1. Trayectoria azarosa como líder opositor a la dictadura
2. Tres apuestas presidenciales fallidas
3. La victoria electoral en 1998
4. El esperanzador reencuentro con Corea del Norte
5. Una política doméstica atenazada por las inercias
6. Estancamiento de la sunshine policy y contratiempos en el entorno personal
7. Sucesión por el aspirante oficialista en el contexto de la escalada nuclear de Pyongyang
1. Trayectoria azarosa como líder opositor a la dictadura
Previamente y con posterioridad a la independencia (15 de agosto de 1948) de la República de Corea, Kim frecuentó los círculos democráticos e izquierdistas que entraron en colisión con el régimen autoritario de derecha del presidente Syngman Rhee, sostenido por Estados Unidos. A comienzos de agosto de 1950, apenas a un mes de iniciar la invasión, con el apoyo soviético, de la República de Corea, las fuerzas de la República Democrática Popular de Corea, o Corea del Norte, capturaron Mokpo y Kim fue detenido por "reaccionarismo burgués" y encarcelado en la prisión local junto con otros empresarios. Cuando su ejecución se antojaba inminente, Kim consiguió escapar y unirse a la guardia costera, que permaneció leal al Gobierno de Seúl hasta la reconquista de la provincia de Cholla por las tropas de la ONU.
El hecho de librarse Kim de la suerte corrida por los demás compañeros de celda generó la sospecha, reproducida en otros momentos de su extensa carrera política, sobre algún tipo de connivencia con los comunistas, algo que él siempre ha negado tajantemente. En cierta ocasión reconoció haber sostenido en su juventud simpatías marxistas, aunque éstas se frustraron pronto al comprender "la verdadera naturaleza" del comunismo.
Tras el Armisticio de Panmunjom (23 de julio de 1953), que puso fin a la guerra y consagró la división de Corea en dos estados delimitados en torno al paralelo 38, Kim decidió lanzarse a la política. En mayo de 1954 abandonó sus negocios y se presentó como candidato independiente a diputado por Mokpo, en lo que fracasó. Luego trabajó en el Instituto de Investigación Laboral de Corea hasta 1956, cuando se unió al Partido Democrático (PD), segunda fuerza del país tras el Partido Liberal (PL) de Rhee y cuyo líder, Chang Myon, había accedido a compartir el poder como vicepresidente de la República.
Kim se convirtió en portavoz del PD y en las elecciones legislativas del 29 de julio de 1960, convocadas por el presidente provisional Ho Chong tras el fraude cometido por los liberales en las presidenciales del 15 de marzo (que se saldó con la dimisión de Rhee por la presión popular), salió elegido diputado a la Asamblea Nacional. El PD, con 175 escaños sobre 233, fue el partido más votado, de manera que Chang Myon ganó el nombramiento, el 23 de agosto, de primer ministro.
En 1961 Kim disputó con éxito el escaño por la circunscripción de Inje, en la provincia de Kangwon, pero a raíz del golpe de Estado militar del 16 de mayo, dirigido por el general Park Chung Hee, fue privado de su mandato legislativo. Mientras estuvieron vigentes la ley marcial y la Ley de Depuración de Actividades Políticas, decretados por el Consejo Supremo de Reconstrucción Nacional (CSRN, la junta militar de Park), el inquieto político estuvo proscrito de la vida pública.
En febrero de 1963 el CSRN, en virtud a la nueva Constitución, levantó la proscripción que pesaba sobre los partidos políticos y convocó a alecciones para la Asamblea Nacional, que supusieron el retorno de Kim a la política representativa. En los años siguientes, Kim se distinguió como un elocuente detractor del régimen autoritario de Park, reciclado a presidente civil y a líder del Partido Republicano Democrático (PRD) desde las elecciones de 1963.
En esta época Kim militaba en el Nuevo Partido Democrático (NPD), una escisión del PD y capitaneado por Yun Po Sun, presidente de la República entre agosto de 1960 y marzo de 1962, cuando se vio obligado a dimitir por discrepar con el plan de Park de perpetuarse en el poder, y candidato presidencial en 1963 y 1967. En 1964 Kim asistió a clases en la Escuela de Administración de Empresas de la Universidad de Corea y en 1970 obtuvo una licenciatura en Economía por la Universidad Kyonghee.
Kim fue elegido por su partido candidato a las elecciones presidenciales del 27 de abril de 1971. En aquella ocasión, Park se apuntó su tercera victoria consecutiva, aunque con un margen de diferencia de sólo un millón de votos. Las autoridades electorales otorgaron el 43,5% de los sufragios a Kim, quien denunció la comisión de "graves irregularidades" en el transcurso de la consulta.
El enfrentamiento con Park alcanzó el punto de no retorno en diciembre de 1971, fecha en que el autócrata declaró el estado de emergencia y mostró su intención de suprimir toda contestación e implantar la dictadura. Kim, que durante la campaña electoral ya resultó herido en un extraño accidente de tráfico que tuvo visos de atentado, buscó refugio en Tokyo y desde allí llamó a la resistencia cuando el 17 de octubre de 1972 Park declaró la ley marcial, abolió la Constitución, clausuró la Asamblea y prohibió las actividades políticas.
El 8 de agosto de 1973 Kim vivió el episodio más dramático de su vida cuando agentes de la Agencia de Inteligencia Coreana (KCIA) le secuestraron en su habitación del hotel Grand Palace en la capital nipona, con la intención aparente de hacerlo desaparecer en el mar. El incidente, que provocó una crisis diplomática muy grave entre Corea del Sur y Japón, movilizó a los gobiernos del país desairado y de Estados Unidos, los cuales presionaron a fondo a Park para la puesta en libertad de Kim sano y salvo, cosa que, en efecto, sucedió a los cinco días con la reaparición del político en Seúl. Kim permaneció bajo arresto domiciliario hasta el 26 de octubre, pero siguió expuesto a ser procesado en cualquier momento por cargos de circunstancias. La nueva arremetida del régimen no se hizo esperar, y a lo largo de 1974 Kim fue procesado bajo un elenco de acusaciones.
El Gobierno de Park -quien, como medida de apaciguamiento, destituyó al secretario de la embajada en Tokyo y al director de la KCIA- había quedado severamente desacreditado, todo lo contrario que Kim, que ganó renombre internacional y redobló sus actividades opositoras. Sus cuentas pendientes con la justicia no le impidieron asistir, el 27 de noviembre de 1974, al Congreso Nacional para la Restauración de la Democracia, iniciativa en la que tomaron parte las principales fuerzas opositoras. Posteriormente, el 1 de marzo de 1976, suscribió en la catedral católica de Seúl una
Declaración por la Salvación de la Patria a través de la Democracia, que la dictadura tachó de proclama sediciosa.
Este último acto público de rebeldía acarreó a sus protagonistas, entre los que se encontraba también el ex presidente Yun, una serie de condenas judiciales con penas comprendidas entre los cinco y ocho años de prisión. Como los demás firmantes del manifiesto, Kim fue arrestado el 26 de marzo de 1976 acusado de violar la legislación de emergencia. El 4 de mayo comenzó el juicio y el 28 de agosto se publicaron las sentencias, todas de culpabilidad. En su caso, la pena figuró entre las más duras, ocho años de cárcel.
El 29 de diciembre de 1976 la Corte de Apelaciones de Seúl le rebajó la condena a cinco años y el 9 de diciembre de 1979, transcurridos casi cuatro años entre rejas en los que fue objeto de malos tratos y torturas, obtuvo la libertad provisional en atención a su mal estado de salud y luego de firmar una promesa de buena conducta. El 29 de febrero de 1980 recibió el perdón presidencial junto con otros 700 disidentes. Entre tanto, el país había experimentado graves convulsiones con el asesinato de Park a manos del nuevo jefe de la KCIA (26 de octubre de 1979), la proclamación de la ley marcial y la toma de todo el poder por el grupo de generales encabezados por Chun Doo Hwan (6 de diciembre), quienes impusieron al primer ministro, Choi Kyu Hah, como presidente nominal.
En marzo de 1980 Kim reanudó la actividad política al amparo de la suspensión de las medidas restrictivas y con la intención de presentarse a las elecciones presidenciales de la que habría de salir el sucesor de Park. No obstante, la situación fue empeorando ante el auge de las agitaciones obreras y las manifestaciones de los estudiantes exigiendo la democratización del país. El 17 de mayo Chun extendió la ley marcial y ordenó el arresto masivo de disidentes, entre ellos Kim Dae Jung, Kim Young Sam y Kim Jong Pil. El segundo había emergido el año anterior como líder principal de la oposición en tanto que presidente del NPD y cabeza de una fracción rival de la de Kim Dae Jung, mientras que el tercero se trataba de un antiguo general que había servido con Park como primer ministro y director de la KCIA.
La contestación contra Chun alcanzó su clímax el 18 de mayo cuando la ciudad de Kwangju, de 800.000 habitantes y feudo político de Kim en Cholla, se declaró en rebeldía contra el Gobierno después de desarmar a las fuerzas de seguridad. Los insurrectos, con un núcleo de estudiantes radicales y obreros arropado por la población, exigían el levantamiento de la ley marcial y la liberación de Kim Dae Jung, se incautaron de armas y levantaron barricadas. El 27, unidades especiales del Ejército asaltaron la ciudad y, tras una breve resistencia, restablecieron el orden con un balance de varios centenares de muertos. Una gigantesca ola represiva se abatió sobre la población, objeto de arrestos masivos.
Antes de este brutal desenlace, el día 22, Kim fue acusado de dirigir una conspiración, siendo el alzamiento civil de Kwangju el presunto elemento central de la misma, para derrocar al Gobierno con el concurso del régimen de Pyongyang. El proceso llevado por un tribunal militar comenzó el 14 de agosto y el 17 de septiembre Kim fue condenado a la pena de muerte, un veredicto esperado dada la extrema gravedad de la acusación. No obstante, Estados Unidos, que no deseaba más estallidos en un país muy importante para sus intereses estratégicos, persuadió a Chun -desde el 1 de septiembre presidente provisional luego de dimitir Choi Kyu Hah- para que suspendiera la sentencia y permitiera a Kim exiliarse. Peticiones de clemencia procedieron de Japón, muy irritado con las políticas de Chun, y otros países occidentales.
El 23 de enero de 1981, Chun, deseoso de distender el clima social en el proceso constituyente emprendido, que debía culminar con su elección presidencial por la vía indirecta y elecciones legislativas directas, conmutó a Kim la pena de muerte por la de cadena perpetua, que a su vez fue rebajada después a 20 años de prisión. El 23 de diciembre de 1982, tras una estancia carcelaria de dos años y medio, Kim fue puesto en libertad al serle suspendida la condena por razones humanitarias y acto seguido emprendió viaje a Estados Unidos, donde lo primero que hizo fue someterse a un tratamiento médico urgente por su deteriorada salud.
2. Tres apuestas presidenciales fallidas
Establecido con su familia en Alexandria, Virginia, durante más de dos años Kim siguió implicado en la lucha por la democracia en su país, organizando eventos con la comunidad de coreanos emigrados e impartiendo conferencias en universidades y asociaciones coreano-americanas, como el Centro de Relaciones Internacionales de la Universidad de Harvard y el Instituto Coreano de Investigación de Derechos Humanos en América. En añadidura, en 1983 fungió de asesor del Comité Robert Kennedy de Derechos Humanos. En mayo de 1984 aceptó de Kim Young Sam, que libraba su batalla política particular en Corea pese a encabezar también la lista de proscritos, su oferta de copresidir un Comité Consultivo para la Promoción de la Democracia.
El 8 de febrero de 1985 Kim tentó a su suerte y, acompañado por tres congresistas de Estados Unidos, se personó en Seúl con la intención de retornar a la primera línea de la actividad política, en vísperas de las elecciones legislativas y poniéndose al servicio del Partido Democrático de la Nueva Corea (PDNC), registrado el 18 de enero anterior por el líder opositor Lee Min U. Sin embargo, la Policía lo detuvo tan pronto como descendió del avión y lo sacó del aeropuerto subrepticiamente para impedir que los 100.000 seguidores que se habían congregado pudieran recibirle.
En los comicios del 12 de febrero, segundos desde la inauguración de Chun como presidente constitucional, el PDNC, galvanizado por la llegada de Kim, se hizo con 67 escaños frente a los 148 ganados por el Partido de la Justicia y la Democracia (PJD) de Chun. En marzo, el Gobierno levantó a Kim la prohibición de desarrollar actividades políticas, pero le instó a no excederse en sus juicios sobre el poder, recordándole que su sentencia de 20 años de prisión estaba suspendida, no anulada. Convertido a los ojos de su país y del mundo en el símbolo de la oposición democrática surcoreana, Kim vivió durante varios meses en un estado de semiarresto domiciliario, con sus movimientos severamente restringidos por la Policía, que le interpeló en varias ocasiones, y susceptible de ser acusado de vulnerar cualquiera de las numerosas restricciones legales de las libertades públicas.
En abril de 1985 se anunció la fusión del PDNC con el Partido Democrático de Corea (PDC) de Kim Young Sam. El reforzado PDNC, con sus 110 escaños en la Asamblea, constituía una vigorosa fuerza de oposición, aunque las diferencias y la rivalidad entre sus dos colíderes surgieron bien pronto, ya que Kim Dae Jung representaba la oposición combativa y radical, y él mismo se inscribía en una línea socialdemócrata, mientras que Kim Young Sam era proclive a las fórmulas transaccionales y más moderado ideológicamente. En 1986 Kim Dae Jung fue advertido de nuevo por haber agregado su firma a una carta pública dirigida a Chun que instaba a la restauración de la elección presidencial por sufragio universal, a lo que siguió un nuevo arresto domiciliario.
En abril de 1987 los dos Kim abandonaron el PDNC después de acusar a su secretario general de ceder ante las presiones de Gobierno en las difíciles negociaciones sobre el retorno al orden democrático. El 1 de mayo crearon el Partido de la Democracia y la Reunificación (PDR), que contó de entrada con la adhesión de 71 parlamentarios del PDNC. Para entonces, no obstante, habían crecido las discrepancias mutuas entre dos líderes de talla y carácter. La ruptura se consagró el 26 de octubre cuando quedó clara la imposibilidad de consensuar una única candidatura para las elecciones presidenciales directas. Entonces, Kim Dae Jung abandonó el PDR y el 12 de noviembre presentó su propia formación, el Partido de la Paz y la Democracia (PPD), que arrastró a 24 diputados del PDR.
La división del voto opositor puso en bandeja la victoria al candidato oficialista, el ex general Roh Tae Woo, mano derecha de Chun en los años de la ley marcial y cuya nominación había generado viva indignación entre los estudiantes. En las elecciones del 16 de diciembre de 1987 Roh obtuvo el 35,9% de los votos, Kim Young Sam el 27,5% y Kim Dae Jung el 26,5%, quedando a la vista que una candidatura unitaria de la oposición habría resultado vencedora. Esta situación se repitió en las legislativas del 26 de abril de 1988, cuando el PPD, con el 19% de los votos, se situó por detrás del PDR, que obtuvo el 24%, si bien la concentración del voto en las provincias meridionales posibilitó que el PPD recibiera más escaños (70 frente a los 59 del anterior). Kim ofreció su cargo a disposición del partido, pero el 7 de mayo una convención especial del mismo le reeligió por unanimidad.
El 25 de agosto de 1989 Kim, que había recuperado la condición de parlamentario perdida hacía 16 años, fue acusado de violar la Ley de Seguridad Nacional por no denunciar en su momento a un diputado de su partido, el cual había sido arrestado como espía por visitar clandestinamente Corea del Norte en agosto de 1988 con el propósito aparente de captar fondos para las arcas del PPD. La imputación sostenía también que Kim se había lucrado personalmente de la operación.
En abril de 1991 el PPD absorbió a la formación Nueva Unión Democrática y pasó a denominarse Nuevo Partido Democrático (NPD). A continuación, el 10 de septiembre, Kim dispuso la fusión del NPD con el Partido Democrático de Lee Ki Taek, dando lugar a una agrupación también llamada Partido Democrático (PD). Con esta operación, Kim trataba de superar la rémora que suponía la casi exclusiva radicación del PPD en las provincias de Cholla Norte y Sur, y penetrar así en otros feudos electorales, característicos en un sistema político muy regionalizado. Ahora bien, los proyectos del NPD y el PD también trataron de contrarrestar el sorprendente tanto que se apuntó el PJD de Roh, el cual se había fusionado el 9 de febrero de 1990 con el PDR y el Nuevo Partido Democrático Republicano de Kim Jong Pil, dando lugar al Partido Liberal Democrático (PLD), con Roh de presidente y Kim Young Sam de vicepresidente.
En las legislativas del 24 de marzo de 1992 este verdadero frente contra Kim Dae Jung se hizo con 149 escaños, 52 más que el PD, si bien se situó a 30 escaños de la mayoría absoluta y muy lejos de los 219 escaños que los tres partidos habían sumado por separado en 1988. Estas elecciones se consideraron un anticipo de las presidenciales del 18 de diciembre y, en efecto, Kim Young Sam, candidato del PLD, ganó a su viejo rival a razón del 41,4% de los votos contra el 33,4%.
Las elecciones presidenciales de diciembre de 1992 se consideraron el colofón de la transición a la democracia en Corea del Sur por su impecable desarrollo, pero durante la campaña menudearon las zancadillas, como la insinuación por Kim Young Sam, sin pruebas, de que el candidato del PD seguía instrucciones de Pyongyang. Como en las ocasiones anteriores, Kim rechazó la imputación.
3. La victoria electoral en 1998
Tras esta su tercera derrota en una aspiración presidencial, Kim anunció, el 21 de diciembre, su retirada de la política y la dedicación a las tareas académicas. El 12 de marzo de 1993 su baja en la presidencia del PD fue ocupada por Lee Ki Taek. En los años siguientes impartió clases y conferencias como profesor visitante en la Universidad de Cambridge y en diversos centros de Estados Unidos, Canadá y Rusia. En 1994 puso en marcha la Fundación de la Paz en Asia-Pacífico, pero en julio de 1995, un tanto inesperadamente, Kim anunció su intención de optar a la jefatura del Estado otra vez y, sin solución de continuidad, volvió a Corea del Sur y puso en marcha un nuevo partido, el Congreso Nacional para la Nueva Política (CNNP). La formación fue formalmente inaugurada el 5 de septiembre con Kim de presidente.
Las perspectivas de Kim, que había escorado su discurso al centro liberal, tomaron un cariz poco halagüeño cuando en las legislativas del 10 de abril de 1996 el Partido de la Nueva Corea (PNC), nueva denominación del PLD, derrotó ampliamente al CNNP, que con todo recibió el 25,3% de los sufragios y 79 escaños. El ulterior trasvase de varios diputados independientes a la bancada del PNC le garantizó al partido del Gobierno una mayoría absoluta de 151 escaños en el momento de la inauguración de la Asamblea, el 5 de mayo, impidiendo que el CNNP representara un papel relevante en el nuevo curso político.
Kim renunció a su escaño para preparar su candidatura presidencial en las elecciones de 1997. El veterano político ancló la mitad de su programa en las cuestiones económicas, en un momento de histórica adversidad, precipitada por las crisis monetaria y bancaria, que ponía en cuestión el modelo en que el país había basado su desarrollo en las últimas décadas.
Deseoso de calmar la aprensión de las élites empresariales, que seguían viéndole como un populista radical permeable a influencias izquierdistas, Kim urgió a la unidad nacional para sacar adelante la dolorosa reforma estructural exigida por el FMI a cambio de un plan de salvamento de 57.000 millones de dólares, lo que iba a suponer el cierre de las sociedades financieras insolventes, el final de las prácticas proteccionistas, la elevación de los impuestos y los tipos de interés, y la restricción del crecimiento económico, con la consiguiente pérdida de puestos de trabajo. No obstante, insistió en la necesidad de renegociar los aspectos más draconianos del programa antes de iniciar la cooperación con el FMI.
El otro eje de su campaña fue la reunificación nacional, que tan optimistas perspectivas había generado a comienzos de la década para luego diluirse por la sucesión de crisis militares y las amenazas de guerra con el Norte, mediante la promoción de los intercambios culturales y la reunificación de las familias separadas por la guerra de 1950-1953. Demostrando su capacidad para el compromiso con otras fuerzas políticas, el 3 de noviembre de 1997 Kim ultimó una alianza con el Nuevo Partido Popular (NPP) de Rhee In Je y los Demócratas Liberales Unidos (DLU) de Kim Jong Pil, con vistas a formar un eventual gobierno de coalición.
Contradiciendo las encuestas preelectorales, el 18 de diciembre de 1997 Kim ganó la presidencia con el 40,3% de los votos, superando en menos de dos puntos a Lee Hoi Chang, del Gran Partido Nacional (GPN), nuevo nombre del PNC. Esta victoria constituía la primera alternancia democrática en la historia de país y para Kim suponía una victoria personal especialmente gratificante, tras 40 años en la oposición, parte de ellos transcurridos en el exilio, en la cárcel o bajo arresto domiciliario.
Los medios locales hicieron notar el grado de impopularidad del presidente saliente y de su partido por la forma en que había estallado la crisis financiera, que conmocionó a un pueblo orgulloso de su vertiginoso nivel de desarrollo (Corea del Sur fue uno de los países más pobres de Asia hasta comienzos de los años sesenta). Justamente, Kim Dae Jung, con su trayectoria de infatigable luchador por la democracia y su imagen de intachabilidad moral, ofrecía alivio y confianza en unos momentos de humillación nacional por el colapso de un modelo económico pródigo en tasas de crecimiento espectaculares, que había convertido a Corea del Sur en el
tigre asiático por excelencia, y por tener que pedir auxilio a Occidente a través del FMI.
El 25 de febrero de 1998 Kim inició su mandato quinquenal con un llamamiento a la población para sobrellevar "con patriotismo y coraje" los sacrificios económicos que se avecinaban y con una profesión de fe liberal ("los negocios deberán sobrevivir en una economía de libre mercado y a través de una competencia global"), removiendo sus últimos reparos al plan del FMI.
Sin hacer precisiones, aseguró que iba hacer de Corea del Sur de nuevo un paraíso para los inversores extranjeros, huidos en masa ante el hundimiento de la cotización de la moneda nacional, el won, y del mercado de valores de Seúl, a conceder ayudas especiales a las pequeñas y medianas empresas en dificultades y a garantizar los puestos de trabajo. El 3 de marzo entró en funciones el Gobierno de coalición con el DLU y con Kim Jong Pil de primer ministro, si bien el Ejecutivo no gozaba de mayoría absoluta en la Asamblea al sumar ambos partidos sólo 129 de los 299 escaños.
La reconversión productiva no se hizo esperar. En julio de 1998 la oleada de despidos, como consecuencia del cierre de cinco bancos y el comienzo de la privatización de una decena de empresas del Estado, elevaba el número de parados al millón y medio. A finales de agosto, mientras el desempleo alcanzaba la tasa récord del 7,5%, se vino a conocer que el país había entrado oficialmente en recesión tras registrar dos trimestres consecutivos de crecimiento negativo, la coyuntura más sombría en 18 años. Los despidos de miles de obreros, junto con la previsión de muchas más rescisiones de contrato a corto plazo, desencadenó una fuerte ofensiva sindical, con huelgas en gigantes industriales como Hyundai y Daewoo. 1998, año de traumas que confirmó las advertencias sombrías de Kim, cerró con un retroceso del PIB del 6,7%, una inflación del 7,5% y 1.700.000 parados.
Mientras las recetas económicas aguardaban sus resultados, Kim realizó rápidas concreciones en otros terrenos. Cumpliendo una promesa cardinal de su campaña, el 13 de marzo de 1998 el Gobierno concedió una amnistía, la mayor en la historia del país, que afectó a 30.000 personas condenadas por diversas conductas tipificadas como criminales. Ello se materializó en 3.500 excarcelaciones, entre ellas las de 1.100 convictos por espionaje y otras actividades relacionadas con Corea del Norte, y las de 74 presos considerados de conciencia. La medida fue presentada por Kim como un paso para la reconciliación en el Sur y la unidad con el Norte. El 11 de abril se reanudó en Beijing el diálogo intercoreano de alto nivel, aunque a los seis días se interrumpió con recriminaciones mutuas.
4. El esperanzador reencuentro con Corea del Norte
Kim, a pesar de la rama de olivo que tendía a Pyongyang, descartó un relajo en la vigilancia de un régimen bastante impredecible y cuyas manifestaciones de hostilidad se habían incrementado en los últimos años. Así, si el presidente por un lado ofrecía al Norte un diálogo permanente y la celebración de una cumbre con su líder,
Kim Jong Il (cuyo padre, Kim Il Sung, había fallecido en 1994 en vísperas de una anunciada reunión con Kim Young Sam), por otro lado prometía reforzar la alianza militar con Estados Unidos en prevención de una hipotética invasión norcoreana.
Heredero de unas relaciones exteriores normalizadas gracias a la intensa labor de sus predecesores (fundamentalmente, Roh Tae Woo), Kim prestó del 8 al 11 de junio de 1998 su primera visita a Estados Unidos, donde solicitó al presidente
Bill Clinton el levantamiento de las sanciones de este país a Corea del Norte y el retorno de las inversiones a Corea del Sur.
Luego se dirigió a Japón, del 7 al 10 de octubre de 1998, donde recibió disculpas del primer ministro Keizo Obuchi por los padecimientos causados a los coreanos en el período de ocupación colonial; a China, en noviembre de 1998, donde encontró en
Jiang Zemin pleno apoyo a su política intercoreana; y a Rusia, del 27 al 30 de mayo de 1999, para entrevistarse con
Borís Yeltsin. Con este desplazamiento a Moscú, Kim completó el cuadro de potencias involucradas en mayor o menor grado en la remoción del último conflicto activo de la Guerra Fría, la división de Corea.
Además de a las cumbres anuales de la Cooperación Económica de Asia-Pacífico (APEC), de la que Corea del Sur es Estado miembro desde su fundación en 1989, Kim asistió a las de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) que se desarrollaron bajo la fórmula ASEAN+3, la cual desde diciembre de 1997 incorpora al diálogo de los estados miembros en materia comercial a Corea del Sur, China y Japón. El 28 de noviembre de 1999, aprovechando la III cumbre informal de la ASEAN, en Manila, el mandatario surcoreano protagonizó la primera reunión a tres con los primeros ministros de Japón, Obuchi, y China,
Zhu Rongji. Por otro lado, el 20 y el 21 de octubre de 2000 Kim fue el anfitrión en Seúl del III Encuentro Asia-Unión Europea (ASEM).
La denominada
sunshine policy o
política de la sonrisa de Kim, que afrontaba los tratos con Corea del Norte con un talante amistoso y sonriente, estuvo sembrada de dificultades, según ilustraron los incidentes navales de junio de 1999 y los parones regulares en la mesa de diálogo en Beijing. En febrero de 1999, en su primer aniversario como presidente, Kim urgió a Pyongyang a abandonar sus programas militares, en particular, el de desarrollo de misiles balísticos de largo alcance con supuesta capacidad de carga nuclear, y a facilitar una cooperación integral de Corea del Sur y Estados Unidos, cuya más urgente actuación debería consistir en el alivio de la hambruna que venía asolando el hermético y estalinista país de Kim Jong Il.
La insistencia del dirigente surcoreano en la desmilitarización de las relaciones intercoreanas tenía una meta estratégica doble: a medio plazo, la realización del tratado de paz pendiente desde el armisticio de 1953 a través de una red de acuerdos de no agresión, y a más largo plazo, la reunificación del pueblo coreano en un solo Estado. Pero también tenía presente sus efectos prácticos en Corea del Sur, ya que en un contexto distendido el país podría destinar los dividendos de la paz a subvenir sus propios apuros económicos. La tozudez de Kim encontró su gratificación cuando en mayo de 2000 el Norte notificó su disposición a celebrar un encuentro en la cumbre. Rodeada de una enorme expectación y pródiga en imágenes impactantes (por insólitas) para las dos ciudadanías, la histórica cumbre intercoreana tuvo lugar en Pyongyang del 13 al 15 de junio de 2000.
El 14 de junio los dos Kim, distendidos en todo momento entre abrazos y apretones de manos dentro del envaramiento habitual de los dirigentes de Pyongyang, firmaron un Acuerdo de Reconciliación que si bien no contenía puntos concretos de carácter diplomático o militar al menos contemplaba un amplio elenco de medidas de confianza para rebajar tensiones consistentes en el relanzamiento de los intercambios económicos, culturales y deportivos. El documento sucedía a la Declaración Conjunta de 1972 y los acuerdos de Reconciliación, No Agresión y Desnuclearización de 1991, los cuales, si bien más ambiciosos, había terminado en papel mojado.
El aspecto más significativo del Acuerdo de Reconciliación de junio de 2000, por su carácter emocional, fue la autorización de desplazamientos de particulares a ambos lados de la frontera para reunirse con familiares separados desde la guerra medio siglo atrás. Estos reencuentros, de honda repercusión social en el Sur, comenzaron en el Norte a partir del mes de agosto bajo estrictas condiciones en la selección de los agraciados y una férrea vigilancia política. Otra previsión afectaba a los respectivos prisioneros de conciencia y espías capturados, cuya repatriación a uno u otro lado sería negociada "sin interferencias exteriores". Por lo demás, los presidentes prometieron trabajar conjuntamente para alejar el fantasma de la guerra en la península y lograr la reunificación nacional en fecha no especificada. Con estos logros bajo el brazo, Kim regresó triunfalmente a Seúl, contagiada de la euforia optimista sobre el futuro del país.
Después de figurar durante años en la lista de candidatos, Kim fue el ganador el 13 de octubre del premio Nobel de la Paz del año 2000, por sus méritos en favor de la distensión en la península coreana. Con este el galardón más prestigioso del mundo, que recogió en Oslo el 10 de diciembre, el presidente surcoreano se sumó al restringido grupo de antiguos opositores convertidos en mandatarios en sus países como culminación de una larga lucha democrática y que luego fueron laureados con el Nobel y otros premios de gran honra, como el sudafricano
Nelson Mandela, el checo
Václav Havel y el polaco
Lech Walesa.
Dicho sea de paso, cuando Kim obtuvo la nominación de su partido para las presidenciales de 1997 Mandela, entonces presidente de Sudáfrica, le envió el reloj de pulsera que había llevado en sus casi tres décadas en prisión, con el deseo de que le trajera suerte. Tras convertirse en presidente, Kim declaró que había depositado el reloj de Mandela en un lugar señero de su despacho como si de un talismán se tratara.
5. Una política doméstica atenazada por las inercias
La histórica reunión de Pyongyang se produjo en un momento de fuertes incertidumbres internas para Kim Dae Jung, pues el 13 de enero anterior había dimitido el primer ministro Kim Jong Pil. Sobre la defección de este político derechista pivotaron diferencias en torno a la política económica y el fracaso del presidente en captar a elementos del GPN que disintieran de la estrategia obstruccionista de sus jefes de fila y otorgasen al oficialismo una mayoría parlamentaria estable, aunque la desavenencia mayor entre los dos dirigentes discurrió en torno a la instauración del sistema parlamentario, que transferiría amplios poderes al primer ministro. Este punto de la agenda se pactó en las negociaciones para formar gobierno, pero ahora Kim Dae Jung lo relegó al cajón de los temas no prioritarios.
En esta tesitura, las elecciones legislativas del 13 de abril de 2000 otorgaron la mayoría simple al GPN, que, con 133 escaños y el 39% de los votos, superó en 18 escaños y tres puntos porcentuales al partido del presidente, desde el 20 de enero denominado, de nuevo, Partido Democrático, una traducción literal del coreano (Minju Dang), aunque la denominación habitual en inglés es la de Partido Democrático del Milenio (PDM). Las legislativas supusieron un aviso a Kim de que existía un considerable malestar general por la postergación de la reforma política, tanto o más necesaria que la económica, si no íntimamente relacionada con ella, al constituir los arraigados hábitos del clientelismo, la plutocracia y -a falta de un régimen severo de incompatibilidades y de fiscalizaciones de las actividades de los cargos políticos- el tráfico de favores entre las esferas política y empresarial los núcleos de la corrupción y las ineficiencias del sistema económico.
Símbolos visibles del modelo surcoreano ahora puesto en entredicho eran los conglomerados empresariales y financieros conocidos como
chaebols. Estos emporios tradicionales estaban siendo acusados desde muchas instancias de obstaculizar el establecimiento en Corea del Sur de un modelo ortodoxo de mercado homologable con las pautas de la globalización, esto es, en régimen de libre competencia y no distorsionado por la colusión de intereses corporativos políticos y económicos.
El caso es que la economía había retomado el pulso en sus grandes magnitudes. El fuerte tirón de las exportaciones registrado en 1999 se trasladó a la producción y a la creación de empleo, de manera que el segundo año de ejercicio de Kim terminó con una tasa de crecimiento del PIB del 10,7% (marcando un asombroso diferencial del 17% con respecto a 12 meses antes) y con el paro mitigado al 5% de la población activa. Además, el despegue se venía haciendo sin cargo en la inflación, que, antes bien, se contrajo hasta el 0,8%.
La salida de la convalecencia económica parecía asegurada, pero en el segundo semestre de 2000 la falta de soluciones a las debilidades estructurales empezó a pasar factura. En los doce meses el índice Kospi de la Bolsa de Seúl perdió el 50% de su volumen de negocios en un contexto de intensos movimientos especulativos, a la vez que continuaron los gravísimos problemas de liquidez en chaebols emblemáticos como Daewoo (en situación de quiebra desde noviembre) y Hyunday. Ahora bien, el año terminó todavía con una tasa de crecimiento más que notable, el 8,9% del PIB. El último día de 2000 Kim hizo una lectura autocrítica de su gestión económica, pidió disculpas por la lentitud de la reforma de los chaebols y anunció un empuje definitivo a la reconversión del sector público.
6. Estancamiento de la sunshine policy y contratiempos en el entorno personal
La asunción en enero de 2001 en Estados Unidos de la administración republicana de
George W. Bush repercutió muy negativamente en la política intercoreana de Kim. En su recepción en la Casa Blanca el 7 de marzo, Kim encontró en Bush una actitud bastante escéptica, si no hostil, al diálogo con Corea del Norte. La posición de Bush sobre el particular quedó perfilada cuando en enero de 2002 el mandatario trazó un
eje del mal en las relaciones internacionales y situó en el mismo a Corea del Norte.
Además, parecía inminente la aprobación y puesta en marcha del programa de Defensa Nacional Antimisiles (NMD), que podría incorporar una versión específica para la protección de los socios y aliados en la cuenca del Pacífico contra ataques de misiles de corto o medio alcance, la llamada Defensa de Teatro Antimisiles (TMD). El Gobierno surcoreano presumía que la NMD-TMD, lejos de aportar seguridad a la región, podría muy bien desencadenar una carrera de armamentos y avivar la paranoia militarista de los norcoreanos, con ruinosas consecuencias para la diplomacia que intentaba mantener a Pyongyang dentro de un régimen de no proliferación nuclear.
El 19 de febrero siguiente Bush notificó a Kim en Seúl que no se oponía a la reconciliación entre las dos Coreas ni a la restauración del diálogo entre él y el Gobierno de Pyongyang. Bush tampoco rechazaba, en principio, retomar el diálogo particular de Estados Unidos, mantenido por la administración demócrata de Clinton, pero antes los norcoreanos debían realizar una serie de cesiones unilaterales en el capítulo de armamentos de destrucción masiva, cuya proliferación internacional constituía una preocupación de primer orden para Bush, máxime a raíz de los atentados del 11 de septiembre, fundamentalmente la renuncia a desarrollar y exportar tecnología de misiles de largo alcance.
Al comprobar que Estados Unidos no estaba dispuesto a ofrecerle más contrapartidas en forma de ayuda económica o garantías de seguridad, el régimen de Kim Jong Il congeló en seco el espíritu de la cumbre intercoreana de 2000 y se preparó para recurrir a la ya manida fórmula de la provocación y el chantaje militares. Desde Seúl, Kim asistió perplejo y atribulado a esta evolución de los acontecimientos, que municionaron los argumentos de una oposición interior cada vez más escéptica.
El 3 de septiembre de 2001 prosperó en la Asamblea Nacional una moción de censura contra el ministro de Unificación, Lim Dong Won, considerado uno de los arquitectos de la
política de la sonrisa, que acaparó los dardos antigubernamentales por lo que el GPN consideraba una estrategia condescendiente con el siempre susceptible y prepotente régimen de Pyongyang, un talante que depositaba toda su confianza en una actitud propia positiva y conciliadora sin exigir a la otra parte gestos previos de buena voluntad. La censura parlamentaria supuso un doble baldón para Kim, ya que los diputados del DLU, presente en el Gobierno a través del primer ministro Lee Han Dong y otros cuatro ministros, se alinearon con la oposición. A pesar de que la moción no era vinculante, el efecto inmediato fue la dimisión en bloque del gabinete, para permitir al presidente remodelarlo.
Sin embargo, Lee Han Dong fue confirmado en su puesto, y días después Kim obtuvo un respiro con la celebración en Seúl de las primeras conversaciones intercoreanas de alto nivel en el último medio año, en torno a la organización de nuevos encuentros de familias separadas y giras turísticas en el Norte de ciudadanos del Sur, y sobre la apertura de comunicaciones terrestres. El retorno al cauce del entendimiento pareció confirmarse en abril de 2002 con la visita de Lim Dong Won a Pyongyang y el cordial estrechamiento de manos entre los presidentes de los respectivos poderes legislativos con motivo de una reunión en Chongqing, China, de líderes parlamentarios de Asia. Pero la impresión general es que en dos años apenas se había avanzado en la remoción de tensiones en la península coreana.
Los sobresaltos relacionados con la política exterior no se limitaron a Corea del Norte y Estados Unidos. En agosto de 2001 Kim recibió como un agravio a su país la visita realizada por el primer ministro japonés
Junichiro Koizumi a un controvertido santuario shintoísta que rinde honores a destacados criminales de guerra japoneses.
En verdad, el gesto de Koizumi no ayudó en nada a restaurar la calidad de las relaciones bilaterales, ya zarandeadas por el asunto de un manual de historia destinado a alumnos nipones de bachillerato en el que historiadores surcoreanos habían detectado numerosas distorsiones en lo que afectaba al ominoso pasado común. La negativa del Gobierno japonés a revisar estos textos motivó el 9 de abril la llamada a consultas por Kim del embajador surcoreano en Tokyo. Posteriormente, el 15 de octubre, Koizumi viajó a Seúl y le transmitió a Kim su "sentida contrición" por el sufrimiento surcoreano en los 35 años que duró la ocupación colonial japonesa.
A lo largo de 2001, las aptitudes de Kim y su equipo perdieron credibilidad por la fuerte recaída de la economía, que experimentó un crecimiento para el conjunto del año de sólo el 3%, al tiempo que el índice de precios rebotó al 4%, y por la chapucera reforma de la cobertura sanitaria, cuyos costes se calcularon mal y terminaron repercutiendo en los usuarios, que vieron subir su seguro médico. Una de las pocas noticias positivas en este ámbito fue la liquidación, el 23 de agosto, de la última amortización del crédito otorgado por el FMI en 1997.
Pero en la recta final del año la erosión le afectó al mandatario también en el plano más personal de la moralidad, a raíz del escándalo de la presunta implicación de sus tres hijos varones, Kim Hong Il, Kim Hong Up y Kim Hong Gul (los dos primeros son fruto de su primer matrimonio, que duró desde 1945 hasta el fallecimiento de la esposa en 1959, y el tercero es un retoño de las segundas nupcias del estadista) en una trama de tráfico de influencias. Las imputaciones contra los Kim las realizaron varios hombres de negocios procesados por la justicia por haber pagado sobornos, algunos de los cuales, al parecer, habrían ido a parar a los bolsillos de los hijos del presidente. Además, el 26 de octubre la oposición barrió al PDM en una elección legislativa parcial.
Muy afectado por estos golpes y sometido a fuertes presiones por la dirigencia del partido, Kim dimitió el 8 de noviembre como presidente del PDM con el argumento de que deseaba concentrarse en los asuntos del Estado, sobre todo ahora que se acercaba el campeonato mundial de fútbol, el 14 de enero de 2002 emitió una disculpa por todos los escándalos de corrupción que estaban sacudiendo su administración y el 6 de mayo, entre vivas muestras de compunción, anunció su baja como miembro del partido que había fundado. Estos gestos de Kim, que intentaron convencer a la opinión pública de la sincera contrición del presidente y atenuar unas tensiones políticas potencialmente dañinas para las perspectivas electorales del partido en el Gobierno, quedaron básicamente invalidados por la continuación del escándalo de los hijos corruptos, que en las semanas siguientes fueron formalmente acusados por la justicia de cobrar sobornos y, los dos menores, detenidos por la Policía.
En vísperas de su juicio, iniciado el 28 de junio, Kim Hong Gul intentó echar un cabo a su avergonzado padre declarando que su conducta constituía una verdadera deshonra para la familia. En noviembre, el juez le halló culpable y le aplicó una pena en suspenso de dos años de prisión más una multa de 200 millones de wones, unos 164.000 dólares. En cuanto a Kim Hong Up, días atrás de ese mismo mes fue también declarado culpable y condenado a tres años y medio de prisión, más una multa de 400 millones de wones y la obligación de devolver 260 millones más en concepto de sobornos recibidos, si bien en febrero de 2003 una corte de apelaciones de Seúl le rebajó la pena carcelaria a dos años.
Todavía intentó el premio Nobel una demostración de iniciativa política nombrando, el 11 de julio de 2002, a una mujer para el puesto de primer ministro, Chang Sang, toda una novedad en un sistema de partidos absolutamente dominado por los hombres. Pero el 31 de julio la Asamblea rechazó la designación de Chang, una teóloga independiente con un excelente bagaje profesional, alegando que no satisfacía las virtudes necesarias para desempeñar el cargo con los argumentos de que había falseado su currículum académico y también exonerado a su hijo del servicio militar obligatorio nacionalizándole ciudadano de Estados Unidos, una argucia considerada antipatriótica. Más allá de estas supuestas descalificaciones de quien habría podido ser la primera jefa de Gobierno de Corea del Sur, en la decisión de muchos legisladores pareció confluir más que nada una intolerancia machista, impresión reforzada desde el momento en que algunos diputados del propio PDM votaron con la oposición.
Kim no se atrevió a recurrir el veto contra Chang Sang y el 9 de agosto presentó un candidato alternativo, el empresario periodístico Chang Dae Whan, quien tampoco mereció el beneplácito de la Asamblea y fue rechazado el 10 de septiembre. Tras este segundo bofetón, Kim se curó de más espantos y designó para presidir el Gobierno a una figura absolutamente neutra y anodina, Kim Suk Soo, ex juez del Tribunal Supremo, que obtuvo la luz verde de la Asamblea el 5 de octubre. Entre responsables titulares y en funciones, el presidente tuvo a nueve primeros ministros en sus cinco años al frente del Ejecutivo.
7. Sucesión por el aspirante oficialista en el contexto de la escalada nuclear de Pyongyang
Todas estas crispaciones domésticas acontecieron cuando la economía volvía a dar indicios de recuperación y la
política de la sonrisa también experimentó un desatasco. Superando el grave incidente naval del 29 de junio en el mar Amarillo (que en cualquier otra parte del mundo habría sido motivo más que suficiente para una crisis interestatal en toda regla), cuando patrulleras norcoreanas atravesaron la frontera marítima occidental, en aguas pesqueras, hundieron una patrullera surcoreana y se enzarzaron en un furioso tiroteo con unidades de la Armada de Seúl, con un balance de 18 muertos por ambas partes, el 30 de agosto las delegaciones alcanzaron en Seúl sendos acuerdos sobre la rehabilitación de dos líneas de ferrocarril y dos carreteras, y sobre el envío por el Sur al Norte de 400.000 toneladas de arroz para paliar la hambruna que desde hacía años estaba diezmando a la población rural de un país crónicamente al borde del colapso económico. El 17 de septiembre, en una concreción altamente simbólica, se procedió a conectar esos cuatro corredores de comunicación seccionados desde hacía medio siglo, que abrieron otros tantos resquicios en la Zona Desmilitarizada que protege la frontera.
Sin embargo, el 16 de octubre Pyongyang provocó una conmoción con el reconocimiento de que se había embarcado en un programa nuclear secreto de enriquecimiento de uranio para usos militares. Tal iniciativa era una contravención del acuerdo de octubre de 1994, por el que Corea del Norte renunció a sus vetustos reactores nucleares, capaces de producir plutonio, mientras que Estados Unidos se comprometió a construirle dos plantas nucleares con tecnología y financiación occidentales para usos estrictamente civiles, y a suministrarle gratuitamente 500.000 toneladas anuales de petróleo para subvenir las necesidades energéticas del país mientras durasen aquellas obras.
En la X Cumbre de la APEC, celebrada en Los Cabos, México, el 26 y el 27 de octubre, Kim suscribió con Koizumi y Bush una declaración tripartita demandando el desmantelamiento verificable del programa nuclear de Pyongyang. Kim declaró que en ningún caso aceptaría como un hecho consumado el rearme norcoreano, que constituía una amenaza directa contra su país, pero se guardó de caldear el ambiente con declaraciones conminatorias.
Ahora bien, Estados Unidos interpretó la confesión del régimen de Kim Jong Il -que si parecía obsesionado con algo era con arrancar a Washington negociaciones en pie de igualdad sobre un tratado bilateral de no agresión, más que con atender debidamente el envite patriótico que, asumiendo grandes riesgos domésticos, le tendía Kim Dae Jung- como una referencia implícita a que había logrado fabricar la bomba atómica, así que en noviembre decidió interrumpir los envíos de petróleo, medida que secundaron Japón y Corea del Sur en tanto que miembros de la Organización para el Desarrollo de la Energía en la península Coreana (KEDO), consorcio creado para cumplimentar los compromisos de 1994.
La nueva y más seria zancadilla a la
política de la sonrisa espoleó las críticas a Kim del GPN y su candidato presidencial, Lee Hoi Chang de nuevo, quien se alineó con las tesis estadounidenses y reclamó la congelación del diálogo intercoreano en tanto el Norte no regresara a los términos del acuerdo nuclear de 1994. Sin embargo, la extensión del sentimiento nacionalista y pacifista entre la juventud y un importante sector de la opinión pública surcoreanos, que vieron en el Gobierno de Bush un obstáculo para la distensión y el reencuentro de los coreanos (la espoleta de la ola de hostilidad a Estados Unidos, expresada con grandes manifestaciones de protesta, fue la absolución en septiembre por un tribunal militar de su país de dos soldados norteamericanos que mataron a dos chicas surcoreanas en un accidente de carretera), dio alas al candidato del PDM,
Roh Moo Hyun, ex ministro de Kim y abogado con una trayectoria de defensor de los Derechos Humanos, que concurría con un programa de continuidad estricta de la
política de la sonrisa, rebautizada como
política de paz y prosperidad, a pesar de haberse alejado ostensiblemente del mandatario saliente para no verse salpicado por sus problemas de imagen.
Una semana antes de la cita con las urnas, el 12 de diciembre, la porfía con Corea del Norte adquirió el cariz de una inquietante crisis nuclear con el anuncio por Pyongyang de la inmediata reactivación del reactor de 5 megawatios, con capacidad para producir plutonio para usos bélicos, de la planta nuclear de Yongbyon, al norte de la capital, en una flagrante violación de los compromisos de 1994 y con la justificación de que debía hacer frente a las necesidades energéticas de la población luego del embargo petrolero de la KEDO. Así estaban las cosas cuando el 19 de diciembre Roh se adjudicó la victoria con el 49% de los sufragios, seguido muy de cerca por Lee Hoi Chang.
Kim felicitó a su colega de partido y le despejó el camino para que emprendiera sus propias iniciativas de mediación en la crisis norcoreana incluso antes de la transferencia de poderes. Sin embargo, al anciano estadista de 77 años, símbolo de la lucha democrática en el Sur y adalid de la reunificación nacional de los coreanos no le cupo la satisfacción de un regreso a la racionalidad en el régimen de Pyongyang, al que siempre se había dirigido con una actitud bienintencionada, apaciguadora, mesurada y paciente.
Así, hasta la asunción de Roh, el 25 de febrero, la escalada de la crisis añadió nuevos peldaños: el 23 de diciembre los oficiales de Pyongyang desprecintaron los sistemas de vigilancia y seguridad que la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA) mantenía en Yongbyon; tres días después, movilizaron en la planta un millar de tanques conteniendo 8.000 barras de combustible nuclear, suficiente para sintetizar 25 kilos de plutonio y municionar tres bombas atómicas; el 31 de diciembre expulsaron a los últimos inspectores de la AIEA; el 10 de enero la agencia de noticias norcoreana anunció la retirada del país del Tratado de No Proliferación Nuclear; el 5 de febrero confirmó la puesta en marcha de las instalaciones de Yongbyon; el 18 de febrero difundió la amenaza oficial de abandonar el acuerdo del armisticio de 1953; y el 24 de febrero, horas antes de la toma de posesión de Roh, Pyongyang efectuó en el mar de Japón, o Mar del Este -que es como lo llaman los coreanos-, una prueba con un misil de corto alcance que cayó a 60 km de la costa norcoreana.
Aparte del Nobel, Kim Dae Jung, un católico en un país de mayoría budista y en el que varias sectas pseudocristianas han ganado millones de adeptos, está en posesión de los premios Bruno Kreisky de los Derechos Humanos (1981), George Meany (1987) y el concedido por la Asociación de Naciones Unidas (1998), así como la medalla de la Libertad de Filadelfia (1993). Es además doctor honorífico por las universidades de Moscú, Emory, Portland, Sydney y Georgetown, entre otras. Tiene en su haber diversos libros sobre temáticas políticas y económicas, entre ellos
Economía de las masas, en el que recalca la importancia de un desarrollo económico equilibrado. Una idea recurrente en sus escritos es que la democracia parlamentaria de tipo occidental es bastante compatible con los valores culturales en esa parte de Asia y con las exigencias del desarrollo económico.
(Cobertura informativa hasta 13/3/2003)