron en el Corán y los principios islámicos de la fe sunní, la profesada por la familia real, si bien el 70% de la población bahreiní pertenecía y pertenece a la rama del shiísmo. Tenía 11 años cuando falleció su abuelo, el jeque Salman ibn Hamad Al Khalifah, e `Isa fue proclamado hakim. El 27 de junio de 1964, tras completar la formación escolar primaria, adquirió la condición formal de príncipe heredero, y a continuación partió a Gran Bretaña para proseguir los estudios académicos e iniciar la instrucción castrense. En 1967 terminó la secundaria en la Leys School de Cambridge y al año siguiente se graduó por la afamada Mons Officer Cadet School de Aldershot. Su primera experiencia de armas requirió también una breve estancia en la no menos célebre Royal Military Academy de Sandhurst.

De vuelta a su país, con 18 años de edad, asumió las funciones oficiales propias de su rango y el 16 de febrero de 1968 su padre le confirió la comandancia de la nueva Fuerza de Defensa de Bahrein (BDF), creada como anticipación a la clausura por el Ejército británico de todas sus bases en el golfo Pérsico. Aún en 1968, el 9 de octubre, contrajo matrimonio con una prima dos años mayor, la jeque Sabika bint Ibrahim Al Khalifah. Jefe del Departamento de Defensa y miembro del Consejo de Estado desde su establecimiento en enero de 1970, cuando en agosto de 1971 los Al Khalifah se dotaron de un Consejo de Ministros propiamente dicho para gobernar el país en su nueva andadura independiente, Hamad tuvo reservado para sí el Ministerio de Defensa. Su superior inmediato en el Gobierno era su tío carnal, el jeque Khalifah ibn Salman Al Khalifah, hermano menor del emir.

En 1972 y 1973 realizó una capacitación militar en Estados Unidos, en el Army Command and General Staff College de Fort Leavenworth, Kansas, y el Industrial College for the Military Forces de Washington, por los que se graduó con honores al liderazgo y se diplomó en Administración Militar, respectivamente. Sus obligaciones en el terreno de la defensa no le impidieron desarrollar una intensa labor cultural, promoviendo estudios y programas para la documentación y la conservación de tradiciones nacionales tales como la hípica y la cetrería. También mostró interés por el desarrollo de la investigación científica, la importación de nuevas tecnologías y el deporte, actividad que recayó enteramente en su esfera en 1975 como presidente del Consejo Supremo de la Juventud y el Deporte. En 1974 el emir le puso también al frente del Consejo de la Familia real.

La juventud y la mentalidad abierta a todo lo que supusiera modernidad no convirtieron a Hamad en un príncipe heredero díscolo, impaciente por sentarse en el trono (como ha sido el caso los Al Thani, familia de jeques históricamente rivales, en la vecina Qatar, donde en 1972 y de nuevo en 1995 los emires fueron depuestos en vida por sus legatarios designados) o que oliera a reforma. Bajo la férula del emir `Isa Al Khalifah, Bahrein fue una monarquía del Golfo ultraconservadora como la que más, que pronto suprimió los instrumentos, ya limitados de por sí, propios de un protoestado de Derecho estrenados después de la independencia.

Así, en agosto de 1975, el emir, con la justificación de que el órgano legislativo estaba torpedeando sus líneas maestras de gobierno, disolvió el Majlis al-Watani o Asamblea Nacional elegida en diciembre de 1973 por sufragio universal de los ciudadanos varones y suspendió algunos artículos fundamentales de la Constitución vigente también desde entonces. La Carta Magna había sido elaborada por una Asamblea Constituyente elegida asimismo por sufragio directo, en diciembre de 1972.

En definitiva, 1975 marcó el inicio en Bahrein de una etapa de monarquía absoluta, sin, partidos políticos (rigurosamente prohibidos antes y después de esa fecha), cauces de representación popular y mecanismos de control sobre las decisiones del monarca, quien se sintió más cómodo con los métodos tradicionales del decreto y la consulta interna con los notables de la familia. Por otro lado, la sociedad bahreiní no estaba petrificada (de hecho, estaba considerada la más liberal de entre las monarquías del Golfo) y en su seno se organizaron elementos radicalizados de la mayoría shií que plantearon una oposición frontal a Palacio. El primer disturbio serio en el Emirato sucedió en diciembre de 1981, cuando las autoridades arrestaron con la acusación de conspirar para derribar a la monarquía a varias decenas de militantes del Frente de Liberación de Bahrein, basado en Teherán y liderado por un clérigo iraní que sin duda contaba con el parabién del Gobierno republicano islámico del ayatollah Jomeini.

El 31 de marzo de 1988 Hamad traspasó el Ministerio de Defensa al jeque y general Khalifah ibn Ahmad Al Khalifah, un pariente lejano en esta familia de alrededor de 3.000 miembros, pero retuvo la jefatura de la BDF, con lo que siguió ejecutando personalmente los programas de modernización militar. Entre agosto de 1990 y febrero de 1991 la BDF participó en el dispositivo militar movilizado por el Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) y puesto bajo el mando supremo de Estados Unidos para, primero, proteger a Arabia Saudí de una invasión de Irak y, luego, tomar parte en la liberación del Emirato de Kuwait.

El príncipe heredero estuvo también detrás del pacto de cooperación en materia de defensa adoptado el 27 de octubre de 1991 con Estados Unidos, el cual debía ampliar el acuerdo bilateral vigente desde diciembre de 1971 y una colaboración que se remonta a los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, cuando Manama y la aledaña Al Juffair brindaron el cuartel general de las actividades navales de la potencia americana en todo el área del Golfo y el fondeadero principal de su V Flota.

El 16 de diciembre de 1992 `Isa nombró un Majlis ash-Shura o Consejo Consultivo de 30 miembros (expandido a los 40 en septiembre de 1996), pero su férula continuó inalterada. Justo dos años después se produjo una segunda conmoción interna cuando un influyente clérigo shií, el jeque Ali Salman, llamó a la restauración de la Asamblea Nacional y lanzó críticas sin precedentes contra los Al Khalifah. Nutridos en parte de un malestar de índole socioeconómica (crecimiento del paro juvenil), estallaron tumultos que fueron reprimidos por las fuerzas de seguridad y en enero de 1995 las autoridades deportaron al jeque Ali Salman a Gran Bretaña. Para apaciguar los ánimos, el Gobierno dio entrada a cinco ministros de fe shií, pero la campaña pro democracia de los militantes de esta comunidad siguió adelante, a veces recurriendo a los métodos violentos. En los cuatro siguientes se registraron más de 40 víctimas mortales como resultado de las agitaciones.

En aquella época Hamad era impopular entre los shiíes, quienes le imputaban la paternidad de la política discriminatoria que les impedía el acceso a la BDF y la administración civil. Incluso, le relacionaron con las decisiones represivas del Gobierno, a pesar de que la seguridad interna competía a su tío, el primer ministro Khalifah, y al cuñado y primo carnal de éste (luego también del emir), el jeque Muhammad ibn Khalifah ibn Hamad Al Khalifah, ministro del Interior desde 1973. Aunque sujetos a la jerarquía del poder, `Isa, el hermano Khalifah y el primo Muhammad conformaban el triunvirato dirigente de hecho con una actitud férreamente antirreformista.

A Hamad, que aquel mismo año de 1994 publicó un libro titulado First Light: Modern Bahrain and its Heritage, se le presumían una mentalidad liberal y un pragmatismo para absorber todo lo que Occidente produjera de útil para conformar esa singular síntesis, tantas veces sacada a colación, entre tradición y modernidad en las monarquías petroleras del Golfo, pero nadie le atribuyó intenciones de reforma política para el día después de la subida al trono.

La ocasión se planteó de súbito el 6 de marzo de 1999, cuando `Isa falleció a la edad de 65 años de una crisis cardiaca tan sólo minutos después de despachar en el palacio real con el secretario de Defensa de Estados Unidos, William Cohen, y a un mes escaso de asistir en Ammán a los funerales del rey Hussein de Jordania. Las disposiciones sucesorias se aplicaron instantáneamente y Hamad protagonizó una entronización absolutamente tranquila. Los militantes shiíes no se hicieron ninguna ilusión con el nuevo emir y algunos analistas árabes y occidentales conjeturaron con que la suavización del régimen, de producirse, sería una mudanza para medio o largo plazo y, además, nada espectacular. De lo que nadie dudaba era que el nuevo liderazgo no iba a alterar un ápice la política exterior proestadounidense y de acatamiento al liderazgo saudí en el seno del CCG y la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP).

Ciertamente, en sus primeros discursos, Hamad prometió continuar las líneas de gobierno establecidas por su padre. Sin embargo, este voto de fidelidad se reveló veraz sólo en la orientación geopolítica de Bahrein y en los aspectos económicos, ya que en el terreno de la política interna Hamad sorprendió a todos por la prontitud y el alcance de las medidas liberalizadoras que empezó a dictar.

De entrada, en junio, el emir amnistió a 320 detenidos y 40 reos por motivos políticos, entre ellos el prisionero más antiguo, Jafar al-`Alawi, encarcelado en 1981 por su implicación en el abortado complot shií. En noviembre y diciembre otros 400 represaliados recobraron la libertad. Además, el 8 de julio, Hamad perdonó al jeque y clérigo shií Abdelamir al-Jamri sólo un día después de que un tribunal le condenara a diez años de prisión; Jamri estaba considerado preso de conciencia por Amnistía Internacional y se encontraba tras las rejas desde enero de 1996 en conexión con unos atentados con bomba contra el centro financiero de Manama cometidos aquel mes. Entre amnistía y amnistía, en octubre, Hamad estableció por decreto un comité especial para la monitorización de los Derechos Humanos.

En 2000 Hamad insistió en su voluntad de hace respetar los Derechos Humanos en el Emirato y de conceder plenas facilidades a las ONG internacionales para que monitorizaran sobre el terreno los avances en la materia. Pero, sobre todo, éste fue el año del arranque de la reforma política. El 30 de mayo el primer ministro Khalifah anunció que el Majlis ash-Shura sería de elección directa por la ciudadanía en 2004 y el 3 de octubre su sobrino renovó la mitad de este órgano con la inclusión, por primera vez, de cuatro mujeres, una de las cuales era además cristiana, un hombre de negocios judío y otro hindú. Palacio presentó la novedad como la integración en el proceso político de las minorías religiosas y las mujeres, que eran ciudadanas de segunda categoría en comparación con los hombres. En el contexto del Golfo, el Sultanato de Omán y el Emirato de Qatar eran pionero en la concesión de derechos políticos, sociales y laborales a sus poblaciones femeninas.

El 23 de noviembre Hamad nombró un Comité Nacional Supremo de 46 miembros, seis mujeres entre ellos, con la misión de elaborar la llamada Carta de Acción Nacional, la cual no iba a derogar la Constitución de 1973 –que seguía suspendida parcialmente- sino a brindar el marco legal específico para los importantes cambios que el emir tenía en mente, principalmente la conversión de Bahrein en un reino hereditario, el establecimiento de un parlamento bicameral en parte elegido por sufragio universal y en parte nombrado por el monarca, la creación de un sistema judicial independiente, la protección de los derechos fundamentales y las libertades públicas, y el debido reconocimiento de derechos cívicos y políticos, con asiento de la estricta igualdad jurídica de todos los ciudadanos sin distinciones de fe, si bien el Islam iba a seguir siendo la "religión del Estado" y la sharía la "principal fuente de derecho". El Comité terminó sus trabajos en un tiempo récord porque lo que mayormente hizo fue endosar el borrador del texto propuesto por un comité de expertos directamente sometido a Palacio, así que el 23 de diciembre el emir tuvo en sus manos la Carta lista para ser sometida a referéndum nacional.

La consulta se celebró el 14 y el 15 de febrero de 2001 y arrojó un resultado afirmativo prácticamente unánime, el 98,4% de los votos, siendo la participación del 82%. Diez días antes de la primera cita con las urnas en tres décadas, Hamad emitió una amnistía general que puso en libertad a los últimos 400 detenidos y reos políticos. Las medidas de gracia se extendieron a los exiliados en el extranjero, todos los cuales fueron autorizados a volver sin condiciones.

El 16 de febrero Hamad ratificó la Carta Nacional refrendada y dos días después emitió otro decreto que ventilaba un aspecto muy importante no mencionado en la nueva norma suprema y largamente demandado por la oposición y las ONG: la derogación de la Ley sobre Medidas de Seguridad del Estado, instrumento represivo vigente desde octubre de 1974 a cuyo amparo el régimen había realizado detenciones masivas y arbitrarias de sospechosos, a la mayoría de los cuales nunca se les había imputado cargos o llevado a juicio. El Tribunal de Seguridad del Estado fue al punto abolido.

El 14 de febrero de 2002 Hamad promulgó la Carta Nacional y por ende se convirtió en titular del Reino de Bahrein, que, de momento sobre el papel, quedó definido como una monarquía constitucional. Al mismo tiempo, anunció la celebración ese mismo año, en mayo y octubre, de las elecciones municipales ya anunciadas en 1999 e, inesperadamente, de las elecciones legislativas, que en principio no tocaban hasta 2004. También decretó la completa reactivación de la Constitución así como las enmiendas a la misma dictadas por la Carta Nacional.

Los comicios a los consejos locales discurrieron entre el 9 y el 15 de mayo y supusieron un hito para las mujeres, que por primera vez en la historia de Bahrein pudieron votar y ser votadas. Sin embargo, ninguna entre la treintena de candidatas (el 10% del total) resultó elegida. Medios periodísticos informaron que los candidatos islamistas conservadores, tanto sunníes como shiíes, obtuvieron la mayoría de los puestos. Unas semanas después, el 18 de junio, Bahrein se adhirió a la Convención internacional sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer.

Las elecciones del 24 y el 31 de octubre de 2002 para los 40 miembros del Majlis An-Nuwab o Consejo de Representantes del nuevo Majlis al-Watani fueron boicoteadas por una alianza de cuatro asociaciones opositoras, Acuerdo (Wefaq) Nacional Islámico –cuyo líder es el jeque Ali Salman-, Democracia Nacional, Acción Democrática Nacional y Acción Islámica. Estas fuerzas, y en especial la primera, que sirve de plataforma a la militancia shií, criticaban que la Carta Nacional hubiese sido "otorgada" por el rey y rechazaban especialmente la conversión del Majlis ash-Shura en la Cámara alta del Parlamento; sus 40 miembros nombrados obtenían la misma capacidad legislativa que los representantes elegidos por el pueblo, y a través de ellos el monarca obtenía un efectivo derecho de veto a las disposiciones que pudiera aprobar la Cámara baja.

Las consignas opositoras fueron escuchadas y sólo el 53% del censo de 245.000 electores acudió a votar, con más incidencia las mujeres que los hombres y los sunníes que los shiíes. El resultado fue un Majlis An-Nuwab grato a Palacio, con tres facciones más o menos definidas: los islamistas sunníes moderados, los no confesionales y los independientes, acaparando los dos últimos grupos hasta 21 de los 40 diputados. El proceso de formación parlamentaria se completó el 16 de noviembre con el nombramiento por Hamad de los 40 miembros del Majlis An-Nuwab, que dio entrada a seis mujeres. Se dio la paradoja de que fue gracias a la intervención real que hubo representación femenina en el Majlis al-Watani, ya que el voto popular decidió no otorgar el escaño a ninguna de las ocho mujeres que se postularon para la cámara de elección democrática. Hay que decir que Kuwait ya tenía un Majlis legislativo elegido directamente desde hacía 10 años, pero en el emirato vecino las mujeres ni pueden votar ni pueden ser votadas.

Un Parlamento semidemocrático sin base de partidos y sometido a las reglas del juego dictadas por Palacio, una relativa libertad de prensa (salvo para lo que concierne a la familia real y la fe islámica), el respeto de los Derechos Humanos y la tolerancia de la oposición política constituyen lo máximo que Hamad parece estar dispuesto a dar y preservar, lo cual, considerando la historia multisecular de absolutismos feudales en toda la región, podría parecer mucho. Ahora bien, la supremacía de los Al Khalifah en la vida política, económica y social del Reino no ha sido puesta en cuestión, lo que de paso asegura la hegemonía de la minoría sunní en esas mismas áreas.

Además, el cabeza del Estado se reserva la prerrogativa de nombrar o destituir a los miembros del Gobierno, que por lo tanto y en la práctica es políticamente irresponsable ante el Legislativo, del que no emana, por más que los diputados puedan investigar e interpelar a los ministros cuya gestión es objeto de crítica. A comienzos de 2004 los Al Khalifah ocupaban nueve de los 23 puestos del Ejecutivo, incluidas todas las carteras clave: Asuntos Islámicos, Asuntos Exteriores, Interior, Defensa y el Petróleo. Las salvedades expuestas ponen en tela de juicio los asertos del rey y sus familiares sobre que la bahreiní es una monarquía democrática que permite la participación popular en la cosa pública; monarquía constitucional de derecho, dista de ser una monarquía parlamentaria si se mira a la luz de los estándares europeos y la preponderancia del rey en el orden político continúa siendo superior a las de sus homólogos de Jordania y Marruecos, teóricas referencias comparativas del caso bahreiní

Hombre de carácter benigno y sobrio, el rey Hamad ha conducido unas políticas exterior y económica que en buena parte son continuistas de las de su padre, pero su sentido práctico ha asomado también aquí. En el primer ámbito, Manama ha mejorado ostensiblemente las relaciones con el régimen de Teherán, de donde en junio de 1996 retiró a su embajador tras anunciar la desarticulación de una conspiración golpista de Hezbollah-Bahrein, grupo ilegal de la militancia shií. Una de las primeras disposiciones tomadas por Hamad tras llegar al trono fue otorgar paulatinamente la nacionalidad a los 10.000 bidun o apátridas radicados en el país desde hacía generaciones y que en su gran mayoría profesan el shiísmo. Luego, el 17 de agosto de 2002, realizó a Irán el primer viaje oficial de un monarca bahreiní desde la revolución islámica de 1979.

Con Qatar se cerró el largo contencioso por la isla de Hawar, cuya soberanía bahreiní dejó zanjada el Tribunal Internacional de La Haya el 16 de marzo de 2001, pero las relaciones bilaterales no han podido optimizarse por las emisiones de la televisión independiente Al Jazeera, habitualmente crítica con la familia Al Khalifah. En mayo de 2002 el Gobierno prohibió a la cadena cubrir informaciones desde dentro del Reino por "pretender dañar deliberadamente a Bahrein" y ser "sospechosa de sostener los intereses sionistas en la región". La irritación no era gratuita, ya que meses atrás la cadena qatarí había divulgado imágenes de una manifestación antiestadounidense en Manama, a la sazón protesta de impacto muy limitado.

Las siempre privilegiadas relaciones con Estados Unidos han superado incólumes, incluso han salido reforzadas, las dos grandes crisis que han involucrado a la superpotencia occidental y tenido inquietantes salpicaduras en esta parte del Golfo: primero, los atentados del 11 de septiembre de 2001 contra Nueva York y Washington y la campaña global contra el terrorismo con primera fase en Afganistán, y luego, en marzo y abril de 2003, la invasión de Irak para derrocar al régimen de Saddam Hussein.

Hamad confirmó la disponibilidad de las bases para la Operación Libertad Duradera y, a diferencia de Arabia Saudí, no puso condicionantes al soporte de la retaguardia de la Operación Libertad Irakí. Así, durante la guerra los portaaviones de la V Flota y el Mando Central Naval (NAVCENT) de Estados Unidos operaron desde Manama y Al Juffair a pleno rendimiento. Eso sí, en los prolegómenos del ataque a Irak el monarca no dejó de sumar su voz al coro de advertencias y rechazos del mundo árabe a la agresión militar de Washington y Londres, y, desde luego, el bahreiní se guardó de aparecer en la lista facilitada por el Departamento de Estado con los 30 gobiernos mundiales que deseaban ser relacionados con Libertad Irakí; la administración Bush aseguró que sus aliados coyunturales en la empresa ascendían a 45, solo que 15 países habían pedido "no ser desvelados".

La plena cooperación de Bahrein con Estados Unidos en el terreno militar se hizo extensiva a la investigación de las tramas financieras del Reino que pudieran nutrir de fondos a Al Qaeda y otras organizaciones terroristas de matriz islamista. Sumamente complacida, el 14 de marzo de 2002 la Casa Blanca dotó a Bahrein del estatus de Aliado Principal No de la OTAN (MNNA), selecta condición que hasta entonces sólo tenían Egipto y Jordania entre los países árabes (luego Bahrein fue la primera monarquía del Golfo en obtenerla) y nada más que ocho estados en todo el mundo, la cual permite el acceso a remesas de armamento sobrante de la OTAN, licitaciones de contratas de las Fuerzas Armadas estadounidenses y determinados programas conjuntos de investigación y desarrollo en la lucha antiterrorista.

Con este dato se comprende la presencia de Hamad en la cumbre de dirigentes árabes, junto con el príncipe heredero Abdullah Al Sa’ud de Arabia Saudí, el presidente Hosni Mubarak de Egipto y el rey Abdallah II de Jordania, en el balneario egipcio de Sharm el-Sheikh el 3 de junio de 2003, donde los cuatro se comprometieron ante el presidente George W. Bush, unido a la cita, a combatir el terrorismo y respaldar el plan de paz de la Hoja de Ruta como fórmula idónea para poner fin al conflicto entre israelíes y palestinos. Previamente, Hamad había realizado su primera visita a Estados Unidos el 6 de mayo de 2001.

Por lo que se refiere a la economía, el Reino ha continuado por la senda de la estabilidad y la prosperidad que se sostiene en la producción petrolera de una manera menos acusada que en las demás monarquías del Golfo. Bahrein fue, en 1931, en la cota desértica de Jabal Al Dukhan, el primer país de la región donde primero se descubrió y explotó en cantidades industriales el codiciado hidrocarburo, fuente de riqueza que desplazó a la anterior economía monoproductiva basada en las perlas ostreras. Pero las reservas de crudo resultaron ser magras, en comparación con las halladas luego en Kuwait y Arabia Saudí, lo que obligó al Gobierno a restringir la producción y a explorar alternativas exportadoras.

La estrategia de diversificación económica la inició el emir `Isa a finales de la década de los setenta del pasado siglo con una doble apuesta: la industria no extractiva, fundamentalmente el procesamiento y refinado del petróleo en crudo y los minerales de hierro y aluminio, y los astilleros navales; y, el sector servicios, con la atracción de bancos y agentes financieros. Cuando su hijo le tomó el relevo en 1999 el proceso presentaba un balance altamente exitoso.

Hamad ha proseguido la tendencia y hoy en día Manama es una referencia internacional de las finanzas y los negocios que convierte al sector servicios en la parte del león del PIB, en casi sus dos terceras partes. El Reino exporta mucho menos petróleo en crudo que refinado; en conjunto, el sector de los hidrocarburo representa el 60% de las exportaciones, el 60% de los ingresos del Estado y el 30% del PIB. Finalmente, hay que añadir que desde el 1 de abril de 1997 el Estado es el propietario exclusivo de la Bahrain Petroleum Company (Bapco), fundada en 1929 como una filial de la Standard Oil Company of California (Socal, luego Chevron) y la Texaco.

Tres días después de convertirse en emir, el 9 de marzo de 1999, Hamad nombró príncipe heredero, amén de comandante en jefe de la BDF con el galón de general, al mayor de sus siete hijos varones, el jeque Salman (ibn Hamad ibn `Isa Al Khalifah), nacido en 1969 y con formación universitaria en Gran Bretaña y Estados Unidos, presente en el Gobierno como viceministro de Defensa. Salman, que hasta la fecha ha dado tres nietos a su padre, es descendencia de la jeque Sabika y su designación perpetúa el principio de primogenitura que se respeta sin interrupciones desde 1869. Dicho sea de paso que la línea sucesoria clásica por linaje paternofilial no se aplica en el Reino saudí y a lo largo del siglo XX fue discontinuado en ocasiones en Qatar y Kuwait.

Hermanos de Salman son los jeques Abdullah (1975), Khalifah (1977) y una mujer, Najla (1981), pero tiene también siete hermanastros, cuatro varones (Nasir, Khalid, Faisal y Sultan) y tres hembras (Hessa, Nura y Munira); todos ellos serían hijos de la segunda esposa que tomó Hamad en fecha incierta y que no adquirió la condición de oficial, según se desprende de la no facilitación por Palacio de ningún dato personal sobre esta mujer, ni siquiera su nombre. Por otra parte, el rey tiene ocho hermanos, cuatro hombres y cuatro mujeres. Los jeques varones son Rashid, Muhammad -que ostenta el rango castrense de teniente general y que comanda desde 1997 la Guardia Nacional-, Abdullah y Ali; las jeques se llaman Maryam, Shaija, Munira y Nura.

(Cobertura informativa hasta 1/3/2004)

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