1. Un reservado dirigente de la democracia cristiana flamenca
2. Recambio de emergencia para sustituir al dimitido Yves Leterme
3. De primer ministro de Bélgica a primer presidente del Consejo Europeo
1. Un reservado dirigente de la democracia cristiana flamenca
Hijo del eminente profesor de Economía Vic Van Rompuy (1923-2004) y hermano mayor de Eric Van Rompuy, quien seguiría sus pasos labrándose una carrera en la política flamenca, tras completar la enseñanza secundaria en el Colegio Sint-Jan-Berchmans de Bruselas en la especialidad de Humanidades Clásicas se matriculó en la Universidad Católica de Lovaina, por la que se diplomó en Filosofía en 1968 y se licenció en Ciencias Económicas en 1971. Católico practicante, a la salida de la Universidad empezó a trabajar en el departamento de investigación del Banco Nacional de Bélgica, si bien su futuro profesional estaba en el aparato del Partido Popular Cristiano (CVP), formación de centroderecha que era dominante en la región de Flandes y que desde finales de los años cuarenta venía suministrando también casi todos los primeros ministros nacionales.
En 1973 resultó elegido vicepresidente de las Juventudes del CVP –que su hermano Eric iba a presidir años más tarde- y en 1975 fue reclutado por el entonces primer ministro Léo Tindemans, uno de los principales dirigentes del CVP, para la plantilla funcionarial del Gabinete. En 1978, con la sustitución de Tindemans por su colega del partido Paul Vanden Boeynants, Van Rompuy pasó a servir en la oficina del también popularcristiano Gaston Geens, titular de la cartera de Finanzas. Ese mismo año se aupó al Buró Nacional del CVP, cuya presidencia orgánica ostentaba Wilfried Martens y luego, desde 1979, al convertirse Martens en primer ministro, el propio Tindemans.
La baja de Geens como ministro de Finanzas en mayo de 1980 retiró a Van Rompuy de la función gubernamental. En los ocho años siguientes, el economista de formación estuvo dedicado en exclusiva a las tareas del partido, como director de su Centro de Estudios Políticos, Económicos y Sociales (CEPESS, principal laboratorio de ideas del CVP), interlocutor en las negociaciones multipartitas para la formación de los seis gobiernos de coalición presididos por Martens en este período, y presidente de la sección popularcristiana en la circunscripción electoral bilingüe de Bruselas-Halle-Vilvoorde (BHV). Esporádicamente, dio clases en la Vlaamse Economische Hogeschool (VLEKHO) de Bruselas.
En 1988 la carrera política de Van Rompuy experimentó un empujón con tres promociones consecutivas: primero, en enero, sus pares le designaron para un escaño en el Senado, en el que fue su primer mandato representativo aunque no electivo; a continuación, retornó al Gobierno de Martens en calidad de secretario de Estado de Finanzas, adscrito al Ministerio de Finanzas, y secretario de Estado para la Pequeña y la Mediana Empresa, adscrito al Ministerio de Clases Medias, doble cargo que sólo desempeñó unos meses; y, más importante, alcanzó la presidencia nacional del CVP, donde tomó el relevo a Frank Swaelen.
En septiembre de 1993 el senador renunció a la presidencia del partido, que tomó Johan Van Hecke, para debutar en el Consejo de Ministros, donde fungió de titular de la cartera del Presupuesto y viceprimer ministro a las órdenes de su conmilitón
Jean-Luc Dehaene, primer ministro desde marzo de 1992, y con la misión de poner coto al desmedido déficit presupuestario, que junto con la aún más abultada deuda externa amenazaba con frustrar el acceso de Bélgica a la tercera etapa de la Unión Económica y Monetaria europea.
En junio de 1994, hasta que el Reino Unido vetó aquella posibilidad por el marcado perfil federalista del primer ministro belga, Van Rompuy fue señalado por la prensa nacional como el más firme candidato a suceder a Dehaene en el caso de que el Consejo Europeo le designara presidente de la Comisión Europea en sustitución del francés Jacques Delors. Sin embargo, el discreto y trabajador ministro flamenco, que además venía reclamando la depuración de responsabilidades políticas y judiciales por el descomunal escándalo de corrupción destapado en el caso Agusta-Dassault –el cual devastó las cúpulas de los partidos socialistas flamenco y valón-, no albergaba ambiciones presidenciales, actitud de reserva política que volvería a aflorar en el futuro.
En las elecciones generales anticipadas del 21 de mayo de 1995, que penalizaron al cuatripartito gobernante compuesto por el CVP, su homólogo valón, el Partido Social Cristiano (PSC), el Partido Socialista flamenco (SP) y el Partido Socialista valón (PS), Van Rompuy ganó su primer escaño en la Cámara de Representantes, la Cámara baja del Parlamento Federal. Lo hizo en representación de Bruselas-Halle-Vilvoorde, circunscripción peculiar y permanente fuente de disputas entre las dos grandes comunidades belgas, al comprender dos zonas administrativa e idiomáticamente diferentes: Bruselas-Capital, región autónoma de distrito único y oficialmente bilingüe, y Halle-Vilvoorde, que es uno de los dos distritos de la provincia del Brabante Flamenco, a su vez parte de la Región Flamenca, y oficialmente neerlandófona.
Van Rompuy no llegó a ejercer como parlamentario en esta legislatura porque Dehaene le confirmó en su segundo Gobierno –la Constitución belga prohíbe simultanear las funciones de diputado y ministro- y porque su mandato como senador había expirado. En los comicios del 13 de junio de 1999, que depararon al CVP una caída en puntos, del 17,2% al 14,1%, y en representantes, de 29 a 22, consiguió ser reelegido por Bruselas-Halle-Vilvoord, diputación que esta vez sí empezó a desempeñar al quedar excluidos los popularcristianos del nuevo Gobierno de coalición formado en julio por
Guy Verhofstadt, líder del Partido Ciudadano-Liberales y Demócratas Flamencos (VLD), ahora mismo ganador en la pugna particular con los conservadores por la captación del voto en Flandes.
Para el CVP, malparado por la avalancha de escándalos de la era Dehaene, las elecciones de 1999 fueron todo un trauma, ya que no sólo perdió la condición de primer partido de Bélgica y el derecho a reclamar el puesto de primer ministro, que había portado sus colores desde 1974, sino que fue mandado a la oposición, lo que no le sucedía desde 1958. El 29 de septiembre de 2001, dentro del proceso de renovación de siglas en que estaban embarcados los principales partidos flamencos y valones, el CVP adoptó el nombre de Cristianos Demócratas y Flamencos (CD&V) y confirmó en su presidencia a Stefaan De Clerck, antiguo ministro de Justicia que en 1998 había tenido que abandonar el Gobierno ante la conmoción provocada por la fuga durante unas horas del pederasta y asesino Marc Dutroux.
Reelegido en su escaño en las generales del 18 de mayo de 2003, que volvieron a castigar al partido (retroceso al 13,3% de los votos, pérdida de un representante y colocación en el tercer puesto de la Cámara, detrás el SP), el 26 de enero de 2004 el diputado fue nombrado ministro de Estado por el rey
Alberto II a petición del primer ministro. La no participación del CD&V en el Gobierno Verhofstadt no fue óbice para un nombramiento más simbólico que político, ya que el ministerio de Estado carecía de cartera y de asiento en el Gabinete, no teniendo más cometido oficial que el de participar en las reuniones del Consejo de la Corona.
En los tres años siguientes, Van Rompuy secundó activamente la nueva línea política del CD&V esgrimida por el ministro-presidente del Gobierno flamenco (común a la Región Flamenca, Flandes propiamente dicho, y a la Comunidad Flamenca, que abarca Flandes y parte de la bilingüe Bruselas-Capital, donde ejerce sus competencias culturales) y antes presidente del partido,
Yves Leterme, quien, resuelto a recuperar la primacía electoral regional, y por ende nacional, estableció un inédito entendimiento con la Nueva Alianza Flamenca (N-VA) de Geert Bourgeois, partido soberanista y rival pragmático del más radical Interés Flamenco (VB, hasta ahora llamado Bloque Flamenco), exponente de la extrema derecha independentista y xenófoba, cuyo ascenso electoral venía siendo paulatino pero imparable.
La asunción por el CD&V de los postulados nacionalistas de la N-VA, de hecho favorable a un separatismo dialogado que podría desembocar en un Estado confederal de dos repúblicas dotadas de soberanía casi plena, con el argumento de que era menester pararle los pies al VB permitió a Leterme conquistar la jefatura del Gobierno regional en julio de 2004, pero levantó una fuerte controversia en Valonia, bastión del federalismo y la estatalidad belgas.
Por otro lado, Van Rompuy, en lo que no se distinguía de los demás dirigentes de los principales partidos flamencos, asumió como propia la propuesta, defendida con ahínco por Leterme, de desgajar el distrito neerlandófono de Halle-Vilvoorde de la BHV y convertirlo en circunscripción electoral flamenca para impedir que residentes francófonos pero jurisdiccionalmente flamencos pudieran votar a candidatos y partidos francófonos activos en Bruselas y Valonia. El celo flamenco de Van Rompuy, sin comprometer sus maneras esencialmente moderadas, quedó de manifiesto en enero de 2006, cuando, uniendo su voz al coro de protestas en el campo de su comunidad, lamentó que el rey Alberto se ocupara de "la agenda política de una sola comunidad" (la valona), tras alertar el monarca en su discurso de año nuevo contra el auge del nacionalismo y el separatismo en Flandes.
2. Recambio de emergencia para sustituir al dimitido Yves Leterme
Van Rompuy adquirió un mayor protagonismo en la vida política nacional tras las elecciones generales del 10 de junio de 2007, que ganó, con el 18,5% de los votos y 30 diputados, la alianza del CD&V y la N-VA. El 12 de julio, mientras Leterme se disponía a emprender las negociaciones oficiales a múltiples bandas para formar el nuevo Gobierno, tarea que se anticipaba harto complicada porque el pacto electoral con la N-VA le ligaba a la ejecución de una reforma estatal para transferir a las regiones más competencias federales (que los partidos valones veían con enorme recelo), su colega de partido fue investido presidente de la Cámara de Representantes, donde sustituyó al liberal flamenco Herman De Croo.
El fracaso de Leterme en su primer intento como
formateur de un ejecutivo mayoritario el 23 de agosto llevó al rey, seis días después, a encomendar a Van Rompuy la tarea de "explorar" las vías para solucionar el bloqueo poselectoral. El responsable legislativo no fue designado
informateur -figura peculiar del sistema político belga, también de nombramiento real, que tras las elecciones había ejercido el liberal valón Didier Reynders, del Movimiento Reformador (MR)-, así que oficiosamente fue llamado
explorateur,
verkenner en neerlandés.
Justo un mes después, el 29 de septiembre, a la luz de los informes posibilistas remitidos por Van Rompuy, el jefe del Estado belga volvió a encargar la formación del Gobierno a Leterme, quien ahora necesitó dos meses más de embrollados cabildeos partidistas antes de comunicar el 1 de diciembre que, de nuevo, arrojaba la toalla ante la incapacidad de consensuar con los partidos valones la segregación cantonal de la BHV y el recorte competencial del Estado en beneficio de las regiones. Sólo al tercer intento, mediado un Gobierno interino presidido por el primer ministro saliente, Verhofstadt, y transcurridos más de nueve meses desde los comicios –récord absoluto en la historia del parlamentarismo belga y que empequeñeció los 148 días invertidos por Martens en 1988-, pudo Leterme constituir el 20 de marzo de 2008 un ejecutivo mayoritario con el CD&V, el Open VLD, el PS, el MR y el CDH (ex PSC), es decir, los cuatro partidos democristianos y liberales de las dos comunidades, más los socialistas valones.
En las semanas y meses siguientes, Van Rompuy no ahorró críticas, divulgándolas en su
blog de Internet, a la gestión del Gobierno de Leterme, al que comparó con un espectáculo de "teatro kabuki" que era incapaz de sacar al país del "túnel comunitario". Asimismo, se quejó del "tono antiflamenco" adoptado por los medios de comunicación francófonos y advirtió que "sin un proyecto colectivo" el Estado belga se encontraba "en trance de morir".
El legislador lanzó su sombrío vaticinio días antes de expirar el plazo, hasta el 15 de julio, que Leterme se había dado a sí mismo para llegar a un acuerdo con los partidos valones en torno a la reforma descentralizadora del Estado federal, que requería una serie de enmiendas constitucionales. Van Rompuy acusó entonces a los dirigentes francófonos de cometer "el error histórico de continuar negándose a adaptar nuestras estructuras estatales y de aspirar a un
New Deal entre las comunidades de este país". El mismo sentimiento de frustración empujó a Leterme a presentar su dimisión el 14 de julio, pero el rey se la rechazó. Tras las vacaciones de verano, la crisis política entró en una fase algo más esperanzadora al aceptar el CD&V, el Open VLD y el SP.A (ex SP) una reforma constitucional que no comprometiera de antemano la quiebra de la caja única de la seguridad social ni se supeditara a fechas de obligado cumplimiento.
El compromiso para diferir una vez más los aspectos más calientes de la reforma estatal mantuvo provisionalmente a flote a Leterme. Pero a finales de septiembre, sin solución de continuidad, al primer ministro se le vino encima la ramificación nacional de la gran crisis financiera global, que en Bélgica arreció con especial celeridad y virulencia.
Así, a finales de septiembre, el Estado belga, en una urgente operación conjunta con Holanda y Luxemburgo, hubo de socorrer a Fortis, el primer banco y asegurador del país, que presentaba problemas de liquidez agravados por los rumores de quiebra, adquiriendo la mitad de sus acciones, es decir, nacionalizándolo parcialmente de hecho. Acto seguido, el desplome en la bolsa del grupo franco-belga Dexia, otro grande de los servicios financieros, obligó a Bruselas a realizar una segunda operación de inyección de capital, esta vez en coordinación con París. El 5 de octubre, después de asumir el Estado holandés la totalidad de los activos de la compañía en su territorio, el Gobierno de Leterme acordó con el BNP Paribas la toma del control por este banco francés del grueso de las actividades de Fortis en Bélgica a cambio de la conversión del Estado belga en su principal accionista.
La operación, mitad de rescate, mitad de desmantelamiento de Fortis parecía estar encarrilada. Pero el 12 de diciembre, el Tribunal de Apelación de Bruselas ordenó paralizar la venta de los activos de Fortis a BNP Paribas así como el mismo desmembramiento de la compañía intervenida hasta que los accionistas minoritarios no concedieran su autorización a tan drásticas medidas. Seis días después Leterme recibió un segundo y letal golpe al denunciar el presidente del Tribunal Supremo, Ghislain Londers, que el Gobierno había interferido en las funciones del poder judicial para prevenir, precisamente, la sentencia del Tribunal de Apelación.
Van Rompuy se vio involucrado accesoriamente en la escandalosa acusación al ser el destinatario de una misiva hecha pública por Londers y en la que el magistrado daba cuenta, sin aportar pruebas jurídicas, de las presiones e intentos de manipulación gubernamentales. Leterme reconoció que había habido "contactos" entre miembros de su Gabinete y funcionarios judiciales, y el 19 de diciembre, confrontado con el coro de exigencias de dimisión y la desasistencia de sus socios de gobierno y de su propio partido, presentó la renuncia al rey con la puntualización de que en modo alguno aceptaría una renominación.
Alberto II inició una ronda de consultas con los líderes de los partidos de la coalición (Marianne Thyssen por el CD&V, Bart Somers por el Open-VLD, Joëlle Milquet por el CDH, Elio di Rupo por el PS y Didier Reynders por el MR), y con los presidentes de las cámaras del Parlamento, antes de aceptar, el 22 de diciembre, la dimisión de Leterme. La labor "exploratoria" recayó en el veterano Martens. Las reuniones regias no habían concluido cuando emergió el nombre del presidente de la Cámara de Representantes, habida cuenta de su buena prensa y respetabilidad, en el campo valón inclusive, como la más probable elección del monarca para encabezar el nuevo Gobierno, el cual tendría que constituirse a toda velocidad porque las múltiples crisis que zarandeaban Bélgica hacían inimaginable el paréntesis institucional típico en estos casos. Ahora bien, tras la dimisión de Leterme, el dirigente parlamentario salió al paso para reiterar que su inveterado desinterés en ser primer ministro seguía intacto.
El 28 de diciembre de 2008, tal como se esperaba, el jefe del Estado dirigió el encargo a Van Rompuy. La designación estaba decidida luego de ceder el interesado a los ruegos de su partido y de pactar Martens con las cinco formaciones gobernantes las condiciones de la mudanza: que la coalición pentapartita se mantuviera, que el nuevo primer ministro fuera del CD&V, que el único cambio ministerial afectara al titular de Justicia y Reforma Institucional -para reemplazar al también dimitido Jo Vandeurzen, presidente del CD&V entre 2004 y 2007- y que el nuevo Ejecutivo tuviera como fecha de caducidad el final de la legislatura en 2011, luego no habría provisionalidades. En estas circunstancias de gran consenso, Van Rompuy ni siquiera tuvo que ejercer de
formateur; el 30 de diciembre, todos los miembros del nuevo Gabinete juraron ante el rey y tomaron posesión de sus cargos. Automáticamente, el flamante primer ministro cesó como presidente de la Cámara de Representantes, puesto que pasó a liberal flamenco Patrick Dewael, ministro del Interior saliente, y también como diputado.
Fueron, finalmente, tres las bajas ministeriales: Vandeurzen (CD&V) en Justicia, Dewael (Open VLD) en Interior e Inge Vervotte (CD&V) en Servicio Civil y Empresas Estatales. Sus relevos por sus conmilitones Stefaan De Clerck, Guido De Padt y Steven Vanackere, respectivamente, preservaron el meticuloso equilibrio de poderes: tres carteras para el CD&V (la tercera era Defensa, donde seguía Pieter De Crem), cuatro para el Open-VLD (inclusive Asuntos Exteriores, con Karel De Gucht), tres para el MR (con Reynders en Finanzas), tres para el PS y uno para el CDH (Milquet, en Empleo e Igualdad de Oportunidades). Los cinco viceprimeros ministros eran De Gucht, Reynders, Vanackere, Milquet y Laurette Onkelinx (PS). De los cinco partidos, tres eran francófonos, aunque los 14 ministerios se repartían equitativamente entre neerlandófonos y francófonos.
El NV-A de Bart De Wever, gran marginado de las maniobras poselectorales, arremetió contra "un gobierno que no representa a la mayoría del pueblo flamenco", mientras que los otros partidos opositores exigieron que la comisión parlamentaria creada para investigar las presuntas injerencias gubernamentales en la judicialización del caso Fortis desentrañara las actuaciones de Leterme y Vandeurzen hasta sus últimas consecuencias.
El 2 de enero de 2009 la Cámara de Representantes otorgó al nuevo Gobierno el preceptivo voto de confianza con 88 apoyos contra 45. En la presentación de su programa a los diputados, Van Rompuy se reafirmó en el objetivo de agotar la legislatura y prometió realizar los planes que su predecesor había dejado a medio hacer, o sin hacer: la gran reforma del Estado federal, las medidas presupuestarias de estímulo de la economía –el crecimiento del PIB era nulo y en los próximos meses el país podía entrar oficialmente en recesión- y, por supuesto, una solución para el banco Fortis que satisfaciera a todas las partes involucradas.
El primer ministro de Bélgica está casado con Geertrui Windels y es padre de cuatro hijos. Ha publicado cinco ensayos y libros de reflexiones:
Op de kentering der tijden: Getuigenis van een dertiger (1979);
Hopen na 1984 (1984);
Het christendom. Een moderne gedachte (1990);
Vernieuwing in hoofd en hart. Een tegendraadse visie (1998);
De binnenkant op een kier. Avonden zonder politiek (2000); y
Dagboek van een vijftiger (2004).
3. De primer ministro de Bélgica a primer presidente del Consejo Europeo
(Epígrafe en elaboración).
(Cobertura informativa hasta 1/2/2009. En elaboración actualización hasta 1/12/2009)